¡Felices reyes y felices primeros días de enero! Y bajo el árbol nos encontramos una nueva prompt swanqueen, esta vez de la mano de Yovanna Nuñez! ^^ Como no quiero reventar el argumento del OS, no diré cual fue su petición exacta hasta el final del fic, así que por ahora queda entre ella y yo :P (Y entre todos los que leáis el fic a continuación, claro). Sólo diré que es uno de los largos, de los que más he disfrutado escribiendo hasta ahora y que espero sinceramente que os guste tanto como a mí prepararlo!

Sobre el fic anterior, me encanta que os haya gustado un relato tan diferente a los anteriores! 3 Me moría de curiosidad por ver vuestras reacciones y, sinceramente, ha sido genial! ^^ Sobre los avisos anteriores y la encuesta sobre qué fics os habían gustado más y por qué... VAN GANANDO LOS ANGST! XD En serio? No sé si es que las Angst-fan se han movilizado más a la hora de opinar y es sólo casualidad, o si es que realmente tenéis una vena masoquista escondida... pero estoy alucinando! :P Bueno, obviamente la votación sigue abierta y estaré encantada de escucharos al resto pero, por ahora, sois mayoría! :P

Dicho esto gracias por seguir ahí y espero que el 2017 (y las navidades) os hayan recargado las pilas tanto como a mí! :) También quiero dar la saludar a las nuevas lectoras, los nuevos favs, las nuevas seguidoras, ¡bienvenidas! ^^ Y las gracias a todas, las recién llegadas y las que estáis ahí desde siempre, sois increíbles! Y ahora sí, me callo ya y os dejo con el nuevo fic!

P.d.: Es alucinante, pero parece que el 2017 ha conseguido que abrevie en mis disclamers... :P ¡A leer!


Antes o después

Una explosión. Y después nada. Nada excepto un grito tremebundo, colérico y afilado.

"¡SWAN!"

Emma cierra los ojos al escuchar su apellido, pero no abre la boca.

En su lugar, es Regina la que sigue hablando. A voz en grito. Bajo capas y capas de una especie de fango con toques de petróleo maloliente.

"¡Jamás entenderé como el destino ha escogido a alguien tan inútil como salvadora!"

Las aletas de la nariz de Emma se abren exageradamente. "¿Ah, no? ¡Porque yo entiendo perfectamente porque te eligió a ti como reina malvada!" masculla molesta cruzándose de brazos. "Además, ¡no soy una inútil! Mi magia te ha salvado"

"Eso no es magia, ¡es suerte inútil de principiante!" vocea y agita sus brazos, soltando al aire pequeñas gotitas de fangosidad. "Además, ¿cree que esto es salvarme? ¡¿En serio?! ¡No creo que ni mi pelo tenga salvación!"

"¿Cómo iba a saber yo que esa cosa explotaría como un saco de lodo?"

Las manos de Regina se obcecan en apartar esa sustancia de su cara, pero están tan manchadas que sólo consiguen moverlo de un lado a otro sin lograr nada. "Por eso mismo, señorita Swan, ¡íbamos a intentar contener a esa cosa! Para estudiarla y averiguar qué maldito ser se coló con usted y su madre a través del pozo" espeta rindiéndose en su tarea de apartar ese fango de su cuerpo y tratando de mantener la pose más digna posible. "¡Pero no! ¡La salvadora inútil tenía que levantar sus manos y hacer pum! ¡A VER QUÉ PASABA! ¡¿No podías al menos esperar a que yo no estuviera a dos centímetros de esa cosa?!"

"¡No, porque iba a por ti!

"¡Si hubiera estado realmente en peligro, podría haberme transportado con mi magia! Y ahora no estaría cubierta de... ¡de quien sabe qué mierda apestosa!" chilla una vez más. "¡No se atreva a reírse, señorita Swan! Todo esto es culpa de su inutilidad"

"Yo lo llamo karma..."

"¡Ja!" bufa. "¿Y cómo llama a que ya no podamos estudiar a esa cosa?"

"Hombre, quizás si te escurres el pelo podemos sacar muestras suficientes..." deja caer girando el rostro y mirándola de arriba abajo. Los puños de Regina se cierran y amenazan con arrollarla. O abrazarla, que sería igual de peligroso dada su cobertura. "Vale, es broma, es broma"

"Broma es cuando hace gracia... Cuando usted abre la boca sólo dan ganas de llorar"

"¿Te costaría mucho ser un poquito más amable?"

"¿Con usted? Un mundo" gruñe al tiempo que un trozo de residuo de bestia se desprende de su pelo y no acierta en su boca por apenas dos milímetros. Demasiado para el aguante de Emma, incapaz de contener una carcajada aunque se tape la boca. "No se atreva a reírse… ¡Deje de reírse de una maldita vez!"

"Perdón…"

"Mejor"

"No, espera…" musita con una enorme sonrisa. "No lo decía en serio" Y disfruta del color rojo que le sube por el cuello entre los densos ríos viscosos que se deslizan por su piel.

"Es usted insoportable…"

"Viniendo de alguien como tú quizás debería preocuparme…" murmura chasqueando la lengua con fingida intranquilidad.

Regina suelta un bufido, rindiéndose por ahora. "¿Qué tal si por una vez hace algo útil y va a hablar con sus padres? Estarán preocupados por si hemos acabado con esa cosa o si su hija ha acabado consigo misma"

"¿No vienes?"

"Estoy segura de que eso podrá hacerlo usted sola... o quizás no. Pero ahora mismo mi única intención es la de ir a casa a darme una ducha para deshacerme de este fango de criatura mágica. ¿Será capaz de explicar lo ocurrido o quiere que se lo deje apuntadito en un papel?"

"Podré, gracias" gruñe. "Y sí, ese gracias también es de mentira"

"Oh, qué dolor" Se lleva la mano al pecho fingiendo desconsuelo antes de elevar sus manos para desvanecerse. Sus pies tiemblan cuando la tierra se sacude bajo ellos y eleva sus ojos hasta Emma, que aguanta el equilibrio también a duras penas hasta que el movimiento se detiene.

"¿Qué ha sido eso? ¡¿Estás intentando transportarte con todo el bosque?! ¿Quién es la que no sabe de magia ahora?"

"Cállese" Y a pesar de la orden, no suena tan tirana como de costumbre sino, más bien, preocupada. "No he sido yo"

Emma traga hondo. "¿Entonces qué...? ¡Mierda!"

El suelo se rompe a sus pies. Una grieta que comienza bajo Regina y alcanza a Emma, y antes de que puedan saltar se abre tragándoselas sin clemencia. La salvadora chilla, agita sus brazos tratando de agarrarse a algo y juraría que escucha a Regina gritar a su lado pero… no caen.

Es una sensación inexplicable. Se han despeñado tierra abajo, pero sin coger velocidad en realidad y juraría que acaban de aterrizar lentamente sobre suelo liso. Todo a su alrededor está oscuro, no puede ver nada, pero está de pie. Y viva.

"¿Swan?" La voz de Regina es lo primero que escucha en mitad de esa nada.

"¿Qué cojones…?" Esa es toda la respuesta que puede dar. Al menos hasta que una tercera voz se une a su breve conversación.

"Disculpad este pequeño susto..."

Regina se gira hacia esa presencia elevando sus manos. "¿Quién demonios está ahí? ¡Da la cara!" espeta lanzando una bola de fuego hacia el rincón oscuro de donde cree que nace la voz. Su llamarada, sin embargo, sale propulsada con restos del fango que cubre todo su cuerpo y se estrella a menos de un metro de ella, contra un muro invisible. "¡¿Quién eres?!"

"Tranquila, estáis a salvo"

"Sí, claro y encerradas en una… ¿qué? ¿Una cúpula para animales?"

"Era sólo por precaución" responde la voz desde la oscuridad. "Para evitar, precisamente, una bola de fuego"

"¡Da la cara!"

"¡Eso!" acompaña Emma, enfadándose también y en posición de ataque.

"Baje las manos Swan, ya es usted bastante peligrosa sin cúpulas mágicas a nuestro alrededor" gruñe Regina, mirándola sobre su hombro.

"Podéis bajarlas las dos... no os vamos a hacer daño" Una segunda voz se une a ellas y suena tan cerca de la primera que las dos se giran hacia ese punto, como si alcanzaran a ver algo más que oscuridad. Pero en esta ocasión, la nueva voz sí se deja ver. Da dos pasos adelante y, en mitad de la negrura de ese cuarto, se distingue un cuerpo que termina por mostrarse ante ellas bañada de una pequeña fuente de luz que parece rodearla. Y cuando al fin pueden verla, las dos cierran la boca. Ese pelo rubio, esos ojos claros, esa cazadora roja… Es Emma. "Bienvenidas"

"¿Qué demonios…? ¿Qué está pasando?" pregunta señalando a su viva imagen, pero mirando hacia Regina, inquisidora.

"¿Cree que yo lo sé? Pero si hay dos como usted, debe tratarse de una pesadilla"

Emma resopla desesperada. "¿Puedes aparcar tu fantástico humor hasta que estemos fuera de peligro de muerte?"

