Bueno, este capítulo he tenido que dividirlo en dos, ya que al final iba a hacerse muy largo. Aquí os dejo la primera parte, centrada principalmente en los hermanos Novak.

Gracias por seguir leyendo esta historia. Y en especial gracias a mi gemelica, que me anima a seguir escribiendo y me da ideas nuevas.

Bueno, aquí os dejo el capítulo, espero que os guste.


Capítulo 10

Ya tenían todo listo para la fiesta. Habían tardado bastante en arreglarse, principalmente porque habían estado perdiendo el tiempo con la pintura, intentando mancharse el uno al otro. Pero al fin habían acabado, y los hermanos Novak iban aterradores.

Castiel se había hecho una gran cantidad de heridas por la cara, como si acabara de tener una pelea. Su hermana iba igual, aunque con más sangre, porque aseguraba que así quedaba mucho más terrorífico. Llevaban el pelo despeinado, y su hermana se lo había cardado un poco, para que pareciera más revuelto aún.

Se habían gastado bastante dinero en maquillaje, y lo habían aprovechado al máximo. Muchas heridas las habían comprado, como las cicatrices, y parecían bastante reales. Pero otras se las habían hecho ellos mismos, y lo cierto es que no les habían quedado nada mal.

Se lo habían pasado genial, y lo mejor fue cuando vino la parte de la ropa. Por supuesto, no podían ir con ropa normal. Cogieron cosas antiguas que tenían y se dedicaron a pintarlas de sangre y hacer algunos rasguños. Él cogió una camisa blanca antigua que tenía y la llenó de sangre, haciendo alguna raja. Su hermana cogió una camiseta antigua e hizo lo mismo.

Belwin tenía unos pantalones vaqueros que ya estaban rajados, así que se puso esos. Él siempre se había quejado de ellos, diciendo que era absurdo ir así por la calle, pero en aquellos momentos eran muy buenos para el traje. Suspiró mirando por el armario, no tenía nada que pareciera muy roto.

Acabó cogiendo unos vaqueros que estaban algo desgastados y ya no usaba, tan solo para estar por casa. Con ayuda de su hermana, ya que le encantaba hacer aquello, desgarraron la tela del pantalón. Ahora quedaba parecido al de ella, así que se lo puso. Echaron algo más de sangre por allí, había sido buena idea comprar más de dos botes.

Por último, ella se puso una chaqueta vaquera, que de nuevo, parecía algo desgarrada. Él cogió una vieja gabardina que tenía, la cual no se ponía desde hacía años. Le pareció que quedaría bien con el traje, así que se la puso aunque algo descolocada, haciendo manchas con la sangre.

Lo cierto es que llevaban más sangre que maquillaje, pero les había quedado un buen disfraz. Cogieron las alas que habían comprado y se las pusieron a la espalda. También tenían unas espadas angelicales de plástico, las cuales, por supuesto, llenaron de sangre.

Cuando acabaron con todo estaban terroríficos, y se sacaron una fotografía poniendo caras serias, metiéndose en el personaje. Aunque las siguientes que se sacaron fueron haciendo caras estúpidas, algo común en ellos.

Ya había caído la noche, y seguro que ya habían comenzado a salir los niños a la calle. Ellos ya no eran tan niños, pero les encantaba disfrazarse, y no iban a perder aquella oportunidad para conseguir también algunos caramelos.

Cogieron las cestas con forma de calabaza, las cuales habían sido idea de Belwin, ya que le parecieron adecuadas para la ocasión, y así tendrían un sitio donde guardar las golosinas que consiguieran. Castiel seguía teniendo en cuenta la apuesta que había hecho con Dean, y pensaba ganarla.

Fueron casa por casa, llamando al timbre. En algunas habían coincidido con otros niños, y se habían dedicado a asustarlos. Algunos se habían alejado, pero otros tan solo se rieron e hicieron también algún gesto intentando asustar y meterse en el personaje.

Aquella noche fue bastante divertida, fijándose también en el resto de trajes que llevaba la gente. No era de esperar que no hubiera más gente disfrazada de ángel, o al menos no como ellos. Si iban de ángel, iban del típico con alas blancas, un halo en la cabeza y una túnica. Ellos eran especiales, e iban de ángeles luchadores.

