Hola!

Publico con retraso. Ayer hubo un apagón de luz en casi todo Buenos Aires. Casi pierdo todo el capitulo. Además hay muchos problemas en la pensión donde vivo. Alguien se está robando la comida y hay mucha tensión en el ambiente

Tiburi: lo del internet le pasa a cualquiera. Si dormiste feliz, no se con que habrás soñado, jeje. ¿Qué te esperaba que dijera Crash? No te preocupes, es normal que la gente ponga caras extrañas con mi fanfic. De ahí a lo que se imagine… si es normal… tal vez no, y yo tampoco soy la persona más cuerda.

Wolfy: tampoco fui muy disimulada, jaja. Vos estas con el Crash x Crunch hasta el cepillo, jajajaja. Bueno, cada día aprendo algo nuevo. ¿Y qué te dije? ¡Duerma temprano, caramba! Soy fan de House, debería saber describir una infección.

Este capítulo se lo dedico a Steph, the Weredragon, el australiano que se toma las molestias de usar el traductor para leer este delirio de fanfic. Y decirle que no me molestaría recibir un review suyo en inglés

Ahora, mientras escucho Karma, de Joss Stone, lean el…

Capitulo once

Las vacaciones de los Córtex

Pasaron dos semanas.

Crash volvió a las clases, ahora hablando. Tartamudeaba un poco, pero ya casi no lo hacia y tenia una tendencia a hablar de el mismo en tercera persona, algo que Nina consideraba súper tierno. Pero y Neo iba a corregir ese defecto. Dentro de un tiempo. Ahora tenía algo importante que hacer con Nina

—Cariño —la llamó el, en su laboratorio de Ice Lab. Nina leía un libro de terror en el sillón y levantó la vista para mirarlo.

—¿Si?

—Estuve pensando… hace años que no te llevo de vacaciones. La última vez nos tuvimos que volver, porque me detuvo la policía. Así que pensé… ¿No te gustaría ir a Hawaii?

Los ojos negros de Nina se abrieron desmesuradamente y se levanto.

—¿De verdad?

—Si. Tu abuela compró una casa de verano ahí hace mucho tiempo, al poco tiempo que se divorciara de mi padre. Hace veinte años que no voy por allí, pero ella contrata a alguien para que se la mantenga ¿Te parece bien?

Nina le echo los brazos al cuello, pero con cuidado, para no lastimarlo.

—¡Eres el mejor! —dijo ella, emocionada—. ¡La playa, el sol, la .arena! Bueno, Crash esta acostumbrado a eso, pero habrá gente y cosas nuevas para el.

Neo se aparto de ella, con un gesto torcido

—Nina… ¿Estas queriendo decir que quieres que Crash viaje con nosotros?

—¡Claro!

—No lo voy a invitar.

La expresión radiante de Nina se transformo en uno de enojo.

—Bien, entonces vete tu solo —le dijo, furiosa y se marcho a zancadas hacia su dormitorio.

—¡Nina! —la llamo, mientras la seguía hacia su cuarto. Ella estaba acostada en la cama, dándole la espalda—. No seas caprichosa. Sabes muy bien que no puedo llevarlo. Tropy me mataría.

—El trato era no hacerle daño —le recordó ella, sin mirarlo.

—Pero tampoco voy a ser su intimo amigo

—Esa enemistad con él es una idiotez ¿Qué daño puede hacerte?

—Mucho, al decir verdad. Se que no te acuerdas, pero me incendio el castillo contigo adentro. Y tan solo tenías dos años. Tuve tanto miedo de perderte, Nina…

Nina se sentó en la cama.

—Dudo que supiera de mi existencia, tío —le dijo, palmeándole la espalda—. No creo que el tío Tropy se enoje con nosotros. Solo lo llevamos esta vez ¿OK? Luego no te pediré nada, pero nada de nada.

Hasta la persona mas ilusa se daría cuenta que era mentira, pero Neo suspiro y miro a su Nina. No creyó que serie un gran inconveniente.

