Nota: He añadido un capítulo más al inicio para expandir un poco más sobre el tema de Sasuke y Naruto. Está en "Introducción: Parte 1."
También estoy preparando una serie de spin-offs sobre esta historia. Por ahora tengo dos casi terminados: uno, sobre Fugaku, el Cuarto Hokage; el otro gira alrededor de la mitología sobre la que se basará gran parte del fanfic.
¡Si se os ocurre alguna sugerencia, o alguna idea, sobre qué debería hacer con el fic, ponedla en los comentarios! Me interesa mucho tener nuevas opiniones, y si me gustan vuestras ideas, las incorporaré a la historia (dando crédito a la persona que me haya dado esa idea). En fin, ¿qué opináis? ¿Lo estoy haciendo bien, lo estoy haciendo mal? ¿Qué es lo que me falta? ¿Hay algún hueco en la trama?
¡Espero vuestros comentarios con ganas!
— azufre
CAPÍTULO 10
MERCENARIOS
El fuego se reflejaba en los ojos de Kurenai, y el olor a ropa y a carne quemada inundó la estancia. A sus pies, el cuerpo de Tigre ardía con fuerza. El ANBU había intentado resistirse, revolviéndose por el suelo y gritando incoherencias, pero finalmente se detuvo, y ahora no hacía ningún ruido. Si no estaba muerto, lo parecía.
Entre jadeos, la jonin cayó de rodillas. No podía más. Se le había acabado todo el chakra, y aquel último genjutsu necesitó de toda su fuerza de voluntad. En ese estado, no sería capaz de luchar contra nadie, ni siquiera contra el más inútil de los ninjas. Y aún así quería subir esas escaleras y ayudar, hacer algo, ser útil, porque no dejaba de escuchar más golpes y más gritos, y los nervios le carcomían por dentro.
Ignorando cualquier tipo de sentido común, Kurenai se obligó a ponerse de pie, y andó hacia las escaleras. En ese estado, caminar era como pisar cristales, pero aún así, siguió haciéndolo. El agotamiento hundía su mente en una niebla densa y pegajosa, y las ideas se mezclaban entre ellas una y otra vez, hasta que dejaban de tener sentido. Pero ella tenía que seguir. ¡Tenía que seguir adelante!
Todas las personas tienen su límite. Es algo que trasciende cualquier tipo de fuerza, ya sea física o de voluntad. Llega un momento en el que no podemos más, en el que nos apagamos como las estrellas al amanecer. Es algo inevitable, pues forma parte de las cosas que nos hacen humanos.
Todas las personas tienen su límite. Kurenai llegó al suyo cuando, a escasos metros de llegar a las escaleras, escuchó un ruido que le heló la sangre.
«No puede ser…»
Detrás de ella, el ANBU con la máscara del tigre se ponía de pie, su carne todavía envuelta en llamas.
El olor a carne quemada era insoportable. El fuego había consumido su cabello, sus cejas y sus pestañas, y también sus párpados. Su ropa se había convertido en cenizas, y las tiras que sujetaban su armadura se soltaron, haciendo que ésta cayera al suelo con un sonido metálico. Su cuerpo desnudo dejaba a la vista unos poderosos músculos y una piel chamuscada que sólo podría pertenecer a un cadáver. Y sin embargo se movía. Se movía hacia ella.
Totalmente derrotada, Kurenai perdía poco a poco la conciencia. Intentó retroceder, alejarse de él, pero no tenía fuerzas.
Tigre le miraba con esos ojos inyectados en sangre, y gruñía palabras que no tenían sentido. Sus cuerdas vocales emitían un sonido primario, escalofriante, como si fuera un animal rabioso.
La jonin se desplomó como pudo sobre las escaleras. Y él estaba cada vez más cerca. Y más cerca. El olor era insoportable. La visión era insoportable.
El asesino extendió una mano sangrante hacia la cara de Kurenai…
…y se detuvo a escasos centímetros de ella.
"No sé quién eres", dijo una voz familiar. "Pero no se puede andar desnudo por donde hay niños, ¿sabes?"
¿Qué estaba pasando? Tigre no podía moverse. Estaba completamente paralizado. ¿Otro genjutsu? No. Esa mujer estaba destrozada. Entonces, ¿qué era? Su cuerpo respondía a sus órdenes. Se tensaba, e intentaba moverse. Era sólo que no podía hacerlo. Como si alguien le estuviera manteniendo en el sitio.
Entonces lo entendió.
"Kurenai-sensei", dijo Shikamaru, mientras su sombra mantenía a su enemigo en el sitio. "¿Estás bien?"
"No…mucho…", respondió ella. Hacía lo que podía por mantenerse despierta, pero no aguantaría mucho más.
"¿Puedes moverte?"
Ella intentó hacerlo, con poco éxito.
"Entendido. Mmm…" El chuunin pensó unos instantes, mordiéndose el labio inferior. Pero entonces Tigre tiró de él con mucha fuerza; con tanta fuerza que le movió un poco hacia adelante. Sus dedos ahora se clavaban en el rostro de Kurenai, y era como si quisiera aplastarle la cara con ellos. ¿Quién coño era este tío, y por qué tenía tanta fuerza?
"Mierda, ¡MIERDA!", dijo Shikamaru, y haciendo varios sellos, multiplicó el número de sombras que le unían a su enemigo. Ahora eran como una red de pesca, y le cubrían los brazos, el torso, las piernas, y hasta la cara. Pero no lograba que soltara a Kurenai.
