Disclaimer: Todos los personajes y lugares pertenecen a J. K. Rowling!

N/A: Hola a todos nuevamente! Me he decidido (y encontrado un poco de tiempo!) y retomaré este fic desde el principio, aunque con correcciones y algunas modificaciones.

N/A: Continuación de mi primer fic, "Después del Final", y espero que les agrade. Esta nueva historia comienza algunas semanas después (cronológicamente) del final del fic mencionado, y si lo han podido leer completo, ya saben que transcurre con posterioridad al séptimo libro. Para los que no lo leyeron y quieran seguir esta historia, les recomiendo leerlo ya que al tratarse de una continuación seguramente habrá cosas que no comprendan.


Capitulo 11

"Es la segunda vez en dos días que me pide hablar a solas con el retrato de Dumbledore, señor Potter. Se está tornando una costumbre?"

"No, Minerva, lo siento." Le contestó Harry un poco descolocado por la frialdad de la directora del colegio.

La misma observó por sobre sus gafas al muchacho desde su antigua y labrada silla, con un gesto rígido en su rostro. Obviamente no le gustaba nada que la sacaran de su propio despacho y menos aún siendo lunes por la mañana, el día más ajetreado de toda la semana. La anciana directora se levantó finalmente y rodeando el escritorio se marchó rumbo a la puerta de salida; Harry pudo escuchar un bufido suyo muy poco disimulado.

"Creo que dentro de poco ya no seré bienvenido aquí." Dijo Harry mientras se acercaba a Dumbledore intentando aflojar un poco la tensión del ambiente.

"Creo que nunca has sido…"

"No es el momento Phineas!" Exclamó Dumbledore desde su retrato, ubicado justo detrás del escritorio de la directora, interrumpiendo la protesta del ex director de Slytherin. "Buen día Harry, qué te trae nuevamente por aquí?"

El chico se sintió incómodo ante el tono serio de voz del retrato, e intuyó que aunque fuera una pintura mágica seguramente se imaginaba que algo no estaba bien.

"Buen día profesor."

"Yo…" Comenzó a decir Harry y se sintió automáticamente estúpido. De todas las personas que conocía sólo podía hablar de ello con un retrato, lo que le pareció ridículo.

El ex director aguardó pacientemente las palabras de Harry con los dedos de sus manos entrecruzados sobre su barriga. El muchacho sintió de nuevo la fuerza de la mirada sobre él, algo que le resultaba increíble por ser una pintura, y desvió su vista hacia el piso de piedra del despacho.

"Yo… quiero… digo, necesito destruir la Piedra de la Resurrección."

Dumbledore asintió casi imperceptiblemente con su cabeza, y se tomó su tiempo para contestarle. "Es tu decisión Harry, si realmente lo crees necesario."

"Pues sí, eso creo."

"Y puedo preguntar por qué has decidido hacerlo?"

Harry se puso un poco más nervioso y le daba la impresión de que había sido pillado en alguna travesura y tenía que confesar. "Creo que… quizá me he equivocado."

Dumbledore levantó sus cejas sin dejar de mirar a su otrora alumno preferido.

"Quizá hayan sido varias las equivocaciones, no lo crees?"

"A qué se refiere?" Le preguntó levantando su vista para mirarlo. Conocía muy bien ese tono del ex director, como un amable reproche que invitaba a pensar en lo sucedido para que uno mismo se dé cuenta de las cosas.

"Piensa muchacho. Por qué crees que Minerva está, digamos, enojada?"

"Bueno, no le debe agradar que le haya pedido varias veces hablar a solas con usted, en su propio despacho." Dijo, intuyendo que no era la razón.

"Quizá sea cierto, aunque no puedo ponerme en su lugar ya que nunca sucedía en mis tiempos." Concedió Dumbledore. "Pero tienes que comprender, además, que a nadie le gustaría que entren a su despacho y abran a la fuerza un armario sin permiso. Fue un error no haber considerado hacerlo de otra forma menos… intrusiva."

