Mi padre acariciaba mi cabeza mientras mi madre se movía en la cocina. Estaba en la sala de la casa de mis padres. Estábamos viendo una película que mi padre tenia días queriendo ver. Mi madre llego con las botanas, las puso en la mesa y se sento junto a mi, alzo mis piernas y las puso sobre su regazo. Yo parecía una pequeña consentida por ellos. Mis padres no eran perfectos, y tenían muchas cosas que podía añadir a una lista de cómo no ser padre si no estas preparado, pero con todo y eso, los quería. Siempre que los necesitaba estaban para mí.
Cuando me vieron entrar a su casa con una cara que muy pocas veces habían presenciado, no dijeron nada, no preguntaron nada. Mi padre se sento y me dijo que lo acompañara a ver la película.
Después de la discusión que había tenido con Damon, él muy imbécil me había dejado botada en la fiesta. Klaus, el amigo de él, me había llevado de vuelta a mi casa.
Había llorado, había soltado todo mi coraje contra él en el diario y después de una ducha y hablar con Stefan, que no había termina del todo bien. Algo dentro de mí se había calmado. No, a quien queria mentirle, no sentía nada de calma. Yo solo había tratado de ayudarlo, y él muy idiota me había tratado como basura. Y Stefan con su afán de querer agrandar nuestra familia.
Mi padre se inclinó para tomar las palomitas apachurrandome entre en medio de su pecho y sus piernas. Mi madre se las alcanzo. Se acomodo y me vio a los ojos, se llevó unas palomitas a la boca.
—¿Me dirás que tienes? —le negué, acurrucandome más.
—Elena, sabes que puedes confiar en nosotros. ¿Está todo bien con Stefan? —le negué, enderezando mi cuerpo en el sillón en medio de ambos.
—¿Ya hija, dilo?
—Stefan quiere tener un bebé —les dije lo que precisamente habíamos hablado con Stefan la noche anterior. Si, había peleado con Damon y con Stefan la misma noche.
Mi madre negó con el rostro molesta. Y mi padre solo se llevó otro poco de palomitas a la boca. Después de un silencio y ver como el asesino de la película mataba a una estúpida chica que corrió hacia el bosque, se aclaró la garganta.
—Te lo dije antes que te casaras con él, Elena, debías decirle la verdad.
Subí mis piernas en el sofá y me acurruque abrazandolas. Mi madre me puso una mano en el hombro.
—Debes decirle la verdad, hija.
—No sé si pueda.
—Si no lo entiende, es que no era el indicado para ti —soltó mi padre con un tono voraz.
—Es cierto, Elena —deje salir un largo suspiro.
—Es el indicado, lo sé, yo lo sé.
Sentí las manos de mi padre en mi rostro, me hizo verlo de frente.
—Lo que pasó, es algo que no pudiste evitar. No pudimos que aprender a vivir con las consecuencias de nuestros actos, somos humanos, por lo tanto nos equivocaremos en todo el transcurso de nuestras vidas.
Solo baje el rostro. Mi padre me jalo en un abrazo y yo me acomode en su pecho. Después de eso, solo tratamos de disfrutar la película.
Su mirada atenta en cada línea me dejaba ver que estaba disfrutando de cada letra. Suspiro en algunas páginas y solo elevaba la vista en otras. Cerro el diario y me lo entregó. Volvió acomodarse en su silla, sacó la libreta y cruzó la pierna.
—Ibas muy bien, hasta ese acontecimiento. No puedes curar a una persona que no quiere ser curada. Lo hemos hablado antes.
Me concentre en una pintura que tenia en la pared a un lado de su diploma y un montón de fotografías de sus viajes alrededor del mundo.
—¿Iba bien? —le agrie la pregunta—. ¿Entonces que me revuelque con él no es malo? ¿Que me lo coja cada vez que lo veo, no es nada malo? —solté con sarcasmo.
—Es muy malo, dado a que estas casada con su hermano. Pero no puedes dejar un vicio de la noche a la mañana. Un fumador no va a dejar el cigarro de un día para otro, un drogadicto no puede dejar la droga de un día para otro. Se tiene que ir por pasos, Elena.
