¡Hola! Sí, lo sé, me extiendo como la pólvora XD. Prometo intentar reducir los capítulos para que sea más dinámico. Poco a poco. En este capítulo veremos algo más de acción. Espero que os guste.

¡Muchas gracias!

- P.D: Todos los personajes y mundo pertenecen a Bioware. Yo los he tomado prestados para hacer mi propia versión de la historia.


"Reto"

["La mirada, los ojos, nunca mienten Lyna. Aprende a leerlos y evitarás la muerte y la traición"]


Lyna se sentó alrededor de la hoguera con su cuenco de comida que, amablemente, Mithra le había ofrecido. La comida olía fenomenal. Antes de pegar el primer bocado, sintió que alguien se sentaba a su lado. Giró la cabeza para ver de quien se trataba y abrió ligeramente los ojos en sorpresa cuando vio quien era.

"Andaran atish'an. Mi nombre es Aneirin." – Lyna le reconoció. Era el elfo pelirrojo que la observaba cuando entraron al campamento.

"Andaran atish'an Aneirin. Soy Lyna" – asintió ella con la cabeza mientras le sonreía.

Lyna no se sentía muy cómoda ahora, pues su estómago rugía de hambre y este elfo extraño no dejaba de mirarla, así que se aventuró a continuar – "¿Eres del campamento?"

Ante esa pregunta, Aneirin frunció el ceño y contestó con curiosidad – "¿Qué te hace pensar que no lo sea?"

Lyna se le quedó mirando un rato y sonrió – "No sería buena cazadora si no me diera cuenta de los detalles"

"Ilumíname Lyna" – replicó Aneirin en tono divertido.

"Veamos; tu armadura es diferente. Está claro que eres un mago, no sólo por el bastón, sino porque hay algo en ti que me lo dice. Sin embargo, no usas toga ni faldas, usas armadura de cazador. Con lo que quiere decir que deambulas por el bosque a menudo. Tienes una expresión serena en la cara con la que sólo se logra si has vivido la magia y su disciplina de cerca. Te mueves con libertad por el campamento, pero no pareces tener ninguna labor funcional en él. ¿Sigo?" – preguntó Lyna con media sonrisa.

"Por favor" – contestó Aneirin cruzando los brazos por delante de su torso mientras se relajaba.

"Bien. Además de verte diferente, hueles y actúas diferente. Tu olor es más intenso; a musgo y piedras de río. Miras a los demás con más respeto que ellos a ti y no has dejado de lado tu bastón ni un sólo segundo. Todo en ti grita que no perteneces aquí y… me atrevería a decir que no perteneces a ningún clan o ciudad…" – concluyó Lyna mientras juntaba las cejas en señal de reflexión.

Ante esto último, Lyna vio la mirada de Aneirin cambiar de diversión a tristeza. "Interesante" – pensó Lyna. Ella no confiaba en los magos, sólo en Marethari, así que este elfo era un desconocido además de un mago; doble motivo para desconfiar.

Al cabo de unos segundos, Aneirin comentó – "Muy… observadora sin duda. Debes ser una excelente cazadora" – el tono grave y serio de esa afirmación hizo que Lyna notase más la edad de este elfo "Me doblará la edad, esto quiere decir que es un mago experimentado campando a sus anchas por un clan que no es el suyo. ¿Qué hará aquí?" – se preguntó Lyna.

"Gracias. No se me da mal. Pero ahora dime, Aneirin, ¿Qué hace un mago como tú por aquí? ¿Te diriges a algún lugar en especial?" – preguntó Lyna con curiosidad mientras analizaba su expresión.

"Suelo viajar entre el bosque. No tengo lugar fijo y menos ahora cuando el bosque precisa de mis atenciones" – contestó Aneirin casualmente.

"¿Qué le ocurre al bosque?" – Lyna sabía que pasaba algo con la naturaleza. Estaba alterada, cambiante, diferente; en cierta forma una analogía de ella.

"Algo acecha en las sombras. El bosque se está enfermando y es mi deber protegerlo" – Aneirin parecía dedicado en cuerpo y alma a su labor pero Lyna se preguntaba por qué.

"Y ¿Quién te ha encomendado esa labor?" –

"Nadie. El bosque nos pertenece a todos y me siento obligado a cuidar de él y de sus hijos." – dijo Aneirin en tono concluyente mientras descruzaba sus brazos – "No quisiera entretenerte más. Tu guiso debe estar ya frío. Come en paz" – y diciendo esto, el elfo se levantó para irse, pero antes de hacerlo se giró hacia Lyna de nuevo y dijo suavemente – "Eres fuerte y resiliente. No dudes jamás de ti, da'len. Dareth Shiral" y se marchó.

Lyna se le quedó mirando fijamente hasta que le vio desaparecer dentro de la caravana del custodio. Un nuevo encuentro extraño que agregar a su diario de ruta. "Menudo viajecito de locos…" – pensó resignada mientras se metía un buen bocado de guiso en la boca.

Después del encuentro con Aneirin, Lyna se quedó pensando en el momento tan extraño que había vivido con el custodio. "Me persiguen los magos y los locos…" – se dijo. Ella no confiaba en los magos. Sabía que ostentaban un gran poder y muchos de ellos lo usaban viciosamente en contra de los demás. Marethari era diferente. Era un símbolo de paz y serenidad férrea. Era sabia, fuerte, decidida y tenía un gran corazón. No conocía persona igual. El otro mago del campamento era Merrill, y ella siempre pensó que era algo ingenua y que en algún momento caería presa de algún demonio o similar. Esa idea la aterrorizaba. Era una de las pocas cosas que temía visceralmente. "Magia. Mientras más lejos, mejor" – pensó, y un escalofrío cruzó su cuerpo, dejándola algo destemplada.

