Algo que no puede faltar: los personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia es de Rochelle Allison, yo solo traduzco.

En esta traducción como en las demás sigue presente mi amiga y Beta Erica Castelo. Gracias por seguir apoyándome.


Nubes de aliento escaparon de mi boca—y de la de Jacob—al mirar esa madera. Era solo una pequeña pila, no una gran cantidad o algo así, pero su presencia decía mucho. Gritaba.

"Los niños de los vecinos," le expliqué de prisa, forzando una pequeña carcajada. "Siempre haciendo travesuras."

No tenía sentido, pero por otro lado… la verdad tampoco. Si era lo que pensaba que era.

Antes de que los pensamientos ebrios de Jacob se esclarecieran, le di otro empujón— en esta ocasión de pie. No sabía si el conductor del taxi estaba viendo esto o no, pero tal vez se dio cuenta porque tocó el claxon, el sonido estridente en el constante silencio de una calle fría pasada la medianoche.

"Está bien, está bien," espetó Jacob, limpiando sus manos en sus jeans. Bajó la vista a la madera, bostezó, y comenzó a caminar. Deteniéndose en la acera, me miró de nuevo. "Entra, Bells. No me iré hasta que lo hagas."

"Está bien, está bien," lo imité, desplazándome rápidamente hacia el interior. Mis dedos se estaban congelando—no me había vestido para salir. Con un escalofrío, cerré la puerta y le puse llave.

Era escalofrío por el frío, pero también, escalofrío por los nervios.

Me la pasé despierta la mitad de la noche, pensando en la leña. No sabía qué entender de eso. Obviamente, era la forma en que Edward me decía que había vuelto, pero… ¿cómo? ¿Y dónde estaba? Aquí no era seguro para él, o en ninguna parte a plena vista. Mientras que su búsqueda había disminuido significativamente con el tiempo, seguía siendo un blanco. La operación de metanfetaminas de su familia había atravesado líneas estatales, incrementando sus sentencias si se les atrapaba, pero entonces él había huido y logrado escapar. Eso precisamente, lo convertía en un hombre muy buscado.

Y sabían que estaba armado. Tenía que estarlo. Una noche, meses antes, Jake me lo había contado todo. Yo escuché. Porque aunque me enfermaba el oír cómo consideraba Jacob a Edward, tenía demasiada curiosidad como para impedir que soltara todo lo que sabía.

Supongo que los Masen eran sobrevivientes. Originarios de Chicago, los padres de Edward se habían mudado a las partes más remotas del estado de Washington cuando él y sus hermanos eran pequeños. Disfrutaron mucho de la caza y campamentos, lo que sonaba fantástico—podía pensar en peores formas de crecer—y la madre de Edward sembraba mucha de su comida. Los pocos vecinos que tenían, todos esparcidos en kilómetros de tierra remota, así como los residentes del poblado cercano Snake River, podían recordar a Elizabeth Masen vendiendo productos orgánicos en mercados de productores. Jacob no estaba seguro cuándo habían cambiado de frutas a drogas ilegales, pero para cuando Edward y dos de sus hermanos eran adolescentes, tenían un negocio próspero.

Y su mamá se había ido, probablemente incapaz, o renuente a participar.

Todo eso era información de sus archivos. En ese entonces, el padre y los hermanos de Edward tenían años de haberse ido. Edward fue el que había recibido la peor parte, la caída literal.

"Aunque se lo merece," Jacob dijo, con seguridad. "Quiero decir, todos tienen que caer pero… Edward es particularmente despiadado."

Mi estómago se revolvió. "¿A qué te refieres?"

"Me refiero a que es un asesino. Probablemente el más inteligente del grupo, pero también el más peligroso." Luego lo reconsideró, acariciando su barbilla. "Bueno, no tan inteligente. Fue arrestado."

"Y luego se escapó," solté, extrañamente satisfecha cuando la sonrisa engreída de Jacob se transformó en un ceño fruncido.

Ahora las cosas se habían calmado en las noticias, pero sabía que la fuga de Edward era un dolor en el trasero de Jacob. Había sido transferido a otros casos, asuntos de más urgencia, pero sabía que esto le molestaba. Sin embargo, nunca le hice preguntas y cambiaba el tema tan pronto como surgía. Edward Masen no era de mi incumbencia, y deseaba que tampoco lo fuera de Jacob. Pero él podía ser muy obstinado.

