Fic

La Propuesta

Por Mayra Exitosa

El anillo

En una habitación de un hotel de poca afluencia, Elisa se sentaba en la cama con ambas rodillas unidas al pecho, nerviosa, marcaba el teléfono del hotel, hacia su casa.

- Lo siento, mami. La loca esa se me subió encima de la espalda.

- Tranquila hija, la televisión está anunciando muchas posibilidades, tu padre y yo estamos viendo cómo sacarte de todo este problema, no te preocupes, no salgas, no marques por el celular y déjalo apagado, solo llama a la oficina de tu tío John, ahí me pasaran el recado, por si intervienen nuestros teléfonos.

- Mami, ¡tengo miedo!

- Calma, mi amor. Todo estará bien, mami no te dejara sola.

En el hospital, los médicos corrían de un lado a otro, acababan de llegar los especialistas y la señora Annie Britter ya estaba reaccionando, aun sin instalar todo el equipo que habían mandado solicitar el empresario, William Andrew.

Candy era avisada, se alegraba, pero no se salía de la habitación al corroborar que estaba ahí con Annie, el padre de su hija y gracias a ellos, su hermana había reaccionado.

- ¡Albert! Mi hermanita ya despertó.

- Me alegro, mi vida. Trata de no abrir la puerta, se darán cuenta que desperté y… no quiero recibir a nadie aun. Albert besaba las manos de Candy notándolas frías y temblosas, por lo le habían contado, al emocionarse por la buena noticia.

- Ya le dije al médico que explique a tus familiares la situación y el escucho muy claro, que no permita entrar a nadie aquí, así que… no te preocupes, los guardias que tienes afuera, tampoco dejan entrar a nadie.

- Candy, quiero estar solo contigo.

- También quiero estar aquí, sola, contigo.

- Necesito asearme, mi barba, mis dientes.

- ¡Mi amor! soy tu enfermera, aquí puedo ayudarte, pero no me autorizaron ponerte de pie aun. Así que deja que te acerque todo.

Albert se sentía apenado, pero la dejaba ayudarlo, si bien pudo lavarse solo los dientes, el rasurado ella lo hizo perfecto, le dio un baño de esponja, y ambos se divirtieron en esa fase. Terminando con una enfermera bastante mojada. Pero con varios uniformes listos para continuar cambiándose. Candy había comprado cerca del hospital accesorios para ella y para él, aunque Albert extrañaba sus lociones, Candy le aseguraba que en cuanto se pusiera bien, le dejaría usar loción, aclarándole que lo conveniente es que no oliera muy rico, para que no se le fueran encima sus compañeras, a lo que Albert, se sentía halagado por todos sus comentarios, al no tocar los temas, que había escuchado mientras despertaba en la mañana después de la cirugía y ella lloraba contándole sus preocupaciones.

- Ya quiero salir del hospital.

- Ya te quitaron las puntadas, no has permitido entrar visitas, deberías ir recibiéndolos, me puedo salir y… dejarte a solas.

- No. Ya tendré tiempo para ellos. ¿Cómo se encuentra Annie?

- Por el tiempo que estuvo en coma, se siente con dolores de cabeza y un poco abrumada con la niña, pero Archie no se separa de ellas y…

- ¿y?

- Stear y Paty le pidieron bautizar a… la niña, así que…

- ¿Te molesto?

- No, es que dijiste que deseabas ser su… padrino. No quiero que te hagas ilusiones en falso, yo… realmente no soy de su sangre, solo soy… una huérfana y… Annie tiene apellido, su familia se había distanciado, pero con los Cornwall, ahora están aquí en el hospital, ya les resurgió el amor por ella. Albert recordaba que la familia de Annie, no le había perdonado tener un noviazgo con un tipejo, desconociendo que era Archivald, como su noviazgo lo mantuvieron en secreto, ahora si aceptaban que era un buen hombre. Albert veía en el rostro de Candy cierta tristeza, per cada que él la abrazaba, ella se sentía reconfortada, al menos eso era muy notorio en ella.

