Capítulo X

Tercera fase

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"¿Sabes, Tsunayoshi? Yo realmente te amaba". Si tan sólo hubiera escuchado esas palabras en ese instante..., pero ahora la lluvia de balas no se detenía. Un grito alertó sus sentidos. Kyoko estaba medio inconsciente contra la puerta ensangrentada. Sus manos ya no rezaban. "Patético. Te ves patético". "Tsuna-kun", lo llamó ella aferrándose a su espalda. Cerró los ojos un instante... "No cierres lo ojos, Tsuna inútil. A menos que realmente quieras morir".

Abrió los ojos de golpe y si no fuera por su híper intuición, habría cumplido su deseo reprimido a causa del disparo que apenas logró esquivar. Cuando su mirada terminó de estabilizarse, un mini paro cardíaco y una neurosis instantánea le impidieron saludar adecuadamente a su ex-tutor.

―Re-Reborn…

―Ciaossu ―lo saludó él en un tono sombrío, mientras permanecía recargado en el marco de la puerta―. ¿Y bien? ¿Por qué no te has arreglado? ―inquirió con calma siniestra―. Son las 9:30. Los Cross llegan a las 10:00 en punto.

Tsuna quiso pensar que aún estaba soñando, que todo se trataba de una pesadilla, pero... Hizo una pausa en su sistema. Era Reborn de quien hablaba, era verdad: allí estaba. Ante todo pronóstico, los había encontrado a los tres dormidos en la mesa y, a juzgar por la situación, era obvio que no se habían desvelado trabajando.

―¿Por qué...? ¿Qué haces aquí? ―le preguntó Tsuna con miedo evidente.

―¿Ya se te olvidó? ―Reborn le regresó la pregunta―. ¿No dijo que debía estar de vuelta antes de las 10:00, jefe? ―remarcó la última palabra en un tono asesino.

―Sí, pero...

Un quejido interrumpió la conversación mientras Hayato recobraba el sentido, apenas despegando su cuerpo de la mesa. Luego vio a Reborn y sus ojos terminaron de abrirse en un microsegundo.

―¡Reborn-san! ¿C-cómo es posible? ―murmuró incrédulo, pero regresó su atención a Tsuna cuando éste se cubrió la cabeza con una mano al sentir el dolor característico tras una noche de copas excesivas ―. ¡Décimo! ¿Estás bien?

―Me duele la cabeza…

―Tsuna ―recobró la palabra el pequeño sicario―. Te veo en la sala de juntas en 20 minutos.

Y azotó la puerta cuando salió del comedor. Afuera lo esperaba Yuni, quien había intercambiado el traje de su familia por un vestido azul de cinto blanco y mangas cortas con dobladillo del mismo color, y lucía consternada ante la situación.

―¿Qué sucede, Yuni? ―le preguntó Reborn.

―Tío Reborn…, no creo que la junta sea una buena idea ―dijo la niña―. Parece que Tsunayoshi-san no se siente bien. Además, presiento... que sucedió algo malo.

―Me lo explicará luego, eso tenlo por seguro ―dijo Reborn, haciendo una nota mental sobre el tema―. ¿Dónde está Slifer?

―Cuando le conté que Tsunayoshi-san estaría ocupado durante la mañana, dijo que quería conocer los alrededores ―explicó Yuni―. Ganma y Byakuran están cuidando de él, así que no hay de qué preocuparse. Más tarde, cuando Tsunayoshi-san esté mejor, les pediré que lo traigan.

Caín estaba acostado en la cama, había recuperado su ropa, y tejía pequeñas trenzas en el cabello de Ichiru, que estaba de espaldas a su lado, aún luciendo su vestido blanco, mientras Kiril permanecía sentada en el suelo, recargada en el colchón mientras miraba el aún radiante esmalte rojo en las uñas de sus manos y pies, que había hecho juego antes de que dejara su apariencia refinada por una más cómoda.

―Rayos, qué aburrido es esto ―dijo la líder rompiendo el silencio.

