- Somos muchos para ir en la nube voladora, es mejor que vayamos caminando -comentó Hippo una vez pisaron tierra firme.
- Pero antes vamos a comer, tengo hambre -dijo Seira haciendo un puchero.
- Sí, yo también -secundó Trunks-. No hemos comido desde esta mañana.
- Allí hay un bosque, quizá podáis encontrar algunas frutas -supuso Silver.
- ¡Sí! ¡Vamos, Hippo! -exclamó la niña tomando al chico de la muñeca para salir corriendo mientras él le pedía que fuera más despacio.
- Buff… -resopló Trunks- Seira se divierte con cualquier tontería.
- Le tienes envidia, ¿a qué sí? -bromeó Silver.
- ¡No! ¿Por qué tendría que envidiarla? No es más que una niña bonita y débil -contestó el cruzando los brazos al estilo de su padre y girando la cara para ocultar su sonrojo.
- Oye, no te habrás enamorado de ella, ¿verdad? -sospechó el otro muy serio.
- ¡Por supuesto que no! ¡Yo solo…! -suspiró para calmarse- Solo creo que tengo que protegerla porque tiene algo especial que no he visto en ninguna otra persona.
- Menos mal, mi misión es defenderla a toda costa y si estuvieras enamorado de ella tendíamos que ser enemigos. Supongo que ya sabes…
- "Que el amor entre sirenas y humanos está prohibido" Sí, Hippo no deja de repetirlo.
- Ya veo, creo que mi hermanita va a estar sobreprotegida. Je je.
- ¡Ah…! -chilló una voz femenina.
- ¡Seira! -gritó preocupado Silver.
Ambos se adentraron en el bosque y al encontrarla no pudieron creer lo que veían. Una criatura morada con pequeños cuernos y cola estaba sobre ella. Hippo temblaba detrás de un árbol viendo la escena. Silver apretó los puños con impotencia y Trunks dio un paso hacia atrás al ver que la bestia acercaba su hocico al rostro de Seira. Segundos después, el único sonido que ella emitió fue… ¿una risa?
- ¡Ja ja ja ja! ¡Para, me haces cosquillas! -exclamó mientras el animal le lamía la cara.
- Parece muy dócil -comentó Silver, ya más tranquilo, acariciándole la cabeza.
- Ahora que lo veo bien, parece la mascota que tenía Gohan de pequeño -dijo Trunks.
- ¿Te refieres a Gran Dragón? -preguntó Seira levantándose.
Al oír su nombre, el "pequeño" dragón restregó su cabeza en el hombro de la niña. Ella se abrazó a su cuello sonriendo y, en un movimiento rápido, el animal la subió a su lomo. Después, voló alrededor de todos mentras la sirena reía.
- Seira, ¡baja de ahí! Por muy dócil que sea sigue siendo un animal salvaje -exigió Hippo.
- Pero si es muy bueno, no me hará nada.
- Tengo una idea, y si vamos dos en el dragón y dos en esa nube de la que hablasteis antes -propuso Silver.
- Es una idea genial. ¿Vienes conmigo, hermano? -preguntó Seira.
- No gracias, me da miedo volar de ese modo -rechazó el muchacho con una risita nerviosa-. ¿Qué tal si vas tú, Trunks?
- Está bien, pero voy yo delante. Qué suerte la mía, ya me toca ir otra vez con Seira.
Sin embargo, cuando se acercó al dragón, este saltó y aterrizó detrás de él. Lo volvió a intentar pero falló de nuevo. El juego siguió entre risas de todos los presentes hasta que Trunks se escondió en un árbol y, aprovechando el desconcierto del animal, se lanzó sobre él logrando montarse.
- Bueno, coged unas cuantas frutas y vámonos ya. El Mediterráneo Este está bastante lejos -aconsejó Silver sobre la nube voladora con Hippo.
Unas horas más tarde, cuando la luna llena se reflejaba en el mar, casi habían llegado a su destino. Los niños dormían sobre su amigo el dragón, abrazados para no caerse. Hippo iba dando cabezadas por el cansancio, pero Silver estaba totalmente despierto, vigilando el sueño de su hermana.
