Lloré y lloré haciendo ésto. ToT Me dio mucha pena y me siento de lo peor :'c Pobre Setsuna y pobre Beryl. Espero que disfruten el último capítulo de la vida de Setsuna y que estén atentos con la historia de Hotaru. Los quiero!

Capítulo 11: "¿Sacrificio?"

Los tres entraron a la oficina privada del príncipe. Endymion se sentó detrás de su elegante escritorio de madera. Mientras que la reina se prefirió acomodarse en un sofá de cuero que estaba delante de él. Setsuna, al igual que Beryl, prefirió estar de pie al lado del príncipe.

- Bien, reina Serenity, -dijo Endymion con voz diplomática- ¿Cuál es el asunto que quería discutir con tanta urgencia?

- Nada de discusiones. -Dijo la reina con un tono que hacía honor a su nombre. -El asunto es muy simple. -La mujer entrelazó sus dedos relajadamente- En cuanto nos volvamos a la Luna con mi hija en un par de horas, lo haremos con Setsuna. Y eso es todo.

- Disculpe, ¡¿qué?! -Exclamó Beryl al borde de la ira. - ¿De qué rayos está hablando? ¿Desde cuándo tienen derecho, los seres de la Luna, a llevarse a terrestres de su planeta?

La reina se dio vuelta, mirando a Beryl con una calma que irritaba aún más a la pelirroja.

- Yo podría hacer la misma pregunta, linda. -Respondió. Esta vez se dirigió al príncipe. ¿Desde cuándo permite que su servidumbre secuestre a bebés plutonianos?

- ¿Qué cosa? -Dijo el príncipe con asombro. Mirando a Setsuna con nuevo interés. - ¿Plutoniana?

- ¡Esta mujer está mintiendo! -Gritó Beryl. -La gente de Plutón fue masacrada por esa horrible tormenta iónica hace…

- Hace nueve años atrás. -Completó la reina. -Más bien, hace ocho años y medio. -La mujer miró a la pequeña peliverde con una ternura que, Setsuna, sólo había visto que se la daba a su pequeña hija. -Pero un bebé de apenas un año de vida pudo sobrevivir. Sus padres, unos pobres recolectores de hielo, la llevaron con los líderes del consejo plutoniano. Y ellos descubrieron el por qué una bebé, una simple bebé, no era afectada por esa tormenta ni por la radiación. Porque esa pequeña peliverde era la elegida. A quién su planeta, Plutón, había escogido para que fuera su guardiana… Su sailor senshi. La sailor protegida por el planeta del tiempo. La sailor del cambio, sailor Pluto.

La sala quedó completamente en silencio. En un rotundo silencio.

- Mentira. -Dijo Beryl en un hilo de voz. -Es una linda historia. -Se cruzó de brazos. -Pero no tiene cómo probarla, ¿o sí?

- Claro que tengo como probarlo, niña. Verás…

- ¿Cómo terminé en este planeta? -Preguntó Setsuna. – Por lo que sé, Beryl me encontró en el bosque dentro de una nave destruida.

La reina rio a carcajada.

- ¿Y me ibas a hacer perder el tiempo explicándote que esta niña no es terrestre? -Le dijo a Beryl, quien comenzó a chirriar sus dientes de ira. – El consejo, al descubrir que eras una sailor, decidió sacarte del planeta. Me llamaron para contarme todo y dijeron que enviarían una cápsula contigo hacia la Luna para que te educara y crecieras lo suficiente para comenzar a cumplir tu responsabilidad como sailor dentro del palacio. Pero jamás llegaste. -La reina volvió a mirar a Beryl. -Ahora veo por qué.

- Pues es una lástima. El destino quiso que pasara esto. Y si pudo estar todo este tiempo sin Setsu-chan…

- Tal vez el destino sabía que no era el momento adecuado. Pero si éste me trajo acá y al fin cruzó mi camino con la legendaria guerrera de Plutón… Significa que ha llegado el momento de que comience a cumplir con su misión eterna. -La reina se levantó y le extendió la mano a Setsuna. -Es hora de que dejes de ser Setsuna Meiou, y comiences a ser Sailor Pluto.

- ¡No! -Gritó Beryl hecha una furia. – Por todos los cielos, príncipe, haga valer su autoridad. No puede permitir que esta mujer se lleve a mi hermana.

- No es su hermana, jamás lo fue. -Dijo la reina.

- No puede llegar a nuestro planeta y llevarse gente, así como así. -Reclamó Beryl. - ¿Quién cree que es vieja? Está acostumbrada a que todos cumplan sus caprichos. Pero ni yo no Setsu-chan seremos parte de su colección de peones.

- ¡¿Quién crees que eres para hablarme así?! -Gritó Serenity.

