Mañana sin falta (te quedas sin esposa)

Por Katsumi Kurosawa

Capítulo 11

Colisión

No…

Pensaba mientras las lágrimas bañaban su rostro nuevamente. Dio un giro brusco y entró a la zona de su antigua casa.

¡No…!

Bajó del auto como alma que la llevaba el diablo y sacó las llaves que se había negado a tirar, abrió con las manos temblorosas y cerró tras sí misma, recargándose en la puerta, llorando sonoramente. Ella sabía perfectamente que en esa casa no había nadie a esa hora.

Miró a su alrededor tratando de buscar algo que pudiese ser un importante factor de distracción, para calmarse, para olvidarse aunque fuese momentáneamente aquel suceso, aquella noticia, aquella decepción que había helado su sangre y le había hecho perder la cordura.

Se llevó la mano a la boca, corrió al lavamanos más cercano y volvió el estómago sin dudarlo. Esa era la prueba de lo mucho que le afectaban los sucesos… todo su cuerpo le demostraba lo alterada que estaba, los temblores violentos de las manos, su cuerpo helado, sus lágrimas incontenibles.

Su móvil sonó. Apenas pudo contestar con una voz increíblemente débil.

—Señora… el señor Hao está en el hospital —dijo una preocupada voz de hombre en el auricular.

— ¿En cual? —su corazón se detuvo, sus lágrimas también, sus ojos se quedaron fijos en la nada.

Las indicaciones del informante fueron claras y así fue como ella regresó a su auto, se colocó el cinturón y arrancó desesperada. Conducía como una maniática cuando se dio cuenta que un coche negro la seguía, era Yoh, quien no podía ocultar su angustia.

Los ojos negros se posaron en el retrovisor, descuidando su camino sin querer.

Perdóname…

Pudo leer en sus labios.

Las lágrimas de la rubia se hicieron gruesas y violentas. Quería gritarle… odiarlo, maldecirlo… mas no podía… mucho menos en un momento como ese.

Anna conducía todavía a una velocidad impertinente e Yoh le pisaba los talones con la cara de súplica.

El móvil sonó nuevamente, la rubia se colocó el manos-libres y respondió de golpe.

Anna, detente por favor…

No puedo… no ahora… Hao está en el hospital— dijo en medio de su frenesí mirándole por el retrovisor.

La cara de Yoh palideció… pero la expresión fue truncada por un trailer que se interpuso en su camino, impactándolo como si de un juguete se tratase.

El grito de la rubia fue tan fuerte que sintió que se había quedado sin voz. Había sido testigo… por el retrovisor de su Mercedes rojo, entrando en un shock fatal y se estampó contra un coche compacto.

Obscureció.

Todo se había obscurecido para ella.

Tenía los ojos pesados, muy pesados. Dolor… dolor en su cuerpo la obligó a soltar un inaudible gemido mientras su mente trataba de trabajar los porqués, el cómo y el dónde.

Olía… olía a sangre…

Sentía el cuerpo sostenido en una especie de almohada gigante, más no prestó mucha atención. Algo filoso había golpeado una parte incierta de su cabeza y sentía el líquido escarlata deslizarse… mas no el lugar que recorría, confusamente extraño.

Después, la nada total.

Sus ojos se abrieron solitarios en una habitación blanca y pulcra.

—Yoh… —susurró, su voz no daba para más.

—Señora Asakura… —susurró la enfermera, quien había estado oculta a su vista.

Ella apenas giró el rostro a verla, notó entonces que su cuello estaba inmovilizado por un collarín.

—Mi marido… —dijo con dificultad, percibiendo cosas extrañas conectadas a su cuerpo y sobre todo, dolor.

—Está en la habitación contigua… está bien, sólo sufrió un desmayo en un entrenamiento…

¿Qué pasó?—realmente a su mente no venía nada a menos que la enfermera lo mencionara.

—Sufrió un accidente, señora—dijo con delicadeza.