- Se nota que se quieren mucho, aunque lo demuestren de manera distinta. Solo espero no se enamoren porque no quiero que mi princesa sufra o que haga alguna tontería por amor. Recuerdo que cuando conocí a Yumiko, la princesa de este mar, estaba enamorada de un humano, pero al saber que no le correspondía le confesó que era una princesa sirena y se convirtió en burbujas. Su sucesora nacerá pronto, por eso les he traído aquí antes. No podré proteger a Seira siempre, así que si se hacen amigas podrán protegerse mutuamente.
- Hermano, ¿qué ocurre? -preguntó la dueña de sus pensamientos mientras se frotaba los ojos.
- No es nada, Seira. Despierta a tu amigo, ya hemos llegado -respondió él moviendo un poco a Hippo.
- Trunks, despierta -llamó en vano inclinándose hacia él para que la escuchara-. Tal vez si me tiro al agua y le salpico…
- ¿Qué haces? Quítate -protestó con las mejillas sonrojadas y sin apartar la mirada de la bella escena que tenía en frente: la Luna iluminaba a Seira de una manera casi mágica mientras ella le sonreía.
En ese momento el dragón vio como los otros se lanzaban al agua y, jugando, giró para que ellos también cayeran. Después, se despidieron de él y nadaron hacia lo más profundo del mar. Los palacios siempre estaban donde la presión era tan alta nadie podría llegar, a menos que respirara bajo el agua. Silver llevaba a los niños tomados de la mano para que no se retrasaran mientras Hippo iba el último al ser más lento. Pronto, llegaron a un edificio fucsia de estilo barroco con pequeñas joyas de ese mismo color incrustadas alrededor de las amplias y recargadas ventanas y de la puerta.
- Bienvenidos, extranjeros. ¿Qué les trae por aquí con dos humanos? -preguntó una amable sirena fucsia de largo cabello rosado recogido en una coleta alta, pero dejando dos ondulados mechones por delante.
- Me llamo Silver, esta es mi hermana, la princesa Seira, él es su amigo Trunks y el otro es Hippo, el hipocampo.
- Oh, es un honor -dijo la chica estrechando vigorosamente las manos de todos-. Deben haber hecho un largo viaje. Por favor, permítanme guiarles hasta las habitaciones.
- Claro, pero solo necesitaremos tres. Yo dormiré con mi hermana -respondió el tritón siguiéndola.
- ¡Qué tierno es! ¿Todos los tritones son así? Ojala hubiera más.
- No te preocupes, señorita. Tengo suficiente ternura para todas -bromeó él sonriendo de una forma que sonrojó a la sirena.
- No debería decir eso. Nos están mirando y hay algunas sirenas bastante desesperadas por aquí.
- Sí, parece que no han visto un chico en su vida -comentó Trunks.
- Es que no lo han visto porque las sirenas no pueden salir a la superficie hasta su ceremonia de mayoría de edad y aun así deben evitar a los humanos -explicó Hippo mandándole una indirecta al niño.
- Aquí están sus habitaciones. Espero verles mañana para el gran evento -se despidió la sirena.
- ¡Espera! No nos has dicho tu nombre -recordó Silver.
- Oh, cierto. Me llamo Eiko. Adiós.
- ¿A qué gran evento se refiere? -preguntó Trunks notando que Silver sabía algo.
- Ya lo sabréis mañana. Por ahora, vamos a dormir -respondió el tritón cargando a su dormida hermana en brazos hasta su dormitorio.
A la mañana siguiente, hubo un gran banquete y, cuando terminó, Eiko les hizo una visita guiada por el palacio. Al llegar a la sala del trono, vieron una especie de concha gigante con una puerta a cada lado.
- Esa puerta lleva a los aposentos de la princesa donde está también su corona y en la otra está la fuente. La nueva princesa debe estar a punto de nacer, ¿quieren verla? -ofreció la sirena mayor.
- Pero si aún no ha nacido, ¿cómo la vamos a ver? -preguntó Seira.
- Verá princesa, nosotras, las Dark Pearls, nacemos de manera distinta a las Rainbow Pearls como usted. La energía maligna de nuestras perlas impide que nuestra alma pueda quedarse dentro de ellas hasta el nacimiento y por eso es la energía reunida en una esfera por la fuente la que mantiene al alma hasta que le llega el momento de nacer.
- Entonces vamos -dijo la niña entusiasmada.
Dentro de la habitación, había un altar con una concha más pequeña que el trono sobre la que reposaban una esfera fucsia brillante y, apoyando su espada en ella, una dormida sirena semitransparente rodeada por una suave luz también fucsia.
- Ella es la princesa Umiko. Quizás puedan ser amiguitos -propuso Eiko.
- Sí, eso estaba pensando yo -respondió Silver sonriendo.
- ¡Qué bien! -ironizó Trunks en su mente- ¿Es que no quedan niños de mi edad?
- ¡Seremos los mejores amigos! ¡Los tres! -gritó Seira feliz mientras abrazaba al mitad saiyajin.
La alegría de la niña se contagió a los demás y los mayores soltaron pequeñas risas. Excepto Hippo, quien miraba al pequeño desconfiado.
- Si la otra princesa es igual con el humano empezaré a pensar que soy el único que ve lo peligroso que es en realidad.
De pronto, el espíritu de una sirena adulta muy parecida a Umiko se acercó a la fuente con la perla fucsia, la dejó y desapareció.
- ¡Ya va a nacer! -chilló Eiko atrayendo a todas las sirenas de ese reino y los vecinos que estaban en el palacio.
El alma de la princesa comenzó a absorber la energía de la perla y de la esfera volviéndose cada vez más opaca. Su cabello era liso, largo y rubio intenso acabado en picos, piel blanquecina y cuando abrió los ojos pudieron ver que eran de color azul marino. La pequeña se quedó mirando a los chicos con un gran sonrojo en sus mejillas.
Sin embargo, antes de que pudiera terminar de nacer, unas alas entraron rompiendo el techo y rodearon la esfera. La sala se llenó de gritos y una femenina risa maligna se escuchó.
- No os preocupéis, no podéis evitarlo. Esto es lo que había de pasar -aseguró una mujer con ropa de hombre, alas de murciélago y un antifaz.
- Seas quien seas, no permitiremos que te llevéis a las princesas -exclamó Silver intercambiando una mirada de complicidad con Hippo.
- Mi nombre es Lady Bat y parece que no me has entendido, serán vuestros corazones los que quedarán en mi poder. Y ahora, os invito a un concierto muy personal -dijo quitándose el antifaz.
Más hermosa que una rosa azul,
Que sus espinas más molesta aún.
Esta mano es la que quiere intentar
que una vida empiece a brotar.
La puerta al inframundo hoy está
a punto ya de abrirse porque adivino
que una vez más me llamará
la voz de mi destino.
Todos los presentes estaban inmóviles, sin ningún brillo en sus ojos. Las sirenas y el hipocampo se sentían sin fuerzas, pero para Trunks era diferente.
El niño miró a su alrededor, viendo que estaba en un lugar oscuro. Movió su mirada en busca de una salida, pero simplemente no existía.
Yo te miro y tú debes los ojos cerrar.
Es la máscara, la medianoche.
De repente, en la lejanía vio una silueta que le daba la espalda. Era un hombre bajo vestido con un traje azul que parecía ser elástico, botas y guantes blancos y peinado en forma de llama negra. Trunks se quedó sin aliento cuando algo en su interior le reconoció.
- ¡Papá!
Te deslizas sin miedo hacia la oscuridad.
Corrió hacia él lo más rápido que pudo, en ese momento no le importaba nada, solo quería conocerle o, al menos, ver su rostro.
Ahora ven, ven ya, amiga ven a la noche
porque te espera la eternidad.
Siguió corriendo, pero no conseguía desplazarse. Permanecía en el mismo lugar sin nunca llegar hasta él. Gritaba una y otra vez, pero no recibía respuesta. Su padre seguía de pie allí sin nunca mirar atrás.
