Invitación

Ahora que había pasado un mes desde la noche del pozo, Jane estaba más que conforme con la expresión "compromiso". Ser feliz a medias. Aquello implicaba dejar los Eggos para el postre si antes se había tomado toda la cena. Recogerlo todo después de enfadarse con Jim y lanzar cosas por los aires. Pedir perdón y obtener de premio una nueva película del videoclub. Acabar pronto la limpieza y enterarse de que los chicos se quedaban cuatro en vez de tres horas.

Así, ella podía ser feliz, a veces del todo. Aquel nuevo compromiso era mejor.

Aunque el doctor Owen coincidía en que debían esperar un año, las circunstancias eran distintas. Ahora podía salir a veces a tomar el aire, bajo estricta vigilancia. Podía recibir visitas… eran lo que más le gustaba. Le recordaban que ella formaba parte del mundo. Un mundo en el que había gente que la quería y se preocupaba por ella.

También le dejarían ir a casa Byers, que se había convertido en el nuevo centro de operaciones. Mike había accedido gustoso a aquel cambio y había trasladado algunos trastos al cuarto de Will para las campañas.

Joyce andaba por la casa haciendo cosas y los chicos solían ayudar a fregar platos, recoger y cosas así. Permitir que el lugar fuera ocupada por seis adolescentes ruidosos (bueno, una no mucho, pero estaba dispuesta a aprender) que comían y bebían mil guarrerías daba trabajo, así que ya que les dejaba aquel lugar como piso franco para que Jane pudiera salir de su casa, ellos se comprometían a limpiar después.

También coincidían a menudo con Nancy y Jonathan, que iban y venían, ocupados con sus estudios y salir en citas. A veces, era Jonathan el que la recogía a su casa, y Jane tuvo tiempo de interactuar un poco más con el taciturno muchacho. Descubrió que se parecían en algunas cosas y no siempre había que hablar para estar a gusto. A veces, Jane disfrutaba el silencio y observando el mundo, y Jonathan le daba espacio mientras viajaban en su coche.

Aquellas salidas de la cabaña, una vez por semana, junto con las visitas controladas, constituían toda la pequeña libertad que Hop podía darle a Jane y era lo que ella necesitaba. Era un mínimo con el que estaba más o menos conforme. Deseaba que fuera más, pero había empezado a entender que necesitaban ser cautos. Los chicos le habían contado cómo habían estado desmantelando el laboratorio durante unas semanas. No habían podido ver gran cosa desde las verjas, porque solamente veían salir grandes cajas que metían en camiones negros y furgonetas con el logo de la empresa tapadera que habían usado hasta entonces. Había muchas fuerzas militares por el pueblo, y tuvieron miedo de que estuvieran intentando buscar a la chica. Incluso hicieron algunas preguntas en el instituto a Nancy, Jonathan y Steve. Por tanto, hasta los menores estaban de acuerdo con su encierro, por mucho que a ellos también les gustara reunirse. Poco a poco, cuando pasara el período de seguridad, llegarían más libertades. Por ahora, podría vivir con eso.

Después de hablar en la camioneta, ella y Jim estaban un poco mejor. Las cosas nunca serían perfectas, ellos no eran perfectos; pero ahora tenían claro que se necesitaban mutuamente y que lamentaban cada estupidez que se decían por culpa de sus fuertes caracteres. Los amigos no mienten. Aunque Jim era un tipo de amigo distinto. Era… alguien mucho mejor que Papi, del laboratorio.


Hop casi se atraganta cuando pasa por el cuarto de baño y descubre a Jane ajustándose una camisa rosa claro, sobre una falda vaquera por las rodillas. Debajo, llevaba unos leotardos marrones (un extra de Nancy, que se los había comprado como regalo, junto a varios pares de medias y calcetines) y unas botas altas beig. Se las había traído Joyce de contrabando, mientras Hop trabajaba, recién compradas en el pueblo el día anterior. Hop podía pensar que las botas habían llegado con la caja de Nancy… Sería su secreto.

- ¿Va usted a alguna parte, señorita? – inquirió el jefe de policía.

