A pesar de no estar del todo convencido o no sobre volver ya a la base, Jacob había terminado por convencer a Jack de regresar. "No te preocupes, confío en Alina, sabrá lo que hacer para mantener seguro a Sam."

Jack no estaba del todo convencido, pero no sabía donde ir para buscarlos y Jacob no tenía ni idea de que destino habría tomado la chica con la nave. Por ello finalmente, Jack le dijo al general Hammond, que regresaba, aunque las cosas no habían salido como estaban planeado.

Jack tenía miedo de hablar con Dean, sabía que se parecía demasiado a su padre como para hacerse una idea de cómo iba a reaccionar el chico sobre no saber donde estaba su hermano.

Sin embargo tenía que hablar con él cuanto antes, ser él mismo el que se lo dijera, el que le dijera que su hermano estaba bien, aunque estuviera en una nave alienígena, junto con una extraña y que los jaffas de Baal les estaban persiguiendo.

Ni siquiera se lo creía él mismo, pero tenía que hacer que Dean, por las condiciones en las que se encontraba, no se exaltara demasiado con el tema. Sabía demasiado bien que era algo totalmente imposible.

- o -

Le molestaba mucho a Dean aquello de quedarse dormido sin más y despertarse unas cuantas horas más tarde, sin saber muy bien cuantas horas había dormido y sintiéndose ligeramente mareado y teniendo que recordar lo último que había sucedido.

Nadie le quería decir nada, pero él sabía de sobras que no se encontraba bien y que no se trataba de una simple gripe como le habían hecho creer. Todos se comportaban de una forma muy extraña con él y no sabía porque.

Se levantó de la cama, afortunadamente, esa vez la habitación no le daba vueltas y podía caminar sin tener que palpar una pared para no caerse. Abrió la puerta, no había nadie vigilando, ni siquiera estaba aquel gran hombre negro, Teal'c le habían dicho que se llamaba, el amigo de su padre al que no había visto nunca y que no le quitaba la vista de encima.

Observó el largo pasillo, completamente vacío y comenzó a caminar por él comprobando que nadie le encontrara y le hiciera volver a la habitación. Todo estaba en calma, pensó que tal vez excesiva. Llegó a una puerta, que daba a una pequeña sala de control, al fondo, junto a una máquina de café había dos hombres hablando. Se fijó en la mesa y vio una de aquellas extrañas armas, igual a la que habían usado para atacar a Sam en la cafetería y la cogió. Esta vez estaría preparado si alguien quería intentar hacerle daño.

Una alarma lo sobresalto y varios militares pasaron corriendo a su lado, sin apenas fijarse en él. Escuchó algo similar a "viajero en entrada." Cuando la alarma cesó, el pasillo volvió a quedarse en silencio y continuó andando.

Quería encontrar a su madre, casi no se había hecho a la idea todavía de que estuviera viva. Quería hablar con ella, preguntarle como era posible que no hubieran sabido nada de ella en tanto tiempo, si era que le había ocurrido algo.

Pero no pudo encontrarla, por más puertas que con las que se encontraba, todas estaban cerradas por seguridad o no había nadie en ellas. Finalmente vio luz en una de los cuartos y se acercó allí, con el arma en la mano. Al llegar a la puerta, vio a un hombre frente a él, tan enfrascado en los papeles que tenía entre manos, que no se había percatado de que él estuviera allí.

Dean lo miró y esperó, pero cuando el otro hombre, levantó por fin la mirada hacia él, entró en el cuarto, que resultó ser un despacho y cerró la puerta detrás de él. Ahí lo tenía otra vez, el demonio que había estado buscando toda su vida, se había ocultado en el mismo lugar en el que estaban sus padres, no podía ser casualidad.

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"Coronel, ¿Cómo ha ido la misión, tiene el antídoto para su hijo?" Dijo Carter mientras alternaba la mirada entre su padre y Jack. Al ver la seriedad en su mirada, supo que la respuesta era un no y que algo había salid mal. "¿Y Sam?"

"No lo se, Carter, tuvimos que separarnos." Jack fue andando hasta salir del silo y comenzó a moverse por los pasillos. Carter sabía muy bien a donde iba.

"Coronel, espere. ¿Qué va a decirle, que ha perdido a su hermano? Siento decirlo así, pero en el estado en el que Dean se encuentra, cualquier noticia de ese tipo, podría provocarle un shock."

