Nota de los signos:
* *= sonidos de ambiente.
« » = pensamientos.
{ } = sueños
~ ~ = canción (el fragmento de canción es de mi propia invención)

Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.

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Capítulo 11 Relicario de Ensueño.

Caitlin estaba furiosa casi se le podían ver las lágrimas en sus vidriosos ojos. Grimsley se levantó aún adolorido de su mejilla y caminó hacia la entrada del cuarto.

―Mansión, anula los juegos. ―dijo chasqueando los dedos.

―Entendido jefe.

Un estruendo se produjo y la mansión se cimbró, algunas cosas cambiaron en la habitación y de seguro en el resto de la mansión. Tras eso la puerta se abrió como si escupiera algo.

―¡Conde, hemos llegado! ―pronunciaron en coro los trillizos desde el suelo.

―Son los primeros en llegar. ―dijo muy irritado.

Los trillizos estaban impresionados y rápido se incorporaron.

―Espere jefe, ¿dice qué ninguno de los otros ha llegado? ―preguntó Cress.

―Nadie. ―contestó molesto― Es la primera vez que una carta tarda en llegar.

El grupo de cartas intercambió miradas.

―Shauntal está atrapada. ―dijo Caitlin caminando hacia Grimsley y entregándole la rosa con la carta.

Grimsley la leyó rápido, la rompió en cachitos y los aventó como confeti junto con la rosa.
―Ese Rey tramposo ―masculló―, quiere sacarme del juego.

―Shauntal también le llamó Rey tramposo. ―dijo Caitlin mostrando interés.

―Actúa desde las sombras. ―Grimsley tenía una mirada seria y profunda― Está pero a la vez no, es como un fantasma, y cuando actúa es realmente peligroso.

―¿Y qué harás? ―inquirió Caitlin.

―Shauntal tiene tres hechizos. ―dijo Cilan― Reten, voz e invisibilidad.

Grimsley se llevó una mano a la cabeza.
―No queda de otra, iré a liberarla.

―Espera. ―Caitlin lo agarró de su saco― De seguro el Rey planeó todo esto para atraparte.

―Ella tiene razón jefe. ―apoyó Chili.

El Conde lo pensó por un tiempo.
―Irán ustedes tres. ―señaló a los trillizos― Cuando llegue Alder irán con él para protegerlo, desde ahora son la carta Joker.

Los chicos gritaron de la emoción.

―En cuanto a ti ―dijo viendo a Caitlin―, tienes que darte un baño caliente y ponerte ropa nueva. Así que sígueme.

Grimsley salió de la habitación seguido de Caitlin.

―Conocí a Alder cuando inicio la partida, por aquel tiempo solo era una pieza de ajedrez de la Duquesa, me daba muchos concejos que nunca entendí y sigo sin entender. Hasta le llegué a preguntar qué carta era pero se negó a decirme, ahora sé que él es tu As. ¿No tienes miedo de que te quiten a tu As y al Joker?

Grimsley no dijo nada.

―Si salvan a Shauntal te quitaran a tu diez. ―volvió a insistir.

―Regresaran y la partida seguirá. ―dijo con total confianza― No por nada es mi As.

―Tan confiado. ―masculló por lo bajo.

Recorrieron la mansión por varios minutos llenos de silencio. Ahora que se anularon los juegos vio lo imponente que era, igual a un castillo. El piso marmoleado no se parecía en nada al piso de tablero, los candelabros eran de cristal y no de velas, las puertas en todos los pasillos eran de cedro. Las paredes estaban adornadas con pinturas de relojes y cualquier alusión al tiempo. También había relojes en las paredes de todos los diseños posibles, igual de peculiares que el de la entrada, caminaban en reversa con las horas volteadas.

―¿Por qué todos los relojes de la mansión caminan hacia atrás? ―Caitlin rompió el silencio.

―¿Alguna vez has deseado regresar el tiempo? ―había algo en su voz― Pero no importa cuánto lo desees este siempre sigue su curso.

Caitlin clavó su mira en la espalda de él con cierta inquietud.
―¿Tanto lo deseas?

No hubo respuesta.

―Esta es tu habitación. ―Grimsley se detuvo frente a una puerta y la abrió― Tiene todo lo necesario.