"Oh, eso. Pensé que no se daría cuenta."

"Por supuesto que iba a darse cuenta, y no es que tu hechizo reparo no sea bueno, pero la señorita Granger le había avisado que había una posibilidad de que tú intentarías abrir ese armario. Minerva descubrió que habías forzado el armario de una sola mirada cuando te fuiste de aquí el sábado por la mañana."

"Y qué podía hacer? Necesitaba encontrar la Piedra y para ello tenía que recuperar el frasco en donde Hermione había guardado la porción de memoria que contenía el escondite!"

"Y ahí mismo cometiste tu segundo error."

Harry lo miró sin comprender.

"Necesitabas encontrar la Piedra, Harry?" Preguntó Dumbledore.

Harry siguió mirándolo, aún sin comprender, pero el ex director lejos de impacientarse prosiguió con su acostumbrado tono de paciente profesor.

"Utilizaste la palabra necesitabas, Harry. Por qué?"

"Porque quiero hacer desaparecer esa maldita Piedra, tal como le dije el sábado por la mañana."

"Esa maldita Piedra ya estaba desaparecida, hasta donde yo sabía. En lo más profundo del bosque, en el corazón del territorio de los centauros. Sin nadie que recordara o supiera de su localización, ni siquiera los mismos centauros."

Harry no dijo nada, ya que su mente se enfrascó en recordar dónde había escuchado esas palabras.

"Son tus propias palabras Harry, tal como salieron de tu boca meses atrás cuando habías decidido esconderla nuevamente con la señorita Granger, para que nadie la encontrara nunca jamás."

"Quizá… creí conveniente recuperarla para poder destruirla definitivamente." Respondió el muchacho un poco ofuscado y aún sorprendido de que Dumbledore recordara textualmente sus palabras.

"Y qué ha cambiado para que decidieras semejante cosa? No me refiero sólo al hecho de que no es bueno que conserves la Piedra, sino a que te has expuesto innecesariamente a un gran peligro. Los centauros son criaturas mágicas muy sabias, pero muy reacias al contacto humano. Una visita inesperada a su territorio nunca es aconsejable y menos aún si con tu presencia allí terminaron por enterarse de que un artefacto humano ha estado escondido bajo sus propias narices y sin su consentimiento."

Harry suspiró ya que era exactamente lo que había ocurrido; el ex director seguía enterándose de todo lo que acontecía en Hogwarts, aún con la gran desventaja de estar muerto. Apoyó sus manos sobre el escritorio de la directora y tomando impulso se sentó sobre él.

"Si analizo la situación tengo que concluir que decidiste recuperar la Piedra de la Resurrección de un escondite prácticamente perfecto para intentar destruirla definitivamente. Voy bien?"

"Yo… sí." Le respondió Harry, entre confundido y expectante.

"Ahora bien, supongo que tu plan incluía como mínimo alguna forma de destruirla efectivamente, y un plan alternativo por si no lograbas destruirla."

El muchacho asintió levemente para no parecer idiota. Había enfocado toda su energía en intentar recuperar la Piedra pero no había pensado cómo iba a destruirla, y menos aún en qué haría con ella si no podía destruirla. Se sintió súbitamente agobiado por un problema que él mismo había generado y ahora no sabía cómo solucionarlo.

"Había pensado que podría destruirla con la espada…" Improvisó Harry.

"La espada de Gryffindor?"

"Sí."

"Lo siento muchacho, pero la Piedra no es un Horcrux sino una Reliquia."

"Pero… recuerdo que usted destruyó el anillo de Marvolo que cargaba con la Piedra con un golpe de espada."

"Destruí el Horcrux que Voldemort había ocultado en el anillo Harry, no la Piedra. Las Reliquias no se pueden destruir con golpes o con fuerza física."

"Y cómo entonces?" Preguntó Harry.