—De acuerdo ¡Pero ni se te ocurra pedirme ni una barra de chocolate! —era una amenaza hueca y ambos lo sabían. Nina lo abrazo y de inmediato comenzó a abrir su ropero a buscar la ropa adecuada para viajar

—¿Hace frío en Hawaii? —preguntó la adolescente, dubitativa.

—Tiene mas o menos el mismo clima todo el año, pero llévate tanto ropa de verano como de invierno. A la noche puede hacer mucho frío.

—Bien ¿Cómo vamos a llegar ahí?

—N. Gin nos va a llevar en su barco hasta Nueva Zelanda. De allí tomaremos un avión privado hasta Hawaii.

—Espero que los neocelandeses no se asusten al ver semejante barco de guerra —comentó Nina. Ambos se miraron y estallaron en carcajadas al imaginarse la escena.

—Mientras no nos deporten, me importa una comino

—¿Crees que va a aceptar que Crash este en su barco?

Neo sopeso las palabras de Nina. Tal vez N. Gin se negara a llevarlo y haría un berrinche. Pero estando Collins allí para calmarlo, no tendría inconvenientes. Tal vez debería llevarle unos pastelitos de crema para sobornarlo.

—Ya hablaré con él, Nina, no te preocupes.

Nina respiro aliviada y siguió revisando su ropero. Casi toda su ropa era negra, pero tal vez habría ropa mas alegre para Hawaii. Más tarde le pediría dinero a N. Gin. Le daba un poco de vergüenza, pero lo haría por Nina.

—Tío…

—¿Si, amor?

—¿Te llevabas bien con tu hermano, o sea mi padre?

Neo miro hacia otro lado.

—Nunca tuvimos una relación muy estrecha —murmuró por lo bajo.

—¿Y por qué?

Neo se froto las sienes.

—Porque cuando mis padres se divorciaron, él se llevo a mi hermano a Inglaterra y yo me quede en Australia con mi madre.

—¿Y que paso con mi abuelo? —podía percibir la ansiedad de Nina

—Murió en un incendio, hace muchos años.

—¿Y mis abuelos maternos?

—Nina, no quiero hablar del pasado —sus manos temblaban—. Me duele pensar en eso. Solo quiero olvidarme y disfrutar del presente. Sigue preparando tus cosas. Nos iremos en tres días y no quiero salir a las corridas.

Neo se dirigió hacia su cuarto, intentando ocultar las lagrimas. A pesar de ser malvado, tenia un corazón, que solo latía para Nina. Los recuerdos del pasado eran dolorosos y lo derrumbaban. Le había costado mucho decirle a su psicólogo todo su pasado.

Neo se acostó en su cama, completamente agotado mentalmente. Recordó sus horribles pesadillas que lo atormentaban hacia muchos años.

Hasta el presente.


La oscuridad era total. Neo Córtex nunca había experimentado algo así en su vida. No veía absolutamente nada. Tenía mucho miedo. Era como si la negrura se lo hubiera tragado.

Pero había algo al frente suyo, que brillaba. Era una mujer. Alta, de cabello castaño rojizo hasta la cintura. El flequillo le tapaba los ojos. Vestía solo con un largo camisón blanco. Notó las lágrimas que salían debajo de su flequillo. Neo quería ayudar a esa mujer, pero no podía moverse.

Unas manos negras como la oscuridad rodearon los brazos y las piernas de esa mujer y la tiraron hacia atrás. Neo quería liberarla, pero sus pernas se negaban a sostenerlo. La mujer no hizo ningún intento por zafarse. Se entregaba dócilmente y súbitamente la oscuridad se la tragaba, como si se hundiera en el agua.

¡CHARLOTTE!


Neo se despertó gritando. La transpiración le chorreaba por la cara y jadeaba como si hubiera corrido varios kilómetros.

Nina entro corriendo en su habitación y se arrodillo en su cama

—¡Tío! ¡No pasa nada, estoy contigo! —estaba alarmada y le acariciaba la cara con ambas manos. El acero le pareció helado y lo ayudo a despejarse.

—No te preocupes, corazón. Solo fue una tonta pesadilla.

—No es la primera vez —recordó Nina—. Deberías volver al psicólogo.

