NADA DE ESTO ME PERTENECE, TODO ES PROPIEDAD DE NICK, YO SOLO ME DIVIERTO USANDO SUS PERSONAJES PARA HACER HISTORIAS.
Hola! Ya volví. Este capítulo me encanto, esta cargado de puro Kataang (para quienes se han desesperado por la falta de romance, en este capítulo hay de sobra)
Gracias por los comentarios que me dejaron en el capítulo anterior, a mí en lo personal me gusto mucho la parte de Azula y Ursa.
Capítulo 10.
La Partida y la Cita.
-¿Cuándo te vas a ir?—inquirió Katara.
-pensaba irme mañana mismo, por la mañana—contestó Toph.
-bueno, solo espero que te la pases bien—le dijo Aang.
-y espero que regreses pronto—agregó Zuko.
-saluda a tus padres por mí—dijo Suki.
-y no te pelees mucho con ellos ¿bien?—mencionó Sokka.
-bien, no soy una niña pequeña—se quejó Toph, mientras daba media vuelta y entraba en su habitación.
Escondido tras una cortina, Mamuro escuchó accidentalmente toda la conversación. En sus manos sostenía una charola llena de fresas, esas que tanto le gustaban a Toph, pero su rostro ahora entristecido reflejaba su interior.
Se fue de ahí y llegó a un jardín, era ya de noche, Toph se iría al amanecer y sepa Dios cuando regresaría. Lamentaba hasta cierto punto sentirse así, pero no se sentía culpable ni se arrepentía. No fue decisión suya enamorarse profundamente de la señorita Toph, una de las mejores amigas de su amo el Señor de Fuego Zuko, la maestra del avatar y una de las chicas más ricas de todo el mundo. Mientras que él era solamente un criado que usaba su dinero para mantener a sus moribundos padres.
Era casi imposible que la maestra tierra le correspondiera, después de todo, ella nunca le había dicho ni manifestado nada, si bien se mostraba algo cariñosa y tolerante con él, nunca había insinuado que quisiera una relación más profunda que la amistad.
Suspiró, cogió una fresa y se la llevó a la boca. Era ácida y dulce a la vez, como su relación con ella. Dulce porque sabía que Toph era su amiga, una de fiar y que le tenía aprecio, pero ácida porque él esperaba mucho más de ella, algo que Toph no sentía y en el fondo, el sabía que no funcionaría.
¿Qué le podía ofrecer a ella? era pobre, vivía de un salario mínimo que empleaba en pagar los impuestos y medicinas de sus padres, y ella era una de las mujeres más ricas de todo El Reino Tierra, nacida en pañal de seda y cuidada por millones de personas, con todos los lujos conocidos a su disposición. Nada de lo que ella estaba acostumbrada le era posible dárselo, no, esa relación, si se diera, no tenía futuro.
Suspiró una vez más, dejando algunas lágrimas caer antes de recoger la charola, caminar y dejarla en la cocina, para después llegar a su recámara, sin saludar a sus compañeros de alcoba, recostarse y dormir, con sus esperanzas rotas.
Toph estaba acostada sin poder dormir, sus ojos incapaces de ver ni la luz estaban abiertos y sus oídos solamente escuchaban la voz de aquel sirviente que la tenía muy confundida.
Mamuro es un amigo, solo un amigo ¡Nada más! Se gritaba a su misma sin convencerse absolutamente en nada.
Las sirvientas entraron pues ya había amanecido y ella no pudo concebir ni un poco de sueño. Se puso un bonito vestido y mandó que llevaran sus maletas al barco de su familia con el cual viajaba a todos lados. La estilista terminó de peinarla cuando alguien entró a la puerta.
-Señorita Toph, su desayuno—le dijo Mamuro.
-déjalo ahí y ven.
Mamuro caminó hacia ella.
-¿Se le ofrece algo, señorita?
-Si… me marcho hoy y quería despedirme.
-¿De mí, su sirviente?
-eres mi amigo Mamuro…-le dijo.
Solo un amigo repitió Mamuro en su mente.
-espero que su viaje sea confortable.
-gracias, volveré pronto
-bien.
Mamuro salió de la habitación dejando a Toph más confundida, no era normal que él actuara de esa forma. Caminó y salió de la alcoba, fuera, estaba Momoko.
-Supe que se iría, Si Fu Toph—le dijo.
-así es. No por ello dejarás de practicar ¿Eh?—contestó, seguidamente, Toph le daba clases a Momoko de tierra-control.
-claro que no, solo quería despedirme.
-Bien, adiós.
-um… ¿Adiós?—dijo la aturdida chica que pensaba darle un abrazo, pero Toph caminó rápidamente alejándose de esas muestras de afecto que tanto le disgustaban.
Se molestó un poco cuando sintió gracias a sus pies que todos sus amigos estaban reunidos en el living esperándola. Con mucho pesar dio abrazos y ligeros besos en la mejilla antes de irse, prometiendo mantenerse en contacto con ellos.
