25 – Silla – 168 palabras

Esa fue una época muy dura. Las misiones aumentaron en número y las víctimas también. De ser asesinos nos convertimos en torturadores. A veces atábamos a los desdichados a una silla cualquiera y utilizando nuestras técnicas menos efectivas los interrogábamos hasta que confesaban el nombre de todos los detractores del Santuario.

A veces quería hacer lo que hacía Death Mask, que conservaba un fiel registro de todas sus víctimas mediante las máscaras en la tercera casa. Yo olvidaba los rostros demasiado aprisa, así como los nombres. No me sentía particularmente culpable, pero sentía que olvidar no estaba bien, que era una falta de respeto.

Shura como siempre, se mostró distinto. Se negó a torturar. Mataba con agilidad y presteza, destruía sin remordimiento, pero siempre daba a sus víctimas una muerte rápida y honrosa. A mí me parecía increíble que aún atravesando aquel camino de dudosa legitimidad él pudiera mantenerse tan íntegro. Death Mask se burlaba de vez en cuando, lo enfrentaba a su manera, haciendo crecer su colección.

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26 – Pelota – 116 palabras

No quiero que nos malentiendan, tampoco éramos del todo malos. Shura a veces tenía instintos piadosos y nos arrastraba con él. Debía ser parte de su herencia española, porque no le encuentro otra explicación. Sin razón alguna se le ocurría de pronto llevar comida a los pobres o juguetes a los niños. En ocasiones incluso nos quedábamos a jugar pelota con ellos. Vestimos muchos huérfanos, visitamos muchos enfermos. No todo el mundo era enemigo nuestro, solamente aquellos que se oponían a la voluntad del Patriarca.

Yo no lo consideraba especialmente cruel, el anterior a él había sido bastante más brutal con nosotros. Fue ese el que nos convirtió en esto y quien nos hizo terminar así.