11.- Despertar un tanto Confundida.-

Abrí los ojos lentamente, el techo que tenía sobre mi cabeza no era del material del castillo, era de un blanco inmaculado… Punto uno: no estoy en Hogwarts… Punto dos: ¿Por qué diablos me duele todo el cuerpo? Me senté lentamente y con mucha dificultad en la cama, observé detalladamente el lugar; era una habitación completamente blanca inmaculada, tenía un ropero, creo al costado derecho de mi cama y justo a su lado un velador también blanco ¿Acaso no se conoce otro color? Justo frente a mi cama estaba la puerta cerrada y con la cortina bajada en la parte donde se encuentra, según yo, un vidrio.

Supongo que debe ser una habitación de San Mungo… Punto tres: ¿Qué hago y por qué no recuerdo nada de lo que me pasó? Bajó los pies al suelo y por primera vez me veo a mi misma, estoy vestida con un pantalón largo blanco y una blusa… blanca… Refunfuño tanto por el color como por la blusa… ¡Detesto las blusas! Me agacho con sumo cuidado para buscar mis zapatos debajo de la cama, pero no están ahí, llegó hasta el ropero y para mi desgracia encuentro unas zapatillas sin cordones, no vale la pena mencionar el color. Todo en este maldito lugar es monocromo.

Salgo de la habitación analizando cada cosa que se me cruza, pero no veo ser viviente a mí alrededor. Esto no me gusta.

¿Señorita Black? – me giró al escuchar una voz de una mujer. Una enfermera, o eso parece – No puede estar fuera de su habitación y de su cama, aún – me sonrió – Le informaré al sanador que se encuentra despierta – Punto a mi favor: Estoy en San Mungo. Abro la boca para hablar pero no consigo que me salga la voz, frunzo el ceño molesta y lo intento de nuevo… nada. Miro a la enfermera interrogante – Creo que debe volver a su habitación, el doctor le explicará todo – me toma del brazo y literalmente me arrastra al inmaculado lugar.

No me agrada que me traten como una invalida cuando no lo soy. Me siento enfurruñada en la cama y veo como la enfermera se retira presurosa, siento sus pasos alejarse y luego vuelvo a sentir el silencio. Genial, no puedo hablar y no hay nada que interrumpa este molesto silencio. Luego de lo que me parecen horas otros pasos presurosos se acercan, se abre la puerta con violencia y entra una niña como de 13 años que se me abalanza y me abraza con fuerza.

¡Por fin despiertas! – grita emocionada, sin soltarme – Me tenías preocupada… - respiro hondo y la alejo un poco de mí, levanto una ceja, rogando porque entienda mi gesto de contrariedad - ¿No me recuerdas? – la miré detenidamente tenía el pelo largo y negro y esos ojos azules… Un momento… ¡Alexxa! Sonreí y ahora yo la abracé – Creo que eso es un sí – dijo – vamos chica, me vas ahogar – La solté y la miré sonriendo.

La enfermera me dijo que no podrías hablar – me giré hacia la voz y abrí tanto los ojos como la boca de forma desmedida. Apoyado en el marco de la puerta sin su habitual túnica negra se encontraba Severus Snape sonriéndome – Dijo además que solo será por unos días hasta que… - no lo dejé terminar, me abalancé hacia él para poder abrazarlo, mientras de mis ojos sin ningún motivo caían lágrima tras lágrima, como un torrente – Tranquila, ahora estas bien – y me abrazó por mi cintura con sus fuertes brazos.

¡Por Merlín, esto es la gloria! Creo que no cualquiera se puede jactar de tener entre sus brazos a Severus Snape. Sonreí entre mis lágrimas. Estaba feliz, aunque no pudiera hablar, aunque no pudiera decirle lo mucho que me alegra que este aquí… ¿Por qué no tengo esta misma reacción con mi amiga? Fácil, porque con ella tengo que tener una conversación larga, necesito saber cómo demonios termine en una habitación de San Mungo y que ocurrió en mi ausencia.

¿Solo saludas al murciélago de esa manera tan efusiva? – me giré y abrí nuevamente la boca con sorpresa. Detrás de Severus se encontraba Sirius con el pelo corto, bien vestido y con un perfume exquisito. Me solté con cuidado de Sev para poder abrazar a Black, pero en vez de eso me colgué a su persona; de un salto enrosqué mis piernas por su cadera y mis brazos en su cuello. Tanto él como yo soltamos una carcajada estridente.

Me habían dicho que había una jovencita enferma – giré mi cabeza para ver por el pasillo al medimago junto a Remus, McGonagall y Albus Dumbledore. El medimago sonreía divertido por la escena que tenía frente a sus ojos, Remus… bueno Remus me miraba con esos ojos dorados tan suyos y tan míos… creo que solo ahora me queda claro porque me gusta tanto ese hombre; McGonagall me miraba con reprobación y Albus, bueno ese viejo siempre estuvo loco así que no creo que ponga reparos.