Además, les encantaban sus alas. Castiel se había cogido unas negras, porque pensaba que daban mucho más miedo que las típicas blancas. Y su hermana, cómo no, había escogido las más extrañas para un ángel. Eran rojas, y más bien parecían de diablo, pero eran divertidas y le quedaban bien.

Lo mejor fue cuando se encontraron con un grupo en el que había alguna persona unos años menos que ellos que iban de demonios. Belwin fue al instante hacia ellos, gritando cosas sin sentido, intentando espantar a los demonios como si realmente fuera un ángel.

Para su sorpresa, el grupo respondió de la misma forma, intentando espantar al ángel. Castiel no pudo evitar reírse ante la escena y se acercó a ellos, uniéndose a su hermana, ya que les superaban en número. Al final acabaron sacándose una foto en grupo, que quedó bastante divertida.

Le recordó bastante a cuando habían ido a alguna convención friki en la que se habían disfrazado y sacado fotos con todo aquel que llevaba un disfraz que les gustaba.

Cuando llegaron a casa estaban bastante cansados de tanto caminar, pero satisfechos al ver la cantidad de caramelos que habían conseguido. Fueron directos al sofá, poniendo alguna película de miedo, dispuestos a hacer maratón hasta que no pudieran más y se quedaran dormidos.

En algún momento llamaron a su puerta, y tuvieron que parar la película para abrir y entregar caramelos de los que habían comprado. Por lo general fue una buena noche, y al recordar que al día siguiente vería a sus padres se animó mucho más. Iban a quedarse muy sorprendidos al ver sus disfraces y toda la decoración.


Los sábados, por lo general, se levantaban tarde. Preferían pasar la mañana durmiendo, aprovechando la noche para ver películas o series. Pero aquel día ambos se levantaron bastante pronto, ya que sus padres les habían dicho que estarían allí a las diez de la mañana.

Hicieron el desayuno comentando animados qué iban a hacer el fin de semana, y lo divertido que sería. Cuando llegó la hora esperaron impacientes sentados en el sofá viendo la televisión, aunque ninguno de ellos estaba prestándole realmente atención. Estaban impacientes por que llegaran, y no dejaban de mirar el reloj de vez en cuando, como si así fuera a pasar más rápido el tiempo.

Pasó una hora más, y se dijeron a sí mismos que se habrían retrasado. Otra hora pasó y seguían sin llegar, pero tampoco les habían mandado ningún mensaje, así que intentaron no preocuparse mucho. Al fin, a las dos de la tarde, Castiel recibió una llamada de su padre.

Fue corta, como todas las que hacía él. Al colgar prensó los labios en una fina línea, fijándose en la pantalla del teléfono.

- Cassie, ¿eran ellos? ¿Se han retrasado por algo? –preguntó su hermana acercándose a él.

- Bel, ellos… Les ha surgido algo, no van a poder venir esta vez.

Se giró para mirar a la pequeña, aunque realmente no quería ver cuál sería su reacción. No era la primera vez que hacían aquello, y ya deberían estar acostumbrados, pero no por ello dolía menos. Los echaban de menos, y después de haberse hecho ilusiones…

- Está bien… Era de esperar –susurró al fin.

Belwin agachó un poco la cabeza, dejando que algunos mechones taparan su rostro. Sabía lo que significaba aquello, conocía demasiado bien a su hermana. No, no estaba bien. Le dolía igual que a él, pero intentaba ser fuerte y no mostrarlo.

Castiel suspiró y se acercó más a ella, rodeándola con los brazos y dándole un fuerte abrazo, esperando que así estuviera algo mejor, aunque sabía que no era suficiente. Tardó un poco en responder, pero acabó devolviéndole el abrazo.

- Lo siento… Siento que no hayan venido, sé las ganas que tenías de ver a mamá.

- No es tu culpa, no eres tú quien tiene que disculparse –le aseguró a su hermano, abrazándole más fuerte-. Ya deberíamos estar acostumbrados. No sé por qué nos hemos hecho ilusiones, sabíamos que al final pasaría algo y no vendrían.