La amplia recamara de piedra caliza se mantenía cálida gracias a su chimenea que contenía un pequeño fuego ardiendo. Adornada con una cortina de terciopelo rojo y fuertemente sujeto con un lazo dorado permitía el paso de la tenue luz solar. La luz no era demasiado fuerte por lo que había candiles en cada pared. La recamara a diferencia del resto de la mansión era muy femenina. Una cama con dosel y sabanas lilas, los cojines tenían la forma de corazones y flores. Las cómodas a los costados tenían lámparas y un pequeño reloj, de hecho el único en todo el cuarto. En el tocador con espejo de color cedro contenía toda clase de cosméticos y varios perfumes. El ropero era de un blanco puro como la nieve y posiblemente lleno de varios vestidos. Frente a la ventana había un escritorio con papel y tinta, al lado había un pequeño mueble que contenía algunas novelas. La recamara estaba adornada con cuadros de paisajes y de personas. En el centro de la recamara había una pequeña mesita que contenía un florero de cerámica con algunas flores que embriagaban la recamara con su aroma. Simplemente una recamara de mujer.

―En la puerta del fondo está el baño, hay agua caliente. En el ropero encontraras toda clase de vestidos usa el que más quieras. ―Grimsley entrecerró la puerta― Cuando estés lista puedes pedirle a la mansión que te guie al comedor.

Tras eso la puerta se cerró. Caitlin volvió a inspeccionar la recamara, recorrió cada centímetro de ese lugar pasando su mano como si esperara a que los mueble hablaran. Miró las pinturas con detenimiento, en la mayoría de los cuadros las personas daban la espalda y disfrutaban del paisaje, y otras simplemente tenían el rostro tapado por algo, ya sea sombrillas o sombreros. Caminó hacia el escritorio para ver la hojas, lo único que tenían las hojas era: De la pluma de… y al lado de la tinta se encontraba una pluma junto a un sello para la cera.

―Como las cartas antigua. ―dijo sonriendo.

Inspeccionó el mueble de al lado para abrir los libros. Todos ellos eran de novelas románticas. Caminó con cansancio hacia la cama y se dejó caer. Las sabanas olían a lavanda.

―Si sigo respirando este aroma me voy a marear.

Estiró sus brazos y se levantó con pereza, justo en uno de los cojines se encontraba perfectamente doblado un camisón blanco.

―El baño primero y después a dormir. ―dijo entre bostezos.

Abrió la puerta del baño, las paredes brillaban de un rojo opaco por el fuego de las velas aromáticas. La bañera era de las antiguas, hecha de porcelana y con patas doradas. El agua estaba lista. Al lado había una mesa con jabones perfumados y un par de toallas. Caitlin entró y limpió el vapor del espejo para ver su reflejo. Una demacrada joven de cabello castaño con heridas en las mejillas le devolvía la mirada.

*Suspiro*…

Caitlin disfrutaba del baño, el agua se encontraba en su punto que terminó por relajarla. Los vapores del baño abrían los poros de su piel, la cual se sentía más tersa. En varias ocasiones tomó el agua entre sus manos para lavar su cara y continuar relajándose en la tina. Tras un tiempo la puerta del baño se abrió y una oleada de vapor salió. La larga cabellera rubia de la joven al fin brillaba como el oro, sus rosadas mejillas reflejaban salud y su piel era tersa y blanca sin ningún rasguño. Caitlin caminó hacia la cama para ponerse el camisón blanco y después dormir. El primer descanso desde que llegó a ese mundo. Y durmió como un bebé…

{ ~… Cuando nuestros ojos se encuentran
el mundo a mí alrededor deja de existir.
Pero esa gélida mirada,
muestra la oscuridad dentro de tu corazón.

Bajo este cielo nublado
me pregunto si podre alcanzarte
como las gotas de lluvia… ~

La melodiosa voz de una mujer la arrullaba, pero Caitlin abrió lentamente sus ojos.

―Despertaste. ―dijo la mujer.

Durmiendo en la pasto Caitlin enfocó su vista borrosa para encontrarse con una mujer sentada al lado de ella. De larga cabellera blanca que caía sobre sus delgados hombros descubiertos, pendían los tirantes del vestido blanco y liso que le llegaba a los pies, casualmente la dama andaba descalza. La única joya que traía era la que colgaba de su cuello, un relicario en forma de puerta. Se podría decir que la dama era de apariencia y vestimenta sencilla de no ser porque su rostro no se veía, era borroso como en los sueños.

―¿Quién eres? ―preguntó la joven incorporándose.

―Soy la Duquesa o como algunos de ustedes me llaman, la Reina Blanca.

―¿Eso quiere decir que llegue a la Mansión Blanca y la partida ha terminado?

―No querida, la partida todavía sigue. ―La Duquesa se levantó y le ofreció su mano― Sígueme.

Caitlin se levantó y miró a su alrededor. Ese lugar le parecía tan familiar que retrocedió.

