A pesar de la Muerte
Resumen: Volteó a mirarme con la duda en su rostro—¡Entonces más te vale que te vayas preparando, porque cuando cumpla los veinte seré Sakura Uchiha! ¡¿Oíste?! ¡Así que no engañes a tu futura esposa mientras crece, Sasuke-kun! AU
Pareja: Sakura Haruno-Sasuke Uchiha
Género: Romance, Fantasía, Amistad, Drama, Sobrenatural.
Disclamer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.
Three-shot: Arisa y Sakura
Capítulo Dos: Sakura, parte I
Escrito por: Amaya-chan.
La vida es irónica.
La monotonía de la ciudad era algo que no pude aguantar cuando Naruto tuvo que irse a Estados Unidos junto con su ex-tutor Iruka Umino. Por eso, un buen día empaqué mis cosas, presenté la renuncia en la empresa Uchiha y decidí irme lejos.
Pero mi plan de marcharme sin que nadie me detuviese fue en vano. El cabrón de Itachi logró interceptarme antes de que subiera al avión.
Bastardo.
Claro, como él ahora no estaba jodido sino que disfrutaba plenamente de su burbuja rosa con su esposa, entonces pretende que yo me quede por allí viéndolo ser feliz.
—No es así, Sasuke—aseguró mientras me llevaba devuelta a la casa de mi madre—Pero si te vas, al menos deberías hablar con mamá.
Gruñí.
—Vamos, Sasuke—habló Etsuko—Tu hermano tiene razón.
—Se supone que siempre estás de mi lado—le recordé.
Ella sonrió a modo de disculpa.
—Lo sé, pero tus padres se merecen que hables con ellos y les digas a dónde vas, ¿no?
Suspiré, tenía razón.
Mi hermano era un cabrón con suerte al tener a Etsuko de esposa. Vi como se sonreían y se volvían a encerrar en su burbuja rosa. Supongo que se merecían ser felices… bueno, al menos Etsuko.
Itachi podía irse al demonio por haber jodido mi escape. Además, no pensaba desaparecer para siempre, sólo un pequeño tiempo.
Observé a la feliz pareja mientras hablaban de cosas sin mucha importancia. Etsuko era la chica que mi hermano 'asaltó' varios años atrás durante sus días de vándalo en la preparatoria. Ella le rompió el brazo y le dejó un ojo morado, pero eso no se quedó así por parte de Itachi y las cosas entre ellos fueron de mal a peor, incluso en la universidad en donde ambos fueron. Después de una relación bastante destructiva y una historia demasiado dramática para mi gusto, lograron entender sus diferencias y allí estaban: seis meses de casados y con un par de gemelos de 4 años –aunque eso ya es otra historia-.
—Oh, Sasuke, allí está Mikoto-san—Etsuko me sacó de mis pensamientos para señalar a mi madre, que tenía una expresión de molestia y dolor, esperándome en la puerta de la casa de mis padres.
—Buena suerte—se burló de mí Itachi, mientras estacionaba su camioneta. Suspiré, esto sería molesto.
Mikoto Uchiha era mujer que se caracterizaba por tener siempre lo que quisiese. Entre sus más grandes logros se encontraban: Haber conquistado a mi padre, haberse ganado la confianza de mi abuelo, que mi padre dejase su lujosa mansión por una casa de suburbios, que Arisa se comportara un poco más femenina, que Itachi no se escapara a fiesta con Akatsuki (lo pillaba cada vez que iba saliendo, era bastante divertido), que Naruto comiese otra cosa que no fuera ramen (cuando se conocieron fue un tanto emotivo porque, irónicamente, Kushina Uzumaki, la difunta madre de mi mejor amigo, fue la mejor amiga de mi madre, además de que era tía de mi prima política Karin, lo cual lo hacía más fuerte el lazo de Naruto con mi familia), que Kakashi, mi padrino, llegase temprano a una cena familiar… entre otros.
Por eso, el único modo de que me dejara ir a vivir a una pequeña aldea lejos de Tokio fue después de que se asegurara de encontrar y arreglar a su antojo una pequeña casa para mí. Ah, claro, y que siguiera trabajando en la empresa por medio de internet (me pareció que eso se lo pidió Itachi, pero no me pude negar).
Llegué a Konoha cuando tenía 24 años de edad, buscando la tan anhelada paz espiritual que no tenía desde que Arisa, la chica de la que estuve enamorado por mucho tiempo, muriera por salvar a aquella mujer junto con su niña, la que odiaba de forma estúpida. Y funcionó de cierta forma, allí logré calmar un poco mi alma.
Hice varias amistades, pero la que más influyó en mí fue Hinata Hyuga, quien trabajaba de maestra en la pequeña escuela local.
Hinata era una antigua compañera de clases durante mis días de secundaria y la mejor amiga de Arisa, debido a problemas familiares se tuvo que marchar al extranjero, la última vez que la vi fue durante el entierro de mi novia. Ella era la heredera de un imperio multimillonario que estaba asociado al Uchiha, por eso, verla allí en ese pequeño pueblo me asombró bastante.
