Capítulo 10:

La rosa mágica

Canción recomendada: Satrway to heaven – Led Zeppeling

En la mañana siguiente me costó demasiado despertarme.

Cuando por fin fui capaz de salir de la cama y bajé Lily estaba esperándome, supuse que era porque quería que le contara todo lo que había pasado la noche anterior y no me equivoqué.

- Rose. Ven aquí, dime. ¿Qué pasó? Quiero todos los detalles… ¡Espera! Evita los muy descriptivos. – dijo riendo.

- Por decir eso no voy a contarte nada. – dije un poco ofendida. - ¿No te interesa nada más que el chisme? – pregunté.

- No seas así. Sabes que quiero saber porque me interesas, porque eres mi prima y quiero lo mejor para ti. – dijo triste.

- Lo sé tonta. – respondí mientras la abrazaba.

- No vuelvas a decirme eso. – dijo un poco enojada.

- Nunca más. – respondí. – ¿Podemos ir al Comedor? Tengo hambre, en el camino te cuento. – agregué.

- Claro.

Fuimos todo el camino hablando, yo trataba de evitar el tema de la noche anterior proponiendo cualquier otro, Lily se dio cuenta al instante y decidió no seguir preguntando. Cuando llegamos a la puerta del Gran Comedor Scorpius estaba ahí parado, apoyado contra la pared.

- Buenos días. - dijo en tono galante.

- Buenos días. - respondimos con Lily a unísono.

- Te estaba esperando. - dijo el rubio mirándome.

Lily no se movió ni un centímetro, nos miraba sonriendo.

- Lil. – dije mientras le hacía señales con los ojos para que se fuera.

- Claro, me voy a desayunar, nos vemos. – comentó divertida.

- No sabe cuando detenerse. – dije un poco avergonzada.

- A mi me parece que sabe muy bien, pero no quiere hacerlo. – replicó Scorpius riendo, él tenía razón.

- ¿Qué le pasó a tu mano? – pregunté horrorizada al ver que su mano derecha estaba toda lastimada.

- Nada importante, ya no me duele. – respondió restándole importancia.

- ¿Qué te pasó? – volví a preguntar.

- Samantha cerró la puerta de la Sala Común con mi mano en el medio, supongo que no le hizo ninguna gracia que me fuera en el medio del baile y la dejara. – explicó.

- Scorpius tienes que hacerte ver esa mano, puedes tener algo roto. – tomé su mano suavemente, enserio se veía mal. – Tienes que ir a la enfermería.

- No es nada. – dijo soltándose. – Pero esta bien, haré que me vean la mano, pero… después de esto. – dijo sacando una rosa de su capa. – Es para ti, iba a regalártela en Navidad, pero, ciertos eventos hicieron que lo pospusiera. – comentó sonriendo.

- ¿Me regalas una rosa? – pregunté.

No quería sonar descortés, pero, toda la vida, quien me regalaba flores me regalaba rosas, "Rose… rosa" lo tomaban como una gracia sobre todo mi tío George, pero, de hecho, no me resultaba para nada gracioso.

- Olvidemos el hecho de que tu nombre es Rose ¿Esta bien?. – se apresuró a decir. – No te la regalo por eso, sé que odias que te regalen rosas por ese motivo, pero esta es muy distinta, esta es una rosa mágica. Observa. – hizo un movimiento con su varita y la flor cambió de color, ya no era roja, ahora era verde.

- Cambia de color. – dije asombrada.

- No sólo eso. – comentó. – Cambia según el color favorito de la persona que la posee y también cambia el aroma, va hacia la misma dirección que lo del color. – agregó mirando hacia abajo.

- Verde, tu color favorito. – dije al comprender. – Y… - me acerqué para poder oler el aroma, era un perfume muy dulce, me resultaba extrañamente familiar pero no podía identificarlo. – el perfume, lo conozco pero no sé de donde, no puedo reconocerlo. – admití.

- Supuse que no ibas a identificarlo, de hecho era obvio. – su voz sonaba dulce pero me sentí mal al no poder recordar ese aroma, sentía que debía de poder reconocerlo.

- Lo siento. – dije muy bajo.

- No pretendía que lo conocieras. Rose, este es el aroma de tu piel, tu eres este aroma. – me dijo de forma suave acercándose a mi. – Por eso te resulta tan familiar y por eso me resultas tan adictiva. - me puse totalmente colorada, lo sabía, podía sentir el calor en mis mejillas. – Toma. – agregó. – Ahora es tuya.