Subió a una carroza donde iba completamente sola, salvo el cochero con quien no tenía ni la más mínima gana de hablar. Pensaba que sería todo muy aburrido sin sus amigos, sin Pies Ligeros para molestar ni Sokka para hacer bromas pesadas o Katara con quien discutir. Pero bueno, pronto los volvería a ver.
Llegó al barco y subió a él, sintió como las olas del mar lo movían suavemente en un vaivén que parecía más una danza. Relajada, se durmió en su camarote, mientras llegaba a casa de sus padres.
Toph acababa de irse cuando Aang le preguntó a Katara.
-¿Lista para celebrar nuestro aniversario?
Ella le sonrió.
-Si.
Aang la llevó agarrada de la mano por el jardín, en cuyo centro Appa esperaba con su silla de montar ya lista. Aang subió con suavidad a Katara, quien sintió intensa emoción al subir por vez primera en Appa desde hacia mucho tiempo. Cuando comenzó a volar, no pudo evitar soltar un gritillo de vértigo y emoción ¡Como la primera vez que voló!
Appa llegó a las nubes, donde Katara miraba extasiada al suelo y a la enorme ciudad capital, convertida en maqueta.
-¡Es tan hermoso, Aang! Hace mucho que no volaba.
-deberías acompañarme más seguido.
Katara se sentó a su lado, y lo abrazó acurrucándose en su pecho.
-Si, eso haré.
Aang se tensó y puso algo nervioso, pero relajo su postura y le sonrió.
Siguieron volando hasta llegar al mar, el tiempo pasaba y no parecían llegar a su destino.
-aang ¿A dónde vamos?
-pronto lo sabrás
Katara miraba las olas del mar, hipnotizada por su ritmo, de reojo miró al maestra aire que mantenía un rostro sereno. ¿En qué momento se enamoró de él? No lo sabía, solo estaba segura de que lo amaba intensamente y algo le decía que eso no cambiaría. Podían caerse los cielos y evaporarse los mares, pero ella tendría a su Aang.
Finalmente consiguió ver una hermosa isla en el océano, el follaje verde de su vegetación era tan intenso que simulaba una esmeralda gigante flotando en el agua.
-Ahí es—le dijo Aang.
Appa bajó y se sentó en a isla, cuya playa era de arena suave y aguas cristalinas. Katara observó el lugar, su naturaleza era impresionante.
Aang le tendió la mano a Katara.
-Vamos—le dijo con una pícara sonrisa.
Ella se sonrojó un poco pero aceptó la mano gustosa, caminaron por un sendero hacia el centro de la isla. Aang parecía saber muy bien el camino. Llegaron entonces a un hermoso claro con verde césped cubierto de flores de todo tipo de colores, el sol alumbraba directamente al claro, haciendo que todo brillara. En medio, estaba colocada una manta y una cesta.
Los dos se sentaron en la manta y Aang sacó de la cesta toda la comida que le gustaba a Katara, quien miraba estupefacta las atenciones de su novio. Aang solamente pensaba que, por ver esa sonrisa en el rostro de Katara, haría cualquier cosa.
-No puedo creerlo—dijo Katara—Aang, no debiste molestarte.
-No es ninguna molestia.
Él se acercó y la besó en los labios.
-feliz aniversario.
Terminaron de comer y recogieron todo, poniéndolo en la cesta.
-bien, sigamos.
-¿Qué? ¿A dónde vamos?
-a un lugar especial. Deja ahí la cesta, la recogeremos después.
Katara lo hizo y caminó tras él, internándose nuevamente en el bosque. Esta vez, no había sendero alguno, pero Aang parecía familiarizado con el camino, Katara agarró su mano para no perderse, los árboles estaban cada vez más juntos y cubrían casi todo el sol, haciendo el camino oscuro.
Inesperadamente, Aang se detuvo.
-Katara ¿Confías en mí?
Ella lo miró extrañada.
-Claro—fue su contestación.
-Bueno, entonces haz todo lo que te diga.
-Muy bien.
Aang se inclino y removió unas enormes hojas de árbol, revelando una especie de agujero tan profundo que no se veía su fin.
-¿Qué hago?—inquirió Katara.
-déjate caer.
-¿¡QUE!—gritó la chica, mirando al estrecho pozo sumido en la oscuridad.
-no pasará nada malo.
-pero… pero…
-dijiste que confiabas en mí, confía ahora y créeme cuando te digo que nada pasará.
Katara lo miró con ojos asustados, antes de mirar nuevamente el pozo. Miró de nueva cuenta a su novio y cerró fuertemente los ojos, saltando al interior del pozo y soltando un agudo grito que seguramente ensordeció a algún animal cercano.
Katara sintió las paredes de tierra alrededor suyo, con el olor a tierra mojada inundando su olfato. La gravedad la hacia caer a una enorme velocidad, con los ojos fuertemente apretados, escuchó el ruido de agua, como un río. Entreabrió uno de sus ojos, pero estaba todo tan oscuro que no pudo ver nada. No obstante, sintió perfectamente como caía a una corriente de agua. La corriente no era ni fuerte ni profunda, pero ablandó su caía y la guió casi con caricias acuáticas hacia un incierto destino.
