¡Hola! :D Vengo a dejar el capítulo que tendría que haber dejado ayer pero recién terminé de escribirlo hoy y no sé si quedó como quería que me quede xD Presten especial atención a la primer parte. ¡Hay dos personajes nuevos! El primero de ellos (el que primero aparece) amé hacerlo así, me encantó (? El segundo... podrían llegar a sacar por ustedes mismas quién es. Pero si no, no importa! xD
Los personajes pertenecen a Himaruya :3
–Kiku
En el comedor de la compañía, donde grandes grupos de draculoids y scarecrows comían sus almuerzos, el joven japones se encontraba de frente a una máquina de bebidas, intentando sacar una botella de agua mineral de ella. Parecía concentrado, pero a la vez distante, esperando a que su compra cayera y así poder beber. Pero la voz que lo llamó a sus espaldas lo hizo dar un pequeño salto y tensarse, aunque no tardó demasiado en relajarse otra vez.
Reconocía esa voz. Todos la reconocían. Suave pero firme, dulce pero temida. Comprensiva pero fría, muy fría.
–Wang-san -hizo una pequeña reverencia junto a una sonrisa cuando se volteó a encarar al de mayor edad-. ¿Ocurre algo?
Wang Yao parecía ser un chico joven a pesar de que nadie supiese su verdadera edad. Su cabello castaño siempre iba atado en una coleta, cayendo sobre su hombro derecho. Muchas veces podías encontrarlo serio, aunque a veces podías encontrar su falsa sonrisa. Cínico sería, tal vez, la mejor palabra para describirlo. Cínico y cruel, de ser necesario.
Su mirada marrón recorrió de pies a cabeza al japones, como analizándolo.
–¿Estás bien?
–Si, señor, ¿por qué no lo estaría? -preguntó, sin borrar su sonrisa, pero el mayor sólo negó levemente con la cabeza.
–No, no tiene importancia... ¿Lograron averiguar algo del prisionero #125? -preguntó, dando lentos pasos hacia adelante, quedando justo a un lado de Kiku, de frente a la máquina expendedora. El menor lo imitó.
–No aún, se niega a hablar... Lo intentamos con su compañero, pero tampoco parece tener muchas ansias de cooperar -informó, sin dubitación, como si se hubiese memorizado lo que tenía que decir-. Hemos intentando con todo: amenazas, torturas, pero no sirve de nada, ellos se mantienen igual...
–Mátalos entonces -ladeó la cabeza hacia el pelinegro, quien no cambió la expresión de su rostro-. Si no piensan ayudar, no los necesitamos...
–...Aún podemos seguir intentándolo -murmuró Kiku, apretando imperceptiblemente sus manos-. Estoy seguro de que, si sabemos cómo negociar con ellos, hablarán...
–Espero que así sea, porque estamos buscando información del grupo de Beilschmidt desde hace 2 años y aún no sabemos siquiera cuántos miembros lo conforman -habló de forma dura y cortante, pero sin que su rostro refleje ninguna emoción-. Todos ellos deberían estar muertos, o en los calabozos si su pena es menor, pero para eso debemos encontrarlos. Y si tenemos un grupo incompetente que no es capaz de hacer que uno o dos prisioneros hablen, no podremos hacerlo, ¿estamos de acuerdo en eso, Kiku?
–Si... señor -respondió, bajando su mirada pero no su cabeza, en señal de respeto tal vez.
–Excelente... ¿Tienen alguna información sobre los otros dos desaparecidos?
Sabía que decir "No, señor" sólo molestaría más a su "jefe". También sabía que mentirle empeoraría las cosas. Tuvo que buscar, en su repertorio de respuestas, la mejor con la cual el mayor se sentiría complacido.
–Estamos haciendo todo lo posible por encontrarlos...
–"Estamos haciendo todo lo posible" me suena a "No tenemos idea, pero no piense que somos unos buenos para nada por jamás poder responder una de sus preguntas"
–Lo lamento -volvió a hacer una pequeña reverencia-. Aunque hace unos días los draculoids encontraron cerca del lago Poison a un grupo de rebeldes, hubo una especie de persecución, intentaron perdernos pero lo seguimos, investigamos a los alrededores... Creemos saber dónde se encuentra su guarida, pero aún no creo que sea tiempo de atacar...
–¿Y cuándo será tiempo de atacar entonces, Kiku?
–...Cuando estemos seguros de que no podrán escapar -respondió, viendo al mayor, que miraba hacia el frente, de reojo. Podía ver cómo esbozaba una media sonrisa, la idea le gustaba.
