Capítulo 11
El camino a casa de Serena fue en medio del silencio total; Mina, quien venía en la parte trasera del carro, se sentía muy indignada por lo que había ocurrido, aunque, en su fuero interno, el beso que Yaten le diera hubiera sido de su agrado.
Serena ocupaba el asiento de copiloto, mirando por la ventanilla las calles de la ciudad, hundida en sus pensamientos, y Seiya llevaba la vista fija en la carretera, repasando en su mente todo lo que había acontecido esa noche.
Se estacionaron frente a la casa de la familia Tsukino, y antes de que Seiya dijera algo o incluso Serena abrieran siquiera la portezuela, Mina bajó rápidamente y se dirigió a la entrada del hogar de Serena.
Seiya y la rubia la miraron estupefactos, mientras descendían del carro.
- Disculpa su actitud Seiya
- No te preocupes. Discúlpame con ella por la actitud idiota de mi hermano
La chica asintió.
- Gracias por traernos – dijo con voz débil Serena, para después dirigirse hacia el portón de su casa.
El pelinegro sintió pesar al ver la actitud y semblante de la chica; era como si la Serena que conocía se hubiera perdido en algún sitio para dar paso a esa niña insegura que ahora se apartaba de su automóvil.
Antes de que ella pudiera caminar más lejos, Seiya la tomó de la muñeca, impidiéndole irse.
- Bombón, espera
La rubia se volvió hacia el hombre, mirándolo sorprendida.
- No quiero que te sientas mal, ni te estes comparando con nadie, ¿ok? Tu eres perfecta así como eres.
La muchacha parpadeó varias veces, ¿sería posible que Seiya se hubiera dado cuenta de lo que había sentido al conocer a Michiru?
- Seiya…
- Eres una chica linda, de muy buenos sentimientos y gentil. Tienes un resplandor excepcional y hoy pude darme cuenta que Michiru hizo que ese brillo se apagara - Serena bajó la mirada, sintiéndose dolida al recordar su inferioridad - No permitas que nadie te haga sentir así. Tienes que estar segura de lo que tu eres – el pelinegro la atrajo más hacia sí, rodeándole la cintura y tomándola de la barbilla para levantar su rostro.
- Pero ella es tan bonita y perfecta – la rubia tenía los ojos llorosos.
- Tu también eres bonita – le respondió el hombre, al tiempo que acariciaba la mejilla de Serena con el dorso de la mano – eres muy bonita.
Serena sintió como sus mejillas se coloreaban al escuchar las palabras del hombre y se perdió en esa mirada azul zafiro que la observaba con total fascinación.
Una amplia sonrisa se formó en los labios de Seiya al constatar el cambio de actitud de Serena.
- Yo no soy perfecta, Seiya. Soy llorona, torpe e infantil. Siempre como dulces y no me esfuerzo lo suficiente… jamás llegaré a ser como la señorita Kahio.
- Para mi si eres perfecta – las mejillas del pelinegro se encendieron – y me gustas tal cual eres.
La muchacha abrió mucho los ojos ante la repentina confesión, sintiendo sus mejillas arder. Su respiración había comenzado a agitarse. ¿Acaso Seiya le estaba confesando sus sentimientos?
Él la miraba tan amorosamente, era como ver dos luceros resplandecientes en ese par de orbes zafiro, luceros que brillaban en el universo de su rostro.
Seiya deslizó su mano hacia la nuca de Serena, amando el contacto de los suaves cabellos y lentamente la atrajo hacía si, al tiempo que él acercaba su rostro.
Ella estaba acalorada, su corazón latía al mil por hora pero lo deseaba, deseaba que Seiya la besara, porque tenía mucha curiosidad de saber lo que esos labios eran capaces de hacer.
Ambos fueron cerrando lentamente los ojos, sintiendo cada vez más cerca sus respiraciones, ambos nerviosos, sabiendo que aquello era incorrecto.
Serena entreabrió la boca, esperando el contacto, mientras Seiya la ceñía fuertemente de la cintura, listo para besarla, cuando algo rompió la magia.
- ¡Serena! – gritó mamá Ikuko desde el umbral
La pareja se soltó rápidamente, sintiéndose sumamente avergonzados.
Mamá Ikuko no dijo nada más, pero estaba ahí parada, matando con la mirada a aquel hombre de cabello largo y negro como la noche, esperando que su hija entrara a la casa.
- Debo irme Seiya – fue lo único que atinó a decir, para después salir corriendo en dirección a su madre.
El hombre no dijo nada más. Dirigió una mirada a la madre de la chica y subió a su automóvil, alejándose del lugar.
