Nota: Los personajes de esta historia son propiedad de Rumiko Takahashi
Compañeros en la soledad
Capitulo Onceavo
Al regresar al templo, Inuyasha no pudo percibir a Kagome por ninguna parte. Decepcionado de ello se dirigió a su época; ignorante de ser observado a la distancia por la joven sacerdotisa, quien tenía una siniestra sonrisa en su rostro…
Camino a su época Inuyasha logró animarse un poco al pensar en Akane – ¡Tsk! Al menos a uno de los dos le va bien.
Al saltar fuera del pozo se sorprendió al ver a sus amigos frente a este, pero llamó aun más su atención la expresión de reproche y molestia que le dirigían. – ¡Oeee! ¿Qué hacen parados aquí? Y ¿por qué esos rostros tan agradables?– Preguntó en tono de broma, pero ninguno le dio respuesta alguna, por lo que comenzó a sospechar que algo no andaba bien y al parecer tenía que ver con él.
Dio un paso hacia ellos dispuesto a preguntar nuevamente cuando se vio interrumpido por la acusación nada grata del pequeño kitzune - ¡Traidor!
Inuyasha frunció el entrecejo sin entender que sucedía, miró a su amigo Miroku y preguntó - ¡Tsk! ¡¿Qué le pasa ahora a este enano?
El monje coloco su brazo frente a Shippou para callarlo y dio un paso hacia Inuyasha. Su expresión no había cambiado ni un poco, con disgusto dijo –Inuyasha, aunque yo mas que nadie se que la carne es débil, no logro comprender como pudiste hacerle algo como eso a la señorita Kagome.
Impaciente por hablar Sango se les unió y tomó la palabra, mostrando toda su aversión hacia Inuyasha, dijo – Y yo que pensé que la amabas. Definitivamente tú no aprendes Inuyasha… ¡No sabes cuanto las has hecho sufrir esta vez! ¡La pobre no paraba de llorar!
Inuyasha dio un paso atrás desconcertado. No entendía de qué lo acusaban. - ¿Kagome llorando? ¿Sufriendo? Díganme ¡¿de que rayos hablan?
- Inuyasha, - habló el monje - deja de hacerte el inocente. ¡Ya sabemos que estas engañando a la señorita Kagome con alguien de su época!
Inuyasha incrédulo por lo que oía, respondió exaltado ante aquella acusación -¡¿Quee? ¡¿Traicionando a Kagome? ¡¿De donde sacaron semejante estupidez?
- ¡¿Estupidez? ¡Inuyasha, la propia Kagome nos lo dijo entre lágrimas cuando estuvo aquí! - Acusó Sango perdiendo la calma.
Miroku agregó, mientras colocaba una mano en el hombro de Sango para calmarla - Es cierto. Así que será mejor que lo admitas de una buena vez. – Luego se tomó la barbilla con los dedos, mientras concluía - Ya me parecía extraño no verte con ella este último tiempo cada vez que nos visitaba. ¡Admite que por eso te comportabas tan extraño estos días!
De repente el kitzune escalo hasta su hombro y le olfateó, para luego hacer una mueca de desprecio - ¡Vienes de verla! ¡Hueles a otra que no es Kagome! ¡Admítelo Inuyasha!
Exasperado de las acusaciones que le hacían, apartó de un manotazo al pequeño kitzune, lo suficientemente fuerte para quitárselo de encima, pero lo suficientemente suave para no hacerle daño. – ¡Ya! ¡Quítate de encima enano! ¡tsk! – Luego se dio cuenta que su actitud solo lo haría ver más culpable. Respirando hondo y encogiéndose de hombros, intentó calmarse decidiendo que lo mejor sería contarles la verdad. Al fin y al cabo parecía que Kagome ya estaba enterada de su amistad con Akane. – Bien, les diré la verdad. Es cierto que conocí a alguien en la época de Kagome. Pero no es lo piensan…
Sin escuchar lo que tenía que decir Sango volvió a interrumpirle y le reclamó - ¡Déjate de inventos Inuyasha! ¡Kagome ya nos lo dijo todo con lujo de detalles! ¡Incluso el hecho de que la humillaste e insultaste con palabras demasiado crueles!
- ¡Si! ¡La pobre ha tenido que aguantar la tristeza todo este tiempo! ¡Soportando tus rechazos! ¡Y solo para estar contigo! ¡Y aún así tuviste el descaro de ir a los brazos de otra! ¡Eso es caer demasiado bajo Inuyasha...! – Acusó Miroku ya perdiendo la compostura.
Inuyasha estaba de una pieza ¿de que estaban hablando? ¿Cómo podría haberle hecho algo como eso a Kagome? Si lo único que deseaba era estar con ella. -¡Ustedes se equivocan! ¡Es ella quien me rechaza!
-No esperaras que te creamos algo tan absurdo. – Dijo Sango sonriendo con ironía.
