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CANDIDATAS A REINA

Por Ladygon

CAPÍTULO 11: DUELO

Tortura sin fin dentro de esa alma adolorida. La oscuridad de la desesperación cubrió con su manto la corta felicidad. No podía ser todo perfecto, y él que rogó por un sueño, luchando para alcanzarlo como fuera, creyó haberlo logrado, pero no, todo era una ilusión. La sangre vino a cobrar su cuota y a mancharlo todo ¿Cómo recuperaría su felicidad después de esto? Era algo imposible, mejor hubiera muerto para que todo estuviera en calma. Sin embargo, esto tampoco podía ser, él no se pertenecía a sí mismo. Su castigo era vivir y llevar la carga de ese cuerpo con sangre derramada: Quien yacía ante él... Heero.

Todo había acabado. Se tomó una decisión sobre el futuro y tenía que acatarla ¿Cómo olvidarlo? No podría ¿Cómo sucedió?... Sucedió, porque no podía mentir y la única forma que tenía para no hacerlo era callar, no hablar. Por lo menos, si así lo hacía, quizás la pesadilla acabara, convirtiéndose solo en un mal sueño, pero no contó con la protección errónea de Heero. Si Heero no hubiese dicho nada como decidió que lo haría, quizás...

Sin embargo, Wufei se enteró por Quatre, que Duo fue a visitar a Heero y partió en Sheng Long hasta ese lugar, esperando que Heero sabría quién lo atacó, o por lo menos, le daría alguna pista de quién fue. Llegaría a ese lugar decidido a encontrar al maldito, con la ayuda de Heero, y hacerlo pedazos. Dejó a Duo al cuidado de Trowa y Quatre para partir rápido.

-Quizás Heero no esté en ese lugar. Parece que es una fábrica abandonada- le había dicho Trowa antes del despegue- es muy de noche. A lo mejor está en otra parte o en su casa.

-¿Sabes dónde es eso?- fue la única respuesta de Wufei.

-No.

-Cuiden muy bien a Duo hasta que yo vuelva- cerró la cabina del Gundam 05 y levantó el vuelo.

Al llegar a la fábrica no encontró nada. Trató de comunicarse con el Gundam de Heero, pero tampoco ninguna señal. Ya estaba a punto de irse cuando divisó al nochero del lugar. El guardia le indicó la casa de Heero y sin más contratiempo dirigió rumbo fijo hasta allí.

Golpeó la puerta de la casa con facha de estar abandonada, nadie respondió, entonces se decidió a entrar. La puerta cedió sin ninguna resistencia.

-Hola Wufei, te estaba esperando- dijo Heero con voz metálica.

-¿Esperándome?

Las miradas se cruzaron en silencio. La furia de Wufei comenzó a manifestarse.

-¿Duo estuvo aquí?- preguntó Wufei.

-Sí.

-A qué te refieres con eso. Duo fue atacado ¿Lo sabías?- avanzó hacia él con los puños cerrados.

-Sí, lo sabía.

-¡Cómo que lo sabías!- Wufei golpeó la mesa con sus puños- ¡SABES QUIÉN FUE! ¡DÍMELO!

-Fui yo- dijo con su mismo tono plano.

Silencio ensordecedor. Los ojos de Wufei permanecían abiertos, atendiendo el shock del que era objeto.

-¡No puede ser!- murmuró.

Wufei todavía no podía creerlo ¿Qué él fue? ¿Cómo? ¿Por qué? Un remolino de preguntas sin respuestas comenzaron a atacarlo. Un presentimiento guardado hace mucho salió en el acto. Dirigió su vista hacia la cama deshecha, y si...

-Te equivocas... Yo lo violé- la mirada de Heero decayó, se veía triste y desolado.

Reaccionó, la ira y el odio surgió desde su interior.

-¡MALDITO!- en un movimiento rápido se lanzó sobre él.