Mientras se terminaba su guiso, su mirada se entretuvo viendo al cuentacuentos del campamento llamado Sarel, contar una historia sobre el Lobo Terrible. Era un cuento típico entre los dalishanos pues Fen'harel era el dios más temido por ellos. Después de todo era el dios de la traición. Fue él quien engañó al resto de los dioses del panteón y a los olvidados, dejando al pueblo desprotegido.

Sus ojos se detuvieron un instante en la cara de Fenarel. Él estaba disfrutando de la compañía de Mithra mientras Sarel terminaba su historia. Con cada bocado de comida, Mithra miraba de reojo a Fenarel y éste, le sonreía. Este gesto no pasó desapercibido por Lyna y sintió su estómago retorcerse un poco por los celos. Ella era muy territorial con las personas que quería; no podía evitarlo. Así que dejando su cuenco a un lado, se levantó y se dirigió hacia Sarel para escuchar más de cerca la historia y la conversación de su amigo con la cazadora.

Al sentarse cerca de Sarel, éste dijo – "Bienvenida da'len. Me han hablado muy bien de ti. Tengo entendido que casi clavas a Deygan en la tierra con una flecha que ninguno vio venir" – "¿Es eso cierto?" – preguntó.

"Bueno, no sé quién es Deygan, pero sólo fue un aviso. Si hubiera querido clavarle de verdad, aún estaría retorciéndose" – afirmó con tono divertido.

Sarel no lo pudo evitar y soltó una carcajada – "Oh da'len. Me temo que te creo"

"¿He escuchado mi nombre?" – un elfo sonriente, alto, rubio con ojos color ámbar se acercó hacia ella y se sentó despacio al lado de Lyna.

"Sí Deygan. Hablábamos de que Lyna, aquí presente, casi te deja clavado y enterrado en la tierra hoy" – contestó Mithra con diversión mientras dejaba su cuenco a un lado.

"¡Oh! Eso lo dudo querida Mithra. Falló su tiro y de todas formas, yo lo hubiera esquivado. Estoy seguro" – dijo Deygan con orgullo mientras miraba intensamente a los ojos de Lyna.

Lyna abrió los ojos ligeramente con sorpresa y contestó entre risas – "Si creer eso hace que te sientas mejor cazador, elfo, entonces créelo. Pero podría clavarte de mil formas diferentes en mil sitios diferentes y, para cuando terminase, no te habrías dado ni cuenta" – Lyna se tomaba muy en serio sus habilidades y sabía medir bien a sus competidores. Este tal Deygan, a pesar de que era un elfo muy atractivo, no sería rival para ella. Lo máximo que haría sería divertirla o entretenerla "Y sólo en caso de que se quitase la armadura" – pensó Lyna divertida.

"Hey Lyna, ¿Eso que escucho es acaso un reto?" – comentó divertido Fenarel mientras ponía una mano en su rodilla e inclinaba su rostro para mirarla más fijamente. Esa mirada le hablaba a voces a Lyna; decía: "Es hora de acción y lo sabes". Un cosquilleo de ansias pasó por su estómago. "Me parece que es hora de alimentar a mi ego…" – pensó decidida Lyna.

"No creo que la señorita quiera medirse conmigo. Esa bella piel podría lastimarse… y no queremos eso, ¿Verdad, lethallan?" – dijo Deygan mientras levantaba la mano para sujetar con dos dedos la barbilla de Lyna.

Ante esta intrusión, Lyna apartó la cara e hizo una mueca de disgusto convirtiéndose después en una mueca de burla – "Mi nombre es Lyna. Pero sí, sería muy divertido ver cómo muerdes la tierra" – dijo mientras sonreía con malicia al tiempo que se giraba para mirar a Fenarel. Él la miraba con esa intensidad que la reservaba en momentos de compenetración y complicidad. Esa mirada era la misma que usaba él cuando estaban a punto de meterse en algún lío. Lyna adoraba esa mirada.

"Bueno chicos, no queremos que os hagáis daño. No creo que sea buena idea" – comentó Mithra mientras miraba con preocupación a Deygan.

"Mithra, déjales. Les servirá a ambos como entrenamiento. Siempre y cuando sigan las normas" – replicó Sarel mirando a los ojos a Lyna.

"Dicta las normas, hahren" – contestó Lyna con determinación.

Él asintió y continuó – "Un combate, tres rondas, una elección de arma por cada una. Evitar zonas vitales y no se permite usar ataques sombra ni patadas en zonas sensibles. ¿Entendido?"

"Entendido" – dijeron Lyna y Deygan al unísono.

"Bueno, lethallan… ¿Estás preparada para comerte tus palabras?" – preguntó Deygan mientras se levantaba rápidamente y miraba a Lyna con soberbia.

"Estoy preparada para enseñarte una lección o dos" – replicó Lyna con desdén levantándose de un movimiento. Ella miraba intensamente a los ojos de Deygan, apenas a escasos centímetros de su cara, y sonrió profundamente al ver la mirada de duda que afloraba en la cara del elfo. "Bien. La duda es una ventaja" – pensó para sus adentros Lyna.

Los cinco, Mithra, Fenarel, Sarel, Deygan y Lyna, se pusieron en marcha hacia la zona reservada para entrenamiento. Algunos otros elfos se sumaron al espectáculo, dejando el resto del campamento casi vacío. Sarel se colocó en el medio del recinto y dijo en alto para que todos los presentes le escucharan – "Hoy Lyna, una forastera del clan Sabrae y Deygan, de nuestro clan, se enfrentarán amistosamente en un combate con las armas de su elección. Son tres rondas y ganará aquel que deje al contrario en el suelo y/o desarmado. Ambos conocéis las reglas. Que los dioses os protejan. ¡Podéis comenzar!" – sentenció Sarel.

