N/A: se me había olvidado decir que una de las razones por las que tardé en volver a actualizar era que eliminé toda la parte de la Ciudad de la Luz, Jaha, etc. según estuve hablando con algunos en twitter :D Pueden seguirme en lorentiaz y comentarme lo que quieran. Ya les dejo con el capi, espero que les guste, el siguiente también estará pronto ~


CAPÍTULO 11: Heaven's not ready for you

Su mirada se alzó al frente. En el horizonte podía ver una línea de puntos que avanzaban hasta su posición. Tomó aire y apretó los puños. Un ardor alrededor de sus muñecas le recordó todo lo que había ocurrido durante tres largos días.

Octavia rememoró las bridas apretadas en sus muñecas, el gesto desencajado de su hermano, el odio que le comía las entrañas mientras lo escuchaba hablar y el miedo que se paseaba por su cuerpo ante el sentimiento que crecía dentro de sí cuando lo miraba a los ojos. Nunca pensó que pudiera odiarlo, pero lo hacía.

Pike la había interrogado durante largas horas, no estaba segura cuántas, Octavia había perdido la cuenta. Todavía seguiría allí encerrada si no fuera por el interminable ejército de terrestres que se dirigía hacia Arkadia liderados por la comandante. Aquello había frustrado y acelerado todos los posibles planes de Pike. Quizá lo que estaba a punto de hacer era demasiado precipitado, no hubo tiempo de pensar más.

Raven la miró desde el camión. Su rostro estaba tenso, sus dedos casi blancos de la fuerza con la que sujetaba el volante del vehículo. Sus ojos oscuros miraron hacia el horizonte, de donde emergían las lejanas figuras de los soldados terrestres, y luego volvieron a mirar a Octavia. En tan sólo unos segundos, el negro de su mirada se había llenado de terror.

—Van a matarte, van a matarnos a todos.

—Me conmueve tu optimismo, Raven.

—Vale, es posible que me esté dejando llevar por el pánico, pero un puto ejército gigante viene hacia aquí y vamos a dejarte sola con él. Y este maldito plan… Esto es una completa locura.

Octavia se encogió de hombros. Se había convertido en una triste marioneta. Alguien tiraba de sus hilos, no estaba segura de quién, tampoco le importaba. Aquel ejército podía pasarle por encima, pisotearla, a Octavia no le importaba nada.

—No te queda otro remedio que confiar, Raven.

Escuchó su bufido y cómo maldijo algo entre dientes.

—Esto es una mierda —se quejó en voz alta—. Tenemos tiempo. Corres, le doy marcha a este trasto y nos vamos de aquí.

—Eso no va a solucionar nada.

—Te va a salvar la vida.

—Mujer, ten un poco de fe en mí.

Octavia esbozó media sonrisa hacia Raven, pero quizá eso la hizo enfurecer.

—No te metas en problemas, Raven, haz lo que te diga Pike. No te preocupes tanto por mí.

—Qué suerte tienes de que no pueda saltar sobre ti y traerte aquí de los pelos…

El guardia que las acompañaba llegó con dos hombres más e interrumpió la conversación que estaban teniendo.

—Todo listo, nos vamos —dijo dándole una palmada a un lateral del camión—. Ya sabes lo que tienes que hacer, Octavia.

Y lo último que vieron de ella fue la mirada que compartió con Raven hasta que ya no pudieron mirarse más. Entonces volvió la vista al frente. El ejército de Lexa estaba cada vez más próximo.

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Quieta, entre los brazos de Octavia, de pronto su herida no le supuso un problema, pues otros dolores se habían vuelto dueños de su cuerpo, y se removió violentamente. Sintió los brazos de la chica sujetarla con más fuerza, pero Clarke había adquirido una fuerza casi sobrehumana. Un tenue gruñido de frustración se convirtió en un grito de rabia.

—¡Déjame!

Y continuó luchando, no sabía contra quién, quizá contra el fuego que había incendiado su pecho y amenazaba con destruirla. Los dolores de la herida de su costado comenzaron a hacerse cada vez más agudos, punzadas intermitentes sacudían su cuerpo y Clarke terminó cayendo entre los brazos de Octavia, exhausta. Sus gritos se transformaron en quejidos y, finalmente, en sollozos. Sintió las manos de Octavia apartar mechones rubios que se habían pegado sobre su rostro sudoroso y se sintió tan cansada que se quedó dormida.

