Capítulo XI

"Gryffindor" pensó Jake con tanta fuerza que casi lo dijo en voz baja. Hace un rato no le habría importado demasiado ir a Slytherin pero en su opinión Rose tenía razón, a ver quién duerme con un Collingwood al lado. "Gryffindor, Gryffindor, allí están mis amigos".

-Querido muchacho, si algo he aprendido en tantos años es que hay cosas que es mejor que se queden como están. Algún día me lo agradecerás…¡Slytherin!-eso último lo gritó y Jake supo que era su última palabra, todos lo habían oído. A diferencia de ocasiones anteriores, nadie aplaudió. Tres de las mesas del comedor le miraban extrañados y una mesa, la de Slytherin, le miraba incluso enfadada. Rojo de vergüenza, se quitó el sombrero y se sentó en el asiento que le correspondía, al lado de Ada Crabbe, quien le sonrió un poco tontamente.

-No te aplauden porque eres sangre sucia -le dijo Ada mirando con detenimiento el plato vacío que tenía delante.

-Gracias -respondió sarcásticamente Jake y se esforzó por no mirar a la cara a ninguno de sus compañeros. Miró en cambio a Albus, quien mantenía una expresión seria.

Era el turno de Derek, y el sombrero le mandó rápidamente a Gryffindor acompañado de un gran aplauso. Y así los chicos y las chicas que esperaban de pie fueron siendo asignados a sus respectivas casas. Jake perdió totalmente el interés. Los mellizos le observaban con una expresión de profundo odio y no eran los únicos, pues personas de cursos más altos hacían lo mismo y cuchicheaban entre ellos. Estaba claro que ganarse la aceptación de esa gente no iba a ser fácil.

Sin embargo, los alumnos de Slytherin dejaron en un momento dado de mirarle con odio para aplaudir con fuerza a un nuevo miembro, que se sentó junto a él y le tocó el hombro. Jake se giró sobresaltado.

-Tranquilo, yo dormiré entre Darragh y tú. No podrá matarte sin despertarme antes. -le susurró. Jake sonrió aliviado.

- ¿Y qué piensas hacer con todo el resto de los alumnos de Slytherin? - le dijo un poco más en broma. Se alegraba muchísimo de ver a Scorpius allí.

-No te odian, es solo que les acabas de enseñar una difícil lección. -dijo quitándole importancia.

- ¿Y cuál es?

- Que no hace falta tener tatarabuelos magos para ir a Slytherin, que un hijo de muggles es igual de merecedor de ser de esta casa que ellos. -A Jake le pareció extraño que Scorpius hablase como si Slytherin fuese la mejor casa de todas, cuando Rose y Albus la habían dejado por los suelos.

-Me alegro de tenerte aquí-dijo Jake sin poder evitar echar una mirada furtiva a Ada Crabbe, que todavía no había dejado de mirar el plato. Scorpius se rio, más fuerte de lo que solía hacer, posiblemente en un medido intento de atraer las miradas del resto de la mesa.

Ewan Nott no tardó en unirse y se sentó feliz enfrente de Scorpius.

-Menuda sorpresa. La verdad, pensé que irías a Gryffindor. Hay que tener cojones para enfrentarse a los Collingwood. -eso último lo dijo en voz muy baja y acercándose a ellos, pues los mellizos estaban sentados al lado suyo. -Siento que no te hayan puesto con tus amiguitos Weasley, pero pronto descubrirás que esas no eran las mejores amistades que podías hacer, créeme. -Iba a seguir hablando, pero paró ante la mirada de advertencia que le lanzó Scorpius.

-Ya no queda apenas nadie -comentó Scorpius tras una oleada de aplausos dirigidos a una chica que acabó en Hufflepuff -y luego servirán el mejor banquete que hayamos probado, ya verás. -Ada levantó la vista un momento.

-Se pone super rara cuando no come -comentó Ewan -pero normalmente no es así. -Los tres se rieron de la pobre chica, que había empezado a preguntarle a Harriet Collingwood si tenía comida y se había topado con la mirada más fría que posiblemente le habían echado en toda su vida.

De repente todo el comedor, que había empezado a tener un ruido de fondo bastante importante, se quedó otra vez en silencio. Sentado con el sombrero todavía puesto, estaba Albus, quien le miraba directamente a él.