Dulce tentación
- ¿Qué crees que estabas haciendo, Serena? ¿Qué te ocurre? – Ikuko la tomó fuertemente del brazo
- ¡Suéltame mamá! – chillaba ella, tratando de deshacerse de su agarre
- ¡Él ya es un hombre! Solo se aprovechará de ti
La chica no dijo nada, solo luchaba por soltarse
- Ya no trabajaras para él.
- ¿Qué? – Serena se calmó, mirando sorprendida a su madre
- No quiero que estés cerca de él.
- ¡No puedes hacer eso! Chibi Chibi es mi kohai y tengo que apoyarla o reprobaré. ¡No puedes impedirme que trabaje!
Por fin había podido soltarse de ella, y precipitándose contra las escaleras y subiéndolas rápidamente.
- ¡Claro que no te impediré que trabajes, pero no con él! ¡Cambia de kohai pero no quiero verte de nuevo con esa niña ni con su padre!, ¿me entendiste? – gritaba Ikuko desde la planta baja.
Serena no se detuvo ante las palabras de su madre. Hecha un mar de llanto, entró a su habitación, azotando la puerta tras de sí mientras Mina la miraba sorprendida.
- Serena, ¿Qué sucede?
- ¡Mi mamá quiere que deje de trabajar para Seiya, pero yo no quiero! – la rubia de odangos cayó de hinojos, poniendo la palma de sus manos sobre el suelo.
- Pero, ¿por qué? – su amiga se agachó a consolarla
- Porque nos vio, Mina – la chica la encaró, enjugándose las lágrimas – Seiya y yo estuvimos a punto de besarnos, y yo no puedo alejarme de él, ¡porque lo amo!
Dulce tentación
Seiya conducía a toda velocidad, alejándose de la casa de la rubia. Cuando supo que estuvo bastante lejos, se detuvo abruptamente.
Golpeó el volante al mismo tiempo que soltaba un grito de frustración, y después pasó las manos por su cabello.
Había estado a punto de besarla, de probar esos dulces labios… y la madre de ella lo había visto todo.
- Me estoy volviendo loco – se dijo – esto está mal pero… yo la necesito.
Contuvo el aliento un momento. La amaba, ya no podía negarlo. En algún momento de su convivencia se había enamorado de ella; ya no era simplemente un deseo o pasión carnal, era algo más. Aquella hermosa niña de ojos azules como el cielo y cabellos rubios se había convertido en algo importante y justo ese era el problema, que él ya era un hombre, tenía una hija que tan solo tenía una diferencia de 7 años con la muchacha y además, tenía una relación.
Su amor era imposible, pero Serena representaba para él una dulce tentación en la cual estaba a punto de caer y que, para su desgracia, tenía que mantenerse ecuánime si no quería que nadie saliera lastimado, eso sin contar los líos legales.
Ya se lo había dicho antes, y se lo reafirmaba ahora. Debía olvidarse de ella a como diera lugar.
Dulce tentación
Los días comenzaron a transcurrir. La madre de Serena habló personalmente en la escuela para que le fuera asignado otro kohai y dejara de estar con Chibi Chibi, y por ende, con Seiya.
La niña se había puesto muy triste, pero se alegraba de ver aunque sea un momento a Serena en la escuela.
Seiya había seguido adelante con Michiru, y aunque le dolió lo que ocurrió con Serena, sabía que él era el responsable, y pensó que tal vez, era mejor así.
Yaten volvió a las andadas y comenzó a salir con una chica, intentando olvidarse de Mina, y ésta, seguía cantando en el bar, tratando de no pensar en el platinado y centrarse en su relación con Saijo.
Las cosas entre Darien y Serena se tornaban más tensas, pero ambos trataban de dar lo mejor de sí para sobrellevar la relación, cosa que le daba coraje a Rei, por lo que decidió actuar.
Un día, la pelinegra había entrado furtivamente a la sala del Fuego Sagrado, en compañía de Phobos y Deimos.
Las tres muchachas iban vestidas de sacerdotisas. Rei hizo un círculo de sal frente al fuego, recitando oraciones ininteligibles mientras unía las fotos de Serena y Seiya con hilo rojo y las sumergía en un pequeño bote con miel. Hizo otro similar.
- Phobos, Deimos – las llamó – lleven cada uno de estos botes cerca de la casa de Serena y Seiya y entiérrenlos. Sean cuidadosas para que nadie las vea
- Si – contestaron ambas chicas al unísono, tomaron el encargo y salieron del lugar.