El primer golpe llegó de lleno en el rostro de su odiado amigo. Heero cayó de la silla pesadamente, ahí fue atacado por las patadas del Kung-Fu de Wufei. Trató de levantarse, pero los golpes lo movían de un lado para el otro. No se defendía, solo dejaba que su amigo-rival terminara con él. Sin embargo, Heero era muy fuerte y le costaron varios golpes a la mandíbula, entre puñetazos, patadas, codazos, y demás, para romperle la boca. Wufei vio por fin la sangre emanar de ese cuerpo, pero quería más. Estaba tan fuera de sí que no le importó, o no se dio cuenta, que el otro no bloqueaba los golpes y permanecía en forma pasiva recibiendo toda la furia de él.

Mientras su cabeza se balanceaba de un lado para el otro, Heero escuchó un grito de su adorada voz, pero lo no podía ver, porque la lluvia de golpes le nublaba la vista. Al parecer su atacante no escuchó nada, y tampoco veía, la ira lo tenía completamente enceguecido.

Wufei levantó a su enemigo con una mano del piso y se disponía a darle otro de sus golpes con todas sus fuerzas, cuando sintió unos brazos que lo rodearon de la cintura. La impresión lo dejó estático con su víctima todavía en el aire. Fue aquí donde este escuchó, por primera vez, la voz de Duo.

-¡WUFEI DETENTE POR FAVOR! ¡TE LO SUPLICO!- gritaba Duo mientras lo sujetaba con todas sus fuerzas.

De la impresión, Wufei soltó a Heero, quien se azotó contra el suelo. Duo también quitó los brazos de su cintura y al mirarlo de frente, el miedo se manifestó en ese amado rostro.

-Yo... yo... yo- las cansadas lágrimas aparecieron una vez más, haciendo sus ojos brillar.

Duo cayó de rodillas abrazándose a las piernas de Wufei.

-¡LO SIENTO WUFEI! ¡FUE MI CULPA! ¡MI CULPA!- estalló- ¡LO SIENTO, LO SIENTO, POR FAVOR!- el llanto lo convulsionaba de nuevo- ¡ROMPÍ MI PROMESA! ¡NO MEREZCO NADA, SOY UN FRACASO, UN IDIOTAAAAAA!- tenía la frente en los pies de Wufei- ¡SI QUIERES MATAR A ALGUIEN, MÁTAME A MÍ!- el llanto estalló de forma dolorosa- Te amo... - le dijo antes de ahogarse con el llanto no permitiéndole decir más palabras, solo lágrimas.

Wufei apretaba los puños con fuerza y sintió el terrible deseo de hacer lo que le estaba pidiendo su odiado amor. Llevó su mano hasta la funda de su arma, esta temblaba vacilante.

-Wufei... - una lastimera voz venía a sus espaldas- yo amo a Duo.

La voz paralizó a Wufei en un instante, miró por encima de su hombro a Heero. Sus ojos azabaches temblaban entre la furia y la razón. Luego, deslizó sus pupilas hacia sus pies para ver como Duo observaba a Heero. Cerró los ojos, permaneciendo unos segundos así. Volvió a dar su vista al frente, completamente de espaldas a Heero, entonces habló:

-Eso quiere decir una sola cosa... mañana al amanecer- la voz de Wufei era determinante.

-En la fábrica- dijo Heero, arrastrando las palabras.

Wufei hizo a un lado a Duo, quien todavía seguía arrodillado en el suelo y comenzó a caminar hacia la puerta.

-Qué... qué... quieren decir con eso- murmuró Duo.

-Trae la espada- ordenó Wufei.

Desapareció por la puerta. Un viento lleno de árido polvo entró en la casa. Luego, el silencio reinó, hasta que escucharon los motores de una o varias naves. La luz de la mañana golpeó el rostro de Duo.

Trowa y Quatre llegaron a auxiliarlos en el momento que se escuchaba como un Gundam se alejaba del lugar. Duo no quería pensar en todo lo sucedido. No asimilaba o no deseaba comprender. Quatre corrió a ver a Heero, quien con mucho esfuerzo logró levantarse del lugar para ser llevado a la cama.

