Hola ¡hola mis queridas seguidoras! Otro capi de la historia, espero lo disfruten.

Gracias a todo mundo que lee, a mis lectoras frecuentes y a los anónimos ¡muchas gracias por su apoyo!

Vamos poco a poco, sin prisa pero sin pausa, tranquilas, tranquilas, no las dejaré guindando.

¡Déjenme saber su parecer! ¡Con un fantástico REVIEW!

Sailor moon, es propiedad de Naoko Takeuchi, yo solo, les regalo historias del mejor príncipe de todos.

Superioridad vs amabilidad.

La reina miraba a su hijo, golpeado por su hermano mayor, hizo un gesto de disgusto, el príncipe Archimedes subió la cabeza.

-así que tu hermano ha vuelto a golpearte. El asintió al comentario de su madre –seguro se iba a acostar con la resbalosa de Serena, si el se lo pidiera, ella se abriría como una flor para el. La reina asintió –me parece detectar que tu querido hermano está enamorado de su mucama. Archimedes rió.

-eso es imposible mamá- dijo –eso de verdad es imposible. La reina negó –ya van 2 veces que la ha defendido y tu dices que la mira demasiado, mas que a las demás y de una manera distinta, pero en fin, ya lo pondremos a prueba, llama a Sims querido hijo. El príncipe asintió y llamó al mayordomo, el cual, al entrar miró a la reina dubitativo.

- ¿llamó usted majestad? Preguntó el hombre mayor –si, Sims te he llamado. Dijo la reina, el hizo una venia - ¿en que puedo servirle yo majestad? Preguntó el hombre confundido.

-quiero que cambies a las mucamas de mi hijo por las del heredero a la corona. Dijo la reina, el mayordomo clacó los ojos en los de ella –discúlpeme majestad, pero esa es una petición que no puedo secundar, las mucamas son aplicadas para cada príncipe y así, se deben quedar. La reina rió.

-tu solo eres un empleado campesino y si, estudiaste doméstica, servicios y protocolo, pero eso simplemente es una linda manera de llamarte a ti y a todos sirvientes con educación, yo soy la reina y a mi, no se me cuestiona, desde mañana comenzarán las mucamas del heredero a la corona como las de mi hijo. El mayordomo se alzó altivo.

-su hijo nunca herederá, para eso, debe matar a 3 almas primero y a diferencia de mi, que fui educado y pude haber nacido en un campo como usted sugiere, despreciando a los que llevan comida a sus labios de zorra, yo no soy como usted, que se aprovechó del despecho de un hombre torturado por la pena para metérsele por los ojos como la ramera que es, tan vulgar y desgraciada majestad, que hasta el título le queda grande. La reina Lizzy se incorporó de su trono.

-maldito viejo, maldito seas Sims, haz lo que te digo ¡o mañana mismo serás despedido! Vociferó la soberana enfurecida, el mayordomo rió.

-si usted me despide, se le cae el castillo majestad, ya que, yo soy el que sabe como funciona todo, el que sabe los horarios de todo el mundo y el que da las directivas para que todos trabajen y el que se ocupa de que el personal que ha contratado solo por recomendación de sus amistades de su natal Wailat, no se muestren ante usted como la tropa de haraganes que son ¿Qué otro mayordomo puede conseguir eso? Creo que muy pocos, así que: si usted me despide, se pone la soga al cuello solita majestad, he recibido en los últimos 21 años, no menos de 23 propuestas de trabajo en palacios o mansiones de otros nobles o pudientes, pero me he negado. La reina Lizzy rió.

-te has negado porque te interesan los mocosos de la fallecida pobretona de Cristal. El mayordomo asintió –sea por la razón que fuere, me he negado y eso es lo que le basta señora, adelante, despídame, o es mas, si lo desea puntualmente presentaré mi dimisión inmediata. Sims sacó una carta escrita de su puño y letra donde solo agregó la fecha del día en el que estaban, la reina palideció inmediatamente, ese hombre no se iba con juegos era todo a ganar cuando actuaba.

