Perdon por el anterior capitulo, fue muy cortito U_u pero este si es bastante largo! :D


Alguien se ríe muy fuerte y al menos, eso me ayuda a abrir los ojos. La cabeza me da punzadas de dolor, todo me da un giro pero logro controlarme. La luz de la habitación es tenue conforme me voy adaptando al lugar. Me incorporo un poco exaltada; estoy en una habitación de colores extravagantes, en una cama enorme llena de cojines negros y blancos. No llevo mucho tiempo aquí ya que mi falda sigue húmeda.

— ¡Dije que me pasaras a Keller!—grita un hombre afuera de la habitación.

Me quedo inmóvil, como si eso me sirviera de pura protección. Por debajo de la puerta se ve la sombra de alguien caminando de un lado a otro.

— ¡Keller! Hola, oye, tengo muy buenas noticias.

Oh, no, OH NO… Entonces el "buen y servicial investigador" que conocí hace un día es un maldito dueño de un club comerciante de drogas y demás cosas. Explotaré del enojo. La bilis sube por mi garganta, vomitare si es necesario.

Un niño y un mayordomo, farsantes.

Un investigador "servicial", corrupto.

¿Qué sigue? ¿Una persona que puede convertirse en perro?

Salgo de la cama tirando todos (bueno, la mayoría) de los cojines al piso. Quedo de pie a unos cuantos metros de la puerta, esperando a que hable más.

—La mocosa que apareció en los videos… si, la que logro entrar y la única que estuvo en la habitación de Henry antes de morir…

¿Por qué todos me llaman mocosa?

—Te digo que tienes que venir, ella debe ser la que estás buscando.

Diablos, estos sujetos están locos y no dudo que si quieren hacerme daño, lo harán, no les importara que sea una chiquilla en plena pubertad. ¿Por qué me estoy espantando a mi misma?

—Keller, eres el mejor.

Miro a mí alrededor optando mis posibilidades de escapar de aquí: absolutamente cero. Hay una enorme ventana, pero tiene candados; el ducto de la ventilación está muy alto, impidiéndome pensar en esa oportunidad de salida.

Me rindo, no tengo otro plan de escapatoria. Ya tendré tiempo para despejar mi mente, lo importante es prestar atención a lo que me rodea: pocos muebles, los cojines que tiré, un sándwich enlamado y los zapatos de un hombre.

—No tardes, quiero ver la expresión de tu cara cuando la veas.

El silencio vuelve estar presente; la cerradura de la puerta se mueve pero por instinto corro a colocar el seguro.

— ¡Abre la puerta!—comienza a golpear.

No respondo, me ha llegado el extraño cambio de idea, tratare de abrir el maldito ducto de ventilación. Arrastro una silla para tomar un poco de altura, mis manos apenas alcanzan a tomar la rejilla.

—Tranquila Aileen, tengo las llaves.

Mierda, tengo que abrir esto. Solo hay dos tornillos mal puestos, tengo un montón de probabilidades de poder escapar… hacia un laberinto de un lugar al que desconozco totalmente. La puerta está a punto de abrirse cuando la silla se me resbala haciéndome caer de manera dolorosa.

— ¡Au!—me quejo por unos segundos pero me muerdo la mano para callarme.

La puerta al fin está abierta y con Max en el umbral haciendo girar las llaves de manera ruidosa.

—Solo llevas unas horas aquí y mira el desastre que has hecho.

Ruedo los ojos. Si quiere fastidiarme que mejor no lo intente, me volveré loca tratando de morderlo.

Me muevo con tal de levantarme, pero no puedo, me duele mucho el pie.

—Tenemos mucho de qué hablar, ¿sabes?—cierra la puerta detrás de él.

Se acerca tomándome entre brazos y me levanta del piso para regresarme a la cama. Estoy muerta del miedo, tantas cosas pueden pasar por la cabeza de este hombre.

—Creí que trabajabas para la policía—murmuro temerosa.

Suelta una carcajada animada, toma mi pie para quitarme el zapato y empezar a masajearlo. ¡QUIERO ESTRAGULARLO!

—Soy investigador, simplemente tengo una infinidad de trabajos los cuales me benefician mucho más y mejor.

Qué idiota.

—Pero no hablemos de eso—toma mi otro pie y también me quita el zapato—. Sí crees que después de interrogarte podrás irte, estás muy equivocada.

Tierra, por favor, trágame de una vez. Suelta mi pie, estúpido corrupto.

—Bien, comienza, no tengo tu tiempo—espeto.

Una línea más en mi volumen de voz y por poco le grito.

—Bien, veamos—queda pensativo—. ¿Qué hacías en el club nocturno "Los infinitos se unen en la cruz" ayer por la noche?

No abras completamente el pico, Aileen, recuerda en NO confiar en nadie.

— ¿Los infinitos se unen en la cruz?—pregunto inocente.

Su sonrisa se borra.

—Sabes muy bien en donde te encontrabas.

Mi expresión sigue siendo la misma: ni impresionada ni asustada.