—Lo de hace tres días, ¿no sé? Fue algo idiota. No quería llegar a ese punto, siempre me mantuve alejada de ese tema, pero no sé qué me pasa, últimamente, me duele verlo tan destruido.
—Son tus sentimientos los que se están involucrando, Elena.
El corazón me reboto. No, claro que no, yo no amaba a Damon.
—No, yo no estoy enamorada de él.
—Elena, déjame dejarte algo en claro. Cuando tu viniste a mí, yo podía notar eso, sabía que lo que te atraía a él era esa honda del hermano malo, dañino y atrevido, algo totalmente diferente a tu esposo. Pero ahora noto que entre más te involucras, más dejas que tus sentimientos se metan en esa tóxica relación.
—¿Que debo hacer? ¿Alejarme? Lo he intentado. Lo intento, pero es difícil cuando se trata de la persona que te arrastra y te hace vivir algo que jamás has experimentado en tu vida, además es el hermano del hombre al que amo —ella giró los ojos no creyéndome—. Cuando trato de alejarme, algo me jala de regreso. Stefan es esta paz en mi interior que después de un día de trabajo, me relaja y Damon es todo lo contrario, es este hombre tan sexy que hace que vuele junto con él, que experimente cosas que no pensaba que podían ser cumplidas.
Ella escribió algo en sus notas y alzó sus ojos.
—No puedes tener a ambos.
—¡Eso lo sé!
—Empezaste tu matrimonio con mentiras, debes corregirlo. Tal vez eso es lo que te hace ir tras el otro. Sabes que con él tu culpa no puede ser arrastrada contigo, por eso lo buscas. Porque olvidas el verdadero problema y creo que para él es lo mismo. Deja de mentir y afronta tu realidad. Debes sacar esa mentira de ti.
—Esa es una mentira que no pude manejar en el momento. ¿No se que hacer?
—Sigue escribiendo.
—¿Más? ¿Pero?
—Debes seguir. En el diario apenas estás dejando ver parte de ti, acuérdate que lo que quieres es liberarte. Considera al diario tu sacerdote personal.
Deje salir una risa sarcástica, pero ella no rió.
—Bien, pero que hago con ese impulso de querer curarlo. No puedo dejarlo así, y menos cuando se lo he gritado a la cara.
—No puedes curarlo por tu cuenta, simplemente no puedes. Esto solo te traera mas problemas, y te enredara mas de lo que ya estas.
El reloj que tenia en la mesa sonó dejando ver que mi tiempo había terminado. Ella se levanto y cerro mi archivo. Busco dentro de su escritorio y sacó tres diarios más. Caminó hasta mí y me los entregó.
—¿Así que esa es la solución? ¿Seguir escribiendo? —le bufé con sarcasmo.
—La mejor terapia.
Tome los diarios y los avente en mi bolso. Me despedí de una manera no muy cortés.
Salí del consultorio de mi psicóloga y me dirigí a mi auto. Al aventar mi bolso mis ojos corrieron en la chaqueta de Damon, maldición, no era impulso, era el puto y retorcido destino quien me hacía querer verlo, al menos era como queria mentirle a mi cabeza.
Prendí el auto y me dirigí donde siempre. Donde se encontraba mi pecado, mi destructivo y agrio, pero delicioso pecado.
Deje el auto por detrás del edificio, en la otra sección de apartamentos. Si la madre de Damon pasaba no lo encontraría aquí. Me baje jalando la chaqueta y mi bolso. Mis tacones se quedaron estancados en el pasto que estaba en medio de ambos edificios, pero tenia que cruzarlo para ir al suyo. Los removí y así camine hasta llegar a la puerta, me agaché con cuidado para no dejar ver mis bragas, ya que traía un vestido algo corto y si me inclinaba demasiado, no dejaba mucho a la imaginación. Me puse los tacones y escuche un silbido por detrás de mi espalda. Me enderece y un hombre estaba parado en el marco de la puerta de su apartamento. Sus ojos corrieron por mi cuerpo.
