Espacios de suerte
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"Disfruto de mis días de suerte, no todos los días tengo el placer de tenerte."
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Habían pasado unas cuantas horas desde que se habían encerrado en la habitación de Susan. Los sucesos candentes que habían ocurrido, no podían dejar de rondar en la mente de Harry. Se encontraban acostados bajo las sábanas, la chica se había acurrucado en el pecho del moreno y se había quedado dormida, él también se sentía agotado, había aprovechado esas horas para hacer realidad todas esas fantasías que por semanas le habían estando rondando por la mente. Y estaba seguro, que aún no era suficiente, seguramente iba a requerir más momentos así con Susan Pevensie.
La observaba dormir, acariciaba su cabello que se encontraba esparcido por su blanco pecho, olía increíble y su piel brillaba por el intenso sudor que a ambos los había cubierto. Rememorar cada caricia, cada gemido, cada beso lo hacían emocionarse nuevamente. Su líbido había vuelto a aparecer, no recordaba haberse sentido con esas ansias antes.
Pero todas sus ganas de despertar a Susan y atraerla nuevamente para comenzar con la siguiente ronda, fueron interrumpidas cruelmente. La puerta de la habitación se abrió de golpe. Y un joven rubio apareció.
—¡Susan! —La mujer que descansaba en su pecho, al instante se separó de él cubriéndose con las sábanas hasta el cuello. Peter se encontraba contrariado. Había llegado a su casa y lo primero que vio fue el vidrio de la puerta roto y su impresión fue que un ladrón había incurrido en su hogar. La puerta estaba sin seguro por lo que supuso que el delincuente seguiría dentro. Buscó sigilosamente por todas las habitaciones sin rastro del individuo. Jamás pensó lo que se iba encontrar en el cuarto de su hermana; mil veces hubiera preferido enfrentarse cara a cara con el ladrón que haber presenciado aquella escena.
Harry se quedó hecho piedra, el joven los miraba con enojo pero al mismo tiempo, se le figuró detectar un toque de diversión en su mirada.
—¡Peter, fuera de aquí! —exclamó la mujer mientras se aferraba fuertemente a las sábanas para taparse el cuerpo desnudo. Su hermano inspeccionó con la mirada a Harry por unos segundos más antes de salir de la habitación, cerrando la puerta detrás.
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Era él. El maldito que estaba enredado en las sábanas con su hermana era Harry, estaba totalmente seguro. Bajaba las escaleras rumbo a la cocina. Se sentía emocionado y a la vez una ola de coraje lo embriagaba. Debía asegurarse que ese tipo en verdad era quien Peter pensaba que era, no podía hacer su siguiente movimiento sin asegurarse de eso.
Espero a que la pareja bajara para poder enfrentarse a ellos. No pasaron ni quince minutos cuando los pasos bajando las escaleras fueron escuchados por Peter. Antes de que salieran de la casa, los interceptó en el recibidor, justo donde se encontraban los pedazos de los vidrios rotos en el suelo.
—¡Susan! ¿No vas a presentarme a tu amigo? —se acercó a ellos de un modo natural, en verdad no se sentía molesto por lo que su hermana hubiera decidido dejarse hacer por aquel hombre; ella era lo suficientemente mayor para hacer lo que quisiera. Pero ese hombre, estaba metiéndose con dos de las mujeres que más le importaban, y eso, le cabreaba de sobremanera.
Susan dio un suspiro de resignación, su idea era sacar a Harry de la casa sin dar ninguna explicación a Peter, pero su hermano no se lo dejaría tan sencillo.
—Él es Harry, Harry éste es mi hermano Peter. Que bueno que al fin se conocen, pero Harry ya se va— empujaba al moreno hacía la puerta pero su hermano no los dejó pasar. Al contrario, le tendió la mano sin dejar de sonreír.
—Mucho gusto, Harry —éste le contestó el saludo con el gesto serio—. No sabía que Susan tenía novio, no lo habías mencionado.
—Creo que eso no te incumbe, Peter.