"No lo sé Harry. Por favor, recuerda que soy sólo una pintura mágica y que llevo muerto poco menos de dos años, por lo que ya no puedo generar nuevas ideas o suposiciones…"

"Sí, sí, ya lo sé, sólo puede asesorar y apoyar al director en turno por ser el retrato de un ex director de Hogwarts." Dijo Harry impacientándose, interrumpiendo a Dumbledore.

"Exactamente." Dijo a su vez el ex director con pragmatismo.

"Recuerdas de cuántas formas quisiste destruir la Varita de la Muerte?" Prosiguió Dumbledore.

Harry asintió, recordando que había querido romperla con sus manos, golpearla con objetos pesados e incluso destruirla con maldiciones, y nada había funcionado.

"Y ya has olvidado todo lo que has tenido que hacer para finalmente deshacerte de ella?"

"Sí." Murmuró Harry, previendo lo que Dumbledore quería transmitirle. "Sólo pudimos destruirla con el poder mágico que manaba de un santuario druida en los bosques irlandeses de Killykeen."

"Así es muchacho, sólo pudieron destruir la Varita con un tipo de magia tan poderosa que era incompatible con la magia tal cual la conocemos. Un tipo de magia que excedía a los encantamientos y maldiciones oscuras que los Peverell utilizaron para crear sus Reliquias."

"Sí, Croaker aún sigue estudiando ese santuario, aunque a distancia ya que resulta muy peligroso para cualquier ser humano." Explicó Harry. "Quiere decir usted que las Reliquias son indestructibles?"

"No son indestructibles Harry, aunque sí lo son para nosotros."

"Pero por qué? Acaso nadie ha dado con la forma de destruir las Reliquias después de siglos?" Preguntó el chico consternado.

"Destruirlas? Harry muchacho, tú debes ser el primer mago de la historia en querer destruirlas! Siempre han sido objeto de los más fervientes deseos y ambiciones, y los pocos que han llegado a poseer alguna de ellas no pensaban en destruirlas sino en utilizarlas y sacarles provecho!"

"No puede ser, usted me está queriendo decir que nadie puede destruirlas?"

"Fueron creadas para perdurar y para que ningún ser mortal pueda destruirlas."

"Entonces iré nuevamente al santuario druida de Irlanda!" Insistió el chico con obstinación.

Dumbledore miró fijo a Harry por sobre sus gafas. "Dudo mucho que sea una buena idea."

"Por qué?"

"Porque según tu relato nadie podía acercarse siquiera al centro del santuario, que era donde parecía que la magia del lugar se manifestaba y catalizaba, sin que termine siendo engullido y con su núcleo mágico destruido."

Harry bufó de impaciencia y fastidio. Dumbledore tenía razón, y ahora que lo recordaba, había sido aquel extraño hechicero oscuro que los había perseguido para hacerse con la Varita de la Muerte quien había activado el poderoso flujo de magia del santuario; terminó siendo destruido, tanto él como la Varita, que la llevaba consigo luego de hacerse con ella.

"Sólo quiero deshacerme de esta maldita Piedra!"

"Ya te habías deshecho de la Piedra Harry." Le contestó Dumbledore con tranquilidad pero entrecerrando sus ojos. "Como te he dicho, era un escondite casi perfecto. Pero quizá tus intenciones no eran sólo destruirla sino… utilizarla."

Harry miró a su ex director. Intentó fingir estar enojado pero no pudo ya que Dumbledore había acertado nuevamente, y bajó su vista.

"Interpreto tu silencio como un sí, Harry. Debo decirte que, de todos los errores que has cometido desde que planificaste recuperar la Piedra, éste puede llegar a ser el más perjudicial para ti."

"Explíquese."

"Sencillamente porque recuerdo que has tenido problemas con el espejo de Oesed, y debido a las pérdidas de familiares que has sufrido durante tu corta y compleja vida no es ilógico suponer que sientas la necesidad de revivir a tus seres queridos en tu mente."

Harry se fastidió. "Fue usted quien me dio esa Piedra."

