Disclaimer: Como ya bien dije, todo lo reconocible es de Jotaká, sólo la historia es mía.

Nota: ¡Gracias, Alexandra! Jaja, llegó, llegó, aunque igual se tardó un par de días... Raro, ¿no? Pero bueno, la cuestión es que me llegó. ¡Muchas gracias! Y ya para el M falta menos, jeje. Me alegra mucho que te guste.

Y bueno, aquí les dejo con el nuevo capítulo. ¡A leer! :3


LUNA DE PLATA

Capítulo 11

UN PASEO ENTRETENIDO

Sirius dejó escapar un gruñido de entre sus labios. James le dio un codazo en las costillas, obligándole a callar.

El muchacho giró la cabeza para dedicarle una mirada inquisidora al ciervo, entrecerrando los ojos con bronca. El aludido se llevó un dedo a los labios, gesto con el cual le pedía que guardara silencio. Canuto se mordió la lengua y se cruzó de brazos, irritado. Peter, a su lado, se tapaba la boca con ambas manos, para ahogar la risa.

—¡Ah! —exclamó James, volviendo la atención a las dos personas que estaban siguiendo—. ¡Se mueven! —informó, obligando a los otros dos a seguirlo.

Caminaban lo más rápido que podían, sin descuidar que la capa de invisibilidad de Potter los tapara a los tres por igual.

¿Qué hacían con la capa en San Valentín? Pues, la respuesta a este enigma en realidad es muy sencilla.

Ellos eran los Merodeadores, y como no podía ser de otra forma, se veían obligados a hacer aquel acto de espionaje para asegurarse que la cita de su amigo Lunático estuviera saliendo más que bien.

Sirius refunfuñó mentalmente. Odiaba eso. No que le importara realmente enterarse de lo que pasaba, pero sí el que esos dos estuvieran llevándose tan bien.

Ni bien se habían despedido de Lupin esa mañana, los tres se escondieron bajo la capa y lo siguieron a Hogsmeade. Todavía no podía creer que Remus hubiera aceptado salir con Anne. La noche anterior había dicho que lo haría, pero él había estado casi seguro de que al despertar en la mañana, cambiaría de opinión.

Pero no lo hizo, y eso provocó que el humor del joven Black fuera en picada. Y fue peor cuando los dos se encontraron fuera de Honeydukes. La muchacha estaba vestida de manera sencilla, pero por alguna razón a Sirius le pareció que estaba demasiado provocativa. ¿Por qué le sonreía de ese modo a Lupin? No debería. ¿Y por qué demonios él se sonrojaba?

Sintió como si algún animal dentro suyo le arañara las tripas. Fue en ese momento en el que James lo golpeó en las costillas.

¡Pero! ¿Qué cuernos se suponía que estaba haciendo aquella mujer, arrastrando a Remus de esa forma? Una sonrisita de suficiencia se formó en su rostro cuando el castaño se negó a avanzar, pero se borró al segundo siguiente, cuando ella tomó su brazo y se fueron juntos, sonrientes. Por un momento, tuvo ganas de salir de debajo de su escondite y separarlos con brusquedad. Lanzarle a la chica un Expelliarmus tampoco estaría mal.

Resopló con fuerza, ganándose una amenazante mirada de advertencia de James. Apretó los puños, y se conformó con avanzar. La parejita estaba a unos cuantos pasos por delante de ellos, por lo que apenas si distinguían retazos de la conversación. No sabían exactamente de qué hablaban, pero los tonos animados acompañados por risas ocasionales les hacían notar que la estaba pasando bastante bien.

Sirius sentía la imperiosa necesidad de hacerse presente en cualquier momento e interrumpirlos. Quizás meterse en su conversación. No sabía exactamente qué, pero que dejaran de estar solos. ¿Por qué se le había ocurrido a James armar semejante estupidez?

—Sí, lo sé —rió la muchacha con voz cantarina—. ¿Y cuando tiene sueño? —preguntó, alegre.

—¡Dice cada tontería! —acordó Remus con voz jovial—. Justamente, hace unos cuantos días estaba durmiéndose en el comedor durante el almuerzo —comentó.