—Solo entre ahí para utilizar el baño—replico.

— ¿En serio?—responde con sarcasmo—. ¿Y cómo entraste?

—Por uno de los balcones.

Sacudo mi pie para que me suelte pero ni eso me ayuda a liberarme un poco.

—Debes saltar muy alto para haber alcanzado a llegar a uno de los primeros balcones.

Frunzo el ceño, molesta.

— ¿Podrías dejar mi pie en paz? No estoy lastimada—le retiro la mano de mala gana.

Sonríe pícaramente, deja mi pie tranquilo más sin embargo toma asiento en la cama invadiendo un poco del espacio libre que hacía sentirme cómoda.

—Pareciera que eres una niña a la que le gusta meterse en problemas.

No contesto nada, mantengo mi vista fija en su mano volviendo a jugar con las llaves.

—La primera vez que te conocí estabas acompañada de un hombre y un niño de tu edad. ¿Quiénes son? Ellos también aparecen en las cámaras de seguridad del club.

Me muerdo la lengua.

—Nadie importante.

Alza ambas cejas.

—Entonces, ¿por qué los seguías a todas partes? Y ellos parecían tenerte bien resguardada.

—Eso no significa nada, solo me usaron para poder llegar a Londres.

"¡Mentira, mentira!", me grita una vocecita interna chocante; "¿no recuerdas lo que te dijeron mientras se encontraban en el bosque?":

… ¿Saben? Aun queda bastante camino hacia Londres si nos dirigimos a pie.

Claro, tú eres el principal problema para viajar.

Yo era el principal problema… Mi cabeza está hecha un revoltijo.

—Los conoces muy bien. ¿Cómo se llaman?

Podria decirle los nombres que usan de identificación falsa, pero no quisiera meterlos en problemas (más de los que tienen).

—No lo sé.

Max se levanta de golpe con cara de estupefacción. Parece estúpido.

— ¿Estas bromeando?—ríe amargamente—. No puedo creer que estuvieras al lado de dos extraños y no te molestara en lo absoluto, ¿y ahora? Me tienes miedo después de que me he presentado contigo, pequeña.

Le sonrío de manera sarcástica.

—Ellos no me obligaron a aspirar alguna droga para dormirme.

Ahora su rostro es de puro enojo.

—Si hablas así frente a Keller et arrepentirás rápido.

Se aleja hacia la puerta sin romper la conexión de nuestras miradas. Cuando sale, azota tan fuerte la puerta que aun retumba con fuerza en mis oídos. Una chispa caracteriza el miedo que ahora le tengo a Max, pero no es la suficiente.

Debo seguir intentando salir por el ducto.

No importa cuántas caídas tenga.

Saldré de aquí y hare todo lo posible por encontrar a Julianne.

Cada minuto se me hace una eternidad de tortura. Las voces se escuchan de aquí a allá; mis manos tiemblan de nerviosismo y me es muy difícil sacar los tornillos. Me pregunto si "Ciel y Sebastian" se preguntaran en donde me encuentro. Ojala nunca hubiera visto aquellos periódicos.

—Keller, por fin estas aquí.

Maldito escandaloso de Max. Bajo a toda prisa de la silla con el único tornillo en mano que pude retirar.

—Está aquí adentro, un poco asustada, pero dispuesta a hablar.

Me siento en el piso, tomo un cojín para morderlo de la tensión sobre acumulada que me está llegando. El picaporte gira al punto de abrirse y dejar ver dos siluetas en la entrada. Ambas lucen enormes.

—Así que tu eres Aileen—habla uno de los dos sin poder reconocerlo.

La luz se torna más luminosa dejándome ver mejor a Max y a… Keller. Como si me hubieran arrojado una cubeta con agua helada es lo que siento al verlo. Es el mismo tipo que vi en el club mientras estaba escondida atrás del sofá.

—Parece mucho más que asustada—le dice a Max.

Entra él primero, dejando su gran saco encima del tocador. Su cabello está un poco húmedo al parecer, no se cubrió bien de la lluvia.

—Creí que eres más pequeña—me tiende la mano.

Automáticamente mi mano toma la suya. Me obliga a ponerme de pie y de inmediato sus profundos ojos azules me examinan con atención.

—Al fin te encontré—murmura con hilo de voz muy bajo.

Empiezo a temblar.

— ¿Tendré algún aumento doble de mi trabajo?—pregunta Max.

—Piensa en eso más tarde—dice a regañadientes Keller.

Me suelta y yo aprovecho para alejarme hacia la puerta. Por desgracia la han cerrado.

—No creo que ella sola haya podido entrar al club.

—Eso es lo que dice ella. Desmiente que las demás personas que la acompañaban, los conociera.

— ¡Por favor! Es imposible, en primera Ray era demasiado atento a cada persona que pasaba, segundo, si asegura haber subido por un balcón entonces debe levitar para poder hacerlo y tercero, lo más probable es que esas personas la hayan ayudado. Esa mintiendo.

Ellos llevan hablando más de diez minutos sobre mí y yo me encuentro alejada de cualquiera de los dos.