"Es cierto, pero sólo con el propósito de que tus seres queridos te dieran valor y te acompañaran en el momento más difícil y penoso de tu vida. Te la había dado, dentro de la Snitch dorada, como un regalo, no para que la poseyeras. Creí que podrías resistir su poder cuando la soltaste en el bosque, o cuando la señorita Granger y tú la escondieron en lo más profundo del mismo bosque."

"Pero no pude." Murmuró avergonzado el muchacho.

"Es completamente entendible que no hayas podido, Harry." Dijo Dumbledore intentando hacer sentir mejor a su alumno preferido. "Has sufrido mucho y de repente tienes en tus manos un objeto como ese… quién podría resistirse?"

"Usted no pudo." Le contestó el chico con una dosis de venganza.

"No, es verdad, no pude." Respondió el ex director mirándose su mano derecha. De pronto alzó su vista para enfocarla en el muchacho. "Cuántas veces la has utilizado desde que la recuperaste?"

"Dos… creo."

"Crees?"

"Si."

"No lo recuerdas?"

"Creo haberla utilizado el sábado por la noche luego de volver del bosque, pero no recuerdo nada." Zanjó Harry esperando que el viejo no siguiera con sus preguntas; no creyó conveniente por el momento decirle que en realidad tampoco recordaba nada del domingo.

Dumbledore frunció su ceño, con su rostro preocupado. Se levantó de donde estaba sentado y comenzó a caminar de un lado al otro de la pintura, por detrás de la silla de madera en la que se sentaba y con sus brazos cruzados por detrás. "Dime Harry, las imágenes de tus seres queridos han cambiado respecto a la primera vez que utilizaste la Piedra?" Preguntó.

"No comprendo." Contestó el muchacho mientras veía ir y venir al ex director. Pero un par de segundos después entendió lo que le había preguntado, aunque no se imaginaba cómo podía saber eso.

"Sí." Respondió finalmente el muchacho.

Dumbledore emitió un sonido con su boca y se detuvo en un costado del retrato, mirando hacia el piso y pensativo.

"Está… pensando?" Inquirió Harry confundido; le costaba asumir que el Dumbledore con el que hablaba no estaba vivo y que era un retrato mágico.

Dumbledore levantó su vista para mirarlo. "Ajá."

"No era que no… que usted ya no podía…"

"Que no puedo pensar?" Repreguntó Dumbledore. "La principal tarea de los retratos mágicos de los ex directores de Hogwarts es prestar asistencia al actual director, Harry. Claro que podemos pensar, sino cómo haríamos para cumplir con nuestras obligaciones? Como te he dicho, no podemos crear nuevas teorías ni suposiciones, tampoco podemos movernos libremente y muchas otras cosas más, pero recordamos lo que hemos hecho en vida como una forma de utilizar nuestra anterior experiencia en beneficio del director, en este caso una directora." Explicó con paciencia.

"Harry, yo no soy Dumbledore. Sólo soy un retrato de él." Complementó el ex director con un tono de voz un poco más lúgubre ante la mirada de Harry.

El muchacho asintió. Estaba fastidiado con su ex director por haberle endilgado las Reliquias pero tenía que reconocer que lo echaba de menos. Sus ojos penetrantes, su nariz larga y torcida, su barba blanca… no era difícil confundirse y creer que aún estaba vivo de alguna forma.

"Sí, lo sé. Es que…"

"Bien, entonces continuemos. En dónde estaba?"

"Yo…"

"Oh sí, claro. Te había preguntado si las imágenes de tus seres queridos habían cambiado respecto a la primera vez que utilizaste la Piedra. Y tu respuesta fue un ."

Harry asintió con su cabeza.

"Puedo preguntar en qué forma han cambiado esas imágenes?"

Harry se tomó su tiempo para contestarle. Por alguna razón no quería entrar en detalle sobre ello y lo pensó muy bien antes de abrir la boca.

"Pues… sólo he visto a mi madre… ya sabe, dentro de mi mente. Y me ha parecido que su imagen había perdido color, o brillo, no lo sé." Respondió finalmente, satisfecho porque era en parte cierto, aunque sólo se tratara de una descripción sumamente resumida de lo que había visto.

