buenas tardes queridas, espero que el fin de semana vaya bien.

aquí os dejo el capitulo, la idea era haberlo subido ayer pero no me dejaba, no se si por problemas de conexión o que. Espero que os guste y lo disfrutéis.


EPOV.

Había decidido ir al hospital para hablar con Carlisle y ver si podía volver a ocupar mí puesto como pediatra. Si me decía que no, lo iba a entender perfectamente. Me había ido, sin decir a nadie a donde o por cuanto tiempo, porque yo mismo no lo sabía, y había vuelto cuando todos menos se lo esperaban, al menos algunos. Estaba seguro que el único que tenía la certeza de que iba a volver era Christian.

Durante el tiempo que estuve fuera, lo más normal era que otro pediatra hubiese ocupado mi puesto y yo tampoco quería quitarle el lugar. Así que había pensado, en caso de que no pudiese recuperar mi puesto, buscar trabajo en algún hospital de Seattle o Port Angeles.

En la última semana había estado buscando un piso o una casa para poder vivir, aunque por el momento me estaba quedando en casa de mis padres. No era algo que quisiera hacer permanentemente; tenía casi veintiséis años y no era plan de estar viviendo con ellos. Quería mi lugar para poder estar tranquilo y armar mi plan de reconquistar a Bella.

Desde el día del cumpleaños de Ina que no la veía, y no sabía qué momento sería bueno para poder ir a verla. Estaba seguro de que con mi comportamiento había fastidiado todo más de lo que ya estaba, pero aún me quedaba al menos una pequeña esperanza de poder arreglarlo. Esa pequeña esperanza de la que la gente habla y dice que es la última que se pierde.

Así que ahora me encontraba esperando a Carlisle en su despacho para que pudiéramos hablar y ver que me decía. Su secretaria me había dicho que volvería en unos minutos pero no sabía cuantos minutos eran y me estaba comenzando a impacientar. Según me dijo había recibido una llamada de urgencias y había acudido allí. Como no podía seguir encerrado entra las cuatro paredes que conformaban su despacho, despacho que era más grande que el que tenía yo antes en el hospital, decidí que lo esperaría en la cafetería. Dispuesto a informar a la secretaría de mi decisión me levante y fui hacia la puerta pero no me dio tiempo a agarrar el pomo cuando esta se abrió de un golpe.

Por ella apareció un Carlisle completamente despeinado como pocas veces le había visto. Tenía los ojos rojos y la cara completamente transformada en un rictus de dolor y sufrimiento. No sabía que le había pasado pero seguramente que era algo malo. Al ver que me encontraba allí intento cambiar su cara pero ya había visto lo que intentaba ocultar.

-Edward, ¿qué haces aquí?- paso cerrando la puerta detrás de él, y con paso cansado se encaminó a su silla para sentarse.

-Quería hablar contigo, pero no sé si es buen momento.

-Siéntate, y dime, ¿en qué te puedo ayudar?.

Le hice caso y me senté en la silla donde había estado escasos minutos antes.

-Veras, quería volver a trabajar aquí, pero no sé si mi puesto esta libre o tenéis a otro pediatra.

-Como te dije aquel día que te cogiste la excedencia, el puesto es tuyo siempre que lo quieras. No he cogido a ninguno otro pediatra en este tiempo. Tus consultas las he pasado yo.

-Claro que lo quiero. Muchas gracias Carlisle.

-Lo que me gustaría saber ahora es cuando puedes reincorporarte. Tengo mucho trabajo como puedes ver- añadió señalando un montón de papeles apilados en su escritorio- Y aunque no quiera admitirlo, los años pasan factura, no soy tan joven como antes, ya no puedo con todo el trabajo yo solo.

Una parte de lo que decía era cierto. Los turnos en el hospital se hacían muy pesados y en ocasiones tenías ganas de coger e irte para casa. Pero en esos momentos recordabas la parte buena de tu trabajo y tan pronto como venían esas ganas, se iban.

En lo que no estaba de acuerdo con él, era en que no estaba joven. Si bien es cierto que hacia algunos meses que no lo veía, y algo más cansado se le notaba, eso no lo podía negar, no llegaba al punto de parecer un anciano. Carlisle, al igual que mi padre, no representaban la edad que tenían. Ya fuera por físico o por genética, parecían de menos edad y se conservaban bien. Tenían cincuenta y seis años pero todavía tenían mucha vida por delante, al menos eso esperaba yo.