—Oh, ¡ya me lo imagino! —cerró los ojos y se llevó una mano para taparse la boca, mientras reía animadamente—. Seguramente dijo alguna estupidez.

—¡Exacto! —corroboró Lupin, asintiendo con la cabeza—. Se metió en la conversación con algo que no tenía ni lo más mínimo que ver con lo que estábamos hablando. No reímos un buen rato con los chicos…

¿Eh?

Los oídos de Canuto de repente se agudizaron, prestando más atención a la conversación que antes. ¿Estaban hablando de él?

—Ya… —pidió la chica, riéndose ante el comentario—. No sé por qué tiene tanto sueño, si se la pasa durmiendo todo el día —Sirius entrecerró los ojos. ¡Eso no era verdad!

—No lo hace —la contradijo Remus, haciendo que el chico de ojos grises se sobresaltara—. Puede que sea un poco vago, pero se la pasa el día haciendo cosas, aunque sea para molestar —explicó—. En realidad, sólo hace falta entretenerlo en algo para que todo su sueño se esfume. Cuando tiene algún objetivo marcado, difícilmente se aburre —si Sirius hubiera podido ver su expresión, se habría dado cuenta que estaba sonriendo con ganas—. Y mejor si se trata de alguna broma bien planeada para molestar a unos cuantos Slytherins.

Carraspeó en su sitio, sintiéndose repentinamente feliz. Estaban hablando de él. Oh. Una sensación cálida se extendió por todo su ser. Quiso seguir escuchando más, pero entonces James los obligó a detenerse.

—¿Qué ocurre? —preguntó Peter, desorientado, mientras se sobaba la nariz, que había impactado con la espalda de Sirius al frenarse todos tan bruscamente.

—Creo que ya hemos visto suficiente —murmuró como explicación—. Será mejor que los dejemos solos, sobre todo ahora que han ingresado a un local. Recuerden que el oído de Lunático en endemoniadamente bueno, si nos acercamos mucho en lugares cerrados, nos descubrirá.

Sirius iba a replicar, pero bastó una simple mirada de James para que desistiera. Sabía que, de ser descubiertos, recibirían una buena reprimenda por parte de Remus, y lo cierto era que no quería una.

Volviendo a sentirse malhumorado, acompañó a sus amigos durante el resto del paseo. En Zonko se reabastecieron de bombas de olor, varitas falsas y algunos cuantos chascos más, y compraron diferentes golosinas en Honeydukes. Sobre todo Peter, que gastó la mitad de lo que tenía en los bolsillos en ranas de chocolate, brujas fritas y grageas de todos los sabores.

La tarde pasó como un suspiro, y cuando se dieron cuenta, la noche estaba al caer. Hacía frío y las calles que tenían aún rastros de nieve se hicieron poco atractivas, por lo que decidieron hacer un alto en Las Tres Escobas antes de regresar al castillo para interrogar a Lupin sobre su cita.


Remus se acercó a la cabellera de rizos castaños que estaba observando la vidriera de la dulcería de Hogsmeade despreocupadamente. Llevaba un bonito abrigo color turquesa, y unos jeans ajustados marcaban las lindas curvas de la muchacha.

—Hola —saludó con cortesía y amabilidad, haciendo que la chica se girara hacia él, sorprendida—. ¿Cómo estás?

—Muy bien —correspondió al saludo, dejando asomar una linda sonrisa. Sus dientes blancos podían entreverse bajo sus labios—. ¿Y tú? —preguntó con picardía.

El muchacho carraspeó, incómodo, y apartó por un momento la mirada de los azules ojos de Anne. Le recordó por un momento a su hermana pequeña, confesando su antiguo amor por él, y no hizo más que acrecentar su culpabilidad.

Durante la noche apenas si había podido dormir, ya que en su cabeza muchas cosas daban vueltas en un torbellino ruidoso, que le impedía relajarse. Había decidido que le diría a Anne la verdad desde el principio, y que atendería las consecuencias sin ninguna queja.