Tomo a Harry por el brazo para poder pasar hacia la puerta pero el rubio seguía sin moverse. Susan lo fulminó con la mirada, pero Peter ni parpadeó.
—Creí que eras mas inteligente, Susan. Este tipo todavía tiene novia y no se molesta en terminar con ella para así poder venir a acostarse contigo ¿Creen que Ginny se lo merece? —la ira se reflejaba en la mirada de Peter; mientras más hablaba, más coraje sentía.
Para Susan fue como recibir un golpe de agua fría justo en el rostro, ¿cómo diablos su hermano sabía que Harry era novio de Ginny? Y porque se lo tomaba tan a pecho, usualmente era él el que se metía con mujeres no importando el estado civil que tenían.
—Es complicado, hermano —fue lo único que pudo decir. No se atrevía a mirarlo a los ojos. Harry vio como se ponía Susan al escuchar a Peter. Y como acto de apoyo, tomó su mano entre la suya y la miró a los ojos dedicándole una sonrisa sincera. Funcionó para la chica, la cual se ruborizó con el gesto del moreno.
Peter los observaba, miraba la unión de sus manos y como se sostenían las miradas. Si su intuición no fallaba, éstos dos se traían algo más que un simple acostón. Sabía que en verdad su hermana era muy inteligente, no tenía porque habérselo cuestionado anteriormente, simplemente lo hizo para molestarla; su hermana no iría a meterse con alguien si en verdad no fuera importante.
En ese instante, Peter vio más allá de este encuentro, y se dio cuenta de cuánto lo beneficiaba a él. Porque si Harry engañaba a Ginny, él ya no planeaba resistirse más a la pelirroja.
—Creo que tienes razón, Susan. Esto no me incumbe- los miraba, pero esta vez una alegría lo invadía más no podía dejar que ellos se dieran cuenta por lo que su cara seguía siendo fría y seria —Pero te advierto, Harry; no puedes estar con mi hermana si sigues estando con Ginny, se un hombre y termina con ella.
"Terminar", esa palabra la repitió varias veces en su mente, tal vez se oyera mal pero esto pudiera hacer que, por fin, Ginny fuera libre solo para él.
—Señores, me retiro, tengo algo importante que hacer. Harry no te vayas, dale de cenar o algo Susan.
Sin decir nada más. Abrió la puerta y salió por ella. La pareja se miró extrañada, Peter se había ido muy animado y al final ni le había dado importancia al mal ejemplo que había dado Susan.
Ahora que Peter se había ido, ya no había necesidad de que Harry se fuera.
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Condujo por toda la carretera lo más rápido posible, el sol había desaparecido por completo, esperaba encontrarla antes de que se durmiera y deseaba que ya no hubiera gente en la madriguera. Necesitaba verla, requería verla.
Justo como había pedido, la cafetería ya estaba a oscuras y ya no había gente en la fiesta. Todo se veía muy tranquilo. Se estacionó justo frente a la cafetería, pero el gran barandal que daba el acceso a la casa de los Weasley estaba cerrado. Sin pensárselo dos veces, escaló la estructura de hierro y saltó adentro de la madriguera.
Todo estaba en silencio, pudo distinguir que algunas habitaciones de la casa seguían con la luz encendida, por lo que todavía había gente despierta dentro de la casa de Ginny.
Peter no sabía cuál de todas esas ventanas correspondía a la habitación de la pelirroja, no quería ser descubierto y ser juzgado por allanamiento, por lo que sacó su celular y marcó, esperando que la chica Weasley le contestara.
—Bueno.
—Hola preciosa ¿Estás en tu casa?
—¡Peter! Así es, estoy terminando de bañarme para dormir. ¿Tú que haces?
—Te extraño —Peter miraba esperanzado a todas las ventanas que se encontraban con las luces encendidas —Tanto que necesito abrazarte, y si me permites, besarte.
Ginny contuvo el aliento, las palabras de ese hombre siempre la hacían temblar, ella siempre fue una mujer fuerte que no se dejaba enloquecer tan fácilmente por unas lindas palabras de un hombre, pero ante Peter ella no podía poner resistencia.