―Deberían tener WiFi aquí ―opinó Ichiru, paseando su dedo a través de la pantalla de su teléfono.

―¡Hey! ¿Cómo metiste eso aquí? ―le preguntó Kiril, volteándose para mirar―. A mí me quitaron el mío.

―A mí también ―dijo Caín.

―No tengo señal, pero si les interesa, descargué un PDF sobre paradojas y falacias ―informó Ichiru.

―¡Yo quiero leerlo! ―anunció Kiril, haciéndose caber en la cama y presionando a Caín contra la pared.

―Um, creo que no hay suficiente espacio ―opinó el chico, sin prestar mucha atención a los intereses poco cotidianos de ambas.

Y es que habían apretado a los tres en la misma celda a causa de la insistencia que Caín mostró cuando supo que Kiril estaba en la base. Optaron por colocarlos a todos juntos porque de todos modos, en esa área especial, el uso de sus llamas era muy limitado.

―Eso no es mi culpa ―se excusó Kiril.

―La mía tampoco ―la imitó Ichiru.

―Bueno, sí, es mía ―admitió Caín―, pero... creo que soy bueno en esto ―dijo observando su trabajo en el cabello de su compañera.

―¿Cuándo aprendiste a hacer trenzas, Caín? ―le preguntó Kiril admirada―. Si esto de la mafia no funciona, al menos sabes que puedes dedicarte a otra cosa. Me alegro por ti.

―Felicidades ―se unió Ichiru en un tono poco convincente.

―Gracias... ―dijo Caín―, pero creo que si alguno de nosotros pudiera sobrevivir fuera de esto, tendrías que ser tú, Ichiru.

―¿En serio? ―preguntó la chica mirándolo.

―Lees incluso más que Axel. Es como si lo supieras todo ―continuó el chico―. Podrías hacer casi cualquier cosa.

―Demonios, Ichirun, ¿qué haces desperdiciando tu vida con la mafia? ―Se rió Kiril.

―Pues es que... me gusta estar con ustedes ―dijo la chica.

―¡Kyaa, Ichirun! ―La abrazó Kiril―. ¡Yo también te amó! Tú también la amas, ¿cierto, Caín?

―¿Yo? ―preguntó el aludido al tiempo que Ichiru dirigía sus enormes ojos a los suyos.

Ichiru era la más joven de los Trifoglio. En apenas 18 años de vida, había leído, analizado y memorizado más información que un estudiante de Harvard con dos maestrías. Siendo incapaz de distinguir lo que el mundo denominaba como "convencional" en la vida, a Caín le resultaba terapéutico sentarse junto a ella y escucharla hablar sobre un montón de conocimientos (prácticos e imprácticos) y leía todas sus recomendaciones porque nunca le pareció que tuviera algo mejor que hacer sin las ordenes de Kiril. Así, gracias a ella, había heredado una enorme base de datos en su cabeza que rara vez usaba, cosa que fascinó a Kiril, quien apreciaba a la gente curiosa. Aún con todo, reflexionar sobre sus propios sentimientos en general siempre le resultaba un enigma. Amar era una palabra complicada, aunque ciertamente no podía decir que desearía no tenerla a su lado.

―Mmm... supongo que... ¿sí?

―Dioses, Ichirun, mira el progreso de nuestro Caín ―dijo Kiril fingiéndose conmovida, mientras Ichiru se abrazaba a él.

―Buen chico ―le dijo la chica acariciándole la cabeza.

―No sé por qué, pero no siento nada especial ―dijo Caín, evidenciando sin muchos esfuerzos que aunque la amara, nunca la vería como algo más que la pequeña de la familia.

Kiril se rió, consciente de lo que si ella le dijera eso, el resultado sería muy distinto. Se irguió para quedar encima de ellos, se agachó lentamente, mientras su cabello se escurría hacia enfrente y su holgada blusa se deslizaba, descubriéndole un hombro y abriendo una pequeña entrada a su pecho poco definido. Besó la frente de Caín en un cruel abuso a su sistema nervioso, y sonriendo le dijo:

―Buen chico, Caín.

