Había sido el mejor día de su vida. Kurt estaba estirado en su cama, con los ojos abiertos mirando al techo oscuro de su habitación. ¿Cómo iba a dormir después de todo lo que había pasado? Se sentía… querido. Y especial. Sentía que era la estrella que más brillaba en el firmamento, la estrella en la que sólo se había fijado Blaine. La gente sabía que no estaba enfermo, que no era un bicho raro, que era un humano más que se había enamorado de Blaine. Y Blaine de él. Y nadie les había insultado y nadie se lo había tomado mal, incluso Rachel se había tomado estupendamente lo de Blaine.
Eso preocupaba a Kurt, ¿era una estrategia para hacerles daño desde las sombras o ella también iba a sincerarse con el mundo? Se los imaginaba a los cuatro (Blaine, Rachel, Quinn y él) viviendo en un loft de Nueva York, pasando los largos días fríos viendo musicales románticos. De verdad deseaba que Rachel también expresara los sentimientos porque, aunque el 99% de las veces era irritable, le acababas cogiendo cariño. Sí, tenía que admitir que, más de una vez, cuando le metía la lengua hasta la campanilla a Blaine, le había echado una maldición por pura envidia. Todos tenemos derecho a equivocarnos, ¿no?
Harto de mirar tontamente el techo y de pensar en el escuadrón gay que formaría en Nueva York, cogió el iPhone de su mesita de noche. Chafardear un poco Twitter y jugar algo al Angry Birds le distraerían de sus pensamientos gays que a veces rozaban lo porno. Y era normal. No todos los días Blaine Anderson se viste de Peter Allen y baila delante de ti, ¿no?
"Interesante, un mensaje de Blaine Anderson", pensó el chico cuando desbloqueo la pantalla.
"¿Quieres ser mi Rapunzel? Abre la ventana -B" Rezaba el mensaje.
Kurt, sin pensárselo dos veces, abrió la ventana. No se paró a pensar en el pijama que llevaba puesto ni en que estaba toda su familia durmiendo. Blaine le acababa de llamar, ¿a qué esperaba? Mientras, Blaine, vestido como siempre, le esperaba en el césped del jardín escarchado y sonreía mientras tiritaba de frío. Enero y Ohio no era una buena combinación.
Kurt corrió escaleras abajo y salió en busca de Blaine. Al verlo, Blaine no pudo evitar saltar a sus brazos y abrazarlo. Estuvieron un rato así, hasta que Blaine no tuvo otra que separarse de Kurt y pedirle por favor que le dejara entrar.
Subieron las escaleras a trompicones y entre risitas. Las hormonas a esas horas estaban muy revolucionadas y no dejaban hacer las cosas bien. Menos mal que sus padres tenían el sueño profundo y que Finn a esas horas estaría con los auriculares viendo porno, por eso pudieron pasar a la habitación sin problemas. Por un segundo, Kurt se paró a pensar: ¿sus padres aprobarían eso? ¿Finn habría colado alguna noche a Quinn como acababa de hacer él con Blaine? No, Quinn no, ella es demasiado santa y lesbiana católica apostólica como para hacer algo así. Era joven y estaba en pijama con su novio gay. Dejó de pensar y metió a Blaine dentro.
-¿Así es la habitación de Kurt Hummel? Me gusta –mientras Blaine hablaba, el cuerpo de Kurt temblaba y no sabía si era por el frío, por lo nervioso que estaba o por lo nervioso que le ponía la camisa apretada de Blaine. No entendía como ese cuerpo pequeño le ponía tan nervioso.
-¿Puedo preguntarte por qué vienes a estas horas?
-Pensaba que jamás me lo preguntarías… No podía dormir. Creo que son problemas de mi colchón. ¿Puedo probar el tuyo? Tiene buena pinta.
Cada palabra que salía de la boca de Blaine ponía a Kurt más nervioso. Su cuerpo no podía remediar el choque que le causaba la voz de Blaine cuando susurraba en medio de la noche. Sólo en sus sueños había vivido esa situación y ahora no sabía qué hacer.
-Por favor, dime que sí Kurt. Te juro que será magnífico.
-¿A qué te refieres?
-A esto –y Blaine cogió del cuello del pijama a Kurt, apretó sus labios contra los de Kurt y no le soltó hasta que a uno de los dos les faltó el aire.
Kurt se apoyó en los hombros de Blaine y este aprovechó para dirigirlo hacia la cama. Su peso sobre el cuerpo de Kurt hizo que no se pudiera resistir más y le arrancó el pijama. Kurt, mientras, no podía pensar en otra cosa que en gatitos. "Hay que pensar en otras cosas, Kurt. Cosas que… te corten el rollo" le dijo Finn cuando le contó su secreto para no terminar antes de hora.
-¿Estás bien? ¿Voy muy rápido? Párame si lo crees, por favor –Blaine tenía más ganas que Kurt de estar en esa situación. Ya se había quitado la camisa y Kurt no lo podía soportar más. Pero tenía que hacerlo. No tenía por qué tener miedo de nada, ¿no? Agarró a Blaine del cinturón y se lo empezó a desabrochar. Cuando lo tenía todo desabrochado, tiró de él y lo tumbó en su cama. Pasó sus manos por su pelo y lo notó encrespado y rizado. La humedad había causado efectos en el pelo Anderson.
-¿Y este pelo? –dijo con una sonrisa que podía deshacer un iglú de lo seductora que era.
-No me lo tengas en cuenta, ¿vale? Ya sé que parezco Borat, pero he venido aquí a hacer arte y a ayudar a gente. ¿Me ayudas entonces tú a mí?
Y le ayudó. Kurt bajó su boca desde la de Blaine hasta sus pantalones. Le iba a devolver el favor.
-Kurt, si no quieres…
Kurt le puso la mano en sus labios y le calló. Ya estaba decidido. No podía soportarlo más, quería hacer algo. Quería seguir su ejemplo. Quería sentir a Blaine otra vez.