—Con gusto te besaría Peter ¿Sabes cuánto lo deseo?
—Entonces ven.
—¿A Londres? Te recuerdo que estoy a cuarenta minutos de ti.
—¿Por qué no te asomas por la ventana?
No lo podía creer, ¿Acaso estaba ahí? Como si la vida le dependiera de ello, corrió hacia su ventana y ahí lo vio. Plantado al pie de su casa. Peter al verla sintió un gran alivio, su perfecta sonrisa se hizo presente logrando de Ginny se derritiera aún más. Lo aceptaba, sus fortalezas se caían cada que veía a ese hombre.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste a mi casa? —le preguntaba aun manteniendo el celular en su oído.
—Soy un ser con muchas habilidades, preciosa. ¿Por qué no bajas? Así me dejas besarte.
Colgó la llamada, Ginny volvió a cerrar su ventana y se dispuso a bajar. ¿Lo besaría? Esa inquietante pregunta se le formulaba en la mente mientras bajaba las escaleras, no quería hacerle eso a Harry, pero para ser honestos; Ginny no quería pensar en Harry y en las consecuencias de sus malos actos. Por lo que decidida abrió la puerta de su hogar y salió al encuentro con Peter.
Él la esperaba ansioso, guardaba sus manos dentro de los bolsillos de su chaqueta, pero al verla aproximarse dejó sus manos libres para recibirla con gusto.
Ginny iba presurosa hacia él, al tenerlo a pocos centímetros de distancia se abalanzó con todo el entusiasmo que la invadía haciendo que Peter se tambaleara un poco. Se miraron, Ginny le rodeo el cuello con sus brazos. Era sumamente más alto que ella por lo que Peter tuvo que agachar su cabeza para apreciarla mejor. La tenía ahí justo frente a él, trato de guardar cada detalle de su rostro, no sabía que ese momento llegaría tan pronto y quería rememorarlo por siempre.
No quiso perder más el tiempo, se inclinó un poco más y por fin: la besaba. Ese beso tan esperado por ambos, tantas noches soñando con ella y jamás pensó que los besos serían tan buenos como el que Ginny le estaba brindando. La apretó con fuerza por la esbelta cintura. Sus latidos comenzaban a aumentar al igual que el frenesí del beso. Ginny dio un leve tirón al cabello de Peter logrando que éste apretara más su cuerpo contra el suyo.
Lograr detenerse sería una tarea muy complicada, pero Peter sabía que si se atrevía a seguir con ese goce, le haría de todo a Ginny ahí mismo. Pero eso haría que la pelirroja se sintiera mal por Harry, por no querer ser una mujer infiel y herirlo. Si tan solo supiera lo que Harry había hecho esa misma tarde, pero él no era el indicado para ir e informarle todo aquello, confiaba en que el aun novio de Ginny actuara como hombre y la dejara libre para él de una buena vez y así poder hacerle todo lo que se le venía ocurriendo desde hace varias noches.
—Hay que parar, hermosa —entre beso y beso fue diciendo todo aquello, hasta que al fin pudieron detenerse. Esa sensación de saciedad los llenaba. Haberse besado fue sumamente placentero, y eso que solo había sido un beso.
—¿Pero qué estoy haciendo? —susurraba Ginny aun con sus brazos aferrados al cuello de Peter.
—No te vuelvas loca. Pronto no estarás haciendo nada malo.
El rubio estaba que se desbordaba por dentro, toda la información que él poseía era la llave para poder tener a Ginny. Tendría que esperar. Lo bueno debe esperar.
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La idea que Draco le había brindado, había sido el detonante para salir de su habitación y dejar de lado la depresión. Lo primero que hizo aquel lunes fue ir al hospital. Había faltado a dos citas y sus doctor la reprendió, a lo que ella prometió jamás volver a faltar.
Pensar en la clase de negocio en la que la había convertido su padre la hacía rabiar, pero debía responderle de una forma inteligente; sin meterse debajo de la cama a sentirse un saco de cáncer inútil. Ella era mucho más que eso, mucho más que su propio padre.
