Perdón, estos días no he tocado el ordenador. Aquí os dejo los cuatro capítulos retrasados y el de hoy:

-Podría... -Señalé a la niña, los voluntarios asintieron y nos acercamos a ellos; Castle tenía en sus brazos a un niño de unos ocho o nueve meses, tirándole de la corbata riéndose a carcajadas, era una imagen muy tierna. Me senté a su lado, donde estaba jugando la pequeña con la que debía hablar, ya con la muñeca arreglada. La niña me miró con curiosidad y luego miró a Castle.

-¿Es tu novia? -Él se rió y me miró, asentí divertida.

-Sí, es mi novia, se llama Kate.

-Eres muy guapa. -Me dijo la niña.

-Vaya, muchas gracias, ¿como te llamas?

-Bianca y ella es Stana. -Señaló a su muñeca.

-Encantada de conocerte Bianca, ¿te gustaría hablar conmigo un ratito? -Pregunté.

-Stana también viene y también Rick. -Dijo. Asentí y nos levantamos, Castle dejó al pequeño con John y nos siguió. Nos sentamos junto a María en una mesa en una esquina, mientras que John entretenía a los demás niños.

-Dime Bianca, ¿tienes hermanos?

-Sí, tengo tres hermanos y dos hermanas, pero dos se fueron al cielo y ya no pueden volver. -Castle me miró con tristeza.

-Lo siento, pequeña.

-No importa, porque el cielo es un lugar muy bonito y ellos están allí cuidándome, ¿a que sí, María?

-Claro. -Aseguró la voluntaria, yo le sonreí con ternura.

-Dime una cosa Bianca, ¿qué te ha regalado Santa Claus?

-A Stana, ¡a qué es bonita!, se parece mucho a ti. -Me dijo, poniéndomela delante de la cara, para que la viera mejor. Cogí la muñeca y asentí.

-Es muy bonita. -Afirmé. -Debes haber sido una niña muy buena.

-Mucho, voy siempre al cole con la ropa limpia, hago los deberes y ayudo a mamá en casa.

-Muy bien. Seguro que Santa Claus también te dijo que eras una niña muy buena.

-¡Sí! y me dijo que estaba muy orgulloso y que el día de Navidad me va a traer otro regalo. -A la niña se le iluminaron los ojos, intercambié una mirada con Castle, María suspiró.

-¿Y te dijo algo más? -Pregunté.

-Le pregunté como era su casa y me dijo que era muy bonita, llena de adornos de Navidad y de colores y que estaba en el polo Norte.

-¿Y nada más?

-Y que tenía renos, muchos, muchos renos. -Dijo.

-Vale... bueno ahora tenemos que irnos, muchas gracias por tu ayuda Bianca. -Le sonreí y nos levantamos.

-Adiós, ¿vendrán a vernos en Navidad? vamos a hacer una función y Santa Claus vendrá y nos dará los regalos a los niños buenos.

-Iremos. -Castle le prometió. La pequeña sonrió, ilusionada y luego fue junto a los demás niños. Me dirigí a María.

-No parece que le dijera nada raro a la niña.

-Lo sé, por eso no le di importancia, pero ahora no sé que pensar...

-Ahora tenemos que irnos, si supiera algo más llámenos por favor.

-Lo haré.

-Una cosa más, ¿qué ocurrirá con los regalos de los niños en Navidad? -Quiso saber Castle.

-Aún no sabemos como decirles que Santa Claus no vendrá... solemos regalar juguetes usados que vienen de donaciones, pero este año no ha habido mucha suerte. Pobres... estaban tan ilusionados...

Antes de salir Samantha nos dio las fechas de los voluntarios y de las familias, tendríamos que hablar con todos, pero nada parecía apuntar a que Santa Claus fuera un criminal. Durante el trayecto a la comisaría Castle estuvo muy callado.

-¿Estás bien?

-No dejo de pensar en la carita de Bianca, la pobre se va a llevar una gran desilusión cuando vea que Santa Claus no va a estar en la mañana de Navidad.

-Lo sé, pobre niña, ha debido sufrir muchísimo.

-Estaba pensando...

-¿Sí?

-¿Crees que me quedaría bien un traje de Santa Claus?


