Lamento no poder responder los reviews en esta ocasión, aunque los leí todos, pero prometo hacerlo en el siguiente capítulo.
CAPÍTULO 11:
"Un Alma Gritando en Agonía"
.
- ¡Hey! ¿Cómo te sientes?
-¿Qué haces aquí? Lárgate – pronunció con voz rasposa y un gran dolor en la garganta que lo hizo llevarse la mano hacia ese lugar y apretar los ojos con fuerza.
- Trata de estar tranquilo y no hablar. Estabas intoxicado y tuvieron que hacerte un lavado estomacal.
El moreno abrió los ojos con sorpresa y los clavó en el castaño – ¿Qué?
- Estabas realmente mal cuando te encontré. Lo bueno es que cuando te hicieron el lavado yacías inconsciente porque el proceso no es muy agradable.
Blaine se removía en la cama entre la incomodidad, el susto, el pánico y la rabia que sentía al mismo tiempo. Quería hablar, pero le costaba mucho, sólo el aire que entraba cuando abría la boca, le producía dolor – Agg…
- Shh, tranquilo. Te voy a contar todo porque tienes derecho a saberlo. Lo del lavado fue necesario y el proceso es similar a como cuando se usa una aspiradora. El médico te introdujo una manguera en la boca y la fue haciendo avanzar hasta que llegó a tu estómago, y con la ayuda de unas medicinas limpió todo, haciendo que expulses lo que habías ingerido. Por eso te duele mucho la garganta y es importante que no te esfuerces en hablar.
Has tenido varios sueros para hidratarte, limpiarte, nutrirte y otras cosas. Ese que tienes puesto es el último.
No has estado comiendo bien y has bebido mucho, es una pésima combinación, ¿sabes? Literalmente pudiste morir.
- ¡Vete!
- No, no te voy a dejar así.
- ¡Vete!
- No hables.
- ¡VETE!
- ¡NO! ¡NECESITAS A ALGUIEN QUE TE CUIDE Y NO ME VOY A IR!
El moreno intentó levantarse y empujarlo de la cama, pero se sentía débil y todo le dolía. Sin embargo seguía forzándose – ¡Lárgate!
- Cálmate, te vas a hacer daño – trató de sostenerle las manos pero sólo logró que se pusiera peor y la sangre empezó a llenar la manguera del suero – Por lo que más quieras, quédate quieto.
Saltó de la cama y se alejó de él, dirigiéndose hacia la puerta – Ya no estoy cerca de ti, sólo cálmate por favor. Baja la mano o se va a tapar el suero. El ojimiel se dio cuenta en ese momento de lo que pasaba y llevó hacia abajo el brazo.
- ¿Qué quieres? – inquirió con dificultad.
- No entiendo – lo miró con preocupación.
- De mí… ¿Qué quieres? ¿Burlarte? ¿Humillarme?
- Por Dios Blaine, ¿cómo se te ocurre? Me preocupas, sólo quiero ayudarte.
- ¿Es una maldita broma?
- Sé que tú y yo no tenemos la mejor historia, pero soy totalmente honesto en lo que te estoy diciendo. Realmente estoy preocupado por ti. Fui a buscarte al bar y cuando te encontré fue muy duro verte en ese estado.
- ¡No quiero tu compasión ni tu lástima! – bufó.
- Te aseguro que no es lo que siento. Déjame ser tu amigo.
- ¡No necesito amigos!
- Todos los necesitamos.
- ¡Sólo lárgate! Si no me sintiera así, te sacaría a patadas.
- No importa lo que digas, no me iré. En esas condiciones no puedes estar solo.
El modelo lo miró con rabia – Mi destino es estar solo, ¿ya lo olvidaste? Tú mismo lo dijiste.
- Lamento tanto eso. No tienes idea de lo terrible que me siento por haber dicho algo tan horrible. Estaba furioso y no pensaba, mi boca sólo se abrió. Por lo general cuando me enojo suelto las palabras de la forma más estúpida.
Sé que definitivamente no tiene ninguna justificación lo que hice, pero quiero que sepas que lo lamento y siempre lo haré. Jamás fue mi intención lastimarte. No soy esa clase de persona.
Voy a estar en la sala por si necesitas algo.
Blaine desvió la cabeza hacia un lado y Kurt podía jurar que vio lágrimas acumulándose en los orbes dorados, lo cual fue como una puñalada directa en su pecho.
Permaneció sentado en el sofá durante un tiempo, no dejaba de pensar en todo lo que había sucedido. Se levantó, caminó de un lado a otro sin saber qué más hacer.