Ya por la tarde, se reuniría con Draco en una cafetería del centro. Tenían que ver cómo es que llevarían a cabo su estafa. No sería nada fácil, pero cualquier cosa que no beneficiara a sus respectivos padres era gran ganancia.
Entró a la cafetería, observó las mesas y aún no había rastro de Draco. Por lo que que decidió sentarse, pediría un café en lo que su amigo llegaba. Aún no le llevaban el café a su mesa cuando el rubio apareció.
—Hola Astoria —la saludó con un beso en la mejilla y se sentó frente a ella —, he de confesarte que toda la noche he estado pensando en nuestro plan y no se me ocurre nada. Estoy en blanco.
—Ya somos dos, por eso invité hoy a alguién más.
—¿Qué? ¿A quíen?
—En unos minutos lo conocerás. Es el contador de la familia, pero no solo eso, escucha todo mi padre le confía muchas cosas, por eso creí que era primordial tenerlo de nuestro lado.
—¿Cómo puedes estar segura que no irá a soltar toda la sopa con tu padre?— a Draco para nada le agradaba la idea. Era muy arriesgado meter a alguien tan apegado al señor Greengrass a su mal elaborado plan.
—A el le confiaría todo —contestó con decisión. Sabía que no podía confiar en cualquiera, pero para nada dudada de ese hombre —mira ya llegó.
Miraban hacia la entrada de la cafetería, un joven apuesto entraba justo en ese momento. Llevaba puesto un traje gris que lo hacia ver tan sofisticado, pero su rostro delataba una humildad infinita, tenía un rostro perfecto y un cabello oscuro algo despeinado, pero justamente en él se veía perfecto, encontró con la mirada a Astoria y gustoso se dirigió a ella.
—¡Qué bueno verte! —el joven se acercó radiante a saludarla, a lo que Astoria se levantó de su asiento para darle un gran abrazo.
—Lo mismo digo, Neville. Las quimioterapias no son lo mismo sin ti.
A Draco todo aquel intercambio de palabras le causó un poco de repulsión. Ese tipo delgaducho planeaba impresionar a Astoria con su gran carisma ¡al diablo con eso! Lo que menos necesitaban ahora era un tipo irradiando alegría, necesitaban a alguien profesional.
—Draco, él es Neville Longbottom. Neville él es mi amigo Draco Malfoy.
—¿Malfoy? He escuchado mucho de tu padre, se mueve mucho por las cuentas de Greengrass.
—No lo dudo —aceptó el rubio mientras se estrechaban la mano. Tomaron asiento, el mesero volvía con el café para Astoria por lo que aprovecharon para pedir otros dos mas —. Dime Longbottom ¿Cómo nos ayudarás a estafar a tu propio jefe?
—De la misma forma que tu a tu propio padre —atinó el joven contador. No había pasado desapercibido el tono con el que el rubio le había hablado, los tipos como él los veía todos los días, esos tratos para nada lo intimidaban.
—Entonces ilustranos —retaba Draco. Astoria notaba el comportamiento de Draco y en cierto modo le daba gracia que su amigo se sintiera así solo por la presencia de Neville. Era un celoso arrogante. Volteó a ver al contador, sabía que lo que tendría que decir callaría las dudas de Malfoy.
—El señor Greengrass está repleto de faltas, y estoy seguro que Lucius está igual o peor. Pero no podemos atarcarlos por ese medio —agregó —, Lucius tiene a mucha gente de su lado, tantos que no podemos meterlo a la cárcel, o acusarlo de fraude. No podemos hacer nada contra él.
—Gran ayuda eres, eh Longbottom —señaló arrogantemente el rubio.
—Si quieres que te pateen el trasero, adelante intenta eso contra tu padre. Estoy seguro que piensas igual que yo —se defendió Neville —. Sólo necesitan asegurarse de que las ganancias de esos hombre se vayan al drenaje, Y nadie mejor que ustedes para eso.
—¿A qué te refieres Nev?— esta vez, fue Astoria la que lo interrumpió —, tu bien lo has dicho, nuestros padres son intocables.
