-¡Esperen, falta el asombroso yo!-exclamó una voz a lo lejos

-Lo que me faltaba…-maldijo el austriaco en voz baja cuando el albino ocupó su lugar detrás de él y de la húngara. Justo en ese momento se abrieron las puertas y las naciones comenzaron a desfilar al interior del gran salón con Austria y Hungría al frente, seguidos por Prusia, España y Nueva España, Holanda y Emma para cerrar con Suiza.

Las 5 banderas ondeaban a la par. Cuando las ocho personificaciones se pararon frente al trono del rey, éste se puso de pie con el pequeño Sacro Imperio en brazos.

-Viva el Sacro Imperio Romano-proclamó levantando al niño solemnemente. Se ondearon las 5 banderas que portaban las naciones.

-¡Viva el Sacro Imperio Romano!-los invitados brindaron alzando sus copas, dando por iniciada la gran fiesta.

Unos guardias se llevaron las banderas mientras los invitados comenzaban a tomar bocadillos y bebidas de las mesas mientras cotilleaban.

-Oye Austria-dijo el ojirojo con una sonrisa muy amplia- ¿Me extrañaste?

El aludido soltó un suspiro

-¿Qué no podías quedarte en las cruzadas por siempre?-preguntó molesto-o aún mejor ¿no pudiste haber muerto ahí?

-HAHAHAHAHA nada puede herir al asombroso yo-exclamó el albino tomando un panecillo de la mesa a su lado- lo que pasa es que tienes envidia ¿uh?

Entonces notó a la castaña al lado del aristócrata.

-¡¿Hungría?!-exclamó cuando la reconoció- ¡HAHAHAHAHA! ¡¿Por qué estás vestido como niña?! Te ves ridículo.

-¿Será porque es una niña?-contestó el austriaco con una sonrisa burlona

-Es una…-Prusia se quedó estupefacto ante la revelación-es una…-su mente se negaba a creerlo mientras los observaba con los ojos desorbitados como se dirigían a la pista a bailar.

-Roderich, odio estos bailes de salón-le murmuró Hungría mientras caminaba tomada de su mano- Todos nos están mirando…

-Es obvio que nos miren, nosotros abriremos el baile-dijo Austria parándose en el centro de la pista colocándose en posición- ¿Recuerdas los pasos, verdad?

-Claro que si –respondió dirigiendo sus ojos a él muy nerviosa- pero no me gusta que me miren, me ponen… nerviosa…

-No los mires a ellos-dijo el ojivioleta sonriéndole suavemente- Mírame a mí, solo a mí…

La mirada esmeralda se fundió con la mirada violeta antes de que ambos comenzaran a moverse al ritmo de la música.

Gilbert los miraba completamente atónito, todo eso no tenía sentido. ¿Cómo era que ese niño tan agresivo y molesto era en realidad una niña? Y una niña muy bonita. El albino negó con la cabeza cuando ese pensamiento asaltó su mente y separó su mirada de los dos niños que bailaban.

Sin embargo había alguien que no les quitaba la mirada de encima. Vash los observaba muy molesto, esa niña había cambiado su relación con el austriaco de manera radical, ahora ya no pasaban tantos momentos juntos porque siempre estaba con ella. Si le hubiera prestado más atención se hubiera dado cuenta que los tratos de sus superiores exasperaban al suizo y que había estado planeando una revolución para separarse del Sacro Imperio Romano.

España estaba alimentando a su pequeña colonia con un biberón mientras la pequeña Emma lo observaba embelesada.

-Eres muy bueno, Antonio…-dijo ella sonriéndole- Eres un buen padre…

-Gracias Em-dijo él sonriendo ampliamente y le acarició el cabello a la rubia- Sé que tu también serás una excelente madre…

-Si yo seré una excelente madre, debería de estar con un buen padre ¿no?-preguntó ella sonrojándose

El español la miró confundido cuando de pronto sintió un aura oscura detrás de él y todo encajó en su lugar. Antonio miró sobre su hombro para encontrarse con la mirada furiosa de Holanda. La pequeña Nueva España comenzó a llorar al sentir las malas vibras que venían del holandés.

-¡No es nada de lo que tú crees, Manfred!-exclamó el ojiverde asustado antes de comenzar a arrullar a su colonia para que ésta dejara de llorar. El rubio no dejaba de mirar al español como diciendo "te destruiré y destruiré todo lo que amas si te llegas a acercar a mi hermanita"

Conforme avanzaba la noche, todos comenzaron a bailar. Austria y Hungría salieron de la pista cuando ya había otras parejas bailando.

-¡Fue increíble, de verdad te felicito!-exclamó Roderich impresionado por lo bien que había salido el baile-El rey está impresionado. ¿Sabes lo que eso significa? Que ya no podrá hacernos nada.

-Gracias, yo lo sé-dijo ella sonriente- Soy lo mejor.

-No, no lo eres-dijo una voz fría-todo salió bien gracias a Roderich

-¿Vash, qué te sucede?-preguntó el austriaco preocupado al verlo tan frio- ¿Estás bien?

-No, no estoy bien, te había estado diciendo que tu estúpido gobierno me estaba presionando y me hacían sentir como si fuera su marioneta-le espetó furioso- Pero claro, como preferiste quedarte con esa niña, nunca hiciste caso a mis advertencias.

-Yo… lo siento… -respondió avergonzado- es que el rey…

-¡Excusas!-exclamó Suiza apretando los puños- Parece que nuestra amistad ya no te importa… yo que tanto te defendí y te ayudé

-¡Si me importa nuestra amistad!-exclamó el austriaco al borde de las lágrimas- Hemos estado juntos desde que tengo memoria

La preferiste a ella…-sentenció Vash fríamente- pues bien, desde este momento ya no soy parte del Sacro Imperio…

-¡Pero no puedes!-exclamó el ojivioleta

-Sólo mírame…-lo retó antes de dar media vuelta y caminar a la salida

Austria lo vio marchar y no dudó en ir tras él pero sus suplicas no sirvieron, sus explicaciones tampoco. El suizo ya no lo escuchaba, había tomado una decisión y la cumpliría a pesar de que eso le destruyera el corazón.

La amistad que había unido a ambas naciones durante tantos siglos, se rompió para siempre.

Pronto los periódicos alrededor del mundo daban la noticia. Suiza se había separado del Sacro Imperio Romano. Los Habsburgo estaban atónitos por la revolución tan inesperada.

Y esa noche llovió como nunca antes en Viena.

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