Por primera vez observó con atención el lugar. La casa era indiscutiblemente muy elegante y la decoración de un gusto exquisito. Cualquiera podía decir que ahí vivía alguien de mucho dinero, sin embargo no había nada personalizado, ningún toque que dijera a quién le pertenecía.
No había un cuadro, fotos, nada que diera la más mínima pista o que causara la impresión de que Blaine era el dueño de esa propiedad, lo cual le pareció muy raro. Tal vez el moreno no tenía amigos ahora, pero ¿qué hay de su familia, de los amigos de la infancia?
Era muy extraño en realidad, o quizá no era de las personas que les gustaba mostrar fotos de sus seres queridos. Era una posibilidad, no todos tienen portarretratos en su sala después de todo.
Siguió recorriendo el lugar y al pasar por la cocina recordó que Harry le había dicho que luego de que el ojimiel despertase y se sintiera mejor con la garganta debía comer, pero algo suave, así que entró para ver qué podía preparar.
Un estruendo lo hizo sobresaltar y se quedó petrificado por unos segundos hasta darse cuenta de donde venía y corrió a la habitación del moreno.
De algún modo había logrado ponerse de pie y estaba aventando las cosas por todas partes mientras gritaba furioso.
- ¡Blaine detente! ¡Por favor, no te hace bien ponerte así! – el de cabello rizado tomó la lámpara y se la lanzó. Kurt alcanzó a esquivarla y esta se estrelló contra el marco de la puerta – ¡Blaine, basta!
Era como si Anderson estuviese dominado por alguna fuerza extraña, aunque en el fondo el castaño sabía que éste llevaba tanta rabia y dolor guardados que en algún momento iba a explotar.
En una fracción de segundo divisó un líquido rojo en el piso y su mirada se dirigió hacia la mano del hombre frente a él, la cual sangraba profusamente. Un pensamiento que luego consideró como absurdo cruzó por su mente en ese momento: Qué distinta es la realidad a las películas en donde alguien con un suero en un arrebato se lo quita de un tirón y luego sale corriendo como si nada, cuando eso estaba tan lejos de ser así. La aguja está conectada a la vena y al retirarla, inevitablemente va a sangrar, más si la arrancas con fuerza que era evidentemente lo que el ojimiel había hecho.
No podía seguir así, perdiendo sangre de esa forma y descontrolado a tal magnitud. Trató de poner sus ideas en orden y calmarse. No se consideraba bueno pensando bajo presión, pero tenía que hacerlo. Recordó que a una persona que está fuera de sí tienes que obligarla a calmarse o puede sufrir un colapso.
Hablar y pedirle que se tranquilice no había servido, así que intentaría ser enérgico, rogando porque eso funcionase – ¡BLAINE! ¡YA BASTA!
- ¡LÁRGATE! ¡DÉJAME SOLO!
- ¡NO LO VOY A HACER!
- ¡HAZ LO QUE TODOS HACEN!
"Déjame solo. Haz lo que todos hacen". Esas palabras retumbaron en su cabeza una y otra vez. Las personas que formaban parte de su vida siempre lo dejaban. Quién sabe cuánto tiempo llevaba solo, porque todos lo abandonaban. Fue entonces cuando entendió el daño que le había hecho al gritarle aquellas palabras aquel día en la agencia y la manera en que eso había desencadenado hasta llegar a ese instante.
De inmediato supo lo que debía hacer, o al menos creyó que era lo correcto.
- Blaine, no te voy a dejar solo. – dijo con voz apacible y tratando de no sonar nervioso. Quería transmitirle seguridad, confianza, que creyera en él – Estoy aquí para ti y por ti – se fue acercando en medio de la lluvia de objetos que seguían volando por doquier.
Sé que eres una buena persona, y no merecías que otros te lastimaran. Entiendo que piensas que tengo sentimientos negativos hacia ti por las cosas que te he dicho en diferentes ocasiones, y sí, me hiciste enojar mucho y como mencioné antes, soy de los que cuando se enfadan no piensan en lo que dicen y luego se lamentan por eso.
¿Nunca has dicho o hecho algo estando furioso y después te arrepentiste? Eso es lo que me sucedió contigo, pero la realidad es que ahora te veo con otros ojos. He tenido la oportunidad de darme cuenta que eres muy diferente, que hay un corazón bondadoso en ti.
Ayer el barman me contó la maravillosa forma en la que lo ayudaste cuando estuvo atravesando por tiempos difíciles. Eso habla del gran ser humano que eres y de tu nobleza.
