En la estación de King's Cross nadie esperaba al joven rubio y alto de ojos grises y claros como la luna. Sin embargo, esto lo tenía sin cuidado, porque se regocijaba de ver reunida otra vez a la familia Weasley.

Era costumbre entre ellos hacer las Navidades el momento de encuentro, el punto en el que cada uno, desde su rincón, dejaba de lado por una semana la rutina y así nevara, lloviera o hiciera un tremendo sol, se reunían todos en la Madriguera, a la cual habían tenido que hacer un par de hechizos de extensión indetectable para caber todos en las fechas como aquella.

No se atrevía a arruinar tal atmósfera de calor familiar, que él no solo admiraba, sino se alegraba de contemplar desde lejos, pues compartía con su novia, Rose Weasley, todo lo que la hiciera sonreír. Ese año, él estaría con ellos en las fiestas, y planeaba llevar a Rose a su casa para año nuevo. Sin embargo, a pesar de considerar un orgullo la invitación de Molly Weasley luego del incidente con James, Scorpius abrigaba en su interior un miedo inquieto sobre la convivencia con tan vasta familia durante esos días. Sobre todo temía que al padre de Rose le molestara alguna de sus actitudes o que su madre, que tenía una inteligencia insuperable, encontrara sus capacidades muy por debajo de las que considerara dignas de su preciosa hija.

Molly, que saludaba a sus nietos con la delicadeza con la que siempre había tratado a quien cayera en sus cuidados, lo vio al fin apoyado contra una columna, esperando el momento para integrarse al grupo, con los baúles de Albus, Lily, Rose, Hugo y el suyo propio a su alrededor, se acercó extendiendo los brazos y con una sonrisa de esas que sólo esbozan las abuelas, lo tomó por las mejillas y le plantó dos sonoros besos en cada una.

-Buenas noches, Scorpius, ¿qué tal el viaje?

-Buenas noches, señora Weasley -respondió algo nervioso- Ha ido todo sobre ruedas, gracias al cielo. Aunque quizás todos pesquemos un pequeño resfrío, la ventanilla del compartimiento no podía cerrarse del todo, y el viento entraba a raudales- estornudó muy fuerte- Lo siento, señora Weasley.

-¡Oh, por Merlín! ¿Arthur? ¡Arthur! Estos niños están con frío, ¡deja de hablar sobre cacharros muggles y ayuda a llevar los baúles! Ron, Harry, queridos, sus hijos se enfrían, ¿pueden ayudar?

Ron hizo un gesto de profundo fastidio, y con Harry se apresuraron a levantar los baúles del lado de Scorpius, que no pudo evitar notar que el padre de su novia lo ignoraba olímpicamente. El fue entonces a reunirse con sus amigos, porque ya Albus y Lily lo eran, al igual que el tímido Hugo, -James todavía se resistía a entrar dentro de esa categoría- y juntos atravesaron el portal hacia el mundo muggle.

Como era demasiado sospechoso utilizar un automóvil debido a la cantidad de personas que eran y que los muggles paseaban haciendo sus compras de Navidad, desaparecieron tras una esquina apartada, de dos en dos, rumbo a la Madriguera. Scorpius desapareció junto a Harry Potter, que en su fuero interno, era su mayor ídolo.

La casa de los abuelos Weasley estaba abarrotada. Habían espaciado un poco la sala, pero la cocina seguía igual de pequeña que siempre. Aun así, apenas si había espacio para moverse.

-¡Cuidado las cabezas! -Gritó George al hacer un hechizo levitatorio para dejar cada baúl en su correspondiente dormitorio.

Molly iba de un lado a otro dando órdenes. De pronto se acercó a Albus, Hugo y Scor que contemplaban todo desde un rincón y les dijo:

-Queridos, si quieren hacer el favor… Suban ya, su dormitorio está en el antiguo de Ronald- y añadió- Lily y Rose podrán dormir en el de Ginny, avísenles, quieren?

Lo hicieron y el grupo de alumnos de Hogwarts, aun con las túnicas puestas, subieron a cambiarse por ropa muggle desconcentrando un poco la sala.
Al terminar, la rozagante carita de Rose se asomó por la puerta del ático y llamó a su novio, indicándole que mejor sería que se abrigara bien. Una vez los dos en el rellano, ella murmuró "descendo" y ambos subieron al desván. Se quedó a oscuras todo, pero en un instante se prendió una lamparita y la luz, que provenía del techo, le iluminó la sonrisa a Rose.

-Vamos, Malfoy, que esto no se hará esperar.

Scorpius la siguió. Subieron al tejado, donde el cielo se veía negro y salpicado de estrellas. Rose le tomó la mano, y juntos miraron al horizonte, donde se distinguía la negra silueta de Ottery St. Catchpole, recortada por las luces.

-Oye… pensaste… ¿pensaste en lo que te dije el otro día? Sé… sé que fue muy apurado de mi parte. Pero en serio dije lo que sentía.
Rose miró a su novio a los ojos. No pensó en lo que había pasado cuando se ocultaban de todos, ni en James enojado, ni en las veces en las que se habían peleado por sus ataques de orgullo.

-Claro que sí, y Scor- ella jamás lo había llamado así, con tanto cariño- yo también pienso lo mismo.

La luna brillaba y las estrellas parecían ser las únicas testigos de aquel beso. Nadie entonces hubiera sospechado que en el fondo del corazón de aquella Weasley se debatían el deber y el querer… que no coincidían, precisamente. Marcus la miraba desde un profundo lugar de su memoria.

