Voy a hacer caso a una sugerencia y pasarlo a rating M, por las dudas. Siempre me pasa que mis historias cobran vida propia y terminan escribiéndose a su antojo, así que para no tener problemas, pasa a ser +18. Disculpen si les incomoda, espero que igual les siga gustando ;)
Capitulo 11
Elena POV
No quiero pensar, no quiero hacer nada más que bailar, expulsar mis demonios como un baile tribal en torno al fuego, dejar que la música y el ron borren el mundo, borren los problemas, borren la línea entre el bien y el mal y borren a mi cuñado. Pero cuando me giro, ahí está, mirándome con esos ojos azules que pueden ser el cielo más hermoso de verano, o el mar más tormentoso, pero que jamás dejan de ser el principal motivo para que yo necesite huir de mi realidad. Lleva un jean negro y una camisa con dos botones abiertos, está descalzo igual que yo y viene bailando hacia mí, con una sonrisa de lado que me obliga a poner la botella de ron en mi boca para no hacer, ni decir, nada de lo que pueda arrepentirme luego.
-¿Qué tan estricto es el tema del bañador?- Siento el olor a Bourbon en su aliento, está tan cerca de mí que su respiración me acaricia la mejilla y por un momento no entiendo de qué habla.-Sé que hay muchas razones por las que no debo besarte, pero también sé que no puedo pensar en ninguna.
Me quita despacio la botella de ron y deja su rostro a milímetros del mío, no sé si es que duda o que quiere que le dé permiso. Sólo sé que quiero adueñarme de esos labios, enredar los dedos en su cabello, acariciar su espalda y todo lo que imaginé durante tanto tiempo, hasta que mis ganas pueden más que todo y lo hago. Lo tomo por el cuello y lo acerco esos milímetros que faltan, y es indescriptible lo que se siente besarlo. El sabor del Bourbon, el calor de su boca, el olor de su piel, su lengua enredándose con la mía y sus manos posándose en mi cintura y pegándome por completo a su cuerpo.
Si la primera vez que me besó fue magnífica, ésta es aún mejor, he esperado tanto…
He esperado, porque estaba con ella, porque es mi cuñado, porque él no siente lo mismo que yo. Todo lo bello del momento se desvanece, no hay suficiente ron en el mundo que me haga olvidar eso y me separo de él, lentamente porque a mi cuerpo le cuesta obedecerme. Cada fibra de mi ser me reprocha esa pequeña lejanía, mi corazón no logra recuperar su ritmo normal, mis labios aún cosquillean y mi lengua guarda el sabor del Bourbon.
[b]-¿Qué pasa Elena?[/b]- Pregunta bajito, sin soltar mi cintura ni alejar más su rostro del mío.
-Está mal.
-¿Por qué?-Apoya su frente contra la mía y creo que en cuanto lo pregunta sabe la respuesta.
-Porque tú amas a Kath y ella te amaba a ti. El amor solo vale cuando es correspondido, cuando es de ida y vuelta, como lo era entre ustedes. Yo no puedo interferir en eso.
-Kath ya no está Elena. Y esto no tiene nada que ver con ella.- Me mira tan intensamente que me pierdo en su ojos, veo el deseo tan claro como el azul, y no veo nada más, no encuentro culpa, ni miedo, ni nada de lo que yo siento en este momento. Entonces recuerdo que yo soy quien arriesga todo aquí, yo soy quien se juega el alma entera en cada beso, quien ha esperado, sufrido y llorado. Soy la única que saldrá herida, porque si no puedo ser su amiga no podré ser nada…
Por eso me doy cuenta que el que se sienta bien, no me alcanza, si yo doy un paso hacia delante con él, caeré en un abismo sin saber que es lo que me espera en el fondo. Lo imaginé mil veces, pero no así, si estoy con él no quiero que sea así. No quiero dudas, ni miedos, ni culpas, quiero saber que está conmigo porque siente aunque sea una parte de lo que yo siento.
-Perdóname. Estoy haciendo lo que te prometí que no haría.
Su voz me descoloca un segundo pero entonces lo siento rodearme completamente con sus brazos y apretarme contra su pecho. Éste es mi lugar favorito en el mundo, donde siento que todo estará bien, siempre.