- Candy creo que la niña será muy consentida por ellos, además… eso de los padrinos lo deciden los padres, algún día… decidiremos a quienes deseas como padrinos para nuestros hijos.

Ella se sonrojaba y el la abrazaba mimoso, sabía que no habían pedido que fuera, por una parte que ella estaba haciéndose cargo de Albert y eso lo ignoraba Annie, por otro lado, la familia de los Cornwall había llegado y todo eso provocaba muchos movimientos en la habitación. Mientras que Albert, exigía privacidad y que el se reportaría en cuanto estuviera completamente recuperado.

El alta de Albert, fue para irse a su departamento, una noche que no había nadie en la sala de visitas, donde Candy programo todas sus vacaciones para atenderlo y cuidarlo. Sin embargo, Albert se comunicaba todo el tiempo con su personal para ver el estatus de Elisa Legan y lo que menos quería era que Candy se alejara un centímetro de él.

Los Cornwall estaban haciendo estragos con los Legan, a tal grado que la grabación del restaurant fue publicada y se realizo una entrevista directa a Archivald, con su versión de los hechos, empeorando así la posición de Elisa Legan, quien ahora estaba recluida en un hospital de especialidades para alegar locura momentánea y evitar los cargos.

George fue al departamento junto con Samuel, para tomar todos los asuntos que les urgía por parte de Albert, ahí una dama hermosa y bastante sencilla los recibía, eso lo notaba Albert al ver sus vestimentas, logrando así pensar en programar comprarle un guarda ropa actual para su esposa.

- Pasa George, Samuel, que gusto verlos. Samuel de inmediato respondía,

- El gusto es nuestro, amigo, que fuertes se encuentran las noticias últimamente, cayeron todas las cosas que estuvimos salvaguardando. Los Legan ya no tienen un respiro y… tu Tía, está muy molesta por tu ausencia, sobre todo al no permitirle verte, se ha tomado personal el asunto y por una parte ella también tuvo culpabilidad con respecto a Elisa, al permitir inventar un compromiso y provocar todo este problema tan complicado.

- Siento mucho evitarlos, pero tengo mis razones y… la primera es que aun no estamos casados de manera religiosa, Candy y yo, eso será un tema fuerte, sobre todo para mi Tía, que estará más que gustosa de atacarme por ese lado, para evadir su responsabilidad con Elisa.

Candy guardaba silencio, mientras acercaba una jarra de limonada con varios vasos, sin preguntar si deseaban algo, solo lo dejaba en un costado, posteriormente traía otra jarra humeante y la dejaba en otro costado y al finalizar dejaba en el centro de la mesa, dos charolas una de galletas con dulces y en otra canapés con salados. Albert sonriente la detenía, la tomaba de su cintura y besaba su mejilla,

- Gracias mi vida, quédate aquí, no tienes que atendernos.

- No deseaba interrumpir, así que traje las posibilidades para lo que desearan tomar. George sonriente comentaba,

- Muchas gracias, Sra. Andrew, - William ¿deseas que envié servicio de personal?

- No, George, saldremos de viaje, mientras la organizadora de nuestra boda, se hace cargo de todo.

- ¡Organizadora! ¿Organizadora? ¡Organizadora!

- Si, no quiero tener problemas con el asunto de los Legan Vs Los Cornwall, ya que no se han comunicado conmigo y tampoco nos han informado acerca de Annie la hermana de mi esposa, sobre todo después de que se hizo cargo de ella todo el tiempo, suponemos que están muy preocupados por sus asuntos, así que… nosotros nos haremos cargo de los nuestros. Solicite la mejor organizadora de bodas para que se lleve a cabo.