La segunda Emma, recién llegada y con los brazos pacientemente cruzados, musita: "No estáis en peligro, ya os lo he dicho…"

"¿Entonces para qué esto?" espeta Regina. "Sólo a su doble se le podía ocurrir una idea tan estúpida…" gruñe estirando su mano con mucho cuidado hasta rozar la barrera mágica que intuye a su alrededor. Al rozarla, nada ocurre. Es como un plástico invisible y maleable incapaz de dañarla, pero capaz de retener su magia.

"En realidad... fue mi idea" aclara la segunda voz, acercándose a ellas y saliendo a la luz también. Es una segunda versión de Regina, con el pelo algo más largo, pero idéntica a ella.

"¡Ja, toma!" canturrea Emma victoriosa frente a sus morros.

"Esa no soy yo…" gruñe mirando a su doble de pies a cabeza.

"¡Ni esa yo!" se defiende Emma.

"En realidad si lo sois…" se encoge de hombros la mujer de pelo claro.

"Sólo que siete años más tarde" aclara la segunda Regina.

Los ojos de Emma se abren atónitos. "¿En serio…?"

"Sólo usted podía tragárselo…" el bufido de Regina resuena por toda la oscura habitación "Así que sois nosotras, ¿no? En ese caso nos quitaréis esto" remarca empujando con dos dedos la burbuja a su alrededor.

"No hasta que te calmes" responde su otro yo.

"¿Que me qué…?"

"Ella no entiende de eso" suspira Emma e instantáneamente los ojos miel la fulminan con una mirada asesina. "¿Qué vas a hacer? ¿Gritarme?"

Regina, furiosa, se contiene únicamente por no darle la razón. Pero podría gritar tantas palabras malsonantes y de tantas formas.

"Os escuchamos" aclara Emma en nombre de las dos y su otro yo toma la palabra.

"Puede que esto sea difícil de entender, al menos al principio pero os hemos traído desde el pasado"

"Quieres decir que…"

"Estáis en el futuro, eso es"

"Bienvenidas" repite la nueva Regina como minutos antes hiciese Emma.

"¿Pretendéis que nos creamos que sois nosotras?" inquiere Regina.

"Eso es"

"Pero en el futuro" insiste.

"Exacto"

"¡…Venga ya!"

"Pues yo me lo creo…" decide Emma sentándose en el suelo, y Regina, de nuevo, le dirige una mirada molesta. "Nos tienen encerradas y a su merced. Si quisieran matarnos o cualquier cosa similar ya lo habrían hecho. Por ahora su explicación tiene más lógica"

"Para una mente hueca, como la suya, seguro que sí"

"¿Y en el futuro sigue siendo así?" pregunta Emma señalando con el pulgar a Regina, como si ella no pudiera escucharla. "¿…O ya le habéis dado fibra para desayunar?"

"¡Swan!" chilla airada. Aunque lo que más la enfurece es ver cómo esa segunda Emma aguanta una carcajada… y la nueva Regina también. Su rostro se enrojece por momentos y su voz suena con un vibrato amenazante. "Si eres yo y usted es... ella, dadnos alguna prueba"

La otra Regina asiente con solemnidad, como si lo hubiera estado esperando. "Hecho, ¿quieres preguntar o qué sea yo quien te de las pruebas?" No obtiene respuesta y para ella esa es toda la contestación que necesita. "Hemos tomado dos pociones que han marcado nuestra vida. Una antes de la maldición, otra después, y las dos giraban en torno a algo similar, ¿quieres que dé más detalles?"

"No…" Y el rojo de su rostro va dando paso al blanco más impoluto.

"¿A qué se refiere...?" susurra Emma intrigada, pero la mirada de Regina es razón más que suficiente para cerrar la boca. Incluso durante un año si fuese necesario.

"¿Y tú?" pregunta la otra Emma. "¿También quieres pruebas?"

"¡Venga!" Aunque lo propone más por diversión qué por desconfianza.

"Nuestro tatuaje…"

"¿Cuál de ellos?" pregunta y su otro yo chasquea la lengua divertida.

"El único que tenemos…"

"¡Bien!" celebra como si se tratara de una tómbola y no de una prueba de confianza.

"Nos lo hicimos por un sueño, ¿cierto?"

"¡Si!" aplaude encantada. "Yo me las creo" dictamina y Regina se agarra el puente de la nariz con resignación.

"Y se supone que estamos aquí para…" farfulla rindiéndose aunque no queda claro si lo hace ante las evidencias o ante la falta de apoyo.

"Para ayudarnos a vencer a una criatura mágica muy peligrosa"

Emma se abraza las rodillas, escuchando con atención. "¿Por qué nosotras?"

"Porque en nuestro tiempo es demasiado poderosa para poder hacer nada ya…" susurra Regina, intercambiando una mirada con la Emma del futuro. "Debéis aprender cómo vencerla en vuestro tiempo, ahora que aún es vulnerable"

"¿Qué tipo de criatura?" cuestiona fascinada con el tipo de bestia que podría exigir medidas tan arriesgadas como esas.

Frente a ella, la Emma del futuro señala a Regina, aún dentro de la cúpula, de arriba abajo y las dos la observan detenidamente. Donde no hay nada, excepto el cuerpo de la alcaldesa y los restos de esa especie de fango.

"¿Ese ser? Pero si esa cosa murió, yo me encargué de ella"

"Si, puedo dar fe" gruñe Regina.

Pero su versión del futuro niega con la cabeza. "Lo que destruisteis fue sólo su caparazón. Es una especie de envoltorio que cubre y protege su auténtica esencia y que crece según se va alimentando. La habéis debilitado pero continúa con vida y volverá para alimentarse pero esta vez será mucho más cuidadosa"

"¿Estás diciendo que habéis tenido una sanguijuela mágica gigante rondando durante años por Storybrooke y no lo sabíais?"

"No... y es algo con lo que cargamos desde q descubrimos su existencia" El rostro de la Emma con cazadora roja pierde todo rastro de humor. "Al principio debía ser casi insignificante y sólo debilitaba a sus víctimas comiendo su vitalidad mientras dormían. Los médicos lo achacaban a una gripe fuerte… Pero hace un año comenzó a matar"

"¿Qué? ¿A quién...?" Regina se tensa ante la sola mención de muertes en Storybrooke y más sabiendo que son el motivo de esta arriesgada maniobra. ¿Cuánto de cercanos pueden ser los fallecidos…?"

Pero Emma continúa hablando con su tono monocorde y reservado. "Dos ancianos y cinco niños... Va a por los más vulnerables. Nadie sabe quién puede ser el siguiente y los ataques son muy difíciles de predecir"

"¿Pero estamos hablando de una masa negra de cuánto? ¿Un metro de grande ya?" cuestiona Emma recordando las medidas del bicho al que han hecho explotar hace sólo unos minutos.

"Más o menos, sí…" chasquea la lengua. "Pero puede levitar y atravesar paredes y los primeros años se mantuvo escondida en el bosque alimentándose de excursionistas y campistas. Algunos describieron una presencia oscura y extraña que nunca llegaron a ver, pero los ciudadanos pensaron que sería sólo eso, una sensación incómoda en mitad de la noche cerrada del bosque. Al menos hasta que logró la fuerza suficiente… Y desde entonces ataca al azar, sin avisar, sin dejar huella. Las víctimas ni siquiera oponen resistencia, únicamente amanecen…"

"Muertas." resume Emma mirando al suelo.

"Eso es…" musita esa nueva Regina. "El pueblo entero duerme ahora agrupándose como pueden. Por casas, familias, grupos, pero aun así ha logrado burlar nuestras medidas de seguridad varias veces y atacar. Sólo hemos logrado verla en un par de ocasiones"

"¿La viste tú?" cuestiona la sheriff del pasado.

"Sí, nosotras. Pero únicamente logramos frustrar su ataque, logró huir"

"Pero la reconocisteis como el ser del bosque que hicimos explotar…"

"Eso es" asiente la nueva Regina. "Desde entonces no hemos dejado de buscarla, de investigar sobre ella…"

"Pero no es suficiente…"

"No, ya no" suspira Regina sentándose sobre una silla que la oscuridad no permite ver, dejándose caer igual que si llevara todo el peso del mundo en sus hombros.

"Aunque hemos encontrado un ritual que podría exterminar su esencia para siempre si la bestia está débil. Y, sobre todo, si una magia poderosa puede contenerla mientras se realiza" aclara Emma tomando la palabra en lugar de la Regina de su tiempo.

"Para eso se necesitaría a dos practicantes…" Regina frunce el ceño, confusa "¿Con quién pretendéis que lo lleve a cabo, con esa serpiente de Gold?"

"Sí, precisamente" puntualiza su otro yo. "Por eso te hemos traído aquí con él…"

"Espera, ¿pretendéis que haga magia con Emma? Ella no hace magia, ¡hace explotar cosas y sólo muy de vez en cuando! ¿Sois conscientes de la estupidez de vuestra idea?"

"Regina, estás hablando de alguien que en unos años será muy superior a nosotras"

"¿Qué?" balbucea.

"¡Toma!"

"¡Venga ya! ¡No podéis estar hablando de esta niña de cinco años encerrada en el cuerpo de una treintañera!"

"¡Eh!" se queja molesta.

"Espero que le haya ofendido lo de treintañera porque lo otro…"

"¡Pues no!"

"A ver, ya basta" La Emma del futuro detiene la discusión elevando sus manos y su voz, hasta que ambas se callan. "Hay mucho que hacer y poco tiempo para ello y nos jugamos mucho"

"¿Por eso os habéis arriesgado a jugar así con el tiempo?"