En ese momento, Lyna echó un vistazo a su alrededor y bloqueó la mirada con Fenarel. Él asentía con una sonrisa y ella le devolvió el gesto. Cuando iba a centrarse en su rival, Lyna observó que, en un lateral, se encontraban el Custodio y Aneirin, uno al lado del otro, con ojos firmes en ella y mirada intensa. Una pequeña chispa cruzó su cuerpo y comenzó a sentir el correr de la adrenalina por su sangre.

Lyna se giró para mirar a su oponente y dijo con sarcasmo – "Oh Deygan… vas a disfrutar esto más tú que yo" – varias personas a su alrededor se rieron ante ese comentario.

"Estoy seguro de ello, pero no de la forma que crees, Lyna" – dijo Deygan con rabia por las risas burlonas de sus compañeros.

Dando un resoplido, continuó - "Primero las-"

Antes de que pudiera terminar la frase, Lyna ya había tensado el arco y enviado 2 flechas rozando las hombreras de la armadura de Deygan, haciendo una muesca profunda en ellas. Deygan abrió los ojos como platos e inmediatamente dio un salto para un lado. Hizo una mueca de rabia y dijo – "Te vas a arrepen-" *Zass* Una nueva flecha que Lyna lanzó, arrastró varias flechas de Deygan que sobresalían de su carcaj en su espalda, enviando varias al suelo y dejándole con apenas media docena de ellas.

"¿Decías?" – se burló Lyna mientras volvía a tensar el arco y armarse de nuevo con varias flechas. Su postura era relajada y flexible pero tensa y resistente. Sus piernas estaban ligeramente abiertas y su tronco recto. Sus dedos tensaban la cuerda de su arco Virassan como si estuvieran acariciando un delicado tallo de flor. A pesar de las heridas recientes y viejas en sus hombros y de su mano quemada, Lyna no hacía prácticamente esfuerzo alguno. Para ella, este despliegue de rapidez y puntería era normal. Ilen se había encargado bien de marcar a fuego este entrenamiento en su sangre.

Deygan estaba rojo de furia. Cuando sintió que su carcaj temblaba con el ataque de la flecha de Lyna y vio cómo sus flechas caían al suelo, sintió como si le hubieran echado encima un cubo de agua helada. Esta forastera estaba dejándole en evidencia delante de su clan. No podía permitirlo. Así pues, cogió su arco y una flecha y tensó rápidamente la cuerda, enviándola fuertemente hacia Lyna acompañado de un silbido penetrante. Las plumas especiales que él había colocado en sus flechas, hacían menos resistencia en el aire y, curiosamente, generaban un silbido especial que avisaba del ataque – "Bueno para exploración. Malo para caza" – pensó Lyna con interés.

Lyna vio el movimiento de Deygan antes de que lanzara la flecha y, en ese momento, sintió el torrente de adrenalina inundar su cuerpo. Su corazón y respiración se pararon y centró sus seis sentidos en la punta de la flecha que iba directa a la parte alta de su cabeza – "Pero qué está pensando este imbécil" – pensó para sí misma Lyna mientras veía la flecha volar directa a su cabeza. En ese momento, veloz como el rayo, dio una vuelta en el aire hacia un lado para esquivarlo. Al pisar el suelo, ya tenía tensada la cuerda y estaba enviando una flecha gruesa al arco de Deygan, desarmándolo bruscamente en el acto sin apenas esfuerzo.

Fenarel estaba perdido en el espectáculo. Ver a Lyna entrenar siempre era un estupendo entretenimiento, pero ahora era espectacular. Toda su rapidez, su ligereza, su puntería y resistencia eran sobresalientes. Nunca había visto a nadie moverse así, ni siquiera al maestro Ilen. Es como si ella manejase las fuerzas ocultas que la rodeaban. Él sabía que este supuesto entrenamiento era algo más que un reto lanzado al aire; era un combate por el respeto de su clan. Ella quería demostrar algo más que su habilidad; quería demostrar el orgullo de pertenecer al clan Sabrae y así honrar a su la gente que consideraba su familia.

Deygan no podía creer lo que había pasado. Esta forastera había lanzado su arco por los aires en cuestión de un segundo. Él sólo podía mirar su mano vacía con estupefacción mientras empezaba a sudar profusamente hasta que una voz le sacó de sus pensamientos – "Deygan pierdes esta ronda y, como vuelvas a lanzar una flecha a una parte vital, tendremos que tomar medidas, da'len. Cuidado con eso. No queremos heridos". La intención de Deygan era rozarle el pelo, pero calculó mal y apuntó más abajo. De todas formas él presentía que ella se movería y tenía pensado lanzar en ese momento otra flecha, pero ella fue increíblemente más rápida y él había perdido.

"Recoge tu arco y flechas y comencemos la siguiente ronda" – comentó en alto Sarel.

Lyna vio a Deygan recoger su arco y sus flechas con una mueca de rabia y vergüenza que se veía a leguas. Sus compañeros alrededor estaban susurrando comentarios y tanto el Custodio como Aneirin, seguían mirando a Lyna con especial interés. Ella no sabía por qué, pero intuía que sería para medirla o analizarla en alguna forma.