Cuando despertó, el terrible recuerdo de la muerte de su madre la asoló por completo. Clarke intentó moverse, pero una descarga dolorosa atravesó su costado.

—Espera —escuchó la voz de Octavia—. Está volviendo a sangrar, esos malditos idiotas…

No añadió nada más. Clarke se quedó mirándola en silencio mientras la muchacha se acercaba a donde estaba acostada a examinarla. La opresión de su pecho la había silenciado y no dijo nada, apenas se movió tampoco. No le señaló a Octavia que estaba colocando la venda mal. A Clarke le dejó de importar cualquier cosa. Sus ojos revolotearon por el habitáculo polvoriento y gris, donde sólo había un urinario y dos colchones, y luego volvió a recostarse para dejarse vencer por el sueño de nuevo.

La segunda vez que se despertó fue por unas voces. Distinguió la voz de Bellamy que hablaba con su hermana. Clarke siguió acostada en la posición en la que estaba. Se tocó las vendas del costado y se dio cuenta de que estaban húmedas. Seguía sangrando.

—Algún día tendrás que decir lo que pasó, O. Pike no se va a dar por vencido y todos sabemos que Clarke estaba con la comandante.

—¿Por qué no entras aquí y me haces tus estúpidas preguntas?

—O…

—¡Qué te den!

—Yo no maté a Lincoln, fue un accidente.

—Eres un cabrón de mierda. —Octavia golpeo la puerta de metal con los puños—. Da igual quién cojones apretara el gatillo, tú eres tan asesino como ellos.

—¡Está bien! Piensa lo que quieras, pero al menos haz esto por Clarke, necesita atención médica.

Octavia rió de forma sarcástica y luego arremetió de nuevo contra la puerta que la separaba de su hermano, dándole una fuerte patada.

—¿Y qué médico va a atender a Clarke, eh? ¿Abby? Porque la habéis matado también.

—¡Joder, O! Van a mataros a vosotras también si no colaboráis un poco.

—¡Me da igual! Cuando venga la comandante con todo su ejército espero que reduzca este sitio a cenizas.

Lexa… El corazón de Clarke dio un vuelco. Imágenes fugaces cruzaron a toda velocidad por su cabeza: los últimos acontecimientos que acontecieron antes de que despertara en Arkadia. El fogonazo en medio del corredor sumido en las penumbras. Polis. Lexa.

—Sabes que eso no es lo que pasará. Pike está preparado para eso.

—¡Basta! —intervino Clarke—. ¿No entendéis lo que ha pasado? Se supone que tenía que asegurarme de que Lexa cumplía su palabra con nosotros y… esa maldita ha intentado matarme.

Octavia se dio la vuelta para mirar a Clarke. La mujer frunció el ceño sin apartar la vista de Clarke, pero no dijo nada.

—Lo que dices no tiene sentido, los terrestres no usan armas de fuego —le replicó Bellamy.

—Y por eso mismo lo han hecho, justo para que dudemos. Demostramos en Mount Weather que somos más fuertes que ellos y ahora tratan de usar la astucia para debilitarnos.

—Clarke… —comenzó a decir Octavia, pero nunca terminó la frase.

La estancia se quedó en silencio durante un largo rato. Ninguno de los tres dijo nada. Clarke optó por volver a su posición inicial y cerró los ojos. Su cabeza le daba vueltas y se sentía cansada. Sabía que había perdido mucha sangre y prefirió no moverse más por el momento.

—O —dijo Bellamy después de un rato—, ¿vas a decir algo?

Octavia volvió la vista hacia el pequeño ventanal que tenía la puerta. Veía el rostro de su hermano mirarla con gesto serio, pero le costaba mirarlo a los ojos después de todo. Suspiró con rabia, retirando la mirada al suelo.

—Sí —le respondió—, fue Lexa quien disparó a Clarke. Si no la hubiera encontrado, ahora estaría muerta.