—No voy a regresar allí ¿Qué hora es?

—Las siete de la tarde ¿Tienes hambre?

Neo asintió y se levantó a preparar la cena. No tenía muchas ganas de cocinar así que abrió dos latas de sopa y las calentó en el microondas. Comieron en silencio, sin otro sonido que el de la cuchara golpeando contra el plato.

Realmente, necesitaba esas vacaciones.


Había cosas que uno nunca jamás se imagina, como que un samurai pelirrojo asalte un restaurante chino y solo le robe los peces de colores o la heladera te plantee ecuaciones de segundo grado. Pues bien, Crash Bandicoot nunca se imagino irse de vacaciones a Hawaii con los Córtex en el barco de N. Gin. Sus hermanos pensaban algo similar. A la distancia se vislumbraba el acorazado acercándose lentamente.

—Lo van a tirar en alta mar, te lo aseguro —le decía Coco a Crunch, todavía muy enfadada.

—Crash sabe defenderse solo —murmuró Crunch, no muy seguro.

—¡Claro! ¡Vamos a tirarlo a los tiburones, total, sabe defenderse solo!

Crash se alejó de ellos. Le molestaba que hablaran de l como si no estuviera ahí. Agarro unas piedras y comenzó a tirarlas al mar, ya de mal humor. No era una criatura. Tenia dieciséis años (aproximadamente) y Coco era un año menor que el, así que no tenia derecho a mangonearlo. El se subiría a ese barco, y si había problemas, intentaría solucionarlo como pudiera. Aunque se sentiría dolido si Neo lo traicionaba así. Mucho mas ahora que no paraba de pensar en el e intentaba no ponerse a temblar al verlo.

El acorazado arribo en el puerto de . La puerta se abrió y Nina fue la primera en salir corriendo a abrazarlo hasta casi cortarle la respiración

—¡Crashie! —lo saludó, frotando la mejilla contra la suya.

—Hola, Nina —le respondió Crash—. No hac-hacía falta q-que bajaras.

—Lo se, pero quería ver a tu hermano —le susurró Nina al oído.

Se separaron y Crash distinguió tres personas más detrás de ella. Pudo reconocer a Neo y a N. Gin. Pero no a la tercera persona que estaba mucho mas atrás y que no podía enfocarla bien.

—Nos vemos en dos semanas —lo despidió Crunch, con un fuerte abrazo que no tenía nada que envidiarle a Nina.

Coco se acerco también y le acaricio la cabeza

—Mátalos si intentan hacerte daño —le dijo en el oídov. Y si de casualidad te matan, los voy a cortar en pedacitos, cocinarlos en el horno, colgarme sus huesos como adorno, meterlos en bolsitas de plástico y guardarlos en la heladera.

—Bien —dijo, sin saber que pensar. Muy pocos sabían ese lado violento de su hermana menor.

—Bien, vámonos —Neo se metió adentro del acorazado, junto con su sobrina, pero N. Gin se quedo quieto, mirando a Coco con una admiración total, como si un ferviente religioso viera la personificación de su santo mas devoto.

—¿Eres un ángel? —le preguntó a la chica, que lo miraba entre sorprendida y asqueada. Neo soltó una exclamación y lo tironeó hacia el barco

—¡Vamos, que sin capitán no podemos zarpar! ¡Y tu, Crash, muévete si no quieres que te deje aquí!

Crash no se dejó repetir la orden y subió por la cubierta, con su mochila a cuestas. Le pareció muy extraña la reacción del almirante hacia su hermana. Se dijo que N. Gin perdía el tiempo si quería algún acercamiento con Coco. Ella era muy arisca con el sexo masculino. Además era muy superficial y solo suspiraba por los artistas de cine. Y el almirante no era precisamente el ejemplo de la buena estética.

El barco partió por fin y Crash saludó a sus dos hermanos. Luego se limito a mirarlos hasta que se perdieron de vista.

—Vamos —le dijo Nina alegremente—. Tenemos que dejar nuestro equipaje.