Al mirar detenidamente, pudo apreciar que el hombre de ojos avellana había dejado de lanzar objetos. Ahora estaba quieto pero con la respiración muy agitada, su mirada perdida en algún lugar y su rostro desencajado, con una expresión que no tenía idea de cómo interpretar. Celebró internamente que lo que le decía estaba dando resultados.
- Blaine… – caminó entre los escombros con cuidado hasta estar cerca y le puso la mano sobre el hombro. El moreno lo miró a los ojos y negó con la cabeza, retrocediendo lentamente hasta tropezar con algo y caer sentado.
¿Estás bien?
Aquellas palabras hicieron eco en su interior. Había pasado tanto tiempo desde que alguien le preguntó eso. A nadie le interesaba saber si estaba bien, lo que todos querían era que trabajara y diera su máximo esfuerzo. Tragó con dificultad por el nudo en su garganta, y como si alguien hubiese abierto una represa, las lágrimas comenzaron a brotar a borbotones.
Kurt corrió al baño y cuando regresó se arrodilló a su lado llevando consigo varios implementos. Al comienzo el chico forcejeó un poco, pero al final cedió. El ojiazul tomó la mano lastimada y trabajó rápidamente, en cuestión de nada ya le había limpiado no sólo la herida sino el brazo por el cual destilaba el líquido espeso. Ahora estaba lista la curación pertinente y lo observaba sintiendo su corazón contraído.
- ¿Quieres que te ayude? – un pequeño movimiento de cabeza fue la respuesta que recibió y de inmediato colocó su brazo alrededor de la cintura del modelo, usando su propio cuerpo para impulsarlo con cuidado. En ese momento se dio cuenta de lo delgado que estaba y se preguntó cómo una persona podía perder tanto peso en una semana, luego recordó que el moreno casi no había comido y se había pasado bebiendo, seguramente acompañado de vómitos sin cesar, así que ahí tenía la respuesta.
Ambos se pusieron de pie y lo sentó en la cama. – Esta ropa está manchada, hay que cambiarla – lo soltó despacio y fue a buscar algo para ponerle, sorprendiéndose al encontrar unas camisetas de algodón. Tomó una y la depositó en la cama. La escena frente a sus ojos le estaba desgarrando el alma, Blaine permanecía sentado con la mirada perdida en alguna parte y las lágrimas seguían brotando sin control.
Se acercó y le quitó la camiseta que llevaba puesta, le colocó la limpia y se puso de rodillas para que sus miradas se encontrasen, ya que el de cabello rizado estaba con la cabeza baja mirando al suelo. Cuando sus ojos se toparon entre sí, Kurt le acunó el rostro con suavidad – Vas a estar mejor, lo prometo. No importa lo difícil que sea lo que nos sucede o lo cruel que la vida sea, podemos superarlo y seguir adelante.
Le secó las lágrimas aunque era inútil porque estas no dejaban de caer – Necesitas acostarte y descansar. Se puso de pie y lo fue ayudando a acomodarse en la cama. El modelo recogió las piernas hacia arriba y se abrazó a sí mismo.
Hummel no daba crédito a lo que estaba observando. Frente a sus ojos yacía un Blaine Anderson tan distinto al que alguna vez creyó conocer, este era un hombre totalmente roto y vulnerable que había bajado sus muros y le estaba permitiendo verlo como era en realidad.
Lo tapó con la cobija y después se sentó del otro lado de la cama, frotándole suavemente la espalda. Pudo sentir como el chico se tensó ante el tacto y su respiración se aceleró, pero poco a poco fue relajándose.
¿Por qué hay tanto dolor en tu corazón? ¿Quién te dañó de esta forma? ¿Qué fue lo que la vida te hizo? – se cuestionaba mientras continuaba con el suave movimiento.
Por un instante se detuvo y luego cruzó su mano hacia el frente, entregándole varios pañuelos desechables, los cuales éste tomó sin decir nada.
Blaine, entiendo que toda esta situación es difícil para ti y que no estás acostumbrado a que otros te vean así, pero quiero que sepas que jamás voy a juzgarte por mostrarme a tu verdadero ser, al contrario, no sabes cuánto te lo agradezco y lo mucho que te aprecio y te valoro por eso, porque se requiere de un gran valor para hacerlo.
También quiero que sepas que el día que te dije que te ofrecía mi amistad, fui totalmente honesto y hoy te lo reitero. Si me lo permites, quiero ser tu amigo, deseo conocerte, estar a tu lado cuando lo necesites.
La respuesta nunca llegó, aunque estaba seguro que no sucedería tampoco. Sabía que el de cabello rizado seguía despierto porque su respiración era todavía algo trémula.
