11. Maestra
Ocupó su lugar de vigilia y vio como de a poco el sol bajaba del cielo. Si las cosas coincidían, la primera silueta que vio Konohamaru era Sakura, quien salía muy rápidamente del edificio para escapar; la segunda, probablemente era Hanabi (una idea demasiada extraña), que al parecer la ayudó. Pero estaba la posibilidad de que eran o no. Si Hanabi ayudó a Sakura, no tendría por qué haber callado a Konohamaru porque esta necesitaba toda la ayuda necesaria para la "desconocida" al no tener la fuerza suficiente para llevársela. A lo mejor se conocían y la segunda ayudó a la primera a escapar pero los tiempos en que Hanabi apareció y desapareció con Sakura eran imposibles. Lo más probable era que Konohamaru se había imaginado todo. Aunque nunca lo había visto serio y…
Naruto tenía un verdadero mar de confusiones. Desde que Sasuke fue en busca de la fugitiva (hacía unos cuantos días), él tuvo que encargarse de todo cuanto se refería a los presos y ahora intentaba procesar toda la información que tenía sin llegar a una clara conclusión. Hinata no le ayudaba a desenredar todo el enjambre de laberintos que tenía en su cabeza, ella no hablaba de su hermana ni nada que tuviese relación con ella. Y para lo peor, Sai volvería a inspeccionar.
Las estrellas ya estaban en su plenitud y ya juraba que no venía aquel espía cuando vio que aquella insoportable persona venía con una grandísima sonrisa en su rostro. A veces pensaba que lo hacía para puro fastidiar o que estaba realmente loco. En fin… tendría que soportarlo por una segunda vez.
-¡Oh! Naruto-kun, hay una linda noche ¿no crees?
Fingió sonreír, pero le salió una mueca.
-¿A que vienes?
Sai le pasó un sobre con el sello real.
-Supe que Sasuke-kun salió de viaje por muco tiempo. Su majestad Danzou le había enviado la invitación para el baile de su honorable cargo mientras el rey Azuma esté lejos.
-¿Y…?
-Que como él no está, la invitación es para ti. Todos los lord y honorables de alta cuna estarán allí. Muchos soldados serán promovidos para cuidar a la aristocracia y necesitamos que alguien esté adentro. He oído que el rajá Gaara irá, tiene muchos enemigos y tú serás uno de sus acompañantes
-¿Y…?
-Que es un deber tuyo ir, dejaremos que alguien te reemplace. Se celebrará la próxima semana, en el día de San Juan
Sai sonrió y se fue.
No había entendido muy bien hasta que quedo solo ¿Bailar? ¿Él? Nunca había ido a una fiesta de la realeza y lo peor era que tenía que bailar… Ahora ¿Con quién iría? Cada vez su suerte se volvía poniendo peor. No podría dejar a la de ojos de luna sola con todos esos depravados y con un nuevo perro guardián. A no ser que…
Su rostro se iluminó.
La mañana estaba muy movida con el paso de las horas. Una mujer de ojos caoba y de fino peinado abría su tienda a la espera de sus clientes. Ya había pasado gran parte de la mañana y nadie venía. La campanilla de la puerta sonó de improviso y una melena rubia de ojos azules apareció en ella.
-¿Desde cuando no vienes a mi humilde tienda?
-Desde que cambiaste las armas por los vestidos
Naruto se sentó en una de las tantas sillas y vio a su amiga ataviada de huinchas de medir e hilos de coser.
-Has tenido mucha clientela
-No, solo ordenaba
Y dejó todas sus cosas en una mesilla cerca de un maniquí.
-¿Y para que viniste? Sé que no vendrías a una tienda de sastre sin ningún motivo
El rubio se sintió incómodo y no encontraba las palabras.
-¿Es para una chica?
Él no contestó.
-Lo sabía ¿quieres darle un vestido?
-Eh…
-¿Para cual ocasión?
-Eh…
-¿De fiesta? Ummm creo que tenía alguno por aquí ¿Cuáles son sus medidas?
-Eh… Ten-ten…
-¿Uh?
La aludida que ya había sacado unas cuantas telas se detuvo.
-¿Qué pasa? (Dijo)
-Yo no sé… Eh… ¿Me podrías guardar un secreto primero?
Ten-ten asintió.
-Es que es algo insólito para cualquier persona…
-Nada que yo no pueda solucionar
-Es que no es cualquier mujer…
-Sí, sí, sí, es la mujer de tus sueños, el amor de tu vida, tu dulce locura…
-¡NO! Es que ¿Cómo te lo explico?
-¿Es alguien que conozca?
-Lo dudo
-¿Extranjera?
-Posiblemente…
-¿Y entonces?
-Es que sólo necesito de tu ayuda y no de tus preguntas
-Esta bien, pero ¿Qué color le gusta?
