Capítulo 11 – Entendimientos
Disclaimer: nada me pertenece, los personajes son de J.K Rowling y la historia es de Caeria, que me autorizó para traducirla
"¡Señorita Granger!"
Seis años de condicionamiento tuvieron a Hermione de pie y parada en una especie de postura militar antes de que pudiera procesar completamente la situación. Ella no tenía idea de qué había detonado la ira de su profesor, pero no había forma de negar que estaba lívido. Sus cejas negras eran como nubes de tormenta que bajaban sobre sus ojos sin fondo, mientras que una mueca de ira curvaba su labio superior hasta mostrar la punta de un afilado incisivo.
Habiendo estado en el extremo receptor de algunas de las diatribas más espectaculares de su profesor a lo largo de los años, Hermione supo que estaba en serios problemas; una pequeña parte de ella notó que nunca lo había visto tan furioso a menos que se tratara de Harry. Acercando más el libro sobre la crianza de los niños a su pecho en un inútil intento de protección, esperó por la explosión que sabía que se acercaba.
"¡Niña tonta!" ¿Entonces ésta es la razón?" Dijo entre dientes.
Hermione, todavía un poco sorprendida por la repentina aparición de su maestro en esta sección poco usada de la biblioteca, se rindió ante la confusión. "¿Señor?"
Snape continuó, como si no la hubiera escuchado. "¿De verdad creyó que no sería descubierta? ¿Que sus actividades no tendrían consecuencias?"
Hermione se congeló ante las palabras. Él lo sabía. ¿Cómo lo había averiguado? ¿La profesora Vector le habrá dicho algo? ¿A Rink se le escapó algo?
Zarcillos helados de miedo se enredaron en su estómago. "Por favor, profesor Snape." Pidió. "Puedo explicarlo. Si me deja-"
"Usted, señorita Granger, ya ha hecho suficiente, creo. Usted también debe decirme el nombre de su compañero." La manera en que escupió la palabra compañero hizo que temiera por el pobre Rink. Ella no tenía dudas de que el profesor estaba lo suficientemente furioso para darle prendas a Rink. Ella no podía permitir que eso sucediera. Ella no dejaría que eso sucediera.
Inhalando profundamente, encontró sus ojos con la mirada iracunda de su profesor. Su voz, sin embargo, se rindió al pánico, sus palabras salieron ahogadas y estranguladas. "Actúe por mi cuenta, señor."
Él dejó escapar un corto y afilado ladrido de risa. "Veinte puntos, señorita Granger, por mentirme descaradamente. ¿Sabe? Creí que Dumbledore estaba equivocado cuando dijo que un muchacho había capturado su atención. Creí que era mejor que eso. Creí que era más inteligente que eso."
Hermione frunció el ceño. ¿Dumbledore estuvo hablando sobre ella? ¿Y qué tenía que ver todo esto con un chico? "Señor, no-"
"No le he dado permiso para hablar." Espetó. Cortándola antes de que pudiera decir algo más. "La profesora McGonnagall estará muy decepcionada de usted, señorita Granger. Sin mencionar a sus otros profesores." Él se detuvo entonces y tomó aliento, sus ojos eran duros y sin misericordia. "Le di mi tiempo." Escupió finalmente, con el rostro crispado por el desprecio. "Comencé a pensar que tal vez, sólo tal vez, mi impresión inicial sobre usted había sido algo apresurada de mi parte. ¿Y este... éste es el camino que toma?" Hizo un gesto hacia los libros a sus pies. "¿Usted ha tirado a la basura todo su potencial a cambio de las promesas transitorias mantenidas por la lujuria de chicos estúpidos? He culpado a la madurez como la razón de su comportamiento el último tiempo. Más el tonto soy yo." Dijo ente dientes. Entonces su voz se convirtió en burla. "Pero entonces, ¿para qué necesita estudiar cuando se destinó usted misma al matrimonio y mocosos llorones incluso antes de vivir su vida?"