—Verás, yo… —comenzó, con un hilo de voz. Se aclaró la garganta y trató de infundirle mayor seguridad a su tono—. Mis amigos me han entendido mal —afirmó, volviendo a ver a la Hufflepuff a los ojos. Éstos lo observaron confundidos, por lo que prosiguió—. Han armado todo esto sin consultarme primero, pensando que estaba enamorado de ti… —se ruborizó ante sus propias palabras, lo que hizo que la muchacha sonriera divertida—. Pero lo cierto es que se han equivocado —finalizó.

La expresión de la muchacha no la esperaba. No estaba molesta por ello, sí un poco sorprendida, pero enseguida se recompuso y sonrió bondadosamente.

—Y entonces, ¿por qué has venido? —preguntó con curiosidad, hablando en el mismo tono dulce que utilizaba siempre. Remus parpadeó. Había esperado un grito, o una mirada de bronca, pero aquello lo tomó completamente desprevenido.

—Eh… —no sabía muy bien qué decir, pero finalmente optó por la verdadera razón—. Bueno, no me parecía muy agradable de mi parte si, después de haber hecho que vinieras aquí, no me presentara —explicó, y la sonrisa de ella creció.

—Oh, eres un buen chico, Remus —se acercó a él y le pasó la mano por el pelo, como solía hacer Sirius, aunque con mucha más delicadeza. Esto logró que Lupin volviera a sonrojarse.

—¿No estás molesta? —preguntó en un susurro, apartándose un paso de Anne. Ella lo miró confundida, y negó con la cabeza.

—No lo estoy —aseguró, aún sonriente—. Me alegra que me hayas dicho la verdad —Remus no podía creerlo. Entonces le cruzó por la mente que quizás la razón por la que Sirius había estado con ella, no era solamente su buen físico, sino su buen carácter. Sin poder evitar envidiarla un poco, le devolvió la sonrisa, aliviado.

—Lo siento —volvió a disculparse, para estar seguro.

—No te preocupes —lo atajó, y luego sus ojos adquirieron un brillo repentino. Se acercó al chico y lo tomó del brazo, sobresaltándolo.

—¿Eh? ¿Qué…?

—Ahora que está todo aclarado, vayamos a dar una vuelta —canturreó la muchacha, comenzando a arrastrar a Remus por la calle. Él se detuvo un poco y se resistió a seguir avanzando, por lo que se dio media vuelta—. Ya que estamos, ¿por qué no salimos como amigos hoy? —sugirió, alegre. De repente, formó un pucherito—. ¿O es que no quieres?

Durante un momento, Remus no estuvo muy seguro de qué hacer. Esa chica se estaba comportando muy diferente a la forma en que él creía que lo haría, por lo que se encontraba un poco desorientado. Pero enseguida se recompuso, y, pensando que podía ser agradable, aceptó.

—De acuerdo, me convenciste —ella sonrió de nuevo y volvió a asir el brazo del licántropo, quien la siguió ya sin oponer resistencia.

Caminaron durante horas, hablando del colegio, preguntando por las cosas que les gustaban hacer, y comentando acerca de los negocios a los que entraban. También dedicaron unos cuantos minutos a hablar de Sirius, de las facetas conocidas que el muchacho tenía, rieron de su habla incoherente cuando tenía sueño, y cosas similares.

Le resultaba una chica muy agradable. Era risueña, quizás un poquito charlatana, pero no llegaba a cansar, y tampoco era de aquellas mujeres cotillas que presionaban por sacar información, o impregnaban sus conversaciones con rumores sobre terceros.

En realidad, estaba resultando un paseo de lo más entretenido, algo que no había esperado en absoluto.

En un momento determinado, cuando ya estaba acercándose la noche, sintieron una ráfaga de viento helado que provocó que las mejillas y las narices de ambos se pusieran rojas. Se miraron un momento, y ambos rieron divertidos ante la expresión del otro.

—¿Qué te parece si vamos a las Tres Escobas por algo caliente? —propuso Remus, alegre.

—Me parece bien —concordó Anne, y juntos se dirigieron hacia la taberna, más apretados de lo que habían estado hasta el momento, para mantener el calor.

