¡Hola!
Pues aquí está el siguiente capítulo de esta historia, en el que se aclaran muchas cosas pero también pasan otras que serán importantes para el desarrollo del fanfic.
Espero que lo disfruten mucho. :)
11
Esa semana había sido muy incómoda, Sasuke y Luna hablaban, pero con un respeto tal que demostraban que seguían molestos el uno con el otro. Ron y Hermione no hablaban, aunque Hermione no había dicho la causa de su enojo Harry sabía que era por lo sucedido con Luna. Ron y Luna habían tenido una charla bastante sería sobre su situación y aunque al principio casi no decían palabra alguna, al final ambos dijeron que querían estar juntos sin importar lo que podrían decir los demás, y así lo hicieron. Sasuke y Sakura hicieron público su noviazgo, pero el chico no se veía muy entusiasmado por ello. Y, ya que Ron estaba todo el tiempo con Luna, y Hermione evitaba cualquier contacto humano, Harry pasó todo el tiempo que tenía con Ginny.
El sábado había llegado, y, con él, el baile de Halloween.
Luna se miró al espejo, estaba irreconocible; Ginny, la hermana de Ron, le había conseguido el disfraz y la había maquillado, dio dos pasos hacia atrás y se miró una vez más.
Su cabello negro estaba amarrado detrás de su cabeza con un moño negro, en su cuello llevaba una mascada negra, tenía guantes y un vestido sin mangas, ajustado en el busto y suelto de la falda, todo negro.
- Perfecto –La pelirroja sonrió orgullosa de su trabajo, Luna la volteó a ver, se veía muy hermosa.
Su cabello rojo lo llevaba chino, largo; traía un vestido rosa claro con una sola manga y muy corto, sin espalda; unas mallas blancas cubrían sus piernas hasta llegar a unos zapatos verdes y unas alas pegadas en la espalda.
- Soy un hada –Le había dicho horas atrás.
- Un ¿Qué?
- Un hada, tu sabes, pequeñas personas con alas que viven en los bosques.
- Ah…
Se volvió a ver en el espejo, casi no parecía ella. Tenía miedo de ir al Gran Comedor para el baile, ni Sayuri ni Mew irían, nunca había hecho nada sin ellas.
- ¿Vamos?
Se encontrarían con Harry y Ron afuera del Gran Comedor, los pasillos estaban abarrotados de gente disfrazada de todas las cosas imaginables, había disfraces muy hermosos y otros muy atemorizantes. Al fin llegaron a las puertas del Gran Comedor, y, tal como lo planearon ahí estaban los chicos. Harry traía unos pantalones pescadores negros y ajustados, con una cinta roja alrededor de la cintura, un paliacate en la cabeza, un parche en el ojo y el pecho descubierto: era un pirata. Por el contrario, Ron llevaba un traje azul marino, pantalones y saco, guantes blancos, medallas de guerra colgadas y una espada… un príncipe.
- Y usted será mi doncella –Le había susurrado al oído antes de tomarla del brazo y entrar detrás de Harry y Ginny al Gran Comedor.
Cruzó el retrato de la Señora Gorda, la Sala Común estaba vacía, era viernes por la noche. Todos se preparaban para el baile del día siguiente.
Sin embargo, en un sillón junto a la chimenea estaba una pelirroja sentada, esperándola.
- Creí que nunca llegarías –Le dijo, sin levantarse, sin voltear a verla siquiera.
- Sin embargo, aquí estoy… -Respondió de mala gana- Y si no te importa, Ginny, me voy a la cama.
- De hecho, si me importa, Hermione –Al fin se levantó- He intentado hablar contigo.
- No tengo nada de que hablar.
- Si lo tienes, y lo sabes. No debes dejar que lo que pasó con Luna arruine tu relación con mi hermano.
- ¿Qué tiene que ver Luna?
- Tiene TODO que ver, y lo sabes.
- No, Ginny, no entiendes lo que pasa entre nosotros, y no trates de hacerlo.
- ¡Claro que lo sé! Todos lo saben, tu estas enamorada de él… y el también te amaba… pero algo pasó y todo acabó así.