"Sí" suspira Regina apartando al fin la cúpula de magia de las recién llegadas. La otra Regina crea una bola de fuego, pero la del futuro sonríe, elevando los ojos al techo y apoyándose tranquila contra el respaldo de su silla. Para Regina es suficiente señal y deshace su magia. "Es un riesgo enorme, pero estamos dispuestos a correrlo"

"Mejor arriesgarse a jugar con el pasado que acabar con el futuro" suspira la Emma del pasado asumiendo todo lo que está en peligro.

"Eso es…" sonríe Regina. "Aun así, intentaremos que esta alteración tenga las menos consecuencias posibles, así que habrá reglas"

"¿Reglas?" repite Emma, torciendo el morro.

"Sí" insiste antes de enumerar con los dedos de su mano. "Nada de preguntar, de curiosear y, por supuesto, nada de intervenir de alguna forma en nuestro día a día. Tenéis que iros de aquí con la menor información posible. Os moveréis por dónde os indiquemos y no intentaréis otra cosa, ni os pondréis en peligro. ¿Ha quedado claro?"

Las dos mujeres del pasado se miran entre sí, una consulta silenciosa, que ni siquiera tiene importancia, porque ambas conocen ya la respuesta. Acceden a jugar a su juego y con sus normas porque, si todo es cierto, arriesgan demasiado.

"De acuerdo" responde Regina en nombre de las dos. "Pero decidme que podré darme una ducha antes de empezar con nada, por favor"

"Hecho" sonríe su alter ego. "Aunque antes debéis poneros esto" pide lanzándoles dos antifaces negros.

"Empezamos bien…" murmura Emma dándole vueltas entre sus dedos.

Pero Regina no está por la labor. "¿Para qué se supone que es?"

"Porque este lugar aún no es parte de vuestra vida y no podéis conocerlo…" comenta Emma divertida. "Tranquilas, volveréis y pasaréis horas y horas aquí"

"Pues qué bien…" gruñe Regina poco convencida, haciéndose una delicada lazada hasta que el antifaz queda colocado y ella deja de ver nada. Sin embargo, mientras las sacan de allí escucha algo más que las respiraciones de las cuatro, las preguntas impertinentes de Emma y sus pasos. Escucha el sonido de un mueble al deslizarse, el crujir de un suelo de madera antiguo y juraría que siente el olor a polvo y pergamino que trae a su mente la biblioteca de su palacio… ¿Qué sitio es exactamente ese?


Quince minutos de trayecto en coche y, sólo entonces, les dan permiso para quitarse los antifaces. Cuando lo hacen, el centro de Storybrooke aparece ante ellas, prácticamente igual. De hecho cuesta encontrar una sola diferencia excepto los rostros cabizbajos de los ciudadanos que se cruzan con su automóvil.

"Procurad que no se fijen en vosotras" pide Emma girándose desde el asiento del copiloto.

"Puedo agacharme…" propone su otro yo servicial, encogiéndose sobre su asiento, mientras que Regina se limita a torcer el gesto en el asiento de al lado. "Tú no hace falta que lo hagas, seguro que nadie te reconoce, alcaldesa de fango"

"¡Swan…!"

"Menos mal que ya estamos llegando…" murmura la conductora muy bajito y muy harta, cogiendo un par de curvas y bajando la velocidad. Unos metros después el coche se detiene completamente.

"Reconozco este lugar… ¿Estamos en Grannys?"

"Sí, la puerta trasera de su hospedaje" aclara Regina sacando la llave del contacto y girándose sobre su asiento hacia su otro yo. "Imaginé que agradecerías una entrada discreta"

"Estabas en lo cierto…" suspira sin mucho dominio en eso de dar las gracias. "¿Pero pretendes que me duche… aquí?"

"¡No está tan mal!" exclama Emma recordando su época de huésped de larga duración de la abuelita.

Para usted… piensa Regina en voz baja. Pero su ceja alzada es suficiente burla para la salvadora, que está dispuesta a responder antes de ser interrumpida por la versión del futuro de su némesis.

"Pretendo que te duches aquí y que duermas" recalca tendiéndole un llavero de madera con un 12 grabado sobre ella y un juego de llaves colgando de un extremo. "Esta será tu habitación"

"¡¿Qué?! ¿No puedo quedarme en mi propia casa o en cualquier otro sitio?"

"El apartamento de los Charmings está hasta arriba como para acoger a otras dos versiones de nosotras y ¿en la mansión? Ni hablar, ya sabes lo celosas que somos con nuestras cosas"

"¡Pero es mi casa también!"

"No ahora" zanja con la autoridad de quién tiene siete años más y juega con la ventaja de ser este su mundo.

Emma desoye su intercambio y mira a su propio yo. "Si el apartamento de los Charming no acepta más inquilinos... ¿Yo también me quedo aquí?" cuestiona atando cabos por el camino. "¡¿Pretendéis que duerma con ella?!"

"No. No puede ocurriros ningún daño y eso definitivamente entraría dentro de las situaciones de peligro de muerte de las que os queremos alejar" responde Regina virando sus ojos, antes de tenderle un segundo llavero de madera. "Cada una tiene su propia habitación"

Emma la sostiene, inspeccionándola poco convencida y Regina, a su vera, canturrea. "No está tan mal…"

Desde el asiento del copiloto, la sheriff las interrumpe antes de que dé comienzo una nueva disputa. "Escuchad, el hostal de la abuelita ha mejorado en los últimos años y lo más importante: se trata de nuestro cuartel general y uno de los pocos edificios que hemos logrado proteger con magia, junto con la comisaría y el ayuntamiento. Dormir ahí es seguro, por eso todos los niños y ancianos están repartidos entre los tres lugares, y ahora también vosotras. Os guste o no"

Regina suelta un gruñidito pero asiente. "Está bien… Lo que sea por una ducha"

"Esa es la filosofía…" agradece con una sonrisa. "Duchaos, reponeos o descansad, lo que prefiráis. Os estaremos esperando en una hora en la cafetería"


Al abrir el pequeño armario de madera quejumbrosa, Regina es consciente de toda la planificación que hay tras ese viaje en el tiempo. Los cajones tienen todo tipo de ropa interior, algunas prendas que reconoce y otras que no. Igual que los trajes que cuelgan de sus perchas y las camisas y pantalones que descansan sobre las baldas. Bajo la almohada asoma lo que está segura de que es su pijama favorito de seda, y en el baño intuye la mayoría de productos que podría necesitar para un par de días fuera de su casa. Pero imagina que es precisamente de ahí de donde ha salido todo. De su propia casa, pero siete años después.

Lástima que no estuviera también su albornoz y tenga que conformarse con esas toallas con tacto de lija, piensa antes de entrar a la ducha de latón.

Emma, sin embargo, permite que su habitación la traslade tiempo atrás, a esos meses en los que fue capaz de vivir en Storybrooke sin creer en la magia. En los que su dormitorio en Grannys era su único hogar y estaba convencida de que Henry era su única familia. Se tumba sobre la cama, con los brazos tras la cabeza, y mira el techo preguntándose qué más cosas habrán cambiado. Si en algo más de un año y medio su vida ha dado semejante vuelco, ¿qué será de las vidas de todos ahora, siete años después?

No va a investigar. No puede, está prohibido y podría alterar toda la línea espacio temporal o algo así. Pero no puede evitar elucubrar… y ¿quién sabe? Quizás si pasan aquí el tiempo suficiente pueda descubrir algún detalle curioso.

Se estira y deja el tiempo pasar hasta que, a lo lejos juraría escuchar una puerta abrirse suavemente. Gira para mirar el despertador que brilla sobre su mesilla y confirma que ya ha transcurrido esa hora que tenían de margen. Y con esa puntualidad británica, esa puerta sólo puede tratarse de Regina. Se levanta de un salto. No está dispuesta a llegar después que ella y, además, la idea de aparecer ahí acompañada le resulta bastante más apetecible que hacerlo en solitario.

Asoma la cabeza por su puerta y a dos metros de ella, encuentra a la alcaldesa, cerrando la suya con riguroso cuidado antes de guardarse la llave en el bolsillo de unos pantalones que antes no llevaba.

"Veo que te has duchado" exclama desde su habitación, sobresaltándola. Una sonrisa irónica se gira hacia ella lentamente.

"Muy observadora, señorita Swan" recalca antes de dar media vuelta y dejarla allí parada.

"¡Eh, espérame!" pide cogiendo al vuelo su chaqueta, sus propias llaves y cerrando la puerta a la carrera sin ningún cuidado.

Sale escaleras abajo, hasta colocarse a su misma altura, aunque nada en el gesto de Regina señale que la alcaldesa sea consciente de su existencia. Caminan el par de pisos que les separa de la cafetería y toman el pasillo que desemboca en ella. Al girar en el último recodo, el sonido de un barullo de personas, conversaciones y libros llega hasta ellas. El mismo barullo que se queda en completo silencio al verlas aparecer.

Las dos permanecen quietas y tensas bajo la entrada del fondo, conscientes de que las miradas de toda la cafetería están sobre ellas. Aunque quizás lo más llamativo sea ese recinto que ya ni siquiera parece un restaurante, excepto por la barra, que continúa en su sitio.