A pesar de sus palabras, sabía lo mal que lo estaba pasando. Intentaban creerse sus propias palabras, intentaban ser fuertes. Castiel odiaba ver a su hermana así, y en momentos así odiaba a sus padres. ¿Qué clase de padres están meses sin ver a sus hijos?

No era la primera vez que estaban así, que su hermana estaba sufriendo por su culpa. Aunque cosas peores les habían pasado, pero intentó no pensar demasiado en ello. Acarició un poco el pelo de su hermana, sabía que eso siempre conseguía que se calmase un poco.

Él mismo se encontraba mal en aquellos momentos, pero no quería dejarlo ver. No, si se derrumbaba su hermana lo vería, y se pondría peor. Y siempre había sido así. Aunque al hacerse mayor, Belwin se había dado cuenta de aquello, y ella misma intentaba no mostrar sus sentimientos.

Pero ella era la más sensible de los dos, y se notaba cuando no estaba bien. Esto era algo que su padre siempre había odiado y había intentado cambiar. Los sentimientos son un símbolo de debilidad, es lo que les había enseñado desde pequeños.

Castiel había tenido menos dificultad con eso, no le costaba tanto esconder sus sentimientos. Y no lo hacía porque fuera una debilidad, sino porque perjudicaría a su hermana. Podían hacerle cualquier cosa a él, pero si le hacían algo a ella… Al fin y al cabo, era su hermano mayor, y su trabajo era evitar que nada malo le ocurriese.

- ¿Sabes? Estamos mejor sin ellos. Seguro que papá al final nos habría estropeado la fiesta, ya sabes lo poco que le gusta Halloween –le aseguró intentando que se olvidara de todo aquello-. ¿Sabes lo que vamos a hacer? Vamos a cocinar galletas con formas de Halloween. Y haremos pasteles también, ¿qué te parece?

Belwin acabó alzando la cabeza, mirándole con una leve sonrisa, agradecida por los intentos de su hermano por animarla. Asintió y dio otro abrazo rápido a su hermano.

- Gracias Cassie, eres el mejor hermano del mundo.

Castiel sonrió bastante al escucharlo, viendo que estaba más animada. Estaba decidido a distraerla durante el fin de semana para que se olvidara de sus padres. No iban a amargarse por ellos, no de nuevo.

- Y tú la mejor hermanita –revolvió un poco su pelo y se levantó del sofá-. Será mejor que nos pongamos a preparar las cosas, o no estarán listas para la merienda.

La pequeña se levantó tras él, yendo hacia la cocina para sacar las cosas que habían comprado días atrás ya que pensaban cocinar con su madre. Pero qué más daba, ellos solos podían hacerlo. No eran tan buenos cocineros, y tal vez quedarían peor que si hubieran tenido ayuda, pero se divertirían haciéndolos.

Se pasaron horas en la cocina, acabando llenos de harina debido a una pequeña pelea. Al acabar el día habían hecho unas deliciosas galletas, que tenían mejor sabor que aspecto. Pero eran de Halloween, no importaba si no tenían muy buen aspecto. Y lo más importante, se habían olvidado del tema de sus padres.

Acabaron de nuevo en el sofá, decidiendo hacer otra maratón de películas de miedo, ya que la noche anterior no habían podido ver tantas como les habría gustado.

Debían ser las tres de la madrugada cuando acabó la película, y se giró para preguntar a su hermana si quería ver otra. No pudo evitar sonreír al ver que se había quedado dormida, apoyando la cabeza en el hombro de su hermano, y rodeándole con un brazo.

No quiso despertarla, parecía que estaba muy tranquila así. Con cuidado cogió una manta que tenía doblada a un lado del sofá y la echó sobre ambos, ya que empezaba a hacer algo de frío. Puso otra película y apoyó la cabeza en la de su hermana, quedándose dormido en algún momento durante la película.

Aquel fin de semana no había salido como les habría gustado, ¿pero cuándo ocurrían las cosas que querían? En momentos así es cuando agradecía tener una hermana, no sabría qué habría hecho durante tantos años si no hubiera sido por ella.