Una vez adentro, suspiraron con alivio. La temperatura era por demás agradable, y el sonido de las conversaciones y el bullicio de los clientes, sumado al tintinear de las copas y los pasos sobre el suelo de madera, resultaban de lo más acogedor. Con rapidez, se despojaron de sus abrigos, y comenzaron a buscar alguna mesa libre.

—¡Remus! —una voz conocida pronunció su nombre, y el chico buscó la procedencia de la misma.

—¡Chicos! —exclamó, al reconocer a quien lo llamaba. Era James, y a su lado estaban sentados Peter y Sirius, con sus respectivos vasos en sus manos. Con una seña, el muchacho de anteojos los invitó a sumárseles. Remus sonrió, y miró a su acompañante.

—¿Te molesta si vamos con ellos? —preguntó. La verdad era que tenía muchas ganas de pasar el resto del día con sus amigos, antes de volver de la excursión. Pero estaba acompañando a Anne, así que estaba en ella el decidir.

—Para nada —respondió—. Vamos.

Feliz, se acercó con Anne a la mesa donde los Merodeadores estaban esperándolos. Habían hecho lugar para dos personas más, acercando un par de sillas.

—¡Rosmerta! —llamó entonces Cornamenta—. ¡Dos cervezas! —pidió a voces, y luego se sentó al lado de Remus, quien lo miraba reprochándole la actitud. Anne había saludado a todos con gracia y tomado asiento entre Remus y Sirius. Peter, del otro lado de James, la observaba con los ojos muy abiertos.

Enseguida comenzaron todos a charlar animadamente, y pronto la camarera llamada Rosmerta, joven, bonita y curvilínea, les acercó las dos cervezas de mantequilla que habían pedido. James le sonrió de manera galante, y Remus rodó los ojos, antes de tomar el primer sorbo a su bebida. Estaba deliciosa.

Observó de reojo a Sirius, quien vestía un sweater con cuello de color azul oscuro. La ropa muggle le sentaba muy bien, en su opinión. Sintió una ligera punzada de celos viendo cómo éste charlaba animadamente con Anne, haciendo morisquetas. No podía entender cómo podían hablarse con tanta normalidad luego de haber sido pareja.

—¿Y? ¿Qué tal tu cita? —murmuró James en su oído. Remus estuvo a punto de atragantarse. Soltó una ligera tos, apartando la vista de Sirius, mientras deseaba que ninguno se hubiera dado cuenta—. ¿Todo bien? —al principio no supo a qué se refería, pero la indiscreta mirada de alusión a la muchacha lo hizo comprender.

—Nada importante —desmintió, algo incómodo por no decirle la verdad a su amigo.

—Pero te has divertido, ¿a que sí? Los hemos visto entrar muy juntitos —acusó, con una sonrisita cómplice en el rostro. Remus se sonrojó ligeramente.

—No es de tu incumbencia —masculló, llevándose a la boca nuevamente la jarra de cerveza.

James rió con ganas ante aquella reacción, y Remus se concentró en ignorarlo, prestando atención a las bromas de Sirius.

—¿Recuerdan cuando inundamos el cuarto de baños del segundo piso? —preguntó éste, tratando de contener una carcajada.

—¿Cómo olvidarlo? —rió James, recordando a su vez—. ¡Filch casi nos asesina!

—No fue divertido —masculló Lupin, entrecerrando los ojos y mirando a sus amigos reprobatoriamente.

—¡Mentiroso! —chilló Colagusano entre risas.

—¡Eso dices ahora! —lo contradijo Cornamenta.

—Sí, porque recuerdo muy bien que a pesar del castigo te reías como nunca —reveló Sirius, que de haber estado sentado a su lado, le habría despeinado los castaños cabellos con una sola mano—. ¡Admítelo, Lunático!

Remus tomó de la mesa uno de los sobrecitos de azúcar y se lo arrojó al chico de ojos grises, mordiéndose una mejilla por dentro. Había intentado reprimirse, fingir enojo, pero no pudo evitar reír. Sí, había sido muy divertido.