Unas horas después comíamos con los chicos en la sala de descanso. Habíamos pasado toda la mañana hablando con los voluntarios y con las familias que habían ido al local en los últimos días y todos coincidían en lo mismo, nuestra víctima era un hombre encantador, un verdadero Santa Claus. Sin embargo, aún teníamos que hablar con el voluntario desaparecido, Tom Poodle. Ya habíamos dado la orden de ir a buscarlo pero no estaba en su apartamento, por eso teníamos una patrulla esperando, por si aparecía. Esposito tragó el trozo de rollito de primavera y nos miró a Castle y a mí:

-Bueno chicos, ¿Qué tenéis pensado hacer en Nochebuena? –Miré con incomodidad a Castle, que se encogió de hombros.

-Cenaré con Alexis y con mi madre. –Ryan me miró sorprendido.

-¿No cenareis juntos?

-Pues… no lo sé… aún no lo he decidido. –Los chicos se miraron, sabiendo que habían metido la pata. Esposito se levantó rápidamente y se disculpó diciendo que tenía que hacer una llamada.

-Sí y yo… voy a ver como va lo de Poodle. –Se excusó Ryan, dejándonos solos. Durante varios minutos reinó un silencio incómodo, hasta que decidí romperlo.

-Castle te dije que te avisaría… pero aún no…

-Kate, tómate tú tiempo, no te preocupes. Entiendo que estas fechas no deben de ser fáciles para ti.

-Gracias. –Le sonreí, él me cogió la mano y me la acarició durante unos segundos.

-Aun así en navidad quiero darte mi regalo, y no aceptaré un no por respuesta.

-No se preocupe señor Castle, ya se lo dije yo también tengo que darle un regalo.

-Mmmm, ¿algo sexy y poco apropiado? –Preguntó con picardía.

-Todo es posible…

-Es usted muy mala, inspectora Beckett. –Ambos nos reímos; yo sabía muy bien que le iba a regalar y sabía que le iba a encantar, aunque sentía mucha curiosidad por saber cual sería su regalo. Iba a preguntar cuando sonó su móvil. Castle habló durante varios minutos y colgó, entristecido.

-¿Va todo bien?

-Mi madre, después de la cena de Nochebuena saldrá. –Suspiró. –Adiós a nuestra tradición familiar

-Bueno, piensa que aún te queda Alexis. –Le consolé. Él volvió a sonreír, pero entonces sonó de nuevo su teléfono, lo miró con aprensión antes de contestar.

-Dime, cielo. –De nuevo habló durante un rato y luego dejó el móvil en la mesa, ahora sí que parecía muy deprimido. Me miró y me sonrió con tristeza.

-Parece que tiene mejores planes.

-Oh… lo siento mucho Castle.

-No importa… -Murmuró, intentando quitarle importancia, pero fracasando. Se levantó y salió de la sala de descanso, dirigiéndose a su silla. En ese momento tomé una decisión.


Durante un rato Castle apenas habló, aunque se animó bastante cuando Ryan y Esposito se acercaron a nosotros:

-Han encontrado a Poodle en una gasolinera, nos lo están trayendo ahora.

-Bien, nosotros nos ocupamos. –Miré a Castle y le sonreí. –Anímate Castle, puede que por fin descubramos al asesino de Santa Claus. –Él asintió, con el amago de una sonrisa en los labios. El ascensor se abrió y dos agentes nos trajeron al que supuse sería Poodle, un joven moreno y atractivo, tal como lo había descrito Samantha. Lo llevaron a la sala de descanso y lo observamos durante unos minutos antes de entrar. Parecía aburrido. Miré a Castle, quien asintió y entramos, con decisión.

-Tomas Poodle. Es un usted un hombre escurridizo, señor Poodle.

-Si hubiera sabido que la poli me estaba buscando, les habría hecho una visita. –Se burló.

-¿Por qué no aprovecha su visita para hablarnos sobre este hombre? –Le enseñé una foto de nuestra víctima, en la que salía disfrazado de Santa Claus. Le echó un vistazo.

-Veamos… se le conoce como Santa Claus, viste de rojo y lleva regalos a los niños buenos en Navidad. ¿Ha sido buena, señorita? Yo podría ser su Santa Claus… –Preguntó, Castle gruñó.

