Lamento de veras la tardanza, pero entre exámenes, viajes y auntoescuela mi tiempo ha sido 0, espero poder actualizar más ahora que ya he terminado los exámenes de esta evaluación. Un saludo

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Capítulo 11: Feliz cumpleaños, Seto.

A las nueve menos cinco Seto ya esperaba sentado en el sofá del salón. Llevaba una sencilla camisa blanca con los dos primeros botones abiertos y un pantalón negro. Informal pero elegante, eso era lo que había pretendido al vestirse. Además de la ropa, el chico había optado por hacer algo realmente inusual en él: echarse colonia. Nunca le había gustado hacerlo pero esa noche quería tener el mejor aspecto (y olor) posible.

Sonó el timbre. Kaiba miró el reloj: las nueve en punto. Bueno, al menos era puntual.

Vio al mayordomo dirigirse hacia la puerta y de pronto su corazón duplicó la velocidad, pero ¿por qué demonios estaba tan nervioso? Las manos empezaban a sudarle cuando escuchó la puerta abrirse y el "¡Buenas noches!" de la chica.

Al escuchar la voz de Kate, Mokuba salió rápidamente de la cocina y corrió a saludarla.

-¡Kate! - gritó mientras la abrazaba - ¡Me alegro de que hayas venido!

-No es como si me hubieras dejado muchas opciones ¿verdad? - comentó, provocando que el muchacho se sonrojase.

-Bueno, quería agradecerte de alguna manera que me salvases la vida.

-Creo que exageras - dijo ella con modestia.

-Yo no, pero dejemos ese tema. Ven, no te quedes en la puerta, pasa al salón.

Ambos se dirigieron a la sala, donde encontraron a Seto sentado en uno de los sillones, de espaldas a ellos, aparentemente enfrascado en la lectura de un libro.

Pero Seto Kaiba no leía. Lo que trataba de hacer realmente era calmar su respiración antes de darle la cara a la chica, lo cual resultaba infructuoso, pues el perfume de ella ya había inundado sus fosas nasales. Era un aroma a lirios…

-Seto - escuchó -, Kate ya ha llegado ¿no vas a saludarla?

Ocultando su nerviosismo tras su habitual capa de frialdad, se dio la vuelta para saludar a la chica, pero lo que vio lo dejó momentáneamente sin respiración.

¡Ella estaba preciosa! Llevaba un vestido azul celeste por la rodilla, con escote en forma de corazón y unas sandalias a juego. Le sentaba muy bien, y además combinaba con el color de sus ojos. Para terminar, llevaba también unos pendientes plateados con forma de gato y un collar de oro con un colgante en forma de estrella.

Seto tragó saliva.

-Buenas noches - saludó -, antes de nada quiero que quede clara una cosa: te agradezco que salvases a mi hermano pero eso no implica ningún trato especial de mi parte, así que espero que sepas comportarte cuando hables conmigo. Que te quede claro, yo no soy ni Yugi ni Wheeler, dirígete a mi con respeto - ¿Por qué demonios había dicho eso? Él en realidad quería ser amable con ella, pero no podía evitar comportarse de ese modo.

-¡Seto! - le regañó Mokuba.

-No pasa nada - dijo ella con una sonrisa, que a Seto le pareció encantadora -. Sé que no eres Joey Kaiba, ni tampoco Yugi, descuida, no espero que te comportes de ningún modo especial conmigo, y te aseguro que yo seré completamente respetuosa contigo. Es más, prometo no dirigirte la palabra a menos que tú me hables primero, ¿te parece bien?

A Seto le habría gustado decir que no, que él deseaba hablar con ella toda la noche y poder conocerla mejor, pero se encontró asintiendo en silencio.

Instantes después los tres se encontraban sentados a la mesa, esperando a que sirvieran la cena, sin decir ni una palabra, aunque por motivos diferentes: Mokuba miraba a su hermano y a su invitada alternativamente, como esperando algo, Kate se limitaba a observar lo que la rodeaba con curiosidad, tratando de averiguar todo lo posible sobre la actual vida de su antiguo amigo y Seto por su parte no sabía qué decir, había empezado la noche metiendo la pata y a pesar de que quería hablar con la chica, sentía que si volvía a abrir la boca el resultado sería uno parecido.

El silencio era demasiado incómodo así que Mokuba se propuso relajar la tensión.

-Oye Kate, ¿por qué no nos cuentas algo sobre ti?

Tanto la chica como su hermano lo miraron de forma extraña: él agradecido por haber hecho la pregunta que no se atrevía a plantear, ella algo tensa.

-Bueno, no hay mucho que contar la verdad. Soy la mayor de cuatro hermanos y vivo en esta ciudad desde que nací, me falta poco más de un año para terminar el instituto y quiero estudiar medicina cuando termine.

Sabía que había omitido muchas cosas pero tampoco quería revelar demasiado, Mokuba era demasiado pequeño para saber quien era ella pero Seto debería haberla reconocido con esos datos. Sin embargo no lo hizo, y eso la desconcertaba, ¿tan poco había significado su amistad para él?