Mientras él se reiniciaba, Ichiru se levantó feliz, siguiendo a Kiril para sentarse a su lado en el suelo.

―Por cierto, Kiril, ¿qué se supone que estamos haciendo ahora?

―Esperando, Ichirun ―explicó su jefa―. No crees que me quedaría aquí sentada sólo porque sí, ¿cierto? No falta mucho, así que no se relajen demasiado.

Superando su récord personal, Tsuna estaba casi listo y colocándose la corbata del traje que Hayato había coordinado para él ante su falta de inspiración ese día. Optando por colores claros para obviar su condición, el saco y pantalón eran grises, la camisa blanca y la corbata azul claro. Así, aunque en apariencia lo ocultara, aún era presa de mareos y las luces lo aturdían.

Tratando de ignorar sus síntomas, salió prácticamente huyendo de su habitación, sabiendo que Reborn ya estaría en la sala de juntas. Y efectivamente, lo encontró sentando al lado de su silla. Verlo tan calmado le removió el sistema nervioso. Sabía que la situación era técnicamente su culpa, pero que se lo echara en cara con su calma no le servía de mucho. Sin medir palabras, se acomodó en su asiento, recargando su cuerpo sobre la mesa de vidrio oscuro y escondiendo su rostro entre sus brazos para evadir la luz que se reflejaba en las paredes blancas.

―Escucha ―le habló Reborn―. Cross es un sujeto calmado, pero se enfadará si no lo tomas en serio, ¿entiendes? ―Tsuna no contestó―. Hablaremos de lo que sea que haya sucedido más tarde.

―No quiero hablar de eso.

―Dije que hablaremos más tarde.

―Y yo dije que no quiero ―le rebatió Tsuna alzando la cabeza y mirándolo molesto―. ¿Por qué tenemos que hablar cuando tú lo decidas? ¿Qué hay del montón de cosas que no te he dicho hasta ahora? ¿Eso no me lo vas a preguntar?

―No es mi culpa que quieras fingir que estás bien cuando es obvio que no ―dijo Reborn―. Si quieres decirme algo, hazlo después de la junta, Cross llegará en cualquier momento.

El sonido de la puerta al abrirse interrumpió su conversación.

―Creo que llegué en un mal momento ―dijo el joven detrás de Hayato, quien lo había dirigido a la sala.

―Décimo, Cross está aquí ―le comunicó su mano derecha, pensando que habría sido bueno distraer al invitado con una taza de café antes de iniciar la junta.

―Axel. ―Reborn reconoció al joven, recibiéndolo con una inesperada sonrisa―. Desde luego que no, pasa.

Hayato se hizo a un lado para que el joven entrara en la sala y cerró la puerta a su espalda. Tomando asiento junto a Tsuna, Cross no parecía mucho mayor que él, incluso ese gesto era ajeno a lo que acostumbraban otros líderes. Aún así, conservó la formalidad de vestirse bien. A diferencia de su anfitrión, optó por un modesto traje negro con camisa blanca de cuadrícula oscura y corbata de diagonales rojas y negras. El armazón de sus lentes era del mismo tono rojizo, contrastando con sus ojos claros y cabellos rubios. En ese aspecto, Tsuna le encontró cierto parecido con Dino, pero la serenidad de Cross le daba un aire muy diferente.

―Lamento causarte problemas cuando acabas de llegar ―se disculpó Tsuna, aunque en su interior no sentía culpa―. Soy Sawada Tsunayoshi, el jefe actual de Vongola. Muchas gracias por venir hasta aquí para verme.

―Al contrario, muchas gracias por recibirme ―dijo Cross―. Primero que nada, permite que me presente formalmente. Mi nombre es Axel Cross, tercer jefe de la familia Cross. Como podrás darte cuenta, mi familia no tiene una trayectoria tan larga como Vongola, sin embargo, hemos logrado sobrevivir. ―Hizo una pequeña pausa para mirar al pequeño sicario―. De hecho, fue gracias a Reborn que mi padre logró sacar a la familia adelante cuando murió mi abuelo.