- ¿Qué ha pasado? -preguntó Scorpius

-Ni idea, joder, estaba riéndome de Ada -dijo Ewan alterado.

Poco a poco el silencio que se había creado fue desapareciendo, todo el mundo cuchicheaba, igual que habían hecho antes con Jake.

-NI DE PUTA BROMA -gritó un chico mayor al fondo de la mesa de Slytherin. Y un montón de gente empezó a gritar cosas parecidas.

-Creo que le han puesto en Slytherin. No sé qué le pasa hoy al sombrero seleccionador -continuó Ewan.

El comedor se convirtió en un caos. Los alumnos de Slytherin estaban en su mayoría levantados y cabreados y los de Gryffindor también. Algunos de Gryffindor gritaban que era un error, sobre todo James y su primo Louis, ambos con una expresión muy asustada.

-BASTA -gritó la profesora McGonagall con una voz que sin duda había sido ampliada por medios mágicos. El comedor quedó otra vez en silencio -Señor Potter, por favor, tome ya asiento en la mesa de Slytherin. -Y Albus se levantó despacio y se acercó a la mesa. Juzgó si sentarse junto a Ewan o junto a Scorpius, y finalmente se decidió por Ewan, quien se acomodó un poco más junto a Harriet Collingwood cuando Albus se hubo sentado.

Jake buscó su mirada y cuando la encontró, encontró a un Albus mucho más sereno de lo que había esperado, incluso le pareció que le había sonreído levemente. Scorpius, por su parte, apretaba los labios y miraba a la mesa.

-Scorp…-empezó Jake.

-Quizás tengas razón -le interrumpió. Jake no supo muy bien a qué se refería- Te prometo que lo intentaré, pero tú prométeme que dormirás entre Potter y yo, para que al menos, si se levanta a matarme, tú te des cuenta antes.

-Eh, Albus. Albus, despierta, tío.

Debían de ser las dos de la madrugada y todo el castillo dormía merecidamente. El dormitorio de los chicos de Slytherin no era una excepción. Darragh, el único que había echado las corinas de su cama, se había asignado la cama más alejada de la puerta y contiguamente dormía Ewan. Scorpius dormía en el centro de la habitación y hacía de separación entre ellos y Jake y Albus. Este último dormía en la cama más cercana a la puerta de entrada.

No habían intercambiado apenas palabra desde que llegaron. Una chica bastante amable de quinto curso les había acompañado hasta la sala común, que se encontraba en las mazmorras del castillo y les había indicado cómo salir y entrar a través de una pared que se abre si se le da la contraseña correcta. También les habían dicho que estaba terminantemente prohibido salir de la sala común después de las diez de la noche, como si ella no lo hiciese de vez en cuando.

-Albus, despierta, joder. -Jake acompañó su requerimiento con un fuerte empujón.

- ¡Que! -susurró Albus todavía dormido.

- Esta es mi primera noche aquí -le dijo Jake al oído.

-Enhorabuena, tío -y se dio la vuelta para seguir durmiendo. Jake le dio un codazo en la espalda.

- ¡Au!, ¿qué te pasa? - Albus se incorporó ligeramente.

-Que ahora el castillo está vacío. Vamos a explorarlo, como dijiste en el tren. -Jake no había conseguido conciliar el sueño, y si iba a pasarse la noche despierto, no iba a ser el único.

-No me refería a hacerlo de noche, Jake -dijo bostezando.

-Como no te levantes te aseguro que me voy con Scorpius, seguro que él sí que quiere.

-Malfoy te mandaría a la mierda -comentó Albus, terminando de incorporarse y buscando los zapatos en la oscuridad.

-Oye, ahora en serio -le contaba ya en la sala común Albus a Jake - ¿por qué te llevas tan bien con Malfoy?

-Ya te lo dije, fue el primer mago que confió en mí.

-Pues como sigas hablando con él será el último, porque yo por ahí no paso. -dijo Albus buscando a tientas la pared que daba acceso al resto del castillo. -James me ha contado cada secreto de la sala común de Gryffindor, pero aquí todo es diferente… -continuó algo frustrado.

-Albus.

-Qué -dijo sin mirarle, concentrado en buscar la pared.

-En mi colegio de antes yo también me llevaba mal con algunos chicos, pero era porque eran unos engreídos de mierda que no sabían que yo mandaba ahí, o porque estaban gordos, o porque eran imbéciles o hablaban como chicas o… el caso es que tú y Scorpius… ¡os odiáis antes incluso de haberos conocido!