-¿De verdad no ves a Kath cuando me ves?- La pregunta sale sola de mi boca, con todo ese miedo que me consume, que destruye cada segundo de felicidad que me permito sentir.
Porque las palabras de Matt aún resuenan como un eco en mi mente, porque cuando me veo al espejo algunas veces aún la encuentro mirándome y porque no concibo la idea de que después de amarla tanto la olvide.
-No Elena, no veo a Kath, ya no.- Me guía y nos sentamos en el sofá.
-Tengo miedo.- Lo digo sin rodeos, abriendo la última puerta de mi pecho, dejando salir lo poco que aún guardaba sólo para mí.
En lugar de responderme lo siento apretarme más contra él, y comenzar a acariciar mi cabello y mi espalda.
-¿Por qué todo tiene que ser tan difícil?- Lo dice tan bajito que casi no lo escucho y sé que no era su intención decirlo en voz alta, así que me limito a acomodarme contra él en el sofá y pasar mis piernas sobre las suyas, de la misma forma que lo hacíamos cuando yo estaba triste y él veía una peli conmigo si Kath no estaba. Dejamos que el silencio nos envuelva, que todo se calme, que mi corazón vuelva a su ritmo, acompasándose al suyo que escucho mientras mi cabeza descansa en su pecho.
-Amaba profundamente a tu hermana. Su sonrisa era el sol para mí, me dio una hija hermosa y los años más felices que he vivido. -No puedo evitar apretar los ojos cuando escucho sus palabras, duelen pero él necesita decirlas y yo escucharlas. -Cuando Rebekah nació y el médico me hizo salir de la sala, supe que algo estaba mal. Kath había soltado mi mano y no contestaba cuando le hablaba. En el primer segundo pensé que era por el esfuerzo, y como estaba tan perdido en las sensaciones de tener a mi niña en mis brazos, no vi las caras de los médicos, hasta que me sacaron de allí.
Respira profundamente y se toma un momento antes de seguir su relato.
-Fueron dos días horribles, debían ser los más felices de nuestra vida, pero los pasé repartiéndome entre estar con una y con otra. Lo más difícil fue verla apagarse poco a poco, ella que siempre estaba llena de energía, que siempre tenía una sonrisa o una palabra para hacerme reír, apenas se giraba a verme y ya nunca sonreía. Yo sólo me sentaba junto a ella y le hablaba de nuestra niña, le contaba las cosas que haríamos, hacía planes que sabía perfectamente que nunca llevaríamos a cabo. Nunca tuvo fuerzas para responderme, pero me conformaba con hablarle, y decirle un te amo cada vez que dejaba la habitación. Me despedí lentamente de ella, pero igual no alcanzó, ni todo el tiempo del mundo hubiese alcanzado. Ella vivirá siempre en mi corazón, y en nuestra pequeña, pero comprendí que debo seguir adelante. Es hora de tratar de seguir mi vida.
Nos quedamos un buen rato en silencio, él en sus recuerdos, yo asimilando lo que me ha contado.
-¿Cómo calzo yo en eso?- No sé si quiero la respuesta, pero no puedo evitar hacer la pregunta, creo que el ron y el sueño hacen mella en esa barrera que divide lo que pienso de lo que digo.
-Eres quien me hace sonreír, eres quien me hace querer seguir adelante, eres mi mejor amiga y la persona que más me conoce. Cuando te beso me siento bien y cuando te miro a los ojos me siento en paz.-Duda antes de seguir, es evidente que no sabe si seguir hablando o no- Y me gustas Elena.
Damon POV
-¿Qué?- Pregunta como si de golpe yo empezara a hablar en otro idioma, antes de dar lo que creo que es un bostezo.
-Me gustas.- Siempre me has gustado.
No sé si lo más difícil es decírselo a ella o reconocérmelo a mí mismo, pero me quedo la última parte de esa frase para mí. Porque ahora entiendo de dónde salían esos "y si". Ahora sé porqué siempre corría a verla cuando me peleaba con Kath, porqué pasaba la tarde con ella cuando Kath estaba estudiando o no podía verme por cualquier razón, porqué la convertí en mi mejor amiga… Para tenerla cerca.