Candy bajaba el rostro apenada, ella había llamado varias veces a Archie y a Annie, pero con su recuperación y la protección que le habían dado, no podían tener acceso a ellos. Albert lo había notado y aunque si se había comunicado con los Cornwall, le daban prioridad al asunto Legal y al problema por el que pasaban, no preguntaban por Candy y eso le incomodaba, así que no tomaban ningún tema, así dejaban el asunto de los Legan en sus manos. Samuel, al notar la seriedad de todo lo que habían pasado, ya no comentaba nada. Se concentraba en los asuntos financieros, mientras los legales y administrativos, los manejaba George.

- Puedo preguntar ¿Para cuándo será su boda?

- En la primavera, nos casaremos y saldremos de viaje, por esa razón necesito dejar todos los asuntos arreglados, quiero que mi esposa conozca el mar. Ella sonreía nerviosa, Albert la abrazaba, orgulloso al hacerlo, George notaba el anillo y preguntaba,

- Señor ¿No le había visto ese anillo?

- Es un regalo de… bodas de mi esposa.

- Que extraño, tiene el logo de los Legan en el centro. Albert no lo había notado, pero a la distancia con el diamante que poseía le daba una mejor vista a George, al quitárselo para observarlo de lejos, notaba que era un escudo de la familia Legan. Candy nerviosa recordaba que ese era el apellido más mencionado por la loca y su familia, asustada temblaban sus manos, sin hacer aclaración alguna. Albert le pedía a George discreción y que investigara respecto al anillo. Al salir, Candy se quedaba en silencio, mirando hacia los ventanales.

- ¿Crees que el padre de la loca esa… sea el dueño de ese anillo?

- Puede haber una posibilidad, pero… no es el único Legan, Candy. Ella giraba a ver el rostro de su amado, quien la abrazaba en cuanto notaba su preocupación y al quedarse solos, se marchaban a su habitación, olvidándose de todo. - Sabes lo mucho que te he extrañado estos días.

- ¡Mentiroso! No me he separado de ti ni un minuto.

- Ah no, pues yo extraño mucho nuestra noche de bodas.

- ¡Albert! Todavía esta reciente tu operación, además… no quería que…

- Ya estoy bien, solo fue un rozón y… créeme te necesito en mis brazos.

- Duermo abrazada a ti.

- Pensaba… en otra clase de abrazos, mi vida. Ella ya no le respondía, el besaba sus manos, haciendo un beso más sugestivo a sus dedos, y dejando a Candy desarmada.

George, investigaba el anillo del padre de Elisa, el lo portaba en todo momento, al ver el árbol genealógico, el hermano de este, se encargaba de otros negocios en Las Vegas y ambos hermanos se habían distanciado, eran los únicos hijos de Raymond Legan. Así al investigar aun más buscaba comunicarse con Harold, el tío de Elisa, quien molesto respondía.

- Mira Johnson, no tengo nada que ver con mi hermano ni su familia, ya saben que nos separamos desde jóvenes y no quiero saber nada de sus asuntos.

- Realmente le llamo porque, creo que encontramos un anillo de su propiedad…

El silencio en la línea telefónica, hizo que George sintiera haber dado en una fibra sensible de Harold. Después de un silencio mortífero, respondía.

- ¿En alguna morgue?

- No. Podría decirme donde perdió usted…

- No lo perdí, lo tenía mi mujer, cuando despareció… ese fue el asunto por el que nos distanciamos mi hermano y yo, él fue el último que vio a mi mujer antes de que desapareciera…

- Le diré al Señor Andrew, que se comunique con usted, para hablar al respecto.

- Dile que… me es… muy importante, saber sobre mi anillo.

- Por supuesto. De hecho, el anillo ahora pertenece al Señor William Andrew.

- ¿Qué?

- Solo puedo decirle eso.

CONTINUARA...


Y vamos por oro capítulo, deseando sea de su agrado, ya que veo a mis amigas muy contentas escribiendo y alborotando a todas con los capítulos de los fics que no hemos actualizado, Dios mediante y nos permita continuar avanzando con estos divinos fics que nos dan una manera tan relajante de continuar leyendo...

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa