-En serio que me haces muy feliz, no sabes cuanto. Quisiera que nos quedáramos así por siempre.-una voz dulce susurraba en su oído.
La respuesta del joven fue abrazar a ése suave y desnudo cuerpo más al suyo. Estando tan juntos, podía sentir el escalofrío que corría a través del cuerpo de la mujer que abrazaba junto a su cuerpo desnudo también. No quería soltarla. Jamás.
El único sonido que reinaba en esa habitación eran las respiraciones acompasadas de los jóvenes enamorados. No necesitaban decir nada, sus cuerpos fatigados y sudados lo expresaban todo. Cualquier palabra era innecesaria, sus almas estaban conectadas, sus cuerpos y, lo más importante, sus corazones.
El sentimiento era mutuo, ambos se amaban con todo su ser. Nadie podía separarlos, parecía imposible, era como si compartieran un invisible pegamento. Eran la pareja más imperfecta posible.
Ella era una simple chica de la ciudad de Seattle, sin los grandes lujos que poseía su novio, que a diferencia gozaba diariamente ya que los padres de él eran sumamente ricos. A su vez, ella era tan sencilla a su lado, que siempre podía sentir las miradas que le dirigían las demás chicas. Percibía la envidia de las mujeres cuando pasaban al lado suyo. Entendía que su novio era un buen hombre, pero también era muy guapo, y eso atraía la mirada de las mujeres. Ella se sentía tan pequeña a su lado, que en ocasiones sabía que no lo merecía. Pero él en toda ocasión que la veía con la cabeza baja, de inmediato sabía lo que pasaba por su cabeza; era tan fácil de leer, simplemente alzaba su cabeza con sus finos dedos y dejaba un dulce beso en sus rosados y delicados labios para poder expresarle que ella era todo para él.
-Yo también quisiera, yo también quisiera.
.
.
.
.
Aquéllos jóvenes se conocían desde el preescolar haciéndose amigos desde que él le había ayudado a levantar sus libros, que minutos antes otras niñas le habían tirado, pero siendo él el caballero que era, la socorrió; aunque sus manos no se tocaron en el acto, cuando ambos niños alzaron sus cabezas, al enlazar sus miradas algo mágico paso. Se detuvo el tiempo, y sólo se encontraban ellos dos. Sin parpadear. Sin decir nada. Sin moverse. Desde ese momento sabían ambos que iban a pertenecerse ambos por el resto de sus vidas, juntos hasta el final. Sin importar los obstáculos. Nada.
Ella era una niña muy tímida, casi no hablaba con las demás niñas de su salón, constantemente sacaba los libros de fantasía que su padre siempre le compraba cuando viajaba a otros países. Eso era lo único que hacía en los recesos todos los días, leer debajo del gran árbol que es encontraba a unos cuantos pasos de su salón.
Pese a su timidez, ella tampoco quería hablar con nadie, con la hermana que tenía era suficiente para poder divertirse cuando llegaba a casa después de la escuela, con su hermana jugaba, platicaba y demás cosas que no hacía con sus compañeras de colegio. Ella era feliz estando sola sólo con sus libros de hadas, sirenas y criaturas fantasiosas.
Aunque en ocasiones algunas niñas se burlaban de ella y en ocasiones le tiraban sus preciados libros, ella se mantenía firme, simplemente los recogía y se refugiaba bajo el árbol. Ese era su lugar de siempre. Nadie se atrevía a molestarla cuando leía, porque evidentemente los ignoraría.
Por otro lado, él siempre se encontraba rodeado de todos por el sólo hecho de que era muy carismático y amable con todos. A él no le importaba ser amigos de todos, pero a la vez se sentía solo por dentro. Hasta que la vio por primera vez sentada en las raíces del árbol de la escuela. En ese momento supo que debía hablarle, por alguna razón sentía que ella iba a ser diferente a los demás. Sólo era un niño de cinco años, ¿qué podría saber sobre las personas a esa edad?
Nunca se había atrevido a aquella niña que parecía un ángel, porque sentía pena, pero no fue hasta que alzó sus libros del suelo; no fue hasta ese momento cuando la magia pasó.
.
.
.
.
La primera vez que la llevo a su casa, su cara se había ruborizado tanto que parecía un tomate, su piel pálida no le era de mucha ayuda al ver a su madre en la entrada tampoco ayudaba. Era la primera vez que veía a la elegante señora Cullen. Una mujer impecable en todo; ropa, maquillaje e incluso su actitud. Todo una dama. Aquella joven novia del hijo de la gran Esme Cullen, se sentía desfallecer ante la dama enfrente suyo. Sentía que sus ropas no iban acorde a la impecable familia de los Cullen.