¿Matrimonio y mocosos? Repentinamente lo entendió – los libros a sus pies y el que sostenía en su mano – le hizo una horrible clase de sentido. Por un momento cegador, se sintió sumamente enojada de que él pudiera creer que ella era capaz de poner su futuro en peligro embarazándose cuando aún estaba en la escuela. El alivio la recorrió velozmente cuando se dio cuenta que él aún no sabía sobre S.N.O.R.T. Ese alivio, sin embargo, fue superado casi inmediatamente cuando la ira original volvió con toda su fuerza. ¿Cómo se atrevía a acusarla?
Furiosa con él, Hermione dio un paso hacia adelante para encontrarse con su acusador, mientras él pasaba la columna que bloqueaba parcialmente la entrada de este pequeño rincón, su alta y amenazante presciencia hacía que el reducido espacio cerrado pareciera aún más reducido.
El ciclo de miedo, ira, alivio e ira había barrido con cualquier buen sentido que hubiera quedado en Hermione. "¡Cómo se atreve! ¿Cómo puede?" Gritó. "¿Usted cree que yo estoy... que puedo estar embarazada? ¿Yo? ¿Qué pasó con el pensamiento? ¿Usted no practica lo que anda predicando? ¿O Sirius estaba en lo correcto aquella noche en la Casa de los Gritos? ¿Una vez mas pone su cerebro a pensar y sale con la conclusión equivocada?"
Ni bien las palabras habían sido dichas cuando ella puso una mano sobre su boca con un jadeo, mirando horrorizada a su profesor. El profesor Snape se sonrojó furiosamente y avanzó hacia ella. Entonces, a los ojos de Hermione él pareció tambalearse hacia un lado, su rostro perdió bruscamente el color hasta que su complexión fue blanca como la tiza. Las pestañas de sus ojos repentinamente cerrados parecían magulladuras frescas sobre su piel. Ella vio un brazo vestido de negro levantándose para sostenerse de la estantería a su lado mientras que el otro agarraba el aire vacío.
En esa fracción de segundo, Hermione supo que él iba a caer. Con su ira olvidada, y sin pensarlo dos veces, se apresuró a adelantarse, dando un paso hacia el alcance de la mano de su profesor. Ella se apenas se sostuvo cuando esa mano se posó sobre su hombro derecho, el impulso y mayor peso del maestro hicieron que ella se tambaleara antes de que pudiera encontrar el equilibrio. Soltando el libro en su mano, Hermione envolvió un brazo alrededor de la cintura del profesor Snape, luchando contra la gravedad para mantenerlo derecho. El entendimiento la golpeó duro. No sería capaz de sostenerlo.
Retorciendo su cuerpo, e ignorando el dolor en su clavícula, donde los fuertes dedos se clavaban sin piedad, Hermione se las arregló para sacar la varita de su bolsillo. Concentrándose en el libro que había tirado, una sacudida y dos golpecitos después, el libro se había transformado en un pequeño taburete acolchado.
Dejando caer su varita, ella volvió a rodear la cintura del profesor Snape con su brazo. Inclinándose ligeramente hacia adelante, cambió cuidadosamente el peso hasta que él se deslizó y cayó pesadamente en el taburete acolchado.
Habiendo olvidado en el calor de su ira la razón por la cual la había encontrado en primer lugar, Severus se adelantó, intentando atrapar a la chica en el pequeño callejón sin salida. Desafortunadamente, aunque su mente lo había olvidado, su cuerpo no lo había hecho. Dos pasos después, su pierna izquierda sufrió un feroz espasmo que le robó el aliento. Con el rostro contorsionado por la agonía, mientras las torturadas terminaciones nerviosas ardían en carne viva y sus músculos se apretaban y retorcían, Severus estiró ciegamente sus brazos en un intento para no caer. Su mano derecha encontró y agarró el sólido roble de la estantería a su lado. Su mano izquierda bajó y se sostuvo en algo blando y flexible que se tambaleó un poco bajo su mano antes de estabilizarse.