-Puedo empezar mañana mismo si quieres.

Estaba deseando volver a incorporarme mi puesto de trabajo y volver a tener una rutina.

-Eso sería…-Carlisle no pudo terminar de hablar ya que su teléfono nos interrumpió. Parecía extrañado por la llamada pero contesto de todas maneras- Renne- no podía escuchar lo que estaba diciéndole pero parecía ser serio- si claro ahora mismo voy, ¿dónde estáis?- mientras hablaba comenzó a guardar en su maletín sus cosas personales- no os mováis de allí, en diez minutos llego- colgó sin decir nada más y fue directo a la puerta.

-¿Qué ocurre?.

-Es Bella- al oír su nombre salí detrás de él persiguiéndolo por los pasillos del hospital.

-¿Qué? ¿Qué la pasa?.

-No lose Edward. Voy a su casa para…- no deje que terminara de hablar.

-Voy contigo.

-No creo que sea lo mejor.

-Carlisle, falle a Bella una vez cuando me fui. No voy a volver a dejarla sola a si venga el mismo ejército a intentar impedírmelo, ¿está claro?- no me respondió con palabras, pero por su rostro cruzo una pequeña sonrisa- ahora dime, dices que está en su casa, ¿cómo en su casa?. Pensé que había vuelto a vivir con Charlie y Renne.

-Y así fue, al menos durante un tiempo. Luego busco un pequeño apartamento y vive allí, está cerca de su universidad.

Tras pasarme la dirección de la casa de Bella, cada uno cogimos direcciones distintas para montarnos en nuestros coches. Como bien había dicho Carlisle estaba cerca de su universidad y del hospital también. Incluso cerca de nuestra antigua casa.

Había hablado con mi hermana y me había dicho que la casa estaba tal como la deje el día que me fui. Algunos días mi madre se pasaba por allí para ventilarla pero no había vuelto nadie a vivir en ella.

Si con Bella las cosas volvían a ser como eran, podíamos volver a vivir en la casa o buscar un lugar nuevo, como ella quisiera. Incluso si en su nuevo apartamento se encontraba cómoda, yo no tenía ningún inconveniente en irme a vivir allí con ella. Pero eso sería más adelante. Ahora lo principal era saber que la ocurría y que me perdonara.

Había tenido mucho tiempo para soñar con todas las cosas que quería hacer junto con ella. Y con el pasar de los días, esas cosas no iban disminuyendo, sino todo lo contrario, iban incrementando. En mi cabeza tenía el esquema de todo lo que quería realizar junto a ella, desde viajes a diversos sitios del mundo, a formar una familia y vivir tranquilos. Con una gran casa y por supuesto un gran jardín para que los niños pudieran correr y divertirse. Sabía que para que eso se hiciera realidad quedaba todavía algún tiempo, pero estaba decidido a ganarme el perdón y el amor de Bella de nuevo, no iba a darme por vencido.

Había estado tan concentrado en mis pensamientos e ilusiones que no me había percatado de que estaba parado en la entrada del edificio de Bella.

Apagando el motor del coche, me baje y observe el lugar por fuera. La verdad que parecía un sitio muy bonito y acogedor, pero por lo que podía ver, era una zona principalmente de estudiantes, no se veía ninguna familia cerca.

Carlisle estaba en la entrada, así que no lo hice esperar y fui a su encuentro. Juntos subimos al piso de Bella, donde Renne estaba ya en la puerta. Al verme se sorprendió un poco pero no puso ningún inconveniente en que entrara en la casa. Al pasar al salón el sorprendido fui yo. Allí se encontraba mi madre, sentada en el sillón al lado de un bulto. Dicho bulto, resulto ser Bella. Al acercarme un poco vi que estaba dormida y que tenía casi toda la cara tapada. Lo poco que podía ver de su rostro estaba rojo, con claros signos de tener fiebre. Carlisle al ver lo mismo que yo se acercó rápidamente a su lado y destapo un poco su rostro. Yo no quería que Bella me viera, por lo que permanecí algo más apartado. Al sentir el tacto de la mano de Carlisle en su frente, abrió un poco los ojos, pero enseguida volvió a cerrarlos.

Viendo el estado en el que estaba Carlisle la cogió con cuidado y la llevo a su cuarto. Una vez allí la dejo en la cama y cerró la puerta en las narices de mi madre, Renne y de mí mismo.