Cuando Deygan hubo recogido su arma, respiró profundamente y dijo – "Sin duda te he subestimado. Pero no eres para tanto, lethallan" – Lyna no pudo pasar por alto el tono burlón con que Deygan había hecho esa afirmación así que, como buena amiga de Fenarel, contestó – "Eso dices ahora, Lethallin, pero puedo ser mucho más de lo que podrías soportar" – Lyna sentía su adrenalina volver de nuevo a sus sentidos y ver a Deygan tan descolocado hizo que sintiera algo de pena – "No. Él quiere jugar, y jugaremos" – pensó mientras volvía a recuperar la determinación.

Deygan comenzó a dar vueltas y Lyna a seguirle en sentido contrario, ambos caminando en círculos y con los arcos en sus manos pero a un lado del cuerpo, reposando. Deygan sentía mucho calor, así que con una mano, comenzó a desatarse el peto y las hombreras, dejando su torso al descubierto. Lyna al ver este gesto, abrió ligeramente los ojos con sorpresa y sonrió – "Vaya. Parece ser que tenías otras armas escondidas" – dijo Lyna con picardía. Habiendo vivido toda su vida con Fenarel, ella había aprendido a reconocer la valía de una buena distracción, así que para acentuar su comentario, se lamió y mordió el labio inferior mientras le miraba el torso – "Muy atractivo sin duda… al menos no miento" – pensó.

Deygan la miró desconcertado por un momento y observó el gesto que hizo Lyna con sus labios. En ese momento tragó saliva para recomponerse un instante y dijo en alto – "Querida Lyna, estoy en desventaja. ¿Acaso es que tú sólo tienes ese arco como arma?" – dijo provocativamente Deygan mientras le ofrecía una media sonrisa.

"Muy atractivo y muy ingenuo…"-pensó Lyna de nuevo con una chispa de diversión. "Oh Deygan, cuánta razón tienes. Déjame que te complazca…"- y diciendo esto, en un fluido movimiento, se quitó el peto. Inmediatamente después y sin esfuerzo alguno, se quitó su blusa interior y se quedó con el torso completamente al descubierto.

Fenarel abrió los ojos de par en par – "¿Pero qué hace?, ¡Dioses!" –pensó con sorpresa. Lyna no tenía banda que sujetase sus pechos y la única tela que separaba sus senos de su peto, yacía en el suelo junto a la pieza de armadura.

Deygan casi se ahoga con la saliva que tragó. Ese gesto le pilló completamente desprevenido y los otros miembros a su alrededor comenzaron a murmurar en alto, con voces de sorpresa y desaprobación. Él sólo podía mirar lo que se le mostraba ante sí. Esos pechos tan perfectamente redondos, firmes, pálidos, con esos pezones tan rosados y pequeños. Pareciera que una diosa hubiera aparecido ante él y le estuviera arrebatando la voluntad.

"Sin duda una buena idea, ¿no crees? Ahora me puedo mover mucho mejor" – dijo Lyna. Y con eso, empezó a mover los hombros un poco hacia atrás y adelante en círculos mientras cerraba los ojos. Sus sentidos estaban absolutamente puestos en su oponente, pero eso no le impedía escuchar algunos comentarios del resto de miembros. Algunos comentarios la hicieron reír para sus adentros, pero hubo uno en particular que la ofendió de sobremanera – "Debe ser la fresca de su clan y seguro que ese elfo amigo suyo, es uno de sus amantes. No me extrañaría que fuera la puta de algún shemlen" – dijo una elfa con voz chillona – "A juzgar por esto, me parece que Deygan será el siguiente" –dijo otra. Al escuchar esto, Lyna abrió los ojos y dándole la espalda a Deygan, se dirigió a las mujeres que estaban murmurando, no en voz baja, sus opiniones y, reposando sobre una de sus caderas, dijo en tono burlón– "Me dais un poco de pena ¿Tenéis miedo de que os quite a los pocos elfos válidos que tenéis en vuestro clan? ¿O es que simplemente no habéis probado hombre alguno todavía?" –Lyna tenía ganas de arrancarle las orejas a cada una y metérselas por la boca hasta que se atragantasen con ellas, pero debía parecer serena y confiada. No podía olvidarse que le estaba dando la espalda a su oponente.

"Oh, eh… nosotras… no…" – intentó decir la primera.

"Tranquilas, tenéis razón, el siguiente será Deygan" – dijo esto mientras les guiñaba un ojo y las miraba – "Pero ¡shh! No se lo digáis a mis amantes shemlen" –concluyó con una sonrisa. Las chicas se escandalizaron ante tal comentario y se retiraron inmediatamente a sus quehaceres avergonzadas. De repente, Lyna agudizó sus sentidos y escuchó un suave y familiar repiqueteo de madera. Sin analizarlo más, tensó el arco en menos de un segundo, colocando una flecha gruesa al instante y se giró, lanzándola a una velocidad apenas perceptible por ninguno de los presentes.

La flecha de Lyna impactó de lleno en la flecha que Deygan había lanzado hacia la pierna de Lyna, rompiéndola por completo. Varias voces de sorpresa se oyeron a su alrededor. Deygan abrió de nuevo los ojos de asombro, pero esta vez no se quedó impasible. Con rapidez, volvió a coger una flecha y la lanzó hacia los pies de Lyna, al tiempo que cogía otra, y la lanzaba a su hombro.

Lyna vio con tiempo suficiente los movimientos de Deygan, y simplemente esquivó ambas flechas con facilidad. La adrenalina estaba en pleno apogeo, su sangre le cantaba en sus oídos llenándose de un poder extraño pero embriagador y su corazón comenzaba a detenerse, casi como aquella noche cuando los bandidos la atacaron. Su respiración era lenta pero contínua, sus sentidos comenzaban a nublarse, y todo empezó a ralentizarse. En ese momento, ella se sorprendió a sí misma, tensando de nuevo el arco y apuntando directo a la frente de Deygan sin pensar realmente en lo que estaba haciendo. Sólo tenía en mente acabar con su objetivo, sin importar qué o quién fuera. Justo antes de lanzar la flecha y acabar con la vida de Deygan, escuchó una especie de voz aterciopelada que jamás había escuchado. Una voz que era como un arrullo; suave, dulce. Esa voz la sacó un poco del estado involuntario en el que estaba. Parpadeando varias veces y haciendo un terrible esfuerzo por contenerse, logró recuperar ligeramente la consciencia y cuando lo hizo, vio la mirada de miedo de Deygan. En ese instante se dio cuenta de que, en una parte de su torso, se había clavado una astilla de la flecha de Lyna y él estaba mirándola como si ella fuera a terminar con su vida allí y ahora. Ella logró controlarse, no sin un gran esfuerzo inicial, y bajó el arco en un ágil movimiento. Las manos de Deygan temblaban y un pequeño hilo de sangre caía desde su costado hasta su abdomen. Lyna dio unos pasos hacia él con gesto serio y se inclinó para ver la herida. Él se la quedó mirando sin poder articular palabra. Ella aprovechó para coger la astilla y decirle – "No es profunda pero hay que quitártela" – y la sacó de cuajo sin previo aviso. Deygan se cogió el costado con una mano después de dar un respingo hacia atrás producto del dolor de la herida. Levantó su mano y vio que había sangre aunque no mucha. Recobró parte de la compostura y logró decir con voz temblorosa por el miedo – "Por-por un mo-momento pensé que ibas a rematarme"

"Sí. Ir abelas Deygan. No volverá a suceder" – ofreció Lyna con mirada seria y ceño fruncido.

"Hahren, esta ronda la he perdido yo"- dijo en alto Lyna sin quitarle la mirada de encima a Deygan.

"Da'len, no te han desarmado ni te has caído al suelo. No cuenta como-"-

"Hahren, por favor. Esta ronda, la he perdido yo" – interrumpió Lyna mientras giraba su cabeza hacia Sarel y le miraba con férrea determinación.

Sarel se sorprendió por la intensidad de la mirada de Lyna. Meditó unos instantes, asintió y dijo – "Está bien. Esta ronda la ha ganado Deygan. Prepárense para la última"

Lyna seguía mirando a Sarel, pero por el rabillo del ojo vio un ligero movimiento y se volteó para observar qué era. El custodio y Aneirin estaban hablando un poco acaloradamente. Aneirin gesticulando con movimientos bruscos y Zathrian estaba sereno y con mirada fría mientras hablaba con el otro elfo. Sea lo que fuere, seguramente tenía que ver con ella y lo presenciado –pensó Lyna con recelo - ¿Alguno de ellos tendrían que ver con la voz que ella había escuchado? No quiso seguir por esa línea de pensamiento pues eso debilitaría su voluntad.

Se alejó de Deygan y se colocó la blusa encima. Se giró de nuevo hacia su oponente y dijo – "¿Quieres que probemos el cuerpo a cuerpo con dagas?" ofreció con un aire casual mientras sujetaba con ambas manos sus hojas gemelas.

Deygan aún estaba con la boca abierta por la confesión de Lyna. El sudor de su frente no se secaba y no ayudaba el que ella se encontrase tan tranquila. Ella, de hecho, iba a rematarle pero luego algo la detuvo. No entendía nada. Se suponía que esto era una especie de entrenamiento y sin embargo sentía que ella se lo estaba tomando más en serio que él y que nadie.

Intentando recuperar la compostura y sabiendo el cambio de armas, Deygan decidió colocarse de nuevo el peto y hombreras, por si acaso. Después dejó a un lado el arco, carcaj y flechas y cogió sus dagas – "Me parece bien. Quizá tú seas más diestra con el arco, pero con las dagas, pocos pueden superarme" –dijo Deygan sonriendo intentando quitarse de encima el mal sabor de boca que Lyna le había dejado.

"Te convendría no hacer alarde. No quisiera dejarte en evidencia" – comentó Lyna con una sonrisa de medio lado. Diciendo esto, Lyna se cuadró en su posición de ataque girando el torso ligeramente a un lado, con las piernas abiertas: una delante y la otra posicionada más atrás. Inclinó ligeramente el torso y, al unísono, levantó su mano derecha por encima de su hombro y su brazo izquierdo a la altura de su pecho inclinando la hoja y colocándola de forma horizontal. Ambas hojas brillaban con el sol, ofreciendo destellos que iluminaban a los presentes otorgándoles más vida. Los filos eran de un color rojo intenso pero brillante y eran ligeramente curvadas. El mango era de cuero negro con bordes de acero gris oscuro que hacía más robusta la pieza facilitando el agarre.

Deygan abrió los ojos con apreciación ante tan bellas piezas. Él era un cazador experimentado y tenía cierta afición por las dagas. Conocía muy bien todos los tipos de dagas y las que tenía Lyna, eran dagas de muy buena calidad de acero rojo aunque, por la factura, antiguas. "Bonitas dagas" – pensó Deygan.

"No hago alarde querida Lyna, sólo afirmo un hecho" –

"Me aburres con tu cháchara… Ven a por mí si es que eres tan hábil" – replicó Lyna en tono de burla mientras se balanceaba con sus piernas para coger inercia y ritmo.