"¿Cree que no lo se?" Jack se detuvo, había hablado demasiado alto, pero nunca había estado tal alterado como en ese momento, pocas veces se había sentido con las manos tan atadas como entonces. "Lo siento, no quería gritarle. Pero esto es demasiado frustrante. Dean es mi hijo y cuando los traje aquí, me prometí que no les ocurriría nada."

"No es su culpa, todo esto lo ha provocado Baal."

"Eso no es del todo cierto, yo fui el que les permití moverse por la base, el que les permitió salir por primera vez por la puerta. Dean es mi hijo, pero siento a Sam como si también lo fuera. Su padre era uno de mis mejore amigos y puede que sus hijos mueran por mi culpa. No podría soportarlo."

"Encontraremos una forma de solucionarlo, pero tiene que tener cuidado con Dean, intente no ser demasiado brusco al decírselo, no sabemos como va reaccionar."

Mientras ambos se quedaron en silencio, vieron aparecer a Teal'c. "O'Neill, el joven Dean Winchester ha desaparecido. Temo que haya ido en busca de Daniel Jackson, su despacho ha sido cerrado por dentro."

Jack suspiro, estaba teniendo demasiadas emociones en un mismo día, perder a Sam, tener que dejarlo con un miembro de la Tokra sin saber si estaría bien y ahora temer que Dean pudiera hacer alguna estupidez, poniendo a Daniel en peligro.

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"Dean, me alegra verte en pie, supongo que eso es señal de que ya te encuentras mejor." Daniel se levantó e intentó acercarse al botón de emergencia que había junto a la puerta. Sabía que Dean no se encontraba mejor y también sabía que creía que él era un demonio o algo parecido.

Dean también se movió y se interpuso en su camino. Sonrió mientras levantaba el arma. "No te molestes en disimular, se perfectamente quien eres y lo que quieres." Dio un paso hacia Daniel, que retrocedió al mismo tiempo. "Pero no lo conseguirás, protegeré a mis padres aunque tenga que morir en el intento. En cuanto a Sam, nunca será uno de tus elegidos, ¿me oyes bien? ¡Nunca!" Dijo levantando la voz.

"Dean, escúchame por favor, tienes que calmarte. Estás confundido, no soy quien crees, nunca pretendería hacer daño a nadie de tu familia." Daniel echó un rápido vistazo a su alrededor, pero no encontró nada con lo que poder defenderse en el caso de necesitarlo.

Ese momento de despiste, fue utilizado por Dean, para acercarse a él, empujarlo contra la pared y cogerle del cuello con fuerza, hasta que le escuchó toser con violencia.

"No se a que demonios estás jugando, pero tu tiempo se ha terminado. Nadie va a ayudarte ahora, no vas a confundir a nadie para que te salve el cuello. Es la hora de mi venganza." Daniel fue a decir algo, pero Dean fue más rápido y le golpeó en el estómago; lo dejó caer al suelo y comprobó como protestaba por el dolor.

"Dean… tienes que escucharme… te lo digo de verdad." Daniel se detuvo para tomar aire y tratar de respirar. "No cometas ninguna tontería de la que luego te puedas arrepentir, porque te juro que no soy…"

"¡Cállate!" Dean ya se había cansado de aquello, el demonio ya les había mentido demasiadas veces. ¿También había sido el demonio el que les había hecho creer que su madre estaba muerta? Furioso, Dean levantó el arma y apuntó con ella a Daniel. "¿Es cierto que con un impacto de este arma quedas inconsciente y con dos te mata?"

Daniel asintió. Por más que lo intentaba ya no sabía como ganar más tiempo hasta que alguien se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo y entrara en su ayuda antes de que Dean terminara por matarlo. Para sorpresa de los dos, unos fuertes golpes sonaron en la puerta.

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Carter, Jack y Teal'c llegaron al despacho de Daniel, que estaba cerrado. Junto a la puerta ya se encontraba la doctora Fraiser y un par de soldados. "Hemos oído gritos señor, el chico está dentro con el doctor Jackson. Es posible que esté armado."

Jack miró la puerta como si pudiera atravesarla y saber lo que estaba ocurriendo en el interior. Por mucho que trataba de comportarse con toda la naturalidad posible, Jack estaba aterrado. Temía por la vida de Dean, ya le había dicho Janet que tenía que estar tranquilo, que había comprobado que cada vez que se alteraba, la fiebre subía.