-Aquí está -la pared empezó a moverse silenciosamente dejando al descubierto un pasillo de las mazmorras y Albus sonrió victorioso - ¿qué decías?

-Nada, tío, nada. Vamos a ver las escaleras esas que se mueven.

El castillo estaba levemente iluminado por unas grandes antorchas, que producían zonas de mucha luz y dejaban otras bastante oscuras. Los dos se movieron sigilosamente hasta la puerta de salida de las mazmorras y empezaron a subir unas escaleras en forma de caracol.

- ¿No deberíamos hacer algo para acordarnos del camino de vuelta? -sugirió Albus después de haberse tropezado con un escalón suelto.

-Cuando ya no puedas bajar más, allí dormimos nosotros. -dijo Jake sin darle importancia.

Continuaron subiendo hasta que oyeron un ruido más arriba. Alguien había cerrado una puerta y comenzaba a bajar las escaleras. Jake le hizo señas a Albus para que bajase corriendo y ambos empezaron a correr escaleras abajo intentando no hacer ruido.

-Parad, parad -susurró alguien más arriba -estoy oyendo pasos, ¡corred! -no parecía la voz de un profesor. Oyeron un montón de pasos subiendo las escaleras.

- ¿James? -dijo Albus en voz alta. Todo el mundo se paró en seco.

- ¡Albus! -dijo James, quien corría a abrazar a su hermano. Detrás de él se encontraban Louis y Rose.

-¡Que hacéis aquí? -inquirió Albus, feliz de haberse encontrado con ellos.

-Hemos venido a sacarte de ese antro. Te llevaremos a la sala común de Gryffindor. Mañana vendrán nuestros padres a arreglar el asunto. -dijo orgulloso James, quien no parecía haber aceptado demasiado que su hermanito no iría a su misma casa.

-James, es mejor que no hagamos nada. No es para tanto, estoy con Jake. -dijo Albus para intentar animarle.

-No vamos a permitir que duermas con un Collingwood - dijo Louis.

-O peor, con un Malfoy -continuó Rose mirando a Jake con expresión acusadora. Jake pensó que era mejor callarse.

-Bueno, vale, pero eso se puede arreglar mañana cuando vengan papa y mama, además este imbécil no me deja dormir, -le dio un codazo a Jake - así que tampoco es que vaya a pasar mucho tiempo con Collingwood o con Malfoy.

- ¿Adónde estabais yendo? -preguntó Rose interesada.

-A dar una vuelta -sentenció Jake, a quien no le apetecía nada que ese grupillo los acompañase. Cogió a Albus del brazo y tiró de él escaleras arriba.

-Eh, de eso nada -dijo curiosamente James cortándoles el paso. - Albus, o te vienes con nosotros o te vuelves a tu dormitorio, y tú, Jake, tú te vuelves a tu dormitorio sí o sí. -Posiblemente esperaba que Albus cambiase de idea y se fuese con ellos.

-Entonces nos vamos a nuestro dormitorio, -dijo decidido Albus -es mejor así. -Y ambos se dirigieron escaleras abajo y volvieron a entrar en el pasillo que daba acceso a las mazmorras

-Eh, ¿qué estás haciendo? -le preguntó Jake a Albus, quien se dirigía de nuevo a la entrada a la sala común de Slytherin.

-James nos ha dicho que…-comentó ocupado Albus.

- ¿James? Qué tiene, ¿un año más que tú? ¿Y permites que te de órdenes? Tío, Albus, me decepcionas. -Y eso lo dijo en serio, no se esperaba que su amigo obedeciese de esa forma a su hermano.

- ¿Y qué quieres que hagamos? -preguntó Albus bostezando.

-Te diré lo que vamos a hacer. Uno, vamos a ver si encontramos el acceso a las cocinas, seguro que ha sobrado un montón de tarta de limón del banquete y por la noche me entra hambre y dos, te quedas en Slytherin, porque si no lo haces, juro por todos tus primos que voy a amargar cada segundo de tu mísera existencia. - Y Albus sabía que lo haría sin dudarlo.