La reina comenzó a emitir un poderoso brillo de su cuerpo color plateado. Lanzó con fuerza el sillón en el que había estado y se dirigió a paso firme hacia Beryl.

- ¡Insolente! Yo soy el ser más poderoso de este sistema solar, y tú una simple sirvienta. No tienes derecho de dirigirte así a mí. Ni tampoco eres rival para mí. ¡No eres nada! -Alzó su mano hacia Beryl. Mientras que la pelirroja apretaba su puño para dirigirlo a una segura dirección hacia la reina.

- ¡Alto! -Gritó Setsuna justo antes de que la reina o Beryl pudieran comenzar una segura guerra Terrestre-Lunar. - Iré… Yo iré a la Luna a cumplir con mi deber. -La boca de la niña comenzaba a saber a metal. -Iré sólo si promete que ni usted ni su gente pondrá un pie en este planeta otra vez. Y que no lastimará a Beryl.

- Setsu-chan… -Murmuró Beryl con lágrimas cayendo descontroladamente por sus mejillas. -No…

La reina miró a los tres. Incluyendo al príncipe quien no podía siquiera mover la boca.

- Esta bien. Juro que ni yo ni mi hija volveremos a tocar un pie en este planeta, si tú vienes conmigo. Y perdonaré la insolencia de esta chiquilla.

- Bien… -Dijo Setsuna abatida. -Puedo… ¿Despedirme de Beryl? A solas.

- Esta bien. Pero no tardes.

La reina salió primero del lugar. El príncipe se levantó, sus piernas temblaban como gelatina. Y antes de salir, se dirigió a Setsuna. Le tomó las manos y con una sonrisa aliviada le dijo:

- Jamás olvidaré esto, Setsuna. Jamás olvidaré el sacrificio que acabas de hacer para salvar mi planeta. Juro que, algún día, te recompensaré.

El joven salió del lugar dejando a Setsuna completamente roja y a solas con Beryl.

- Creo que las leyendas son ciertas. Sus manos son tan cálidas como el sol de la mañana.

- No tienes que hacer esto, Setsu-chan. Podemos escapar… -Le rogó Beryl. – Juntas.

- Lo lamento, Beryl… Me encantaría. Pero causaríamos una gran guerra y no lo valgo. -La niña corrió hacia la pelirroja y la abrazó con fuerza.

- Pero jamás te volveré a ver… No volveremos a jugar, a espiar al príncipe, a hacer travesuras a reír con historias inventadas hasta dormirnos… -La voz de Beryl se quebró. -Eres lo único que tengo, por favor Setsu-chan… No me dejes.

- Nunca te dejaré. Siempre estaré contigo, aunque no me veas… Igual que papá.

- ¿Y que tal sino cumple con su promesa? Y si ella y su hija vuelven a este planeta a pesar de todo…

- No lo harán. -Le sonrió Setsuna. -Y será lo mejor. Este planeta no está preparado para convivir con personas de otros planetas… -La peliverde le entregó a Beryl el collar que llevaba puesto. -Ten, para que no me olvides.

Beryl trató de sonreír, pero simplemente el llanto fue más fuerte.

- Jamás lo haría, tontita. -Beryl se sacó sus enormes aros rojos, los cuales hacía fuego con su cabello y se los entregó a Setsuna.

La peliverde los miró con dulzura.

- Son tus favoritos… -Dijo Setsuna. -Jamás me los quitaré. -Dijo mientras se los colocaba. -Te quiero, Beryl…

Sin darse cuenta, Setsuna se encontraba arribando la nave espacial. Miró por los alrededores en busca de Beryl. Pero no había indicios de ella. Lo cual, de cierto modo la alegraba. Tal vez, sólo tal vez, de verla de nuevo, correría a sus brazos y con ella. Tal como se lo había propuesto.

Al entrar a la nave, vio a la reina y a la princesa. Esta última la miró de forma curiosa.

- ¿Vendrá con nosotras, mamá?

- Así es. -Dijo la reina.

- Pero, ¿por qué estás tan triste? -Le preguntó la princesa a Setsuna.

- Yo… Yo no quiero hablar sobre eso, princesa. -Dijo Setsuna, mirando como la nave se alejaba de la Tierra.

La peliverde sintió algo cálido entre sus manos, al volver su vista hacia la princesa, vio que la pequeña heredera lunar le puso su mano derecha.

Una paz y tranquilidad apaciguaba el dolor que sentía. Al ver los ojos azules e inocentes de esa pequeña, podía comprender al fin que no se estaba sacrificando en pro de la Tierra. Sino que, estaba al fin haciendo su deber.

Y aunque dejar a Beryl le produjo una profunda grieta en su alma que la perseguiría más allá de la muerte, sabía que al fin estaría donde realmente pertenecía.