Con los ojos bien cerrados y la mandíbula apretada por el dolor, Severus no sabía ni le importaba cuál era el apoyo que había encontrado mientras trataba de respirar a través de la agonía que desgarraba su cuerpo. Y entonces comenzó a caer – un deslizamiento controlado que antes apenas había registrado – su caída fue detenida abruptamente cuando quedó acomodado en algo suave y acolchado.
Apenas podía distinguir la voz de la chica Granger a través del rugido en sus oídos. Con voluntad de hierro luchó contra las reacciones de su cuerpo hasta que su mente volvió a tener el control y pudo forzar al dolor que bajara. Cuando el rugido se calmó, finalmente pudo oír los ruegos desesperados de la muchacha.
"¿Profesor Snape? ¿Señor? Por favor abra los ojos. Por favor, esté bien. Iré a buscar a Madame Pomfrey, pero no lo dejaré hasta que abra los ojos."
Abriendo sus ojos, forzó a pasar el aire entre sus dientes apretados. "No." Siseó.
La chica se estremeció por su tono áspero.
"Señor, está herido. Madame Pomfrey-"
"No puede hacer nada por mi." Terminó la frase con un jadeo.
"Pero, señor..."
Severus había pasado demasiados años tratando con Minerva, como para no reconocer la terquedad especial marca Gryffindor en el rostro de la señorita Granger. Recargándose en la estantería, estiró su pierna, haciendo una mueca cuando el movimiento volvió a incendiar sus nervios. Afortunadamente, esta vez, el ardor fue tolerable.
Su voz salió áspera y abrasiva presionando su control. "Madame Pomfrey no puede hacer nada." Repitió con tanta calma como pudo. Él se tensó ligeramente cuando otra oleada de agonía atravesó su pierna, y luchó para no apretar los músculos, sabiendo por experiencia que sólo serviría para que el dolor durara más. A medida que el dolor disminuía, dejó escapar un suave suspiro. "Esto pasará, con el tiempo. Solamente hay que soportarlo."
Concentrándose en controlar el dolor en lugar de la chica, Severus estuvo sorprendido cuando vio que Granger conjuró un hechizo desilusionador en la entrada del rincón. Más bien esperaba que ella saliera corriendo. Si no era donde sus pequeños amigos, entonces, al menos con su jefa de casa. Ante su mirada inquisitiva, ella le dirigió una de esas pequeñas sonrisas valerosas que eran tan famosas en los Gryffindor. La misma que solían dar, había notado a lo largo de los años, justo antes de hacer algo desinteresadamente idiota.
Su suposición había probado estar en lo correcto cuando ella regresó y se arrodilló al lado de su pierna extendida, con el rostro serio. "Ninguno de los demás estudiantes debería verlo así. Y si no me deja ir a buscar a Madame Pomfrey, yo me quedaré a ayudarlo."
Él no necesitaba ayuda. Así que cuando se dirigió a ella, se aseguró de que toda la potencia de su veneno se impregnara en su voz. "Puede irse, señorita Granger. Le sugiero que aproveche este tiempo para despedirse. Ayudarme no la librará de quedar expulsada."
El taburete bajo en el que estaba sentado lo dejaba más cerca de ella. Sentada sobre sus rodillas, como lo estaba, los dejaba casi a la misma altura. No hubo duda alguna en la expresión testaruda como una mula que cruzó el rostro de la chica, o el suspiro exasperado que dejó escapar mientras negaba con la cabeza.
"No estoy embarazada." Las palabras salieron sin rodeos ni delicadeza. Hermione hizo una mueca cuando las palabras colgaron en el aire entre ellos.
Llevando sus manos hasta su cabello, ella se agarró las raíces y las tiró ligeramente dejando escapar un suave sonido estrangulado de frustración. Simplemente había algo sobre el profesor Snape que dejaba sus emociones atadas en un nudo. Él era la única persona que conocía que podía invocar simultáneamente furia, compasión, dolor, indignación y protección en ella.