―Este es mi jardín personal ―dijo la Duquesa al ver a la chica algo inquieta―. Trate de imitar el Jardín de la Reina de Corazones pero ese lugar está lleno de amor.

―¿Qué quieres decir? ―inquirió.

―Que el mío resulto insípido. ―la Duquesa continuó caminando.

Entre ese laberinto blanco de rosas las dos damas por fin salieron. El arco que marcaba el fin del jardín estaba cubierto por enredaderas de extrañas flores donde algunas se veían marchitas. Siguiendo el camino hecho con piedras de río llegaron a una fuente.

―Ven, acércate. ―dijo la Duquesa mientras se sentaba al borde de la fuente.

Caitlin se acercó y se sentó junto a ella.

―El agua es como una ventana. ―dijo la Duquesa, acto seguido sumergió su mano y jugó con el agua― Nos muestra nuestras penas y al mismo tiempo las limpia.

La joven prestaba atención.

―Dime qué es lo que ves. ―la Duquesa invitó a Caitlin mirar dentro de la fuente.

―No veo nada. ―dijo la chica al ver solo su reflejo.

―No estás mirando bien ―insistió la Duquesa―, vuelve a mirar.

―¿A dónde quieres llegar? ―Caitlin perdió la paciencia.

La Duquesa se levantó y dio tres pasos:
―Los gestos, la forma de pensar y actuar, e incluso el vestir nos dice muchas cosas de la persona a quien queremos conocer. ―hizo una pausa― Por tu apariencia puedo deducir como eres y la forma en que te comportas me dirá más sobre ti. Pero todo eso no me puede decir que escondes en tu interior.

La Duquesa regresó al lado de ella y agarró sus manos:
―Por eso te pido que me digas que ves en el agua; en tu reflejo y en el mío.

Algo extraño pasó en ese momento, el rostro borroso de la Duquesa tomó forma justo en frente de los ojos de Caitlin. La delicada piel de la dama no poseía ni una sola gota de maquillaje, todo era tan natural. Las mejillas rosadas mostraban su buena salud, boca chica pero de labios carnosos y rosados. Y sus ojos, unos hermosos ojos del color del cielo que podían reflejar más allá del universo mismo eran vestidos por unas largas pestañas. Lamentablemente era lo único que se podía ver a través de un antifaz de carnaval.

―Parece que ya me puedes ver. ―la sonrisa de la Duquesa era tan encantadora que en sus ojos se vislumbró una alegría.

Con el simple hecho de verla la joven sentía una paz que invadía todo su ser. Caitlin volvió a mirar en el reflejo de la fuente… El reflejo estaba distorsionado por las ondulaciones del agua.

―Son los cuervos ―dijo la Duquesa levantándose.

Se giró hacia Caitlin y la agarró para llevarla de nuevo al jardín.

―¿Qué pasa? ―dijo jadeante la joven.

―El Caballero Negro esta aquí. ―La Duquesa apretaba con fuerza la muñeca de Caitlin mientras la arrastraba al jardín― Corre más rápido.

Torpemente la joven trató de seguirle el paso, entre tropezones y algunas caídas finalmente ambas llegaron al jardín y recorrieron el laberinto para tratar de despistar a los cuervos.

La Duquesa hizo la señal de que guardara silencio mientras se escondían bajo una manta de enredaderas
―Tú quédate aquí, él viene detrás de mí.

―Es peligroso. ―Caitlin trató de detenerla pero fue inútil.

―Todas las partidas son así, ―dijo con tono monótono― La Reina Roja nunca me ha tolerado.

La Duquesa corrió lo más lejos que pudo, los cuervos pasaron de largo la enredadera donde se escondía Caitlin y fueron detrás de la Duquesa. La parvada de cuervos se arremolinó y descendieron en picada. Caitlin se llevó las manos a la boca de la impresión, La Reina Blanca había sido capturada. Sin pensarlo dos veces la joven dejó el escondite y se dirigió al lugar donde estaban los cuervos para encontrarlos hechos una bola rodeando cada parte de la Reina, lo único que se podía ver era su brazo extendido con su relicario en mano.

―Toma pequeña. ―se escuchó la débil voz― En él encontraras las respuestas.

El relicario cayó al suelo y la parvada de cuervos levantaba el vuelo llevándose a su presa. Caitlin se agachó para tomar el relicario pero una bota pesada le cortó el camino, lentamente levantó la vista y vio frente a ella al Caballero Negro. Caitlin cayó de espaldas y rápido se incorporo para huir de él. Desesperada corrió por todo el jardín para despistarlo pero el caballero le pisaba los talones. Sin mirar el camino Caitlin llegó a una pendiente y terminó rodando cuesta abajo, entre troncos secos y algunas espinas de rosal su cuerpo quedó marcado de heridas.