—¿Deja adivinar? ¿Modelo? —se pasó los dedos en la barbilla.
Me acerque al elevador y pise el botón de subida.
—¡Chef! —murmuré sin verlo.
—¡Puto Damon! Tiene una puta suerte con las mujeres.
Esta vez me volteé del todo. ¿Cómo sabía que era Damon al que venía a ver? Yo al tipo jamás lo había visto.
—¿Disculpa? ¿Cómo?
—Es obvio. Lo veo entrar cada semana con una distinta, pero a ti, a ti te veo llegar sola.
Le rodé los ojos y volví a presionar el maldito botón, parecía estancado.
—Soy su hermana —mentí para que dejara de fregar de una buena vez.
—Sí cómo no. Eso no lo piensa la vieja estirada que me ofreció unos cuantos dólares por la información.
De nuevo me volteé, pero esta vez alarmada.
—¿Qué?
El tipo llegó hasta mí, extendió su mano.
—Kol —espero que tomara su mano, pero no lo hice. Ignore su saludo.
—Emilia —le dije tratando de sonar creíble.
—¿Pensé que era Elena?
El vacío en mi estómago se estaba haciendo más hondo.
—Si sabes, para qué preguntas.
—Curiosidad. No te preocupes, esa vieja no ofrece mucho, así que la mande a la mierda.
Me paso los ojos en el escote que mostraba mi vestido. Se lamió los labios.
—Hey, mis ojos están aquí arriba —le hable fuerte.
—Mmm...Si que tiene suerte el maldito —su mirada al fin conecto la mía—. Ella no ofrece mucho, pero tú, tú si tienes mucho que ofrecer. Me puedo hacer él que no ve nada, no escucha nada, ya sabes, si tu cooperas con ese lindo cuerpecito que tienes.
Quiso poner un dedo en mi barbilla, pero actúe antes que me tocara. Le aventé la mano fuera de mí.
—Ni se te ocurra, asqueroso.
El elevador se abrió y el tipo gruño molesto. Me metí rápidamente en este.
—Cómo quieras. Zorra, todas son iguales.
Me gritó mientras las puertas se cerraban. Pero alcanze a alzarle el dedo del medio.
Ese asqueroso no me daba miedo. Además, ya las cosas que Lily había dicho estaban aclaradas. Stefan me creía a mí y hiciera lo que hiciera, ella siempre quedaría como la estérica mentirosa.
El elevador se abrió y salí hacia el apartamento de Damon. Traía una llave que él me había dado hace tiempo. Su auto no estaba, eso indicaba que no se encontraba y me la hacia mas facil. Dejaría la chaqueta y me iría del lugar. Así de fácil, no tenia que verlo.
Le di la vuelta a la chapa y escuche risas. No otra vez, debía estar bromeando. Entre mas entraba en el lugar, la voz se me hacia mas reconocida.
—¡Oh basta! ¡Eso no es cierto, yo gane esta vez!
Esa voz la conocía muy bien y me daba más malestar que los gemidos de las mujeres que Damon se cojia. Si, porque esas eran pasajeras, pero esta sabía lo especial que era para él, incluso mucho más especial que yo. Una vez me había dicho que la había dejado ir, porque no queria lastimarla.
Mis tacones sonaron en la madera haciendo mi entrada hasta su sala de estar. Ambos dejaron de reír cuando me vieron. Parecía que habían estado tomando y jugando con tanta tranquilidad. Un juego de mesa estaba en la mesita que adornaba la sala. Damon frunció las cejas y el malestar en su rostro se dejó ver muy bien. Solo traía un pants y no llevaba camisa. Ella alzó sus ojos sorprendida.
—¿Elena? ¿No sabía que vendrías? —dijo algo desconcertada.
Se trató de levantar pero Damon la tomó de la muñeca y no la dejo pararse.
—¡¿Qué haces aquí?! —su tono tan frío sorprendió hasta a su acompañante.
—De verdad, yo mejor me voy.