Todas las imágenes llegaron a su cabeza. Yoh contando una horrible verdad, ella volviendo el estómago por el torbellino de emociones, el auto… Yoh perdiendo el control de su auto, ella perdiendo el del suyo.

Un tipo ebrio se cruzó por su camino… pero no se preocupe, usted y su bebé están bien… —continuó con una sonrisa inadvertida de las condiciones de la rubia.

—Mi… ¿mi qué? —se le heló la sangre, sus pupilas se destiñeron y su boca se secó.

—Su bebé… ¿Usted no sabía que está embarazada? El cinturón de seguridad y la bolsa de aire hicieron un trabajo excelente cuando…

Pero ella no escuchaba.

¿A caso… era posible?

— ¿Puedo? —se escuchó una voz desde la puerta, mas no tuvo respuesta.

La enfermera le sonrió al recién llegado y se retiró de la habitación.

Los ojos de Anna no habían resistido la noticia mientras lloraba con debilidad. Era más bien… de felicidad, aunque algo efímera.

—No me importó lo que me dijeran, me salí de la habitación para verte… —los ojos castaños se habían posado en la mujer que lloraba con debilidad.

Anna lo miró. Estaba ahí con un aspecto pálido, coleta y sus pants del football Club.

—Quiero ver a Yoh—dijo determinante limpiándose las lágrimas y tratando de incorporarse a pesar de algunos dolores inciertos que la inmovilizaban.

—Anna… no te muevas… estás golpeada. Estaba tan enojado y preocupado que…

—No me interesa Hao… ¡Quiero ver a Yoh! —le ordenó con lágrimas en los ojos.

—Está en terapia intensiva… no podemos pasar aun…

Un bufido de impotencia se escuchó por parte de la rubia, volvía a llorar… odiaba llorar de esa maldita manera, frente a ese hombre.

—Abrázame —suspiró dolorosamente al tiempo que él acudía a su llamado.

Se dejó abrazar.

No podía creerlo… no podía creerlo simplemente, por qué estaba sucediendo todo aquello.

La mujer soltó uno de sus brazos para llevarlo a su vientre. Sollozaba… fuerte.

Hao la miraba discretamente mientras sus brazos la envolvían. Ella hacía eso a menudo, no el llorar, sino el tocar su vientre de aquella manera, como si desease con toda su fuerza.

Pero no había que hacer… uno de sus secretos de pareja mejor guardados era el hecho de que él no podía tener descendencia. Aquello era una de las cosas que más lamentaba en la vida…

—Por favor, Hao… llévame con Yoh…

El mayor de los gemelos cerró los ojos. Suspiró sonoramente y le devolvió una mirada amable.

—Haré lo que esté en mis manos…

Le sonrió de manera dolorosa y acarició uno de los largos mechones dorados que se escapaban desde ciertas vendas.

—Tranquilízate… yo te… yo… —no pudo terminar la oración que tenía pensada. La olvido de pronto.

Palideció y comenzó a respirar rápidamente; cerró los ojos y se dejó ir tan claramente que fue visible su pérdida de conciencia.

¿Hao…? —musitó la rubia con una debilidad frustrante, mientras el hombre que estaba frente a ella cerraba los ojos y su fuerza se perdía.

Sus largos cabellos se extendieron anunciando su caída, no supo de sí mismo en un rato.

La rubia se había quedado helada. La adrenalina corrió por todos los rincones de su ser, llevándola a no saber de si misma.

Continuará…

Notas del autor.

Ay madre xDD qué he hecho xDD bueno ya viene la bola de regaños.

Me pregunto qué enfermedad tiene Hao… tienen idea ustedes? xD

Muchas gracias por leer:

Seyram Asakura, Annita Kyouyama, Lemon Pie lover (interesante nombre o_ó xDDDDDDD), Sukuruchu, Hana Dawn, Ludy Phorsha, charizard_girl

y

Que los ilumine la eterna luz!!!!!! *O* xD