–¿Tienen algo sobre los viejos? -la pregunta tomó algo por sorpresa al menor.
–Ahh... no, de ellos aún no tenemos mucha información, señor, es como si se apareciesen casa dos semanas y luego sólo... la tierra se los tragase. Ni siquiera sabemos cómo buscarlos en los registros de la ciudad, o los desaparecidos...
–Espero que no sea necesario decir que continúen con su búsqueda, ¿no? -se giró enteramente hacia Kiku, sonriendo de forma inocente y cortés, como si estuviesen hablando tranquilamente del clima. El japones encaró también al mayor-. Antes de hacer cualquier movimiento, hazmelo saber, ¿si? Te dejaré con tu almuerzo... -se agachó un poco, tomando la botella de agua que aún no había sido sacada del todo de la máquina- aunque una simple botella de agua no es alimento para nadie -la posó entre las manos del pelinegro, sin dejar de sonreír, y sin dejar replicar al chico tampoco, ya que cuando el menor abrió la boca, se apresuró en decir-: Suerte con el trabajo -y luego simplemente se marchó...
–Inglaterra, ¿puedo hablar contigo un segundo?
Mientras tanto, en la guarida de nuestros Killjoys, temprano en la mañana, luego de que las expediciones hubiesen acabado, la chica húngara se había dirigido directamente a hablar con el inglés, que se encontraba en la cocina junto a Sealand e Italia,, viendo una hoja escrita, o mejor dicho dibujada: un mapa bastante simple del desierto, con puntos de ciudades, rutas, grupos de familias u otros Killjoys. Al oír la voz de la chica, con el ceño fruncido para variar, levantó la mirada hacia ella, expectante a lo que tuviese que decirle, apurándola con la mirada
–Preferiría que lo hagamos afuera... -respondió al "¿Qué quieres?" que Inglaterra nunca dijo y, poniendo los ojos en blanco y suspirando, el aludido se puso de pie.
–Sealand, hazme el favor de marcar trayectos cortos entre cada ciudad abandonada -le pidió al menor, cuyos ojos se iluminaron, ¿en serio lo estaban dando un trabajo?- Intenta que no se crucen con las rutas de comercio de Better Living, ¿si? Italia te ayudará...
–¡Si! ¡Si, está bien! -casi le arrebató el papel de las manos, viéndolo con especial interés, haciendo reír a la chica.
–Vamos -le dijo sonriente al rubio de grandes cejas, saliendo de la guarida seguida por él.
Hungría estaba algo nerviosa. Su relación con Inglaterra no era muy buena, cordial sí, debían vivir juntos y pelear codo a codo, pero ella sabía del rencor que él le tenía por su pasado en Better Living, y también lo entendía, no renegaba de ello. Agradecía enormemente que Polonia, Italia, Francia y Sealand la perdonasen, pero no creía merecerlo. Por eso, cuando se planteó el hablar con Inglaterra, lo dudó muchas veces, pero al final acabó tomando valor. Lo más importante allí, era mantener un equipo unido y fuerte...
–¿Y bien? -preguntó el de habla inglesa una vez afuera, de forma un poco brusca, cruzándose de brazos. Inglaterra no confiaba en ella, nunca había llegado a confiar en ella. La única razón por la que no la había echado del grupo, fue por aquél francés molesto que la había dejado entrar: "Es una chica, ¡no podemos dejarla en el desierto! Si, hizo cosas malas, pero no fue culpa de ella, estaba siendo controlada por esas pastillas, seguramente el tener en la conciencia que ha matado a inocentes no le hace bien, el poder de la culpa, el odio y el amor son más fuertes que cualquier pastilla, jarabe o inyección, mon amour. Y... ¡Angleterre! ¡Tiene pechos!" habían sido las razones que dio por las cuales ella debía quedarse, y él tuvo que acabar aceptando su estadía, pero en ningún momento había bajado la guardia frente a ella, y no pensaba hacerlo pronto.
–...He notado que últimamente tú y Alfred están más... juntos que de costumbre...
–¿Y eso por qué te incumbe a ti? -sabía que se estaba sonrojando, pero no iba a responderle de otra forma. No tenía por qué, si después de todo lo último que tenía que importarle a ella era su vida privada.