-Vaya, ¿tienes tres hermanos pequeños? ¡No puedo ni imaginarme como será cuidar de ellos! A mi a veces me cuesta mucho cuidar de Seto, y eso que es sólo uno.

-Mokuba, te recuerdo que yo soy el mayor - habló por primera vez el mayor de los Kaiba.

-Ah, es cierto, a veces se me olvida.

Ambos rieron mientras Seto se limitaba a fruncir el ceño, aunque en el fondo el también estaba contento, le gustaba verlos sonreír, a los dos.

-Pero en serio Kate, debe ser difícil ser la mayor de cuatro hermanos ¿no?

-A veces - admitió -, pero yo no lo cambiaría por nada, adoro a mis hermanos y se que ellos sienten lo mismo por mí.

-Y ¿cómo son ellos?

La llegada de la cena libró a Kate de tener que responder a esa pregunta. Cenaron en silencio, pues la suculenta comida que tenían delante acaparaba toda su atención.

Por lo visto Kaiba deseaba impresionar a su invitada porque el menú constaba completamente de la comida francesa más exquisita; aunque si le hubieran preguntado a él habría dicho que era simplemente por la celebración de su cumpleaños, lo cual era una mentira manifiesta pues jamás lo celebraba.

Como entrante sirvieron una bullabesa, que a Kate le pareció deliciosa, aunque la chica tenía la impresión de que el más joven de los Kaiba no opinaba lo mismo, pues no dejaba de mirar su plato con cara rara, a pesar de que trataba de disimilar su disconformidad con la comida.

El plato principal fue el clásico boeuf bourguignon, un estofado de buey cocinado en vino tinto, muy típico de la región francesa de Borgoña, con guarnición de setas. Cuando este fue servido la cara de Mokuba mejoró un poco, pero sólo unos segundos pues tras probarlo puso una cara indescifrable y procedió a limpiarse la boca con la servilleta, en la que (sospechaba Kate) había escondido el trozo de carne.

Tal parecía que el muchacho se quedaría con hambre esa noche, pero ¿por qué Kaiba serviría platos que, a pesar de su complejidad y fama no le gustaban a su hermano? ¿Sólo para impresionarla y demostrarle que podía tener la más exquisita comida francesa en su domicilio? Y lo más sorprendente es que no le había dicho nada, tal vez no deseara regañarlo delante de ella.

Finalmente llegó el postre, un delicioso bizcocho de frutas.

Cuando los tres hubieron terminado el postre, y los platos fueron recogidos, Mokuba pidió permiso a Seto para subir a su habitación y este se lo concedió. El muchacho subió las escaleras a toda prisa, seguramente ansioso por llegar a su cuarto y comer algo.

Reprimiendo una sonrisa ante este echo, Kate se volvió hacia su anfitrión, que todavía no se había movido de la silla.

-Bueno Kaiba, creo que nos han dejado solos.

-Eso parece - dijo aparentando desinterés, aunque por dentro temblaba como una hoja. Nunca había estado a solas con ella.

La chica se levantó de la mesa y se dirigió hacia una de las grandes ventanas de la mansión. Ya era muy entrada la noche, sólo tenía que esperar un poco más.

Kaiba no sabía que hacer. Estaba completamente desorientado sobre como proceder en ese tipo de situaciones, es decir, él quería aproximarse a la chica pero su personalidad le impedía simplemente acercarse y decirle: "Kate, me gustas, salgamos juntos". Porque sí, finalmente se había admitido a sí mismo que la chica le gustaba y mucho, pero tal y como él la había tratado hasta ahora lo más probable es que ella le diese calabazas, y con justa razón.

Se dijo que él nunca había sido un cobarde, así que se levanto y se puso a la par de la chica frente a la ventana.

Permanecieron en silencio durante un rato, sin embargo no era un silencio incómodo, sino uno de esos en los que sientes que la paz te embarga y que, por lo tanto, no es necesario decir nada. Era una sensación familiar para Seto, a pesar de que no recordaba haber experimentado algo parecido con nadie.

De pronto la chica miró su reloj y se volvió hacia él sonriendo, y él, en contra de su voluntad sintió como sus mejillas adquirían un tono rosado un poco más oscuro. ¿Por qué demonios tenía que hacerlo sonrojar sólo con una sonrisa?

Sin embargo la sorpresa eclipsó a la indignación cuando ella se acercó más a él, poniendo las manos sobre sus hombros y acercando peligrosamente su rostro al suyo.

Y antes de que él se diese cuenta ella ya le estaba besando.

Completamente aturdido, no acertó a moverse, de hecho dudaba siquiera de estar respirando, pues se sorprendió tanto de las acciones de la chica que estaba aguantando la respiración. Notó como dejaba algo en su mano izquierda.

Cuando ella se separó de él, todavía estaba sonriendo.

-Feliz cumpleaños Seto.

Estas palabras llegaron a la mente de Kaiba un par de minutos después de haberlas escuchado, cuando el sonido de la puerta de entrada la indicó que la chica ya se había ido.