Nota: Los personajes y los lugares son de la obra del buen profesor Tolkien, y como ven sigo con este fic, que no pude actualizar antes por motivos de fuerza mayor. Lo de los reviews, creo que mejor los contestaré con esa nueva opción para contestar reviews y si no tiene cuenta si me dejan su e-mail igual lo haré cuando tenga algo de tiempo, porque aprecio mucho sus apreciaciones, aunque suene redundante, pero así soy yo, ya no puedo cambiar.

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La invitación 11

Curufin miraba al piso mientras pasaba cerca su esposa acompañada de otras damas que hicieron como que no vieron a los elfos que estaban sentados lejos las multitudes en los enormes jardines del palacio.

-Lo hace apropósito –dijo Caranthir –ahora va a llamar a mi esposa para que venga a ver con sus propios ojos lo que ha visto.

-Tú crees eso Moryo? –preguntó Maglor de frente a sus hermanos –yo creo más bien que quería ver si viniste, seguro se pregunta por qué no has ido a verla.

-No me digas que todavía extrañas a tu elfa? –dijo molesto Caranthir –Si fue ella la que no quiso venir contigo.

-En realidad yo se lo pedí –dijo Makalaure –no quería arriesgarla a todos los peligros de la guerra contra Morgoth, además que así la maldición de Mandos no pesaría sobre ella.

-Pero no fue a verte cuando te liberaron de Mandos –puntualizó Curufin –y rechazó tu invitación para acompañarte a esta boda.

-Es que supuso que sería yo quien la buscaría primero –Maglor suspiró –creo que eso es lo que tengo que hacer, y tú deberías hacer lo mismo Kurvo.

-Y cómo crees que voy a ir en estas fachas! –dijo Curufin agarrando con rabia el brillante traje azul –Me convendría más ir desnudo.

-Además que así ya te ha visto antes –dijo Celegorm –sinceramente al menos tu traje no es amarillo, creo que hasta Huan me ladraría al verme en así.

-Yo iré a buscarla –dijo determinado Maglor dejando solos a sus hermanos.

-Tenemos que hacer algo –dijo Caranthir –no podemos quedarnos con los brazos cruzados mientras somos el hazmerreír de la fiesta, si a Maedhros no se le ocurrió nada para sacarnos de esto, nosotros debemos hacer un plan.

-Tienes alguna idea –preguntó Celegorm con una chispa de esperanza en los ojos.

-podríamos entrar al palacio y conseguir algo decente para ponernos –Carnistir dirigió su mirada al castillo del rey de los Noldor.

-Te olvidas de la querida prima Nerwen, seguro ella lo impedirá con tal de vernos humillados –dijo Celegorm señalando hacia la puerta que además estaba atestada de invitados curiosos que se aproximaban para ver venir a la novia y echar por tierra los rumores sobre la posible suspensión de la misma.

-Eso es fácil –sonrió con desdén Curufin –Hay muchas entradas secretas en el palacio, hay una por allá, detrás de los matorrales que ni siquiera tío Finarfin conoce, papá me contó que muchas veces se escapaba de Indis.

-sí, sí, eso nos lo cuentas otro día –interrumpió Celegorm –primero vamos a cambiarnos de ropa.

Los tres hijos de Feanaro caminaban rápidamente hacia el lugar que Curufin les había indicado pero fueron interceptados rápidamente por dos rostro idénticos.

-Russandol quiere saber por qué tanta prisa? –dijo Telvo

-Eso no te interesa –dijo Caranthir

-claro que sí, y a nosotros también –dijo Pityo

-querrán decir sólo a ustedes –dijo Celegorm –Si Nelyo está tan interesado de saber que cosas hacemos o dejamos de hacer debió venir él a buscarnos

-eso intentaba, pero está ocupado convenciendo a Kano de no ir en busca de su esposa.

En efecto, Maedhros venía prácticamente arrastrando a Kanafinwe de las solapas con un rostro muy enojado.

-Los encontraron? Bien, ahora me dirán que es lo que traman.

-Fue idea de Moryo –dijeron Turko y Kurvo –él nos dijo que podríamos entrar al palacio para buscar algo decente que ponernos.

-Chismosos! –dijo Caranthir –pero fue Curufin el que me dijo como hacerlo.