-bien, no te despediré porque soy noble. Dijo la reina, Sims rió - ¿es noble? O ¿está asustada? Preguntó el, la soberana se quedó callada –sus órdenes se harán majestad, pero como arrimada, no creo que su mandato implique mucho en las decisiones cuando le comente a su Alteza. La reina miró a Sims profundamente disgustada, el sonrió y haciendo una reverencia burlona, se fue del salón.

Llegó al despacho de Diamante, donde este, terminaba con unos asuntos contento.

-hola Sims, que bueno verte, no me sirvas a mi, voy a ir a almorzar con Galaxy y pasar con ella la tarde, le dices a las chicas que quedan con la tarde libre. El mayordomo lo miró con tristeza, el joven dejó de sonreír.

- ¿Qué pasa? Preguntó –Alteza, la zorra de su madrastra me exigió que cambiara a las mucamas. Diamante se quedó boquiabierto - ¿Qué cambies? ¿Que cambies a Háruka y Serena? ¿A donde? Preguntó el joven, el mayor, se dio cuenta de que al mencionar el nombre de la rubia y alegre Serena, su voz tembló un ápice.

-a encargarse de la atención del príncipe Archimedes. Diamante se quedó inexpresivo, que le quitaran a Serena, a su Serena, prefería vender su colección de vinos.

-que Nix entierre en la obscuridad y la maldad eterna a la perra de mi madrastra y a su hijo, el bastardo. Sims sonrió con pena.

-eso mismo pensé yo Alteza. Diamante asintió - ¿desde cuando comienza la substitución? Preguntó –desde mañana. Respondió Sims.

-bien, yo, yo iré a decirles. Dijo Diamante de repente –telefonea a Galaxy Sims, dile, que, que voy a llegar tarde. El mayordomo asintió y se retiró del salón.

Diamante llegó al jardín, donde Serena, Háruka, Adrián y Anette tomaban un almuerzo en una de las mesas dispuestas para tal fin, se sentó sin decir nada y concentró sus ojos en Serena, desde lo que había pasado la noche anterior, ella se había mantenido distante con el, solo le hablaba cuando debía, ni siquiera le sonreía y eso para Diamante, eran dagas al corazón.

¿Qué pasa Diamante? Preguntó Háruka –por órdenes de la zorra de mi madrastra, ustedes comenzaran a trabajar para mi bastardo hermanastro a partir de mañana. Serena palideció cuando el terminó de decir esas noticias espantosas, ella lo miró.

- ¿Por qué la reina nos hace esto? Preguntó –porque no tiene nada mejor que hacer y el lecho de mi padre ya le debe parecer insuficiente. Anette miró a Diamante con reproche, pero este la ignoró.

- ¿Cuánto tiempo las chicas durarán con la bestia de tu hermano? Preguntó Adrián –no lo se, el tiempo en que me tarde en idear algo tan malo para que me las regrese. Háruka asintió –puedo ayudar, he sido muy busca pleitos cuando debo. Diamante le sonrió.

-agradezco tu intención Háruka, seguro algo podemos hacer. Ella asintió.

-bueno, yo los dejo, voy a ir a ver a una amiga, recuerden que tienen su tarde libre y se aplicará esto a partir de mañana. Las 2 muchachas asintieron y Diamante callado y pensativo se retiró del jardín.

Serena se sentó en la cama del dormitorio de su príncipe, el hecho de que la separaran de el, la alejaría de su amor para siempre, ella no quería, no quería hacerlo, separarse de el, estaba convencida de que el la amaba, sus ojos se lo gritaban pero, le daba miedo que el, fingiera y solo quisiera jugar con ella así como había jugado con tantas otras.

-Serena. Dijo Rini entrando, por el castillo, ya había corrido la noticia –sabía que te encontraría aquí. Dijo la peli rosa –vaya, me conoces bien. Dijo Serena sonriéndole, Rini asintió y sonrió.