-¡Cierto! ¡Kagome es demasiado buena! ¡Ella jamás te haría algo así! –Gritó el Kitzune.
-Ella te ama, lo sabes. –Dijo de manera un poco más serena Miroku. – No tienes fundamentos para acusarla de algo como eso.
Al ver que sus explicaciones no le servirían de nada, Inuyasha decidió retirarse - ¡Tsk! ¡Ustedes están ciegos! ¡Piensen y digan lo que quieran! ¡No me importa! - Y sin esperar respuesta, de un salto dejó atrás a sus incrédulos amigos, y se internó en la espesura del bosque.
Miroku miró a Sango y a Shippou, comprendiendo que ellos no podrían hacer mucho más que brindar apoyo a su pobre amiga, esperando que lograse salir adelante tal cual lo había hecho en la época que Kikyou se encontraba presente.
-Será mejor que regresemos al pueblo, por ahora no podemos hacer nada. – dijo el monje mientras comenzaba a caminar seguido por los demás.
Inuyasha saltaba de rama en rama, completamente traicionado y abatido. Ni siquiera le habían concedido el beneficio de la duda. Kagome los tenía completamente engañados, pero ¿Por qué haría algo como eso? Estaba dolido por la desconfianza de quienes suponía eran sus amigos. Decidió dejar eso atrás por el momento, ya tenía bastantes cosas de que preocuparse como para agregar otras. Además aquello era solo un malentendido, que esperaba se aclarara en algún momento, más el no rogaría perdón por algo que no era su culpa.
Necesitaba estar solo y tener tranquilidad. Cuando logró encontrar un árbol lo bastante alto y apartado de todo, donde nada ni nadie pudiesen molestarlo, se detuvo. Sin más se sentó en una rama y apoyó su espalda contra el árbol, sosteniendo su vieja espada contra él, mientras se hacía mil preguntas en la mente. - ¿Por qué Kagome hace esto? No entiendo que le sucede. Si sabía de Akane ¿porque no me dijo nada? Si me quiere como dicen ¿por que de trata de esta forma ¡Ya no entiendo nada! – Respirando profundo miró hacia el cielo mientras decía - Akane… ella podría ayudarme a entender...- pero luego comprendió que no podía lanzarle todos sus problemas a ella, no cuando estaba solucionando sus propios problemas. - ¡No! Akane tiene una vida también. No puedo ser tan egoísta y abrumar su felicidad, esperando que alivie todos mis problemas. Esta vez lo haré por mi mismo.
Tenía claro lo que haría. Hablaría de una vez por todas con Kagome y aclararía las cosas.
Mientras en el presente, el ser maligno se paseaba a través del cuarto de Kagome, pensando en el siguiente paso que daría para destruir definitivamente a Inuyasha. Solo debía encontrar la forma de hacer encajar las piezas en el lugar y momento exactos.
A la mañana siguiente, cuando Akane bajó a desayunar, se encontró con la sorpresa de encontrar a su hermana Nabiki sentada a la mesa junto a Ranma. Cuando este vio a Akane, se disculpó con Nabiki y salio de la sala ignorándola por completo.
Para Akane el desprecio del chico hacia ella no pasó desapercibido, más se mantuvo orgullosa y trabajo su mejor sonrisa para saludar a su hermana como si nada pasara, aunque por dentro mil emociones la atormentaban.
-¡Que sorpresa encontrarte aquí Nabiki!
-Que tal hermanita. Veo que ya te encuentras completamente recuperada. Aunque no lo creas Kasumi me dejó muy preocupada cuando me llamo el otro día. Por lo que decidí que lo mejor sería venir a verte. Pero al parecer ya no me necesitas.- Dijo Nabiki con una sonrisa. Luego aunque Akane intentaba ocultar sus emociones el ojo de águila de su hermana detecto que algo molestaba a su hermana. Mirándola a los ojos dijo – Dime Akane, es idea mía o pasó algo entre tú y Ranma.
Akane esquivó su mirada para que no notara su enfado y dolor. Y respondió lo más tranquila que pudo - ¿Qué podría pasar con él?
Nabiki esbozó una sonrisa, aquellos dos no cambiaban. Ignorante al hecho de que en realidad todo había comenzado en el momento en que ella había tenido aquella conversación con Ranma hace tiempo.
Lanzando un suspiro, apoyo los codos en la mesa y afirmó su cabeza en las manos. –Vaya, no hay quien los entienda. Según me dijo Kasumi el día que enfermaste Ranma no se separó de tu lado. Y ahora que estas bien ni se hablan.
Akane se sobresaltó por las palabras de su hermana, no pudiendo creer en ello. –Te equivocas Nabiki, cuando desperté no había señales de Ranma, ni siquiera de que hubiera estado ahí.
-Que tontita Akane, eso fue porque nadie le dijo que habías despertado. De hecho según me contó Kasumi, si no hubiera sido porque tía Nodoka se lo ordenó, Ranma jamás se habría apartado de tu lado.