Esa interminable noche había acabado hace mucho y ni siquiera se dieron cuenta. Mientras atendían las heridas de Heero, el eco de aquellas últimas palabras, sonaban todavía en el ambiente.

-Quatre, yo estoy bien, por favor atiende a Duo. Él sigue conmocionado con lo ocurrido.

-¿Seguro estás bien Heero?- Quatre lo miraba con indecisión. El otro estaba lleno de raspones y cortadas, que él había vendado.

-Sí, no te preocupes por mí. Soy hueso duro de roer- le dedica una sonrisa cálida.

Quatre se sorprendió con la sonrisa, en verdad, era la primera vez que lo veía sonreír. Le respondió con otra sonrisa y luego fue a hacer lo pedido. Se dirigió a la única silla donde estaba el choqueado joven. Trowa le dejó el cajón para que se sentara y al levantarse le movió la cabeza en forma negativa, luego se dirigió hasta la cama de Heero.

-Será un duelo ¿No es cierto?- preguntó Trowa.

-Sí- respondió Heero.

-¿Cuándo?

-Mañana al amanecer.

El viento golpeó los cristales de las ventanas.

-Será mejor que descanses- continuó Trowa con el mismo acento sin tonalidades- Nos llevaremos a Duo hasta que todo termine.

El piloto 01 arrugó los labios y asintió con la cabeza. Sus ojos azules bajaron.

-Hasta que todo termine... hasta que todo termine- empezó a murmurar el chico de la trenza.

-Duo... - susurró Heero.

-¡Hasta que todo termine!- Duo se levantó de improviso y corrió hacia la cama- ¡Qué quiere decir eso Heero!

-Duo... - volvió a repetir.

-¡RESPÓNDEME!- gritó.

-Quiere decir... - comenzó Heero- que tú no puedes decidir- Duo quedó estático- Esto está fuera de tus manos Duo. No debes interferir, solo acatar. Tendrás que aceptar el resultado- Heero lo miró con decisión.

A Duo se le cayó el mundo encima, dio dos pasos hacia atrás y luego huyó del lugar, corriendo con desesperación. Quatre trató de alcanzarlo. Trowa quedó plantado al medio de la cabaña con un sentimiento de desolación. Este último, decidió que debían irse de allí y dejar solo a Heero. Se despidió del herido y no pudo desearle buena suerte ¿Quién se suponía debía ganar?

Muy lejos de ahí, Wufei estaba en un lugar rodeado de árboles, entrenando con su espada. No había dormido en toda esa infernal noche, pero no estaba cansado, dormiría después, tenía un día para entrenar y luego descansaría para estar al amanecer como acordaron.

Al anochecer, se acurrucó en un saco de dormir al lado de su majestuoso Gundam. Desde allí veía como la luna llena brillaba sobre el rostro de Shen Long, dándole un aura sobrenatural. Wufei tomó su cadenita del cuello y acarició la sortija de oro.

-Nataku, mi adorada esposa, y yo casi te pedí usar tu anillo para dárselo a Duo en señal de unión- dijo con su rostro en paz- protégeme como siempre lo has hecho.

El Gundam emitió un brillo especial como si el espíritu que permanecía dentro de ese coloso de gundanio le hablara. Wufei sonrió y cerró los ojos.

El sol ya despuntaba en el horizonte, y los cálidos rayos de la mañana daban término a la noche.

Dos figuras estaban en la lúgubre fábrica, en uno de los depósitos abandonados. Los escasos obreros llegarían en algunas horas, para ese entonces, ya todo habría terminado. Los dos permanecían, uno al frente del otro, con sus respectivas espadas en sus manos, distanciados por algunos metros. En camisa de mangas cortas: Wufei se quitó la chaqueta de los Preventers y Heero estaba con su camiseta negra de costumbre.