-¡ROSE WEASLEY GRANGER, ASÍ NO APAREZCAS EN ESTA SALA EN ESTE INSTANTE, PUEDES IR DESPIDIÉNDOTE DE TU NOVIO!

Rose miró a Scorpius sonriendo de forma extraña, entre pícara y asustada. Le dijo:

-Oye, ¿le tienes pánico a saltar?

- ¿QUÉ?

-Como escuchas, saltar, de aquí al suelo.

Había como siete metros del techo al suelo… Scorpius tragó saliva. ¿Qué era peor? ¿Morir por estrangulación por Ron, el celoso padre de su novia, o aparecer estrellado en el patio trasero justo antes de lo anterior? Bueno, lo del patio no sonaba tan mal a comparación de lo primero, y sonaba hasta incluso divertido si saltaba con Rose.

-¿Confías en mí?

-Con mi vida- logró decir mientras le tomaba la mano.

Ella sonrió. A la cuenta de tres, saltaron al vacío. El viento les golpeó la cara y les congeló las mejillas, volaron juntos, y el tiempo de la caída se les hizo infinito. Todo era ellos y ellos eran todo, hasta que suavemente tocaron el suelo frente a la puerta de la cocina. Hechizos, Rose era muy buena.

Desde el patio aun se escuchaban los rezongos de Ron, que hablaba muy deprisa con Hermione y Harry, que sólo se reía a veces y decía comentarios sarcásticos.

-Pero es que… es un… ¡un Malfoy!... Imagina, ¡imagina lo que hará si están solos!

-Claro que lo imagino, Ron, imagino que…

-Estará dándole un par de besos por ahí escondido- interrumpió Harry conteniendo la risa-

Hermione lo miró como diciendo "no ayudas, cállate", pero Ron ya estaba diciendo cosas inconexas otra vez, visiblemente nervioso.

Scorpius convocó unas bayas que crecían en el cerco y le puso su capa encima a Rose. Juntos, entraron en la cocina hablando animadamente, como si jamás hubieran escuchado nada.

-¡¿DÓNDE ESTABAS?!

-Juntando bayas, papá. ¿No te había dicho?

Harry apuntó a Ron a la espalda y murmuró "confundus". Scorpius lo vio y se lo agradeció, porque el padre de su novia estaba a punto de perder la cabeza otra vez.

-Ah… Ah, sí, disculpa, Rosie, lo lamento. ¡Pero no quiero que desaparezcas así otra vez!

James, Lily y Albus, junto con Hugo, entraron charlando a la se fue con Hermione y Harry aprovechó para advertirle a Rose que no la salvaría otra vez.

-…que no es posible que Melisa tenga un hermano, me lo hubiera contado, soy su novio, ¿no?

-¿Y cuándo pensabas contarnos sobre eso, James?- intervino Harry haciendo que su hijo se ruborizara.

-Eeeh- titubeó- ¿Cuando sea oficial?

Los presentes estallaron en carcajadas, incluyendo a Harry.

-Bueno, al menos dime quién es esa tal Melisa, hijo. Soy tu padre, tu mejor amigo.

James bufó, y Albus tomó entonces la palabra.

-Se llama Melisa Stan, tiene sangre mestiza.-Harry frunció el entrecejo, no le gustaba que etiquetaran a la gente así, y sus hijos lo sabían, aunque a veces se les olvidara- Creo que su madre fue compañera tuya, papá, se llama Lavender Brown.

-No puede ser- murmuró Hermione, que junto con Ron acababa de aparecer en la escena.

-La vimos muerta, vimos cómo la mataban- terminó su esposo-En la Batalla de Hogwarts.

-Niños, debe ser otra…

-No papá- discutió James- ella me lo dijo. No estaba muerta, al menos no al darle a luz. Y tampoco tiene un hermano, así que fin de la discusión.
Se levantó y se fue. "El trío de Oro", como ahora llamaban a los tres amigos, se miró significativamente. Sus hijos podrían meterse en problemas… como lo habían hecho muchas veces ellos mismos. Al final, el espíritu de Gryffindor siempre vive en el alma de quienes pertenecen a su casa.

Rose y Scorpius se miraron también. Estaban en lo cierto entonces, la novia del joven Potter tenía más de un secreto que pronto no podría ya guardar.
Al subir a dormir aquella noche, Albus les dijo a Rose y Scorpius, cuando hablaban de esto en el dormitorio de los chicos con Lily y Hugo:

-Miren, no sé qué saben ustedes ni qué esconden ellos, pero definitivamente aquí hay algo raro. Creo que vamos a tener que investigar un poco.

-Bueno, es algo que saben ellos dos y nada más, al parecer. Ni siquiera McGonnagall tiene idea, y suena como algo muy peligroso, porque Melisa estaba histérica. Creo que Marcus se lo viene aguantando desde hace tiempo, pero que la cosa se le está descontrolando, porque dijo que "esta vez no puedo solo, tienes que ayudarme, Mel"

-Eso no dice más que que todo esto es muy extraño, amigo. Oye, Rose, ¿no averiguaste nada en tu "clase de pociones"?

Ella dio un respingo, estaba justamente intentando olvidar, apartar, suprimir esa idea, ese recuerdo de su mente. Pero Albus había traído con sus palabras no sólo el recuerdo, sino también el sentimiento de aquel sueño en el que las cosas no eran como debían ser en realidad.