"Lo siento, profesor, por lo que dije hace un minuto. Me enfureció que usted pudiera pensar... que yo pudiera permitirme quedar embarazada. Me tomo mis estudios muy en serio." Se inclinó ligeramente hacia adelante, deseando que él creyera su sinceridad. "Debido a eso, aprecio mucho lo que ha estado haciendo por mi. Me he dado cuenta que me ha dado tanto su tiempo como su atención. Yo nunca haría nada que pudiera poner en peligro la fe que ha puesto en mi."
Hermione se sentó sobre sus talones, notando que el color de su profesor parecía estar volviendo aunque las líneas tensas alrededor de sus ojos y boca demostraban que aún estaba bajo un dolor considerable. Más allá del dolor, ella no podía leer nada más en su expresión.
"Muy bien, señorita Granger." Dijo al final, a su voz le faltaba la calidad fluida que ella acostumbraba escuchar. "Acepto que he llegado a la conclusión equivocada. En esta ocasión. Usted puede irse ahora."
Cuando él apoyó su cabeza contra una hilera de libros y volvió a cerrar sus ojos, ella supo que estaba siendo despedida. Se volvió a recordar a sí misma por qué estaba haciendo esto. Él se merecía la ayuda. El merecía tener a alguien pensara primero en él para variar... incluso si estaba siendo un completo bastardo.
"No me iré mientras está herido, señor. Puede quitarme tantos puntos como quiera, pero no me iré."
Sus párpados se levantaron sólo lo suficiente para que él pudiera mirarla a través de las pestañas. "¡Malditos Gryffindor!" Gruñó.
De nuevo, ella le dirigió esa pequeña sonrisa. "Sí señor. Estoy de acuerdo. Realmente no hay mucho que se pueda hacer con ellos, excepto dejar que hagan las cosas a su modo."
El abrió su boca para acribillarla por su impertinencia cuando se detuvo, estudiándola en cambio. Ella tenía un pedazo de su túnica escolar retorcida entre sus dedos. Los ojos de ella examinaban su pierna estirada con una mirada evaluadora, que le recordaba a Poppy en sus mayores momentos de sanadora maternal. Fue, sin embargo, el labio inferior de la chica que estaba preocupada hasta el punto de hacerlo sangrar entre los afilados dientes blancos lo que realmente le dio una pista. La chica estaba preocupada por él – realmente e inexplicablemente preocupada. Era una idea tan novedosa que no estaba seguro de cómo manejarlo.
Entonces otro espasmo lo golpeó, y su atención volvió a concentrarse en el dolor en lugar de la chica. Inclinándose hacia adelante hundió sus dedos en su muslo, masajeando los nudos formados por los calambres musculares. Se sobresaltó cuando sintió un segundo par de manos comenzando a masajear los músculos adoloridos de su pantorrilla.
"¡Señorita Granger!" Exclamó, indignado de que ella creyera que tenía el derecho de tocarlo.
Ella respondió con un descarado "Gryffindor, señor." Aunque, él observó que ella al menos había tenido la decencia de sonrojarse furiosamente por su atrevido comportamiento
Gryffindor, ciertamente. Sin embargo, la sensación de sus dedos fuertes clavándose en los nudos, relajando la tensión en su pierna, detuvo su habitual respuesta de desollarla verbalmente por la presunción de que podía tocarlo. Ambos trabajaron en silencio por unos pocos minutos hasta que él sintió que los músculos apretados se relajaban. A la primera señal de alivio, él sacó las manos de la chica de su pierna con un gesto impaciente de sus dedos. Apoyándose una vez más en la estantería, él encontró a la chica mirándolo fijo, todo grandes ojos marrones y expresión seria.
Él había mostrado demasiada vulnerabilidad en los últimos minutos. Era el momento de restablecerse. El ahora enmudecido latido de dolor que atravesaba su cuerpo, hizo la tarea más difícil, pero no imposible. Recogiendo los hilos algo estropeados de su control, se envolvió en su propia armadura. Cuando estuvo preparado, atacó. "Muy bien, señorita Granger, le he concedido que mi suposición fue incorrecta. Y como usted misma ha impuesto su presencia en mi persona, me dará el motivo por el cual está leyendo esos libros en específico." El destello de dolor que atravesó el rostro de la chica recompensó sus palabras.