Si quieres descansar, hazlo. Te va a ayudar. Voy a estar aquí cuando despiertes, te lo prometo.
Siguió frotándole círculos suaves por la espalda hasta que su mano dolió, y aun así no se detuvo. La intercambió con la otra y continuó por un largo tiempo. Cuando pensó que Blaine se había dormido, se levantó de la cama y con un suspiro empezó a recoger todas las cosas, limpió el piso tanto de los restos de los que alguna vez fueron objetos como de las manchas de sangre. Le tomó más de dos horas dejar la habitación presentable.
Finalmente botó a la basura todos los pañuelos desechables que estaban arrugados en bolas alrededor del moreno y le acomodó la cobija.
Agotado se sentó en el suelo, apoyándose en la mesita de noche, lanzó la cabeza hacia tras y cerró los ojos para descansar un poco. Estaba extenuado no sólo física sino también mental y emocionalmente.
Escuchó un murmullo y giró la cabeza hacia un lado. Al estar en el piso junto a la cama, su rostro estaba a la altura del de Blaine. Lo observó por unos segundos y volvió a cerrar los ojos hasta que oyó el murmullo nuevamente con voz adormilada.
- Kurt… Gracias.
Lo miró con atención, pero el modelo no se movía ni volvió a hablar, así que no estaba seguro de si había sido un reflejo, si estaba soñando o algo parecido, pero escuchar esa sola palabra de sus labios significaba mucho para él.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
- ¿Entonces se puso muy mal?
- Así fue. Por un momento me asusté.
- Lamento haberte dejado solo con él.
- Tranquila, tenías que ir a trabajar. Además, ya está todo bajo control. Al menos eso espero.
- En cuanto termine iré a ayudarte.
- Es mejor que no. Honestamente no creo que le agrade saber que estás aquí o que lo veas mal.
- ¡Oh! Es verdad. Eso podría hacer que se ponga mal de nuevo.
Kurt le había contado a breves rasgos lo que había sucedido, pero guardando muchos detalles. Pensó que decirle todo sería exponer ese lado que Blaine le había permitido conocer y no sería correcto, aun cuando Quinn era su mejor amiga y sabía que ella jamás usaría esa información para dañarlo.
Tengo que irme, mi receso terminó, pero no dejes de mantenerme al tanto y no dudes en decirme si necesitas ayuda.
- Claro princesa, gracias. Cuídate mucho.
- Tú también hermoso. Hablamos en la noche.
- Seguro.
Se levantó del sofá donde había estado descansando un poco y se dirigió hacia la habitación, sorprendiéndose cuando vio al chico de ojos miel sentado en la cama.
- Hola. ¿Cómo te sientes?
Respiró profundamente y alzó los hombros.
- ¿Tienes hambre? – negó con la cabeza – Preparé un poco de sopa. Necesitas comer.
Luego de varios minutos logró convencerlo. Ahora estaban los dos sentados en el desayunador de la cocina. El moreno realmente estaba hambriento, era el tercer plato que comía, pero Kurt consideró no hacer ningún comentario al respecto pues no sabía cómo reaccionaría Anderson.
Una vez que terminó sólo musitó un "me voy a bañar" y se levantó.
El castaño sabía que Blaine estaba teniendo una lucha interna. Por alguna razón había bajado sus muros y le estaba dando acceso a una parte de su ser. Y mientras el moreno desaparecía por el pasillo, él se imaginaba toda clase de escenarios en donde un gran y codiciado modelo, quien era petulante y trataba con aires de superioridad a todos, llegaba a su hogar… No, a casa, porque eso no era un hogar, era una casa vacía y solitaria en donde este chico se sacaba la máscara y comía solo, veía la televisión solo, pasaba las horas solo.
Era realmente deprimente nada más de pensar en ello. Vivirlo seguramente resultaba atroz. Tal vez por eso Blaine visitaba con frecuencia aquel bar. Ahí estaba una persona a la que conocía y con la que probablemente platicaba antes de caer bajo los efectos de la bebida.
No sabía cuánto tiempo llevaba ahí sentado, pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz del ojimiel, quien estaba frente a él, ya bañado y vestido, con una toalla en sus hombros en donde escurrían las gotas de agua.
- Puedes irte cuando quieras.
- Bien, entonces no lo haré.
- Si estás buscando que las cosas cambien entre nosotros en la agencia…
- Estoy tratando conocerte y ser tu amigo. No me interesa la agencia, en tres semanas termina mi pasantía y me iré de ahí para siempre.
- ¡Oh! – su rostro parecía mostrar desilusión. ¿Acaso era eso posible? ¿Blaine quería que se quedara? – Es bueno saber que ya no tendré que soportarte ni lo mal que trabajas.