- Y todo acabó así –Repitió Hermione, poniendo un especial énfasis en la palabra "acabó". Sin decir nada más, subió a su habitación.
Se acostó en su cama, estaba agotada: la escuela, sus amigos, todo… la tenían harta, cansada, casi muerta; pero la consolaba saber que al día siguiente conocería a Iswed.
"..Mi Iswed..."
Había hablado todos los días con él desde que lo conoció por accidente en la biblioteca; era un chico sencillo, gracioso, muy tierno, la comprendía de una manera increíble y deseaba conocerla, saber quién era. Pero por el momento, eso habría de esperar, era hora de dormir.
De pronto, todo se volvió negro, y al mismo tiempo estaba lleno de colores. Se escuchaba el eco de su voz sin que hubiera pronunciado ninguna palabra. La luna plateada e invisible iluminaba un lago negro lleno de llamas cristalinas. Nieve blanca caía a su alrededor dejando un rastro de nada más que sus lagrimas ahogándola poco a poco hasta desbordarse en la infinidad del vacío.
Nada de esto tendría sentido para nadie, ni siquiera para ella, pero su corazón la dominaba, y pronto entendería que la cosa más irracional debía aceptarse si quería ser feliz, pues no importaba el pasado ni el futuro, sólo lo que vivía en ese momento.
Se puso el antifaz y se miró una vez más al espejo. Se sentía listo, seguro, o eso quería creer, ya que internamente estaba muriendo de nervios por conocer a la chica misteriosa cuyo recuerdo lo había obsesionado durante el día y acosado por la noche.
Cruzó pasillos y escaleras hasta llegar a las puertas del Gran Comedor y lo cruzó, miró a su alrededor. Las cuatro mesas de las casas habían desaparecido, sólo quedaba la de profesores, que estaba llena de telarañas. Troles animados de juguete custodiaban la entrada principal y la pequeña puerta escondida detrás de la mesa de profesores. Las ventanas tenían un encantamiento para que pareciera que estaban rotas. La luna llena atravesaba el cielo y proyectaba su luz dentro del Comedor, justo detrás de la banda que habían contratado para la noche.
Se vio reflejado en un espejo roto por la mitad, llevaba una capa negra que no dejaba ver ni sus pantalones ni su camisa negra, un antifaz también negro que tapaba casi completamente su rostro, sólo dejando ver sus ojos y su barbilla, sobre la cabeza traía puesto un sombrero de copa. Sacó la mano de su capa y checó el reloj una vez más, eran apenas las diez, faltaba una hora todavía para que apareciera.
Harry tomó por el brazo a Ginny y entró en el Gran Comedor, "Te ves hermosa" le había susurrado, ella se sonrojó.
Ya estaba completamente lleno de gente bailando al ritmo de una música contagiosa y alegre. La llevó al centro de la pista de baile, justo detrás de Luna y Ron.
- No veo a Hermione –Le dijo Ginny después de varios minutos- ¿Y tú?
- No –Harry volteó a todos lados, pero no podía verla- Seguramente está en la Sala Común o en la biblioteca.
- ¿Por qué no te importa?
- Claro que me…
- Hola Ginny –Dean Thomas, con un disfraz de trol, que a Harry le pareció ridículo, se acercó a saludar.
- Dean –La pelirroja sonrió y lo abrazó- ¿Cómo estás?
- Muy bien, nos vemos después –Y Dean Thomas se fue.
- ¿Qué pasa? –Preguntó Ginny al notar un gesto de desagrado en la cara de Harry.
- Nada… sólo que… ¿Por qué le sigues hablando?
- Es mi amigo…
- No es tu amigo, es tu ex novio…
- Ya hemos tenido esta conversación, Harry –Dijo la chica un poco desesperada- Olvídalo ya.
- No seas terca ¡El sólo quiere volver contigo!
- ¿Terca yo? ¡Tú eres el que no quiere escucharme! –Ginny suspiró tratando de calmarse- ¿Sabes qué? Cuando madures y te quieras dar cuenta de las cosas… me buscas…
Ginny se perdió en un instante entre la multitud, dejando a Harry parado en medio de la pista. Resoplando y maldiciendo internamente salió del Gran Comedor. Decidió dar una vuelta por los jardines para calmarse y regresar a hablar con Ginny.
