¡Hooooola a todos por última veez! ;AAAA; -sufre y sufre- Llegó el día señores... ¡ÚLTIMO CAPÍTULO!. Espero que les guste :3 Y sin más bla bla penoso, porque si, quiero llorar (?) Los dejo con el cap.

Hetalia no me pertenece, pero todas las tortas del mundo, sí.

¡Ahí va!.


Todos los chicos desaparecieron dejando a Emily totalmente desconcertada en la entrada de la mansión. Reconoció, asustada, el lugar en dónde se encontraba, al igual que una voz que pareció decir su nombre…

-¿Emily?...

No hizo falta que sus ojos intentaran localizar a aquella persona que había dicho su nombre, pues la voz pudo identificarla de inmediato. Se trataba de Arthur, cómo confundirla.

Al ver que Arthur intentaba evadir a toda las personas que en su camino se cruzaban para acercarse a ella, Emily tomó la parte de debajo de su vestido para poder levantarla un poco y así, correr y escapar. No quería ver a Arthur, no quería oír disculpas ni explicaciones. Todo había quedado muy claro en el momento en el cual la despidió.

Arthur no se había imaginado, por ninguna razón del mundo, que vería a Emily, su chica, su ángel… En el baile. Fue tanta la sorpresa, tanta la impresión y la felicidad que experimentó al notar su presencia, que sus labios se separaron, y sus ojos, muy abiertos, la miraban. No la veía hace unas horas, pero para él habían sido días, días muy aburridos sin su presencia. Decidió ir de inmediato en su búsqueda, pero cuando así fue, notó que la chica tenía intenciones de huir. No se sorprendió por aquello, más bien lo esperaba. Aún así, quería hablar con ella. Tenía que hablar con ella. Rogarle que lo escuchara y pedirle perdón por su estúpida y cobarde conducta.

Fue así que cuando la alcanzó, la tomó de un brazo para poder retenerla.

-Emily, por favor- la chica se giró bastante molesta, intentando zafarse- Escúchame.

-Suéltame- pidió esta, manteniendo la resistencia para conseguir su libertad.

-Por favor- insistió por última vez y aprovechó la oportunidad para tomarle el otro brazo, y así, poder lograr que las posibilidades de escape de la chica disminuyeran. Le rogó y la miró, con tanta lástima, que la muchacha no pudo evitar tener sentimientos contradictorios. Estaba enojada, sí, pero al mismo tiempo Arthur se mostraba arrepentido… Muy arrepentido. Y eso no podía evitar causarle algo de tristeza. Fue por eso que sus intentos de liberación cesaron, y cerró sus ojos para dar un suspiro, calmarse, y darle una oportunidad para ser escuchado. Abrió sus ojos y los dirigió a los contrarios, esperando que comenzara a hablar.

Arthur ya daba la situación por perdida. Incluso, había esperado hasta un grito de la chica el cual le dejase bien en claro que ya no quería verlo, pero no. La chica le dio una oportunidad, una posibilidad de explicarse, y eso, la verdad, no lo había tomado en cuenta ni aunque ocurriese un milagro, por lo cual, cuando llegó su momento de hablar, sus nervios le jugaron en contra. No sabía cómo empezar, y al momento en que parecía que diría algo, callaba, intentando buscar las palabras correctas.

-Y-yo…- suspiró.- Sé que fui un tonto y la verdad lo siento. No vi todo lo que sucedió y hace algunas horas me dijeron que Natalia fue quien te empujó…

El inglés fue interrumpido por la abrupta separación que causó entre ellos el padre al entrometerse. Mantuvo a Emily tomada de un brazo, mientras que Natalia, por detrás, sostenía firmemente a Arthur para que no interviniera.

-Hijo, ¿no se supone que a ésta- y zamarreo algo bruto el brazo de Emily, haciendo enfoque a que a ella se quería referir- la habías despedido ya?.

-Suéltala- respondió- Y no la toques.

-Ya te dije, Arthur- hizo una pausa el padre, sonriendo relajado y de medio lado- No quiero que tengas contacto con gente inferior a nosotros. Los ricos no deben hablar con los ladrones- explicaba tranquilo este, hasta que Emily, pillándolo desprevenido, logró zafarse y darle un bruto empujón.

-No somos ladrones- dijo manteniéndole la mirada con sus ojos entrecerrados, intentando también defender al mismo tiempo a su padre, quien si había robado, lo había hecho por salvarlos de la miseria en que vivían.

-No me toques, rata- su labio superior se levantó a causa de lo molesto que estaba.

-¡No le digas así!- exclamó furioso Arthur mientras intentaba zafarse, pero era increíble la fuerza que poseía Natalia, tanto así, que como Arthur no se quedaba tranquilo, lo retuvo con más fuerza, a tal punto de causarle dolor. Esperaba Natalia que así el inglés dejara de moverse.

-Al parecer no fue suficiente con haber matado a tu padre- la chica abrió sus ojos sorprendida tras escuchar aquello- Eliminaré a todas las ratas si es necesario. No quiero que mi hijo mantenga contacto con esas cosas.

