Fandom: Voltron: Legendary Defender
Pareja: Keith x Lance (Klance)
Clasificación: T (Adolescentes y Adultos)
No quería ser rey.
Nunca lo quiso. Y siempre pensó que al ser de linaje mixto su vida terminaría antes de acatar sus responsabilidades.
Pero tuvo que aceptar su realidad cuando su madre desapareció y él debió tomar el mando.
Y aun cuando acataba todas sus obligaciones como emperador, causando miedo a sus sirvientes, ganándose el respeto de sus súbditos, haciendo todo lo que debía hacer y más para poder llevar el orden a su reino, la sensación agria en su estómago de saber que no pertenecía ahí, de saber todo lo que había pasado para que él estuviera ahí parado, le hacía querer huir y desaparecer para siempre. No quería cargar con el peso fantasma que se añadía al peso ligero en la corona. No quería mancharse la cabeza con la sangre derramada de aquellas víctimas de la realeza que brotaba del metal pulido. No quería ser perseguido por el olor metálico y podrido siempre presente en el trono colocado sobre cadáveres de caballeros caídos, de inocentes atrapados en la batalla, de todos aquellos que perdieron la vida gracias a la crueldad de reyes anteriores.
Y estuvo a punto de perder la cordura de tanto tener que mantenerla frente a miradas ajenas, donde tenía que actuar como si no le afectara cada muerte inocente y en vano, como si no le interesara el bien de sus habitantes y su objetivo era la conquista y destrucción de más planetas, como si no sintiera el enorme vacío en el pecho donde solía latir su corazón.
Porque todas las razones por las que lo soportaba ahora le parecían estúpidas, porque ahora recordaba con claridad cómo su madre lloraba cada noche después de dejar la maldita corona y el título de reina en la mesa de noche y volvía a ser una galra más que no quería seguir con aquello.
"Debes ser fuerte" solía decirle a él cuando intentaba consolarla y borrarle las lagrimas, "Debes ser fuerte y nunca mostrar tu debilidad allá afuera, Keith."
Nunca fue una persona cruel, su madre, siempre fue amable y cariñosa, pero al colocarse la corona, tal como si estuviera en un hechizo, toda su personalidad cambiaba para acatar su papel como gobernante.
Y quería ser fuerte por ella, quería demostrar que no necesitaba ser despiadado para poder reinar el Imperio, quería poco a poco mostrar que incluso él podía sentir compasión cuando no era necesaria la crueldad.
Pero todo era tan difícil y no había manera en que siguiera con aquello.
O eso creía, hasta que una razón cayó moribunda a sus pies, el metal de las cadenas sonando contra el suelo como una sentencia.
El guardia había hablado con rabia, culpándolo de un robo y de heridas a ciudadanos que estaba seguro no había hecho. El joven tirado en el suelo, desangrándose lentamente y deshaciendo sus ojos azules en lágrimas, le habían causado un apretón doloroso en el corazón. Era alteano, las pequeñas marcas azules bajo sus pestañas titilando con cada pequeño sollozo que se le escapaba, y tuvo que contener las ganas de correr hasta él y protegerlo de cualquier daño que había sufrido.
Y después de pedir privacidad con él y tener que asegurar y prometer que no iba a hacerle daño, tuvo una conversación con él, aprendiendo de su voz baja y temerosa que había sido inculpado, que había sido herido al negarse tomar la culpa, que estaba perdido en el universo porque toda su familia había desaparecido, y que era de descendencia mixta.
Sintió el aire escapársele, recordando su propio linaje y cómo su madre hablaba con tanta alegría de cómo era su padre cuando lo conoció. De cómo él le enseñó lo que era la paciencia y el cariño, olvidándose de la dureza con la que sus padres la habían criado y tratado hasta que huyó de Daibazaal y cayó sin rumbo en la Tierra.
—Quédate conmigo—había soltado sin premeditarlo, y el joven, Lance, se había exaltado, volviendo a una expresión de miedo pero siendo diferente a la que tenía cuando había caído frente a él sollozando por su vida.
Pero no preguntó por razones, asintiendo después de que le explicó que curaría sus heridas, que le alimentaría, y que sería su acompañante en todo momento., protegiéndolo de cualquiera que se atreviera a hacerle daño.
Al principio fue extraño, Lance siempre manteniendo los límites, incluso cuando estaban a solas, y él mismo tuvo que explicarle el porqué lo conservó a su lado, el porqué a veces parecía ser una persona completamente diferente a la que se sentaba en el trono y daba órdenes.
Y ante su comprensión, comenzó a acercarse a él como lo haría a alguien de confianza, mostrando que era amable y tranquilo a pesar de su título como emperador. Que así como todos tenía sentimientos y debilidades. Que así como todos necesitaba un descanso de lo cansado que era pretender.
Poco a poco se abrió a él, con todos sus miedos y todas sus inseguridades, con su pasado y con su posible futuro. Se convirtió en su confidente, y mientras él le protegía de todo peligro al estar en el castillo, Lance le protegía de la crueldad que tenía que tomar cada día al ponerse esa corona.
Recuerda cómo una noche todo pareció cambiar, hasta entonces Lance siempre manteniéndose al margen y contestando cuando era absolutamente necesario. Pero había llegado a su habitación agotado y aturdido, Lance esperándolo en su escritorio cuando cerró la puerta y se derrumbó al suelo, llorando desconsoladamente.
Lance había tardado en reaccionar, desconcertado de verlo en ese estado porque siempre había logrado mantener la postura cuando tenían sus sesiones, pero ese día, en el que había visto cómo destrozaban una familia entera por supuesta traición a la corona le destrozaba el corazón de la misma forma. Sus sollozos no se vieron interrumpidos cuando fue rodeado por sus brazos con cuidado, su cabello siendo acariciado y tirando la corona que le condenaba a esa vida sin sentido, la tranquila pero temblorosa voz de su confidente consolándole al punto de quedarse dormido en su abrazo.
Y al llorar en sus brazos, al sentirlo abrazarlo con cariño, al ser consolado y recuperar la parte de humanidad que ambos compartían, terminó enamorándose de su sonrisa.
Pero no podía hacer algo al respecto. No podía abusar de la confianza que habían construido. No podía destruirla al creer que era mutuo. No podía obligarlo con su autoridad, mucho menos porque Lance era el único que lo conocía como Keith y no como el emperador.
Y estaba bien, creía, que Lance tuviera juicio y no miedo. Que su única esperanza de seguir cuerdo fuese aquel que podía hablar con él con normalidad y no estremecerse por miedo cada que hacía un movimiento. Que su única razón de usar esa corona ensangrentada fuese protegerlo.