En uno de los rincones, varias hadas juegan con una red de pescador en lo que Regina juraría que es un intento por hechizarla. Los enanitos tienen su propia mesa, cubierta de mapas, y el resto del mobiliario se ha apartado contra las paredes, menos una hilera de mesas que ocupan el centro de la cafetería, rodeadas por varias sillas y taburetes, que un día sirvieron para los clientes. Pero ahora acogen una improvisada asamblea formada por los Charming, Red, la abuelita, Archie, Marco y por supuesto las otras versiones de Regina y Emma.

El primero que logra abrir la boca es David. "Es impresionante" Aunque su pasmo le haga hablar más lento de lo normal. "Son idénticas"

"¿Y qué esperabas?" bromea Emma. "No son clones, somos nosotras mismas"

"Sigue siendo increíble…" murmura mirándolas fijamente, pero con una gran sonrisa. "Bienvenidas"

"Pasad, tomad asiento, por favor" pide Snow con una enorme sonrisa. "Emm y Gina os han puesto al día, imagino"

Regina observa la mesa con atención estudiando donde sentarse hasta que su propio yo le ofrece un sitio libre a su vera. "Sí, más o menos" responde tomando asiento.

Emma no le da tantas vueltas y termina junto a David que la mira fijamente, y Red, que no deja de sonreírla. "¿Emm? ¿Gina?" repite extrañada.

"Oh, sí, bueno… es cómo acostumbran a llamarnos ahora" tose Emm, reclinándose sobre la mesa con prisa. "¿Por dónde íbamos?"

"Por los cuadrantes" Red pasa unas fotocopias a David, sobrevolando a Emma, y este coge uno de los folios y acerca el resto de ellos a la abuelita hasta que toda la mesa tiene delante de si una especie de recuadro con horas. "No hay cambios significativos, la única novedad es que he alargado los turnos y que vosotras dos estáis fuera de las patrullas de esta noche" añade de carrerilla señalando a Emm y Gina.

La morena se acerca la hoja, sin dar crédito. "¿Qué?"

"¡No! Red, no puedes hacernos eso" protesta Emm.

"Puedo y lo he hecho. Y nada de quejas: vosotras tenéis que concentraros en lo que realmente importa"

"Podemos compaginar ambas cosas" rebate Gina, cruzándose de brazos.

Emm la acompaña igual de indignada. "Eso mismo"

"No me interesa contar con dos centinelas agotadas intentando vigilar por la noche ni con dos maestras de magia que no puedan tener los ojos abiertos mientras entrenan a nuestras invitadas" zanja ignorándolas. "Tendréis que aguantaros porque como esto salga mal os vais a hartar de hacer guardias nocturnas" añade señalando a las recién llegadas que asisten al intercambio en silencio, apreciando como sus dos alter egos se reclinan contra el respaldo enfurruñadas pero resignadas.

"Tengo una duda…" murmura Emma torciendo el rostro.

"Pregunta, cariño" pide Snow dulce desde su asiento.

"Ese… entrenamiento, ¿va a llevarnos mucho?"

"Creemos que dos días, tres a lo sumo" aclara Emm.

Y la carcajada irónica de Regina capta la atención de todos los presentes. "¿Pretendéis enseñarle magia en tan sólo dos días? ¿A la señorita Swan? ¿Desde cuándo creemos en los milagros?" inquiere dirigiéndose a su propio yo.

"Ja ja, Regina…" gruñe Emma.

"Oh, me había olvidado de esto…" ríe Red divertida, alternando entre una y otra.

"¿Quieres decir que esto…?" comienza la salvadora señalando de mala manera a Regina. "¿…ya no ocurre?"

"No realmente…"

Abre los ojos, atónita. "¿Y qué sucedió?"

Gina fulmina a Red antes de girarse hacia Emma con infinita paciencia. "Que nos volvimos más civilizadas" susurra con media sonrisa formal. Pero por el rabillo del ojo la salvadora juraría ver un par de sonrisas contenidas y escondidas tras varias manos. "Y Emma ¿en qué quedamos sobre lo de preguntar?"

"Cierto, perdón"

"Y Regina, no creemos en los milagros" añade esta vez mirando a su otro yo. "Y de hecho, no vamos a enseñarle magia. La Emma de hace siete años no domina su poder y cambiar eso alteraría todo el curso de la historia. Sólo ha de aprender a realizar el ritual correctamente mientras tú contienes a la bestia"

"Eso ya lo veo más factible…" masculla mientras Emma vira los ojos, aburrida.

"¿Y qué ocurrirá con vuestras versiones del pasado? Se estarán preguntando dónde nos hemos metido, ¿no?"

"Os haremos regresar al mismo instante del que vinisteis" asegura Emm. "Es la mejor forma de evitar preguntas incómodas y lo más importante: Debéis ir tras la criatura. Aún seguirá cerca de dónde la heristeis"

"Está todo pensado, ¿verdad?" bromea la salvadora.

"Más nos vale…" susurra David a su vera. "Vivimos aterrorizados, con toque de queda, haciendo guardias y durmiendo en pequeñas comunas para evitar que nos pueda atacar…. Y aun así a veces lo ha conseguido…"

"Esto no es vida" musita Snow con su voz humedeciéndose.

"Ey, acabaremos con ella" Traga hondo, agarrando la mano de su padre y sonriendo a Snow, al otro lado de la mesa. "Os lo prometo"

David abre la boca, agradecido, pero el ruido de la puerta interrumpe su respuesta. Bajo el marco de la entrada, un torbellino de casi metro setenta, de pelo oscuro y una voz mucho más grave de lo que Emma recuerda, mira hacia la mesa con fascinación.

"¿Ya están aquí?" Es todo lo que pregunta.

"¿Henry?" susurra Regina con la boca abierta.

"Cariño, no deberías haber venido…" le reprende Emm, pero ni su hijo ni las recién llegadas parecen prestarle atención. "El pasado, sus consecuencias…"

"¿Qué información peligrosa puede suponer ver a nuestro pequeño ya no tan pequeño?" pregunta Emma poniéndose en pie. "Era de esperar que siete años más tarde fuera siete años más mayor" bromea, mientras Henry camina hacia ella encantado, hasta estrecharla con fuerza. Por si la voz grave de su hijo no hubiera sido suficiente, la media cabeza que le saca y los brazos desproporcionadamente largos de adolescente terminan por convencerla de los años que han transcurrido. Al otro lado de la mesa, Regina se mantiene como mera observadora del intercambio, tan acostumbrada a ese papel que ya casi no duele. Casi. Es cierto que desde que ayudó a Emma a regresar del Bosque Encantado las cosas con Henry han mejorado muchísimo, pero aún queda tanto por arreglar que duda que pueda lograrlo alguna vez. Así que sólo sonríe con una discreta dulzura y guarda para sí las ganas casi inaguantables que tiene de salir corriendo a abrazar a su hijo.

Pero Henry no. Besa a Emma en la mejilla y cuando se separa de ella, corre en busca de su otra madre con una sonrisa que ilumina toda la habitación, incluido el pecho de Regina. Antes casi de ponerse en pie Henry la estruja entre sus brazos y Regina se abraza a él con la misma fuerza. Más aún cuando escucha un suave: "Bienvenida, mamá"

"Gracias, Henry" musita emocionada y subiendo el rostro para poder mirarle a los ojos, algo a lo que no está acostumbrada.

"Venga, ya es suficiente" pide Gina, con una sonrisa casi tan dulce como la que luce su propia alter ego. "¿Dónde te habías metido?"

"En casa, preparando un par de cosas para la guardia de esta noche… Y todo está en orden en la mansión" resume tomando asiento como uno más.

"¿La mansión?" tartamudea Regina. "¿Quieres… decir que en el futuro vives conmigo?"

"¿Vives con ella…?" pregunta Emma escandalizada.

"Oh, mierda" Abre la boca un par de veces, abochornado, buscando la forma de rectificar, aunque sea imposible. "Algo así…"

"¡Vale!" exclama Emm deteniendo a su hijo y fulminando a casi todos los presentes con una mirada reprobadora. "Creo que ya basta de spoilers por hoy. Gracias a todos por ayudar a mantener en secreto el futuro, de verdad" gruñe apartando su silla de la mesa. "Si no contáis con nosotras para la guardia de esta noche, no es necesario que sigamos aquí"

"Sí, mejor…" farfulla Gina siguiendo su ejemplo. "Pongámonos manos a la obra. Cuanto antes podamos devolveros a vuestro tiempo, menos información recibiréis"

"¿Pero ya…?" inquiere Emma perezosa, mirando a esa versión adolescente y recién llegada de su hijo.

La voz de Gina resuena por toda la cafetería. "Emma…" Y aunque esta versión use su nombre de pila para referirse a ella, su voz de advertencia produce los mismos escalofríos que el tono de la alcaldesa de su tiempo. La salvadora se pone en pie obediente y veloz y un segundo más tarde la alcaldesa sigue su ejemplo.


"¿Estás segura de qué fue aquí?" Emm gira sobre si misma mirando el claro del bosque al que sus alter egos las han conducido. Es un rincón cualquiera del bosque, tan igual a todos los demás que cuesta creer la precisión con la que ambas lo han señalado.