Crash la siguió. Recordó haber entrado hacia años en el acorazado, causando desmanes. Bajaron por una escalera y caminaron por un largo pasillo. El mismo por el que esa morsa lo había perseguido para comérselo. Nina abrió una puerta del pasillo y se encontró con un camarote. Encima de la cama matrimonial había un par de mochilas y valijas. Nina retiro todas las valijas y las tiro al suelo. Crash tiro la suya propia y se acostó en la cama.

—¿Dónde esta Neo? —le preguntó a Nina.

—Está con N. Gin y Collins ¿Quieres ir con ellos?

Crash en realidad quería ir, pero pensaba en que podía toparse con la morsa en el pasillo y decidió que mejor no.

—Crash tiene sueño —mintió, fingiendo un bostezo. Nina sonrío peligrosamente y lo estrechó fuerte contra su pecho.

—¡Suenas tan tierno! —le dijo, mientras lo soltaba y el aire regresaba a los pulmones del ex marsupial—. No te duermas ahora, no quiero sentirme sola. Eres el único de mi edad.

Titubeó un poco. Odiaba sentirse cobarde. Además, se había enfrentado a enemigos más grandes que el, más locos y más peligrosos.

—B-bien ¿Adonde vamos?

—A la cocina, Salí sin desayunar —dijo Nina de lo mas campante. Haciendo caso omiso de su cara de terror, lo arrastro afuera del camarote.


El barco estaba puesto en piloto automático y los marineros estaban atentos, as que N. Gin, Neo y Collins estaban en la cubierta, disfrutando del lindo día.

—Almirante, no se si se ha dado cuenta pero es un niña —decía Collins. Era un hombre aun joven, de unos treinta y cinco años. Era alto y delgado, de cabellos oscuros, un poco largos y mirada inteligente. Era el segundo de a bordo del acorazado desde hacia doce años. Pero desempeñaba también una función que pocos sabían. El único de la tripulación que estaba al tanto era el cocinero y nadie más. Y era mejor que así se quedara para siempre.

—Pero es tan hermosa —suspiró N. Gin, como un colegial que se enamoraba de su maestra.

—Déjate de tonterías —gruñó Neo. Su amigo andaba delirando. Coco era menor de edad y parecía ser candidata a chica Barbie. Y los muñecos Ken no venían con cohetes en la cabeza—. Es una enemiga muy peligrosa.

—Bueno, siempre podré llevarla de vacaciones —murmuró el almirante. Collins se rió y Neo se enfadó.

—¡Eso es otra historia! ¡Nina se encaprichó con él!

—Deben estarse acostando —comentó Collins, como sin darle importancia. Antes de que Neo tuviera la oportunidad de tirarlo por la borda….

—No lo creo —se metió N. Gin—. Nina es bastante recatada y… y… —el almirante se quedo como si estuviera buscando en los rincones mas profundos de su mente el nombre que no atinaba a recordar.

—Crash —ayudó Collins.

—Si, ya lo sabia —gruñó el pelirrojo—. Bueno, Crash es muy… inocente. No sabría que hacer con una mujer desnuda.

—Igual que tu —escupió Neo. Collins casi se ahoga por el ataque de risa que le dio.

—Yo solo quiero una cita con el ángel —suspiró N. Gin, ignorando a Collins—. Apenas los deje en Hawaii, volveré a N. Sanity y le pediré una cita.

—Te vas a levar una desilusión —le advirtió Neo—. Es una chica bonita, ya debe tener novio, ya sea uno de esos asquerosos indígenas o alguien de la Falta de Inteligencia Australiana. Te rechazara —Neo hababa desde su experiencia. La ultima vez que fue rechazado, le haban destrozado el corazón en mil pedazos

—Me voy a mi camarote —anunció N. Gin y se marchó. Collins miró a Neo como disculpandose y fue detrás del almirante. Neo sabía que Collins tenía que cumplir esa función que pocos sabían. Neo estaba al tanto y compadecía a el y a N. Gin.

Esa ridícula conversación sobre Coco le había hecho recordar algo que no quería. El comienzo de su pesadilla.