El amor puro yo te hago olvidar
Trunks se detuvo y miró fijamente al que tenía delante. Todo su cuerpo se sentía pesado y la tristeza le inundaba.
El mundo oscuro te quiere abrazar.
El hombre comenzó a caminar, alejándose cada vez más de él con paso firme. Las piernas del niño fallaron y cayó al suelo.
Una voz del futuro te va a acariciar.
- ¿Por qué no puedo alcanzarle? -se preguntó apretando con fuerza los puños y conteniendo las lágrimas.
- Vamos a ver, ¿quién quiere recibir mi amor primero? -ofreció la malvada.
Las blancas alas que envolvieron a la esfera fucsia la fragmentaron y se retrajeron dejando ver al que las portaba: un hombre de pelo largo verde pálido recogido en una coleta casi al final. Mientras tanto, Lady Bat se acercó a Silver abriendo la boca cerca de su cuello para morderle. Todo parecía perdido, pero la pequeña princesa aún no nacida vio la forma de salvarles. El poder de la esfera estaba ahora en las alas del hombre, su cuerpo se desvanecía poco a poco. Tomó la perla y concentró la poca energía que poseía en ella. La brillante luz de la perla fucsia desconcertó a Lady Bat, haciendo que se alejara del tritón. Después la luz se convirtió en un gran destello que despertó a las sirenas.
- Lord Mikel, ¡ayúdame! -pidió la mujer transformándose en cientos de murciélagos que salieron volando rápidamente.
- Lord Mikel… Es él, él es "las alas" -dijo Silver.
- ¡Mirad, Umiko no está! -alertó Seira.
- La esfera está rota, no ha podido mantenerla con vida -explicó Eiko con tristeza-. Váyanse de aquí, no dejen que el sacrificio de la princesa sea en vano.
- La princesa naranja no se va a ningún sitio -dijo Mikel extendiendo sus alas hacia ella.
Sin embargo, alguien se interpuso mientras se oía el sonido de algo metálico chocando.
- ¡Escapad! -gritó Hippo dejando que le capturaran.
- Hippo, ¡no! No te dejaremos aquí -dijo Seira.
- Yo me quedaré con él, ¡marcharos! -ordenó Silver más serio que nunca.
- Pero hermano…
- ¡Ahora! -la interrumpió cogiendo la llave selladora del suelo y transformándola en una especie de báculo que tenía un adorno circular con un relieve de un caballito de mar en un extremo.
La joven princesa resignada tomó a su amigo del brazo y nadó hacia la superficie lo más rápido que pudo. Si ese tipo había absorbido el poder de las demás princesas era casi imposible que ellos le vencieran, pero quería creer, necesitaba creer que lo lograrían.
Una vez en tierra firme, se sentaron cada uno perdido en sus pensamientos. Seira respiraba alteradamente por el cansancio y mantenía su mirada en el mar mientras que Trunks abrazaba sus piernas y escondía la cabeza en sus rodillas.
- ¡Papá!... ¿Por qué no puedo alcanzarle?
La pesadilla se repetía en su mente sin cesar hasta que unos sollozos le hicieron mirar a la chica que de alguna forma le había salvado.
- No van a volver -murmuró en la misma posición que tenía él antes.
Sin saber qué hacer, puso una mano en la espalda de la chica y la acarició suavemente. Ella le miró transmitiendo todo el dolor con sus ojos.
- No hagas eso -dijo él frunciendo el ceño.
- ¿Él qué?
- Llorar, no soporto verte así.
Seira le dedicó una sonrisa entre lágrimas, una sincera aunque triste.
Ahora era cuestión de tiempo que les encontraran, ya que Trunks había aumentado su ki sin querer durante el sueño y Gohan debía haberlo detectado. Ella regresaría con Milk como había dicho antes de salir. Era el momento de separarse.
¡Hola!
Por si no se entiende:
Pensamientos
Recuerdos y sueños
Canciones
Sayonara!
Disclaimer: Dragon Ball y sus personajes pertenecen a Akira Toriyama.
Mermaid Melody y sus personajes y canciones pertenecen a Michiko Yokote y Elastic Rights en España.