Su corazón latía ahora con fuerza ante la expectativa de una buena pelea. Su arma favorita era el arco porque combinaba la concentración, con la fuerza, la rapidez y la meditación. Era cuando más letal e infalible se sentía. Con las dagas, ella se sentía más vulnerable y esa vulnerabilidad, la excitaba. Lejos de causarle miedo, se divertía con la idea de perder. Eso siempre la ayudaba a mejorar. Aunque sabía que con Deygan, todo acabaría en un abrir y cerrar de ojos. "En cambio con el custodio… nunca he peleado con un mago…" – un escalofrío recorrió por su cuerpo ante ese pensamiento. Un escalofrío de miedo e inseguridad. La magia había que respetarla y ella sabía que el custodio sería capaz de acabar su vida con tan sólo un chasquido de sus dedos y en cuestión de un segundo. Contra eso, era casi imposible ganar. "Y yo nunca pierdo. Así que no jugaré con ello…por ahora." – pensó.

Deygan hizo una mueca de prepotencia y comenzó a moverse lateralmente con ambas dagas en mano a la altura del pecho, una más alta que la otra, pero ambas verticales- "La típica postura dalishana. Sé cómo se baila a esto" – pensó con diversión Lyna mientras se desplazaba de lado. Ella fijó su mirada en los ojos de Deygan y recordó las palabras de Ilen cuando la entrenaba en esta disciplina – "La mirada, los ojos, nunca mienten Lyna. Aprende a leerlos y evitarás la muerte y la traición"- justo en ese instante, vio que las pupilas de Deygan se dilataban y ella contraatacó antes de que él pudiera avanzar. Fue corriendo con presteza hacia él, pero observó que el elfo estaba a punto de lanzar un tajo hacia su costado. Lyna automáticamente pegó un gran salto justo antes de que él atacase completamente y, apoyándose en los brazos de Deygan, tomó impulso y, dando una voltereta en el aire, cayó quedando a su espalda. Deygan se tambaleó un instante, pero giró deprisa y lanzó otro tajo a la altura del pecho de Lyna en sentido horizontal. Lyna desvió el golpe con ambas dagas puestas en cruz, obligando a Deygan a trastabillar hacia atrás y recuperar el equilibrio. En este momento, él se abalanzó hacia adelante con ambas dagas apuntando a ambos extremos del torso de Lyna y ésta, esquivó rápidamente los filos agachándose mientras arrastraba completamente en horizontal su pierna derecha hacia los pies de Deygan para hacerle caer. Sin embargo, él logró adelantarse al movimiento y saltó instantes antes de que Lyna barriese sus pies con su pierna. Cuando ella vio que él saltó esquivando así su ataque, aprovechó el impulso de esa pierna para dar un giro completo al tiempo que se levantaba de nuevo y lanzaba seguidamente una patada en diagonal hacia una de las dagas de Deygan, impactando afortunadamente en una mano y haciendo al elfo perder una de sus armas.

Deygan apenas vio a Lyna moverse. Parecía etérea; como si no pesase nada y como si estuviera hecha solamente de intenciones. Las leyes de la naturaleza no parecían afectarla; él estaba sudando profusamente, tenía la respiración agitada, su corazón no paraba de latir con fuerza y sin embargo ella parecía haberse levantado recientemente de una larga noche de descanso- "Es una obra maestra…"- pensó con admiración el elfo mientras la miraba con intensidad. Recobró nuevamente la compostura y cambió la daga de mano mientras que con la mano vacía, formaba un puño y protegía su pecho. "Buen movimiento, lethallan"

"¿Sí? Sé moverme aún mejor. Si quieres te hago una demostración." – pinchó Lyna mientras sonreía con picardía mientras se humedecía los labios.

"Preferiría que me hicieras esa demostración en privado."- contestó Deygan mientras le devolvía la sonrisa y le guiñaba un ojo.

Fenarel les miraba con interés pero se sentía algo incómodo con los comentarios de ambos. A Deygan parecía gustarle de verdad Lyna. La forma en la que la miraba, en cómo actuaba cuando nadie le veía, era similar a como Tamlen se comportaba alrededor de ella, sólo que mucho más descarado. "Te gusta ella ¿Verdad?" – preguntó una voz femenina a su lado. Fenarel se sobresaltó y giró la cabeza con sorpresa. Mithra estaba a su lado mirándole con curiosidad y lo que parecía un atisbo de tristeza – "¿Quién? ¿Lyna?" – preguntó disimulando Fenarel mientras sonreía. Mithra asintió. – "No, ella es casi como mi hermana" – Fenarel no sabía qué más decir. Sí le gustaba Lyna. No, le encantaba Lyna, pero no se sentía con fuerzas de confesarlo en alto y menos a una extraña. – "La forma en la que la miras… es diferente." – comentó Mithra mientras fruncía el ceño y analizaba a Fenarel – "Pues no sé. Supongo que es cariño. Son muchos años juntos después de todo" – contestó Fenarel con tono casual.

"Pues si no te gusta, entonces es que estás ciego. Mira cómo tiene a Deygan. Nunca le había visto así de eufórico y atrevido. Y no sólo él. El custodio tampoco le quita el ojo y a estas alturas él ya hubiera perdido el interés. Pero sólo la mira con intensidad, como si estuviera viendo un ser irreal." – dijo Mithra mientras miraba de nuevo a los combatientes.

