Bueno, bueno no me crucifiquen... jaja. Se que no les agrado mucho la idea que Kagome haya perdonado a Inuyasha pero creanme que con todo lo que esta por pasar, Inuyasha y Kikyo seran clave para la supervivencia de la relacion de Kagome y Sesshomaru. (no dire mas :P). Bueno, solo les aviso que publicare los capitulos restantes los viernes de cada semana. Por como va la cosa, creo que seran unos cuatro o cinco capitulos mas. Aun estoy decidiendo si hacer un epilogo o no. En fin. Muchisimas gracias por seguir leyendo y dejando sus comentarios. Besos!

CAPITULO 11

Sesshomaru agarro un poco más fuerte la cabrilla de su carro y arrugo el entrecejo. Tenía la boca seca y el corazón acelerado. Freno de golpe cuando vio la luz pasar de amarillo a rojo y se pasó las manos por el cabello con fastidio. No entendía porque Kagome se había ido así. No entendía porque ni siquiera lo miro a la cara cuando se despidió. Pero si sabía que había causado el comportamiento de la joven. Vio la luz cambiar a verde y acelero lo más fuerte que pudo haciendo un fuerte chillido con sus llantas cuando estas quemaron el pavimento. Necesitaba encontrar a Kagome para hablar con ella, pero un miedo que le nacía en el pecho le decía que eso no iba a pasar.

-.-

Sintió su teléfono vibrar por décima vez y prefirió ignorarlo. No tenía ganas de hablar con nadie, y mucho menos con Sesshomaru después de la horrible conversación con Inutaisho. Se miró las manos que no le dejaban de temblar y dio un suspiro. Maldito viejo.

Siempre había algo que le dañara su posibilidad de ser feliz con el hombre que amaba. Levanto su mirada del suelo y un brillo lagrimoso le cruzo los ojos. Maldito viejo.

Pateo la caja que tenía cerca de sus pies en un ataque de desesperación y enojo y se dio la vuelta apoyando los brazos en su cama. Grito. Lloro. Grito un poco más. Y siguió llorando. ¿Por qué tenía que pasarle esto a ella? Deseo nunca haber conocido a la familia Taisho, deseo nunca haberse topado con Inuyasha y mucho menos con el maldito viejo.

Agarro las sabanas de su cama y las llevo a su cara y grito tan fuerte como pudo. Fue un grito desgarrador, porque así se sintió. Sentía que se le desgarraba el alma. Se quería morir. Volvió a gritar y se ahogó en su propio llanto de desesperación. Quería estar con Sesshomaru. Necesitaba estar con él, pero ahora le sería imposible.

Entro de manera silenciosa al cuarto en donde se encontraba Inutaisho dormido. El sonido del monitor del corazón era un poco ensordecedor. No sabía si era ella o algo más, pero había un eco espantoso en ese cuarto. Agarro fuertemente la tira del bolsito que colgaba de su hombro izquierdo y se movió un poco el flequillo de su frente hacia la derecha dejando ver su agotado rostro. No había dormido nada.

Había recibido un llamado de Sesshomaru en la madrugada. Según el padre había despertado, pero solo repetía el nombre de Kagome. Parecía estar delirando. Entre la máscara de oxígeno y el sonido de la bomba de aire, el doctor había escuchado que Inutaisho deseaba ver a la joven Kagome. Sesshomaru pensó que era absurdo traerla al hospital a que lidiara con su padre, pero al ver como se alteró su padre cuando le dijeron que Kagome no podía ir, hizo que la llamara muy temprano esa mañana. Condenado viejo.

Si- le había dicho ella – estaré allá en una hora

Por favor – dijo Sesshomaru – solo es para que te vea, no tienen que hablar.

No te preocupes amor – el aseguro ella – solo me sentare a su lado.

Claro. Sentarse a su lado y esperar a que pasaran los minutos en aquel cuarto que la estaba asfixiando. Odiaba los hospitales, el ultimo recuerdo que tenia de sus padres, eran en un hospital después de aquel horrible accidente en donde fallecieron.

Se acomodó en el sofá donde había dormido Sesshomaru unas horas atrás. Respiro profundo y pudo oler levemente la fragancia de la colonia de Sesshomaru y esto la hizo sonreír. -te…- la voz carrasposa y cansada de Inutaisho la sacó de sus pensamientos y la hizo ponerse de pie de un golpe.

Inutaisho – le dijo ella casi susurrando. Dio un paso hacia adelante y se detuvo cuando vio el leve movimiento en la mano del viejo.

Te… - al parecer no podía articular más palabra que esa. Vio como cerro los ojos muy despacio y volvió a quedarse dormido. Suspiro y ella se volvió a sentar en el sofá. Al parecer ese sería un largo día.

Pasaron varios días en el hospital. Ella le dijo a Sesshomaru que no se preocupara de nada más que su padre, ella se podía hacer cargo de la empresa. Le daba un poco de lastima ver a Sesshomaru en ese estado. Solo salía del hospital para darse un baño y regresaba lo más pronto posible. Inuyasha había intentado quedarse un par de veces, pero muy dentro de si Sesshomaru se culpaba por lo ocurrido y creía que lo mejor sería que él estuviera ahí.

Siempre que salía hacia el hospital se aseguraba de llevarle una buena cena y ropa cómoda para dormir. Le ponía los nervios de punta pensar que Inutaisho no saldría de ese hospital… al menos no vivo.

Sango la había llamado esa tarde para decirle que su padre había despertado y estaba hablando. Sesshomaru le había pedido que la llamara porque una vez más, Inutaisho solo repetía el nombre de Kagome. Y muy dentro de ella, se arrepintió tanto de haber ido al hospital esa noche.

Esta muy tranquilo ahora – dijo Sesshomaru tomándola de las manos para darle un beso – cuando la enfermera salga de chequearlo puedes entrar. – ella asintió levemente con su cabeza. –

No… ¿no se alteró cuando te vio? - le pregunto mirándolo fijamente

No – dijo el sonriendo – de hecho, sonrió al verme y hablo un poco conmigo – eso le dio un poco de calma. Quizás, no recordaba lo ocurrido o había aceptado la relación de Sesshomaru con ella. Pero eso era pedir demasiado.

Cuando la enferma salió, se acercó para indicarle que solo podía estar adentro veinte minutos. Inutaisho debía descansar y con el progreso que había tenido era mejor no jugar con su suerte. Ella asintió con la cabeza y entro.

El cuarto estaba oscuro, muy oscuro para su gusto. La figura de Inutaisho ya hacia recostada sobre unas almohadas mirando hacia la ventana. Y de nuevo el sonido del monitor del corazón la estaba dejando sorda.

Señor – dijo ella haciendo una leve reverencia y el giro su cabeza lentamente para mirarla. Lo que Kagome sintió cuando Inutaisho poso sus ojos sobre ella, no fue alivio. Ni paz. Ni tranquilidad. Fue miedo.

Nunca la habían mirado así. Nunca de la forma en como la miraba ese hombre. Directamente, con una mirada tan fría que le hizo erizar la piel en un instante. Sin una pizca de emoción en su rostro y la voz… la hizo dar un brinco – acércate – le ordeno

Kagome dio dos pasos y no camino más. Inutaisho sabía que sería inútil pedirle que se acercara más a la cama y con toda sinceridad no la quería muy cerca.

La repudiaba. La detestaba. Y la quería fuera de su vida. Kagome Higurashi era el recuerdo ambulante de Zaito Higurashi y la odiaba tanto como a él.

¿Cómo… como se siente? – le pregunto intentando romper la tensión entre ellos.

No te interesa- le contesto aun mirándola de la misma forma – solo te llame – hizo una pausa y se posó una mano en el pecho con una mueca de dolor en el rostro. – necesito dejarte algo claro – prosiguió después de unos segundos.

Inutaisho, yo –

Creo que tu padre nunca te enseño a respetar a tus mayores. – dijo el – aparte de descarada, irrespetuosa. – y con eso la dejo muda.

No te llame para escucharte – dijo el acomodándose en las almohadas – te llame para decirte ciertas cosas importantes sobre tu familia y la mía. – sonrió. De la manera más malévola posible y Kagome sintió su corazón latir alocadamente.

Te voy a contar una pequeña historia y esto te explicara por qué tu padre era como era. – aparto su mirada de ella y la dejo perderse en un punto fijo de la pared que tenía enfrente.

Cuando yo era muy joven, estaba enamorado de la hija del mejor abogado en la ciudad de Kioto. Obviamente, ella vivía rodeada de sirvientes y solo la podía ver cuando asistíamos a las fiestas organizadas por su familia a final de año o en algún evento de la comunidad, pero a pesar del poco contacto que teníamos, no se podía negar que yo a ella también le gustaba – tosió un poco – y estaba decidido a que me casaría con ella y la haría la mujer más feliz del mundo. Pero como todo en la vida no puede ser color de rosas, mi destino se encargó de hacerme muy exitoso en los negocios, pero no en el amor. – arrugo el entrecejo

Para mi desgracia, los padres de aquella joven eran un poco anticuados. Aun creían en los matrimonios arreglados para el beneficio común de las dos familias, sin importarles los sentimientos de sus hijos. Primero eran los negocios… el amor vendría después… - sonrió – y si no venía, pues no había nada que hacer al respecto. Era más importante un apellido que estar con la mujer que amabas.

Un día – hizo una pausa y la miro fijamente – después de poco tiempo de ella haberse casado con aquel hombre, la volví a ver. La vi en el templo de cerezos. Sola y llorando. – aclaro su garganta y Kagome se dio cuenta que aquel recuerdo le causaba nostalgia – estaba apoyada sobre la pared del templo mirando cómo se mecían las ramas del árbol de cerezos. Y a pesar de todo, se veía hermosa.

Claramente cuando me acerque a ella, intento inútilmente secarse las lágrimas y arreglar su postura. Y me causo un poco de gracia ver el asombro en su rostro cuando se dio cuenta que era yo… que después de tanto tiempo, yo la seguía reconociendo. – sonrió – me conto un poco de su vida, de su matrimonio y sus planes ahora que había regresado a Japón. Y yo obviamente le conté de la mía y de cómo intente recoger las migas de corazón que dejo cuando se fue con aquel hombre. Simplemente porque la cuenta bancaria de su familia era más grande que la de la mía. – soltó un suspiro.

Kagome no sabía a donde iba ese hombre con la historia, pero prefirió no interrumpirlo.

Decirte que llegamos al punto en donde nos era casi imposible no tocarnos es poco. El amor, la pasión, el deseo de tocarnos, de amarnos era palpable. – se rio un poco – y vaya que ella si sabía cómo hacer el amor.

Inu- intento decir Kagome. El simplemente la ignoro

Obviamente, después de hacerla mía, el remordimiento me carcomía cuando regresaba a casa y veía a mi esposa sentada en el jardín con el mayor de mis hijos en brazos. Sesshomaru era apenas un bebe y yo ya le había sido infiel a su madre incontable veces. – pauso – pero no me importaba, porque al final podía estar con la mujer que quería.

Una noche, después de un largo viaje de negocios, recibí una llamada de ella. Se encontraba en el hospital. Cuando me conto que estaba embarazada sentí que mi mundo dio un vuelco total. Pero la alegría se fue a los pocos meses, cuando me confirmaron que él bebe que ella esperaba no era mío, si no de su esposo. – apretó las sabanas con fuerzas- y es que era obvio, que ella debía cumplirle como mujer en su cama y solo pensar que el la tocaba en los mismos lugares que yo y de manera tan íntima me hacía hervir la sangre.

Inutaisho – lo interrumpió Kagome – si con esto me quiere decir que tengo que olvidar a Sesshomaru

No seas tonta – dijo el – escucha bien esta historia. Después de esto, serás tú sola la que decida dejar a Sesshomaru.

Pero –

Esa noche cuando llegue a casa, decepcionado y tomado. Me desquite todo lo que sentía con mi esposa. Pero más que hacer el amor, fue simplemente buscar placer para mí solo, la tomé de la forma más primitiva que pude, siempre con el rostro de ella en mi mente, cada gemido me recordaba a ella, cada grito, era como escucharla a ella. Y cada lagrima fue como una cachetada. Y unos meses después, me entere que sería padre de nuevo, Inuyasha fue concebido esa noche en la que abuse de su madre.

Kagome apretó sus puños, ese hombre era repugnante y más aún verlo sonreír ante ese recuerdo. Le causaba nauseas.

Sé que pensaras que soy un cerdo. – dijo mirándola – pero, tú no eres precisamente el fruto del amor entre tus padres. Tu padre era conocido por ser una persona fría, impecable, despiadado. Manejaba sus negocios con mano de acero al igual que a tu madre.

¡No se atreva a ensuciar la memoria de mi padre! – lo amenazo Kagome sintiendo la furia crecerle por dentro. Su pobre corazón ya no podía latir más rápido o estallaría

Típica Higurashi – dijo mofándose de ella. – intentando compensar a mi querida esposa por ser un animal con ella y aun enojado por aquel bebe que nacería del vientre de mi amante, decidí alejarme de ella y concentrarme en mi familia. Fue difícil, demasiado. Porque era una adicción, la necesitaba cerca, necesitaba tocarla, acariciarla, escucharla. Y así pasaron los años… diez años para ser precisos. Y en tanto tiempo, a pesar de aparentar tener un matrimonio perfecto, dos hijas y un esposo exitoso, ella me volvió a buscar.

Nuestro romance fue algo atrevido y debo aceptar que debimos ser más cuidadosos. Estábamos tan perdidos en el éxtasis que sentíamos al estar juntos que no nos dimos cuenta que alguien nos estaba siguiendo. Entonces, una noche antes del cumpleaños de su hija mayor, la bomba explotó.

Me desperté en una carretera a las afueras de Hiroshima, golpeado y con un revolver en mi cabeza. Y ella estaba en condiciones iguales o peores a la mía. Aun puedo escuchar el sonido de la mano de su esposo cuando le pegaba. Pero lo que más me dolió fue ver como abuso de ella delante de mí y yo simplemente no pude hacer nada para defenderla. – los latidos del corazón en el monitor se aceleraron un poco.

Recuerdo que cuando acabo de torturarla, vino a mí y me agarro de la cara para que la mirara fijamente y nunca voy a olvidar lo que me dijo al oído. – Kagome espero aquella frase que le había marcado la existencia a Inutaisho… pero nunca llego.

Quería partirle la cara a golpes, matarlo con mis propias manos y tomarla a ella e irme lejos de ahí. Donde nadie nos encontrara – dijo el viejo – pero el juro matarnos si se nos ocurría escapar juntos. Ella estaba ligada por cadenas irrompibles y yo… yo fui un cobarde que se dejó intimidar por él.

Y desde entonces fue cuando la pobre Kikyo empezó a sufrir las consecuencias del amor que hubo entre tu madre y yo, Kagome – fue como si un petardo hubiera estallado en su cabeza. Dejo de respirar y su pobre corazón exploto. No sabía que pensar. El, sabía quién era Kikyo. El, sabía que eran hermanas. Y el… esa historia, él decía que su madre le había sido infiel a su padre con él.

Miente – susurro aun con los ojos abiertos de par en par. Con las lágrimas aglomerándose en el borde de su parpado inferior y con un ardor en los ojos como si alguien se los estuviera quemando con una antorcha. – miente.

Lo escucho reír de manera estruendosa. Se le podía notar la felicidad en el rostro al ver como esa noticia la estaba afectando. – viejo, pero no tonto – dijo el – yo sabía desde un principio que Kikyo y tu eran hermanas y es que el tonto de tu padre, cegado por la rabia que sentía por tu madre, pensó que Kikyo no era hija de él. La aparto de los Higurashi, le arrebato lo que le correspondía por derecho pensando que Kikyo había sido fruto de los encuentros entre tu madre y yo. Y era entendible, pero a pesar de todo… tu padre fue un tonto.

Eso no es verdad- le dijo Kagome casi sin voz. – si todo lo que dice es cierto es imposible que mi padre haya estado de acuerdo con mi matrimonio con Inuyasha. La unión de los imperios. Miente. – en las etapas de dolor, la negación siempre es el primer paso.