Su mirada bajo al suelo, pero una delicada mano de pianista le alzó la mirada del suelo, su rubor seguía presente y la mirada de decepción todavía se podía percibir en sus ojos. Su novia quería llorar, pero la misma mirada que había visto en el jardín de niños, le ayudó a tranquilizarse un poco.
Un susurró sonó por sus oídos mientras que la madre de éste veía todo con una pequeña sonrisa.
-Ella ya te ama, simplemente se tú.
Suspiró.
-Buenas tardes, señora Cullen.
Y como si fuera acto de hechicería, la señora de la casa la recibió con los brazos abiertos y una cálida sonrisa, y con el pasó del tiempo, la fue queriendo como una hija propia. Incluso sus madres se convirtieron en amigas por el simple hecho de que sus hijos eran novios.
Ella amaba a su novio, era claro, pero su familia la trataba como un miembro más de éste. Su padre y sus hermanos la trataban tan bien, que llegó a pensar que tenía otra familia en la cual confiar. Inclusive en algunas fechas ambas familias se juntaban los domingos para pasar el rato en el gran y bello jardín de la casa de su novio. Era perfecto. Todo.
.
.
.
.
-Estaremos siempre juntos, ¿verdad?
-Si, para siempre.
Se prometieron sellándolo con un dulce y largo beso.
.
.
.
.
Ambos jóvenes se encontraban en el aeropuerto de la ciudad de Seattle esperando, como cualquier otro pasajero ahí, el vuelo que los separaría a ambos por un tiempo indefinido de tiempo.
Nadie quiera hablar, era demasiado doloroso hablar de la despedida. Era obvio que ambos no querían separarse uno del otro, pero era una gran oportunidad para ella estudiar en una de las mejores universidades del mundo, y para poder entrar, tendrían que separarse. Era tormentoso, pero necesario.
-¿Me querrás cuando vuelva?-preguntó ella con lágrimas en sus ojos claros.
-Sabes que sí.-respondió el joven de dieciocho años a la joven de diecisiete.
Ambos se abrazaron con todos sus sentimientos encontrados, amor, dolor, tristeza, todo.
Ella sentía su corazón romperse, y como si se tratase de su muerte, todos los recuerdos de ambos pasaron en su mente, su primer encuentro, su primer beso, su primera vez, la primera vez que conoció a su madre y como moría de vergüenza, los muchos 'te amo' y 'te quiero', todo. Era doloroso, pero si él le decía que se quedara, ella lo haría, pero ninguna palabra salió de su boca, sólo unos pequeños sollozos.
Él sabía que ella quería que le dijera que se quedara, podía leerlo en todo su rostro y en las lágrimas que escurrían en su rostro, pero eso significa cortarle las alas a su amada novia, y aunque le doliera no verla por algún tiempo, sabía que su sueño era entrar en aquélla prestigiosa universidad al otro lado del país.
Lo único que hizo fue acerca su rostro al de su novia por tantos años para poder juntar sus labios con aquellos rosado y delicados para fundirse en un suave beso; expresando todo lo que no podían expresar y al sentir sus labios tocarse por última vez, el tiempo se volvió a parar como aquella vez en el jardín de niños.
Esa sería la última vez que Edward y, ella, Tanya se verían.
O hasta que ella regresará.
.
.
.
¿Reviews?
Siempre he odiado a Tanya en los fanfics que he leído y ella aparece, pero en este caso la puedo perdonar ya que es diferente a las que leo. (Aparte de que yo lo estoy escribiendo y eso.)
Sé que es muy corto, y lo lamento, pero la verdad es que a veces pienso en esta historia, pero no se me viene nada a la mente, y la verdad mejor me doy por vencida y la dejo a un lado , al igual que mis demás historias, pero cuando escribí esto el sábado en la noche y domingo se me vino algo a la mente, pero obviamente (siendo yo) me tardo demasiado en escribir un sólo episodio porque quiero que sea 'largo' y que al final quede intrigante, aparte de que tengo que revisar la ortografía, pero siempre hay palabras que se me escapan y así, pero si no soy tan floja (que me parece imposible, ya que soy super-hiper-mega floja, cuando quiero) para escribir otro episodio lo haré antes de que entre a la universidad, eso si 'esto' de volver a escribir no se va de mi mente.
Bueno, espero que les guste este corto 'flashback' y dejen sus opiniones en los reviews, los apreciaría demasiado. Al igual si tienen dudas, las responderé en el próximo episodio o en un pequeño apartado.
Sin nada más que decir, nos 'leemos' después. (5 rvws).