Maedhros e acercó a Caranthir lentamente, todavía sujetando a Makalaure con la mano izquierda.

-Morifinwe –comenzó seriamente –eres un genio! Sabía que había algo más detrás de esa gran boca que tienes, como no se me ocurrió antes, vamos, conoces de alguna entrada al palacio por la que no tengamos que cruzarnos con los demás?

-De hecho es Curufin el que conoce el lugar –dijo Caranthir todavía confundido por la reacción de Nelyafinwe –Oye! a qué te refieres con eso de gran boca!

-Olvídalo Moryo, Atarinke, dinos donde queda esa entrada?

-creo que es por allá, por aquel muro, hay algo así como una abertura que va hacia el palacio.

-te abrazaría Kurvo –dijo Maedhros

-sí, pero primero suéltame, no? –dijo Kanafinwe que todavía era sujetado fuertemente por su hermano.

-Por qué llevas así a Maglor? –preguntó Celegorm

-Lo siento –Nelyo soltó a Maglor –trataba de convencerlo de hacer el ridículo más grande de su vida, quería buscar a su esposa en esas fachas.

-Ves Kano, ves que teníamos razón –dijo Curufin.

Maglor sólo suspiró por respuesta, y luego los siete hijos de Feanor fueron en busca la solución de los problemas.

-Aquí está –dijo Curufin señalando una especie de hueco en una de las paredes del palacio a una considerable altura del suelo.

-deben ser catorce metros –dijo Maitimo –como se supone que vamos a subir hasta allí.

-papá me dijo que usaba el pasadizo para salir, nunca para entrar –dijo Curufin

-Eres el alto, no? –dijo Maglor enojado con Maedhros, por haberle dado la razón a sus hermanos y no a él –por que no lo intentas tú primero.

-Eso es lo que voy a hacer –dijo Maedhros y una luz especial apareció en su mirada –y ustedes me van a ayudar.

Minutos más tarde podemos encontrar a los hijos formando una especie de pirámide de elfos y en la cima a Maedhros lograba alcanzar con la punta de los dedos el pasadizo de la pared.

-a que están jugando? –preguntó Legolas –se ve divertido, puedo intentar yo también?

Las palabras de Greenleaf tomaron por sorpresa a los acrobáticos elfos que cayeron unos sobre otros, dejando a Maedhros colgando de la pared.

-Legolas! –dijo Maglor –no hagas eso nos asustas.

En otro lugar, cerca de los rosales

-Elrond? Eres tú? –preguntó Fingon al ver al elfo de Imladris y a sus vástagos vestidos similarmente, pensando en que tendría que intercambiar algunas palabras con Ereinion por nombrar portador de su estandarte a un elfo tan excéntrico.

-Supongo que debajo de todo este alegórico traje está Elrond Peredhil –dijo Elrond –que es lo que deseas?

-Quería preguntarte si no has visto a Maedhros y sus hermanos por aquí?

-estuvieron –dijo Elrohir –hace unos momentos se fueron a buscar algo de comer

-de comer? –preguntó Findekano

-sí, de comer –dijo Elladan –al menos me pareció que tenían hambre al ver a Caranthir mordiendo las piedras de su traje con ahínco.

Mientras tanto aposentos en los que se encontraba Amarie.

-Será mejor que salga –dijo La novia mirándose en el espejo –ya hemos esperado demasiado, un hilo sobresalido de mi vestido no evitará que me case con Findarato.

De pronto el espejo de la pared comienza a moverse y cae pesadamente al piso cerca de los pies de Amarie, dejando salir a un elfo cubierto de tela de arañas y polvo.

-se nota que nadie desde mi padre usó alguna vez ese pasadizo… -decía Maedhros tratando de sacudirse el polvo.

Amarie gritó y se desmayó inmediatamente al ver la figura saliendo de la pared. Maitimo se sorprendió al ver a la novia de Finrod tendida en el suelo.

Pero el escándalo de los vidrios rotos y el grito de la novia no pasaron desapercibidos, en el palacio, fue Irisse la primera en llegar al lugar.

-Amarie estás bien?

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Nota final: los elfos son muy atléticos, supongo que hubieran encontrado una mejor forma de trepar las paredes, pero este es sólo un fic, espero disculpen esta licencia que me tomé