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El ejército terrestre alcanzaba casi todo el horizonte del bosque frente a Arkadia. Octavia estaba segura de que más soldados se ocultaban entre los árboles. Miles de guerreros feroces aguardaban una señal de su comandante para proceder a atacar Arkadia. Octavia se preguntó cuántos morirían antes de alcanzar siquiera la muralla del enclave celeste. La potencia de fuego que tenía Pike haría pedazos a cientos de soldados, sería una batalla encarnizada. A Octavia la recorrió un escalofrío de sólo pensarlo.

Pasaron largos minutos hasta que un caballo rompió línea y se acercó a todo galope. En él iba un hombre corpulento con una larga barba negra acabada en una trenza. Por un momento, Octavia recordó a Gustus. El guerrero detuvo al animal frente a ella y este desfiló con orgullo y poderío mientras su dueño tiraba de las riendas para mantenerlo calmado. Los ojos oscuros del hombre se postraron sobre Octavia, implacables, sin mediar palabra alguna con ella.

—Ai gaf chich yu heda op —le dijo Octavia ante el silencio de él.

El hombre entendió que su deseo era hablar con la comandante, pero lejos de volver a caballo hasta la posición de Lexa y transmitirle el mensaje, tomó a Octavia del brazo, y con una fuerza descomunal, la arrastró sobre el caballo. Ella se quejó, aunque no sirvió de mucho. El hombre emprendió un galope rápido hasta la posición del ejército, ante la impotencia de Octavia que no pudo librarse del agarre del hombre.

El caballo del guerrero se detuvo frente a Lexa, que aguardaba de pie entre su ejército, rodeada por sus más fieles generales. El hombre arrojó a Octavia al suelo sin ningún remordimiento y Lexa se limitó a mirarla impasible, en silencio, mientras sus soldados proferían insultos y maldiciones hacia la chica.

Octavia se apoyó con esfuerzo sobre sus manos y se incorporó apenas. Una lanza se alzó frente a ella en cuanto estuvo de rodillas y ella se quedó quieta, sin despegar sus ojos de Lexa, que la miraba con un aire de superioridad y violencia. Octavia sintió su piel erizarse.

De pronto, la comandante alzó el puño y los gritos de sus guerreros cesaron.

—¿Cómo va a responder tu gente ante este ataque?

—No hablo en su nombre por decisión propia —le respondió Octavia, desviando por un momento la mirada hacia la hoja afilada que bailaba frente a su rostro.

—Entonces, ¿de qué querías hablar?

—Pike se ha dado cuenta de su error y quiere negociar contigo personalmente una tregua.

Algunos de sus guerreros se echaron a reír y Lexa los miró con fijeza, pero no se unió a sus risas, sólo levantó el puño para que volvieran a guardar silencio.

—Sólo hablaría con Clarke, en las mismas condiciones en las que he hablado contigo.

Octavia observó cómo el rostro de Lexa se tensó de forma visible al pronunciar el nombre de Clarke. Habían pasado diez días desde la última vez que la vio, seguro que ni sabía si estaba viva o muerta.

—No creo que sea posible.

Los ojos de Lexa cambiaron, fue sutil, pero por ellos cruzó un brillo fugaz. A Octavia no le dio tiempo de verlo con claridad, pues en cuanto dijo aquello, la comandante se acercó de un salto y le arremetió una patada en el pecho que la tiró contra el barro de nuevo.

—Hazlo posible o dile a Pike que la única tregua que existirá será aquella que ocurra después de que clave su cabeza en una pica.

Octavia tosió varias veces, llevándose la mano al pecho. El golpe le hizo perder la respiración por unos segundos. La muchacha se apoyó sobre su codo y con esfuerzo elevó el rostro hacia Lexa.

—Clarke aún se está recuperando.

Lexa no le dijo nada más, hizo un gesto con la cabeza y el mismo hombre de antes agarró a Octavia de nuevo. Esta vez no la subió a su caballo, la arrastró mientras cabalgaba dirección a Arkadia. Octavia no pudo zafarse de su agarre, a pesar del dolor que se extendió por su brazo y por las extremidades que rozaban contra la tierra.

—Regresaremos con Clarke o ninguno de los dos regresará jamás. —Esas fueron las únicas palabras que salieron por la boca de aquel hombre.


Canción: Lady Gaga - Joanne