Trato de pararse pero él no la dejaba ir.
—No, Bonnie. La que ya se va es Elena, ¿cierto?
Sus ojos me apuñalaban. Me acerque a ellos y puse mi mejor cara, una falsa, la mejor sonrisa falsa que podía inventar.
—Solo vine a dejar esto —señale a la chaqueta.
Bonnie se soltó del agarre de Damon y se paró. Inspeccionó rápidamente la chaqueta con sus ojos. Me sonrió. Bonnie era muy buena, ingenia algunas veces y aunque sabía que no le caía muy bien, tampoco me mandaba a la mierda. Era como si me tuviera miedo.
Damon soltó una risita y ambas lo quedamos viendo.
—Qué excusa tan mas mierda tienes para pedir que te coja. Debes empezar a variar, Elena. Porque no tratas esto —se aclaró la garganta—. Damon, no puedo dejar de pensar en ti, han sido tres días sin sentir tu pene dentro de mí, lo necesito, y más ahora que no está Stefan, quien me hace un sexo tan aburrido y monótono que siento que no voy a ninguna parte, pero igual, sirve para tener un hijo. El cual no quiero porque soy una maldita egoísta que solo piensa en su propia satisfacción.
Ambas Bonnie y yo nos quedamos paralizadas. Ella abrió los ojos asustada y yo, yo me mordía los labios de coraje. Sentía la sangre de mi labio inferior empezar a llenar mi boca. Estaba tan molesta.
—Yo de verdad me voy —Bonnie me vio con pena en sus ojos—. Ustedes están mal —señaló a Damon—. Ambos.
Le alzó las cejas y levantó sus manos tomando su bolso y saliendo rápidamente del apartamento. Al momento de escuchar la puerta cerrarse, le avente la chaqueta a Damon en el rostro. Él se levantó furioso, tome los vasos que estaban en la mesa, unos que le había regalado Bonnie decía él. Los tomé y le avente uno con todas mis fuerzas, él logró esquivarlo. El vaso se estrelló haciendo volar todos los pedazos en diferentes direcciones. Damon levantó las manos asustado. Mis lágrimas ya estaban empapando mi rostro. Lloraba de coraje, de rabia, tenia tantas ganas de partirle la maldita cara.
—¡Eres un hijo de puta!
Tomé el otro vaso y antes de estrellarselo, él me tomó la mano y me abrazó para que dejara de moverme. Igual no le puse caso y me sacudí con ferocidad en sus brazos. Tire el vaso a mis pies y empecé a darle patadas. Me sostuvo más fuerte. Me moví tratando de hacerle daño.
—¡Hey, hey! ¡Tranquilízate!
Lo empujé y logré zafarme. Lo empuje, y golpee su pecho.
—¡Púdrete! —le avente mi bolso—. ¡Bastardo de mierda! Lo único que trato de hacer es ayudarte, y tú me humillas así. Bien, pues déjame decirte algo, maldito hijo de puta. No eres el único que tiene problemas, no eres el único que ha perdido algo en la vida.
Tomé el juego de monopoly y se lo avente. Él se movió y volvió a sostenerme en sus brazos, su rostro había cambiado a uno de preocupación. Sí, esto ya no se trataba de él, si no de mí. Me solté en un llanto más amargo. Sus brazos me rodearon más fuerte, me desvanecí dejándome recostar en su pecho. Mis piernas temblaron y caí en la alfombra, pero junto con él. Sus manos ya no estaban sosteniéndome, si no acariciándome.
—Shh...Ya, ya. Todo estará bien, Elena. Lo siento.
Se escuchaba sincero, pero yo no podía calmar mi pecho. Le negué enterrando mi rostro en sus brazos. Empapando su desnudo torso.
—No Damon, no estará bien. Yo no puedo tener hijos, jamas podre tenerlos, yo no puedo darle ese bebé a Stefan. Yo no puedo darle la familia que él tanto quiere.
Y con esas palabras volví a soltarme en un llanto más triste y fuerte, que el que había soltado ese fatídico día, donde marque mi suerte y mi destino.