Dumbledore miraba fijamente a Harry. Se sentó en su hermosa silla de madera y apoyó su espalda contra el alto respaldo. "Tú decides sobre tu vida, siempre he confiado en tu juicio y en tus instintos. Pero si me permites una sugerencia… digamos, entre amigos…"

El muchacho volvió a asentir.

"Me he equivocado Harry. Pensé que serías lo suficientemente fuerte como para resistirte a utilizar la Piedra, o que la tranquilidad y satisfacción por haberte sacado de encima el terrible peso de Lord Voldemort harían que te olvides de ella."

"No es bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir." Continuó el retrato del ex director. "Recuerdas cuándo te lo dije?"

"Sí." Contestó Harry; había sido algo que le había dicho durante su primer año en Hogwarts, el día en que escondió el Espejo de Oesed para que él no siguiera buscándolo.

"Me alegro que te acuerdes de ello, porque creo que se aplica perfectamente aquí, mi buen muchacho." Dijo Dumbledore en un tono de voz suave y comprensivo, aunque firme. "Mi sugerencia: deshazte de esa Piedra, no la tengas contigo ni vuelvas a utilizarla. Las imágenes que veas en tu mente se podrían tornar… perturbadoras."

Harry tragó saliva ruidosamente. Ya lo sabía.

***HP***

Casi sobre el mediodía de ese mismo lunes, Hermione entró al castillo por la puerta principal y atravesó el vestíbulo con tranquilidad. Había llegado de la Isla de Man un día antes de lo previsto y eso la reconfortaba un poco, no sólo por haber perdido solamente medio día de clases sino porque sus tareas no se acumularían tanto como si hubiera llegado el martes. El paseo con Ron había resultado muy bien para la tienda Sortilegios Weasley´s pero no tanto para ella, ya que había discutido con su amigo la noche anterior. Casi ni se habían hablado desde la pelea, y desde la madrugada de ese mismo lunes hasta que llegaron por aparición a Inglaterra apenas se habían dirigido la palabra.

Hermione lanzó un suspiro de resignación: Ron y ella se debían una larga plática para intentar poner las cosas en su sitio. Sabía que su amigo pelirrojo intentaba volver con ella, pero no quería perderlo ya que lo quería mucho. Tenía que reconocer que seguía sintiendo alguna clase de atracción hacia él, pero debía ser firme. Si algo había mostrado el viaje a la Isla de Man era que podían llevarse de maravillas pero tarde o temprano terminaban peleando o discutiendo por cualquier motivo. No quería eso en su vida y dudaba mucho de que Ron pudiera cambiar por ella.

"Vaya vaya, en mis tiempos no hubiéramos siquiera osado acercarnos a Hogwarts vestidos así!" Protestó Sir Prompitou desde su retrato, ubicado en una de las paredes laterales del gran vestíbulo. Hermione siguió caminando sin darle importancia.

La muchacha se detuvo frente a las escaleras principales de mármol. El colegio estaba casi vacío de alumnos ya que estaban en sus clases, las últimas antes del almuerzo, pero aún así algunos iban de aquí para allá con sus túnicas correspondientes. Eso hizo que se decidiera a sacarse de encima su ropa de civil (como solía decir Ron a modo de broma) y sus zapatillas; tanto éstas como sus jeans estaban embarrados por haberse aparecido (y resbalado) sobre un charco lodoso en Hogsmeade.

"Hey Granger! Linda pinta!"

"Esfúmate Krakowsky." Murmuró Hermione al alumno que pasó caminando junto a ella, el cual iba con otros dos compañeros de Ravenclaw.

"No quería inmiscuirme en asuntos del alumnado pero apestas, Granger!" Dijo una voz dentro de la reluciente armadura de plata ubicada sobre el pasillo que llevaba al Gran Comedor y casi sobre el pie de las escaleras.