Como le había dicho Carter tenía que encontrar el modo de evitar que cometiera ninguna locura. ¿Qué pasaría si le hacía daño a Daniel? Durante todo el tiempo que llevaba trabajando al lado de Daniel, se había preocupado por protegerle, por evitar que le sucediera nada malo.

Ya lo había pasado suficientemente mal las veces que había creído que su amigo había muerto, como para permitir, que por un descuido que siempre se achacaría a él, Dean pudiera hacerle algo malo.

Jack llamó un par de veces a la puerta. "¡Dean, soy papá, no cometas ninguna locura por favor!" La respuesta tardó unos momentos en llegar.

"¿Cómo puedes decir eso? Se trata del demonio de ojos amarillos, llevas toda la vida persiguiéndole y ahora me dices que le deje. No te comprendo." Un tercer soldado apareció y comenzó a trabajar en la puerta para abrirla.

"Dean, estás enfermo y ves cosas que no son. Daniel es mi amigo, trabaja conmigo y no quiero que le hagas daño, le apreció tanto como a vosotros. Por favor Dean, sal y hablemos, te prometo que no te estoy mintiendo."

"¿Cómo puedo estar seguro que no se trata de un juego del demonio?" Dean todavía estaba apuntando a Daniel con la zat.

"Porque tu hermano está en problemas y necesito saber que tu estás bien, para poder poner todos mis esfuerzos en ayudarle." Carter le miró, desde luego no había sido la forma más cuidadosa de decirle a Dean lo que ocurría con su hermano, pero si así, al menos, conseguían controlar la situación y evitar que le sucediera nada malo a Daniel, valdría la pena.

Se escucharon unos pasos que se aproximaban a la puerta y esta finalmente se abrió. Allí apareció Dean, mirando a Jack con sus ojos verdes penetrantes. Ninguno de los dos tuvo que decir nada para saber lo que Dean quería.

Antes de contestar, Jack miró al interior del despacho y se encontró con Daniel sentado en el suelo, mirándole. Parecía estar bien.

"Papá, ¿Dónde está Sam?" Desde que lo conocía, Jack no había escuchado a Dean hablar con tanta seriedad y determinación en al voz.

"La misión ha salido mal. Nos hemos separado."

"¿Dónde está Sam, papá?" Dean volvió a preguntar mientras Jack lo miraba. "No soy ningún crío, dime donde está mi hermano."

"No lo se." Aquellas fueron las tres palabras más difíciles de pronunciar en toda la vida de Jack O'Neill y mucho más cuando tenía que decírselas a su hijo enfermo. "Lo siento Dean, pero he perdido a tu hermano. Estoy seguro que está bien…"

"¿Cómo que has perdido a Sam? Dijeron que cuidarías de él, ¿Cómo has podido perderle?" Dean se movió con rapidez por el pasillo. Notaba su propia respiración agitada.

"Está con una amiga, se que estará bien." Jack trató de detenerle, pues se percató de lo rápido que su hijo estaba palideciendo.

"No me digas lo que crees, dime que puedes comunicarte con él y que puedes estar seguro que no le ocurrirán nada malo." Dean comenzó a elevar la voz mientras hablaba. Se tuvo que apoyar en la pared, pues se estaba quedando sin aire por momentos. "¡Llevó toda la vida, cuidando de Sam!. Sammy…"

"Dean lo siento, pero…"

"No papá, encuéntralo tu, ya que no me has dejar salir en su busca porque dices que estoy enfermo. Encuentra a mi hermano." Se puso frente a Jack y lo miró con rabia en la mirada. "¡Encuéntralo!" No se dio cuenta del pinchazo en el brazo hasta que la aguja fue extraída. Se volvió hacia Janet y fue a decir algo, cuando la vista se le nublo de repente.

"Janet ¿Qué has hecho?" Jack se acercó a Dean cuando lo vio tambalear.

"Evitar que le de un ataque al corazón o que la fiebre suba tanto que pueda llegar a abrasarle el cerebro. Tranquilo, sólo se trata de un calmante algo más fuerte de lo normal."

Jack vio que Dean trataba de apoyarse en la pared, pero que tambaleando, perdió el equilibrió y estuvo a punto de caer al suelo. Consiguió sujetarle y llamó a Teal'c, que se encontraba con Daniel. "Ayúdame a llevarlo de vuelta a su habitación." Cuando Teal'c se hizo con él, Dean ya se había quedado inconsciente.

