Mi cuerpo es testigo del bien que ella me proporciona
[Regina y Emma]
«¿Amor?» la morena echada sobre los pechos de la rubia, dándose cuenta de que su amada estaba muy callada, la llamó
«¿Qué pasa, mi bien?» respondió Emma, mientras acariciaba la espalda de su mujer.
Regina miró hacia ella, colocando su mentón en el valle de los senos de Emma y dijo
«No voy a permitir que te culpes por la muerte de tu hermano. Él actuó con irresponsabilidad al decidir conducir, aunque le había pedido que me dejara a mí, después de haber bebido champán, así que si hay un culpable en esta historia es el propio Robin»
Emma cerró los ojos, suspiró profundamente y habló
«No quiero hablar de eso, Regina» e intentó levantarse de la cama.
La morena fue más rápida, se sentó sobre el abdomen de la rubia, colocó sus manos sobre sus hombros, poniéndola bajo su propio cuerpo.
«No, Emma Swan, me vas a escuchar, porque he pasado cuatro años de mi vida siendo la diana de tus juicios e ironías. Y no admitiré que ahora, después de que finalmente hemos aceptado que nos amamos, sigas rumiando la culpa en tu cabeza, un sentimiento que bien puede hacer que te apartes de mí de nuevo, ya que te conozco muy bien» dijo de forma decidida.
Emma sonrió, excitada ante el tono autoritario y debido al contacto del sexo húmedo de Regina en su abdomen
«Hablando en ese tono tan dominante y con la visión que me estás proporcionando, sentada de esa manera encima de mí, no tengo nada con lo que contra argumentar» dijo la rubia, de forma divertida.
Regina sonrió. Por lo visto Emma ya había llorado todas sus lágrimas y ahora podían, finalmente, tener una conversación definitiva.
«Como estaba diciendo, tu hermano estaba ebrio. Se probó que invadió el carril contrario, porque, seguramente, se quedó dormido, y no creo que tú tengas el poder mutante como Jean Grey, que desea las cosas y estas suceden» dijo divertida para intentar relajar aquel asunto tan delicado.
Emma sonrió de lado, bajó la mirada y habló
«Cuando deseé su muerte, Robin ya había fallecido y yo también estaba bajo los efectos del alcohol» quería justificarse, porque todavía se sentía mal con ese asunto.
«Emma, ¿por qué bebías tanto en aquella época?» preguntó curiosa la morena, cambiando el rumbo de la conversación.
«¿De verdad no te haces una idea, Regina?» cuestionó incrédula la rubia.
«¿Por mí?» preguntó sintiéndose culpable
La rubia sonrió cínicamente y dijo
«Sí, señora Mills. Según Ariel, la mitad de la población de Storybrooke sabe que me enamoré de mi cuñada y la otra tiene serias sospechas. Incluso han hecho apuestas en las casas de juego sobre la fecha en la que subiré a la torre de la Iglesia y gritaré a los cuatro vientos que amó locamente a Regina Mills» concluyó la rubia, de forma exagerada.
«Oh, señorita Swan, acabo de enamorarme de ti de nuevo, ¿lo sabías?» dijo la morena emocionada, inclinándose para besar suavemente a la rubia.
«¿Ah sí? Entonces seré como esas antiguas trovadoras, iré por los cinco continentes y por la Antártida cantando y recitando la historia del caballero andante vestido de Ghostface que se enamoró locamente de una hermosa Reina Malvada, en una bella y mágica noche, bajo un quiosco de esos que acostumbramos a ver en los cuentos de Disney» dijo románticamente.
«Emma Swan, tu padre debe haber sido un príncipe encantado en otra vida, porque nunca vi tanto romanticismo en una sola persona. De esa manera el corazón ennegrecido de la Reina Malvada volverá a tener rápidamente su color rojo brillante» dijo la morena enternecida, mientras daba besos a su amada «La Reina Malvada también se enamoró perdidamente de su blanco caballero andante, pero su corazón entristecido por la pérdida de su amor de juventud no permitió que ella se diese cuenta de que tenía enfrente al amor de su vida. Y ellas tuvieron que pasar por muchas pruebas y discusiones cargadas de odio y sarcasmo que maquillaban sus verdaderos sentimientos para percibir cuánto se amaban» decía la morena restregando su nariz contra de la de la cuñada.
«Pero todo eso sirvió para fortalecer ese sentimiento tan intenso que las une y ni la muerte podrá separar. Ellas van a casarse, tendrán cinco hijos, y van a envejecer juntas. La morena cada vez se volverá más bella y quisquillosa y la rubia estará siempre a su lado, protegiéndola y amándola para toda la eternidad» dijo Emma, devolviéndole el beso de esquimal.