A pesar de que me la pasé dando vueltas, me forcé a quedarme en la cama. Justo antes del amanecer, me arrastré a la ducha, mi mente seguía funcionando a toda velocidad. Seguía viendo el rostro de Edward, escuchándolo decirme que me encontraría. Por mucho tiempo estuve cambiando de opinión sobre eso una y otra vez, deseando que se olvidara de mí y luego esperando que viniera. No resultaba en nada bueno para nadie si venía.

Aunque al parecer era demasiado tarde para eso.

Me sequé con la toalla y me vestí antes de bajar a tomar café. Afuera, el sonido de los camiones de la basura a lo lejos me recordó que había olvidado sacar la mía, y maldiciendo suavemente, me puse los tenis y corrí hacia afuera.

La madera estaba justo dónde la había dejado la noche anterior. Coloqué mi basura en la acera y me di la vuelta para volver a entrar, deteniéndome a recoger la madera. Colocándola en el porche, miré hacia arriba y abajo por la calle, preguntándome si Edward estaba por ahí. ¿Había dejado esto aquí para decirme que estaba bien? ¿O era su forma de decirme que estaba cumpliendo su promesa?

En la casa de al lado, Jessica Stanley apenas logró dejar su basura a un lado de la acerca antes de que pasara el camión. Me agitó su mano con timidez cuando me vio, sus mejillas rosadas por el ejercicio. La saludé con la mano en respuesta, sonriendo. A mí me había pasado muchas veces, salir corriendo con bata de baño como una maniática.

Tenía un largo día por delante, saturado de clases y luego trabajo en el centro, así que volví a entrar para desayunar y tal vez tomar más café. Estaba poniendo nueces y pasas en mi avena cuando mi teléfono sonó. Era Alice.

¿Vas a trabajar esta noche?

Sí, ¿qué pasa? Respondí.

Puede que vaya con Angie.

Me había olvidado de que era el cumpleaños de su hermana. Asintiendo para mí misma, escribí. Por supuesto, Bebidas por el cumpleaños van por la casa, virgen para ti ;)

Contestó mientras me sentaba, y sonriendo, miré la pantalla para ver con qué tipo de doble sentido iba a salir.

Todavía puedo olerte en mis dedos, Bella.

Jadeando, miré el número—definitivamente no era el de Alice, no que necesitara alguna prueba de eso. Mi corazón latía como loco. Cerré mis ojos y me quité la bufanda, tratando de evitar calentarme demasiado. El teléfono sonó otra vez, sobresaltándome, pero esta vez era Alice.

Será mejor que lo hagas. Tal vez no estaría en este lío si Jasper hubiera optado por eso.

Ese barco ya había partido mucho antes de que Jas apareciera. Escribí en respuesta, mis dedos temblando, con una bravuconería que no poseía. Tengo que irme, te veré está noche. xo

xoxo

Regresé al mensaje anónimo, el que sabía era todo menos anónimo. La única otra persona con este tipo de información íntima, y reciente, era Ben, pero él era demasiado normal como para enviar algo así. Y de todos modos, la situación entre nosotros era complicada ahora, de modo que a menos que estuviese borracho—revisé la hora—a las 8:04 de la mañana, dudaba que fuera él.

Una y otra vez, mis ojos volaron por sus palabras. No podía creer que me hubiera escrito. Y que hubiera escrito eso. Bueno, no, sí podía creer que lo había dicho. ¿Pero cómo? ¿Cómo es que tenía mi número? Pensé en seguida en su habilidad, su inclinación por husmear.

No te involucres, me dije a mí misma.

Sostuve el teléfono con mis manos, sintiendo su calor, diciéndome que era hora de ir a clase antes de que se me hiciera tarde.

De verdad espero que eso sea figurativo, escribí en respuesta.

000

Mis clases pasaron como un borrón. Y eso fue literal, no figurativo. No pude concentrarme en nada de lo que mis profesores estaban diciendo, gracias a mi falta de sueño y la extraña mañana posterior.