En lo que la revisaba, los tres fuimos al salón y nos sentamos. Ninguno decía nada y se podía sentir algo tenso en el ambiente. Seguramente que se debiera a mi presencia. Desde que había vuelto no había tenido tiempo de hablar con Charlie ni con Renne, y podía afirmar que Renne quería alguna que otra explicación.

-Renne- no sabía que decir, pero estaba claro que algo tenía que decir- Quería pediros perdón a ti y a Charlie por haberme ido como lo hice.

-Edward, ni a Charlie ni a mi tienes que pedirnos perdón. Si te fuiste, fue por la manera en la que Bella se comportó contigo, pero eso es algo que a nadie más que a vosotros incumbe- en su rostro se podía percibir un tinte extraño, como si quisiera decir algo y no estaba segura de hacerlo- lo que si me gustaría saber es ¿por qué estás aquí?.

Su pregunta me descoloco por completo.

-No entiendo muy bien a que refieres Renne.

-Quiero decir que, que haces aquí, en casa de Bella, después de tratarla como la trataste en el cumpleaños de Ina y de acusarla de todo lo que la acusaste.

-Yo la quiero. Sé que la trate mal, pero fueron los celos los que hablaron por mí.

-Mira Edward, como bien te he dicho, nadie más que Bella y tú sois responsables de vuestros actos, pero no voy a permitir que la vuelvas a hacer daño. Sé que ella te lastimo pero como comprenderás es mi hija, y por encima de ella no hay nadie. Mi deber como madre es protegerla. Desde el momento en que te conocí, me pareciste un buen chico, solo no hagas que me arrepienta de haberlo pensado y de haber apoyado tu relación con Bella.

Tras decir todo eso, que se notaba lo tenía guardado, se marchó a lo que supuse seria la cocina, y me quede a solas con mi madre, quien estaba muy callada escuchando todo lo que decía Renne.


Hacía poco más de una hora que habíamos vuelto del hospital y Bella estaba tomándose una ducha. En su aspecto se podía ver que estaba cansada, no solo a nivel físico si no también emocional.

Cuando estaba en su cuarto intentando convencerla de que tenía que ir en la ambulancia al hospital, me había dicho el motivo por el que no quería ir en una. Nada más saberlo, quise evitarla el mal trago y convencí a todos de llevarla en el coche, pero me había dado cuenta de que para ella el tema del bebé todavía era un tema delicado, como es comprensible.

No es que a mí no me afectara, sentía mucho no haber conocido a nuestro bebé, pero tras saber que no se había podido hacer nada por él, en lo único en lo que me concentre fue en esperar que Bella despertara y el saber qué hacer cuando volviera del mundo de los sueños. Me olvide de mí y de lo que sentía.

Lo que nadie sabía es que cuando estaba solo, en la soledad de nuestro cuarto o en casa, había llorado durante largas horas por lo que habíamos perdido y no recuperaríamos. El imaginarme con ella formando una familia era lo que más deseaba pero no sabía, en el que caso de que volviéramos a estar juntos como pareja, como se tomaría Bella la simple idea de plantearnos tener un bebé.

Este tipo de heridas no dejaban marcas visibles en el cuerpo, pero lo hacían en nuestro interior, en nuestra alma. Y el borrar una herida de ese rincón tan apartado no era nada fácil. Personalmente creía que lo que teníamos que hacer era aprender a convivir con lo que nos había deparado la vida. Y en nuestros corazones guardar el recuerdo de nuestro pequeño.

-¿Me puedes traer una taza de té, por favor?- Salí de mi trance al sentir la voz de Bella hablándome. Había decidido acompañarla hasta su apartamento en lo que Renne recogía unas prendas de ropa de su casa y llegaba para hacer compañía a Bella en lo que se recuperaba. Al mirarla vi que ya se había puesto un pijama y traía una toalla envuelta en su pelo.

-¿Por qué no me has llamado? Estas débil y te podías haber caído. No me importa llevarte en brazos o haberte agarrado- mientras decía esto iba ya rumbo a la cocina a por su taza de té.

Preparé el agua templada, que es como la gustaba, y puse dentro de la taza la bolsita de té, con dos cucharadas de azúcar. Bella no era una chica de té, solo lo tomaba cuando estaba muy mal, con catarros y ese tipo de cosas, por lo general era más de beber café bien cargado.

Sabía que en el estado en el que se encontraba su garganta no querría comer nada, pero por si acaso cogí unas galletas que tenía en el mueble.