- Ahora si, Darien, te voy a quitar a esa llorona de encima y pronto serás mio.
Dulce tentación
A pesar de sus esfuerzos, Yaten seguía pensando en Mina.
Aún tenía el ego herido y se sobaba la mejilla cada vez que recordaba aquella noche, pero tenía que admitir que de todas las mujeres que había besado en su vida, era el beso de la rubia el que más había disfrutado.
Su joven e inexperta boca se había dejado hacer a su antojo, aunque la muchacha hubiera reaccionado dándole tremenda cachetada por atrevido, pero deseaba volver a probar esos labios de nuevo.
Instintivamente, se mordió un labio y sintió como su hombría se tornaba dura al imaginarse cómo reaccionaría ella si la tomara como su mujer.
- Yaten – la chica que estaba junto a él lo llamó
- ¿Qué ocurre? – preguntó ásperamente, borrando la sonrisa de su rostro.
- Creo que alguien quiere jugar de nuevo – comentó ella traviesa, mientras se intentaba colocar sobre el platinado, pero éste se lo impidió.
- Basta Saori. Debo irme a trabajar – el chico se incorporó de la cama, buscando su ropa interior.
- ¿Vendrás en la noche?
- No lo creo. Te veo el fin de semana.
Y sin más, sin un beso de despedida, ni nada, Yaten Kou abandonó a su pareja en turno y salió directo a la oficina.
Durante el trayecto al trabajo, una idea se había fraguado en su mente, una idea hasta cierto punto maquiavélico; su nivel de perversión no tenía límites.
Siempre había fantaseado con hacerlo con una menor de edad, y esa oportunidad la encontraba perfecta en Mina, por lo que, llegando a la oficina, mandó a llamar a Karmesite, su secretaria.
- Dígame, licenciado.
- Necesito que investigues todo lo que puedas acerca de Mina Aino. Quiero toda la información que puedas reunir: Redes sociales, dirección, horario de clases, pasatiempos, quiero saber hasta qué desayunó hoy en la mañana. Lo quiero todo.
- Si Señor – respondió Karmesite, anotando diligentemente la información requerida por su jefe - ¿para cuándo lo necesita?
- Para ayer – respondió sardónico - ¡Muévete mujer!
La muchacha salió apresuradamente de la oficina de su jefe, dispuesta a cumplir con el encargo mientras Yaten se dirigía a la ventana.
- Tarde o temprano, vas a ser mía, Mina Aino. Intenté hacer las cosas bien y me rechazaste, así que ahora las haré por las malas.
Dulce tentación
- ¿Y esa bolsa? – le preguntó Mina a Serena.
Estaban en su horario de receso, por lo que las rubias y Amy estaban sentadas bajo un frondoso árbol, lista para ingerir sus alimentos.
- Pasaré la noche en casa de Chibi Chibi
- ¡¿QUÉ?! – Mina y Amy preguntaron al mismo tiempo – Serena, tu mamá te tiene prohibido acercarte a Seiya – comentó la peliazul
- Además, si Darien te ve, preguntará a dónde vas, y te meterás en muchos problemas – acotó Mina.
- Lo sé chicas, por eso le dije a mi mamá que tendremos pijamada esta noche – la rubia de odangos mostró una gran sonrisa.
- Ay Serena, nos meterás en problemas – dijo Amy
- Por favor chicas, por favor – Serena les suplicó – Chibi Chibi ha estado mal desde que yo no soy su sempai, y desea que me quede a dormir como antes.
- ¿Lo haces por Chibi Chibi o por Seiya, Serena? – Mina enarcó una ceja pícaramente.
- Bueno, yo…- la rubia de odangos estaba sonrojada – chicas… yo no sé en qué momento pasó, pero me enamoré de Seiya – la rubia se mordió un labio.
- Serena, pero él es un señor y tú tienes a Darien – Amy intentó razonar con ella.
- Serena, solo te diré una cosa – intervino Mina – usa condón, porque eso de que vas por ver a Chibi Chibi es una excusa muy tonta, si la ves todos los días aquí.
La muchacha enrojeció violentamente
- Así que te sugiero que antes de ir a casa de Seiya, pases a la farmacia.
- ¡Mina! ¿Por qué le dices esas cosas? – la peliazul estaba escandalizada
- Porque es mi amiga y no quiero que ande un mini Seiya o una mini Serena correteando por aquí – dijo con lógica la rubia de media cola – así que, cuídate – volteó a ver a Serena.
- Si – la aludida asintió – muchas gracias chicas
De nada, para eso somos las amigas – guiñó Mina – y espero que Seiya no sea un patán como el tarado de Yaten.