Desde los jardines se escuchaba la música, no le llegaba más luz que aquella que salía de las lejanas ventanas del castillo y la de su varita iluminando el camino que la llevaría hacia el lago.
Miró sus zapatos negros contrastando con el plateado de la luna que se reflejaba en el agua que se mecía hacia adelante y hacia atrás con esa majestuosidad solamente suya.
Sus ojos se fueron instintivamente al castillo, aquella fiesta a la que se supone que iría… tal vez después, no se sentía con las ganas.
Se sentó junto al lago y escuchó cómo iba tronando su vestido al momento en que se arrugaba, el agua lo mojó un poco, no le importó.
Se paralizó al estar frente a las puertas de los dormitorios de las chicas, ya no quería ir, le daba miedo, ¿Y si ella no le gustaba?
Se armó de valor y salió, sus tacones resonaban en la fría piedra que cubría el piso, su vestido era ajustado hasta la cadera con la falda suelta hasta arriba de sus rodillas, con un escote discreto en el pecho, mucho más pronunciado en la espalda, su cabello normalmente con rulos ahora estaba más lacio que una cortina de agua.
Llegando a la Escalinata de Piedra se escondió tras una estatua y asomó su cabeza, ahí estaba, junto a las puertas de roble, erguido, con una rosa en la mano.
Bajó las escaleras, cual película romántica, con la falda de su vestido bailando al ritmo de sus piernas, sin despegar la mirada de sus ojos llegó al pie de las escaleras, donde él ya la esperaba.
- Hermione Granger –Dijo él, en un susurro.
Esa voz, la conocía, estaba segura… sin embargo, deseando equivocarse quitó lentamente el antifaz que cubría su rostro, pero no se había equivocado. Esos cabellos platinos y sus ojos grises, los labios delgados y la cara alargada…
Salió del Gran Comedor tan enojado que ni siquiera escuchó a Ron llamándolo, cruzando las puertas se quitó el parche y el paliacate, estaba vacío afuera, excepto por un chico que parecía estar esperando a alguien, no le hizo caso y siguió con su camino hacia los jardines.
A lo lejos vio la cabaña de Hagrid, no tenía luz y no salía humo de la chimenea: debía estar en el baile, como todos los demás. "Mejor" Pensó "Así nadie me molestará". Mientras más se alejaba del castillo la música se escuchaba menos, mientras que el sonido del pasto crujiendo bajo sus pies era cada vez más notorio.
Al llegar a la orilla del lago se sacó las botas y se sentó con los pies en el agua, a lo lejos vio una figura sentada también a la orilla del lago, instintivamente sacó la varita, pero aquella figura ni siquiera pareció darse cuenta de la presencia de Harry.
El chico, poniéndole más atención pudo notar que iba disfrazada también, un vestido negro, unas botas negras y un antifaz mitad blanco mitad negro. Su cabello era rubio con algunos mechones rosas y otros negros, tan largo que se perdía en la parte más baja de su espalda; por el antifaz se asomaban unos ojos tan azules que brillaban por sí mismos.
- No fuiste al baile tampoco, eh? –Dijo él, lo suficientemente fuerte para que la chica escuchara, ella volteó y negó con la cabeza, era toda la respuesta que obtendría, no sabía por qué, pero tenía que hacerla hablar, muchas cosas dependían de ello- Soy Harry Potter, ¿Cuál es tu nombre?
- Emily Peimbert –Dijo antes de voltearse, Harry se levantó de donde estaba y se paró junto a la chica.
- ¿Puedo sentarme? –Preguntó.
- Claro…
- ¿Por qué no estás en el baile? –Preguntó el chico.
- No tenía ganas… ¿Tu qué haces aquí?
- Pelea con mi novia. Necesitaba calmarme.
- ¿Y ya estás calmado?
- Si…
- Que rápido… -Murmuró Emily para quedarse callada de nuevo.
- No hablas mucho ¿verdad? –La chica ignoró su pregunta.
- Con que Harry Potter, ¿No es muy difícil ser tú?