Ella chilló de dolor.
Entonces Shikamaru decidió que ya era suficiente.
"¡Jutsu: Sombra Estrangulante!"
La red de sombras se convirtió en una mano negra, y muy gruesa, a la que insufló con mucho más chakra del que había utilizado contra Tayuya en su momento. La mano rodeó el cuello de Tigre, y apretó con muchísima fuerza, hasta que sonó un crujido, y la cabeza del ANBU cayó, inerte, hacia adelante.
También soltó a Kurenai, quien se arrastró para alejarse de él. Tenía cinco heridas circulares en la cara, allí donde los dedos de aquel monstruo le habían perforado la piel.
La sombra de Shikamaru empezó a retraerse, pero entonces Kurenai le gritó:
"¡No! No le sueltes nolesueltesnolesueltes…"
"¿Qué?", respondió él, mirándole a ella, y esa distracción casi le cuesta la vida cuando Tigre volvió a levantar la cabeza, con un nuevo crujido, y se abalanzó contra él gritando incoherencias.
Las sombras de Shikamaru le detuvieron justo a tiempo. Le ataban como cuerdas al suelo; tiraban de sus brazos, de su espalda, de sus piernas, e incluso de las comisuras de sus labios. La boca le quedó tan abierta que se le veían las encias y las muelas de atrás. Una gota de sudor se deslizó por la sien de Shikamaru cuando notó que una buena porción de su chakra desaparecía a causa de su técnica.
"…no le sueltes", dijo Kurenai, mientras intentaba ponerse en pie.
"Kurenai-sensei." Shikamaru intentó hablar con toda la calma posible mientras se esforzaba por mantener a Tigre en su sitio. "Me parece que voy a necesitar un informe de la situación."
Ella estaba arrodillada en el suelo, jadeando. Cada movimiento requería una cantidad obscena de esfuerzo.
"...es muy fuerte. Muy fuerte, y muy rápido…"
«No me digas», pensó Shikamaru, mientras forcejeaba con su enemigo.
"¿Algo más?"
"Creo…que no puede…morir..."
"¿Que no puede QUÉ?"
Entonces Tigre bramó con toda la fuerza que le permitían sus pulmones chamuscados, y las gotitas de saliva salpicaron la ropa de Shikamaru. El chuunin le miró con muchísimo asco, y se quedó de piedra al ver cómo sus párpados, así como el resto de su piel, se regeneraban rápidamente.
"Está haciéndose más rápida…" Kurenai jadeaba entre cada frase. "Antes no…era así de rápida. Está…creo que se está descontrolando…"
La jonin consiguió ponerse de pie, y manteniéndose muy alejada de Tigre, caminó hasta quedar al lado de Shikamaru.
"No puedo…hacerle daño. Los kunais no funcionan. Los genjutsus no son suficientes. El fuego…el fuego sólo le quema."
Shikamaru le miraba, incrédulo.
"¿Alguna idea de cómo….? ¡Joder!", gritó, tirando de nuevo de Tigre. "¿Alguna idea de cómo acabar con él?"
"Me temo que no…"
Eso SÍ que era problemático.
"Entiendo…" Shikamaru formó sus sellos, y la cantidad de sombras que sujetaban al ANBU se duplicaron, y luego se triplicaron. "Kurenai-sensei, deberías irte de aquí."
Ella asintió. Por mucho que quisiera ayudar, ahora sólo sería un estorbo.
"Y sería…bueno que enviaras refuerzos."
"Lo haré." Y bajó, como pudo, las escaleras en la salida de la Academia.
Cuando Tigre le vio irse, montó en cólera.
"¡KURENAI!", aulló, pues ahora sabía su nombre. "¡KURENAAAI!"
Ella siguió avanzando, negándose a darse la vuelta. Tenía todo el vello erizado, y le daba escalofríos oír su nombre de los labios de aquel monstruo. Pero sus chillidos seguían, cada vez más fuertes, cada vez más desgarrados…
Una sombra se desligó de las demás y le tapó la boca, amortiguando sus gritos.
"Por el Dios, cállate", le espetó Shikamaru. "De todos modos, ella ya tiene novio."
A Tigre se le marcaron las venas de las sienes y el cuello mientras intentaba liberarse. Pero no funcionó. Estaba muy debilitado, y las sombras le aferraban con demasiada fuerza.
Shikamaru suspiró, y se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas. Tenía la espalda recta, y las manos unidas por las yemas de los dedos. Sus sombras aguantarían uno o dos minutos más, y él necesitaba pensar.
Así que cerró los ojos.
"Ahora veamos…qué voy a hacer contigo…"
"Mi nombre es Torune Aburame. Escuchadme con atención."
Los ojos de Shino, ocultos por sus gafas negras estaban abiertos como platos. ¿Torune, aquí? Eso explicaba la reacción de sus insectos (¡estaban siendo asesinados por los de Torune!), pero…la última vez que le había visto, fue cuando Danzo se lo llevó consigo. Mejor dicho, cuando Torune le salvó de Danzo. Después de eso, no había vuelto a la villa del clan, ni se había dejado ver por la aldea. Al principio la gente preguntó por él, pero llegó un momento en el que simplemente, se cansaron de hacerlo. Es lo que pasa en esas situaciones. Y ahora había aparecido así, sin ninguna explicación. ¿Había estado con el Hokage todo este tiempo? ¿Por qué no había dicho nada?