-mi hermano te ama. Dijo por fin –no es posible Rinii, el es tan refinado, tan elegante y yo solo soy una mucama. Dijo Serena entristecida, la peli rosa negó.-aunque no lo creas, lo hace, se la pasa hablando de ti conmigo, con Zafiro y con Galaxy. Dijo Rini, Serena se molestó.

-de mi, el no tiene que hablar, y menos con esa perra consumada Rini la miró sorprendida –pe pero Serena, Galaxy es una sacerdotisa de Nix. Serena asintió.

-si, lo es, y una zorra en potencia, hay Rini, yo no le quiero servir al idiota de tu hermanastro. Rini asintió.

-lo se Serena, todo saldrá bien, no se como. Serena abrazó a su amiga –hay, yo amo a tu hermano, es tan guapo, tan dulce, tan cálido, tan amable, no quiero separarme de el, para mi, es un privilegio servirle. Black Lady sonrió.

-para el, es un privilegio tenerte acá. Serena le dio una sonrisa triste a su amiga.

-basta de tristeza, vamos de compras, yo invito. Dijo Rini poniéndose de pie, Serena sonrió con timidez.

-me da pena. Black Lady hizo un gesto despectivo –que no te de pena, el dinero, es solo eso, dinero. Dijo mientras arrastraba a su amiga hacia su dormitorio.

Unos gemidos se escuchaban en el dormitorio de Galaxy, la aludida dio un grito de especial placer al tiempo que el príncipe Diamante se elevaba con el a la gloria, al caer ambos acostados, el le besó la frente.

-Díam, cada día eres mejor que la vez anterior. El sonrió –solo es porque he tenido práctica. Dijo, ella asintió y lo besó.

-sabes que no deberíamos seguir con esto y mas, si tu princesa está en el castillo y la quieres conquistar. El le dio una sonrisa dulce y triste.

-es una niña tan dulce y especial, no me hará caso. Galaxy negó –no lo creo. Dijo –si lo hará, de hecho, ya lo hace solo es que, ella quiere que seas quien realmente eres y no, esta faceta de niño malo. Diamante le sonrió.

-lo se, pero por ahora, me lo tomaré con calma, una semana mas y sabré como acercarme, en ese momento, dejaremos de ser amantes. Ella asintió y sonrió.

-eso me parece bien. El asintió al comentario de su amiga - ¿te dije que el bastardo me quitó a mis mucamas? Preguntó besándola, Galaxy negó.

-siempre ha querido quitarte todo lo que es tuyo, ten cuidado Díam, ten mucho cuidado porque a el no le temblará la mano para destruirte. El gesto del príncipe se enserió.

-si el lo intenta, yo lo mataré antes de que el me mate a mi. Galaxy sonrió –espero tengas éxito. Dijo mientras le acariciaba la espalda.

-amiga querida, tu sabes que: todo lo que quiero será mío. Ella rió y tras besarlo y abrazarlo completó su frase.

-todo mi querido amigo, pero ten cuidado, tu pasión puede no dejarte ver las cobras que hay en el nido. El asintió –que bueno que cuento con tus ojos. Dijo feliz el príncipe.

Serena y Black Lady pasaron un día grandioso de compras, fue divertido y maravilloso, en la noche, ambas llegaron cansadas y muy felices, a la mañana siguiente, Serena se dirigió como era su costumbre al dormitorio de Diamante, en la puerta, se encontró a las mucamas de Archimedes, Labia y Sabia, quienes querían ser miembros de la distinguida colección del príncipe Diamante y este, las había rechazado por tener alta reputación de regaladas, tristemente, Serena se encaminó hacia el dormitorio de Archimedes, abrió la puerta, lo miró acostado en su gran cama y lo llamó.

-despierta, ya es un nuevo día. El muchacho mugió –vamos, retrasarás todo el cronograma. Dijo Serena, el volvió a mugir, ella se enfadó –vamos truán, arriba. El miró.