"Sé apreciar la belleza de Lyna, Mithra, no me malinterpretes. Pero… prefiero otro tipo de belleza" – dijo Fenarel intentando disimular mientras acariciaba un mechón de pelo de Mithra. Ella se giró para verle a los ojos y sonrió – "¿Estás intentando seducirme, elfo?" –

"Puede. ¿Lo estoy consiguiendo?" – contestó Fenarel mientras se acercaba un poco más a la cara de Mithra. Ella se le quedó mirando con intensidad, alternando la mirada entre ambos ojos de Fenarel como si intentara descubrir algo oculto. Al cabo de unos instantes, dijo suavemente en un susurro – "Garas, Lethallin". Mithra le cogió de la mano y se lo llevó lejos del espectáculo. Estuvieron caminando unos pocos minutos hasta que llegaron a una tienda. Ella se agachó y tiró de la mano de Fenarel, él la detuvo – "¿Mithra… qué…?" – preguntó con incertidumbre. Ella le miró, sonrió y volvió a tirar de él para entrar los dos. Cuando hubieron entrado, ella se separó de él y con ambas manos, se soltó el cabello, dejando caer su cascada de pelo rubio liso. "Eres preciosa…" – murmuró Fenarel mientras se acercaba y levantaba su mano para acariciar entre sus dedos el pelo de Mithra. Ella le obsequió con una pequeña risa y un poco de rubor en sus mejillas, mientras miraba hacia abajo tímidamente. Fenarel movió la mano hacia la barbilla de Mithra y levantó su cara, obligando así a la bella elfa a mirarle a los ojos. Él bajó la mirada a sus labios y se inclinó para besarla. Sus labios se tocaron suavemente. Sintiendo el calor y la suavidad del gesto. Dejándose llevar por las sensaciones, Mithra levantó los brazos y le abrazó por el cuello. Él la sujetó fuertemente por las caderas, mientras que una mano subía hasta su cabello y la sujetaba firmemente hacia él. El beso se hizo más intenso; la lengua experta de Mithra jugaba con la suya en un baile de humedad y calor intensos que empezaban a encender el cuerpo de Fenarel desde adentro. "Parecía inexperta, pero… menuda sorpresa" – pensó para sus adentros – "No seré yo quien desaproveche una comida tan ofrecida" – Fenarel siempre aprovechaba una oportunidad así y más si se trataba de alguien fuera del clan. De repente, su mente se perdió en un recuerdo reciente – "Los labios de Lyna sobre los suyos, el sabor dulce, la humedad, sus lenguas tocándose como si temieran separarse, su corazón al borde del estallido…su respiración en su boca" – Fenarel abrió los ojos y paró de inmediato. Su corazón latía con fuerza, pero era más por el recuerdo que por lo que ahora sucedía. Alejando su cara mientras intentaba recuperar el aliento, dijo – "Mithra… Ir abelas. No puedo… "- y ante la mirada atónita y dolida que Mithra, se marchó de la tienda sin mediar una palabra más. "¿Qué me has hecho Lyna?... maldita seas" – pensó con rabia mientras volvía a la zona de entrenamiento.

Al llegar, vio que Lyna estaba aún esquivando ataques que Deygan, con poca precisión y habilidad, enviaba a su torso. Él parecía agitado pero Lyna sólo sonreía. "Eres incorregible"-pensó Fenarel al tiempo que cruzaba los brazos en su torso y sonreía.

Lyna estaba divirtiéndose mucho, pero este juego estaba durando demasiado ya. Hasta ahora prácticamente había jugado a la defensiva y era hora ya de cambiar de táctica. Aprovechando una estocada de Deygan, Lyna sujetó fuertemente su brazo y torciendo la muñeca, obligó a Deygan a inclinarse de dolor ligeramente. En ese momento, con su pierna derecha, barrió los pies de Deygan, haciéndole caer al suelo y soltando la daga en el proceso. Ella se colocó a horcajadas encima de él y acercó ambas dagas a su cuello. Inclinándose hacia su cara, le susurró al oído – "Así es cómo me muevo yo, elfo". Por un momento Deygan no supo qué hacer, pero instintivamente sus manos se alojaron fuertemente en las caderas de Lyna y apoyó su nariz en su cuello mientras inhalaba, descaradamente, el perfume de su piel. Lyna se apartó bruscamente- "Más te vale que quites las manos de ahí si no quieres perderlas" – amenazó sin quitar la mueca de desagrado de su cara. – "¡Oh! Ehm… Lo siento… no… no me había dado cuenta" – Deygan estaba aturdido. Por unos instantes se había dejado llevar por la atracción que sentía por esta elfa forastera y no había caído en la cuenta que tenían audiencia.

"El duelo ha concluido. Lyna, del clan Sabrae, es la vencedora." – sentención en alto Sarel mientras levantaba las manos. Se escucharon algunos aplausos y murmullos y varios elfos comenzaron a partir hacia sus labores pendientes.

Lyna se levantó en un fugaz movimiento, eliminando así la presión de las manos de Deygan en sus caderas, y le tendió la mano para ayudarle a levantarse. Él la aceptó y se levantó con rapidez. Sin quitar su mano de la de Lyna, la levantó y la besó suavemente mientras la miraba a los ojos – "Ma serannas Lyna. Ha sido un verdadero placer perder ante ti" – dijo con picardía Deygan mientras liberaba lentamente la mano de Lyna – "Ma serannas Deygan. Ha sido un placer ganarte" – contestó en tono de broma mientras sonreía. La mirada de Deygan era intensa, predadora y de alguna forma intimidaba a Lyna. "Es hermoso, sin duda…" – pensó mientras observaba brillar las bellas orbes ámbar de sus ojos.

Ambos se separaron, pero Deygan se quedó un rato observándola mientras ella iba al encuentro de su amigo. "Dioses, creo que me he enamorado…"-se dijo a sí mismo sorprendido con una sonrisa tonta.

Lyna abandonó el recinto de entrenamiento y se dirigió hacia donde estaba Fenarel con el ceño fruncido – "¿Qué ha sido eso, lethallan?"- preguntó molesto Fenarel.

"¿El qué? ¿Las manos babosas del elfo o sus comentarios?" – replicó Lyna casualmente mientras se arreglaba un poco la armadura.

