Hola, jeje no publique después de una semana perdón. Ya se no lo merezco, pero hubo problemillas que estaban fuera de mi alcance, y los que he estado publicando de la precuela, ya estaban escritos. Les sugiero que lo lean porqué he agregado y modificado, muy pero muy poco, algunas cosas.

Sin más espero les guste este corto cap. Comenten por favor n.n


Capítulo 11

De vuelta a la acción

Tigresa se encontraba pensando en una pequeña bodega.

—Todavía no he podido ver nada de lo que pueda pasar de todo esto. ¿Es tan incierto el desenlace? —se cuestionó así misma. —Además, él está...

—Lo siento, Tigresa. —llegó Víbora. —Es que te vi salir de la sala y no parecías estar del todo bien. ¿Qué pasó con Po? No me digas que estás dudando sobre eso. —dijo en broma tratando de animarla.

—Más bien, parece que él está dudando. —respondió de manera seca.

—¿Qué? Eso no tiene sentido. Él te adora de una manera inimaginable, Tigresa, y te consta.

—Lo sé, Víbora. Él era el que siempre empezaba con todo eso del romance, las muestras de afecto... Pero desde que volvió de ser secuestrado hay algo que ya no es igual. Es como si le pesara estar junto a mí, como si fuera una farsa de la que ya se cansó. Traté de averiguar qué pasaba comportándome un poco más dulce. —hizo énfasis en la última palabra. —Aunque no obtuve resultado. Él actuaba como si no le importase. Si hubiera hecho eso antes de venir aquí al Capitolio, Po de seguro estaría radiante de felicidad.

—¿No estás embarazada?

—¡No! ¿Cómo pudiste pensar en... —exclamó apenada. —No, Víbora, simplemente no. —volvió a como estaba hablando.

—Sólo quise hacer que esta platica no fuere tan tensa e incómoda.

—Lo agradezco en verdad. Sin embargo, creo que se volvió más incomoda. —rió nerviosamente Tigresa.

—¿No será por lo que pasó con Zu Chunhua?

—¿La madre de Zan?

—Sí, recuerda que él perdió a su madre, por lo que no le gustaría que alguien pase por eso.

—Tal vez tengas razón, Víbora. Muchas gracias.

—Sabes qué no es nada, Tigresa. —se enrolló en ella para asemejar un abrazo.

Mientras tanto Po iba en busca de Mono.

—Mono, ¿podemos hablar? —el panda deslizó ligeramente la puerta.

—Por supuesto, Po. Ven amigo. —contestó amablemente. —Siéntate.

—"Tú no mereces ser el Guerrero Dragón." —pensó en esa frase mientras se adentraba al cuarto. —Gracias, Mono. —se sentó.

—¿Qué pasa?

—¿Llegaste a tener dudas sobre casarte? ¿O a cerca de los sentimientos de Na Li?

—Absolutamente no. Aunque, ahora que lo pienso, sí me precipité al pedírselo; después de todo sólo llevamos meses. Pero sabía que ella era la indicada, la persona que voy amar hasta el fin de mis días. —respondió con una sonrisa dibujada en su cara.

—¿Y sobre la segunda pregunta?

—Eso... Cuando comenzamos, ella mencionaba mucho a su esposo, a este De Wei. —su sonrisa desapareció. —Pero no lo hacía con intención de compararme. Simplemente, estuvo toda su vida en la aldea con él, después de todo desde niña sabía que iba casar con De Wei. Al principio, pensé: "Lo más seguro es que ella ni siquiera sentía algo". Y me dolía, por qué en verdad sentía, sigo sintiendo algo por ella. Pero, luego me di cuenta de que no era así, que ella estaba conmigo porque ella lo quería así. Y pues lo demás ya lo sabes. Nos casamos, adoptamos a Lan, y ahora vivimos felices los cuatro en la Academia de las Montañas de Changbaishan. Supongo que ya debí haberte aburrido.

—Para nada, Mono. Iré al grano. —hizo una ligera pausa el Guerrero Dragón. —Estoy dudando en casarme.

—Espera, ¿ya le pediste matrimonio? —preguntó sorprendido.