–Yo sólo te diré algo... No juegues con él, ¿si? No... no lo uses sólo para olvidar -le aconsejó, con ese tono femenino que utiliza cualquier mujer al dar un consejo amoroso a alguna amiga, e Inglaterra no hizo más que verla sorprendido. Sorprendido y enojado, ¿quién era ella para opinar sobre lo que él hacía? Además, ¿jugar? ¿Quién estaba jugando? Y, sobre todo, ¿a qué se suponía que estaba jugando?
–No sé de qué hablas.
–Hablo de que, si no sientes cosas verdaderas por el niño, no lo uses sólo para descargar tus frustraciones... no intentes que sea el reemplazo de Francis, porque sólo lograrás lastimarte más a ti, y lastimarlo a él...
–Mira, Hungría -la paró, mirándola ahora sí molesto-. Agradezco que te preocupes, pero no tienes por qué decirme estas cosas. No pasa nada con América, es sólo un mocoso molesto que no tiene una maldita idea de cómo tomar un arma, yo sólo estoy ayudándolo, y no busco reemplazo de nadie, además, ¿reemplazar en qué? ¿en personas molestas del equipo? -rió falsamente-. Dejame decirte que él se está consiguiendo ese puesto por sí mismo. Pero cómo o con quién yo busque descargar mis frustraciones, no es algo en lo que tú tengas que meterte, no necesito consejos de alguien como tú.
A pesar de las palabras, la castaña en ningún momento borró su sonrisa, pero ésta sí se apagó un poco.
–Yo sólo te recomiendo que, si no vas a ir en serio con él, se lo digas desde el inicio... Y si planeas ir en serio con él... tal vez lo mejor sea que dejes ir a Francia, ¿crees que podrías hacer eso? Si él volviese, ¿qué harías con Alfred?
–No-sé-de-qué-hablas... -dijo entre dientes, con sus puños apretados a ambos lados de su cuerpo-. Lo único que me unía a Francia era el maldito grupo, al igual que ahora con el niño éste, no tengo que ir en serio con ninguno de los dos en nada, y si esa estúpida rana no ha vuelto en más de una semana, dudo que se aparezca ahora. Si me permites, tengo que volver a lo que hacía antes de que me llamases para aconsejarme una verdadera estupidez, estamos en medio de una guerra y tú te preocupas por estas banalidades -masculló una vez que se hubiese dado vuelta, pero la húngara no se movió, sólo se cruzó de brazos, aún con su sonrisa triste.
–...Francia, realmente espero que vuelvas... -murmuró, viendo al rubio entrar a la "casa"- él te necesita demasiado... sólo espero que no se haga daño a sí mismo
–Si hablases, todo acabaría más rápido -decía la voz de un hombre, escondido en su raje de scarecrow, a un joven de no más de 19 años, hecho un bollo en el suelo, respirando con algo de dificultad debido a los golpes que estaba sufriendo en aquel momento.
Su cabello rubio, largo hasta un poco más arriba de los hombros, estaba sucio y descuidado, sus ojos verdes eran enmarcados por ojeras y cortes. Se lo veía demasiado delgado y cansado, ¡y no era para menos! El pobre chico era torturado casi todos los días desde hacía 3 semanas para dar información sobre su grupo. Pero podían hacerle lo que fuese, cortarle las extremidades, echarle ácido, que él no diría nada...
–N-No lo haré -murmuró, frunciendo el ceño cuando intentó ponerse de pie sin lograrlo.
...No por sus compañeros.
–Eres tan estúpido... deberías agradecer que no nos han mandado a asesinarte aún, pero no te soportarán aquí mucho tiempo más -le dijo otro de los scarecrows, pateándolo con fuerza, haciéndolo toser mientras sentía el sabor metálico a la sangre en la boca.
–No entiendo por qué hacen esto, pudiendo ser felices en la ciudad -volvió a hablar quien tomó primero la palabra.
...No por ir en contra de la compañía.
–Si confiesas ahora, tal vez Korse te perdone la vida -canturreó uno de voz grave.
El ojiverde hizo una mueca cuando tomó aire para hablar, perdiéndolo casi al instante, pensando que seguramente tendría una costilla fracturada.
–N-No voy a acobardarme ahora... -dijo de forma apenas audible.
La única razón por la que no había abierto la boca, era por ella...
Voy a protegerte, aunque tenga que asesinarlos a todos o entregar mi vida...
Porque así se lo había prometido, y si para mantenerla a salvo, él debía sufrir castigos diarios, que así sea. Traigan todos los elementos de tortura que quisiesen, porque él no pensaba abrir la boca para responder ninguna de sus preguntas.