-Inspectora Beckett para usted. –Le advertí. -Este hombre trabajaba en la ONG en la que usted es voluntario, ha sido asesinado, justo después de que un buen número de personas le vieran a usted gritarle y acusarle de algo, dígame Tom, ¿se enfadó porque hablaba demasiado con Bianca y decidió arreglarlo?

-¡¿Qué?!, espere, ¿cree qué lo he matado yo? –Preguntó horrorizado, abandonando el tono burlón.

-Dígamelo usted.

-Yo no lo maté. Discutimos, sí, pero nada más. Cuando terminé en la ONG él me esperaba fuera, aún vestido de Santa Claus, le dije que se largara y que no me fiaba de él, que no se volviera a acercar a Bianca ni a ningún otro niño.

-Debió cabrearle mucho que él se negase.

-No se negó, me dijo que él jamás haría daño a un niño pero que no quería molestar a nadie. Se largó y desde entonces no he vuelto a verlo.

-¿A dónde fue?

-¡Y yo que sé! No me quedé a verlo.

-¿Dónde estuvo usted hace dos noches, entre la una y las dos de la mañana? –Le pregunté por su coartada.

-En casa, con mi novia.

-¿Alguien aparte de ella podría confirmarlo?

-Pregunte a los vecinos… hicimos bastante ruido durante toda… la noche. –Sonrió, suspiré, inclinándome hacia atrás.

-Está bien… puede irse, pero no salga de la ciudad hasta nuevo aviso. –Se levantó y se fue; Castle me miró.

-¿Qué piensas?

-Creo que dice la verdad, pero tendremos que confirmar su coartada.

-¿Qué hacemos ahora?

-Pues, tenemos que averiguar a donde fue nuestra víctima tras la charla con Tom.

-¿Y cómo lo haremos?

-No lo sé… -Murmuré agobiada.

-¡Eh!, tranquila, lo averiguaremos, siempre lo hacemos. –Afirmó con esa sonrisa que me volvía loca.


Aquí está una de las dos escenas M de este fic. Es muy suave, por no decir inexistente, pero por si acaso yo lo aviso.

Tras confirmar la coartada de Poodle intentamos averiguar a donde se dirigió Santa Claus después de despedirse, pero la calle donde se encuentra el local de la ONG no tenía cámaras de seguridad y era imposible saberlo. Cada vez me sentía más frustrada, ese caso era… agotador. Castle se mostraba comprensivo y no hacía ninguna alusión al "verdadero" Santa Claus. Dos horas después no pude más, necesitaba despejarme, así no podía pensar. Miré a mi lado, Castle estaba junto a la máquina de café. Después se acercó a mí y me tendió una taza, sonriendo me la llevé a los labios pero la dejé a medio camino, al ver el café. Había dibujado una bonita hoja de acebo en la espuma. Dejé que la taza me calentase las manos y nos miramos durante unos minutos.

-Gracias, es… muy dulce. –Realmente me sentía agradecida, es curioso como un simple detalle en la espuma del café te puede alegrar el día.

-Siempre.

-Castle… -Se acercó a mí y me sonrió, interrogante. –Creo que necesito… liberar un poco de… tensión.

-Sí… creo que… te vendría bien… -Dijo en voz baja, sexy.

-¿Se te ocurre… algo?

-Quizás podrías… ir al garaje… y esperarme en tu coche…

-Sí… quizás. –Me dirigí a la puerta y le sonreí. –Te espero allí.

Fui rápidamente al garaje, donde aparcábamos los coches en invierno, para evitar problemas con la nieve. Estaba vacío, mi coche estaba alejado, en una esquina, lo abrí y me senté en el asiento del conductor, esperando, con la respiración acelerada. Diez minutos después golpeaba suavemente la ventana, sonriendo. Se sentó en el asiento del copiloto y me miró, con esa mirada sexy y traviesa que yo conocía tan bien.

-Ven aquí. –Murmuró. Me senté a horcajadas sobre él y lo besé, apasionadamente, mientras que él me acariciaba la espalda.

-Dios, no puedo creerme… que estemos haciendo esto… aquí. –Dije, entre besos.

-Shhh, calla. –Me pidió y metió las manos por debajo de mi camisa, masajeando mis pechos por encima del sujetador. Gemí.