"Ambas cosas. No le conoces y ¿mantienes esa cercanía con él?"- Fenarel se estaba indignando por momentos. Él rechazando una bella elfa por culpa de lo que sea que Lyna haya hecho con su cabeza, y ella no dudaba en coquetear con un elfo baboso. Increíble, pensó.

"Fen, quería sacarle el corazón a ese pequeño desgraciado, pero como comprenderás, creo que estamos en desventaja numérica" – dijo Lyna sonriendo mientras miraba a su alrededor para hacer énfasis.

"Ya… bueno, es cierto que se te notaba tensa. Y no me extraña. Según me contó Mithra, nunca había visto a Deygan actuar así. Parece que le has impresionado más de lo que él mismo cree"- dijo Fenarel con una sonrisa de medio lado mientras miraba con curiosidad a Lyna.

"Uj, no por favor. No me digas eso ahora que con él viajaremos a Gwaren" – le confesó. Todavía no había tenido tiempo de avisar a Fenarel sobre el cambio de planes.

"¿Cómo? ¿Y por qué?"-

"Bueno, cuando hablé con el Custodio, él me comentó que enviaría a Deygan y Varathorn, el maestro artesano, a Gwaren a por algunas provisiones. Así que nos llevarían en su carreta y así podríamos avanzar más rápido"-

"Es buena idea. Aunque yo estoy mejor de la pierna, no puedo andar con agilidad."- comentó Fenarel.

"Sí. El custodio ha sido muy amable. Todos en este clan se están portando muy bien con nosotros"- reflexiono Lyna mientras echaba un vistazo a su alrededor. Sus ojos fueron a parar a la cara de Zathrian, y ambos bloquearon miradas. Zathrian la miraba con más intensidad aún, como si intentase profundizar en su mente y alma. Ella se perdió un momento en esa mirada y su corazón comenzó a latir con fuerza. – "Hablando del Custodio"- dijo Fenarel mientras miraba con curiosidad a Lyna- "Mithra también me ha contado que jamás había visto a Zathrian tan interesado en alguien. ¿Sabes de qué está hablando, Lyna?"- no recibió respuesta pasados unos minutos.

"¿Lyna?"- insistió Fenarel.

"¿Hm? Oh, lo siento. ¿El custodio? Pues no sé. Es un poco extraño y tiene algo que me impide confiar totalmente en él, pero… parece una buena persona. "- contestó Lyna mientras se volteaba para mirar a Fenarel. Fenarel la miraba con una ceja levantada y con los brazos cruzados en su pecho en pose de incredulidad.

"¿Qué?"-

"Pues que sé que hay algo que no me quieres contar." – contestó molesto Fenarel.

"¿Qué pasa? Porque tu bellísima Mithra te diga algo, ¿ya tiene que ser así? Zathrian es un custodio, por los dioses, yo soy una niña a sus ojos." – replicó Lyna mientras giraba los ojos en señal de hastío.

"Pero es un hombre y tú eres una mujer… y muy bella. Y no es sólo eso. Parece que tú y él habéis hablado más de lo que me quieres contar" – Fenarel sabía que Lyna ocultaba algo.

"¿Muy bella?... ¿Es eso lo que piensas?" – dijo Lyna mientras se contoneaba delante de él y colocaba sus manos atrás de su espalda como si fuera una niña pequeña pidiendo un favor.

"No me cambies de tema" – gruño Fenarel mientras se sonrojaba ligeramente y descruzaba sus brazos.

"¿Y qué más piensas de mí? Eh Fen, cuéntame. ¿Te gusta mi pelo? ¿Mi piel? ¿Quizá mis pechos?" – Lyna se estaba acercando más y más a Fenarel sutilmente mientras le miraba a los ojos y se humedecía el labio inferior.

"Oh Lyna, eres insoportable" – refunfuñó Fenarel mientras se daba la vuelta y gesticulaba con las manos hacia el cielo. Después de darle la espalda a Lyna, se puso a caminar y dijo finalmente – "Lethallan, descansa un poco y hablemos con el Custodio para ver si podemos partir en breve"

"¡Hey! Pero no te vayas. Estábamos hablando de lo bella que soy… ¡sigue! Me gusta" –dijo entre risas Lyna mientras se llevaba una mano a la boca.

"En otro momento, pesada"- replicó Fenarel liberando una pequeña sonrisa. "Espero algún día mostrarte lo mucho que me importas" - pensó, y siguió su rumbo a la hoguera.

Lyna le miraba mientras se marchaba y no pudo evitar reírse como cada vez que ponía incómodo a su amigo. "Ay Fen, qué haría yo sin ti…"-pensó Lyna mientras se apartaba un mechón de pelo de su cara. Sin más distracción, cogió sus armas y se fue camino a la hoguera. Allí descansaría un poco y luego hablaría con el Custodio para reanudar su camino a Gwaren. "Ha sido interesante…"-pensó Lyna mientras sonreía y miraba a varios elfos que seguían mirándola con desconfianza – "Muy interesante. A Tamlen le va a encantar" – pensó divertida. A pesar de las miradas que recibía, Lyna se sentía bien, feliz. No había sido un mal día. Tan sólo esperaba que no fuera el último.


Virassan: Camino de la Flecha (Nombre del Arco de Lyna)

Dareth Shiral: se usa como despedida. "Viaja seguro" "Buen viaje"

Da'len: pequeño niña/a.

Shemlen/Shem: niños rápidos (Nombre despectivo que se le da a los humanos)

Garas: ven

Ir abelas: lo siento

Hahren: anciano. Muestra de respeto.

Ma serannas: Gracias.

Lethallin: término de cariño hacia un hombre.

Lethallan: término de cariño hacia una mujer.