«Cinco hijos, ¿eh?» reía la morena «De esa manera la vejez va a llegar bien rápido para la rubia y para la morena, no sin motivo se hará esta última más quisquillosa. Sin mencionar que estará casada con una rubia insoportable que consigue sacarla de sus casillas con mucha facilidad. Y una pregunta, ¿quién va a gestar esos cinco hijos que la rubia más linda y amada del mundo pretende tener con la morena?» preguntó Regina sonriendo.
«Todos serán gestados por la bella morena y serán los niños más bonitos del universo, partirán corazones desde que estén en el nido del hospital» dijo Emma, con tono de broma.
«¿Ah sí? Entonces, a la morena le va a tocar las náuseas, las estrías, la fatiga, la subida de peso, el apetito voraz, las malas noches y todos los efectos colaterales del embarazo, mientras que la rubia permanecerá con su cuerpo hermoso y bien definido, ¿no?» decía de forma bromista
«¡Exacto! Y la rubia de cuerpo atlético se está excitando cada vez más ante la posibilidad de hacer el amor con su linda esposa, morena y embarazada» dijo Emma, maliciosa y burlona
«Pues la morena tiene otra propuesta: ella engendrará dos bebés y la rubia se quedará embarazada una vez, así tendrán tres hijos que son más que suficientes para colmar los instintos maternales de la morena» dijo divertida.
Emma se quedó pensativa y decidió provocar a Regina
«¡Está bien! La rubia puede tener los otros dos hijos con alguna de sus ex»
La morena, que todavía estaba encima de ella, le dio una torta a la rubia en la cara que emitió un «¡Auch!» y se rio de la cara furiosa de su amada.
«¡No me provoques, Emma Swan! No tienes idea de lo posesiva y celosa que puedo ser» advirtió con un tono serio.
«¿Ah sí? ¿Sabes cuántas mujeres me he llevado ya a la cama, señora Mills?» la rubia provocaba deliberadamente con una sonrisa descarada en el rostro
«¡No, y no quiero saber!» respondió la morena airada, pero imaginándose a Emma con muchas en la cama, lo que hacía que la sangre le hirviera en las venas.
«¿No quieres un número estimado?» seguía provocando
Regina respiró profundamente y decidió entrar en el "juego"
«No querida, pero creo que mientras estabas con ellas, pensabas en mí» dijo con desdén y convencida.
Emma endureció la expresión, consiguió levantarse haciendo que Regina quedase sentada con las piernas abiertas sobre las suyas, la sábana blanca cubriendo todavía la parte de debajo de ambos cuerpos.
Regina enredó todos los dedos de sus manos en los cabellos de Emma, y enrolló sus piernas en la cintura de la rubia que la abrazaba con fuerza.
Ambas estaban muy excitadas a causa de las continuas provocaciones y Emma habló
«No niego que he hecho el amor con varias imaginándome que eras tú, pero lo mejor es que ahora te tengo donde siempre quise, en mi cama, estrechando mis sábanas»
Tras decir eso, la rubia besó a la morena con rabia, acordándose de la noche que oyó los gemidos de su hermano, cuando probablemente hacía el amor con Regina.
Sin embargo, ahora ella tenía a su cuñada de nuevo en su cama y la haría gemir y gritar su nombre cuando alcanzase el orgasmo.
Acostó a Regina sobre las sábanas, y la que cubría sus piernas descendió hasta dejar sus nalgas desnudas.
Emma metió sus muslos entre los de la cuñada, se incorporó apoyando las manos cerradas, como si estuviese haciendo flexiones y comenzó a cabalgar sobre el cuerpo de la morena.
«¡Tú…eres…mía!» gruñía entrecortadamente, mientras embestía el cuerpo de su amada.
Regina estaba excitadísima al ver la posesividad en los ojos y en la voz de la rubia.
Aprisionó a Emma con sus piernas y decidió provocarla todavía más.
«Sabes que no eres la única que ya estu…vo entre mis mus…los, ¿no?» hablaba al mismo tiempo que gemía.
Emma interrumpió los movimientos, sus ojos se volvieron de un verde oscuro y sus pupilas se dilataron completamente, se sentó en la cama, las piernas dobladas sobre los talones, y atrajo a Regina inmediatamente sobre sus muslos.
Enroscó con violencia los dedos en los negros cabellos y clavó sus dientes en la tierna piel del cuello de su cuñada, penetrándola con tres dedos, oyendo los gritos de dolor y de placer de la morena.
Regina deslizó sus uñas por la espalda de la rubia, arrancando pedazos de piel de Emma, haciendo que la cuñada rugiera en su oído y dejando un rastro rojo en la tez blanca.
Emma aceleró las estocadas y Regina se agitaba saltando en los dedos de la rubia, sintiendo sus labios succionando la piel del cuello y, después, la lengua de la amada invadiendo su boca.
Regina agarró con sus dos manos el rostro de la rubia y chupó la lengua de Emma, mientras ya sentía las palpitaciones del orgasmo.
La morena inclinó la cabeza hacia atrás, juntó las piernas alrededor de las caderas de la amada, apretando los dedos de la rubia con las paredes de su vagina, sus ojos parpadeaban frenéticamente y ella grito «¡EMMA!» cuando fue envuelta completamente por el placer y sintió cómo si su cuerpo estuviese levitando a causa de las sensaciones de gozo.
La rubia apretó su boca contra la de su amada, porque quería que Regina gimiese al tocar sus labios, mientras ahogaba al mismo tiempo los gritos de la morena.
Cuando Emma sintió la última contracción de Regina alrededor de sus dedos, se acostó en la cama quedando sobre ella, apartando los negros mechones húmedos de sudor que se habían pegado en el rostro de la morena.
Comenzaron a reír, felices por el placer y, principalmente, a causa de la inmensa alegría que sentían en aquel momento. Nunca fueron tan felices como en ese preciso instante.
Regina paró de reír, aunque todavía mantenía una expresión de puro júbilo dibujada en su rostro y dijo
«¡Me haces tanto bien, Emma Swan! Quiero continuar haciendo cosas lésbicas contigo por el resto de mi vida» concluyó con voz maliciosa, separando los mechones rubios del rostro de su amada.
Emma empezó a reír a carcajadas a causa del comentario de Regina y dijo
«¿Y qué serían esas "cosas lésbicas", mi amor?»
«Lo que acabamos de hacer y otras cosas que encontré por internet» respondía con una mirada traviesa.
«Hmm, ¿mi futura esposa ha estado navegando en páginas de porno lésbico?» preguntó Emma, arqueando una ceja
«Ah, ¿no te lo dije? Antes de acostarme contigo, decidí hacer un curso intensivo titulado "Como volverse lesbiana en 30 días y ser feliz"» respondió, mordiéndose el labio inferior e intentado contener la risa.
Emma rio y hundió el rostro en el cuello de la amada, chupando aquella zona y haciendo cosquillas a Regina.
«¡PARA EMMA!» gritó Regina, que no podía aguantar aquellos roces en esas partes sensibles de su cuerpo, y riendo convulsivamente.
La rubia paró y dijo
«Vamos a poner en práctica lo que has aprendido en esas páginas y conmigo» dijo riendo y se levantó, tendiéndole una mano hacia Regina que aceptó el gesto.
Se cubrieron con las sábanas de la cama y salieron a la terraza. Emma se acostó en una tumbona acolchada que había allí, atrayendo a Regina encima de ella.
La luna brillaba en el cielo estrellado, bañando con su luz los cuerpos semidesnudos de las dos mujeres.
Se movían de forma cadenciosa sobre la tumbona, los sexo se rozaban y los gemidos se confundían.
Emma se aferraba a los cabellos negros, atrayendo a Regina hacia unos besos húmedos y ardientes.
La morena chocaba su centro de placer contra el de la rubia, mientras su lengua se deslizaba sobre la de la otra mujer.
La rubia dejaba correr su mano libre por la espalda de la morena, apretando las nalgas de la amada por debajo de la sábana que cubría aquella región del cuerpo de Regina.
La fricción entre sus sexos aumentaba conforme la rubia presionaba las nalgas de la morena.
Cuando Emma comenzó a sentir los espasmos recorrer su vientre y descender gustosamente por sus piernas, balbuceó un «¡Eres muy sabrosa!» y se corrió silenciosamente, sintiendo a Regina tensarse de placer encima de ella, y el líquido ardiente que salió de ambos sexos mojar el tejido de la tumbona.
[Killian]
Un poco antes de esa explosión carnal, exactamente cuando las dos mujeres habían salido a la terraza, un moreno que estaba fumando un cigarrillo en la terraza de su cuarto, al ver a su hermana y a su cuñada juntas, cubiertas por una sábana y riendo, no pudo evitar sonreír también, ya que nunca había visto a ninguna de las dos tan felices.
Apagó el cigarro y entro en su cuarto para dar privacidad a las bellas mujeres que claramente iban a amarse allí, y pensó «¡Oh, el amor lésbico adolescente es lindo!» mientras se echaba en la cama.