Ella se giró con expresión insegura.

- Estoy formal para visitas. ¿Guapa?

Hop la miró de arriba abajo y de repente se hizo a la idea de lo que se le venía encima. No estaba acostumbrado a usar el adjetivo, pero no se le ocurría otro. La chiquilla estaba decididamente linda.

Meses antes, cuando la encontró en los bosques, iba rapada al dos y estaba desnutrida. Estaba más preocupado en alimentarla y mantenerla a salvo que de otra cosa. Más tarde, cuando recuperó la salud, la enfundó en sus ropas, veinte tallas más grandes, y poco le importaba que su pelo estuviese mal o bien peinado, siempre que estuviera limpio y desenredado. Hasta que llegó un momento (nunca supo cuándo exactamente) en que fue consciente de que la muchacha tenía unos bonitos ojos castaños, una nariz menuda y una sonrisa dulce que le hicieron pensar en que la señora Ives debió de ser bastante guapa en su juventud.

Pero caramba, ahora que la veía arreglarse y sonreía más que nunca en los últimos tiempos, se daba cuenta de que, verdaderamente, la chica era guapa. Y el corazón le dio un vuelco con algo parecido al orgullo.

Aquella chiquilla iba a ser un imán de babosos. Se debatía entre aceptar que Wheeler la rondara de modo oficial o llevársela a otra cabaña… en lo profundo de un bosque de Canadá.

- Pues sí, estás guapa – Jane le mostró una sonrisa radiante y Jim sintió flaquear su pose de padre duro - Pero escucha, no sé por qué te arreglas tanto para tiraros en el sofá… Te mancharás la ropa.

- Tendré cuidado. Prometido. ¿Guapa?

- Que síiii…

Jane soltó una risita emocionada y salió del baño, pasando de largo ante Hop, no sin antes abrazarle rápidamente. La puerta sonó con la contraseña secreta.

La joven se transformó en un borrón que desapareció por el pasillo a toda mecha.

"Paciencia, Jim", se dijo el hombre.


- Jefe Hopper, quisiera hablar con usted un momento.

Jim se giró y vio a Wheeler de pie en la puerta, poniéndose el abrigo y metiendo las manos en los bolsillos mientras encogía los hombros. Soltó la rama con la que estaba quitando las huellas de bicicletas del sendero sobre la nieve y se puso en jarras.

- Adelante, chico.

Juraría que oyó al chaval tragar saliva.

- Jefe, nos dijo el otro día que El debería esperar un tiempo a salir de casa…

Mike era, de la pandilla, al que más le costaba abandonar el apelativo "El". Los demás habían ido poco a poco subiéndose al carro de "Jane", con ocasionales despistes. Pero Wheeler... A él se le olvidaba aún con mucha frecuencia.

- Sí, Jane debería esperar unos meses.

- Sí…. Ehhhm… - el chico realmente estaba haciendo un esfuerzo – Verá… El año pasado le prometí a El que la llevaría a un sitio, lógicamente sin tener ni idea de todo lo que se nos iba a echar encima… Era un baile de mi instituto. El Baile de Invierno.

Hop gruñó. Recordaba los Bailes de Invierno. Oh, sí, los recordaba.

- Es un baile al que van los de mi curso, nada de gente mayor – se le ocurrió añadir aquel detalle sobre la marcha.

- Lo conozco. ¿Y?

Mike, inspirando hondo ante la evidente animosidad del jefe de policía, forcejeó con las palabras.

- Bueno, sé que El debe permanecer encerrada, por su seguridad, pero sé que usted nos dijo que al cabo de un tiempo, aunque siguiese encerrada, podría salir, no sé, quizás a casa de Will, algún día. Ya estuvo en Acción de Gracias.

- Sí – Hop hizo un esfuerzo muy grande por intentar sonar a "no sé de qué me hablas".

- Si por alguna casualidad… o alguna razón… usted, ehhhh… a usted se le ocurriera dejarla salir algún día, sepa que si la dejara ir al baile de Invierno la haría muy feliz.