Sirius esquivó con facilidad el proyectil, y se partió de risa al ver que golpeaba la nuca de un alumno que estaba sentado en la mesa detrás de sí. Y sus carcajadas sólo aumentaron ante la expresión de terror y vergüenza que lucía el rostro de Lupin, quien se levantó de su silla de un salto y comenzó a balbucear una disculpa.

Después de que el chico de tercero que había sido damnificado le asegurara que no había sido nada, Remus se volteó y dio una palmada a Sirius en la parte de atrás de la cabeza. Éste dejó de reír durante un segundo.

—¡Auch! —exclamó, llevándose la mano izquierda al punto donde había sentido el golpe. Miró al licántropo con el ceño fruncido, pero después continuó riéndose. Y no era el único, los otros tres sentados a la mesa lo acompañaban.

—Eres imposible —masculló Lupin, rodando los ojos. Aún se notaba un poco sonrojado por la vergüenza—. Ya regreso, voy al baño —informó, y se alejó del grupito, desapareciendo tras la puerta del baño de hombres.

Sirius lo siguió momentáneamente con los ojos, pero luego volvió la atención al resto de las personas que estaban allí.

—Eso fue divertidísimo —dijo Anne, medio ahogada—. ¿Vieron la expresión de Remmie? —murmuró, y continuó riendo. El chico de pelo negro la miró con suspicacia ¿Desde cuándo llamaba al licántropo de manera tan amistosa?

—¿Remmie? —preguntó, ya no tan divertido. Anne le dedicó una mirada juguetona.

—¿Celoso?

—¿Yo? —sus cejas se elevaron tanto que casi desaparecían debajo de su cabello, sorprendido por la pregunta. Pero no tuvo mucho más tiempo para pensar.

James, que había estado carcajeándose alegremente, enmudeció de manera repentina, con los ojos fijos y muy abiertos. Remus, quien acababa de salir del servicio, ya más relajado, quedó estático, observando al mismo punto que su amigo. Peter, que momentos antes estaba por dar un trago a su bebida, la escupió, atragantándose y comenzando a toser.

No podían creer lo que sus ojos estaban viendo.

Sin que nadie se lo esperara, la muchacha que había acompañado a Remus, se había levantado de su silla y estaba besando a Sirius con vehemencia. El muchacho, tomado completamente por sorpresa, no pudo reaccionar de ninguna manera, y mantenía los ojos abiertos como platos. Cuando tuvo dominio de la situación, empujó un poco a Anne, y la miró, aterrorizado.

—Te extraño mucho, cachorrito —se limitó a decir ésta—. Vuelve conmigo, ¿sí? —pidió, con ojos de carnero degollado.

Luego de un segundo que pareció un año, los ojos plateados de Sirius se volvieron hacia Remus, que estaba helado en su sitio. Había mucho miedo en esos orbes grises, además de confusión y disculpa. Esta acción logró que el licántropo reaccionara. Compuso una ligera sonrisa, intentando que no pareciera demasiado forzada, y caminó hacia la mesa.

—Yo… Tengo que irme —dijo en voz muy baja al pasar por su lado, y no se atrevió a mirar a ninguno de los allí presentes.

Salió del local con precipitación, aumentando la velocidad de sus pasos a medida que se iba alejando de sus amigos. Sentía su corazón palpitar con tanta fuerza, que pensaba que en cualquier momento iba a explotar. Un escozor en los ojos le indicó que estaba próximo al llanto. No podía permitírselo. No allí, al menos.


Estaba tan apurado que no percibió a la pelirroja que caminaba acompañada por sus amigas, pasando frente al bar. Sólo podía pensar en que quería llegar al castillo lo más rápido que le permitieran sus pies.

Pero la chica sí lo vio a él. Preocupada, se detuvo y lo observó marcharse a gran velocidad en la dirección contraria a la que ellas iban. ¿Qué podía haber pasado? No se notaba nada bien.

Estaba a punto de correr en su búsqueda cuando el ruido de una discusión proveniente de las Tres Escobas la distrajo.

—¡Suéltame, mujer! —gritaba Sirius a su antigua novia, que estaba aferrada a su brazo y lloriqueaba enfurruñada.