Y Naruto arrastró su mano por su cara hastiado.
El sudor corría por su frente y la bestia que azotaba ya sentía los signos del cansancio. Había galopado por cada pueblo y camino y ni rastro de ella. El país del Fuego tenía grandes campos en su expansión y encontrarla sería como buscar una aguja en un gran pajar ¿Cómo pudo escapar sin pasar por ningún pueblo cercano? Era prácticamente imposible que no lo hiciera, al menos para un humano normal…
-Bruja arpía (Murmuró)
Detuvo a su agotado caballo en las puertas de una pequeña villa y caminó por ella hasta entrar a un bar. Se sumergió en sus pensamientos y ni se fijó cuantas botellas se había bebido. De a poco su vista comenzó a nublarse y su mano no se detenía cuando le daba a su garganta más cerveza. Un hombre se sentó en la bancadilla de al lado y pidió un trago. Sasuke siguió bebiendo con la mirada expectante del recién llegado. Se detuvo y le devolvió una mirada arrogante.
-¿Penas de amor?
-Nada que te importe
Y se bebió el resto de la botella.
-Yo te podría ayudar a vengarte
El de ojos negros pidió más cerveza.
-Podría decirte donde está…
El líquido corría por su boca.
-Sé en que lugar se esconde Sakura
Sasuke escupió la bebida hacia el camarero y tomó al otro hombre por la túnica.
-¡DIME DONDE ESTÁ ESA BRUJA!
El otro sonrió.
-¡DÍMELO! (Insistió)
-Muy pronto lo sabrás si haces algunas cosas por mí…
-¡DÍMELO!
Y lo lanzó al suelo.
El hombre detenía todos los golpes que Sasuke les descargaba a ciegas. Su visión estaba completamente negra y sintió que su cuerpo se caía solo cuando sintió un suave golpe en su cuello.
-Eres mío
Logró escuchar antes de perderse en su subconciencia.
Una amplia habitación de pálidos colores se presentó ante sus ojos. Estaba acostada en una cama de finos bordados y de suaves sábanas. Los muebles eran todos de gran tallado y cada uno con diversos objetos. Un gran espejo se levantaba en un extremo y en otro, un balcón de pálidas cortinas. Miró sus manos y no vio ningún rastro de una carrera desenfrenada. Llamaron a la puerta y sin esperar respuesta, entró una joven con una bandeja llena de manjares. Le dedicó una pequeña sonrisa y se fue por donde había venido. Un hambre le entró de improviso y sació su estómago con las delicias de la bandeja. Se levantó y observó que también su atuendo había cambiado a uno de delicados encajes.
Es un sueño…
Fue hacia un armario de grandes proporciones y lo abrió, dejando a la vista vestidos dignos de una princesa. Se sobresaltó y sin percatarse mucho de lo que hacía, se probó uno y captó que estaba justo a su medida. Volvió a ponerse otros y se comportó como una niña mientras se veía en el espejo. Llamaron otra vez a la puerta y muy feliz la abrió. Una mujer de mediana edad y de melena rubia que le caía en su gran escote estaba al otro lado.
-Veo que despertaste Sakura
La de ojos de prado se sorprendió.
-¿Cómo sabes mi nombre?
La otra le dio una sonrisa de respuesta.
-Sígueme
Y comenzó a caminar por un pasillo de ricos adornos. Sakura la siguió y ambas caminaron por los extensos pasillos de esa gran mansión. Llegaron a lo que era un jardín de las más extrañas flores y la rubia le invitó a sentarse en unos bancos que parecían salirse solos de la tierra. La de ojos de prado accedió y su mirada no paraba en detenerse en cualquiera de las flores y árboles que había en alrededor.
-Veo que todo esto es nuevo para ti ¿no?
Un tímido "sí" recibió de contestación.
La rubia de ojos ámbares sonrió.
-No te culpo, tu vida no ha sido muy llevadera
Sus ojos se posaron en los ambarinos.
-¿Cómo sabes de mí?
-Eso no importa, lo importante es que mi sierva pudo traerte a salvo
-¿Quién eres?
-Soy alguien que sólo te dirá que le puedes llamar Tsunade-sama
-¿Tsunade-sama?
-Sí, seré tu maestra de hoy en adelante
-¿Maestra en qué?
-En tu poder claro, no muchos han nacido con aquella estrella ¿No es cierto Hanabi?
La misma joven que le había traído la bandeja apareció entre las hojas de las ramas bajas de un roble. Con un simple movimiento bajó y posó suavemente sus pies en la tierra. Unos finísimos pelos marrones se alzaron con el viento mientras sus ojos blancos con brillo propio de las estrellas parpadeaban suavemente.
-Sí, es muy cierto Tsunade-sama muy pocas nacen con aquella estrella
Y sonrió