Jack vio como se llevaban a Dean a su habitación y suspiró. Desde luego las cosas no hacían más que ponerse más difíciles a cada momento. Pero en algo si que había tenido razón Dean, tenía que dar con su hermano a toda costa.

- o -

El camino hacia la nave de carga de la Tokra, no fue todo lo sencillo que Sam hubiera deseado y mucho menos llevando a Alina, que aunque no le dijera nada, sabía que lo estaba pasando mal.

Por fin llegaron a la nave, Sam ayudó a la chica a sentarse en el asiento del piloto y sorteando rocas y disparos de los planeadores consiguieron salir del planeta y saltar al hiperespacio recibiendo los menores daños posibles.

Alina se reclinó en el asiento y cerró los ojos. Sam se fijó en la cara de dolor que la chica ponía. "¿Por qué no descansas un rato?"

La chica quería decirle que se encontraba bien, que no hacía falta que se preocupara por ella, pero la verdad era que la cabeza le estaba matando y que posiblemente tendría alguna costilla rota y que la curación por parte de Iris estaba siendo más lenta, seguramente su huésped también estaba herida.

Por ello cuando Sam le ofreció la mano para ayudarla a levantarse, no dijo nada y dejó que ayudará. No quería hacerlo, pues no le gustaba parecer débil delante del resto del mundo, pero dejó que él le ayudara a llegar hasta la parte de atrás de la nave y haciendo una cama improvisada sobre unas cajas, la levantó y la sentó allí.

"Puede que esté herida, pero no me he vuelto inválida." Dijo la chica con determinación.

Sam se quedó donde estaba y sonrió al verla intentar poner una cara de autoridad, cuando en realidad, estaba casi tan asustada como él. "Sólo intentaba ayudar. Pero si prefieres hacerte la dura, no seré yo quien te lo impida." Se dio la vuelta pero se detuvo antes de seguir y se volvió de nuevo hacia la chica. "Sabes, me recuerdas mucho a mi hermano, tan testarudos los dos, sin querer que nadie los ayude cuando estáis en problemas."

Alina alargó el brazo, en el mismo momento en el que Sam dejaba de hablar y cogiéndole de la ropa, hizo que él se acercara a donde estaba ella. Lo miró un segundo a los ojos, sin estar del todo segura de lo que estaba haciendo, pero terminó por acallar a las voces internas.

Se acercó al borde del cajón y rodeó el cuello de Sam con ambos brazos. Un momento después le besó sin que él dijera nada. No recordaba cuando había sido la última vez que había besado a alguien y mucho menos de aquella forma, que parecía tan inocente y tan dulce.

"Espero que en esto no me parezca también a tu hermano." Dijo Alina mientras sonreía.

"No te preocupes, él no besa tan bien como tu." Sam vio la cara de sorpresa en el rostro de la chica y comenzó a reír, mientras le acariciaba a mejilla y enredaba sus dedos entre el pelo de ella. "Al menos eso creo porque nunca lo he probado."

Alina rió con él, al mismo tiempo que Sam se sentaba a su lado sobre el bloque de cajas. Ella apoyó la cabeza sobre el hombro de él. "Gracias por estar aquí, Iris es muy fuerte y a veces me hace parecer excesivamente individualista. Pero si no estuvieras aquí…"

La mano de Sam sobre su mejilla le hizo sonrojarse y dejar de hablar, pero cuando los labios de él se juntaron con los suyos, todo su cuerpo se alteró, desde el rubor de sus mejillas que nunca había sido tan intenso, hasta el latido de su corazón, pues estaba segura que él podría escucharlo perfectamente.

"Saldremos de esta no te preocupes." Por fin Sam podía ver a Alina tal y como la chica era de verdad, sin ocultarse detrás de la personalidad de su huésped, sino como la chica asustada que no sabía que pasaría en las próximas horas. Ella volvió a apoyarse sobre él y la escuchó respirar tranquilamente.

Tampoco es que él las tuviera todas consigo, pero regresar con Dean para ayudarle era demasiado importante como para no seguir luchando hasta el final. Además, ahora tenía un aliciente más, sentado a su lado, apoyado sobre y con sus manos entrelazadas con las suyas.