-Castle… -Jadeé. –Castle no tenemos mucho… mmm tiempo…

-Lo… sé. –Se desabrochó el pantalón como pudo y yo hice lo mismo. Me tomó de las caderas y me guió suavemente, callando mis gritos con su boca. Durante unos segundos estuvimos quietos, dejando que nuestros cuerpos se adaptaran. En esos pocos segundos él me acarició suavemente la mejilla, mirándome como nunca me había mirado un hombre al hacer el amor. Entrelacé mis dedos con los suyos; nos dimos un beso lento, dulce, romántico. Me moví despacio, disfrutando de él y con él, pero no pude más, necesitaba esa pasión que me hacía enloquecer. Empecé a moverme con rapidez, intentando contener mis gemidos, Castle me abrazó y se movió conmigo, llevándonos a ambos al límite. Le mordí el hombro, sintiendo como el clímax se apoderaba de mí, intenso, abrumador, dejándome completamente relajada y a la vez agotada. Me dejé caer sobre él, que me acarició cariñosamente, tan cansado y relajado como yo. Estuvimos unos minutos así, quietos, dejando que jugase con mi pelo.

-Deberíamos pensar en subir. –Dijo.

-No, aún no, quedémonos así un rato más. –Le supliqué. Me besó suavemente y asintió.

-Todo lo que quieras.


-¿Dónde os habíais metido? –Ryan nos miraba con la boca abierta, Esposito burlón.

-Hemos ido…

-Se me había caído la placa en el coche.

-Ya… pues si no quieres que Gates se entere de que se te ha caído… la placa, será mejor que te peines un poco. –Cogí un espejito que tenía en mi cajón y me arreglé el cabello, con rapidez, echándole un vistazo a mis labios. Al menos no se me había corrido el pintalabios. Esposito y Ryan se miraron y se rieron, cuchicheando. Los miré, cabreada.

-¿Qué?

-Nada…

-Chicos…

-Es solo que… bueno… ya han arreglado las cámaras de vigilancia del garaje, ¿lo sabías? –Castle y yo nos miramos, en cuestión de segundos mi rostro se volvió tres tonos más pálido de lo normal. –Pero… yo podría hablar con el encargado, que es amigo, y pedirle el favor… de... ya sabes… -Añadió Ryan, mientras que Esposito sonreía, asintiendo. Respiré profundamente.

-¿Cuánto nos costaría eso?

-A ti nada. –Contestó Esposito mientras que se volvía hacia Castle, quien comprendió al instante.

-¿El Ferrari?

-Durante todas las navidades. –Aclaró Ryan. Le dirigí una mirada de súplica a Castle quien aceptó a regañadientes.

-Tíos, estos momentos vividos con vosotros no los voy a olvidar, nunca. –Dijo, intentando sonar lo más amable posible. Los dos le sonrieron, yo suspiré.

-Bueno, más os vale que nadie vea ese vídeo y cuando digo nadie, os incluyo a vosotros dos, ¿entendido? –Asintieron. –Bien, ahora decidme, ¿sabemos algo nuevo?

-La verdad es que sí.

-¿Y bien? –Les apremié. -¿A qué esperabais para decírmelo?

-Si no os dedicarais a grabar vídeos porno con las cámaras de la comisaría…

-¡Shhhh! ¡baja la voz! –Dije, mirando temerosa al despacho de Gates.

-Lo siento, pues eso, que no es culpa nuestra.

-Exacto. –Añadió Ryan.

-Está bien, fallo nuestro, ¿qué tenéis nuevo?

-Pues como buenos polis que somos nosotros sí hacemos nuestro trabajo…

-¡Al grano!

-Y haciendo preguntas por aquí y por allá, una testigo nos dijo que encontró en el parque, unas dos o tres horas antes de la hora de la muerte, a una pareja muy sospechosa. Por lo visto discutían, hasta que uno se cabreó y se largó, en dirección a la Quinta Avenida.

-¿Una pareja discutiendo? –Preguntó Castle, escéptico. -¿Qué tiene eso que ver con nuestra víctima?

-Pues, el tío que se cabreó iba disfrazado de Santa Claus.

-Podría ser nuestro Santa. –Comenté.

-Podría ser. Hemos ido a la Quinta Avenida y hemos pedido las cámaras de vigilancia que están en las entradas de la avenida, a ver si sobre esa hora aparece algún Santa Claus. Nos las van a traer ahora.

Sonreí, con un poco de suerte esta vez si tendríamos por donde investigar.