Los rayos del sol continuaban moviéndose entre las oscuras paredes de esa enorme bodega, viajando por las rejas de ventanas que existían en un lado de las cuatro paredes, en la parte superior.

-No hay espacio para los dos. Solo uno de nosotros sobrevivirá- dijo Wufei con voz plana.

-Bien- contestó Heero con la misma voz neutra.

Tomaron posición al ver que la luz llegaría al punto de partida cuando escucharon unos pasos.

Era Duo.

-No podrás detenernos Duo, es mejor que te vayas- le dijo Wufei, secamente.

-Lo sé. No intentaré detenerlos, pero permaneceré aquí hasta que todo termine- los ojos violetas de Duo estaban vidriosos, no obstante, la determinación estaba sellada en ellos.

Volvieron a tomar posición, pronto la luz alcanzó su punto y se lanzaron el uno contra el otro en un grito feroz. Las espadas chocaron, produciendo un sonido metálico que se propagó por todo el lugar y una luz producto del brillo de las filosas armas estalló.

Duo permaneció estático, viendo como sus dos amores trataban de matarse el uno al otro. Todo, porque él no podía decidir con cuál quedarse ¿Cómo hacerlo si los amaba a ambos? Era verdad, no podía, solo le quedaba acatar el resultado, ya que no podría detenerlos. Si por lo menos solo amara a uno de ellos esto no hubiera pasado, pero era imposible y ellos lo sabían, lo supieron antes que él mismo. Perdería a uno de ellos y ese sería su castigo, debería llevarlo consigo, porque no podría huir, sino ya lo hubiera hecho con la muerte, pero el morir empeoraría el asunto. Su vida ya no le pertenecía a él, sino a esos dos seres que estaban luchando ¿Cómo decirles que si uno moría, matarían una parte de él? ¿Acaso no lo entendían? Debían hacerlo... solo le quedaba esa esperanza, solo esa...

El choque de espadas continuaba desplegándose por toda la bodega, mientras golpeaban con fuerza los poderes de ambos luchadores. Wufei cruzó su espada al tiempo que daba una vuelta para esquivar el siguiente ataque. Heero redirigió su golpe con más maestría que la vez anterior y logró avanzar unos pasos, sin embargo, esto no duró, porque su feroz contrincante arremetió contra él. Heero retrocedió un paso, pero con una zancada, Wufei avanzó, pasándole la espada por sobre su hombro y así logró rozar su cara. La primera herida comenzó a brotar en sangre.

Duo sintió que su corazón llegaba a su cabeza. El rostro herido de Heero le nubló la vista, para recordar como lo protegió de él mismo en ese encuentro amoroso. Si Heero no lo hubiera amarrado, él habría gritado de pasión, se habría entregado en cuerpo y alma, rompiendo totalmente, su promesa a Wufei. En pocas palabras, le había salvado el honor, aunque no sabía hasta qué punto, porque de todas formas, solo era un tecnicismo. Siempre estuvo enamorado de Heero, años y años sin saber que era correspondido. Un toque de Heero, una palabra cariñosa de él y se desarmaba por completo ¿Cómo podía ser eso posible? ¿Acaso lo llevaba en la sangre? Había pasado un año sin verlo ni saber nada de él, pero bastó un pensamiento para ir en su busca ¿Entonces, eso decía que no amaba a Wufei? ¡Claro que lo amaba! Y ahora lo que estaba presenciando era demasiado para él ¿Hasta dónde podría resistir?, pero debía aguantarlo, era lo menos que podía hacer. Debía confiar en ellos dos con toda su alma, aunque ello significara la angustia en su máxima expresión.