-Toma. Esta como te gusta- con cuidado, la pase la taza de té.

-Gracias, Edward. Perdón por las molestias.

-No tienes que darme las gracias por nada, lo hago con gusto. Y no son molestias.

Tras esa breve conversación los dos nos quedamos callados, sumidos en nuestros pensamientos. En mi cabeza seguía dando vueltas una frase que había dicho en el hospital cuando Carlisle nos dio la noticia de que tenía mononucleosis.

Claramente ella no conocía la enfermedad, o si la concia no sabía cómo se contagiaba. Nada más que Carlisle dijo que la enfermedad se traspasaba por la saliva, bien sea por beber de un vaso de alguien que tiene la enfermedad o por medio de un beso, a mi mente acudió la idea de que Bella aunque no estuviera con Jacob de pareja como yo había pensado, podía estar con otro. El pensarlo me había dolido pero fue una fracción de segundo, en seguida deseche la idea de mi mente. Lo que me llamo la atención fue el comentario que hizo diciendo que ella hacia mucho que no besaba a nadie. No solo el comentario, sino que cuando lo dijo, lo dijo mirándome a los ojos, como dando a entender que desde que nos besamos por última vez no había vuelto a besar a nadie. Su cara al hablar había sido tranquila y debía reconocer que Bella no sabía mentir, así que al ser consciente del significado de sus palabras, no puede menos que sentirme un maldito desgraciado.

En un arranque de furia y de celos yo me había acostado con bastantes chicas en Nueva York. No es algo de lo que me sintiera orgulloso, pero ahora tendría que afrontar mis actos. No sabía cómo ni cuándo pero tendría que contar a Bella la verdad.

-¿En qué piensas?.

No me había dado cuenta de que Bella me estaba mirando, y parecía ser por la pequeña sonrisa que tenía en su cara, que llevaba tiempo haciéndolo y yo no había sido consciente.

-En nada, y en todo, si es que eso tiene sentido. Hoy hable con Carlisle, y mañana mismo comenzare a trabajar otra vez en el hospital.

-Me alegro mucho por ti. Sé que tu trabajo es algo que te apasiona.

-Si es algo que me encanta hacer. Pero basta de hablar de mí, cuéntame que has hecho tú en estos meses.

-No sé si sea un buen momento de hablar ahora. Mi madre no tardara en venir y no quiero que nos interrumpa.

En eso tenía que darla la razón. Renne probablemente estaría al llegar y como bien decía Bella nos interrumpiría en mitad de la conversación.

El día que habláramos tendríamos que hacerlo con calma y sin que nadie nos molestara.

-Tienes razón. Pero creo que nos debemos una conversación- Bella solo asintió.

-Sabes- tras unos minutos en silencio, pensé que no diría nada más, pero el mirar su cara bien, se podía notar que había algo que quería decir- llevo toda la tarde, desde que volvimos del hospital, dándole vueltas a algo. No sé si sea el mejor momento pero quiero que sepas una cosa.

-¿Qué? Puedes hablar con completa libertad.

-No sé por dónde empezar pero supongo que lo más fácil es decirte que te quiero. En estos meses no he dejado de hacerlo.

No sé qué es lo que esperaba que me dijera, pero claramente no eran esas palabras. Por su puesto que en lo más hondo de mi corazón y de mi mente tenía la esperanza de que todavía me quisiera, pero el oírlo de sus labios, de su propia boca, era lo mejor que me había pasado desde que la conocí. Después de todas las palabras tan hirientes que la había dicho, el que me quisiera era un maldito premio que no estaba dispuesto a perder por nada del mundo. E iba a hacer todo lo que estuviera en mi mano para que no se arrepintiera de haber dado el paso y decirlas ella primero.

-Yo también te quiero Bella. Te juro que no he dejado de hacerlo. Te amo igual que antes. Estos meses separados han sido una tortura y casi acaban conmigo, pero te prometo, no, te juro que voy hacer todo lo posible por recuperar lo que teníamos antes.

Sin dejar que contestara, me tire encima de ella y la estreche entre mis brazos. Daría todo lo que tengo por poder besarla, pero con la enfermedad no podía. Así que me limite a abrazarla y besarla por toda la cara, provocando que riera.

No habíamos arreglado todo, pero era un pequeño paso dado en la dirección correcta.


¿Que os ha parecido? ¿Os ha gustado, lo habéis odiado?

Nos leemos en quince días y a lo largo de la semana, os traeré novedades ;)