Había sido tan fácil obtener cien millones de dólares, que Neo Córtex había pensado que todo haba sido un sueño. Pero al ver los titulares de la mañana, se dio cuenta que todo había sido cierto:

Se suicida empresario al ser acorralado por la INTERPOL

Neo leyó el artículo distraídamente. Hablaba de la denuncia de gente estafada por el padre de N. Gin y la reputación del hombre que iba barranca abajo. La gente retiraba su dinero a raudales. Acosado por todo eso, el hombre haba decidido poner fin a su vida, volándose la tapa de los sesos en su oficina. Cualquier cosa, Menos ir preso.

N. Gin había planeado todo. Consiguió la información de las cuentas falsas y pago a alguien para que le hiciera documentaciones falsificadas. Lo único que Neo debía hacer era ir a los bancos y transferir el dinero a la cuenta de N. Gin. Todo muy fácil

Se reunió con N. Gin, que estaba feliz como una lombriz, pero disimulándolo, para no despertar sospechas. Después de eso, Neo recibió tanto dinero, que compró tres islas de Australia y comenzó a construir su castillo en uno de ellos. En cuanto estuviese listo, empezaría con el E-volvo-Ray. Pero solo le hacia falta una sola cosa, tan solo una: casarse con Charlotte.

Durante meses, se habían convertido en buenos amigos. A veces salían a pasear por las calles de Canberra, a tomar un helado, al cine, o alguna feria que pasaba por allí. Pero Neo estaba perdidamente enamorado de Charlotte y quería confesarle su amor. Así que la llamó por teléfono y la invitó a almorzar en un restaurante del centro.

Estaban en pleno otoño y las hojas caían en remolinos sobre la vereda. Neo había llegado media hora antes de lo acordado. Ahora el tiempo pasaba con una lentitud que casi parecía que los relojes marcaban hacia atrás. La ansiedad lo estaba matando.

Al fin Charlotte se sentó al frente suyo. Vestía una camiseta a rayas blancas y naranjas, una chaqueta de jean oscuras, unos pantalones negros y zapatos de taco alto.

Hace un día espectacular para comer afuera ¿no lo crees? dijo ella alegremente.

Y mas en compañía agregó Neo, con una sonrisa.

El camarero apareció con el menú. Charlotte lo estudió cuidadosamente y encargó un plato de tallarines con salsa de pollo. Neo pidió lo mismo y una cerveza Victoria Bitter. Todo iba bien por el momento. Neo decidió no abordarla de golpe, y esperar al terminar el almuerzo para proponérselo. N. Gin le había dicho, que para proponerle matrimonio tenían que ser novios primero, pero Neo ya no aguantaba más. Ella era la mujer para el y no le hacia falta un noviazgo para posponer un matrimonio. Ya sabía que quería casarse con ella y tener hijos, tal vez, aunque jamás había pensado en ello.

¿Y como vas con tu proyecto? preguntó ella.

"Todavía me hace falta materiales para empezar, pero tengo la teoría hecha le explicó Neo. Ella no sabia nada del Evolvo ni para que servia. Solo lo sabían N. Gin y Nitrus Brio, un compañero de la academia que se dedicaba a la transmutación humana y seria su socio en el proyecto.

Se que lo vas a lograr. Eres muy inteligente.

Gracias. Solo me queda esperar ya había esperado bastante. Desde que tenía ocho años quería hacer el rayo E-volvo. Pero su primer intento había fracasado. Sus dos loros, Víctor y Moritz habían sido sus primeras pruebas y el resultado había sido que habían desaparecido. Seguramente jamás los volvería a ver.

El mozo llegó con los pedidos. Se veía realmente apetitoso. Charlotte sonrió.

Debería haber pedido algo mas sano murmuró ella, sirviendo los dos vasos de cerveza. Voy a convertirme en una vaca.

Eres perfecta, querida.

Lo dices porque eres mi amigo.

Lo digo porque es cierto

Charlotte negó co la cabeza y masticó sus tallarines lentamente.

Quizá ahora no, pero si sigo así, tu madre me echara por gorda.

Mi madre es una santa, jamás te echaría sin un buen motivo.