- ¡que clase de descarada eres! Exclamó molesto - ¿disculpa? Mi deber es despertarte. Dijo Serena cruzada de brazos –yo soy el príncipe, siempre tengo la razón, tu eres una iletrada y maleducada por añadidura, campesina inmunda. Dijo el, Serena tuvo que morderse la lengua para no gritarle de que ella era una princesa.

- ¿Qué haces allí mirándome como idiota? Ve a prepararme mi baño, anda. Serena asintió y entró al baño.

-mira niña, no me gustan las lociones de baño, solo agua y sales marinas. Serena asintió –si. Dijo con un tono leve de obstinación.

- ¿si que? Yo no jugué metras contigo, ni tampoco jugué carritos, yo soy un príncipe. Serena terminó de preparar su baño –responde percusia ¿si que? Preguntó.

-si Alteza. Dijo Serena, el rió –eso suena mejor. Serena no dijo nada, el simplemente se acercó a su baño y cerró la puerta, ella comenzó a hacer su cama, cuando el salió, se sentó en la cama que ella acababa de tender teniendo libre la silla de una lujosa peinadora.

- ¿Dónde es mi desayuno? Preguntó –con sus padres como siempre. El negó.

-di que no iré, quiero desayunar en mi dormitorio. Serena asintió –no vayas tan lento ¿no sabes correr? Preguntó el con ira.

-si se. Dijo ella –si se ¿Qué? Preguntó el, los ojos de la rubia se aguaron pero no demostró señal de flaqueza.

-si se, Alteza. Dijo mientras salía, llegó de la cocina a los 20 minutos con el desayuno equivocado, por error, había tomado el desayuno de Diamante, tanto lo extrañaba y su desayuno consistía una parte muy importante de su rutina diaria.

-bien, excelen…serás idiota niña, este no es mi platillo, este es del maldito sucio de mi hermanastro, torpe ¡eres torpe! Gritó el encolerizado - ¡no hacía falta que hicieras eso! ¡Con dejarlo allí era suficiente! ¡Has roto la vajilla! ¡Van a amonestarme! Exclamó Serena asustada.

- ¿y a mi que me importa? Tu eres torpe, debes aprender a que ahora me sirves a mi y no a mi hermano ¿crees que el te ama? No seas torpe, ingenua, solo quiere besuquear y chupetear tu cuerpo y luego te dejará, porque tienes facciones de noble, pero en realidad, eres tan poca cosa, las cucarachas son mejores que tu, largo de mi vista, niña torpe. Serena no aguantó mas, salió del dormitorio de Archimedes llorando, en la escalera tropezó.

Diamante esa mañana, había tenido un despertar agrio porque, las 2 caras que lo miraban, no eran las de sus mucamas y amigas, para colmo, habían confundido su desayuno y el sospechando, había denegado el probar los alimentos, menos mal que lo había hecho así, un halcón negro, llamado dark que era la mascota del príncipe desde sus 17 años, el cual era un regalo de su padrino y habitualmente reposaba en una percha en el balcón, había entrado a saludar a su amo, al hacerlo había percibido el olor del desayuno y había comenzado a dar cuenta de este, cuando estertores de muerte lo asaltaron, la comida del príncipe Archimedes estaba envenenada, alguien sospechó de que el la recibiría, quien sabía, había ido a las cocinas a reclamar de una manera directa y absoluta como es su costumbre haciendo mucho énfasis en la revisión de sus comidas, regresaba a su dormitorio dispuesto a cambiarse para salir a tomar un buen desayuno, habría que investigar al personal una vez mas, cuando pensaba en estos detalles, algo lo golpeó, el solo atinó a retenerlo y cuando lo miró, la escena le partió el corazón, Serena, su Serena se hallaba llorando como una chiquilla.

-Se, Serena ¿Qué pasó? Preguntó Diamante –tu, tu her, herma, hermana, hermanas, hermanastro, me, me hu, hum, humilló. Dijo la rubia llorando desesperadamente entre sus brazos.