—Mi padre me ha dejado hacer lo que quiera antes de asumir la empresa—me explicó cuando salimos a tomar un café—Sabe que es muy difícil y tendré que asumir muchos compromisos, pero no puedo evadirlo.
Asentí.
—Mi sueño siempre ha sido ser maestra, amo trabajar con niños—me sonrió con dulzura—Así que antes de entrar en toda esa vida empresarial, cumpliré mi meta personal.
Sonreí levemente, Hinata era un encanto. Era bastante gracioso ver a alguien tan activa como Arisa compartiendo el almuerzo con alguien tan tímida como esa chica.
Nos veíamos varias veces para hablar sobre viejos tiempos, aunque ella evitaba lo más posible nombrar a Arisa, y yo se lo agradecí internamente. Eso de que el tiempo lo cura todo parecía que no se aplicaba a mí.
Ella también fue la que me pidió si podía hacerle una suplencia cuando Hanabi, su hermana menor, iba a casarse y necesitaba volar a Tokio. Mi primera reacción fue negarme pero…
—Quiero ser maestra—me dijo Arisa con su encantadora sonrisa.
Las palabras de Arisa me llegaron antes de soltar el rotundo 'no', además las palabras de Naruto también me golpearon: Estamos vivos, y estoy seguro que Arisa quisiera que tú siguieras adelante… por ella.
—Está bien—dije, aunque sonó más a un gruñido.
—¿E-estás seguro?—me volvió a preguntar ya que mi tono de voz no sonó nada convencido.
—Sólo será una semana—le dije—No creo que nada malo pase—Hinata me sonrió agradecida.
Mientras me encaminaba hacía el salón de clases siendo acompañado por el director Hiruzen, un anciano con un aire paternal, iba pensando en que si Arisa estuviese viva, se estuviera burlando de mí.
Sonreí un poco, aunque la mueca se borró apenas vi la cara de los treinta alumnos. El viejo directo me presentó como el suplente de Hinata, a medida que sus palabras iban saliendo, la expresión de los 'angelitos' se iba haciendo más y más macabra, según mi punto de vista, porque Hiruzen-san no parecía notar nada raro.
Fue la semana más larga de mi vida. Después de una dura batalla contra los demonios, logré ganarme su confianza, incluso lloraron cuando me marché. Me sentí complacido de haber sido, por una semana, lo que Arisa soñaba ser toda su vida que durante los siguientes meses acepté varios trabajos en la escuela.
Itachi y su familia fueron a pasar aquella Navidad conmigo y me regalaron un lobo siberiano para que hiciera compañía a 'alguien tan amargado como yo', ¿ya dije que Itachi era un cabrón?
—Te hará bien, estúpido hermano menor—me sonrió—Yo también tengo uno.
Yo le gruñí.
Mis padres no fueron porque tenían unos compromisos en el extranjero. También me comuniqué con el imbécil de Naruto por internet, aunque el tonto parecía no saber que me había mudado. Me sentía bien en el lugar donde estaba, era pacífico, acogedor y sin muchas complicaciones. A Arisa le hubiera encantado todo eso.
Pero la paz cayó aquella primavera cuando un camión de mudanzas pasó por el frente de mi casa y se detuvo al final de la calle.
Vecinos nuevos.
En ese momento no les presté mucha atención, ni la semana siguiente, ni la de arriba.
Había pasado casi un mes desde que esa gente nueva, que no me interesaban para nada, se hubiese mudado a unas cuadras más allá de mi casa, justo en la casa que quedaba al final de esa calle, cuando una pelota cayó justo en mi jardín mientras regaba las plantas.
Dejé la manguera entre la hierba y tomé la pelota rosa con curiosidad. En eso, Neón, mi perro, comenzó a ladrar hacia la reja, dando a entender que allí había alguien. Me acerqué para ver de quien se trataba, supuse que debía ser el dueño de la pelota y estaba en lo correcto.
Era una niña con cabellos rosas.
Mis ojos negros se toparon con un par de ojos jades llenos de sorpresa. La niña no dijo nada, como si fuera muda.
—¿Es tuya?—le pregunté mientras le enseñaba la pelota. Cuando me oyó hablar, pareció salir de su letargo y me observó con dolor, tristeza y algo más que no pude descifrar. Enarqué una ceja.
¿Qué demonios le pasaba a esta niña?
—¡Hey!, ¿encontraste la pelota?—observé como una chica rubia se acercaba hacia nosotros con una sonrisa amigable.
—S-sí—respondió la niña con una voz un tanto nerviosa—C-cayó en el jardín del señor…
—Sasuke—me presenté—Sasuke Uchiha.
La niña me volvió a mirar como si me hubiese salido otra cabeza.