—Ya, lo hice antes de que viniéramos al Capitolio. Y ella aceptó. No sabes cuán feliz estaba en ese momento, pero después de que me secuestraran, para ser más exactos cuando el maestro Shifu estuvo en tu cuerpo, sucedió algo que no sabría cómo explicar. —volvió a detenerse para pensar. —"O tal vez, sí puedo hacerlo, pero no lo entienda."

—Supongo que fue algo espiritual. Te comprendo, Po. Cuando Shifu estuvo aquí es algo que aún sigo sin comprender.

—De hecho, él dijo que compartían el mismo destino.

—Bien. Continúa.

—Claro. Pasó algo extraño. Volví al Capitolio y la vi de nuevo no sentí lo mismo que antes. De hecho, sí lo sentí. Pero había algo que me decía que eso no es más que una mentira. No sé qué hacer. La amo demasiado, más que a mi propia vida.

—No sé, Po. Tal vez sea una prueba para que vean que sus sentimientos realmente son verdaderos. Sigo sin entender por qué viniste conmigo a hablar de esto. Entiendo lo de los aspectos sentimentales de pareja, pero lo que te hace dudar sigue siendo muy ambiguo; si tan solo lo pudieras explicar...

—¿Qué parte de qué no tengo idea no entiendes? —exclamó de pronto Po con un tono muy agresivo.

—Cálmate. Yo solamente estoy diciéndote lo que pienso.

—Discúlpame... Es a esto a lo que me refiero. —la última parte la dijo en voz inaudible este Po. —Gracias, Mono. —se levantó. —Espero que sigan las cosas así de bien con mi prima. —se retiró.

—De nada... Algo no anda bien en él.

Al cerrar la puerta Po le dio un pequeño golpe a esta mientras recargaba su cabeza.

—No sé por qué vine con él. —suspiró y comenzó a caminar. —Necesito hablar con alguien que sepa lo que pasó, lo que hice... Sé que no debo hacer esto pero... ¡Te maldigo por hacerme esto, Shifu! —volvió a su agresividad pasada. —Fenghuang estaba en ese momento. Se supone que ella ya no debería estar aquí, después de todo la condenaron al olvido.

El ocaso adornaba el cielo, y éste se podría apreciar mejor si no hubiese tanto humo ocasionado por los cañones imperiales; los cuales empezaron a resonar de nuevo, después de días de ni siquiera encender uno.

Al parecer el imperio había decidido darle fin a esta situación, al igual que al Consejo de Maestros, quienes se encontraban en su base preparando su supuesta rendición.

—Tigresa, Shifu y Bian Zao ya han de haber llegado a los límites. —dijo Mantis quien señalaba con su tenaza el mapa.

—Bien. Hay que comenzar, Peng, Jian, Mono, Grulla, Mantis, maestro Cocodrilo, maestro Buey, maestra Gu. —nombró Po a los que iban a acompañarlos a declarar su derrota. —Recuerden que hay que mostrar sumisión hasta que entremos a palacio. Cuando ya estemos dentro y pase lo que tenemos planeado, Peng utilizará una onda expansiva mientras los dejamos fuera de combate y Grulla da las órdenes de comenzar a los que están afuera, eso nos dará el tiempo suficiente para llegar a cualquiera de los dos. En caso de que nada más haya uno o ninguno la maestra Gu irá a dar aviso a Tigresa y sus estudiantes. ¿Quedó claro?

—¡Sí, Guerrero Dragón! —contestaron todos los presentes.

—Entonces, ¡vamos! —exclamó mientras se amarraba una capa dorada con el emblema del Palacio de Jade un poco gastada y cogía el personal de Tigresa.

Po y los que nombró salieron corriendo en dirección al palacio. Al llegar los nueve, estando el panda al centro, con Ji, Peng, Cocodrilo y Mantis a su derecha; y con Gu, Buey, Mono y Grulla a su izquierda.

Con su capa ondeante debido a la acción del viento, se colocó en una posición erguida, puso el bastón enfrente de él y luego habló.

—¡Emperador Lu Kang, estamos aquí para aceptar nuestra derrota! —gritó a todo pulmón, haciendo que algunos de los artilleros que estaban a los alrededores dejaran de disparar. —Como escuchaste. Nos rendimos. El imperio ha ganado.

En el trono Lu se hallaba viendo tal escena un poco sorprendido.

—Su alteza, ¿qué hacemos? —preguntó un soldado.

—Creo que es obvio, general. Tráiganlos ante mí. —ordenó con voz firme.