"Totalmente" corrobora Regina. "Para nosotras hace apenas dos horas que enfrentamos a esa cosa. Y lo hicimos justo aquí"

Emma asiente observando su alrededor. Los árboles son más grandes, faltan varias piedras y la estación del año ha cambiado los colores de la vegetación. Pero este es el lugar, sin dudas. "Tiene razón"

"Bien, en ese caso deberéis buscar cualquier hueco, brecha o tronco por donde quepa algo de este tamaño" Gina eleva sus manos y las separas apenas diez centímetros. "Prefiere los espacios oscuros, donde no le pueda dar la luz del sol. Creemos que la debilita"

"Sí, y no se habrá podido arrastrar muy lejos. Sin su caparazón estará tratando de conservar fuerzas y permanecerá cerca del lugar de la explosión" termina Emm por ella.

"Oh, y no os confiéis. La única razón por la que no se habrá movido de allí es que cree que la dais por muerta. Pero no es inofensiva. Puede que sus fuerzas estén bajo mínimos pero aún es capaz de matar y si siente el peligro no dudará en ir a por todas"

"Apuntado…" musita Emma alternando su atención de una mujer a otra. Regina se limita a asentir en silencio, aunque su cerebro esté repitiendo una y otra vez cada detalle de toda esa información.

"Bien" responde Gina satisfecha. "En ese caso, repartamos funciones. Nosotras intentaremos localizar distintos rincones donde puede haberse escondido, a vosotras os toca el trabajo duro" Sonríe guasona y les acerca un pequeño libro de cuero, que Emm recoge. "Paciencia con ella, podéis ser unas alumnas muy cabezotas" bromea dejando a Emma con el ceño fruncido y a Emm gruñendo:

"Esos spoilers, graciosilla…"

Pero lo más raro de todo es la carcajada que Gina deja escapar antes de agarrar del brazo a su otro yo y alejarse de allí. Emma no entiende nada. En medio de toda esa realidad podría jurar que lo más lógico que ha escuchado hasta ahora es que han viajado en el tiempo. Pero Emm no le concede una tregua y corta sus pensamientos de raíz.

"¿Lista?"

"¿Para qué?"

"Para aprenderte todo esto…" canturrea tendiéndole el libro abierto por una página en concreto. A pesar de su reducido tamaño, las páginas están repletas de un texto casi ininteligible y junto a cada frase hay un dibujo que, Emma podría jurar, son los pasos de una coreografía de brazos. Pero, ahora mismo, lo que más le asustan son esas eternas frases de sílabas impronunciables que parecen no tener fin.

"¿Y no puedo llevarme el libro a mi tiempo… y ya?"

"No, porque si te diera este ejemplar, dejaría de estar en el futuro y, por lo tanto, mi yo del futuro nunca podría habértelo dado, y terminarías sin él…"

"Qué dolor de cabeza…" gruñe torciendo el morro ante la falta de salidas por parte de su alter ego. "¿…Y hacerle una foto con el móvil?"

"Emma…" susurra rascándose la frente. "Memoriza, ahora. Si empiezas por las palabras quizás te sea más fácil"

"Sí, seguro…" farfulla irónica bailando el libro ante sus ojos.


Regina observa a su alter ego intrigada, rozando la confusión. Esa realidad, ese futuro despierta tantas dudas, tantas preguntas, que por momentos, controlarse se convierte en un imposible. Y más en mitad del bosque, sin nada más que hacer que observar y mover piedras, ramas y hojas..

Así que ni siquiera se detiene a pensarlo. Sólo abre la boca y la pregunta nace sola. "¿Cambia?"

Una sola palabra, bañada en abundante confusión, y Gina detiene su búsqueda, desconcertada.

"¿Qué?"

"Emma. ¿Ella cambia? Porque eso explicaría…" murmura señalando a ambas versiones futuristas de sí mismas. "Esto, ya sabes"

Gina sonríe de medio lado y eleva una ceja. "No puedes saber nada…"

"O sea que cambia"

"¿Realmente querrías que cambiase?" resopla con paciencia, deteniendo definitivamente su búsqueda y girándose hacia ella con los brazos cruzados.

"No" murmura convencida. "Querría que desapareciera"

El rostro de Gina se contrae con irritación y suelta un bufido en toda regla: "Bien, pues eso seguro que no ocurrirá", sólo para volver a girarse e ignorar a todas luces la presencia de la alcaldesa.

Y Regina es incapaz de entender esa reacción. Lo deja estar, avergonzada en secreto de que su respuesta haya enojado a su propio yo en lugar de hacerla reír, y continúa con la tarea de búsqueda que Gina ya ha retomado en absoluto silencio

Lo único que se escucha durante la siguiente hora es el murmullo a lo lejos de Emma recitando una y otra vez sin parar, mientras Emm con infinita paciencia no deja de corregirla. Pero a Regina no le interesa lo más mínimo lo que hacen. Ni cómo el tono de Emma va pasando de canturrear líricamente a adquirir la correcta inflexión entre melódica, rasposa y delicada de la magia, o cómo las correcciones pasan de ser constantes a puntuales.

No le importa nada…

Bastante tiene ella con ir agachándose en cada tronco hueco, en cada árbol muerto, en cada conjunto de rocas, en cada posible maldito y mugroso rincón donde puede esconderse una bestia recubierta de fango y maldad. Puede que nadie le haya preguntado, pero le parece obvio que los papeles están cambiados. Ella es la experta en magia, ella es quien debería estar canturreando ese ritual y Emma quien debería estar ahí, de cuclillas, ensuciándose y moviendo musgo, troncos y piedras.

Su mano pasea sobre cada lugar y hueco con monotonía, sin demasiada emoción… Al menos hasta que advierte una tersura atípica para el interior de un tronco seco y maloliente de pino. Saca su mano extrañada, agachándose hasta la altura de ese ennegrecido tocón e intenta distinguir algo. Entrecierra los ojos. Es como si su interior lo recubriera una membrana. ¿Es posible que…?

"¡Gina!" exclama sobre su hombro. No obtiene respuesta, pero al girarse, los ojos de la morena, a unos diez metros, están puestos sobre ella, esperando "¡Creo que tengo algo!"

Se pone en pie con prisas, caminando hacia ella. "¿El qué?"

"Toca aquí" pide sosteniendo su mano y conduciéndola hasta el interior del tronco de pino. Gina abre los ojos sorprendida en cuanto entra en contacto con ese hueco y Regina sonríe esperanzada. "Es posible que, si yo acabé cubierta de fango cuando esa cosa explotó, allí donde se escondiese, quedase también una capa de..."

"Fango" termina Gina acariciando ese escondite. "Y que, al secarse, se conservara..."

La sonrisa de Regina se ensancha. "Delatadoramente liso..."

"Lo tenemos"


Emma respira profundamente y desentumece los dedos. Venga, es fácil... eleva la mano derecha, traza un semicírculo y la izquierda le acompaña un segundo después con un giro similar. Las dos se acompasan y mueven una segunda vez, imitando la silueta de un tres imaginario. Al terminar la derecha se desplaza a la izquierda y...

"No... error" musita Emm, con el libro en la mano, pero sin apartar los ojos de ella.

"Me he saltado un paso, ¿cierto?"

"Dos, pero quién los cuenta… A ver, desde el principio, mano derecha hasta arriba, izquierda igual, pero más lenta..."

Emma va ejecutando los pasos según los recita la voz de Emm y cierra los ojos para poder visualizarlos mejor hasta memorizarlos. Tratando de encadenarlos en su mente, de ir poco a poco, de memorizarlos…

"¡Hemos encontrado algo…! ¿Que hacéis?"

Lo que falta…, masculla para sí Emma, abriendo un ojo despacio, rogando porque esa voz pertenezca a Gina. Pero no tiene tanta suerte. Las dos mujeres, casi idénticas, están junto a ellas, pero es Regina la que sonríe burlona después de haber hablado.

"Ella dice que magia" protesta señalando a Emm con toda la dignidad que logra reunir. "Yo que aprender la Macarena…"

"Emma" la reprende su otro yo medio riéndose, antes de dirigirse hacia las dos alcaldesas. "¿Qué habéis encontrado?"

"Su escondrijo, casi seguro. Está a sólo dos metros de aquí" responde Regina sacudiéndose el barro y los restos de bosque de las manos.

Emm se gira hacia Gina, inquiriendo con la mirada. "¿Seguras?"

"Totalmente… Bueno, o al 99%"

"Me vale" responde con media sonrisa. "¿Dais paso a la siguiente fase?"

"Creo que sí"

Regina alterna su mirada entre una y otra. "¿Siguiente fase?"

Gina cruza sus manos frente a su cuerpo. "Vas a practicar para neutralizar a la bestia"

"¿Neutralizar? Pensé que todo esto..." Emma baila los brazos señalando a su alrededor y a cada una de las presentes. "…Era para matarla"

"Exactamente... pero mientras tú realizas el ritual, alguien ha de ganar tiempo" resume Gina, pero Emma sigue frunciendo el ceño, confusa, y la sonrisa de la alcaldesa se amplía irremediablemente antes de añadir. "Conteniendo a la bestia, para evitar que huya o que vaya a por tu yugular"

"¿Y para eso hemos de practicar?" cuestiona Regina, cruzada de brazos, antes de elevar su mano. "La congelo..." murmura con un chasquido de dedos y el cuerpo de Emma se tensa con un movimiento antinatural. "Y ya" sonríe encantada.

"¡EH!" grita Emma sin poder abrir los labios, representando la viva imagen de una estatua escalofriantemente realista.