- Un poco –Se extrañó.
- ¿No preferirías ser alguien más?
- No lo sé, nunca he sido alguien más…
- Tienes un buen punto –Emily, por primera vez en esa noche, sonrió.
- Malfoy…
El antifaz negro resbaló por la mano de Hermione hasta llegar al piso; la música salía fuertemente del Gran Comedor, pero ninguno de los dos le prestaba atención, ni siquiera la escuchaban.
- Hermione –Repitió el.
- Soy Granger, para ti –Ella hizo el ademán de voltearse, pero Malfoy fue más rápido y la tomó fuertemente del brazo.
- Espera, ¿A dónde vas? –Preguntó suavemente.
- ¡No me toques! –Hermione se soltó del agarre del rubio- No te importa a donde vaya… no quiero estar cerca de ti. Tu simple existencia me repugna.
- ¿Cómo puedes decir eso? ¡Tú me conoces! ¡Tú sabes cómo soy!
- ¿Lo sé? ¡¿En verdad lo sé? Todo lo que se de ti es que eres un asqueroso mortifago…
Hermione se agachó a levantar el antifaz que había resbalado de su mano instantes antes, y se lo aventó con todas las fuerzas de las que se sintió capaz, Draco se agachó a levantarlo y cuando alzó la mirada ya no estaba. Se tomó la cabeza con desesperación, de todas las chicas del castillo tenía que ser ella, ¡justamente ella!, comenzó a caminar hacia el jardín, necesitaba aire fresco, pero justamente enfrente de las puertas de roble se detuvo, el idiota de Potter había salido unos instantes antes y no tenía nada de ganas de verlo en ese preciso momento.
Tenía que pensar en algo, no podía dejar las cosas así, no le importaba que fuera Granger, que no debiera hablarle y que incluso debiera odiarla… al fin y al cabo esos eran los problemas de su familia y "amigos de la familia", él no era así, era diferente, y ella era su amiga: la primera, la verdadera, la única; porque nadie lo había conocido tan bien como ella, y no dejaría que su nombre ni nada más impidiera su amistad, ¡Al diablo con lo que diría su padre! Era su vida y planeaba vivirla a su manera.
¡Pero era imposible! ¿Cómo hacer para que Granger dejara de lado esa idea? El no era un mortifago, pero pronto lo sería… por ella se negaría ¡¿Pero como hacérselo ver?
- Piensa, piensa –Murmuró dando vueltas en su lugar- Piensa, piensa…
Comenzó a correr tras ella, sabía dónde estaba la Torre de Gryffindor, lo único que tenía que hacer era llegar antes que ella para poder hablarle, subió todas las escaleras y cruzó todos los pasillos que habían entre él y el retrato de la Señora Gorda, corrió como nunca lo había hecho, pero al llegar lo único que vio fue a Hermione cruzando ese retrato.
- ¡NO! –Gritó apretando los puños tanto que los nudillos se le pusieron blancos- ¡NO, NO, NO!
Su oportunidad, la había perdido… pero no planeaba darse por vencido, no tan fácil.
Se acostó en el pasto entre risas y volteó a las ventanas del Gran Comedor: estaban completamente obscuras.
- Pasa muy rápido el tiempo –Comentó Harry.
- ¿Qué dices? –Preguntó Emily sin entender a que se refería exactamente.
- Ya es muy tarde –Harry señaló las ventanas negras en el castillo y después su reloj pulsera- Son casi las dos… no creo que debiéramos estar aquí.
- Supongo que tienes razón.
- Vamos, te acompaño a tu sala común… por cierto… no me has dicho en que casa estás.
- Ravenclaw –Contestó la chica simplemente.
- Bien, me queda cerca.