Se mantuvo unos segundos así, totalmente sorprendida y anonadada, sin saber qué palabra decir ni qué hacer... Así que había sido ese Señor, el padre de Arthur quien le había quitado la vida a su padre… La tristeza la arremetió nuevamente, pero esta vez se vio mezclada con ira, mucha ira, ocupando esta el primer lugar. Fue por esto que aunque teniendo sus ojos acompañados de lágrimas, lo empujó, aunque más que un empujón buscó el golpe contra aquel hombre. Este, mirándola indiferente, alzó su mano y con ella tomó bastante velocidad hasta llegar a su objetivo. Arthur no lo aguantó. Simplemente no pudo. No pudo aguantar el ver cómo su padre le había dado una bofetada a Emily. Esta, también sorprendida y levemente asustada, se dirigió su mano a la zona que había sido golpeada.

-Te lo dije- agregó el padre con cierto asco al mirarla- No soporto a los pobres y menos a los ladrones.

-Vete de aquí- pidió Arthur bastante enojado tomando por la camisa a su padre, llegando al punto de levantarlo cuando por fin pudo zafarse de Natalia- Vete y no vuelvas, maldito.

El padre estaba sorprendido con el comportamiento de su hijo… No lo entendía, el padre sólo quería lo mejor para él: Una vida fuera de ladrones y gente sucia.

Natalia no alcanzó a atrapar a Emily para impedir que esta se entrometiera con Arthur y su padre, pues Ludwig la detuvo y posteriormente la ''arrestó'' para que no se siguiera interponiendo entre Arthur y Emily. Otros guardias acudieron a la escena gracias a una seña de Arthur, y fue así cómo el padre y la hija se vieron expulsados para siempre de la mansión.

No podía creer, Arthur, que su padre se hubiese convertido en una bestia, en un maldito y vil criminal. Le daba hasta vergüenza y rabia pensar que era hijo de tal Señor, pero, dejando eso de lado, lo que ahora importaba era Emily, por lo que fue a acudirla de inmediato.

La vio, tan asustada, con sus ojos llenos lágrimas, la mirada perdida… Se sintió inútil. No fue capaz de defenderla cuando lo necesitó, y fue poco, más bien nada caballero cuando la despidió. Ya no sabía cómo dirigirse a ella, si es que tenía el valor para hacerlo.

-Emily… -la chica no respondía.- ¿Estás bien?- la tomó del mentón para buscar su mirada, y además, verificar la mejilla que había sido golpeada, confirmando que poseía un color más rojizo que la normal. Pasó el dorso de su mano muy despacio y delicado por la fina y suave piel de la chica, encontrando esto como lo mejor que podía hacer en el momento.

-Lo lamento Emily… -dijo después de un suspiro- Soy inútil…

-Abrázame- pidió Emily con una suave y débil voz, y antes de que el mayor pudiera reaccionar, ella ya se encontraba abrazándolo, y dejando salir su reprimido llanto. Arthur le correspondió el abrazo, sintiéndose acongojado por toda la situación, y es que daría lo que fuera por saber cómo calmar a la chica y hacerla sonreír nuevamente… De momento sólo se le ocurrió consolarla, acariciar muy suavemente su cabeza e intentar que dejara el llanto.

-Ya Emily, está bien…- decía con voz dulce el inglés- Todo está bien ahora.- En ese momento supo que él y nadie más tenía el deber de consolarla y hacerla sonreír. Dejó el abrazo para con sus manos tomarla del rostro y secarle las lágrimas de sus ojos muy cuidadosamente con sus pulgares. Mientras, aprovechó de observarla. Esas finas y tan delicadas facciones suyas… Parecía que hubiesen sido talladas por el mejor de los escultores. Sus ojos, azules como el cielo. Sus labios, únicos y puros. Se quedó embobado mirándola, tanto así, que no supo si fueron minutos u horas las cuales se quedó en plena contemplación.

Cuando oyó la música que de la mansión provenía, volvió en sí. Le sonrió leve a la chica, y Emily dando un leve suspiro, se la devolvió. Arthur tomó su mano, y mirándola a los ojos, le preguntó:

-¿Bailemos?- sólo ellos dos solos, en el patio, y en la inmensidad de la noche. La chica se encogió de hombros, sonriendo levemente divertida después de aquel gesto. Arthur rió también, y tomando aquello como afirmación, acercó a sus labios el dorso de la mano contraria, depositando allí con suave y casto beso.

Emily no supo por qué, pero al momento en que Arthur besó su mano, su corazón comenzó a latir más rápido. No tenía idea de cuánto le había gustado aquel gesto que el inglés tuvo con ella, y es más, hasta quería que se repitiera. Ya se lo mencionaría cuando terminaran de bailar.

Empezó a sonar un vals, el cual estaba compuesto de varios instrumentos los que hacían deleitar a cuan oído escuchara, pues se lograba una melodía y un encaje perfecto en los sonidos.