Jim contempló de arriba abajo al muchacho. Cabello revuelto, jersey de rayas, reloj calculadora, parka de colegial, deportivas sucias, tez pálida y pecas, mentón alzado, una buena cabeza y media más bajito que él...

Mike Wheeler. Baile de Invierno. Jane fuera de la cabaña.

Una ecuación nefasta.

Añadió el factor "baile lento".

Nop. Definitivamente eso no iba a pasar.

- Quiero que sepa que mantengo mi… invitación formal de llevarla al baile.

Quince minutos ensayando la frase delante de Dustin (que últimamente estaba bastante agudo con sus consejos para chicas, tal vez ayudado por Steve) le habían dado fruto. O no.

Bueno, al menos había soltado la frase, teniendo en cuenta el consejo nº1: "usar la fórmula ancestral que contenga la palabra ´formal`."

- Mira, chico, hace unos días apenas que nos libramos de esos tipos, y de verdad que deberíamos mantener la calma…

Consejo de Dustin/Steve nº2: "Insiste en la seguridad. Tendrás todo bajo control."

- Jefe, le aseguro que tendríamos cuidado. Serían solamente unas horas, todos estaríamos con ella y no nos separaríamos de su lado…

"Especialmente tú", refunfuñó Hopper para sus adentros. De pronto, cayó en la cuenta de algo.

- ¿Le has mencionado algo de esto?

- No, señor, claro que no – se apresuró a responder Mike alzando las manos con gesto conciliador.

Consejo nº3: "El padre debe saberlo antes. Siempre. Sigue dándole sensación de seguridad al anticiparse a su hija."

Hop intentó analizar el cambio de "jefe" a "señor".

Hummmm.

De "jefe de policía del pueblo" a "padre de la chica que le gusta".

Huy, qué mal cariz estaba tomando todo…

– Quería comentárselo primero a usted.

Bien jugado, Wheeler.

- Lo que no quiero es que ella se tire todo el día quejándose de lo injusto que soy porque no le dejo ir al baile y me dé la cena con sus lloriqueos y depresión – replicó Jim cruzándose de brazos, intentando intimidar al chico – Mira, no soy un ogro, y sé que lo hice mal el año pasado encerrándola y separándola de vosotros. Pero no pienso consentir que le des falsas esperanzas y que la expongas de modo innecesario.

– Lo siento, señor, pero pensé que debía saberlo. El es muy lista y se acuerda de lo del baile. Yo no fui, fue Dustin el que lo mencionó – de nuevo alzó las manos en señal de paz – Solamente quiero que sepa que ella le estaría muy agradecida si pudiera salir una sola noche. Estaríamos pendientes de ella.

Consejo nº4: "Vuelve a apelar a la felicidad de su retoño."

Hop lo miró de arriba abajo, sopesando sus palabras.

- La madre de Will dice que lo va a llevar al baile y que lo esperará fuera – Mike alzó la voz una octava, con una idea repentina – Podría usted esperar fuera también, y así estaría cerca y…

Consejo nº5: "Menciona posibles carabinas/acompañantes".

- Niño, ¿me estás diciendo lo que tengo que hacer?

Mike se atragantó con su propia saliva.

- No, señor, ejem! No…

Consejo nº6: "Jamás permitas que levante la voz. Si es así, retrocede."

Hop contempló la menuda figura del chico. Considerando el apego que le tenía a Jane, cada vez estaba más convencido de que aquello no era un amorío infantil. Nunca había visto a nadie mirar a otra persona como Wheeler miraba a Jane. Casi daba miedo lo intenso de aquellos sentimientos.

Sin embargo, temía que, de ahora en adelante, los demás empezaran a comentar tal o cual cosa del baile, ella se entristeciera y fuese doblemente miserable…

Después del año que habían sufrido, ¿de verdad quería volver a pasar por ahí? Se imaginó la mesa del salón volando por los aires… O peor aún, el triste rostro de Jane, acurrucada en su cama.