"Ahora, señorita Granger." Espetó, con su ánimo un poco apaciguado por el repentino salto de la niña.
"Son parte de una investigación que estoy haciendo." Comenzó. Ella estiró el brazo y tomó uno de los libros, acariciando el suavemente el lomo con un dedo. Ella habló hacia abajo, como si estuviera hablando con el libro, en vez de arriba, hacia él, con actitud y palabras reflexivas. "Usted ha abierto mis ojos a preguntas que ni siquiera sabía que tenía." Ella subió la mirada entonces, con ojos brillantes. "La Afinidad, el encantamiento Vere Veneficus, y tantas otras cosas. Fácilmente puedo aprender las cosas que los demás magos y brujas aprenden desde que cumplen once y vienen a Hogwarts. Lo que no sé, sin embargo, es todo lo que pasa durante los primeros once años."
Ella negó con la cabeza, y volvió a morder su labio inferior. Una señal, estaba comenzando a comprender, que significaba que estaba pensando muy intensamente sobre algo y que estaba eligiendo sus palabras con mucho cuidado. "Al decir verdad, señor, me encontré con estos libros cuando estaba buscando otro tipo de referencia para un proyecto en el que estoy trabajando." Sus ojos enviaron una rápida mirada hacia arriba por un momento antes volver a fijarse en el libro en su regazo. "Sin embargo, creo" dijo, aún eligiendo sus palabras con mucho cuidado "que algunas de las respuestas que estoy buscando sobre el mundo mágico pueden ser encontradas entre estas páginas.
Ella se quedó en silencio por un momento e inhaló profundamente, enderezando su espalda y levantando la barbilla para volver a encontrar sus ojos con los suyos.
Severus resistió la urgencia de resoplar con diversión. Él también conocía esa postura Gryffindor en particular. Ella estaba a punto de hacer un gran gesto.
Ella no lo decepcionó. "No diré nada," ella hizo un gesto vago hacia su pierna aún estirada "ni siquiera a Harry o Ron. Sólo puedo adivinar por qué está así de adolorido, y no le concierne a nadie más excepto a usted y posiblemente al director. Me gustaría..." Su voz se fue apagando y entonces pareció volver a reunir su coraje. "Me gustaría," volvió a comenzar "mucho tener su confianza."
Su respuesta a ese número de tontería sensiblera fue automática. "No habitúo, señorita Granger, confiar en niños."
Ella le dirigió un pequeña sonrisa, aparentemente imperturbada por su respuesta. "Lo entiendo, señor." Concordó. "Pero me gustaría mucho obtenerla de todos modos."
Severus Snape no era un hombre dado a la introspección, o de los que se revolcaban en los ¿y si? o los qué-hubiera-pasado-si. Sin embargo, él había descubierto a lo largo de los años, que caminar en los oscuros pasillos de Hogwarts lograba poner la mente de uno en un marco introspectivo, independientemente si a la persona en cuestión le gustaba o no la introspección. La fría oscuridad tragó el débil chasquido de los tacones de sus botas y el suave silbido de su túnica hasta que fue fácil, incluso para él, un hombre poco dado a los vuelos de fantasía, imaginar que era la única persona que quedaba en ese castillo. O, la única persona que quedaba, hasta que descubrió a dos niñatos hormonados de séptimo año haciendo uso del nicho detrás de la estatua de Boris el Aburrido.
"Bueno, bueno, bueno, si no es una noche de sorpresas." Él estuvo satisfecho cuando los dos adolescentes sorprendidos se pusieron de pie sobre la improvisada tarima en el suelo del nicho.
"Señorita Pennistone," espetó Severus, "15 puntos menos a Hufflepuff. Vaya a su dormitorio." Con una larga mirada anhelante a su amado que hizo que el profesor quisiera rodar los ojos, Maureen Pennistone huyó con una grata prisa.