Le hubiera gustado hablar con él, pero no podía hacerlo. Además, ¿qué le iba a decir? Hola, ¿cómo te va la vida? ¡Con lo que le costaba comunicarse con la gente!
Torune siguió hablando.
"Vamos ir directos al grano. Ya sabéis que la Academia está siendo atacada, y que tanto mis compañeros como el señor Hokage y su equipo se han marchado para defenderla. Bien. Es muy probable que con ellos sea suficiente, y que tengamos la situación bajo control muy pronto…"
Los genin se removían en los asientos, inquietos. ¿Qué iba a pasar ahora?
Tras una pausa, el ANBU continuó.
"…como he dicho, es muy probable que Hiruzen-sama y mis compañeros de la guardia puedan controlar la situación sin mayores problemas. Pero como vosotros también sois ninjas, o aspiráis a hacerlo, se espera que participéis en la defensa de la aldea."
Uno de los alumnos, un chico extranjero con el pelo tan azul como los ojos de Naruto, levantó la mano. Torune negó con la cabeza. El otro bajó la mano. No hay preguntas en el ejército, sólo órdenes.
"También debemos tener en cuenta una cosa más: lo más seguro es que la Academia no sea el único punto de la aldea que está siendo atacado."
Sus palabras causaron un gran revuelo. Los genin hablaban entre ellos, y alguno hizo ademán de levantarse. Pero entonces Torune exhaló con fuerza, y su enjambre salió de su cuerpo. Los insectos eran tan pequeños que, a la vista de todos, era como si su piel estuviera expulsando algún tipo de humo negro.
"Voy a dejar una cosa bien clara", gruñó. "Si alguno de vosotros vuelve a interrumpirme, o intenta dejar esta aula sin permiso, lo dejaré fuera de combate, y lo próximo que verá al despertarse serán los barrotes del calabozo."
El ruido cesó al instante, y los que habían intentado levantarse se hundieron en sus asientos, avergonzados
El enjambre volvió a Torune. "Bien. El señor Hokage os ha dejado a mi cargo, pero yo no soy un profesor. Soy un soldado. Eso significa que no sois mis alumnos, sino mis hombres. ¿De acuerdo?"
El ANBU tomó el silencio como un gran y unánime SÍ.
"Ya hemos perdido suficiente tiempo." Torune se sacó algo del bolsillo del chaleco. Era una hoja de papel con una lista de nombres. "De acuerdo, a partir de ahora nos dividiremos en dos grupos. El primero irá conmigo, y el segundo dejará la Academia para defender los puntos clave fuera de ella."
Mientras hablaba, iba leyendo la lista.
"Aquí tengo todos vuestros datos, así que elegiré a los que mejor se adapten a cada rol." Se aclaró la garganta antes de continuar. "El primer grupo estará conformado por siguientes ninjas…"
Alguien tragó saliva.
"Gaara del Desierto."
En la fila de atrás, Gaara asintió, se puso de pie, y bajó las escaleras despacio. Sus hermanos le observaban con preocupación, pero su rostro seguía tan impasible como siempre.
"Shino Aburame."
Shino se incorporó, casi de un salto. El corazón le latía con mucha fuerza cuando se reunió, abajo, con Gaara y Torune. Ninguno de los dos le miró, ni tampoco le dijeron nada. Le resultó bastante frustrante.
"Naruto Uzumaki."
No hubo respuesta. Nadie bajó caminando las escaleras. Pasado unos segundos, los genin empezaron a mirarse entre ellos. ¿Dónde estaba Naruto?
"…NARUTO UZUMAKI", repitió Torune, endureciendo mucho la voz.
Ino tocó el muslo de Naruto, y éste se sobresaltó. Tenía la mirada perdida, como le pasaba cada vez que se quedaba absorbido en sí mismo. «¿Estará hablando con el Zorro?», pensó ella, pero no imaginaba que el Nueve Colas pudiera dar mucha conversación.
Naruto se puso de pie, sin enterarse mucho de lo que estaba pasando.
"Baja con ellos", le susurró Ino. "¡Deprisa!"
Él le hizo caso, pero cuando llegó abajo, todavía parecía muy perdido.
Torune le miraba con una expresión imposible de descifrar, pero si quiso decirle algo, se tuvo que decantar por no hacerlo.
"De acuerdo. Vosotros seréis el primer equipo, y yo, vuestro capitán. Nuestro cometido será limpiar la Academia de enemigos mientras salvamos a todas las personas que estén en peligro; al mismo tiempo, serviremos de asistencia al señor Hokage y al resto de ANBU. ¿Lo habéis entendido?
Los tres asintieron, aunque Naruto lo hizo un poco más tarde.
"Ahora, el segundo equipo. Como sois muchos, os asignaré un capitán y dos subcapitanes. No tengo que decir que, mientras estéis a su cargo, tendréis que obedecer todas sus órdenes."
De pronto, una explosión.
Las mesas, las ventanas, y las puertas se sacudieron, y llovió cal del techo.
Había que darse prisa.
"Primero, los subcapitanes", dijo Torune, hablando más rápido que antes.
Echó un nuevo vistazo a su lista.
"Hinata Hyūga."