―Tu padre fue quien logró eso por su cuenta, yo sólo le ayudé un poco ―comentó Reborn―. Por cierto, ¿dónde está él?

―Decidí confiar en que Neo Primo me recibiría de buen modo aún sin protección ―explicó Axel. Sonriendo añadió―: ¿Sabes? Es extraño verte con esa apariencia después de tantos años.

―¿Esa apariencia? ―preguntó Tsuna confundido.

―La última vez que vi a Reborn, yo tenía uno años ―le dijo Axel―. En ese entonces lucía diferente.

―¿En serio?

Tsuna no pudo ocultar su sorpresa. Eran pocas las personas que hablaban del misterioso Reborn de antes que aún su cabeza no lograba entender exactamente qué significaba, ni siquiera Shamal lo mencionaba.

―Los viejos tiempos. ―Sonrió Reborn―. Dejemos eso para después, ¿quieres?

―Tienes razón ―concordó Axel, regresando su atención a Tsuna―. Neo Primo, desearía que me explicaras un poco acerca del giro que planeas darle a Vongola. He leído las "reglas de calidad" y otras políticas, pero aún tengo algunas dudas sobre cómo deseas proceder con la dirección de la alianza. Me gustaría que me hablaras un poco acerca de los planes que ya se han establecido.

Tsuna asintió y, pulsando un botón sobre el borde de madera de la mesa, llamó a Hayato para que le trajera los documentos necesarios. En cuestión de segundos, su mano derecha estaba en la sala con una carpeta marcada con la insignia de la familia. A pesar de sentirse tan aturdido como su jefe, se quedó a su lado en caso de que necesitara de su ayuda.

―Bueno… ―dijo Tsuna rebuscando entre los papeles―, primero que nada, establecí algunas normas de calidad dirigidas a todos los aliados, incluyendo al equipo independiente de asesinato. Básicamente consisten en…

¿Qué…? "Concéntrate, concéntrate", se dijo mientras Hayato le señalaba en el documento la línea que debía leer.

―Sí, consisten en mantener las bajas al mínimo ―continuó―. Esto es evitando en la medida que sea posible... y dejando como último recurso la pena de muerte ―parafraseó dos párrafos―. Ah, sí, también es importante evitar que gente inocente se vea involucrada. Esto incluye obviamente el uso de rehenes... ¿Qué más? ―Se preguntó en voz alta, revolviendo las hojas―. Tenía planes de cambiar el propósito de Varia, pero eso aún no está decidido.

―Verás, de ahí provienen mis dudas ―dijo Cross―. No es que desee cuestionar tu juicio siendo este nuestro primer encuentro, pero siento que hay un problema al tener tantas regulaciones parciales... ¿Pretendes crear una organización compasiva que no asesine a nadie?

―¿Eh? No, no exactamente. ―Tsuna consideró sus palabras―. Es sólo que si puede evitarse, es decir, si no es necesario...

―"Necesario"… ―repitió Axel como haciendo una nota mental―. Entonces, ¿supones que cada agente debe tomar en consideración una serie de aspectos antes de tomar la decisión?

―Sí, algo así…

―Bien. Entonces, ¿podrías definir esos aspectos? ―continuó Axel con el interrogatorio―. Como dije antes, no pretendo contradecirte, pero el hecho de que no estén escritos, porque supongo que no lo están, me preocupa bastante. Es difícil pensar que los aliados se apeguen a unas reglas con criterios ambiguos ―explicó―. Si bien puedo entender el razonamiento tras las medidas tomadas contra ciertos aliados, como el reciente caso de los Roselli, me gustaría que tomaras en cuenta que no todos comparten tu opinión en cuanto a la "necesidad" de mantener a alguien con vida, sobre todo en un ambiente donde constantemente se está en peligro de muerte.

Tsuna se sintió perdido ante la falta de palabras para responder. Hayato lo miró con angustia porque no había nada en el argumento de Cross que pudiera refutar. Reborn se abstuvo de intervenir, conocía a Axel y su infinita necesidad de aclarar hasta la última duda. No que eso fuera un delito, pero aún recordaba el cuestionario que le formuló cuando, invirtiendo sus edades en aquel entonces, le preguntó a qué se dedicaba un sicario.