"Aunque debido a lo reciente de los hechos todavía no se tienen muchos datos, fuentes fiables provenientes de La Gaviota viajera confirman que el mago tenebroso apodado Lord Voldemort ha sido finalmente derrotado esta misma noche en un colegio inglés de magia y hechicería. Este mago tenebroso había tomado por la fuerza las instituciones gubernamentales mágicas inglesas y había establecido un reinado de terror en todo el país en el que hijos de muggles y simpatizantes de muggles fueron sistemáticamente asesinados. Por el momento se cree que su asesino podría ser Harry Potter, un muchacho de solo diecisiete años lo suficientemente poderoso como para hacerle frente. Desde Estados Unidos, queremos enviar un mensaje de apoyo a todas las víctimas de este brutal genocidio y ofrecer nuestra ayuda a los supervivientes para que puedan reconstruir su nación con la máxima celeridad posible. Celebramos de todo corazón vuestra buena nueva."

Edeline permaneció callada junto a su madre durante el todo el discurso de su hermano, que se retransmitía en directo por la radio. Era uno de los primeros que hacía como Ministro de Magia, aunque para llegar a ese puesto había tenido que dar tantos que este no debía suponer ningún reto. Brendan, como siempre, estaba resplandeciente.

-Bueno, no ha ido tan mal. Toda una suerte que los ingleses hayan arreglado sus problemas en este momento. -comentó dirigiéndose a su manager, quien no tardó en asentir.

-Sí, toda una suerte -comentó sarcásticamente Edeline -así te ahorras tener que tomar partido, porque todos sabemos de parte de quién te habrías posicionado. -Su madre suspiró de forma algo exagerada.

- ¿De parte de ese monstruo sin nariz? -Brendan se rió de la misma forma que lo hacía en los meetings- Edeline, cariño, toda nación necesita un líder, incluso me atrevería a decir que un líder fuerte como él, pero vamos, sobre todo, necesita un líder carismático. – Se retocó el pelo justo en ese momento- Ese engendro, por muchas verdades que dijese, nunca iba a dejar de ser un engendro. -Sacudió su cabeza, como para borrar esa fea imagen. -Mejor así -añadió.

Tanto Brendan como el resto de su familia sabían que Edeline no apoyaba sus ideas, pero a nadie le importaba. La escuchaban con paciencia y luego, tomándose sus palabras como producto de un arrebato adolescente, las borraban con elegancia. Al fin y al cabo, ella no era en absoluto importante.

-A todo esto, Edeline. -continuó su hermano mientras se le acercaba -mañana he invitado a cenar a alguien muy especial -le arregló con cariño la manga de la blusa -solo prométeme que serás amable con él.

-Amable -repitió ella sin expresión alguna- ¿puedo irme ya? -él asintió.

No esperó ni un segundo más. Cogió el abrigo y el sombrero del perchero y salió de aquella habitación con paso acelerado. El Ministro de Magia tenía una casa reservada para él y su familia en el centro de Manhattan, pero la familia Adevane era tan rica que Brendan había considerado una bajada de posición inaceptable mudarse a aquella casucha, así que se habían quedado en su mansión familiar, a las afueras de la ciudad. No le fue difícil encontrar un sitio donde desparecerse y fundirse con la bruma de la noche.

El olor inconfundible de los barrios bajos la recibió nada más se apareció en aquel callejón, a estas alturas demasiado conocido para Edeline. Con paso decidido recorrió dos callecitas hasta llegar al bloque de pisos al que se dirigía, no necesitó llamar, la esperaban.

Edeline siempre había pensado que Brendan tendría en cuenta sus opiniones cuando consiguiese convertirse en Ministro de Magia, aunque solo fuese un poco, pero lo cierto era que desde que lo había conseguido, ella ya no era capaz de reconocer en ese hombre a su hermano. Había decidido no quedarse de brazos cruzados ante el retorno de aquellas ideas racistas y machistas al gobierno mágico porque sabía que solo podían ir a peor. No le había quedado más remedio. Aprovechando que nadie en su familia la creía lo suficientemente espabilada como para hacer algo así, había decidido unirse a un grupo de resistencia activista, el más grande y mejor organizado de la comunidad mágica de los Estados Unidos, Mnemósine. La información que ella podía aportar siempre era bienvenida.

Respiró hondo, no siempre se sentía cómoda traicionando así a su familia, pero debía hacerse, por el bien del mundo mágico, debía hacerse.

No se lo pensó más y abrió la puerta.