Conmocionada por su declaración, joven inclinó la cabeza confundida mientras se preguntaba en su mente. –"Ranma… porque tú…"
Nabiki al verla tan ensimismada y con esa expresión en el rostro, preguntó -¿Sucede algo Akane?
-No. No es nada.- Luego levantando la mirada dijo decidida. -Perdóname Nabiki, pero tengo algo que hacer.
Levantándose decidida y dejando a su confundida hermana, fue en busca de Ranma. Tenía que pedirle disculpas y darle las gracias por preocuparse por ella, aunque no cambiaría de idea respecto al rompimiento del compromiso ya que aunque quisiera no volvería a sentirse igual con él. Mientras caminaba, decía en su mente –"Rayos, yo y mi conciencia. Ahora ¿Dónde se habrá metido Ranma?" - Miró en el cuarto de este, pero no estaba. Cuando se disponía a ir a buscarlo a otra parte, algo tirado junto a la pared que llamó su atención.
Al acercarse a verlo, descubrió que era un regalo. – ¿De quien será esto? - Lo levantó y observó intrigada unos instantes. Al voltearlo encontró un adhesivo que decía "Feliz cumpleaños Akane"
Era para ella, por lo que quitó el envoltorio con curiosidad para encontrarse una cajita que en su interior contenía un hermoso anillo con una nota.
Akane, siempre he pensado en ti como mi verdadera prometida. Por eso, quiero que aceptes serlo por que quieres y no porque debes…
Ranma
Akane se llevo una mano a la boca, intentando contener la ola de emociones que se le vinieron encima. Había cometido un gran error. Todo aquello era una locura. ¿Porque no se lo había entregado? – Ahora que recuerdo, Ranma me vio esa noche cuando Inuyasha y yo nos besamos. No Ranma, no es lo que piensas… él es importante para mi, pero no como piensas…
Segura de lo que debía hacer, guardo el anillo con la nota y fue en búsqueda de Ranma. Tenía que encontrarlo y aclarar de una vez por todas las cosas entre ellos, aún sabiendo que quizás fuera demasiado tarde para recuperar lo perdido.
Ranma ya no sabía que hacer, no lograba quitarse a Akane de la cabeza. Todo le recordaba a ella, incluso las piedras. No sabía que le molestaba más, si la traición o el hecho de que las cosas se hubieran acabado entre ellos. Pensaba en el anillo que nunca llegó a darle y en las veces que había tenido que reescribir aquella nota para que fuese perfecta.
Tan ensimismado estaba en sus pensamientos, que no supo como ni porque su visión se nubló repentinamente hasta caer en la inconciencia.
Cuando Inuyasha se sintió preparado decidió encontrar a Kagome y enfrentarla para dejar las cosas en claro de una vez. Así que luego de comprobar que no estuviese en la era del Sengoku, decidió ir a buscarla al presente. Cuando atravesó el pozo, se sorprendió al sentir el aroma de Akane por los alrededores. Extrañado, quiso averiguar el motivo de ello. Al salir de la casita del pozo vio a su amiga de pie frente al árbol sagrado, extendía la mano mientras tocaba levemente el lugar donde según él le había contado, estuvo fijado por el hechizo de Kikyou hace años.
Esperó sentir también a Kagome por los alrededores, pero no encontró pista de ella. Solo estaba Akane. Confundido y a la vez animado por el encuentro tan fortuito e inesperado se dirigió donde se encontraba. Era una suerte poder hablar con su amiga antes de enfrentar a Kagome.
–¡Oeee! ¡Akanee! ¡Qué sorpresa! ¿Qué te trae por aquí? – Pero cuando estuvo a punto de tocarle el hombro, Akane volteó a verlo y esquivó su toque.
–No me toques. – Dijo esta con frialdad.
– ¿Eh? ¿Por qué? ¿Acaso te pasa algo en el hombro? – Preguntó preocupado mientras daba un paso hacia ella.
– ¡No quiero que te me acerques! – gritó Akane, a medida que retrocedía para alejarse de él.
– ¿Que es lo que pasa Akane? Estas actuando muy extraño – dijo Inuyasha confundido por la extraña actitud de su amiga. – Recuerda que puedes decirme lo que sea, somos amigos ¿recuerdas?
Akane cerró los ojos con fuerza, como si sus palabras le dañaran. Tomó un respiro y abrió los ojos nuevamente. Mostrando una expresión seria dijo, – No te quiero cerca de mí…, – inconscientemente se mordía el labio inferior, miró hacia un lado y continuó –…ha…hanyou asqueroso.
Continuará…
Riosaku
Lamento demorar tantos años, pero espero ahora si poder terminar lo inconcluso. Confío en poder publicar los capítulos restantes pronto. Quiero agradecerles a todos quienes me dejaron sus comentarios, y espero sigan haciéndolo.