"Regina…" masculla Gina, agotada, deshaciendo la que, en parte, es su propia magia.

Se encoge de hombros, con una sonrisa traviesa. "Era una demostración..."

"Esa bestia no se parece a nada con lo que nos hayamos enfrentado y mucho menos a una salvadora..." gruñe. "Ella misma congela a sus víctimas si llega a tocarlas, así que ese tipo de magia le hace cosquillitas"

"¿En serio?" Emma frunce el ceño. "¿Esa cosa puede reír?"

"Swan, me lo pones tan fácil" refunfuña Regina, pero Gina termina por ceder y reírse para sí.

"No… En realidad era una forma de hablar" se excusa Emm. "Lo único que parece herirle es el fuego. No de gravedad... pero es algo con lo que trabajar"

"¿Y pretendéis que me convierta en un lanzallamas mientras ella intenta realizar ese hechizo?"

Gina asiente fervientemente. "Precisamente"

"En nuestro tiempo, a pesar de sus dimensiones, es bastante rápida. Hemos de imaginar que en vuestra realidad, con un tamaño mucho más reducido, será aún más veloz"

"Y yo he de achicharrarla para que no se aleje del claro mientras ella... ¿hace magia?" insiste Regina. "Debisteis traer a Rumpelstiltskin"

"Ten cuidado a ver si no hago bien el hechizo y dejo que esa cosa se tire a por ti"

"No te atreverás…" murmura Regina fingiendo angustia, rematándolo con una sonrisa burlona. "Porque eres una panfil-heroína y no está en vuestros genes"

"Todo se puede aprender... porque tú no nacerías así, ¿no?"

"Basta ya" les detiene Gina, cansada de ese intercambio.

"Cada una a su esquina del cuadrilátero si sois tan amables..." pide Emm igual de saturada poniendo sobre el pecho de Emma el libro de hechizos, buscando captar su atención.

"Vamos" requiere Gina a su vez tirando del brazo de Regina no mucho más contenta con ella. No se da por satisfecha hasta que no las separan al menos cinco metros de las dos salvadoras y sólo entonces la suelta para enfrentarla. Estira su mano, convocando su magia y Regina ve como una pequeña bola de energía negra y pastosa sobrevuela la palma de Gina. A pesar de parecer una bola de petróleo y barro mezclado a partes iguales, Regina juraría que puede apreciar su cuerpo e incluso una tentativa de rostro en un extremo, donde se perfilan dos ojos casi desdibujados.

"Esto será la bestia" aclara Gina aun siendo innecesario "Iremos poco a poco aumentando la dificultad" explica permitiendo que la bestia, que ocupa menos de veinte centímetros comience a sobrevolarlas en lo que parece un revoloteo errático sobre sus cabezas.

Regina no necesita el pie. Un segundo después su primera bola de fuego corta su ruta de huida y la obliga a desviarse. Una y otra vez. Sin dificultad alguna.

"No soy Emma, no necesito que me enseñes a gatear. Podemos pasar a lo difícil" espeta con arrogancia colocando un par de bolas buenas que obligan a la bestia a replegarse sin poder escapar.

"Perfecto" celebra Gina sin ningún tipo de emoción y con un chasquido de dedos la bestia muta. Comienza a desplazarse si tregua, cortando el aire más que volando, y amenazando con huir a toda velocidad.

Las esferas de Regina son cada vez más torpes, menos acertadas. Le cuesta un mundo seguir su ritmo, maniobra a trompicones y cuando al fin logra encadenar un par de buenos golpes, aunque sin saber casi cómo, la bestia se ve atrapada y cambia de táctica. Se frena sólo para tirarse en picado contra ella.

Zigzaguea para escapar de un par de llamaradas, antes de estrellarse contra el pecho de Regina, llevándosela por delante. La alcaldesa recibe el golpe encogiéndose, pero al instante su cuerpo entero se paraliza y cae al suelo, víctima de la inercia. No puede mover ni un músculo.

Y lo peor de todo no es ver cómo esa cosa negra voladora se escapa sobre su rostro, alejándose rápidamente. Ni sentir la humedad y el barro del bosque contra su espalda, manchando su ropa y, probablemente, su pelo.

No. Lo peor es ese ruido irritante y odioso.

Las carcajadas de Emma, a lo lejos. Disfrutando como una niña. Maldita Swan…

La cabeza de Gina aparece sobre la suya, mirándola desde las alturas. "Mejor bajamos el ritmo, ¿no?" pregunta con retintín tendiendo su mano hacia ella al mismo tiempo que deshace el hechizo paralizante. Regina se agarra a su mano con malhumor y con una sonrisa tiesa y fingida, se pone en pie.

"Sí, mejor sí"

"Empecemos de nuevo..." propone devolviendo la atención a su creación. La bestia ficticia regresa y las orbita hasta que Gina vuelve a hacerla volar errática. "Su primer instinto suele ser huir pero si se ve atrapada puede cambiar su objetivo en cualquier momento y atacar… Tienes que estar atenta a las señales y…"

Regina escucha con atención y deja que sus palabras la calen. Con cada una de ellas se va concentrando más en las indicaciones hasta el punto de no abrir la boca para nada, sólo atacar, defenderse y, en las contadas ocasiones en las que la bestia logra superarla, agacharse y esquivar. Pero apenas pestañea, no hay titubeo alguno en sus movimientos y sigue las órdenes al pie de la letra. Aunque a Emma le cueste admitirlo, verla entrenar es fascinante. La magia y ella son una y la bestia cada vez tiene menos opciones. Los tiros de Regina son elegantes, limpios, certeros y parece capaz de predecir lo que la bestia hará antes incluso de que ella lo decida.

"Es impresionante, ¿verdad?"

La voz de Emm resuena contra el oído de la salvadora. No es consciente de en qué momento ha dejado de repetir el ritual para seguir con atención la preparación de Regina, pero su doble está ahí, a su verá, sobre su hombro. Y se está burlando de ella.

Se encoge de hombros, con indiferencia. "Supongo" Pero Emm se ríe aún más, y termina por ceder. "Sí, si lo es" resopla vencida. "¿Yo haré cosas así?" cuestiona sin apartar la vista de las esferas luminosas que están torturando a la falsa bestia.

"Nuestro elemento no es el fuego exactamente, pero algo así, sí..." Emm ladea el rostro, observando cada ataque fascinada. "Y ya tendrás tiempo de agradecérselo a Regina"

Abre los ojos y gruñe: "No..."

"Siiii..." la imita divertida. "Venga, concéntrate, repite una vez más, todo junto"


El fuego crepita sobre su mano derecha antes de sobrevolar el claro, iluminar todo a su paso y golpear contra la bestia a pesar de su desesperado planeo a ras del suelo. La llama colisiona sin piedad, la criatura se retuerce y bajo la luz anaranjada su piel parece incluso gris. Un gris mortecino y apagado, acorde con el ápice de vida que parece conservar. Trata una vez más de alzar el vuelo, pero un segundo fogonazo la golpea reteniéndola contra el suelo, igual que un martillazo de fuego.

Los dedos de Gina giran en el aire y al momento no queda nada bajo la magia de Regina. Ni rastro de la falsa bestia. La alcaldesa se gira hacia su instructora y se encuentra con una sonrisa entusiasmada. "Perfecto"

"Puedo hacerlo otra vez" No importa que su voz suene por debajo de su respiración o que su espalda, siempre recta, regia, tensa, se esté rindiendo ante el peso del cansancio y las horas de esfuerzo. Ella se recompone, convencida y creando una nueva bola de fuego, tan poderosa como todas las anteriores

"Estoy segura de ello. Pero no se trata de que mañana no te puedas levantar"

"Queda mucho para llegar a ese extremo"

"Puede, pero por hoy es más que suficiente. Las dos os lo habéis ganado…" deja caer con un cabeceo hacia Emma. La salvadora se frota los hombros, entumecidos, cargados hasta doler, pero parece dispuesta a repetir desde el principio todo el ritual.

Destruye la bola de fuego y resopla hacia Emma, sarcástica. "Unas más que otras…"

"¿No te agota?"

"¿El qué?" pregunta dudosa mirando a su alter ego.

"Invertir tanto tiempo en pelear"

"No" Es tajante, casi borde. Pero no le sostiene la mirada. Es que… ¿qué me queda si no? ¿Aguantarla? ¿Convivir con ella? Esto es todo lo que tengo.

"Tú misma…" resopla igual que la propia Regina instantes antes, pero en su lugar todo su hastío va dirigido a esa versión anterior de sí misma. La deja con la palabra en la boca y una sensación desagradable en la garganta, ignorándola sólo para girarse hacia las dos salvadoras: "¡Emm, se está haciendo de noche!"

La sheriff levanta el pulgar hacia ellas y golpea el hombro de Emma con cuidado. "Creo que esa es nuestra señal para terminar por hoy"

"Yu hu hu…" intenta celebrarlo levantando los brazos, pero es imposible y termina por rendirse con un quejido de dolor. Ambas Reginas llegan hasta ella, pero sólo una de las dos sonríe comprensiva.

"¿Cómo ha ido?"

"Muy bien... estoy muy orgullosa de mi misma" Emm rodea a su pupila por los hombros.

"Yu hu hu…" vuelve a gemir con lentitud y sin levantar casi las manos, pero sonriendo en agradecimiento.