"Señor O'Brien."
"¿Sí, señor?"
Levantando una ceja, Severus preguntó. "¿Hufflepuff, señor O'Brien?"
Sean O'Brien enderezó su corbata Slytherin y le dio a su ceñudo profesor una afirmación deferente con la cabeza antes de responder, aunque una media sonrisa todavía adornaba sus labios. "En el espíritu de cooperación entre casas, señor." La media sonrisa se suavizó un poco hasta convertirse en una pequeña sonrisa genuina cuando agregó. "También hay mucho que decir sobre cortejar a una futura esposa que exhibe los rasgos Hufflepuff de cuidado y lealtad."
Severus lo consideró por un momento. "Es cierto." Concordó.
El señor O'Brien, creyendo que se había librado, volvió a asentir y comenzó a caminar por el corredor en dirección a las escaleras que al final lo llevarían de vuelta hasta las mazmorras; Severus dejó que llegara hasta medio camino en el pasillo antes de llamar a su descarriado pupilo. "Cinco puntos menos a Slytherin, señor O'Brien. Espero más de un alumno de séptimo año que quedar atrapado. Y otros cinco puntos por haber sido atrapado por mí, forzándome a quitarle puntos a mi propia casa."
Ésta vez el señor O'Brien tuvo la decencia de parecer marginalmente avergonzado. "Sí, señor. No volverá a suceder."
"Asegúrese de que sea así, señor O'Brien. Ahora vuelva a la sala común antes de obligarme a darle detención a uno de los míos."
Severus observó a su estudiante descarriado mientras se dirigía a las mazmorras. El chico O'Brien era inteligente. Sus ambiciones yacían en la dirección de romper maldiciones, una habilidad en la cuál el chico era particularmente talentoso. La elección de Maureen Pennistone, sin embargo, era un poco inusual para un Slytherin. Seguro, ella era leal y cariñosa como toda su casa, pero su familia no era sangrepura. Severus sonrió, no era sangrepura pero tampoco era completamente inglesa. Maureen Pennistone tenía familia en Estados Unidos. Él sintió una oleada de satisfacción con ese entendimiento. Una vez que se hubieran graduado, el señor O'Brien y la señorita Pennistone podían ser persuadidos a tomar un recorrido por la comunidad mágica Norteamericana – un tour que efectivamente pondría al señor O'Brien fuera del alcance del Señor Oscuro. Él tendría que recordarse hablar con el señor O'Brien antes de la graduación.
Haciéndose esa nota mental, él continuó su caminata, volviendo a sumergirse en la pacífica contemplación a la que Hogwarts lo había atraído inevitablemente. Una hora más tarde, él giró la esquina del rellano del sexto piso. Él se detuvo a mirar los terrenos a través de una gran ventana circular que había allí. Era su lugar favorito. Recargando un hombro contra la piedra, él miró los terrenos iluminados con la luz plateada de la luna. Desde su punto de mira podía ver la pequeña cabaña de Hagrid, y más allá, la oscura línea del Bosque Prohibido.
Mirando hacia la oscuridad, lejos de miradas indiscretas, Severus se permitió divagar. Como solía suceder en los últimos tiempos, se encontró a sí mismo evaluando la cuestión de Hermione Granger. Él admitía que había permitido que la curiosidad lo guiara a interactuar con la señorita Granger de una manera en que no lo haría normalmente.
Él disfrutaba los rompecabezas y ejercicios mentales. La chica le ofrecía un desafío mental fuera de su rutina habitual. Ella no era ni el Señor Oscuro ni Albus. Ella no demandaba nada de él, no reclamaba su lealtad. Ella sólo le pedía que le enseñara. La posibilidad era un cambio refrescante.
Él se inclinó hacia adelante hasta que su cabeza descansó en el frío cristal de la ventana. La pregunta era, decidió, ¿quién era el tonto más grande – la señorita Granger que deseaba ser guiada por él o él mismo por querer guiarla?