Por dios, acababa de terminar de reparar los cristales de la cabaña… No quería que la casa se convirtiese de nuevo en un campo de batalla…

Se lo debía a Jane. Quizás solamente una noche…

Tendría que consultarlo con Owens.

Adquirió una voz solemne.

- ¿Me das tu promesa de que cuidarías de ella?

Repentinamente entusiasmado, Mike asintió con energía, mordiéndose la lengua para no gritar eufórico y conservar un tono de voz neutro.

- Claro que sí, señor. Puede confiar en mí.

Consejo nº7: "Sé discreto con tus muestras de alegría. Una alegría mal disimulada puede echar a perder una operación de media hora".

- ¿Y sabe qué? Mi hermana estará sirviendo bebidas este año, y Jonathan va a hacer las fotos.

Consejo nº7b: "Refuerza la idea de los carabinas. Siempre."

Ése era el punto, pensó Jim. ¿Confiaba él en Wheeler?

"Nosotros fuimos los primeros". Recordó aquellas palabras del muchacho días atrás, tras la noche de la puerta, confesadas a Joyce. Tenía razón, ellos habían sido los primeros en protegerla.

Y no sabía si podría soportar la frustración de Jane esa noche.

- Mira, tengo que consultarlo primero con el doctor Owens. No prometo nada, pero…

La cara del muchacho se iluminó como el día de Navidad.

- ¿De verdad, señor? ¡Gracias!

Hop se acercó mucho a él, inclinando su intimidante figura hacia el muchacho.

- … Como le pase algo, Wheeler, no la vuelves a ver hasta tu graduación.


Un rato después, convencido de que con aquella maniobra, Hop les había dado un poco de intimidad (bajo amenaza de desollamiento si se enteraba alguno de los chicos, ya que preferían dejarlo en secreto y no crear revuelo), Mike le cogió la mano a Jane, hablando apurado y poniéndose como la grana.

- El… ¿Recuerdas el baile de Invierno del año pasado?

- Sí, no pude ir. Rompí la promesa.

- No pasa nada, no tuviste la culpa…

Ella sonrió. Era una sonrisa tan dulce, que casi le da un pasmo.

- Mira, este año se celebra de nuevo el baile…

- ¿Hay otro baile? – se le iluminaron los ojos a Jane.

- Sí, es anual. Quiere decir que se repite todos los años por las mismas fechas.

- Anual.

- Bueno, había pensado que, como ya volvemos a estar juntos todos, pues… Que… que… quería saber si querrías ser mi pareja en el baile.

Ella también se puso muy colorada y Mike juró que en su vida la había visto sonreír así. Tenía el mismísimo arco iris en la cara.

- ¡Sí! – asintió enérgicamente – Pero… - y se le desarmó el gesto en un segundo - No puedo salir.

- Tranqui, ya lo he hablado con el jefe Hopper – Jane iba de asombro en asombro a medida que lo escuchaba – Dice que necesita hablar con el doctor, pero yo le he visto con ganas de dejarte ir…

Hmmm. Ese doctor. Jane aún no lo había podido ver, pero cada vez tenía más ganas de hacerle una visita. Y comprobar personalmente que iba a cuidar de ella y la iba a ayudar de verdad. Le molestó mucho que su felicidad de esa noche dependiera de los consejos de un desconocido. Hop podía llevarla al baile sin que él se enterase, ¿no?

No seas estúpida.

Tendría que aguantarse. Pero era tan difícil, cuando tocaba la libertad con sus dedos cada pocos días…

- Entonces, ¿de verdad quieres venir conmigo?

- ¡Claro! – y Jane lo abrazó, encantada. Ya había visto muchas películas con bailes y sabía más o menos lo que le esperaba. Iría como "más que amigos" y eso la ponía nerviosa. Pero eran unos nervios agradables.

Se separaron, pero se mantuvieron abrazados.

- El jefe Hopper me ha hecho prometer que no nos ilusionemos hasta que no hable con el doctor. ¿Tú sabes cuándo va a hacerlo?

Ella se encogió de hombros.

- Bueno, cuando hable con él, llámame, ¿prometido?

- Prometido.