La pareja de baile se presentó en la pista imaginaria. Arthur pidió la mano de Emily, y esta se la entregó. Hizo que el brazo de Emily y el suyo se alzaran para lograr la típica postura del vals. Arthur, con su mano libre, rodeó con cuidado la cintura de la chica, y esta, con la mano que le quedaba, la posó sobre un de los brazos de Arthur. Ambos se miraban. Arthur, ya sintiéndose más seguro. Emily, algo avergonzada. Fue así que comenzaron a bailar, pero no tardaron en detenerlo, pues Arthur, al inicio del baile se dio cuenta que Emily no sabía bailar. Rió por esto Arthur, y Emily le dijo que no se burlara. Intentó el inglés darle algunas lecciones, pero se escuchó a Emily al menos unas diez veces pedir perdón. Después de tantas veces, la situación se tornó hasta divertida. No podían ambos dejar de reír y divertirse por las equivocaciones que cometía la menor.

No se dieron cuenta que habían pasado horas y horas bailando, y que al menos habían sido unas doce canciones como mínimo. Ya la última fue más íntima, más cercana. Se encontraban ambos muy abrazados el uno con el otro. Emily, apoyando su cabeza en el pecho de Arthur, y este, apegando sus labios, apenas, a los cabellos de ella. Fue así, que cuando parte del grupo cejotas quiso asomarse, pudieron comprobar que todo estaba bajo control. No pudieron presenciar la pelea, pues ni se habían atrevido a asomarse para no ser descubiertos por Emily, y que esta les golpeara a todos por lo menos unas tres veces por haberla engañado. Al final de cuentas, todo salió bien.

-Se ven lindos los dos~- comentó contento Feliciano, a lo que su hermano sólo sonrió. Alfred, entre feliz y enojado miraba de vez en cuando la escena. Aún le costaba aceptar que su hermana estaba convirtiéndose en adulta y que otro individuo quería estar con ella. Gilbert observaba resignado y de brazos cruzados. No se lo había contado a nadie, pero algunas sensaciones extrañas había experimentado con Emily. Y ahora, que observaba la escena, no podía hacer más que aceptarlo.

-Entonces, ¿me perdonas?- le preguntó Arthur.

-Hmmm…- pareció dudarlo la chica, mirándolo divertida e intentando reprimir una sonrisa, pues quería hacerse la seria.- Quizás tengas que hacer algunas cosas antes- levantó sus cejas esta, y ahí supo Arthur que de seguro serían cosas para nada buenas…

-Tengo muchas ideas- añadió animada la chica, y sin embargo, a Arthur le daba igual… Si tenía que hacer el ridículo en medio de la calle lo haría. Si tenía que acompañarla a una tienda a comprarse ropa, también lo haría, pero, si de esta forma lograba hacerla sonreír, lo demás no importaba.

Pasaron así, días, meses, años.

Algunos años después, el mismo caos se seguía viviendo en la mansión Kirkland, pero ahora de una forma diferente.

Alfred, desesperado estaba en el primer piso. Era la primera vez que vivía una experiencia así, y no dejaba de mirar el reloj.

-Maldición, estamos atrasados- comentó algo desesperado.

-¿Por qué Emily tarda tanto?- preguntó Feliciano.

-Lo mejor sería que fueran a echar un vistazo- aconsejó Lovino, logrando que Alfred tuviese la voluntad de subir y averiguar qué pasaba.

Subió las escaleras Alfred y tocó la puerta en donde se supone que estaba Emily. Este, al no recibir respuesta se asustó. Abrió la puerta sin tener el consentimiento, y fue ahí que Emily se dejó ver bastante natural, como siempre, sin muchos arreglos, pero con un gran y bello vestido blanco.

-T-te ves hermosa hermana…

-Estoy nerviosa…- comentó algo avergonzada esta, y fue cuando Alfred reaccionó.

-¡Llegaremos tarde!.


...¿Y? uwu ¿Comentarios, amenazas, despedidas, cartas de amor 1313 (?)? Por review~ Oh, no pensé que llegaría tan rápido el día de despedirse xD Pero quiero decirles, a las únicas dos que han leído esto -no sé si alguien más- que la verdad ustedes fueron las que me animaron a seguir esto. Si no fuera por ustedes, dejo este trabajo botado y bueno, que quede a imaginación, pero sus reviews me sirvieron de mucha ayuda y ganas para seguir y terminar esto :D Gracias, una vez más, a las dos 3 Las llevaré siempre en mi kokoro porque las amo -uy qué gay.

Y eso c: Decir que bueno, gracias a los que me ayudaron con ideas para escribir esto -sobre todo a mi amiga xD- que cada vez que venía un nuevo capítulo recurría a ella para ideas y continuación.

Una vez más -por tercera, creo (?)- ¡Gracias a todos! c: Y a los que les gusta esta pareja, quizás, en algunos meses más, me den las ganas de escribir otro fic de estos dos. Ya tengo ideas 1313.

Ah si, una última cosa. A ustedes, mis niñas, que leyeron el fic 1313 les daré una opción que más bien es regalo... Puedo hacer un extra si quieren, y se va a tratar de lo que me pidan xDDD No sé, del primer beso o algo así, ¡Lo que deseen! :D Es un pequeño regalito de mi parte por siempre ser constantes en leer uwu

Ahora sí, adiós, hasta pronto quizás! :DDD