"Sal de allí dentro Peeves, no me engañas!" Le recriminó Hermione. El poltergeist salió a carcajada limpia por el visor del yelmo de la armadura y se alejó volando, canturreando alguna canción que la muchacha no pudo entender del todo salvo por algunas palabras sueltas como Filch, lodo y se enterará.

Comenzó a subir las escaleras pensando en ir a cambiarse de ropa y ponerse el uniforme del colegio para luego ir a tomar el almuerzo, pero recordó que debía avisarle a McGonagall que había llegado, así que apuró el paso rumbo al séptimo piso.

"Buen día, permiso directora." Dijo luego de golpear la puerta del despacho, sin esperar a que McGonagall le contestara.

"Oh, eres tú, Granger. Pasa."

"Sólo quería avisarle que he llegado." Dijo la muchacha acercándose al escritorio en donde se sentaba la directora.

"Bien." Le contestó Minerva con sequedad, y sin levantar su vista del enorme libro que leía agregó: "Ve a cambiarte por favor, da la impresión de que hace días que no te aseas."

"No directora, es que resbalé en un charco de lodo y…" Hermione se detuvo, volvió sobre sus pasos y observó mejor el alto armario que había pasado segundos atrás. Pasó su mano por sobre la tallada madera de caoba y notó unas resquebrajaduras cerca de las bisagras.

Tal como lo había supuesto, Harry no había podido abrir el armario con métodos mágicos (ya que ella se había encargado de protegerlo con un encantamiento cerradura muy complicado) pero parecía que se había salido con la suya a la fuerza, arrancando la puerta por sus bisagras. A Hermione comenzó a subirle la temperatura ya que concluyó que su testarudo amigo se había hecho con el pequeño frasco que contenía la memoria de la ubicación de la Piedra de la Resurrección.

Hermione miró a McGonagall. Ésta la observaba atentamente por sobre su libro pero sin decir una palabra. Había estado en el despacho por última vez el sábado por la tarde, para pedirle a la directora un permiso especial para poder acompañar a Ron a la Isla de Man, y recordaba muy bien haberle preguntado si Harry había estado allí aquel mismo día.

"Me dijo que no, que Harry no había estado allí." Pensó la muchacha frunciendo su ceño. Decidida a creer que McGonagall no le había mentido, se acercó nuevamente al amplio escritorio sin sacar su vista de la de la directora.

"Lo siento, puede usted decirme si Harry estuvo aquí hoy?"

La pregunta no era casual; sabía que si su amigo había recuperado la Piedra tendría problemas para destruirla y tendría que recurrir a Dumbledore, o mejor dicho a su retrato mágico.

Aparentemente Minerva tampoco creía que la pregunta había sido casual. "Acaba de irse."

"Acaba de irse? Pero si no me lo he cruzado por el pasillo!" Cuestionó la muchacha extrañada.

"Potter conoce el castillo y sus recovecos como pocos, Granger. Deberías saberlo." Le contestó la directora con su tono tajante y seco. A Hermione le pareció que estaba enojada.

"Sí, es verdad." Respondió con fastidio. Lo conocía muy bien y seguramente había utilizado algún atajo para evitar cruzarse con alumnos o con cualquiera. "Vino por la Piedra, no es cierto?"

Minerva la miró aún más fijamente. "No lo sé. He tenido que abandonar mi propio despacho para que Potter pudiera platicar una vez más con Dumbledore."

Ahora Hermione se enteraba que la directora no sólo estaba enojada sino que estaba enfurecida, y no sólo con Harry sino con Dumbledore también. La muchacha levantó su vista para mirar el retrato del ex director, el cual estaba colgado encima del escritorio, sobre la pared, pero estaba vacío. Recordó en ese momento que algunos retratos mágicos tenían un "retrato gemelo" en un lugar distinto y que sus personajes podían aparecer en uno u otro.