—Oh, disculpe señor Uchiha—habló la rubia—Yo soy Ino Yamanaka y ella es mi media hermana Sakura Haruno—señaló a la pequeña—Nos mudamos recientemente a la casa que queda al final—me sonrió—¿Podría devolvernos nuestra pelota?
Le tendí el objeto y ella la aceptó gustosa.
—Un placer en conocerlo señor Uchiha—la chica Yamanaka hizo una reverencia—Esperamos verlo pronto—luego se dirigió hacía la niña que no había dicho nada—Vamos Sakura—pero la niña no se movía para nada, seguía mirándome, ahora con seriedad—¿Sakura?—la llamó su hermana. La niña abrió la boca y lo que dijo me dejó perplejo.
—¿Tienes panecillos de fresa?—parpadeé.
—¿Eh?—fue lo que dijimos Yamanaka y yo al mismo tiempo.
—Que si tienes panecillos de fresa—repitió con calma.
¿Que si tenía panecillos de fresa? ¡Claro que tenía! Así como los tomates eran mi obsesión, los panecillos eran la obsesión de Arisa. Recuerdo que ella me rogaba para que le comprara los tan dichosos panecillos y que, aún después de tanto tiempo, seguía comprándolos todas las semanas y los dejaba en la nevera hasta que se echaban a perder. ¿Por qué esta niña me preguntaba eso?
—Sí—respondí con voz neutral. La niña asintió con el ceño fruncido, su hermana la veía sin entender que pasaba con ella.
—¿Me das uno?—pidió con tranquilidad.
—¡Sakura!—la reprendió su hermana, pero Sakura la ignoró olímpicamente.
Esta niña realmente es un caso especial. Llega, lanza mi pelota al jardín, me mira de forma extraña y luego me pide comida.
—Claro—respondí después de un tenso minuto. Abrí la reja de mi casa—Pasen—invité a ambas hermanas que entraron, la mayor con algo de inseguridad.
La tensión se podía cortar con un cuchillo fácilmente mientras servía un panecillo a cada hermana acompañado con una taza de té. Ino fulminaba a su hermanita con la mirada, pero Sakura pasaba de ella olímpicamente. Yo sólo atiné a tomar una taza de té, odio el dulce, siempre lo había odiado desde que mi hermano 'intentó' hacer una torta y el resultado no fue para nada bueno.
La pequeña Sakura se dedicó a observar las fotografías que había en la sala mientras que Ino me comentaba sobre los motivos por el cual se habían mudado a la vez que pedía disculpas por el comportamiento de su hermana, asegurando que era raro en ella.
—¿Vive solo, señor Uchiha?—preguntó la rubia mientras daba un sorbo a su té. Sakura dejó de mirar las fotos y centró su atención en mí, como si estuviese esperando la respuesta con ansias.
—Así es—respondí—Toda mi familia vive en Tokio.
—¿Esa que está allá?—habló Sakura señalando una de las tantas fotos que tenía con mi familia. Asentí.
—Mis padres y mi hermano Itachi—expliqué con calma—Aunque falta una de mi cuñada y mis sobrinos.
—Oh, ¿su hermano está casado?—el tono de la pequeña Sakura me dio a entender que el hecho de que mi hermano estuviese casado le causaba risa.
—Sí—dije levemente. A su lado, la rubia se removió incomoda.
—Interesante—respondió la niña a la vez que se llevaba la taza de té a sus labios, pude ver que la comisura de sus labios se habían curvado levemente.
El silencio volvió a reinar en el lugar, Ino parecía estar muy incómoda, en cambio Sakura estaba perdida en sus pensamientos.
—¿Es tu novia?—la voz de Sakura rompió el silencio mientras señalaba la foto que conservaba de Arisa.
Me quedé en silencio un momento mientras detallaba la foto de Arisa, la última que nos tomamos antes del accidente.
—Era…—respondí.
Ella asintió levemente.
—¿Cómo se llamaba?—quiso saber.
—¡Sakura, deja lo curiosa!—la reprendió su hermana.
—No importa—le aseguré a la rubia, luego me volví hacia la pequeña niña—Arisa, ese era su nombre.
El silencio volvió a reinar en la sala.
—Interesante—fue lo único que dijo la Yamanaka, captando mi atención—Ese es el segundo nombre de Sakura.
Eso me tomó por sorpresa, miré a Sakura con curiosidad y ella me sonrió.
—Me llamó Sakura Arisa Haruno.
Cuando dicen que este mundo es muy pequeño, hablan en serio. Sus ojos jades me miraron fijamente y me di cuenta de que esa niña se parecía a la mujer que Arisa había salvado hace tiempo atrás. Pero no fue sino hasta que conocí a su madre, una semana después, que realmente salí de duda.
Era la misma criatura que vi hace años en el hospital. Aunque jamás imaginé que llegaría a influir tanto en mi vida.
Un placer en conocerte, Sakura, por cierto siento un odio estúpido hacia ti…
Continuará… si quieren.
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