Ella no sabía muy bien dónde meterse, pero obedeció, y bajó las escaleras. Se puso al lado de Naruto, quien intentó tranquilizarla con la mirada. Hinata apreció el gesto, pero siguió igual de nerviosa.
"Taishi Hyūga."
Taishi bajó las escaleras de dos en dos, y enseguida estuvo abajo. También parecía nervioso, y estaba como acelerado; algunos mechones se le escapaban de la coleta, que normalmente era muy pulcra y apretada. Cuando se puso junto a Hinata, ella le miró, y él a ella, y no supieron qué decirse.
Era la hora de escoger un capitán. La lógica que había seguido Torune era la siguiente: el primer equipo, el que se encargaría de la Academia, debía de estar lo suficientemente orientado al combate como para acabar con unos enemigos cuyo nivel desconocían y, al mismo tiempo, debía tener algún tipo de habilidad de reconocimiento para evitar las emboscadas en los estrechos pasillos del edificio. De esta manera, Naruto encajaba en el primer rol; Shino en el segundo, y Gaara podría encargarse de ambos. Esta formación también le permitía mantener a ambos jinchūrikis a buen recaudo, y Shino podía ayudarle a controlarlos si fuera necesario.
El segundo grupo debía cubrir un área mucho más amplia, y ahí es donde entraban en juego los Hyūga, y su magnífica visión. De haber contado con la presencia de Neji Hyūga, el chico prodigio, lo habría escogido a él; pero en estas circunstancias, tendría que conformarse con Taishi. Torune conocía las limitaciones del byakugan del chico —cuando nació, toda la Raíz estuvo realmente pendiente de él—, pero no tenía otra opción, así que tenía que trabajar con suposiciones: Por un lado, esperaba entre los dos pudieran identificar rápidamente los puntos en conflicto, de manera que la reacción del grupo fuera más rápida. Por otro, suponía (y él todavía no lo sabe, pero esto sería un gran error) que ya nadie estaría interesado por el pequeño Taishi, la gran esperanza, y el gran fracaso del clan Hyūga. No se esperaba que fuera un objetivo del enemigo, porque ya no tenía sentido que lo fuera y, además, esa época ya había pasado…¿verdad?
Pero no nos adelantemos demasiado.
Elegir un capitán fue más complicado. Tenía que ser alguien lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a las amenazas que pudieran encontrar, lo suficientemente inteligente como para tomar buenas decisiones, y lo suficientemente experimentado como para no cagarla de manera estrepitosa. En un principio pensó en dar esta posición a Shino, en quien confiaba sin muchas reservas, pero prefería contar con su ayuda en la Academia. No, tenía que ser otra persona. La verdad es que Torune dudó un poco, pero luego volvió a leer la lista, y se fijó en un nombre en concreto. Entonces ya no hubo duda posible.
"Ken Shimura", dijo. "Tú serás el capitán."
Poco tiempo después, los genin se dividieron en dos equipos, y se separaron con prisas. El equipo Aburame fue el primero en abandonar en aula. Los cuatro adoptaron una formación sencilla: Torune iba el primero, y enviaba sus insectos a comprobar cada rincón de los pasillos. Le seguían Naruto y Gaara, puestos en paralelo, quienes reaccionarían rápidamente ante el peligro; Shino iba el último, y su papel era idéntico al de Torune, sólo que centrado en analizar lo que tenían detrás. En teoría, la formación les daría ventaja sobre cualquier enemigo que se encontrasen. Sólo faltaba comprobar si eso era cierto.
Abrieron la puerta con mucho cuidado, y el otro lado estaba bañado de sangre. El charco pertenecía a una mujer morena, que yacía muerta en el suelo, junto en frente de la puerta. Alguien le había rajado el cuello, pero por alguna razón, también tenía una herida en forma de "x" grabada en la frente.
"Una enemiga", aclaró Torune. "La marca es para que sepamos qué cuerpos son nuestros. Un truco de la guerra. Vamos." Y salió disparado por el pasillo.
A Naruto le costaba seguirle. Había pensado que Torune sería del tipo precavido, pero su manera de cruzar los pasillos uno tras otro era de todo menos cuidadosa. En realidad —aunque Naruto no lo pensara así—, el Aburame no se perdía detalle de sus alrededores. Lo que pasa es que su experiencia era mucho mayor que la de su equipo, y eso se notaba: en apenas dos segundos ya estaban en la otra punta del pasillo, y los genin sólo pudieron seguirle a duras penas.
Torune se detuvo ante una puerta cerrada.
Una pausa corta. Luego susurró:
"Aquí. Siete personas. Tres de ellas, enemigos." Sus insectos le iban transmitiendo la información rápidamente. "Indumentaria chuunin. Habilidades desconocidas." Lo demás se lo calló. Era mejor así.
"¿Qué hacemos?", preguntó Shino. Era lo primero que le decía en años. Oh, bueno.
"Ya está hecho", respondió Torune. Y abrió la puerta.
A Naruto se le encogió el corazón.
En medio de aula, había siete cadáveres. Tres de ellos pertenecían a enemigos, y estaban encogidos en el suelo en posiciones extrañas y horribles. Los insectos de Torune les habían matado antes de que pudieran defenderse. Uno de ellos tenía los ojos abiertos, y una expresión escalofriante en el rostro.
El Aburame se había asegurado de que sufrieran todo lo posible.