Nos quedamos varios minutos más en silencio, mientras la acaricio rítmicamente, como si eso me ayudara a pensar, a repasar momentos vividos hace mucho, detalles que mi mente ha pasado por alto.
Y viendo esos dos años en fotos de muchos instantes, caigo en la cuenta de lo que hice, yo tenía razón, ese hombre casado la ilusionó, la enamoró, la destruyó a propósito, ese hombre se aferró a ella y no dejó que fuera de él ni de nadie.
¿Cómo pude ser tan egoísta? ¿Cómo pude provocarle tanto dolor a alguien que me ama de una forma tan pura y desinteresada? Y es lo mismo que hago ahora, besándola para mantenerla a mi lado, invitándola a cenar porque no quiero cocinar sólo. No puedo negar que me gusta su compañía, que me gusta estar con ella, que la extraño si no está, o lo bien que se siente abrazarla, besarla. Pero es injusto y egoísta usar lo que ella siente de esa manera.
-Yo no te merezco, Elena. He sido egoísta, te he lastimado y llevas demasiado tiempo sufriendo por mí.
Parece que el Bourbon me ha puesto hablador y melancólico. O es el sentirla sobre mi pecho, el sentir su aroma, su calor, el acariciar su pelo y su espalda, el abrazarla y sentir como su amor me envuelve sin que ella siquiera lo note. No me contesta pero quiero decirle todo ahora o tal vez no pueda hacerlo otro día.
-Creo que en el fondo siempre supe lo que sentías, y debí haber hecho algo. Pero temía que si aceptaba que algo pasaba, te perdería, no te quería fuera de mi vida, no podía perderte. Recuerdo que una vez discutí con Kath por ti…- Emite un suave quejido y me doy cuenta de que se ha dormido, seguramente hace rato que no me escucha y ese último ¿qué?, fue porque su cerebro ya casi ni registraba lo que le decía.
Tratando de no despertarla la traigo a mi regazo y acaricio su rostro que queda frente al mío, corro un mechón de pelo de su frente, y no puedo evitar seguir hablando.
-Fue el día de la fiesta de bienvenida de la universidad. Te envié una gran túnica blanca para que fueras de princesa Leia, pero Kath me contó que irías de esclava. No sé porqué, pero no me gustó, no quería que fueras así de sexy y provocativa y le dije a tu hermana, que debía decirte algo. Le puse la excusa de que los chicos pensarían mal de ti, de que todos te tomarían por una zorra y Kath se enojó conmigo, así que terminamos discutiendo. Lo de que fueras de Leia fue mi idea, pero no pensé que me darías vuelta la broma de ese modo.- Hago una pausa cuando mi diablito me muestra una foto de Elena vestida de Leia como esclava.-Te veías increíble y todos los chicos babeaban por ti.
Tratando de alejar ese recuerdo, decido acostarla. Me levanto con ella en brazos, es un poco más pesada de lo que creí, pero por suerte el apartamento es pequeño y la habitación está cerca.
La acuesto, le saco los zapatos y luego de pensarlo un minuto el resto de la ropa. Se me hace más difícil de lo que creí, porque no quiero que se despierte y me encuentre desnudándola, pero no quiero que duerma con la ropa puesta otra vez. Cuando termino y la acuesto, decido ir a dormir al sofá, no quiero darle chance ni a Mr Hyde, ni al diablito, de despertar junto a una Elena en ropa interior, porque ella tiene razón, no se parece en nada a verla en bañador.
Aunque me cuesta un poco, luego de dar varias vueltas me quedo dormido y sueño con Kath, pero no es ella, es Elena. Sueño con aquellos días que pasábamos los cinco juntos, sueño con su risa suave y tan distinta a la de su hermana, con sus abrazos tan llenos de dulzura, con su forma de convencerme de hacer algo que nunca fallaba, con sus ojos tranquilizándome cada vez que algo me preocupaba.
No sé si me despierta primero el sol o la culpa, lo que le hice a Elena es imperdonable, es peor que lo que le hago ahora a Kath, pero aunque suene a excusa creo que es inevitable, lo era entonces y lo es más ahora.
Voy a la habitación y me paro en la puerta a verla dormir un minuto, y son increíbles las ganas de acostarme a su lado, de despertar junto a ella como aquel día, de tomarme un minuto para observar su rostro, y luego levantarme para hacerle su café y despertarla para que desayunemos juntos.