En serio, incluso si hubiese dormido muy bien, las mensajitos anónimos de Edward—la madera y ese mensaje bastante atrevido, buen Dios—me tendrían desconcentrada.

Vi a Ben un par de veces. Pero, o me estaba ignorando o realmente había continuado con su vida… lo que estaba bien, porque yo también había continuado con la mía. Si no lo había hecho antes de encontrar la leña, seguro que lo hice después. Vi a Ben riéndose de algo que dijo la chica a su lado, rodando los ojos.

Estaba muy grande para esta mierda. Al parecer, los psicópatas traficantes de drogas era más de mi gusto.

Normalmente las noches de los lunes eran tranquilas en el trabajo, pero gracias al trío de blues que habían contratado estaban más activas. Disfrutaba la energía, agradecida de que mantuviera mi mente en preparar bebidas y charlar con los clientes en lugar de en lo surrealista que era mi vida. Alice y Angie llegaron como a las nueve, logrando agarrar un lugar en la esquina de la barra.

"Hola, chicas," les dije, sonriendo al acercarme. "Feliz cumpleaños, Ang."

"Gracias, Bella," me dijo, sonriendo—mostrando todos sus dientes como su hermana. Las dos usaron frenos de niñas, y ahora tenían las sonrisas perfectas.

"Así que, ¿qué van a tomar?" Pregunté, colocando unas servilletas para coctel. "Por mi cuenta, por supuesto."

"Una coca," dijo Alice con un suspiro.

Mentalmente comencé a repasar las formas en que podía experimentar con eso, haciéndola especial a pesar de la falta de alcohol. "¿Y la cumpleañera?"

"Tú eres la experta. Elige algo para mí." Me guiñó un ojo.

Comenzando con Tés helados Long Island, atiborré a las chicas con bebidas toda la noche, asegurándome de igualar los cocteles de Angie con cocteles sin alcohol para Alice. Me dieron una propina mayor de la que debían, pero fue una buena noche. Estaba especialmente feliz de ver a Alice feliz y relajada después de los meses tumultuosos que había tenido desde que se enteró que estaba embarazada.

Sin embargo, de camino a casa, empecé a ponerme nerviosa. La idea de entrar a una casa silenciosa y oscura tan tarde me inquietaba, y aunque una parte de mí confiaba en que Edward no me lastimaría, a la otra parte le era difícil reconciliar eso con el hombre del que había escuchado y leído.

Después de dar varias vueltas a la manzana, tomé una respiración profunda y me metí despacio en mi pequeño garaje. Pasé volando por la casa como un equipo SWAT de uno, encendiendo las luces y revisando las puertas traseras.

Una vez que mi misión de reconocimiento estuvo completa, hice un sándwich de pavo y queso en pan de masa fermentada—con sal y vinagre, gracias—y me preparé un baño. Comí mientras estaba sumergida en el agua, leyendo también mi último libro. Tal vez esta noche dormiría mejor, bien comida y calientita después de haber trabajado duro todo el día.

Pero entonces mi teléfono sonó, y antes de que siquiera lo mirara sabía que era él.


Entonces, ¿es o no es, Edward? Con ese mensaje queda poca duda, ¿pero qué planea hacer con ella? Y alguna había comentado lo entrometido que es este Jacob, y sí, lo es. Además de que está obsesionado con el caso de Edward. ¿Creen que se entere del contacto de Bella con Edward?

Me alegra tanto que sigan disfrutando de la historia y me lo hagan saber, ya saben que entre más me compartan su opinión, más pronto reciben capi. Gracias a quienes dejaron su review en el capi anterior: gaby9387, paosierra, marcelw, Manligrez, JulieDeSousaRK, suhaylc, jemc18, Pam Malfoy Black, Em Dreams Hunter, Sully YM, Tata XOXO, SkyC, lizdayanna, Adriu, Shikara65, EmmaBe, Yolanda Lorenzo, Nadiia16, Marie Sellory, cary, patymdn, YessyVL13, Tahirizita grey pattz, Paulina, rosy canul, LeidaJim, Ale, tulgarita, dushakis, angelabarmtz, kitty, jacke94, Sei, Andrea Peralta, Yoliki, Belen, glow0718, pili, Bertlin, y algunos anónimos. Nos leemos en el próximo capi.