Me bajo de Sirius con una gran sonrisa y me acercó de forma un tanto dudosa hacia Remus, pude percibir como el ambiente se tensaba, giré mi cabeza y pude ver que la cara de Severus seguía siendo la misma, pero sus ojos brillaban de una forma un tanto diferente, ladee mi cabeza ¿Qué demonios había ocurrido? Volví mi vista al frente intentado encajar todas las piezas faltantes, pero no tenía la más mínima pista de que había ocurrido mientras no estuve o porqué termine en San Mungo… Me revolví mi pelo y para mi sorpresa estaba largo y muy sedoso… ¿Qué…?

Tranquila – dijo el sanador, acercándose, lentamente al ver que empezaba a hiperventilar – Tienes que volver a la cama para poder explicar… - algo salido de quién sabe donde se estrelló contra una muralla - ¡Señorita Black! – exclamó, imponiendo orden en su voz. Lo miré, pero me dio francamente lo mismo, quería hablar, quería entender… De pronto toda la habitación empezó a temblar y cosas a volar en diferentes direcciones.

¡Amiga, para! – exclamó Alexxa, siendo tomada en brazos por Sirius, cuando el impecable armario blanco le pasó rozando - ¡Vas a destruir la habitación!

Vi como Remus era detenido por Albus y Minerva para que no se acercara a mí, mis ojos se llenaron de lágrimas por ello, jamás le haría daño a Remus… él era como mi luz entre tanta tiniebla…. Una mano me sujetó del codo, me giré para encontrarme con Severus.

No hagas esto, pequeña – dijo con un tono de voz suplicante – no lo hagas de nuevo.

¿De… nuevo? – logré preguntar, mirándolo directamente a los ojos – ¿Qué pasó, Sev? ¿Me lo dirás sin mentirme ni suavizar las cosas?

Lo juro – respondió – pero ahora detén esto o lastimaras a las personas que mas quieres – miré a mí alrededor y vi como Sirius aún con Alexxa en brazos intentaba esquivar todo lo que volaba y como Remus con el director y la profesora hacían lo mismo, pero en los ojos de mi lobito pude ver frustración y mucho dolor.

No quiero – dije, antes de volver a caer al vacío de la inconsciencia.

Cuando abrí los ojos nuevamente, me di cuenta que ya no estaba en la habitación de San Mungo, sino que en el castillo.

Al fin despiertas, pequeña – me senté en la cama para encontrarme con el rostro sonriente de Severus – parecía que querías cumplir años estando dormida.

No es gracioso, Sev – dije un tanto molesta, pude ver que él no había borrado ni un poco su sonrisa - ¿Cómo conseguiste traerme al castillo?

Tengo mis métodos, pequeña – respondió sentándose a mi lado – Tienes una fila de personas que quieren verte.

Solo me interesa ver a Alexxa y Sirius, a nadie más – respondí cansada – Además tenemos que comprar nuestras varitas y las cosas para el colegio, no quiero ver a personas para tener que dar explicaciones, siendo que ni yo entiendo todo lo que pasó – frunzo el ceño – Me dijiste que me ibas a contar todo lo que paso – le recrimino – y no veo que tengas la intención de hacerlo.

No es que no quiera hacerlo, pequeña – dijo Sev, tomándome de la mano – pero creo que no es el momento correcto, aún – levanté una ceja y él sonrió – cuando sea el momento lo haré, te contaré todo lo que paso contigo y con Alexxa, ella tampoco lo sabe y también juré que se lo iba a contar – hizo una mueca.

¿Desde cuándo nos llevamos tan bien? – pregunté, también sonriendo.

Desde hace un tiempo – respondió con una sonrisa torcida, tomándome de la mano con cariño – Aunque para el resto mostramos una relación de amor y odio, para que nadie sospeche la profundidad de nuestro sentimiento.

Lo miré aturdida. ¿Profundidad de nuestro sentimiento? ¿Qué diablos había dicho? Yo amo a Remus Lupin no a Severus Snape. Me solté de su agarre y lo miré decidida.

No tengo la más remota idea de lo que quieres decir – dije, levantándome de la cama con cuidado, percatándome que me encontraba tremendamente bien – Te estás confundiendo conmigo, Severus – intenté poner el mayor desprecio en mi mirada – No por tener el pelo del mismo color que Lily Evans soy ella para que pienses cosas que no son.

No te metas donde no sabes – dijo con su voz fría como el hielo, tomándome del codo – No te pareces a ella en lo más mínimo, al parecer tomar el apellido Black te convierte en uno de ellos, eres ególatra y demasiado orgullosa como para ver lo que tienes frente a tu nariz – mi boca se abrió con sorpresa – Jamás dejarás de ser esa mocosa que vi el primer día que se cree que lo sabe todo – me empujó contra la puerta - ¡AHORA LARGO DE AQUÍ! – y terminó de sacarme de su habitación.

Ahora sí que estoy confundida…. ¿Cómo pase de ser amigos a enemigos otra vez? Suspiré y me revolví mí ahora pelo largo. Tendría que tomar algunas medidas extremas tanto con el largo como con el color.-

Capítulo especialmente dedicado a mi querida MJsnape-prince1996 . Gracias por leer y comentar cada uno de mis capítulos.

Nos leemos en el siguiente.

Abrazos de oso, Sakura