— ¿Tu no vivías aquí en Londres, verdad Aileen?

¿Cómo lo sabe este tipo de cabello azul? Max no le dijo, mucho menos yo que no le he dirigido la palabra a nadie.

—Por favor, contesta o me harás cambiar de actitud rápido.

¿Qué pasara si miento? Sopeso las consecuencias, pero dudo que puedan encontrar la verdad.

—Siempre he vivido aquí—respondo tratando de esconder el miedo en mi voz.

Keller esboza media sonrisa.

—Tampoco me gustan las mentiras.

La respiración se me corta unos momentos pero logro mantener una misma expresión. Desvío la mirada hacia la ventana con tal de tranquilizarme. ¡ACASO LEE LA MENTE! Mentalmente no dejo de gritar del terror.

—Creí que eras diferente, Aileen y eso me molesta mucho—se quita los guantes.

Respira Aileen, que no te intimiden estos sujetos de mierda.

— ¡Max!—alguien llama a la puerta con desesperación—. Max, hay algo importante que decirte.

Pone los ojos en blanco y se levanta a abrir la puerta. Una chica rubia de mechones rojos aparece bastante agitada y con los ojos abiertos de par en par.

— ¿Qué es lo que quieres?—espeta Max.

—Eh, bueno la chica que se supone iba a ser presentada a los clientes ya no está.

— ¿Qué? ¿Cómo que ya no está?

Max se está enojando y no es nada bonito verlo gritando como loco. Intercambio miradas con Keller, él simplemente se mantiene serio mirándome a mí.

—Max—Keller se levanta para acercarse a ellos—. ¿Hay algún problema?

—La chica… se supone que hoy haría la noche de gala para satisfacer a uno de los clientes.

Debo taparme los oídos con tal de no seguir escuchando.

—Eso no es problema, podemos utilizar a alguien más.

Muchas miradas están enfocadas en mi.

— ¡No me digas que estas pensando en ella, Keller!—exclama Max interponiéndose.

—Sí. Me hizo molestar, me gustaría que recibiera una lección, después de todo solo será por esta ocasión, ganaremos un buen dinero por el color de sus ojos.

Definitivamente deseo que me parta un maldito rayo.

—Tráele un poco de ropa—le ordena.

La chica sale corriendo, Max esta como tonto con la boca abierta, dispuesto a dejar entrar moscas.

— ¡Es una niña! ¿Comprendes el significado de "niña"?

—Debe aprender a no mentir y a saber cómo trabajamos nosotros.

—Keller, si alguien llega a descubrir que por solo una vez, ¡una vez!, trabajamos con menores de edad estaremos en muchos problemas.

Discretamente, doy paso atrás.

—Nadie lo sabrá y si continuas así…

—Bien, bien, como digas.

¡Eres un imbécil, Max! Al principio eres todo un patán y ahora, ¡tratas de defenderme! Es momento de usar un poco de violencia hacia ese tipo.

— ¿Estás de acuerdo, verdad Aileen?—se acerca Keller y me toma por el mentón para que levante la vista.

Claro que no responderé, es buen momento para darle una patada a su entrepierna, pero hay más personas en mi contra para poder vengarse. Estoy viviendo un calvario, quiero que nada de esto me este ocurriendo a mí.

—Tranquila, solo es una pequeña lección.

Otra chica llega con un baúl de madera.

—Aquí está la ropa—anuncia.

—Bien, mocosa—Max se dirige a mi—. Usa la que quieras de ese baúl, tienes 15 minutos.

Debe ser una broma, no pueden obligar a una niña a estar en un tipo de evento así. Pero se veían muy serios, ¿estarían hablando con toda sinceridad? ¡Qué demonios voy a hacer ahí!

Con temor abro el baul. Hay un montón de telas de distintos colores. Seda y encaje son los que más resaltan. Saco uno de los vestidos para verlo mejor.

Esta enorme. Esto no me quede a mí, voy a entrar en pánico si siguen con la idea de sacarme a ese lugar.

— ¿Ya estas lista?—llama a la puerta Max.

¡Estoy frita!

— ¡No!—revuelvo las telas buscando algo de mi medida—. Nada me queda.

Y no quiero salir.

Max entra al tiempo que yo ya tengo todos los vestidos regados por el piso. Se golpea la frente un par de veces y saca su teléfono para marcar un número.

—Tráeme ropa… si esa, resulta que no le queda nada.

"¡Escóndete bajo la cama!", me ruega la vocecita interna de mi cabeza; "no importa cuánto se esfuercen por sacarte, ¡escóndete ahí como un conejo en peligro!". El mismo se encarga de guardar toda la ropa de mala gana mientras otra chica llega con una pequeña caja envuelta en encaje fino.

—Ponte esto—Max arroja la caja a la cama—. Y rápido. El evento está a punto de comenzar.

Voy a morir, prefiero comerme a mí misma, antes de hacer algo como lo que está a punto de suceder. La sangre me deja de circular al ver la ropa nueva que me han traído.