Como espía, su trabajo era conocer las fortalezas y debilidades de tanto sus aliados como sus enemigos, y la mejor manera de explotarlas. También necesitaba conocer y entender sus propias fortalezas y debilidades. Su carácter era una debilidad. El fiasco de esa tarde con la señorita Granger en la biblioteca era una prueba de eso. Aunque le irritaba admitirlo, sus sentimientos habían sido heridos. La idea de que la chica que había estado ocupando sus pensamientos últimamente – a quién le había dedicado su tiempo, energía y atención – no tenía más sentido común que los descerebrados de sus compañeros lo enfurecía.
Él cambió todo su peso hacia su pierna izquierda, sintiendo la punzada en sus nervios y músculos pero también una sensación de satisfacción cuando la pierna lo sostuvo. Eso lo había sorprendido. Después de acusarla y amenazarla con la expulsión, ella se quedó a ayudarlo. Ella lo tocó voluntariamente. Ella lo ayudó. Él recordaba la mirada en su rostro y cómo las manos de ella agarraban su túnica. Ella había estado preocupada por él.
Por supuesto, los Gryffindor eran conocidos por ser demasiado sentimentales. Ella no le debía nada. Sin embargo, le había ofrecido su silencio y confianza. No que realmente creyera que la chica podía mantenerlo exitosamente tampoco. En algún momento Potter y Weasley desentrañarían sus secretos, y el no tenía uso para su confianza ni era probable que le diera la suya a una niña.
Él suspiró entonces. Miéntele a los demás, nunca a ti mismo. Ella continuaba intrigándolo. Él le enseñaría de buena gana.
Cerrando sus ojos, dejó su mente en blanco. Tal vez esta noche podía volver temprano, y eventualmente dormir.
Mientras que su profesor miraba los terrenos y pensaba en Hermione, Hermione estaba ocupada pensando en el profesor Snape. Ella necesitaba hablar con alguien desesperadamente. Cuando Rink hizo su ahora regular aparición en la privacidad que formaban las cortinas de su cama, Hermione prácticamente se abalanzó sobre él.
El elfo doméstico, acostumbrado hace mucho tiempo a tratar con el volátil maestro de pociones, le dirigió una mirada a Hermione y desapareció inmediatamente. Reapareció momentos después con una bandeja de té. "Rink cree que la joven señorita, y no Hermy, está preocupada. La joven señorita va a beber y hablar y Rink va a escuchar."
Momentos después, con las rodillas dobladas sobre su pecho y la taza de té firmemente agarrada en su mano, Hermione dejó salir todo. "Oh, Rink ¿qué voy a hacer? Él era un proyecto, Rink. Algo que tenía que hacerse así que decidí hacerlo yo. Quiero decir, está bien, había un elemento de lástima involucrada. Él... era sólo... nadie más parecía preocuparse por él."
Rink asintió solemnemente mientras empujaba un bocadillo bajo la mano de Hermione. Él había notado que la joven señorita a veces olvidaba comer. Rink había, por lo tanto, decidido que serviría tanto al maestro de pociones como a la joven señorita. "La joven señorita se preocupa. Hermy sirve al maestro de pociones."
"Pero Rink, no lo ves, era un tipo abstracto de preocupación." Ella terminó el sándwich y distraídamente cogió otro. "Ya no es abstracto. Alguien lo hirió, Rink. Tenía tanto dolor esta tarde." Consciente, incluso ahora, de la confianza que trataba de obtener y los secretos que cargaba, ella se abstuvo de decir el nombre en voz alta. "Sé quién y sé por qué ¡pero me enoja tanto que nadie lo ayude!"
"Hermy servirá, Hermy ayudará."
Con la mirada fija en el cobertor, Hermione respondió suavemente. "Simplemente no sé si será suficiente."
Las orejas de Rink se sacudieron y una sonrisa astuta se extendió en su rostro. "A Hermy le agrada el maestro."