Cuando Kikyo regreso a Tokio, yo sabía a donde iban los planes de tu padre al dejarla entrar a trabajar para mí. Era obvio que tu padre necesitaba a algo para romper el compromiso entre Inuyasha y tú. Siempre fuiste muy tonta y despistada para darte cuenta de la manera en que tu padre se comportaba cuando yo estaba presente. – carraspeo – tu padre empujo a tu propia hermana a los brazos de Inuyasha para que así el fuera infiel. Y a decir verdad lo pensó bastante bien… no me enorgullece decirlo, pero la infidelidad viene con el apellido Taisho.

Se encargó de arreglar los encuentros entre ellos y pensó que yo no me opondría a esos encuentros… él pensaba que pondría el grito en el cielo al ver como mi propia hija se revolcaba con mi hijo. Tonto, tonto, y mil veces tonto.

Pa… pá – tartamudeo Kagome mientras se llevaba las manos a la boca y las lágrimas caían de sus ojos.

Déjame te explico – el viejo dejo descansar su cabeza sobre la almohada. – sí, admito que tome un golpe muy fuerte con el rompimiento del compromiso y el escándalo que envolvió a mi familia. Pero la satisfacción de ver como Zaito destruyo la felicidad de su más adorada hija, lo compenso todo.

Esa noche, cuando te desmayaste después de enterarte de la infidelidad de Inuyasha. Hice un brindis en soledad y fui feliz. Realmente feliz.

Inutaisho no lo había notado, pero Kagome ya hacía a su lado. Temblando, llorando y a punto de perder la cordura. Y sentir la bofetada que le proporciono la joven en su mejilla derecha fue lo menos que espero. ¿se la merecía? Quizás. Pero como ya lo había dicho. Esa Higurashi no se mezclaría con su familia nunca más.

Está loco – dijo ella – loco.

Kagome se ahogó un poco en el llanto y el nudo en la garganta le dio ganas de toser. – no se atreva a intentar manchar el nombre de mi padre con sus historias, mucho menos el de mi mama. – nunca en su corta vida sintió ganas de acabar con la vida de alguien. Nunca había sentido tanto odio y repulsión hacia una persona como ahora lo estaba sintiendo con Inutaisho y por primera en toda su vida, rezo para que ese hombre no saliera vivo de ahí.

Me creas o no, es lo que paso. Y te pudo jurar por la memoria de mi amada Tomoyo, que, si tú no te marchas de la vida de Sesshomaru, le hare saber al mundo entero la clase de hombre que era tu padre y la verdad del matrimonio Higurashi.

¡Cállese! - le grito - ¡Cállese! Enfermo, degenerado. – podía sentir el ataque de pánico apoderarse de su cuerpo. – demente.

Puedes llamarme los nombres que quieras. – dijo – cuando me enteré que regresarías a Japón, decidí mover mis fichas un poco. Te permití acercarte lo suficiente como para saber que esta noticia te afectaría en grandes proporciones. Necesitaba causarte la mayor cantidad de daño posible. –

Bankotsu fue útil hasta cierto punto para asegurarme que no tendrías ganas de regresar a Japón. – sonrió – buen muchacho, aunque un poco lento. El muy idiota te dejaba ir sola a los eventos de negocios en donde obviamente te encontrabas con Sesshomaru.

Debo admitir que no pensé que este se enamoraría de ti. Debí prestar más atención. Estaba tan decidido a no dejar que Inuyasha te encontrara que se me olvido hacerme cargo de Sesshomaru. Si Bankotsu hubiera hecho lo que le pague para hacer, ahora mismo no estaríamos aquí.

¿Bankotsu? – susurro

Primero muerto antes de que permita que Sesshomaru este contigo. – suspiro agotado – prefiero verlo vivir miserablemente al lado de otra mujer que no ame que contigo. Te voy a enseñar que es no poder estar con la persona que amas. Tu no serás feliz con Sesshomaru, así como yo no lo pude ser con Tomoyo.

Escucho como la joven salió del cuarto cerrando la puerta fuertemente y sonrió. Aun podía sentir el calor que dejo el golpe en su mejilla. Esperaba que eso hiciera que Kagome se largara de Japón de una vez por todas, pero por las dudas, tenía una llamada que hacer. Pero no ahora. Ahora solo quería descansar.