Gina asiente, satisfecha. "En ese caso, te estará esperando un sabroso sándwich de queso en la posada de la abuelita"

A su vera, un rostro tan similar y a la vez distinto se contrae en un gesto de asco. "Ugh…"

"Para ti ensalada y lubina. No sufras" matiza sin ganas, y Emm termina por tomar la palabra ante el silencio incómodo que sigue a esa frase.

"Volvamos al coche antes de que no veamos por dónde pisamos…"

Pero el silencio continúa incluso al arrancar. O al dejar atrás el bosque. O al entrar en la ciudad. Y cuando recorren el centro, Emma ya está aburrida de mirar por la ventanilla en completo silencio. O quizás es que se ha olvidado del incómodo momento de minutos atrás. O que simplemente le pueden las ganas de hablar.

La cuestión es que abre la boca con esa tranquilidad que roza la inocencia. "¿Cuál es el plan para mañana?"

Emm agradece su intervención cruzando su mirada con ella a través del retrovisor: "Desayunaremos con vosotras en la cafetería, nos acompañará el resto y nos pondrán al día. Y después nosotras cuatro..."

"Seguiremos con el entrenamiento…" interrumpe Emma sintiendo como sus brazos se mueren un poquito más sólo de pensarlo. "Uuuuffff"

"Sí, pero con una ligera modificación"

"Esta vez será un entrenamiento combinado…" añade Gina mirándola durante un breve segundo también a través del espejo. "Una especie de ensayo general"

La salvadora eleva las cejas. "¿Las dos juntas?"

"Exacto. Tú intentarás convocar la magia y hacer que el hechizo se active. Regina mientras te cubrirá las espaldas" resume cogiendo una calle a la derecha. "Si esto sale bien, estaréis preparadas para regresar"

"Oh…" es todo cuanto dice Emma. Regresar. Eso significa volver para poner en práctica lo que han entrenado. No ha olvidado en ningún momento el propósito de este desplazamiento temporal, pero después de una tarde entera de recitar y aprender los movimientos, la batalla parecía tan lejana. Pero no, el tiempo corre en su contra, la lucha es ya. Y de repente todo entrenamiento le parece poco, tan tan poco…

"Hemos llegado"

La voz de Gina detiene su ensoñación y la devuelve a la realidad. Presiente los ojos miel clavados en ella, desde el retrovisor. Puede jurar que le sonríen sin ni siquiera mover sus labios, que intentan animarla aunque no use una sola palabra.

Mira a su alrededor, sin ser consciente de cuándo se han detenido pero reconociendo la entrada de su alojamiento. "¿No cenáis con nosotras?"

Emm se gira sobre el asiento del copiloto, dirigiéndose hacia ambas mujeres, aunque Regina no haya abierto la boca. "No, aún tenemos asuntos que resolver, tendréis que cenar solas" resuelve con una inocente tranquilidad que se viene abajo cuando Emma y Regina se miran entre ellas, poco convencidas con la idea. "O cada una en su dormitorio, no es necesario que confraternicéis…" resuella, cansada de tener que especificar.

"Mejor" zanja Regina, mientras Emma vira los ojos. Esa, y no otra, tenía que ser su primera y última aportación.

"Buenas noches" musita Gina con tono neutro, antes de que ambas mujeres abran las puertas del vehículo.

"Descansad, nos vemos a las ocho"


La alarma suena dos veces y en la tercera su ronroneo metálico se queda a medias cuando Emma estira la mano hasta él y lo apaga con sumo cuidado. Son las dos de la madrugada y no pretende despertar a nadie. Sale de la cama, donde se acostó tres horas antes vestida de pies a cabeza. Solo tiene que calzarse las botas y salir despacio de su cuarto, intentando esquivar las maderas más viejas y las más sueltas.

Ni un solo ruido de pisadas.

Ni cuando sale de su cuarto ni cuando baja las escaleras, directa a la puerta trasera de la pensión. No enciende ni una sola luz, se vale de la pantalla del móvil y de pasitos cortos y precisos para evitar muebles y otros obstáculos.

Abre la puerta lentamente, logra que no suenen las bisagras ni el pomo al girar y sale hacia la noche de Storybrooke, respirando el aire nocturno con una sensación de alivio.

"¿Dónde crees que vas?"

"¡Coño!" grita despavorida agarrándose el pecho.

Desde las escaleras de madera que dan a la acera, Emm la mira con los ojos entrecerrados y una sonrisita suspicaz. "Buenas noches a ti también"

Boquea un par de veces intentando sonar indignada por ese repentino susto. "Necesitaba salir a tomar un poco el aire" Pero queda en una intentona cuando toda ella rezuma culpabilidad.

"¿A las 2 de la mañana? ¿Vestida de pies a cabeza? ¿Saliendo a hurtadillas?" inquiere.

Emma mira sobre su hombro, siguiendo el rastro de humo que asciende desde la mano de Emm. "¿Estás fumando?"

"No me cambies de tema…"

"¡Hacía años que no fumábamos!"

"Y no fumo" espeta gesticulando con las manos, dejando que su cigarrillo se mueva por el aire, atrapado entre sus dedos. Emma sigue con la vista la prueba número uno y la otra salvadora se encoge de hombros. "Bueno, quizás sí. Pero no lo hago prácticamente nunca… sólo cuando las cosas se ponen muy negras por aquí, como con la bestia. O cuando tengo que esperar a mi otro yo prófugo"

"No soy una prófuga…"

"¿Ah, no? ¿Entonces… a dónde ibas?"

"A dar una vuelta…" deja caer muy lentamente.

"¿Emma…?"

"Sólo quería conocer un poco mejor esto…"

"¿Storybrooke… o MI Storybrooke?" recalca matizando con énfasis el posesivo. Ante sus ojos, Emma baja los suyos, culpable, y ella se pone en pie, tirando la colilla y pisándola sin prisas. "Sé que la curiosidad nos supera, pero no puedes hacerlo, ya lo sabes"

"Es muy fácil decirlo…" Pero no hacerlo cuando todas las alarmas se activan a cada segundo, cuando mi instinto está tan inquieto que prácticamente es como si arañase mis entrañas exigiéndome averiguar qué ocurre.

"Emma, todo está bien en el futuro. Eso es cuanto debes saber" murmura agarrando sus hombros, intentando transmitirle toda la confianza de la que es capaz. Emma sonríe de medio lado y su alter ego se corrige: "Bueno, todo menos la bestia, claro… Pero lo demás… Emma, nos encanta nuestra vida aquí. Y cualquier cosa que hagas o descubras podría fastidiar eso"

"Dime sólo algo, dime qué es lo que no termina de encajar…"

"No puedo" zanja girando sus hombros y conduciéndola con un ligero empujón hacia la entrada de la pensión. "Pero no te angusties… si todo va bien, en siete años lo entenderás" deja caer con unas palabras que pretenden ser ánimos, pero suenan intencionadamente burlonas.

"La paciencia…"

"…nunca ha sido tampoco nuestro fuerte, lo sé" termina por ella, metiéndola dentro y apoyándose en el marco de la puerta. "Pero vas a confiar en mí, vas a ser una buena chica y vas a irte a dormir, ¿vale?"

"¿Tengo otra opción?"

"No en realidad… Y en este presente cuento con magia así que no me hagas ponerte un localizador mágico"

"¿Eso puede hacerse?"

"Por ahora no lo sabrás…"

"Gracias, eso me es de mucha ayuda" gruñe cruzándose de brazos.

"Venga, arriba" sonríe esperando hasta que su otro yo desaparece por las escaleras. Aún con la puerta cerrada Emm puede escucharla blasfemar y gruñir, y de hecho Emma continúa haciéndolo por el pasillo, ya sin poderle importar menos que nadie se despierte.

Pero al farfullar y murmurar, no escucha el sonido de una de las puertas de su pasillo, abriéndose lentamente.

"¿Qué demonios hace?"

"¡Joder!" chilla saltando a unos centímetros de sostener el pomo de su puerta. "¿Queréis matarme o qué os pasa a todos?" pregunta girando sobre sus propios talones y buscando a la dueña de esa voz. Regina, en pijama de seda azul oscuro, la observa desde su cuarto, con los brazos cruzados y la ceja alzada. "¿Qué?"

"Que qué demonios hace" repite pero vocalizando con exageración, con una lentitud provocadora.

"Ya, ya… te he oído la primera vez"

"¿Y…?"

"Nada, sólo quería tomar el aire"

La punta del pie de Regina golpea rítmicamente el suelo. "Ya…"

"¿Qué?"

"Haga el favor de pasar…" pide en una orden implícita, haciéndose a un lado en su propia puerta.

"¿Perdón?"

"Ya me ha oído, Swan" gruñe dándole la espalda y entrando en su cuarto, sabiendo que en menos de tres segundos la Salvadora la seguirá. Cuando escucha los pasos por el pasillo se acerca al cochambroso aparador de la habitación y se sirve un vaso de sidra. Otro agradable detalle de su alter ego. "¿Sidra?" pregunta sobre su hombro elevando un segundo vaso vacío.

"Vale…" musita dudosa. No por el alcohol. Recuerda el sabor de esa sidra y un vaso de ese licor ámbar suena tentadoramente bien. Lo que no tiene tan claro es si aceptar una copa de esa alcaldesa que suele odiarla 23 de las 24 horas que tiene el día.