―Entiendo ―admitió Tsuna―, pero...

―Estamos trabajando en ello ―dijo Hayato cuando su jefe se quedó callado.

―Si no mal recuerdo, Neo Primo lleva dos años a la cabeza ―dijo Axel―. Si bien es cierto que liderar a una alianza en peligro de derrumbarse es difícil, supongo que con la ayuda de sus guardianes, podría haber logrado más que esto en dos años.

Hayato quiso rebatirle. Apretó los puños y se dispuso a dejar atrás su diplomacia, pero se detuvo cuando pensó que quizás era cierto. Su jefe se esforzaba mucho, tal vez demasiado, en convencer a las familias aliadas de que podían cambiar sus métodos sin afectar sus finanzas, les mostraba pruebas incluso, pero nada de eso parecía funcionar. Tal vez ellos también le estaban fallando.

―Preferiría que no asumieras mi situación ―intervino Tsuna―. Mis guardianes están haciendo su trabajo. Te agradezco tu consideración, pero no es necesaria.

Las miradas se fijaron en él. Axel había enfadado a Tsuna al insinuar que el esfuerzo de las personas que habían decidido quedarse a su lado había resultado inútil.

―Cuando me senté en esta silla, me juré que la destruiría ―continuó―. Es cierto que no todos comparten mi opinión, pero no pienso ser uno más en la lista de jefes caídos que heredaron los crímenes de Vongola sólo para cometer más. Entiendo que dudes de mis capacidades, pero ¿qué esperas que haga? ¿Mirar mientras el mundo sigue ardiendo para que unos cuantos puedan sentirse seguros? ¿Continuar alimentando la Vongola que se aferra a vidas inocentes para mantenerse viva? No soy tan ingenuo para pensar que no necesito recurrir a las armas, pero tampoco tan irracional para pensar que no puedo lograr nada sin ellas. Esa tonta mentalidad es lo primero que me gustaría erradicar. El mundo no necesita a la mafia para seguirse moviendo.

En el serio rostro de Axel de nuevo se pintó una sonrisa, acompañada de una risa ligera.

―Veo que Reborn no se equivocó cuando dijo que debía echarle un vistazo a la alianza ―dijo―. Aún creo que estás lejos de alcanzar esa meta y que además no encajas para nada con este estilo de vida, pero respeto la forma en que te aferras a él por ser lo único que tienes. Alguien me dijo... que primero tenemos que perder el mundo para empezar a construir uno nuevo. Ojalá... realmente pudieras hacerlo.

Tsuna se sorprendió de la repentina nostalgia que se coló en la conversación. No tenía intenciones de hacerlo cambiar de parecer, mucho menos de evocarle recuerdos mudos, pero Cross se concentraba en los documentos esparcidos sobre la mesa, mientras él trataba aún de comprender la situación.

―El padre de Axel quiso lograr lo mismo que tú una vez ―dijo Reborn―. Cuando su abuelo murió, su padre quedó a la cabeza de la Familia. Intentó cambiarla, pero sólo logró hundirla en una crisis complicada.

―Reconsideraré el firmar un contrato con Vongola ―retomó la palabra Axel―, claro, si estás de acuerdo. Quisiera discutirlo con mi familia antes de tomar una decisión definitiva. ―Tsuna asintió, aún algo confundido―. No te sorprendas. A diferencia de muchos en este negocio, me gusta escuchar con atención. Aunque también soy realista, ¿sabes? Por eso... realmente desearía que pudieras hacerlo.

Takeshi había conducido hasta el aeropuerto como si llevara un auto de carreras. Tendría que haber salido hacía unas dos horas, pero los efectos del alcohol le impidieron despertar incluso cuando Hayato lo tumbó de la silla, y para cuando llegara a su destino ya lo estarían esperando. Salió del auto colocándose el saco, con la corbata desabrochada, y corrió en busca de la salida marcada con el número indicado, pero le sorprendió observar que el avión se había retrasado en su última escala y los pasajeros habían descendido hacía apenas unos 15 minutos.