Noto que abre los ojos y me mira soñolienta, pestañea un par de veces para enfocarse por completo y me sonríe un instante mientras se sienta, antes de que su cara cambie. Creo que acaba de notar que está en ropa interior y mi sonrisa de lado se escapa sola, seguramente para buscarme más problemas.
-Buenos días, voy a poner el café.- No espero respuesta y huyo de allí antes de tener que asumir la responsabilidad de mis actos.
La escucho levantarse murmurando algo y creo reconocer el tono, uno que no trae nada bueno. Mi acto de buen samaritano, que fue totalmente inocente… ¿Eso sonará tan ridículo en voz alta como sonó en mi cabeza? Bueno, mi acto de ayudarla a descansar mejor, creo que la puso de mal humor y si algo aprendí de vivir esos meses con ella, es que debería correr…
Pero me sorprende cuando aparece en la cocina envuelta en la colcha y sin vestirse, extiende una mano esperando que le entregue su café y se vuelve a ir al dormitorio en cuanto lo consigue. Un par de minutos después escucho la ducha y mi corazón se acelera, Mr Hyde enciende un puro y espera agazapado, mientras mi diablito se limita a sonreír de lado. Lamentablemente Dr Jekyll parece carecer de todo poder de reacción y todo el trabajo queda para el angelito que sé que está hablando pero lo hace demasiado bajo como para que lo escuche con el sonido de la ducha.
Respiro hondo un par de veces, porque es innegable que la deseo y ella parece no tener intención de ayudarme a superar eso, y porque tengo que usar toda mi fuerza de voluntad para no asomarme a ese baño a verla desnuda, a ver como el agua la acaricia, como sus propias manos…
Aprieto los puños, esa línea de pensamiento no me ayuda en nada.
Por suerte en unos momentos más la ducha se corta y me ayuda a pensar en otra cosa. Por lo menos hasta que la veo aparecer, vestida pero descalza y con el cabello húmedo.
-¿Qué tienes contra el uso de los zapatos?- Pregunto para decir algo y ver si mis sospechas de su humor son verdad.
-Están sobrevalorados. Me gustan para salir, pero no los necesito para andar por casa.- Sí, está rara, pero no está de mal humor, es otra cosa.- ¿Y tú que tienes contra dejarme dormir tal y como me duermo?- Me pasa la taza para que le sirva otro café.
Como si tuviese quince años me sonrojo levemente, ante el recuerdo de cómo le quité la ropa.
-No quería que llegaras a tu casa con la ropa arrugada y tu madre supiera que dormiste vestida.- Es lo primero que se me vino a la mente. Algunas veces quisiera ser más como ella, poder, no sé, decir algo mejor.
-Dijiste que te gusto.-Comenta medio escondida tras su taza. Y me hace dudar que tanto escuchó de lo que hablamos anoche.
-Sí. Y es verdad.- Desvío la vista porque sus ojos me están analizando de una forma que me incomoda un poco, no quiero que lea el resto de lo que pensé anoche. Pero su silencio me hace mirarla de nuevo.-Me gustas.- Repito perdiéndome en ese chocolate, que provoca tanto en mí.
-¿Cómo amiga?- No puede disimular ni el miedo, ni el dolor en su voz. Y me maldigo porque noto el poder que tengo sobre ella, cuanto puedo herirla con sólo una frase.
-Más que eso -lo digo porque es verdad, pero en algún lugar de mi mente la culpa anida junto al miedo. La culpa de los años que le robé y el miedo de los años que aún puedo quitarle si llego a equivocarme.
-¿Cuánto más?
Apenas escucho su pregunta, pero no hay nada de duda en mi respuesta, porque tengo que dejar de intentar negar lo que está tan claro frente a mí.
-Mucho más.
Asiente y me regresa la taza.
-Necesito pensar.- Dice luego de un minuto de silencio.
La veo ir por sus zapatos y su bolso y salir de la casa, no sin antes darme una sonrisa triste, para dejarme sólo, tratando de entender que haremos ahora con lo que nos pasa a ambos.
Gracias por leer y por todos los comentarios :)