Se fue del hospital como si hubiera visto al mismo demonio. No miro a Sesshomaru a los ojos cuando salió y tampoco se despidió como debía. Ella sabía que él se daría cuenta que algo malo había pasado, pero no tenía como contarle todo lo que su padre le había dicho.

Se sentía manchada, sucia y no entendía por qué. La historia que le conto Inutaisho era como una grabación que se repetía en su cabeza infinidad de veces y entre más la escuchaba más la empezaba a creer. Ahora entendía por qué su padre siempre hizo a Kikyo a un lado. Y por qué las cosas en su familia cambiaron tan drásticamente cuando ella era más pequeña.

Los largos viajes de negocios en donde su padre la llevaba a ella, eran el resultado de no querer estar con su madre. La falta de cariño, la frialdad al estar juntos. – papá – susurro Kagome, llorando un poco más fuerte.

¿Cómo podía Inutaisho estar orgulloso de lo que había hecho? Era tanto el odio que sentía por ella y su padre que no le importo usar a sus hijos para herirla. Sesshomaru, el que menos tenía que ver con todo este asunto, estaba siendo afectado de la manera más despiadada… y ella. Ella había sido una cobarde que no pudo mirarlo a la cara y salió corriendo… una vez más.

No había forma de volver a estar con Sesshomaru después de la confesión de Inutaisho. No podía estar con el hijo del hombre que acabo con la felicidad de su familia. ¿Cómo le contaría a Sesshomaru todo lo que paso? ¿Cómo le diría que, por muchos años, Kikyo y ella escondieron su relación de sangre? ¿Cómo podría Sesshomaru confiar en ella? Era su palabra contra la de su padre.

Se apartó los cabellos de su húmeda frente. Tenía la cara bañada en lágrimas y la frente perlada en sudor. Miro al suelo con los ojos hinchados de tanto llorar y vio una foto de su difunta madre en el suelo. Sonriendo. Con su cabello recogido en un lazo abultado y unos cuantos flequillos juguetones reposaban sobre los lados de su rostro. Era hermosa, de piel pálida y labios rosados. Un dolor a los lados de su cabeza la hizo apretar los labios en enojo y rompió la foto de su madre. ¿Cómo había podido fijarse en un hombre como Inutaisho? ¿Cómo había podido engañar a su padre?

Escucho el teléfono de su casa sonar y supuso que sería Ayame intentado localizarla. No tenía ánimos de hablar con nadie y menos escucharle lo gritos. Se levantó del suelo con pesadez y miro su demacrado reflejo en el espejo frente a ella. Los cabellos revueltos, la cara roja e hinchada, los labios abultados. Se veía más delgada y más pálida de lo que se recordaba. Las ojeras le agregaban un toque depresivo a su rostro y el ardor en la garganta de tanto gritar no la dejaba hablar.

Decidió darse un baño, quizás el agua se llevaría con ella las penas que se posaban sobre sus hombros y su cabeza como una nube de lluvia. Dejo que el vapor del agua caliente le abriera los poros y dejara su piel respirar un poco. Apoyo sus manos en la pared de la ducha bajando un poco la cabeza y dejo que el agua cayera sobre sus cabellos y que estos cayeran a los lados de sus mejillas. Y empezó a llorar de nuevo. Necesitaba sacarse tanto dolor de adentro. Se agarró la cabeza en desesperación y en un ataque de locura no supo más que hacer que lastimarse a sí misma. Su rostro, su cuello, su pecho y brazos. Todos marcados por finas líneas rojas producto de sus rasguños, golpeo su cabeza con la pared, el dolor que le producía lastimar su cuerpo no podía compararse con el que sentía en su corazón. Se volvió a golpear. Y una vez más, hasta que pudo ver una gota de sangre caer sobre sus pies y disolverse en el agua. Se llevó las manos a la frente y se las miro cubiertas de sangre. Se dejó caer sobre la pared y se deslizo pesadamente por está quedando sentada en el suelo. Un soplido de viento helado le erizó la piel y entre murmullos y tartamudeos mezclados con lágrimas y dolor su vista se empezó a nublar y ella se dejó llevar por la oscuridad. Y así estuvo en la soledad de su baño, un largo tiempo.