Tras soltar un largo suspiro, pasó rápidamente al baño para asegurarse que luciera decente. Ignorando las ojeras que invadían su rostro, su sonrisa aún convencía a cualquiera. Salió después de acomodarse la camisa, llevándose un sobresalto al toparse con una pequeña de enormes ojos azules y corta melena rosa, justo frente a la puerta. Su atuendo, una camisa blanca de mangas cortas y una falda con estampado de flores, denotaba que había tomado en cuenta el clima antes de su partida. Una decisión bastante madura para una niña que se paraba afuera del baño de caballeros.

―¿Yamamoto Takeshi... san? ―preguntó la niña, con cierta timidez al pronunciar sílabas que no pertenecían a su lengua materna.

―Ah…, sí ―contestó el guardián aún descolocado.

―Mi nombre es Heartlock Lucille.

―¡¿Heartlock?!

Takeshi no ocultó su sorpresa. Vaya que la mafia nunca se volvía un juego aburrido. Tomó la maleta de la niña y la dirigió al estacionamiento. Mientras abría la puerta para que Heartlock entrara al auto, se percató de que se acercaba alguien conocido.

―¿Ryohei-senpai?

―¡Oh, Takeshi! ―lo reconoció el guardián extremo―. ¿Viniste a recogernos?

―No realmente. ―Se rió Takeshi, mientras la acompañante de Ryohei alcanzaba su paso.

―Cramoisi Ignis ―dijo la pequeña Lucille.

―Heartlock Lucille ―la nombró también Ignis.

―¿Hm? ¿Se conocen? ―preguntó Takeshi.

―No resulta extraño siendo que ambas vivimos en Francia ―dijo Ignis―. Nos hemos cruzado antes.

―Ya veo ―dijo Takeshi―. En fin, nos dirigimos al mismo sitio. Vamos, yo los llevo.

JEFATURA POLICIACA DE NAMIMORI

Cerró los ojos unos instantes. ¿Qué estaría haciendo en esos momentos? Suspiró al imaginarlo sentado tras un escritorio, quizás similar al de ella. Se reclinó en su asiento y vio el techo blanco yvacío. Ojalá pudiera pintarlo, pero iba contra las reglas de infraestructura. Ojalá pudiera dejar de sentir, así todo sería más fácil.

Aún recordaba lo tonto que le pareció darse cuenta de pronto que vivía sin conocerse. Era ridículo que hubiera pasado tanto tiempo sin saberlo. Todo comenzó con "Tsuna-kun" y terminó con "Tsuna-kun". La chica pura y hermosa de Namimori se había involucrado con Tsuna el inútil sin tomar en cuenta las alertas de peligro. Incluso, ante la imposibilidad lograda cuando viajaron al futuro, había dejado que la guiaran a ciegas, hasta que Haru protestó al respecto. Ensimismada en su improvisada huelga, jamás pensó que realmente fueran a contarle la verdad. No esperó que Tsuna la llevara aparte y le diera el privilegio de saberlo todo, sin tomar en cuenta las diversas opiniones al respecto, ni siquiera la de su hermano.

Ahí comenzó a notar que algo no estaba bien, que algo en ella no funcionaba. Y cuando Tsuna se fue a Italia, pudo verlo con claridad. Nunca había sabido caminar sola, sin guías ni rutas de escape, y ahora lo estaba. Su linda mirada inocente parecía albergar siempre el destello de una lágrima, su cálida sonrisa decaía a momentos, su mente siempre parecía ausente, lucía tan perdida en sus pensamientos que nadie sabía cómo lidiar con ella.