La joven quedó tendida en la tierra…

―Vamos pequeña, es hora de despertar… ―se escucho la débil voz de la Duquesa.}

*Ring* el estridente ruido la despertó de golpe. Caitlin se talló los ojos y apagó la alarma del reloj.

―Que sueño más raro. ―dijo medio dormida.

Se levantó de la cama y caminó hacia el ropero para escoger un vestido. Corte imperial, corte A, e incluso había de lo anchos con holanes, todos muy bonitos pero ninguno de su agrado o quizás para vestir en ese mundo y le ofreciera movilidad.

―Este. ―dijo desganada tomando uno de corte infantil.

Tras vestirse Caitlin se dirigió al tocador para cepillar su sedoso cabello…

―¿Qué es esto?

Caitlin inspeccionó la pequeña esfera que estaba en el tocador, de color dorado con perlas y piedras de jade, tenia grabado los diseños de unas flores.

―¿Un joyero? ―dijo mientras lo abría.

Una ráfaga de viento acompañó un par de destellos coloridos que iluminaron la sala. Caitlin trató de cerrar la esfera pero las luces seguían saliendo y el viento sopló más fuerte. Poco a poco todo amainó. Caitlin miró a su alrededor, pequeñas burbujas de colores brillaban en la oscuridad de la sala, cada una con diferente color.

―Parecen luciérnagas de colores, aunque nunca he visto una negra ―y tocó la burbuja.

Caitlin hundió el dedo en la burbuja, ésta se distorsionó y explotó. Todo a su alrededor se desintegró lo único que quedó fue un oscuro y húmedo lugar.

―¿Lluvia?

Caitlin extendió su mano para atrapar algunas gotas en su palma. Como una niña pequeña giró bajo las gotas y dejó que la lluvia la empapara. Entre la alegría de sentir las gotas golpear su piel la joven caminó en medio de la bruma…

―Aquí no hay nada…

Caitlin se detuvo cuando escuchó la voz y se escondió.

―Está bien. Regresemos con el Conde.

Tras escuchar eso la joven siguió con cautela al grupo de personas. Increíblemente todo le parecía familia.
―El jardín de rosas blancas ―dijo entre balbuceos.

Por alguna extraña razón había regresado al jardín de su sueño.

―Si sigo por este camino podre encontrar el relicario.

Y la joven se echo a andar. Entre el laberinto de rosas se escondía por momentos de aquellas personas que inspeccionaban la zona.

―No hay señal de ella, parece que la Reina Roja la ha capturado.

Caitlin se detuvo cuando escuchó la voz familiar, entre los agujeros que formaban las espinas de los rosales logró ver a Marshal parado cerca de Grimsley.

―Formare un grupo y atacaremos el Castillo Carmesí para rescatarla. ―Marshal continuó hablando.

―De nada servirá, en todas las partidas es lo mismo. ―dijo Grimsley agachándose para tomar el relicario― La Reina Roja siempre la esconderá para mantener su autoridad, y a Wonderland no le queda más que resignarse y sumergirse en la oscuridad.

―La partida sigue, si logramos rescatar a la Duquesa puede que al final se convierta en la soberana.

Las palabras de Marshal quedaron en el viento, Grimsley no dijo nada. Caitlin continuó escondida en el arbusto viendo esa triste escena…

Todo se volvió borroso y la escena se acabó. Caitlin estaba de regresó en la mansión junto a las burbujas de colores.

―Qué significa esto… dijo la chica tocando otra burbuja.

En esta ocasión hundió el dedo en una burbuja de color azul. Igual que antes todo se desintegró.

Un día soleado, en pocas palabras caluroso.

―Como me vendría bien algo de beber. ―Caitlin usaba su mano como abanico para refrescarse.

―Siempre escoges estos días para invitarme. ¿Acaso te gusta martirizarme?

Caitlin se quedó pasmada, miró a todos lados pero no encontró a nadie.

―Son los mejores días para disfrutar una taza de té. ―dijo de manera divertida.

Ella no necesitó escuchar más de la conversación, sabia quienes eran pero el problema era averiguar en dónde estaban.

―Siempre es un fiesta de té. ―contestó el Conde de manera burlona.

―Deja de quejarte y disfrútalo… ¿o es que acaso no quieres? ―dijo la Duquesa.

―Por ti, soportaría hasta el mismo infierno.

Una conversación tranquila, un mundo para ellos.

Todo terminó y Caitlin estaba otra vez en la mansión.

―Son memorias ―dijo Caitlin girando bajo las burbujas de colores―, cada color representa la emoción: azul para la alegría, negro para la tristeza.