—Por alguien como yo no pueden ser tocados. Pero ustedes pueden hacer cualquier cosa. Les explico —continuó al ver la cara de desconcierto de los chicos —, a ustedes les pidieron casarse, ni te alarmes Draco, Astoria me cuenta todo. Eso es lo que deben de hacer, casarse. Para que pasen las ganancias de una familia a otra, primero deben de ser suyas. Y cuando eso suceda podrán negarse a pasar ese dinero. Deben disimular que se están enamorando, que harán cualquier cosa por ellos.
Draco jamás admitiría que todo lo que salía de la boca de ese tipo era pura genialidad.
—Ellos creerán que todo les está saliendo de maravilla, pero mientras tanto, nos encargamos de desaparecer su dinero —concluyó Astoria que sonreía a Neville.
—Así que, ahora sólo necesitan a un buen abogado para que los asesore y los defienda si es necesario —agregó Neville.
—Conozco al indicado —se apresuró a contar Astoria —, pero tampoco te gustará Draco.
El rubio sonrió con desgana, si en otras circunstancias fuera, estaría seguro que Astoria le hacía todo aquello a propósito.
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Aquel martes, se presentó a Sortilegios Weasley para cumplir con su primer día de trabajo. Se sentía tan aliviada de que la hubiera dejado trabajar por las tardes, pero no lo decía por los gemelos Weasley; sino más bien por su hermana Susan. Cuando le expuso la idea de que iba a trabajar en una tienda de artículos de broma ubicada en el centro, no se vio para nada convencida, incluso le comentó que ella no requería un trabajo pues tenía todo lo necesario.
Finalmente llegaron a un acuerdo, Lucy jamás sacaría una calificación más baja que un 9 o por lo contrario, ya no podría presentarse a laborar. Lo creía justo, y aceptó.
Justo al salir del colegio, se dirigió al centro. Pudo ver el local que la esperaba. No podía evitar sentirse nerviosa. Vería a Ron después de haberlo visto comerse a otra chica justo en sus narices. Pero prefería olvidar eso, ya que Ron no tenía ni la remota idea de que ella moría por él.
Ingresó al establecimiento, encontrándose con Fred que le indicó cuáles serían sus funciones en la tienda y cuánto le pagarían.
—Pero, todo esto lo hacen para ayudarme con Ron. No es justo que me paguen —argumentaba.
—Cierto, pero si trabajas aquí, es justo que te paguemos —Fred la condujo a la parte de atrás, donde había muchas cajas para abrir que contenían los artículos recién llegados —. Sólo debes sacar los artículos, apuntar cuántos son y revisar que no estén rotos. Lo apuntas aquí —le extendió un sujetapapeles y una pluma —, y cuando termines vas y se lo dejas a George.
Ginny vio que era muy sencillo lo que debía hacer. Lo difícil vendría cuando Ron llegara. Le explicaron que Ron se encargaba de descargar las cajas del camión que llegaría en 20 minutos. Por lo que la espera le estaba matando el estómago de tantos nervios que se sentía.
Se encontraba hincada frente a una gran caja, haciendo el conteo de unos artefactos que daban toques. No pasaron ni unos cuantos minutos, cuando la cortina de hierro era subida por un fuerte pelirrojo para darle paso al camión que iba a descargar.
La mirada de Lucy se perdió en los grandes brazos de Ron. ¿Cómo era posible que fuera tan atractivo a sus ojos, si él ni siquiera la hacía en su mundo?
—¡Todo de reversa, Dean! —el joven indicaba con señas al chofer que siguiera retrocediendo —¡Hasta ahí amigo!
El camión se detuvo y Ron avanzó hacia las puertas traseras de éste para comenzar a bajar mercancía. Lo hacía de una manera tan sencilla; subir al camión y cargar hasta dos enormes cajas a la vez. Lucy estaba encantada. Si tan solo Susan supiera la verdadera razón para haber entrado a trabajar ahí, iría por ella de las orejas para alejarla lo más posible de ahí.