Después de dos años tortuosamente reflexivos, en su último periodo de preparatoria, al fin comenzó a despejarse. Igual que "Tsuna-kun", había pasado por la dolorosa sensación de sentirse patéticamente inútil. Ahora que podía aceptarlo, podía cambiar. Pero cuando lo vio el día que lo recibieron en el aeropuerto, se sintió incapaz de darle la bienvenida. Aunque su cuerpo quería correr a abrazarlo como Haru lo hizo, algo la mantenía adherida a su sitio. Tal vez era la emoción, tal vez era de nuevo la tristeza, tal vez necesitaba más tiempo. Luego, sin aviso alguno, vino la sucesión. Sus dudas e inseguridades resurgieron con furia cuando vio a "Tsuna-kun" disparar sin alternativa de hacer lo contrario. ¿Qué significa ser fuerte? "Tsuna-kun" acababa de sacrificar su felicidad para obtener la fuerza necesaria para proteger al mundo, ¿por qué entonces iba perdiendo? Tal vez si existiera otra alternativa..., tal vez si no fuera "Tsuna-kun", tal vez si no fuera Vongola... ¿Vongola? Claro que no sería Vongola. "Tsuna-kun" había elegido a Vongola, sin que ella supiera que podía hacer algo al respecto. Ella debía aprender a caminar sola y encontrar su propio camino y proteger lo que "Tsuna-kun" evidentemente no podía, aunque eso significara que ya no podría estar a su lado.

Regresó su vista a los documentos sobre el escritorio. Captó su atención un folder negro de pasta dura, con la leyenda "Trifoglio". Inspeccionó su interior, encontrando varias fotografías y expedientes.

―Dos años buscándolos desesperadamente y ahora aparecen por su cuenta ―dijo para sí―. ¿Qué harás ahora, Tsuna-kun? ¿Planeas seguir hasta que termines con todo?

A esas alturas, para Vongola ella representaba lo mismo que los Trifoglio: una amenaza.


Al llegar al final de este capítulo, hay dos puntos que me gustaría detallar:

El razonamiento de Tsuna. Más adelante, se hablará de la perspectiva de Tsuna con más profundidad, pero por ahora me gustaría mencionar que, aunque resulte un tanto OOC, en este fic, la mentalidad de Tsuna es muy parecida a lo que se percibe de Giotto, es decir, que nunca fue su intención crear una mafia. Tsuna, al igual que Giotto, sabe que no puede resolver todos los conflictos de forma pacífica, pero prefiere no recurrir a la violencia de forma innecesaria. Siendo el décimo líder de lo que se ha denominado como una mafia, en el caso de Tsuna es más difícil reafirmar el control sobre la alianza, porque prácticamente todas las familias aliadas tienen negocios sucios (o comparten la perspectiva de Deamon), los cuales sostienen su economía. De ese modo, cambiar la denominación y el objetivo de Vongola es casi imposible, porque lo más seguro es que nadie esté de acuerdo en arriesgar su economía para ayudar a quienes sufren los estragos que ellos mismos han causado.

Y la perspectiva de Kyoko. Hay dos factores importantes que me llevaron a convertir a Kyoko en la figura gris de la historia. La primera, que su personaje, por tierno y curiosamente adorable que sea, es un estereotipo de la chica tonta del equipo. Y la segunda, que quería añadir distintas opiniones a la trama. En la vida real no existen sólo dos facciones, hay cientos de intermedios. Como sabemos, las fuerzas de seguridad proporcionadas por los gobiernos suponen cumplir tal propósito. Sin embargo, siempre caminan en el lado gris de la historia porque deben priorizar su deber sobre sus sentimientos, aceptando el hecho de que harán el trabajo sucio más del 50% de las veces. Aunado a esto, existe el hecho de que la corrupción no es un mito, y ésta afecta total y directamente el desempeño de las fuerzas de seguridad, filtrándose entre sus filas, tal como sucedió con Vongola, y como sucede con cualquier organización prominente. De modo que me pareció una buena oportunidad usar a Kyoko para representar esa idea y de paso darle un giro a su personaje, que es prácticamente 100% OOC, porque probablemente a manos de Amano-sensei, aunque viviera las mismas experiencias mencionadas en este fic, no reaccionaría igual. Por favor, no odien su interpretación actual.