—¿No cree qué sea...

—¿Una trampa? Estoy al tanto de eso, después de todo Po no se rendiría tan fácilmente... A menos de que algo haya pasado. —cambió su voz. —Dile a los arqueros que rodeen el patio principal. Ahí será la ejecución.

—Como ordene, emperador. —se inclinó y salió.

—¿Por qué estás haciendo esto? —tosió fuertemente.

Afuera del palacio. El gran portón comenzaba a abrirse mostrando, que a pesar de estar en guerra, una hermosa entrada principal, la cual estaba repleta de soldados en los alrededores y no sólo eso, sino que también había arqueros en la parte superior.

—Entren, maestros. —habló uno de los guardias al terminar de abrirse la puerta.

—Espero que esto salga bien. —dijo Mantis en uno de los códigos que sólo Mono y Grulla sabían.

—Igual yo. —respondieron estos dos de forma dispareja.

—Silencio. —vociferó Po.

—Sí, maestro. —contestaron los tres.

Ya estando en medio del patio, con todos los arqueros enfocados en ellos, o eso era lo que creían.

—Bienvenidos, maestros del Consejo. —habló el mismo soldado que estaba hace rato con Lu Kang. —Gracias por rendirse. Disculpen si no soy bueno con los discursos, pero hablar no es lo mío.

—Se nota. —opinó Po. —¿Y el emperador?

—¡Aquí! —gritó Lu quien estaba en un balcón en lo alto. —No creas que soy tan tonto como para estar allá abajo.

—Me sorprendes.

—Entonces, ¿se rinden? —preguntó con un toque de cinismo.

—No estaríamos aquí, ¿no lo crees?

—Falta alguien, y muy importante, la maestra del Palacio de Jade, Tigresa

—¿Cómo te atreves a preguntar? Después de lo que le hicieron... No resistió mucho después de que la rescatamos. —el panda sonó afligido.

—Al parecer, no era tan fuerte.

—Por eso nos encontramos aquí, Lu Kang. Una vez muerta nuestra líder, ya no hay nada que hacer...

—¡No! Tú no eres así, Po. Ustedes hubieran peleado hasta el final.

—¿Para qué pelear si lo único que tenía que proteger ya se ha ido? —Po fingió como si su voz fuese a romperse.

—Po, lo siento tanto. —susurró. —Excelente... Pero antes de que comencemos con todos esto. Quítate esa capa, tírala, písala y escupe en ella. —volvió a hablar en voz alta.

—Como diga, emperador Lu Kang. —comenzó a desatar su capa. —"Perdón, sólo es parte del plan". —pensó mientras veía caer la capa.

—¿Qué esperas?

El Guerrero Dragón no contestó nada, su respuesta fue la pisada en el escudo y luego el escupitajo en otra parte del escudo.

—Bravo, Po. Sigamos... ¡Apunten! —ordenó. —Pero, vamos a hacerlo por jerarquía. La maestra del Palacio de Jade ya se fue, por ende le sigue el Guerrero Dragón. —señaló a Po. —"Discúlpame, pero primero es mi deber." —pensó.

Seis arqueros prepararon sus arcos en espera de la orden de sus superiores.

—¡Fuego! —gritó el búfalo de agua.

Las flechas fueron disparadas al mismo tiempo, todos los presentes en la parte superior estaban expectantes a aquella escena que se presenciaba. Los tiros fueron perfectos, ninguno falló; tres dieron en la cabeza, dos al pecho y uno a la espalda.

El panda cayó de cara, no se movía. Los guardias que estaban en el patio se acercaron para moverle y comprobar si realmente le habían matado, al hacer esto el cuerpo se volvió agua.

—¡¿Qué?! —preguntó Lu Kang completamente estupefacto mientras contenía un tosido.

—¿Sorprendido, Lu? —cuestionó Po quien estaba atrás de él mientras ponía el cuello del joven emperador entre él y el bastón.

Continuará...


No saben cuánto me alegra volver a actualizar esta parte del fic. Ya le extrañaba. Dos capítulos más y terminaría este arco de fic, y después sigue lo bueno siiiiiiiiiiii.

Bien, jeje espero les haya gustado y ya saben cómo hacérmelo saber, con un chocolate... Digo comentario XD Nos leemos luego n.n