Dulce tentación
Ya había caído la noche cuando Serena se dirigía en metro hacia la casa de Seiya, después de haber pasado la tarde en casa de Mina.
Miraba por la ventana, hundida en sus pensamientos.
Jamás se le había pasado por la cabeza lo que su rubia amiga había sugerido; ¿comprar condones? En ningún momento había pensado tener relaciones con el pelinegro, aunque fantaseara con él.
Serena se ruborizó al pensar en ello.
Si, era cierto, se había autoinvitado a pasar la noche en casa de Chibi Chibi, pero no era la primera vez que lo haría y a la pequeña le daría gusto. El hecho de que su madre hubiera intervenido para que ya no fuera su sempai había entristecido a la niña, y aunque Esmeralda, la nueva sempai de Chibi Chibi, era una chica alegre y buena, entre Serena y la pelirroja había un vínculo especial.
Serena soltó un suspiró; en su cabeza resonaron las palabras de Mina otra vez "Serena solo te diré una cosa, usa condón, porque eso de que vas por ver a Chibi Chibi es una excusa muy tonta, si la ves todos los días aquí"
La chica apretó su falda.
No, no iba solo por verla a ella, sino también a él. ¿Cómo estaría? ¿Qué estaría haciendo? Aunque, él tenía a la elegante señorita Michiru, y cabía la posibilidad de que esa noche no se encontrara en casa.
La muchacha tomó su bolso y bajó del metro, dirigiéndose a su destino.
Una vez llegó, instintivamente metió la mano en la bolsa de su falda. Ahí estaba, la copia de la llave que en algún momento Seiya le diera, solo por alguna emergencia, ya que el hombre estaba en contra de que las chicas portaran llave.
Aún no entendía eso y la extraña manía que tenía de querer asegurar cada puerta y ventana una vez entraba o salía de casa.
Con paso seguro, Serena atravesó la verja, dirigiéndose por el camino iluminado hasta la puerta principal de la mansión.
Como si se tratara de un miembro más de la familia, abrió la puerta y entró, sin percatarse que había mal cerrado la puerta tras de sí.
- Papá, ¿has regresado? – escuchó unos pasos presurosos que descendían de la escalera.
La muchacha caminó hasta la sala, mirando con una amplia sonrisa a la niña que se había detenido en seco, sorprendida, en el último escalón.
- ¡Bombón! – gritó Chibi Chibi mientras corría hacia Serena
- Hola Chibi Chibi – dijo Serena, abrazando a la niña
- ¿Qué haces aquí? – preguntó la pelirroja
- Pasaré la noche aquí. Espero no les moleste ni a ti ni a tu papá.
- No te preocupes – la niña estaba feliz – papá aun no regresa, pero no creo que le moleste. ¡Vamos! Deja tus cosas en el cuarto de huéspedes.
Y tomando a la chica de la mano, Chibi Chibi la dirigió hacia las escaleras.
Dulce tentación.
Seiya aparcó el auto frente a su casa, dispuesto a accionar el portón automático cuando se percató de algo. La puerta principal estaba abierta.
Un horrible sentimiento se apoderó de él, haciendo que su corazón latiera con fuerza.
Desesperado, bajó del carro y corrió hacia su casa.
- ¡No, no, no! ¡Otra vez no!
Agitado, Seiya entró en su casa, buscando a su hija.
- ¡Chibi Chibi! – gritó angustiado - ¡Kakyuu dónde estás!
Serena y Chibi Chibi descendieron las escaleras, ambas en pijama, al oír los desesperados gritos de Seiya.
- Papá, ¿estás bien? –preguntó preocupada la niña. Pero Seiya no la escuchó. Tenía la vista fija en Serena.
Como volcán en erupción, el pelinegro sintió como su angustia daba pasó a la ira y más que darle gusto ver a la rubia en su casa, aquello le dio mucho coraje.
- ¿¡Qué haces aquí!? – le gritó - ¿Por qué demonios no cerraste la puerta cuando entraste?
- Seiya… - Serena estaba espantada. No esperaba que él reaccionara así
- ¿Te das cuenta de lo que pudo haber pasado? – el hombre la tomó fuertemente de los brazos - ¡Expusiste a mi hija y a ti misma por tu descuido! – la zarandeó
- ¡Papá basta! – Chibi Chibi estaba espantada - ¡Suéltala!
Al oír a su hija, Seiya recobró la razón, dándose cuenta que estaba lastimando a Serena.