—¡No quiero, no quiero! —exclamaba de un modo muy infantil—. ¡Quiero que vuelvas conmigo! —con esa frase, Lily ya no tuvo problemas en saber qué era lo que le pasaba a Lupin.

—¡Que no! —bramó, sacudiéndosela de encima—. Ya no me interesas, piérdete —le gruñó ásperamente, dedicándole una mirada de cólera. La chica, asustada por la reacción de su antiguo novio, enmudeció durante un segundo, observándole aterrorizada y estupefacta.

Sirius no dijo nada más, y se alejó corriendo en la misma dirección en la que el muchacho castaño había seguido. Anne lo vio marcharse, y luego se derrumbó, comenzando a llorar a lágrima viva.

Por un momento, Lily sintió lástima por ella. Por un momento. Pero entonces pensó en Remus, y se alegró. No sabía qué era lo que había sucedido dentro de la taberna, pero seguramente se arreglaría cuando se enterara que Sirius no volvería con Anne.

Estaba a punto de continuar su camino, y alcanzar a sus amigas, cuando el resto de los Merodeadores salió del local. Notó sus caras de completa estupefacción, y luego le sorprendió mucho la expresión que adoptó James.

—¿Quién mierda te crees que eres? —le espetó a la deshecha Anne, que continuaba en el suelo. Peter estaba escandalizado. No sabía si ayudar a la muchacha, o confrontarla junto con su amigo—. ¿Eh? —la zarandeó, tomándola por el brazo y levantándola con brusquedad. Lily pensó en intervenir, pero las palabras que salieron de la boca del chico al segundo siguiente, la detuvieron—. ¿Te parece divertido jugar con los sentimientos de las personas? —preguntó con desprecio y rabia contenida—. Estabas con Remus, y sin importarte más nada besaste a Sirius al frente suyo —Anne abrió mucho los ojos, negando con la cabeza, pero sin poder pronunciar palabra—. Me das asco —dijo finalmente, soltándola. Le dedicó una mirada severa y luego se alejó, indignado. Peter dudó un momento, nervioso, pero enseguida lo siguió.

Lily sintió la garganta seca.

—¡Oye, Lily! —la llamaron sus amigas, impacientes, que al darse cuenta que no estaba habían regresado sobre sus pasos.

—¡Voy! —respondió. Sacudió la cabeza y se dirigió hacia ellas.

—¿Qué sucedió? —preguntó una, entre preocupada y curiosa.

—Nada, se me desató una agujeta —mintió, sonriéndole, y continuaron paseando.

Pero la pelirroja no estaba prestando atención a la charla que las chicas que la rodeaban estaban manteniendo. Estaba intentando armarse una idea de qué era lo que había ocurrido, juntando lo que había visto y oído con lo que ella sabía.

De alguna manera, Remus había decidido salir con Anne. Le resultaba extraño pensarlo, pero era lo que James le había recriminado a la Hufflepuff. Anne había besado a Sirius al frente del chico, y éste se había ido. Sirius no aceptó el volver con ella, y se fue tras Remus.

James debía haber confundido la reacción de Lupin, pensando que estaba dolido por culpa de Anne. Bueno, ciertamente lo estaba, pero no por la razón que él creía. Su actuación había sido completamente a favor y en defensa de Remus, aunque la muchacha realmente no merecía aquel maltrato. Pero no podía juzgarlo, si éste pensaba que a su amigo le gustaba Anne.

Se llevó un par de dedos de cada mano a las sienes. Aquello estaba empezando a hacerle doler la cabeza.

Dejó escapar un largo y prolongado suspiro, pensando en los problemas que estaba teniendo Lupin. Inesperadamente, una lucecita se prendió en su cabeza, haciéndole notar algo que no había percibido hasta el momento. Parpadeó, sorprendida de no haber caído en ese detalle antes. Dejó que una sonrisa le iluminara el rostro, y volvió a pensar en el momento en que Sirius había salido de la taberna. Su expresión, su preocupación, el enojo y desesperación en su voz…

La sonrisa se le ensanchó.