Y así ambos recorrieron el largo camino hasta el ala oeste del castillo, justo al otro lado de la torre de Gryffindor. La puerta era larga y de madera, tenía un pomo con forma de águila; Emily lo tocó tres veces, el águila cobró vida y comenzó a hablar con voz monótona:
- En un reino en crisis, el rey Magnánimus pretende eliminar a sus tres sabios consejeros, pero les propone un acertijo que si lo resuelven les perdonará la vida. El rey coloca a los tres sabios en fila india. - "Dispongo de cinco sombreros, tres blancos y dos negros. Os colocaré a cada uno de vosotros uno de estos sombreros en lo alto de vuestra cabeza, de manera que seréis capaces de ver el sombrero que lleva el que está enfrente vuestro pero no el vuestro (de modo que el último sabio de la fila ve a los otros dos, el segundo sabio solo ve al primero y el primer sabio no ve a ninguno de los otros sabios). El juego consiste en que debéis de adivinar lo antes posible el color del sombrero que lleváis y justificar como lo habéis adivinado. Pero si uno de vosotros se equivoca, moriréis los tres" - dijo el Rey. Entonces el Rey colocó a cada uno de los tres uno de los sombreros blancos y guardó los dos negros. Empezó preguntando al último de la fila que no respondió nada. Continuó preguntando al segundo que tampoco respondió. Y cuando le tocó al primero, éste respondió: - "Majestad, ¡mi sombrero es blanco!" ¿Cómo lo supo?
- ¿Qué pasa? –Preguntó Harry extrañado.
- Tenemos que responder el acertijo para entrar, si no lo hacemos, nos quedaremos aquí hasta que llegue alguien que si pueda resolverlo.
- Bueno, ¿No crees que es muy largo?
- Si, pero no creo que sea muy complicado –Se volvió hacia el pomo de la puerta y pregunto:- ¿Podrías repetirlo por favor? –El pomo volvió a cobrar vida y con la misma voz monótona dijo el largo acertijo de nuevo.
- No tengo ni idea –Dijo Harry después de varios minutos y que el pomo lo hubiera repetido al menos tres veces.
- Creo que yo sí –Respondió la rubia, tomó una gran bocanada de aire y empezó a hablar rápidamente, como si lo hubiera estado ensayando- Pues el primer sabio razonó de esta manera: "Hay tres sombreros blancos y dos negros. Si el tercer sabio hubiera visto en cada uno de nosotros dos los sombreros negros, hubiera dicho: 'Majestad, mi sombrero es blanco'. Como no respondió, significa que tenía dudas. Por lo tanto, hay dos posibilidades:
'1. Vio dos sombreros blancos.
'2. Vio un sombrero blanco y uno negro. –Emily volvió a respirar y continuó hablando- 'Según la primera posibilidad, mi sombrero es blanco. Con la segunda posibilidad, ¿Quién tiene el sombrero negro?
'Si lo tuviera yo, el segundo sabio habría respondido: 'Veo que el primer sabio lleva un sombrero negro. Si el mío fuera también negro, el último sabio hubiera respondido que el suyo era blanco. Por lo tanto el mío es blanco.'
'Pero como no respondió, significa que quedó en la duda. Por lo tanto, mi sombrero es blanco. –Al decir la última palabra, la gran puerta de madera se abrió al instante.
- Eso fue impresionante –Dijo Harry con la boca abierta.
- Gracias –Se ruborizó- Bien, buenas noches.
Y así desapareció tras la puerta de madera, y él comenzó el camino hacia su Sala Común.
¿Qué les pareció? Estoy segura que muchos de ustedes ya sabían quien era el chico misterioso, pero espero que les haya gustado cómo se desarrollo todo. Quise hacerlo un poco más real, por eso Hermione se fue, pero ¿quién sabe si algún día podrá perdonarlo?
Quiero decir otra cosa, ayer cumplió 18 años una muy buena amiga mía así que me tomo la libertad de felicitarla! ¡Te quiero mucho Mariana! :)
Y para los que no sepan o lo hayan olvidado quiero recordarles que me he suscrito como BetaReader puedo ayudarles con historias en español y en inglés, incluso con traducciones, de hecho yo estoy haciendo una traducción al inglés de esta historia, por si prefierel leerla o si quieren pasar a checarla :)
Y como siempre les pido que me den un poco de su tiempo para dejarme un review, con cualquier opinión, porque como he dicho, escribo por ustedes, mis lectores, y sus opiniones son las que me hacen crecer.
Les mando un saludo y ¡hasta el próximo capítulo!