Extendió su mano, yo tomé la flor, al instante cambió de color, había dejado de ser verde para convertirse en una rosa gris plata con las puntas doradas, una combinación perfecta de mis dos colores favoritos. Cerré los ojos, el aroma también había cambiado.

- Tarta de manzana. – dijo Scorpius riendo.

- El olor más delicioso del mundo. – respondí sonriendo.

- ¿Sabes? Esta rosa también tiene otro poder. – me dijo.

- ¿Cuál? – pregunté interesada.

- No se marchita tan fácilmente como las demás. El vendedor me dijo: "Regálasela a la mujer que realmente quieras, pues esta rosa durará lo que tu amor por ella dure." y… sinceramente sé que esta rosa no se va a marchitar nunca.

No pude aguantar más tuve que besarlo, todo lo que estaba diciendo era demasiado dulce, no podía creer como alguien tan perfecto se había cruzado en mi camino.

- Deja de besarme así, o te regalaré una de estas rosas a todo momento. – dijo cuando lo solté.

- Realmente no me ofendería. – respondí y volví a besarlo.

- Scorpius Malfoy. – escuchamos la voz del viejo Flinch. – La directora McGonagall quiere hablar contigo. – dijo serio. – Acompáñame. Sólo Malfoy. – dijo al ver que yo me disponía a seguirlos.

- Esta bien, entra a desayunar, seguramente no es nada importante, después te cuento. – su voz sonaba relajada.

Asentí y entré al Gran Comedor, me senté en la mesa de mi Casa al lado de mi hermano, apoye mi cabeza en su hombro.

- ¿Estas bien? – me preguntó confundido, tal muestra de afecto o… lo que fuese no era tan común en nosotros dos.

- Muy bien. – respondí aunque realmente no era así, no podía imaginar para que la directora quería hablar con Scorpius, no era algo de mi incumbencia, pero, tenía el presentimiento de que no era bueno.

- Vamos a ir a la tienda del tío hoy ¿Verdad? – preguntó James acercándose a nosotros.

- ¡Claro! – respondimos Hugo y yo al mismo tiempo.

- Excelente, con Fred se nos están acabando todas nuestras reservas, necesitamos más. – comentó.

En cuanto terminé de desayunar salí lo más rápido que pude, Scorpius aún no aparecía y eso me estaba enloqueciendo.

Camine por los pasillos hasta que lo encontré.

- ¿Qué pasó? – pregunté nerviosa.

- Woods. – respondió.

- ¿Qué?

- Me acusó con McGonagall de haberlo golpeado. – su voz sonaba muy gruesa y cortada.

- ¡Tu no hiciste eso! Él esta mintiendo. – estaba histérica, estaba segura de que él no lo había hecho, me lo había prometido. – Quédate aquí por favor. – dije.

Me di vuelta y me dirigí al despacho de la directora, entré sin avisar y abriendo con brusquedad la puerta.

- ¡Señorita Weasley! ¿Qué es este arrebato? – preguntó atónita.

- Profesora, Scorpius no golpeo a Caleb. – dije casi gritando.

- Cálmese por favor, y ¿Usted cómo sabe eso? – preguntó con la voz suave que la caracterizaba.

- Lo sé porque… - tenía que inventar algo y rápido, tenía que lograr convencerla de que él no había hecho nada porque de hecho, no lo había hecho. – porque yo estuve con Scorpius toda la noche de ayer, estuvimos fuera de nuestras casas.

- ¡No puedo creerlo de usted! – dijo decepcionada. – Sabe que esa es una grave falta al reglamento de la escuela.

- Lo sé Profesora. – dije mirando hacia abajo.

- ¿Por qué el Señor Malfoy no dijo eso? – preguntó perspicaz.

- Porque no quería que me castigue, pero, yo al enterarme supe que debía decir la verdad. – respondí, no se me daba muy bien mentir pero en ese momento hice mi mejor esfuerzo.

- Esta bien Señorita Weasley, voy a tomarme un tiempo para pensar sobre esto y sobre su castigo, por hoy esta libre, pero mañana usted y Malfoy se deben presentar aquí a las nueve de la mañana ¿De acuerdo? – dijo mirándome fijo.

- De acuerdo. – respondí.

- Puede retirarse.