"Déjeme adivinar" susurra tendiéndole el vaso y recuperando su propia copa. "Ha tratado de salir a fisgonear y su otro yo la ha detenido"

"Eso no es…" La ceja morena y perfilada se alza con soberbia y Regina saca su mejor sonrisa de superioridad. "Vale, sí, ¿nos has visto o qué?"

"No, pero usted es demasiado previsible…" bosteza con burla. "Y más aún para su propio yo, ¿no lo había imaginado?"

"Oh…"

"Exacto. Emm no debe hacer un gran esfuerzo para imaginar que pasará por su mente, Swan, sólo pensar en qué habría hecho ella misma hace siete años"

"Es cierto…" refunfuña, dando vueltas a la idea. ¿Por qué no se le había ocurrido a ella? "¿Cuánto has pensado sobre ello?"

"Poco…" Mece su copa dejando que el olor de la sidra ascienda sutilmente. Los ojos de Emma siguen sobre ella y suspira dándose por vencida "Bueno, yo también quería salir a tomar el aire…" confiesa haciendo comillas en el aire con una mano "E imagino que mi propia yo estará esperando cualquier movimiento que se me ocurra así que…" zanja encogiéndose de hombros y dando un trago largo a su copa.

"¿Por qué querías salir a… tomar el aire?"

"Supongo que por lo mismo que usted"

"He preguntado primero" insiste llenando su boca con el dulce y especiado sabor de la sidra, negándose completamente a hablar la primera.

"No lo sé… realmente no lo sé" farfulla mirando a cualquier parte antes de tomar asiento sobre la colcha de su cama. "Y por eso necesito… pretendo averiguar qué es lo que no me encaja. Nada parece diferente, la ciudad es la misma, todos nuestros conocidos están igual pero…"

"Pero nos esconden algo, ¿verdad?"

"Exacto. Y necesito saber qué es. Si va a volver a ocurrir algo malo yo… yo prefiero estar preparada esta vez"

"Te entiendo…" suspira tomando asiento en la única butaca de la habitación. Sus codos sobre sus rodillas, su copa entre las manos. "No es sólo los años que han transcurrido sino el recelo con el que llevan todo… Nos han alejado de nuestros propios hogares y nos han recluido aquí"

"Y yo le caigo mal a mi propio yo"

"Esa es la única parte que entiendo…"

Regina tuerce el morro con una sonrisa gélida. "Siempre tan graciosa… Sea como sea parece que nos quedaremos igual que como llegamos… sin nada"

"¿Crees que si intentas escapar estará también esperándote fuera?"

"¿Gina? No, por supuesto que no. No necesita moverse de donde esté. Seguramente haya encantado todos los lugares que puedan resultarme de interés. La cripta, la mansión, mi despacho… Bueno, eso es lo que habría hecho yo"

"Y si te acercas por ahí…"

"Un hechizo detecta mi presencia y hace saltar las alarmas" describe gesticulando con las manos. "Y sinceramente, no me resulta muy atractiva la idea de cabrear a ese alter ego mío que tan poco cariño parece tenerme"

"Nos llevan varios años de ventaja, ¿verdad?"

"Eso me temo…"

"Pero… ¿Y si lográramos ser aún más imprevisibles de lo que ellas puedan calcular?"

"Le escucho"

"Conocen todas nuestras estrategias, nuestras ideas más básicas… ¿pero qué es lo que jamás esperarían que hiciésemos…?"

"Trabajar juntas"

"Justamente"

"Emm vigilará todos los lugares que puedan interesarte, e incluso esperará que te escapes de este cochambroso lugar por alguna de sus entradas…"

"Y Gina habrá activado su magia para detectarte a ti…"

"Pero si en lugar de salir a pie yo te hago aparecer a ti en la mansión…"

"Emm no me verá y la magia de Gina no responderá a mi presencia" Sonríe de oreja a oreja y tiende su vaso hacia Regina, que golpea suavemente, brindando. "Lo tenemos"


Emma abre los ojos y podría jurar que su cuerpo entero lloriquea. Ha dormido tres horas más, son sólo las seis de la mañana y su cabeza no entiende esta nueva manía de echarse siestas en lugar de dormir toda la noche del tirón. Pero a pesar del cansancio, del abotargamiento de cada una de sus extremidades y de lo calentito que se está en la cama, la salvadora es fuerte y se levanta.

Primero, porque necesita averiguar qué está ocurriendo.

Segundo, porque ha quedado en diez minutos con Regina y es consciente de lo peligroso que es hacerla esperar.

A las seis y diez cierra la puerta de su habitación y la figura de Regina se dibuja en la oscuridad del pasillo, apoyada contra su puerta.

"Llega tarde…"

"¡Venga ya! ¿No lo dirás en serio…?" Pero su rostro permanece impasible. "¿Cuánto?" pregunta desesperada mirando su reloj "¿Treinta segundos…?"

"Tarde" recalca pasando de ella y avanzando por el pasillo. "¿Viene o qué señorita Swan?"

"Señorita Swan, señorita Swan…" gruñe por lo bajo metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón y persiguiéndola. La alcanza con un par de zancadas y la alcaldesa la mira por encima del hombro.

"Tenga" murmura tendiéndole una pulsera de cuero que Emma no ha visto nunca antes. "Póngasela"

"¿Qué es?" pregunta agarrándola con dos dedos y mirándola por todos sus ángulos. A pesar de lo raro que es recibir ese detalle, admite que es bonita. El cuero está trenzado y uno de sus hilos tiene un suave color rojo, similar al de la cazadora de cuero de Emma.

"Una pulsera" concreta hablando muy lento, para remarcar la obviedad. Emma aprieta los labios y reúne fuerzas para no contestar. "Una que, por cierto, querré de vuelta. Y su forma de comunicármelo cuando esté lista para que la haga regresar"

"¿Qué? ¿Es un transmisor?" Le da vueltas entre los dedos, buscando cables o cualquier tipo de objeto, pero no hay más que cuero rojo y marrón.

"No, no es un teléfono mágico, Swan… y póngasela antes de que su mente se despiste con otra cosa y la pierda" Emma va a protestar y Regina la interrumpe, divirtiéndose con su propia burla. "La he encantado. Únicamente debe acariciarla con el pulgar y yo escucharé todo lo que diga hacia ella, ¿lo ha entendido?"

"No es que fuera muy complicado tampoco…"

"Con usted nunca se sabe"

"Regina…" resopla agotada, pero se rinde antes de empezar. "¿Puedes al menos abrochármela? ¿O no poder hacerlo mientras andamos y con una sola mano también me convierte en una inútil…? No contestes"

La alcaldesa sonríe, pero cierra la boca por una vez y sostiene la muñeca de Emma. Vuelve a sujetar su pulsera y la coloca con cuidado en torno al suave brazo de Emma. "La quiero de vuelta, recuerde"

"Que sí…" gruñe poniendo los ojos en blanco hasta que escucha un suave click y advierte el peso de la pulsera en su muñeca. "¿Y yo podré escucharte a ti también de vuelta?"

"¡Que no es un teléfono, Swan!"


Según el horario milimétrico de Regina, su alter ego debería haber salido a correr a las seis y media. Pero ahí no ha salido nadie y a Emma se le empiezan a congelar las piernas. La alcaldesa estaba convencida: ella siempre salía a correr, no importaba si llovía o hacía sol. Y más en momentos de tensión como el que estaban viviendo.

No quiere ponerla en duda. Jamás se atrevería. ¡Pero ahí no se ha escuchado un solo ruido!

Son casi las siete de la mañana, se acercan peligrosamente a la hora de la reunión y no ha averiguado nada. Cinco minutos más. Se da cinco minutos más y sino se acercará a recorrer la casa a ver si hay señales de que, quizás, Gina se haya ido a correr antes que nunca.

Pero los cinco minutos no llegan a transcurrir cuando Emma ya está pasando a hurtadillas bajo todos los ventanales de la casa que tienen las cortinas abiertas y corriendo hacia la cocina. Otra de las indicaciones de Regina aseguraba que esa puerta, casi siempre, se mantenía abierta sin llave. Cruza los dedos confiando en que esta vez sea verdad. Pero antes de poder agarrar el pomo, su cara se contrae de angustia y su cuerpo se congela de terror. Pestañea y mira una vez más por la ventana que da a la cocina y querría frotarse los ojos. O arrancárselos. No, no, no… NO.

Camina de espaldas, alejándose asustada de la puerta y su pulgar comienza a frotar con fuerza la pulsera, olvidándose incluso de que Regina la quiere de vuelta y de que igual no debería desgastarla hasta hacer fuego con ella. Pero no le importa lo más mínimo. Frota y se la acerca a la boca, histérica.

"Regina, no me hagas desparecer. Ven tú, aquí, ¡AHORA MISMO!"

Continuará…


Sí, se que dije que los Oneshot no tendrían segundas partes XD (Aunque para alguno que otro me lo estoy pensando...) Pero más que segunda parte, he decidido dividir este relato en dos capítulos porque la idea tomó vida propia y se extendió bastante más de lo que había pretendido. Así que... tendremos que esperar para el resto de la historia! Pero me muero de ganas por saber vuestras opiniones, ¡contadme todo lo que se os pase por la cabeza! Nos leemos y esperemos que Emma y su ataque de pánico no tengan que esperar mucho y que la segunda parte no tarde en llegar... :P