Como maestra agua, se aseguró de que ésta no obstruyera su vista para poder fijarla en los lejanos rayos solares que era posible divisar. Finalmente, la corriente la sacó de la tierra, como si saliera de una cueva, el sol y su calor la tocaron suavemente antes de que pudiera percatarse de la pequeña cascada a la que la corriente se dirigía. Katara soltó un pequeño grito mientras caía, viendo los cinco arco iris que salían del agua hacia el cielo y cayendo a una laguna no tan profunda de agua dulce y cristalina. Nadó hasta llegar a la orilla del lago, contemplando desde ahí la cascada. No era muy alta, ni había piedra alguna con la que hubiera podido pegarse, era casi como un tobogán natural de agua.
En ese momento Katara vio como Aang caía por la cascada, soltando un grito de júbilo y hundiéndose en el agua antes de salir disparado a la superficie, nadando hacia ella.
-¿Te gusto?
-¡Mucho!—contestó ella sonriente.
-Y viene lo mejor.
Katara le sonrió antes de darle la mano mientras los dos se sumergían, nadando hacia la cascada. Nadaron cruzando el potente chorro de agua y entonces, Katara pudo ver detrás de la cascada una cueva. Salieron del agua, escalando dos montones de tierra que ya hasta tenían la apariencia de una escalera, para llegar a la cueva.
La cueva estaba oscura, salvo el resplandor de hermosos cristales, diamantes y zafiros, incrustados por todas las paredes de la cueva, que brillaban con la poca luz que les proporcionaba el reflejo del sol en el agua.
-Y mira esto.
Aang creó una llama de fuego en su mano, que hizo resplandecer las joyas de una manera tan intensa, que la cueva pareció ser un arco iris propio. Katara miró asombrada los miles de colores y tonalidades que se vislumbraban gracias a la luz del fuego. Aang por su parte, miraba a Katara, con sus ojos rebosantes de amor y satisfacción, todo el día había visto la sonrisa iluminar el rostro de su novia, era eso lo que quería y se sentía muy complacido por haber cumplido su objetivo.
Aang apagó la llama y salieron de la cueva, nadaron y se sentaron en la orilla del lago, con las manos agarradas. Katara lo miró con una sonrisa seductora antes de inclinarse para besarlo con mucha pasión, una pasión que el propio Aang le devolvió en forma de dulces caricias, recostándose los dos en el césped.
El beso terminó y ella recargó su cabeza en el pecho de Aang, sintiéndose más feliz y plena que en toda su vida. Aang abrazaba con algo de fuerza a su novia, acariciando su cabello y besando ocasionalmente el mismo.
-¿Sabes? Hoy fue el mejor día de mi vida.
-eso quería.
-Aang, tengo curiosidad ¿Conocías éste lugar?
-si, lo descubrí un día que iba a visitar a Kuzon y que por una tormenta tuve que refugiarme aquí con Appa, me caí por el pozo y así encontré la cueva y la cascada. Me parecieron hermosas.
-¿Trajiste a alguien aquí?
-No, eres la primera
-¿Por…?
-me prometí a mí mismo que solo traería aquí a alguien sumamente especial, y esa eres tú. Nadie más que tu y yo conocemos este lugar Katara, y me gustaría sinceramente que fuera nuestro secreto.
Ella abrazó aún más fuerte a Aang, sintiéndose la mujer más afortunada de todo el mundo.
Cuando empezó a anochecer, se pararon y caminaron de regreso a la playa, Aang la guió y pronto llegaron con Appa, quien los había esperado pacientemente y comiendo frutas que Aang le dejó. Se subieron a su montura y se fueron volando de regreso a al palacio de la ciudad capital.
Toph estaba sentada en la oscura habitación del barco, abrazando sus rodillas. Sabía que pronto llegaría a costa y vería a sus padres. En el fondo, sentía que no sería una buena reunión familiar. Pero desechó rápidamente ese pensamiento.
Su corazón se aceleró cuando pensó en la voz de Mamuro (su rostro no lo había visto) había algo en él que lo hacia sumamente agradable para ella, como si fuera importante. Un amigo especial, alguien a quien quería. Si, un amigo muy especial o… o tal vez…
¿No sería Mamuro más que un amigo? sintió la sangre colorar sus mejillas. Había escuchado y sentido el enamoramiento de sus amigos ¿Ella se había enamorado de su sirviente?
Esta epifanía fue tan repentina que la dejó sin aliento, pero muy feliz. Se sintió más femenina que nunca en su vida. Se recostó en la cama con una sonrisa ya en su rostro, y solo entonces, puso conciliar el sueño.
¡Uff! Este capítulo me encantó, me divertí bastante haciéndolo y espero que a ustedes también les haya gustado (quisiera que Aang me llevara a una cita como esa ;) ).
Adelanto:
-¿¡Cómo que no hay ninguna enfermera!—gritó histérico.
-ya le dije, se fueron todos y todas a un retiro médico.
-¡Manda traer alguno del pueblo!
-señor, ya le dije que se fueron TODOS.
-¡No es posible!
-¡AY!—gritó Suki.
Dejando un poco el drama y el romance, el próximo capítulo será más cómico. Actualizare lo más pronto que pueda.
chao!