—¿Necesitas ayuda? —no supo en qué momento se levantó y caminó hasta el camión, pero ahí se encontraba ella; de pie ante la majestuosidad de Ron —. Hola, soy Lucy es mi primer día de trabajo.
Por mas que intentará sonar amigable, a esto a Ron parecía no importarle.
—Hola, son cosas muy pesadas no creo que puedas con ellas.
—Oh, sí, está bien.
Y tal y como llegó, se alejó del pelirrojo decepcionada. Era siempre tan complicado hablar con él. Incluso comenzaba a pensar que él sólo le hacía caso a una mujer cuando planeaba acostarse con ella.
La idea le causaba repulsión.
Pero la ira desaparecía cada que lo miraba, bastaba con apreciarlo detenidamente para recordarle a su corazón que moría por él. El chico que conoció el día de la fiesta, ahora no estaba, ahora actuaba torpe y con pereza; ese era su Ron, del que se había enamorado nada mas con verlo actuar en la tienda. Suspiró resignada, haberse fijado en aquel pelirrojo tal vez fue su peor idea, pero ya no había vuelta atrás estaba enamorado.
Más tarde, los gemelos intuyeron que no había sido un día con muchos avances para Lucy con respecto a Ron. Por lo que le pidieron al pelirrojo que llevara a Lucy a acompañarlo por la mercancía que llegaría aquella tarde.
—¿Por qué tiene que ir conmigo? —les preguntó Ron, por suerte Lucy no se encontraba cerca —, no es su área, su lugar es estar aquí en la tienda.
—No seas un pesado, Ron. Lucy necesita conocer todos los procesos de la tienda, desde su recepción hasta la atención al cliente —George se escuchaba tan convincente al decir aquellas palabras, ni siquiera Fred podría haber sonado tan serio.
—Así es hermanito, ve y comparte todos tus apreciables conocimientos —agregó Fred tratando de mantener la misma seriedad que su hermano.
Fue así como Lucy logró estar a solas con Ron en el camión de mercancía de Sortilegios Weasley, El pelirrojo manejaba, pero no articulaba ninguna palabra. La chica sabía que no debía desesperarse. Comprendía que Ron sería un reto complicado.
—¿Dónde recoges la mercancía? —se animó a preguntar. Tenía que hacerlo hablar con ella.
—Iremos al almacén de Dean, mis hermanos y él alojan ahí todos sus productos.
—¿Tus hermanos los fabrican?
—La mayoría.
Y no dijo más. Lucy no sabía qué decir, si no eran cosas de trabajo ¿De qué más podrían hablar?
—¿Conoces a The Killers? —la pregunta que le hizo Ron la sorprendió. No creía que aquella pregunta proviniera de él, pero así lo fue.
—¿Es una banda?
—¡Es la mejor banda! Esta es una canción de ellos, escucha —Ron subió el volumen para que apreciara la buena música que salía del estereo. A Lucy le pareció que el pelirrojo se había relajado al haber hablado de su banda favorita.
—Jamás los había escuchado, suenan genial.
—Debes escucharlos, son magníficos. Habrá un concierto de ellos a finales de este mes, estoy ahorrando para poder conseguir una entrada.
A cada oración, podía notar como se emocionaba. Y verlo así la derretía.
—Espero que sí consigas comprar tu boleto Ron. Te la pasarás muy bien.
El pelirrojo asintió ante el comentario de Lucy. Le agradaba que lo escucharan atentamente sobre sus gustos o cualquier otra cosa que él hablara.
—Toma —sacó varios Cd´s de la guantera y se los extendió para que los tomara —, para que vayas conociendo todas sus canciones, los amarás. Y si terminas aprendiéndote la mayoría, te llevaré al concierto.
Creía que iba a hiperventilarse ahí mismo. No creía lo que Ron le había dicho, miró al pelirrojo asombrada, era insólito que sólo unos minutos atrás quisiera ignorarla a toda costa y ahora ya la había invitado a un concierto "¡Relájate Lucy, es solo como amigos!", se repetía mentalmente.
Debía aprovechar las oportunidades, estos pequeños espacios de suerte.