Heero se desplazó hacia los lados y logró estabilizarse. Pronto atacaba con más fuerzas hasta que de un golpe hirió el ante brazo de Wufei. La blusa de mangas cortas del uniforme de los Preventers se tiñó de rojo, pero no apagó el fuego en los ojos del pequeño dragón. Este continuó atacando con más ahínco hasta que la espada de Heero cayó, el cual tuvo que deslizarse sobre su cuerpo para recuperarla. La alcanzó justo en el momento en que Wufei le daría el golpe definitivo, reteniéndolo. La fuerza de ambos quedó en suspenso. Heero permanecía con una rodilla en el suelo y con la espada en alto, conteniendo el peso de su adversario, quien amenazaba con romper su espada en dos. De un movimiento logró desviar la espada enemiga hacia un lado y luego se puso de pie muy rápido.

Las respiraciones de ambos estaban visiblemente agitadas. El cansancio ya hacía mella. En Heero los golpes, que había recibido el día anterior, le estaban cobrando su precio. Estaba muy adolorido, al igual que su contrincante. La herida de Wufei en su brazo era seria, emanaba mucha sangre y era el brazo que manejaba la espada.

Los ojos de Duo no se quitaban de la mancha roja en el brazo de Wufei. El pobre muchacho estaba viviendo la angustia en carne viva y sentía como esa herida lo tocaba a él, porque cada golpe no solo lo recibían ellos dos, sino también él.

Pronto se acercaba el final, lo presentían. Estaban llegando a su límite. En una caída desesperada del filoso instrumento, resbaló hacia lo largo de la espada de Wufei. Este último, aprovechando ese movimiento, absorbió el golpe y arremetió contra el cuerpo de Heero.

La espada de Wufei atravesó la carne sin ninguna dificultad. Heero soltó su arma y calló de rodillas ante él. Duo sintió que su alma lo abandonaba para siempre, la imagen se grabó en su memoria.

-¡Heero!- dio un grito ahogado.

Wufei quedó estático frente a su enemigo, debía darle el golpe final.

-Él no faltó a su promesa- fue la declaración del moribundo, quien se preparó para recibir la espada homicida.

Vio la silueta agitada, sangrante de Heero, y luego desvió la vista para ver la expresión de horror de Duo.

-No...

Su espada cayó hacia un lado en señal de rendición, perdonando la vida de su enemigo. Heero estaba a salvo, ya que su herida no era mortal. Wufei tomó su chaqueta y se acercó a Duo. Al llegar a él le dio un cálido beso con un amoroso abrazo, luego se separaron.

-Seré justo y les daré la misma oportunidad que tuve yo- Wufei sonaba sentencioso. Duo y Heero estaban más que sorprendidos- Tienen un año, al término de esa fecha vendré a buscar a Duo y me lo llevaré. Aprovechen ese año, porque será el único- Luego, se encaminó hacia la salida.

-Wufei... -susurró Duo con sus ojos brillando. La figura de su dragón fue iluminada con la luz del sol cuando abrió la puerta al marcharse.

Duo miró el cuerpo sangrante de Heero. Todo había acabado y tenía que respetar la decisión. Quizás... siempre fue esta la única posibilidad.

La herida en el hombro de Heero sanó más rápido de lo que se creía. En verdad era cierto eso del soldado perfecto, parecía que estaba determinado genéticamente, para sanar a una velocidad fuera de lo normal. Todos estaban asombrados: Quatre le llevaba sopa caliente todos los días a la cama, Duo le cambiaba los vendajes y se aseguraba de curar las heridas con dolorosos antisépticos, que no parecían afectarlo en lo más mínimo, Trowa le llevaba el periódico y hacía crucigramas silenciosos mientras lo acompañaba. Permanecieron en la mansión hasta la recuperación total de Heero, luego se dedicaron a levantar una vida propia.

Tenían solo un año y lo aprovecharían al máximo. Heero estaba más enamorado que nunca, veía su vida como si se tratara de un sueño, de esos que tuvo cuando su amor estaba lejos de él. Arrendaron una casita en un apartado pueblo, abandonando Preventers y fábrica. Ahora no harían cosas que tuvieran que ver de alguna manera con la guerra, solo harían el amor: y lo hacían todos los días.

Wufei siguió con los Preventers en compañía de Sally y de Hilde. Hilde todavía no perdonaba a Duo por dejar a Wufei, según ella, estaba loco por preferir a ese estúpido arrogante, pero no sabía de los acuerdos entre estos, así que no dejaba en paz a Heero con sus miradas asesinas en las visitas a su amigo Duo. Este último, solo la miraba con una sonrisa forzada y una gota de sudor, antes de preguntar por Wufei para saber todo acerca de él. Su rostro se iluminaba con cada palabra de Hilde.

-Ni siquiera las reinas pueden tenerlo todo, Duo- le dijo una vez Heero, cuando vio marcharse a Hilde desde el marco de la puerta.

Sally, en cambio, permanecía al lado de Wufei y sabía que algo más había en toda esa separación. Decidió no preguntar ni ver a Duo, seguramente, algún día Wufei se iría de allí, abandonándolos a todos, quería estar cerca de él y mientras más se acercaba, más sentía el continuo alejamiento de él, pero era algo extraño e inexplicable. Sentía ese alejamiento en otro plano, aunque cerca de él, había una atracción. Sally estaba confundida y fascinada al mismo tiempo con ese chico: era la contradicción en persona.

Hilde llegaba a casa, contando las visitas con Duo y así Wufei se enteraba de cómo les iba a esos dos, pero filtrando todo el odio de Hilde hacia Heero. Al parecer la relación estaba funcionando muy bien. Un secreto dolor le aprisionaba el pecho, sin embargo, lo acompañaba una gran satisfacción.

Wufei permanecía largos ratos acostado sobre el pasto- verde y luego seco, y otra vez verde, de acuerdo con la estación- al lado de su Gundam "Nataku", el nombre que le puso él en honor al espíritu de su esposa fallecida, hace mucho tiempo por protegerlo a él. La paz comenzaba a volver a su pecho.

Terminado el año, Wufei partió en su Gundam Shen Long para cumplir el acuerdo. Aterrizó en las afueras del pueblo donde vivía Duo y escondió su coloso de metal. No sabía cómo se le ocurrió la tonta idea de dar un año, si estaba decidido a matarlo para terminar con el asunto. Solo sabía que al ver el rostro de horror de Duo no pudo matar a Heero, seguramente, Heero también habría hecho lo mismo. Ahora debían estar, esperándolo.

Al cruzar una esquina, vio a Duo saliendo de una pastelería. Lo siguió sin dejarse ver, tenía curiosidad. Duo estaba radiante como lo recordaba y su rostro lleno de plena felicidad, no esa fingida que tenía en la guerra. Un poco más adelante se encontró con Heero, este lo recibió con una beso en la boca allí, al medio de la calle, mientras la gente pasaba por su lado sin sorpresa alguna, incluso saludándolos. Heero también se veía muy feliz y sonreía, algo que lo dejó clavado al piso de la impresión. Nunca en su vida lo había visto sonreír, menos de esa forma. Vio como abrieron la puerta de su casa y les salió un cachorro a recibirlos. El perrito movía la cola con euforia hasta en los brazos de Duo, donde no terminaba de lamerle la cara. La risa adorada por él llegó hasta sus oídos.

Wufei sonrió y se dio media vuelta, dándole la espalda a la escena. Llevó la mano a su cuello para quitar la cadena de plata. Miró su mano donde estaba la cadena con la sortija de oro. Luego separó la sortija y guardó la cadena en su bolsillo.

El anillo brillaba bajo la luz de sus pupilas azabache cuando se la colocó en su dedo

-Siempre hemos sido tú y yo, Nataku...

Caminó hacia el lugar donde tenía escondido su Gundam. La brisa primaveral acarició su rostro mientras caminaba hacia la salida del pueblo. Los pájaros cantaban, acompañando su camino, y un brillo especial iluminó su alma. Entonces, aquella sonrisa que solo mostraba a su esposa, apareció en su rostro.

Aquí el final, pero escribí un epílogo hace poco, así que es nuevo. Creo que cierra mejor el fic y explico algunas cosas.