Sí, ahí estaba Blaine Anderson de regreso. Kurt no podía esperar algo menos de él, sólo que esta vez sabía que todo era una careta, un disfraz, un capullo en el que se refugiaba y escondía lo que en realidad sentía.
- Me vas a extrañar, aunque no quieras admitirlo – respondió con una sonrisa de lado.
- No es cierto. Ese será un día feliz.
- Yo sí te voy a extrañar, más de lo que hubiera imaginado. Me enseñaste a trabajar bajo presión extrema, y con tus exigencias constantes aprendí a dar más de mí de lo que hubiera pensado que era posible, a poner un empeño superior y buscar que todo saliera perfecto.
Siempre he estado orgulloso de mi trabajo y mi talento. He dado el 100% en todo momento, pero contigo aprendí que a veces el cien por ciento no es suficiente cuando quieres alcanzar algo importante. Y es algo que te voy a agradecer siempre.
- ¿Por qué me dices eso?
- Porque es la verdad. Si hubiésemos sido amigos desde el principio, hubiera podido decírtelo antes. También te habría dicho que te admiro. Para mí el concepto de un Top Model era el de que es una persona posaba para fotos, estaba en las pasarelas luciéndose, siempre buscaba verse bien, pero ganaba más que los otros modelos.
Sin embargo me di cuenta que no es así, pude observar todo lo que tienes que hacer, lo agotador que puede ser un día de trabajo, no hablemos de la semana entera. Y a pesar de eso tú siempre te mantienes firme, listo para la jornada sin importar lo dura que sea, das todo de ti, mucho más de lo que se espera, trabajas arduamente y eso te ha llevado a ser famoso en todo el mundo. No hablamos de la ciudad, del país o el continente, hablamos del mundo, y eso es impresionante.
Fuera de todos los tropiezos que hemos tenido, ha sido un honor para mí que siendo sólo un pasante, me hayan puesto a trabajar contigo.
- ¡Cállate! ¡No es cierto!
- ¿Qué cosa?
- ¡Nadie piensa eso de mí!
- Yo sí – se puso de pie y caminó hasta quedar a su lado – Eres grandioso en lo que haces y deberías estar orgulloso de ti y lo que has logrado.
- Lo estoy – respondió con un tono frío.
- Qué bueno. Estoy seguro que hay personas orgullosas de ti.
Blaine empezó a retroceder – No hay nadie.
- ¿Tu familia? ¿Tus amigos? Ellos deben estar tan…
- No tengo a nadie – gruñó.
- Pero eso no tiene sentido, siempre hay…
- ¡NO HAY UNA ESTÚPIDA FAMILIA NI UNOS MALDITOS AMIGOS!
- Blaine, no te pongas así. Yo…
- ¡LÁRGATE DE MI CASA Y DE MI VIDA! – se dio la vuelta y empezó a caminar a paso lento mientras los sollozos se apoderaban de él y luchaba por retener las lágrimas que se agolpaban en sus ojos nublándole el camino.
- Te dije que no te dejaría solo y que iba a ser tu amigo. Bien, los amigos están para afrontar juntos los momentos difíciles. Si quieres gritarme o insultarme, hazlo. Desahógate, rompe todo, no importa, aquí seguiré.
El moreno se detuvo y Kurt avanzó hacia él, poniéndose de frente.
- Vete – gimoteó con voz rota.
- No sé lo que te pasa, sólo puedo hacer suposiciones. No sé cuál es tu pasado ni tu historia, pero lo que sí sé que cuando ofrezco mi amistad, es de forma incondicional y para siempre.
Blaine posó su mirada en la del ojiazul y se permitió perderse en ese cielo por un instante. Luego fue acortando la distancia y el castaño se tensó al darse cuenta, sus pensamientos corrían a mil por hora.
No me beses, no hagas esto. No confundas las cosas. Yo sólo quiero ser tu amigo. No me beses por favor, no sabré manejarlo y no quiero hacerte daño con mi rechazo.
El de cabello rizado estaba tan cerca que Kurt podía sentir su aliento sobre su rostro. Blaine lucía como alguien muerto en vida y eso le dolía. Pero no quería aceptar un beso por compromiso.
Anderson terminó de suprimir el espacio y posó sus labios sobre los del castaño, sin ningún movimiento, sin presión, nada, sólo el sutil contacto durante dos segundos y dejó caer su cuerpo. El fotógrafo lo sostuvo con fuerza y lo envolvió en sus brazos.
- Vas a estar bien. Todo va a estar bien.