Hermione resopló suavemente. "Sí, me agrada." Ella sacudió brevemente su cabeza. "¿Sabes? Nunca entendí cómo al profesor Dumbledore le parecía agradar el profesor Snape. Claro, el profesor Snape trata al director con más respeto que a nosotros, pero solo apenas. Sin embargo, incluso cuando el profesor Snape es todo gruñidos y mal carácter, el director sólo le sonríe." Su voz se apagó y comenzó a tirar distraídamente un hilo suelto en su cobertor.
Rink esperó con la paciencia de su raza a que ella hablara de nuevo, volviendo a llenar sutilmente la taza con más té cuando ella estaba distraída.
"Me agrada, Rink," dijo al final, "de la misma manera que me agradan Neville y Colin. Incluso cuando estaba furiosa con él por creer que estaba embarazada, aún quería sonreírle, dejarle saber que me preocupa lo que le pase." Volviendo a concentrarse en el elfo, ella inclinó su cabeza hacia un lado, sus palabras salieron lentamente, como si las estuviera probando en voz alta contra los pensamientos en su cabeza. "Él estaba enfadado conmigo porque creyó que había malgastado su enseñanza. Estaba enfadado porque se sintió que lo defraudé." Ella se detuvo un momento, entonces continuó, con expresión pensativa. "Se sintió traicionado. Pero no se habría sentido traicionado si no me hubiera considerado digna. No, no digna," se corrigió a sí misma, "pero con el potencial de ser digna; con el potencial de ser de confianza."
Hermione sintió una sonrisa brotar en su rostro. "Él no me odia, Rink." Entonces agregó. "Por supuesto, no creo que realmente le guste tampoco. Pero no odiarme es todo un logro, creo." Sonriéndole a Rink, ella tomó sus manos entre las suyas. "¿Sabes lo que significa?" Preguntó, antes de contestar apresuradamente su propia pregunta. "Significa que está funcionando. S.N.O.R.T. está funcionando."
Al ver la mirada confundida de Rink, Hermione explicó, con un pequeño sonrojo de vergüenza. "S.N.O.R.T. es sólo el nombre al que le puse al plan para ayudar al profesor Snape."
"¿Hermy tiene un plan? ¿Hermy sabe lo que hay que hacer?"
Hermione le dio unas palmaditas reconfortantes en su hombro. Habría que ser completamente sordo para no escuchar la preocupación genuina en la voz de Rink. Él tomaba muy en serio su responsabilidad de cuidar al profesor Snape.
"Aún no sé cómo arreglar el problema de la comida," dijo ella. "La lista de lo que sí come ha sido muy útil. Él evita todo lo picante, también las comidas más grasosas, lo que sugiere que el problema es, al menos en parte, médico en lugar de relacionado con estrés. Aunque si fuera completamente médico creería que iría con Madame Pomfrey o simplemente se prepararía algo él mismo."
Cuando los hombros de Rink cayeron, ella trató de inyectar algo de esperanza en su voz. "Oye, no pierdas la fe todavía. He preparado una lista de las comidas que sí parece comer basada en la información que me diste. He agregado algunas comidas adicionales que creo que podrían preparar para él en la cocinas. Con más opciones, deberíamos ser capaces de tentarlo a comer un poco más que ahora. Y," agregó dramáticamente "tengo esto." En sus menos, Hermione sostenía uno de sus nuevos libros de bebes.
Rink parecía escéptico. "¿Cómo un libro va ayudar a servir al maestro de pociones?"
"No el libro, sino lo que está en el libro." Hermione palmeó un hueco junto a ella en la cama. "Acércate y te mostraré. Creo que esto es exactamente la ayuda que nosotros, y el profesor Snape, necesitamos."
Nota de la traductora:
Hola! espero que les haya gustado el capítulo. Tengo un problema, los capítulos se me están haciendo un poco largos y el tiempo me está quedando un poco apretado, de verdad me ayudaría mucho si alguien se ofreciera para ayudarme a corregir los capítulos, o si supiera de alguien que puede.
Como siempre, gracias a los que siguen la historia, la ponen en favoritos y dejan comentarios.
¡Hasta el próximo viernes!.