"Qué…"
"Por el Dios…"
Quedaban cuatro cadáveres, y todos eran aliados. Uno de ellos era una mujer pelirrosa con cierto parecido a Sakura, y la indumentaria típica de los instructores. Estaba empapada de sangre, y tenía tantas heridas que no se podían contar. Su cuerpo cubría otros tres, más pequeños, sus alumnos. Por su edad, deberían de haber entrado en la academia hace poco.
Gaara chasqueó la lengua.
"Hijos de puta", sentenció, con la voz todavía calmada.
A su lado, Naruto apretaba los puños tan fuerte que podría habérselos roto. ¿Quién era capaz de hacer algo así? ¿Quiénes eran estos tipos? «Me las pagarán», pensaba, furioso. «Les voy a matar, a destrozar, les voy a…»
"Naruto." Gaara le puso una mano en el hombro, y le miró a los ojos. Ahora sí que parecía precupado. "Mantén el control. Si usas a Kyubi, será peor para todos."
El otro pensó en responderle algo desagradable, pero se tragó la rabia, porque su amigo tenía razón.
"Sí. Gracias, Gaara." Pero aún así, le apartó la mano. No quería que nadie le tocara ahora.
"Prepárense", dijo Torune. Se había acercado a los cadáveres, y después de comprobar la muerte de cada uno, había grabado tres "x" en las frentes de los enemigos. "Salimos de aquí en cinco segundos, ¿entendido?"
Sí, lo habían entendido.
Los pasillos estaban llenos de cadáveres, y llegó un momento en el que era muy difícil distinguir a los enemigos de los aliados. Las víctimas de los asesinos se mezclaban con los que habían caído luchando contra los instructores; al mismo tiempo, Torune detectó un tercer grupo de cadáveres, un grupo distinto: se trataba, sin duda, de los enemigos eliminados por el Hokage y su equipo. Todos ellos tenían la "x" en la frente, y la mayoría mostraban heridas que oscilaban entre lo terriblemente profesional y lo terrible a secas. Este último grupo dibujaba un hilo de muerte y destrucción que sólo podía ser producto de un Hokage furioso; el hilo se perdía en el pasillo, hacia las escaleras que daban al piso superior.
«Parece que el Hokage no necesita asistencia. Cómo no. Nosotros limpiaremos el resto», pensó.
A veces escuchaban un grito, y se acercaban a ver qué pasaba, y entonces encontraban a un chuunin moribundo, o a uno que había ganado la pelea y pedía ayuda, o a un asesino clavando su cuchillo en una nueva víctima. A los primeros les intentaban mantener con vida, y a los segundos les ordenaban recoger a los heridos y llevarlos al hospital. Con respecto a los asesinos…es mejor que lo veas por ti mismo.
"¡Ahora, Naruto!", gritó Gaara. Su arena tiraba de los brazos y las piernas del enemigo hasta dejarlo completamente expuesto. Completamente vulnerable.
De hecho, podría haber apretado un poco más y haberle destrozado los miembros, pero desde lo que pasó la última vez, se esforzaba todo lo posible en no perder el control. Es cierto que había cambiado mucho, pero nadie se transforma en tan poco tiempo. Temía que, si se ponía a sembrar la muerte por esos pasillos, el Shukaku volvería a sacar lo peor de él…
De todos modos, ya estaba Naruto para hacer el trabajo sucio.
"¡RASENGAN!"
Se oyó un potente ruido, como una explosión, y la técnica de Naruto mandó al asesino por los aires. El chakra que contenía su rasengan sorprendió incluso a Torune, quien había acabado con dos enemigos más. Tanto sus insectos como los de Shino les habían asediado, y murieron sin poder defenderse, al igual que los de antes. Los Aburame son gente terrible.
"¡Joder! ¿Cuántos hay?", se quejó Naruto. "¿Cómo puede haber tanta gente en una academia?"
"Concéntrate", dijo Torune. "No hemos acabado con todos."
Pero Naruto tenía razón. Entre los que habían eliminado y los que ya estaban muertos, ya sumaban decenas de enemigos. ¿Cuántos podían quedar? ¿Cómo se habían infiltrado sin que nadie se diera cuenta? ¿De dónde salía tanto ninja?
"¡JODER, AHÍ VIENEN!"
Shino no solía decir palabrotas, pero el susto que se llevó fue de muerte: dos mujeres, ambas pequeñas y pálidas, doblaron el pasillo, corrieron hacia él y le atravesaron con dos espadas cortas. Él estalló en un enjambre de insectos y apareció unos metros más atrás, jadeando. No les había podido detectar hasta el último momento. Aquellas dos eran buenas.
"Son mías", dijo Torune. Se puso inmediatamente entre las mujeres y los genin, y el pasillo se llenó del zumbido de sus insectos. "Vosotros seguid adelante, ¿de acuerdo?"
"Pero…"
"¡FUERA DE AQUÍ, AHORA!"
Los chicos le obedecieron, y pronto desaparecieron por los pasillos. Él tragó saliva, y miró atentamente a sus enemigas. «No me jodas», pensaba. «¿Tenían que ser ellas?»
Se puso en guardia. Las chicas también lo hicieron, y a diferencia de él, no parecían serias. De hecho, sonreían. Y entonces, a la vez, con una sincronía que sólo podía ser posible tras años de práctica, las dos echaron sus espadas hacia atrás, y antes de atacar, activaron sus sharingan.
"¡NARUTO! ¡NO!"
Apenas habían recorrido unos metros cuando otros dos enemigos, un hombre y una mujer, se abalanzaron contra Naruto y empezaron a darle cuchilladas. Sus compañeros reaccionaron rápido: dos manchas oscuras, la arena de Gaara y los insectos de Shino, recorrieron el aire y rodearon a los asesinos, separándolos de Naruto.
"¡Funeral del Desierto!", dijo Gaara, y ambos estallaron, manchando su arena de sangre.
Dentro de él, Shukaku abrió los ojos.
Los genin soltaron a los asesinos, que cayeron al suelo. La mujer se desplomó como una marioneta con las cuerdas cortadas. El hombre, sin embargo, se convirtió en un tronco de madera.
«¡Mierda!», pensó Gaara, mientras su arena bloqueaba el kunai de su enemigo. La punta le quedó a escasos centímetros de sus ojos. El otro tenía una expresión de terror en los ojos. Sus ojos eran rojos. Tenía un sharingan.
«¡MIERDA!», pensó Gaara, esta vez más fuerte, y su arena empujó al asesino muchos metros hacia atrás. Éste intentaba mantenerse en pie, clavando las piernas en el suelo, pero la arena era tan poderosa que le lanzó tanto a él como al cadáver de su compañera contra la pared.
Pero el Uchiha seguía vivo.
"¡Elemento Fuego: Gran Bola de…!"
No había terminado de decir su técnica cuando un rugido casi le revienta los tímpanos.
"¡SAASUKEEEEE!"
Naruto cruzó el pasillo tan rápido que su cuerpo se difuminaba ante la vista de sus amigos. Su enemigo le vio con mucha más claridad, le vio a cámara lenta, pero su cuerpo, más lento que sus ojos, sólo pudo bloquear el puñetazo del Uzumaki.
El golpe le convirtió los huesos del antebrazo en astillas.
¿Quién coño era ese niño?
"¡SASUKE! ¡SASUKE!"
El chico rubio tenía los ojos tan rojos como él. ¿También era un Uchiha? ¡No! Eso no era un sharingan. Entonces sólo podía ser…
«Oh, joder. Es el Kyu—»
El siguiente golpe, directo en su estómago, casi le hace perder la conciencia.
«Joderjoderjodervoyamorirvoya…»
Entonces un enjambre de insectos envolvió al jinchuriki y lo separó de él. A unos metros, Shino levantaba sus manos hacia Naruto, concentrándose en devorar todo su chakra. Este procedimiento, que debería matar a sus insectos, sólo era posible por las largas noches que había pasado cruzándolos específicamente para sobrevivir a estas situaciones…
El Uchiha quedó sentado en el suelo, jadeando.
"Estoy vivo…", alcanzó a decir.
"No, no lo estás", le respondió Gaara. Y le hizo estallar la cabeza dentro de su arena.
"Escuchadme bien los dos", dijo Shino unos minutos después. "Estáis perdiendo el control, y no puedo controlaros todo el tiempo. A diferencia de vosotros, no tengo chakra ilimitado, ¿lo entendéis?"
El cuerpo del Uchiha estaba tirado en el suelo junto a un montón de sangre, vísceras y trozos de…cosas…que es mejor no nombrar.
Naruto, sentado en el suelo, se agarraba la cabeza con las manos. "Sasuke", repetía. "Sasuke, Sasuke, Sasuke…"
El Aburame le miró con una mezcla de lástima y sobrecogimiento. Estaba claro que los ojos de aquel tipo habían activado algo en las profundidades de Naruto, algo que…no era nada bueno.
Gaara recogió la arena dentro de su calabaza, y se unió a ellos.
"Tenemos que seguir", dijo. "Seguro que hay más."
"¿Pero tú me has escuchado?"
"Alto y claro, Aburame." Sus ojos volvían a ser fríos como icebergs. "No te preocupes. Estoy perfectamente."
"Es obvio que eso es mentira."
Naruto seguía con su mantra: "Sasuke, Sasuke, Sasuke…"
"¡Naruto! ¡Cállate de una vez!" La tensión de la batalla, y de la situación, estaban haciendo que incluso Shino perdiera los papeles. No sólo estaban rodeados de enemigos, sino que, sin Torune, estaba a cargo de DOS jinchurikis. Él solo. Si algo pasaba, la responsabilidad sería SUYA. Se estaba poniendo muy nervioso.
Shino se acuclilló junto a Naruto, y le puso las manos en los hombros.
"Uzumaki Naruto, escúchame bien. Si pierdes el control, el chakra del Kyubi saldrá de ti, y harás daño a tus amigos. ¿Lo entiendes? ¿Quieres hacer daño a tus amigos? ¿A la aldea? ¡Contéstame!"
Le sacudió de los hombros hasta que el otro levantó la cabeza.
Shino clavó su dedo índice en el protector de Naruto.
"¿Significa esto algo para ti, Naruto? Porque para mí sí. Para mí significa que tenemos muchas más cosas a nuestras espaldas que nuestras emociones. ¿Lo entiendes? ¿LO ENTIENDES? Si quieres mandarlo todo a la mierda, y dejar de ser un ninja, entonces quítatelo. Pero si no lo haces, si quieres seguir siendo un ninja de Konoha, entonces mueve el culo y actúa como tal. Joder."
Quizá por haber sido convencido, quizá por la impresión de ver a Shino hablar con algo parecido a la emoción, los ojos de Naruto dejaron de ser rojos y volvieron al azul normal.
"Sí…", murmuró. "Lo siento."
Y se puso de pie, listo para seguir luchando.
Un buen rato después, ya habían limpiado casi todo el piso de enemigos. No fue tarea fácil: cada vez se encontraban más y más, hasta que quedó claro que estaban llegando refuerzos por las ventanas. Los minutos pasaron como si fueran eternos, y poco a poco, se fueron llenando de heridas. Algunos de los enemigos eran más fuertes que ellos, y ellos lo notaban, y entonces les atacaban a la vez, todos juntos, con la esperanza de pillarlos por sorpresa. A veces funcionaba; otras, les otorgaba un respiro. En esa situación, ganar unos segundos de tiempo extra era como subir al Cielo.
En cuatro ocasiones, tanto Naruto como Gaara tuvieron que usar el chakra de sus Bestias. Ni siquiera Shino les podía culpar: de no haberlo hecho, habrían muerto.
Pero sus amigos estaban muy inestables, y los insectos ya no podían controlarlos bien.
«¿Dónde coño estás, Torune?», pensó.
Habían vuelto al pasillo donde le dejaron, pero estaba desierto. No entendían nada. Le buscaron por las aulas y por todas partes; incluso volvieron al lugar donde habían hecho el examen. Allí encontraron a tres enemigos realmente fuertes, que casi acaban con ellos.
Pero entonces Gaara empezó a transformarse.
"¡MUERE!", gritó, y con un movimiento rapidísimo, empaló al que tenía más cerca con una estaca de arena. Los otros dos, que parecían horrorizados, cargaron contra él, pero Shino —que estaba tirado en el suelo, con las gafas rotas— le metió un montón de insectos por la boca y los oídos y la nariz, y luego le metió más y más y más hasta que estuvo muerto.
Sólo quedaba uno. Naruto le lanzó un puñetazo, pero lo esquivó, y le propinó tal patada en las costillas que le hizo gritar de dolor.
Naruto no retrocedió. Le cogió de la pierna, y tirando de ella, le tiró contra la pizarra, destrozándola.
En el mismo movimiento, creó dos clones, y ambos movieron sus manos rápidamente para formar un rasengan que sostenía con ambas manos. Tenía intenciones de matarlo de un golpe.
Gaara fue más rápido que él. Tenía un brazo convertido en una masa amarilla y monstruosa, y la estrelló contra la cabeza del otro ninja. El cráneo le estalló como un melón.
La sangre manchó su arena, y era algo maravilloso.
El Shukaku gritaba dentro de él, y le volvía loco.
Desde el suelo, Shino lanzó todo su enjambre contra Gaara, y lo rodeó, y no era suficiente, porque su compañero peleaba y se revolvía y tenía una cantidad brutal de chakra. No le podía controlar, no le podía…
Gaara cayó al suelo, casi desmayado. Su cuerpo volvía a la normalidad.
"¿Cómo…?"
Se miró las manos, y un aura roja las rodeaba completamente. Naruto, que había deshecho su rasengan, le miraba con los ojos nuevamente rojos, y las marcas de la cara convertidas en auténticos tajos. Tenía una mano sobre el hombro de Shino, y le estaba insuflando una cantidad increíble de energías.
Luego soltó la mano, y el flujo cesó.
"Shino, cuida de Gaara. Yo voy a seguir." Su voz sonaba agotada. "Necesitamos encontrar a Torune-san."
"¡No, Naruto!", le respondió su amigo. "¡Tenemos que estar juntos!"
Pero el otro ya se había ido, cerrando la puerta de un portazo. Sólo quedaba una zona del piso por comprobar. El Aburame tenía que estar ahí, a menos que hubiera cambiado de piso. Además, aunque no estuviera, podía haber mas supervivientes. Más…niños…como los de antes.
Naruto apretó los dientes y corrió con más fuerza que nunca.
El cuerpo de Iruka todavía estaba caliente.
"Oh, Dios…Oh Dios Oh Dios…"
Konohamaru no dejaba de temblar. Estaba de rodillas en el suelo, sus pantalones encharcándose de sangre. ¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Quién había hecho todo eso? Un río de lágrimas le caía de los ojos. El pequeño estaba en shock. Si bien no era la primera vez que veía un muerto —las calles quedaron llenas de ellos tras el ataque de Orochimaru—, jamás había tocado uno…jamás….había tocado…algo así...el cuerpo…de Iruka…era…
Iruka…estaba…
Se tapó las manos con la cara, y su llanto atrajo a los asesinos.
Estaban disfrazados de ninjas de la Hoja. Eran dos: ambos, delgados y atléticos, con el cabello corto. Uno lo tenía negro, y el otro, castaño. Se acercaban muy despacio a donde estaba Konohamaru. Le acechaban, observándolo todo.