Se preguntó dónde estaría el otro retrato de Dumbledore pero ni se inmutó en preguntar. Sólo tenía dentro de su mente a Harry y su increíble terquedad y talento para buscar problemas, lo cual la enfurecía ya que se había prometido a sí misma no seguir preocupándose por las estupideces en las que se metía su amigo una y otra vez. Estaba enojada con él desde que habían tenido ese encuentro con el fantasma de Cadmus Peverell en el cementerio del Valle de Godric algunos días atrás, y en vez de razonar y dejar todo como estaba su amigo había perseverado y se había hecho con la maldita Piedra que ella tanto odiaba. Pensar en ello la hacía enojarse aún más y notaba cómo su estómago se transformaba en un gran nudo retorcido, pero sin embargo luego de saludar a la directora se dio vuelta y salió rápidamente del despacho. Intentaría buscar a Harry antes de que se fuera del castillo.

***HP***

Minerva McGonagall seguía mirando hacia la puerta del despacho por donde la alumna y Premio Anual había salido a las apuradas apenas unos segundos antes. Estaba irritada por una situación que se había salido de control y disgustada por mentirle y ocultarle las cosas a Granger. Consideraba a Harry como un gran muchacho que tuvo que soportar una carga demasiado pesada e injusta sobre sus hombros durante casi toda su vida, pero al mismo tiempo una enorme fuerza generadora de problemas, al igual que su padre (y su gran amigo Sirius). No solía considerar las consecuencias de sus actos y Granger siempre había sido la única que ejercía cierto control sobre él. De hecho consideraba que su alumna preferida era una influencia positiva para Harry, una especie de voz de la conciencia que intentaba mantener a raya su accionar a veces irresponsable.

Admiraba a Granger, no sólo porque había acompañado y ayudado a Harry durante todo el tiempo que estuvieron huyendo de Riddle y sus mortífagos, o porque había luchado hasta el final en la última batalla que se había librado en el castillo meses atrás. Era una joven estudiosa y aplicada que le recordaba mucho a ella misma, tiempo atrás en sus épocas de estudiante en Hogwarts. Por Merlín, detestaba verla así, enfurecida y preocupada al mismo tiempo por Harry…

"Espero que la señorita Granger pueda encontrar a Harry antes de que se vaya del castillo."

La voz del retrato de Dumbledore la sacó de sus cavilaciones.

"Desde cuándo estás ahí? Pensé que te habías ido." Le preguntó casi sin ganas recostándose contra el respaldo de su silla, y sin siquiera voltearse para mirar el retrato que yacía colgado detrás suyo.

"Llegué hace unos pocos segundos, los suficientes como para haberla visto saliendo apurada del despacho." Dijo Dumbledore en su habitual tono de despreocupación que enervó a McGonagall.

"Albus, mientras tú ibas tranquilamente de un retrato al otro yo he tenido que mentirle a Granger por segunda vez, y bien sabes cómo detesto mentirle a un alumno!" Le espetó con firmeza, parándose de su escritorio para encararlo.

"Creo que después de tantos años de servicio me he ganado el poder dar un paseo libremente entre mis retratos, Minerva, y de paso saludar a algunos conocidos de aquí y de allá… o del Ministerio por ejemplo." Explicó Dumbledore con un dejo de humor en su voz, guiñándole un ojo.

McGonagall bufó de fastidio ante el imperturbable ex director. "Tú le has dado esa Piedra maldita, Albus. Ha estado muy bien escondida en el bosque pero ahora resulta que Harry la tiene consigo de nuevo y sé que tú estás al tanto. A que están jugando ustedes dos? Es un objeto cargado de maldiciones que…"

"Que Harry ha decidido recuperar para poder destruirlo definitivamente." Interrumpió el ex director completando la frase, siempre teniendo cuidado de no ventilarle a la directora de Hogwarts que en realidad era una Reliquia de la Muerte y que además el anillo en el que estaba engarzada había sido un Horcrux.

"No veo que Harry esté teniendo éxito alguno!" Se quejó enojada Minerva.

"En ese caso, debemos esperar que la señorita Granger le brinde nuevamente su ayuda, como ha ocurrido en otras ocasiones." Concluyó Dumbledore apoyando sus manos sobre su barriga, con sus dedos entrecruzados.

***HP***