Es cierto admitió ella. Es una jefa excepcional. La mayoría de nosotras somos universitarias y arma grupos de estudios y nos ayuda con los exámenes.

Es que ella nunca termino sus estudios. Abandono su carrera de Economía para casarse con mi padre. Debe ser por eso que ella quiere ayudar a sus empleadas a triunfar.

Ella solo asintió y limpio el plato con un pedazo de pan. Neo apenas había comido.

Charlotte…

¿Si?

Yo… yo te amo.

Charlotte lo miro, con las cejas levantadas

Des… desde el primer día que te vi. Eres… la mujer para mí. Quiero que… que te cases conmigo.

Charlotte bajo la vista. Neo tenía el corazón en la boca. Después de un minuto, ella hablo:

Neo… es muy hermoso, pero… no se como corresponder esos sentimientos. Te quiero, pero como un buen amigo.

Si el corazón de Neo hubiese sido de vidrio, ya se hubiesen roto en pedazos. Hablo deprisa:

Charlotte, piénsalo. Fui bueno contigo, nunca te he faltado el respeto ni me he propasado. Me ha costado mucho decirte lo mucho que te amo. Quiero que lo intentemos juntos.

Perdóname, pero amo a Richard. Nos vamos a casar en tres meses, por ende, dejare de trabajar en el Moulin, para terminar mis estudios y creo… creo que estoy embarazada Neo. Tengo un atraso de dos semanas.

Neo la escuchaba. Cada palabra de ella lo destrozaba más y más. Veía todo borroso.

Nunca quise darte falsas esperanzas, Neo…

¡Mozo, la cuenta! le grito al camarero. Neo pago la consumición y se levantó de la mesa.

Voy a amarte toda la vida, Charlotte murmuró y se alejó de ella, sin mirar atrás.

Llego a su departamento, triste y vacío. Apoyó la espalda contra la pared de la cocina. A medida que se deslizaba hacia el suelo, las lágrimas se deslizaban por su mejilla.

Charlie, mi amor murmuraba por lo bajo. Vas a ser mía, lo juro con mi vida.


—¿Neo?

El aludido sacudió la cabeza y se fijo quien lo llamaba. Crash estaba parado a su lado, con el rostro completamente blanco

—¿Qué pasa?

—Me siento mal.

No le sorprendió oír eso. Había gente que se mareaba en los viajes en barco.

—Vamos al camarote —le sugirió, mientras se metían en el interior del acorazado. En el camino se cruzo con Collins.

—Collins, tráeme unas pastillas para el mareo, creo que no se siente muy bien. Estaré en mi camarote.

Llegaron al camarote y lo acostó en la cama.

—Avísame cuando quieras vomitar —le advirtió.

—Si.

No pasaron ni cinco segundos cuando Crash vomito todo el costado de la cama.

—¡Idiota! —Le dijo, mientras le sostenía la cabeza. Una vez que termino, lo llevo al baño y le limpio la cara.

—Perdón —murmuró el muchacho

—Cállate.

Collins entró en ese instante en la habitación, con una caja de pastillas

—No hace falta —gruñó Neo

—Mandaré a alguien a limpiar —sonrió Collins—.Estamos por llegar a Nueva Zelanda.

Quince minutos después, el acorazado se detuvo. Collins hizo bajar una lancha. Todos se despidieron de N. Gin, quien saludo afectuosamente a todos, incluido a Crash, aunque solo se limitó a estrecharle la mano con recelo. A Nina le dio un fuerte abrazo. Cuando Neo fue a despedirse, e advirtió a su amigo:

—No hagas ninguna locura con esa chica. Resígnate si te rechaza.

N. Gin solo se limito a asentir con la cabeza, de mal humor. Neo se subió a la lancha y partieron hacia territorio neocelandés.

—Tío, ¿Por qué el barco no fue directo al país? —preguntó Nina

—Porque los habitantes se van a asustar.

Tardaron diez minutos en tocar tierra. Collins se despidió de ellos y partió de vuelta al barco. Mientras se alejaba, rogó porque N. Gin le hiciese caso.