Antes de seguir, te hablaré un poco de ellos. El primero, el del cabello oscuro, se llamaba Satoshi. Se trataba de un tipo amable, incluso jovial, y aparentaba diez años menos de los que tenía, que eran treinta y dos. Era una de esas personas que tienen los ojos grandes y saltones, como de rana, un efecto que se veía acentuado por el sharingan que ocupaba sus pupilas. Su compañero, que también era su mejor amigo, era algo más alto que él. Se llamaba Takeshi, y tenía la piel morena de un pescador, pues eso mismo había sido en su momento, antes de que sus numerosas deudas —pues este hombre frecuentaba los prostíbulos y demás clubes con una incomparable frecuencia— le obligaron a buscar nuevos usos a su cuchillo de destripar. No era tan fuerte como Satoshi, que al fin y al cabo era todo un Uchiha, pero era capaz de acabar con un chuunin sin mayores problemas…siempre que éste no le viera venir. Y no solían verle venir.
Ambos coincidieron en una misión hace años, y ahora trabajaban juntos siempre que podían. En esta ocasión, el contrato vino desde una importante mafia local, y la paga prometía ser maravillosa. Los dos se frotaban las manos pensando en ella, y en lo que podrían comprar con tanto dinero…
Y entonces, le vieron. ¡Era Konohamaru Sarutobi! Por supuesto que le reconocieron de inmediato. El nieto del Tercer Hokage estaba en todos los libros de bingo del bajo mundo, y no había asesino que no tuviera su rostro grabado a fuego en la memoria…
El niño tenía una recompensa sobre su cabeza. Una recompensa bastante alta. Ellos casi se relamían de anticipación. Esta oportunidad…¡esta oportunidad era de oro!
Takeshi tiró de la bufanda de Konohamaru, levantándolo en el aire, y le rodeó el cuello con los brazos. El chico quedó inconsciente al cabo de unos instantes. Fácil. Demasiado fácil.
El otro asesino, Satoshi, analizaba todos sus alrededores con su sharingan, pero no había nada que captara su atención.
"Ten cuidado, Ta-chan. No te lo vayas a cargar." Takeshi se cargó el niño al hombro, y sonrió un poco. "Vale, tú lo llevas con el capitán, y yo me quedo aquí a terminar el trabajo, ¿sí?"
"Claro, Ojitos." Como a su amigo no le gustaba que le llamase así, lo hacía todo el rato. "Intenta que no te mate el Hokage."
El otro le devolvió una sonrisa nerviosa. "Para eso ya están los otros."
En esta misión, trabajaban con todo tipo de mercenarios, desde simples matones a asesinos profesionales. Un grupo en particular, compuesto de tres ninjas enmascarados, era el que se encargaría de la parte difícil del asunto: acabar con el Hokage, y con su guardia. Él no se creía que fueran a conseguirlo (si el mismísimo Orochimaru no pudo, ¿cómo iban a poder ellos?) pero eso no era asunto suyo. A él le pagaban por matar a los chuunin, y a los niños. Un trabajo mucho más sencillo.
Su siguiente frase terminó antes de tiempo:
"Yo sólo me encargo de…¡AGÁCHATE!"
Takeshi se agachó. Un kunai pasó volando por encima de su cabeza, acortándole algunos de sus pelos puntiagudos, y se clavó en la pared al fondo del pasillo. A la pared le salió una grieta. Alguien lo había tirado con mucha fuerza.
"Soltad al chico, ahora", dijo Naruto. "Y no sufriréis demasiado."
Hablaba con calma, pero había una fría rabia en su voz.
Primero les miró a ellos, y los dos se pusieron en guardia. Takeshi retrocedió hasta estar por detrás de su amigo, pues tenía una mano ocupada sosteniendo al niño. Entonces, Naruto miró hacia el cuerpo de Iruka, y los otros que poblaban el pasillo, y supo que ya no podía contenerse más.
La mano le temblaba cuando se quitó el protector, y lo dejó caer en el suelo. Lo pisó. El crujido se oyó por todo el pasillo.
Con ese mismo pisotón, el jinchuriki del Nueve Colas se lanzó contra sus enemigos.
Araña abrió la puerta del baño de golpe. No había nadie dentro.
Sus ojos volaron hasta la cisterna, que seguía haciendo ruido. Luego hasta el suelo húmedo bajo el váter. El mal olor le hizo arrugar la expresión, así que cerró la puerta.
Nada más hacerlo, su presa —¿Recuerdas a aquel genin al que Gaara atacó en el examen?— le rodeó el cuello con un brazo, y apretó. Tenía mucha más fuerza de la que debería tener un renacuajo como él.
Sin perder la calma, ella extendió el dedo índice, y clavó su uña negra en el antebrazo del chaval. Cuando la retiró, la herida goteaba un líquido también negro. Un líquido que le quemaba la piel.
"¡Joder!", exclamó el chico, pero no le soltó, sino que apretó incluso más. Luego lo hizo un poco más flojo. Al cabo de cinco o seis segundos, se cayó de culo en el suelo, completamente paralizado. Ella movió el cuello a un lado, luego al otro, haciéndolo crujir ambas veces. Entonces se dio la vuelta, su calmada expresión ahora desfigurada por la ira, y de una patada frontal, estrelló la cabeza del chico contra uno de los urinarios. El cacharro quedó destrozado, y el agua salía de las cañerías a chorros, mojándolo todo. Ella respiró despacio, y recuperó la compostura. Entonces le dedicó una dulce sonrisa.
"Lo siento, pero no me gusta que me toquen."
El chico tenía los ojos en blanco, y le sangraba la parte de atrás de la cabeza. Pero seguía vivo. Y esto sólo podemos achacárselo a la buena fortuna.