- Bombón perdóname, yo… - no sabía que decir. La muchacha lo miraba con los ojos cristalinos.
Y sin decir más, Seiya subió las escaleras, avergonzado de lo que había hecho, para encerrarse en su habitación.
- Serena, ¿te encuentras bien? – la niña se acercó a la chica, abrazándola
- Si Chibi Chibi. No te preocupes – una lágrima rodó por su mejilla
- Papá jamás se había comportado así. ¡Perdónalo! – sollozó la chiquilla
- Él tiene algo… subiré a ver qué ocurre. Ve a dormir por favor.
Dulce tentación
Seiya estaba sentado en el piso, recargado contra la cama, llorando. Se sentía una basura, después de cómo había tratado a la rubia, pero el miedo se apoderó de él. Temió por la vida de su hija al ver esa puerta abierta.
¿Qué hubiera pasado si algo le hubiera ocurrido a la niña? Ella era su Luz de la esperanza, y sin ella, él simplemente moriría.
Tenía miedo, otra vez.
Lentamente, la puerta de la habitación se abrió, dando paso a la chica.
Ella sintió una punzada de dolor al ver al hombre hecho un ovillo en el piso, llorando.
Cerró la puerta y se acercó lentamente hasta él, colocándose junto.
- Seiya – dijo dulcemente
- Bombón, perdóname – sollozó – he sido un patán. No debí tratarte así.
- Estabas molesto, y te entiendo. Fue mi culpa, no cerré bien.
- Yo tenía tanto miedo… - la miró a los ojos – aquella vez fue igual. La puerta estaba abierta y ella… ella… - Seiya volvió a romper en llanto.
La chica lo abrazó, y él se refugió en su pecho, como niño pequeño.
- Temí encontrar a Chibi Chibi muerta, como encontré a Kakyuu.
Una lágrima mojó la frente del pelinegro, quien al sentir aquello, alzó el rostro, sorprendido. Serena lloraba con él, compartiendo su dolor.
- Fue mi culpa, perdóname – sollozó ella.
- No, no – él la tomó del rostro – no llores por favor.
El verla así, tan frágil, llorando por él, hizo que Seiya se diera cuenta cuánto lo amaba. Supo en ese instante que no deseaba estar con alguien más que no fuera su Bombón.
- Sal de aquí – dijo él tranquilamente – vete Bombón.
- No, no te dejaré solo. All we need somebody to lean on*. – le contestó
- ¿Qué?
- Necesitas a alguien… me necesitas… no voy a dejarte, no ahora
- Bombón, si no te vas, no sé qué pueda pasar – Seiya cerró los ojos, tragando saliva con dificultad – no quiero hacer algo que pueda lastimarte.
- No me lastimarás, sé que no lo harías.
- Aún hay tiempo, antes de que sea demasiado tarde.
- ¡No voy a irme! – la rubia se abrazó a él, dejando escapar unos sollozos – por favor no me corras. No voy a dejarte.
Después de oír eso, Seiya supo que ya no podría más. Ella estaba ahí, para él y él la necesitaba, necesitaba sentir su calor. Si, era una adolescente, pero eso no importaba ya.
Seiya supo que esa noche, Serena se convertiría en su mujer.
* linea de la canción Lean on de Major Lazer y Dj Snake
Hola Bombones!
Ay! Me van a matar! Ya se que lo dejé en lo más interesante ahhaha pero les digo de una vez que en el próximo capitulo, lo que todos están esperando pasará! Si, señoras y señores, habrá lemon entre Serena y Seiya! :D
Muchas gracias a todos por leerme, gracias a quienes me comentaron vía Facebook, a quienes tienen cuenta de FF ya les respondí y ahora responderé a los invitados! :D
Olakase: En su momento Haruka va a intervenir pero no de la manera que piensas :p
Mony: Si, Seiya metió las 4 patas, pero ya va a arreglar el asunto ;), en cuanto a Yaten, si, él solo se hizo lios. Rei no descansará hasta quedarse con Darien, y ya comenzó a trabajar en ello. Gracias por leerme y espero te recuperes pronto :*
Génesis: Si, así es, pero los hermanitos Kou tendrán que arreglar sus desmanes.
Me despido porque estoy en modo sailor zombie! Una última cosa! Haré una complacencia, así que necesito su opinión: desean que Amy también se enrede con Taiki? Digo, para que todos los Kou tengan su cola que les pisen. Recuerden que Taiki tiene 35 años y Amy 17. Si desean que los una en algún momento y tengan su desliz, haganmelo saber!
Que pasen linda noche, nos leemos pronto, besos estelares! :**