Caitlin volvió a hundir su dedo, esta vez fue una burbuja amarilla.

Rosas, todo el lugar estaba lleno de rosas de varios colores y el ambiente inundado de amor.

―¿Por qué estoy en el jardín de la Reina de Corazones? ―la joven continuó mirando a su alrededor de manera inquieta.

―Al fin te decidiste a venir.

Caitlin permaneció estática.

―No tenia deseos pero las notas se volvían insistentes.

Caitlin decidió escuchar, los interlocutores eran Darach y Grimsley.

―Dime, de qué quiere hablar conmigo el As de la Reina de Corazones. ―Grimsley sonaba molestó.

―Ambos sabemos que nuestro mundo no es perfecto. ―la voz de Darach tenía un toque de altanería― Pero tenemos un enemigo en común. No necesito decirte que la Reina Roja debe de ser derrocada.

―Lo dices porque no simpatizas con sus ideales. ―se burló― No me interesa.

―Aun no he terminado. ―continuó Darach― La Reina Roja es un fantasma que persigue a tu Reina Blanca, y bien sabes que ella nunca descansara hasta tenerla encerrada para siempre.

Parecía que esa última declaración captó la atención de Grimsley pues por un rato hubo un silencio.

―La Reina Roja también amenaza la existencia de mi Reina. ―declaró Darach― Si logra definitivamente encerrar a la Reina Blanca la siguiente será la Reina de Corazones y ambos sabemos lo que le pasara a este mundo.

―Y si la Reina Roja es derrocada nada cambiara. ―Concluyó Grimsley― No importa quien sea, Reina Roja o de Corazones ambas quieren fuera del juego a la Reina Blanca.

―¿Entonces piensas dejar las cosas tal y como están?

―La Reina Roja es una dama solitaria e incomprendida, hay que acercarse de la manera adecuada para que cambie su forma de ser. ―Grimsley hizo una pausa― Necesita tiempo.

―Hablas como si la conocieras pero tú y yo sabemos que no es así. ―Darach respiró hondo― No fuiste el único que trato de acercarse a ella, yo también lo hice. Ninguno de los dos logró penetrar la fría capa de hielo que cubre su corazón.

Los ojos de Caitlin se abrieron lo más que pudieron y llevó sus manos a la boca por la impresión que recibió al escuchar esa revelación. «No me digan que ambos estaban enamorados de la Reina Roja.»

―No necesito seguir escuchándote. ―la voz de Grimsley era agria.

―Parece que toque un vieja fibra. ―se burló Darach.

―Si eso era todo me voy.

La escena concluyó y regresó a la mansión. Caminó hacia la ventana bajo las múltiples memorias que giraban alrededor de ella; desde los recuerdos más felices hasta los más amargos y cada uno de diferente color según la emoción. Contempló a través de los cristales el mundo que la rodeaba, bajo la luz de uno de sus tres soles Wonderland escondía su oscuridad en ese cielo arcoíris. Miró pensativamente la Mansión Blanca, luego miró a su "derecha" hacia el Catillo Carmesí, suspiro mientras lo contemplaba. Tras ver el Castillo de Corazones no puedo evitar llevar sus manos para tapar su cara.

―Grimsley… ―dijo con tristeza― Ahora entiendo por qué quieres regresar el tiempo.

Caitlin caminó arrastrando sus pies para cerrar la pequeña caja, la emoción que sentía en ese momento no podía ser descrita por ningún color. Su corazón se sentía pesado a punto de quebrarse, quizás era tristeza o simpatía, no estaba segura pero de algo si lo estaba, ya no quería seguir hurgando más en los tesoros del Conde. En medio de las burbujas de colores Caitlin trató de cerrar la caja…

―Mira en el fondo.

Caitlin se asustó pero conocía esa voz, era la Duquesa.

Siguiendo la sugerencia Caitlin miró dentro de la caja
―El relicario…

Lo tomó y después cerró la caja, las esferas de colores desaparecieron. Por curiosidad trato de abrir el relicario pero no pudo. Se sentó al borde de la cama para pensar como podía abrirlo, pero luego desistió.

―Sera mejor ir tras ella.

Sacó todas las sabanas de la cama y las unió una por una para formar una cuerda, luego la lanzó por la ventana.

―Espero que haya un hongo rebotador justo debajo.

Y descendió temerosa por la cuerda improvisada como lo haría una princesa que escapa del castillo enemigo.

Continuará…

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Hola a todos gracias por leer aunque la canción no salió en prosa pero hice mi mejor intento. Bueno pues hasta el próximo capítulo.