Capítulo 9: El monstruo

No sabría decir si aquello era la calma antes de la tormenta, pero Caroline intuía que las cosas no estaban nada bien. Pequeñas desgracias que caían por todos lados, cosas que si las juntabas terminas armando terrible rompecabezas de cagadas. Ella tenía claro que las cosas iban a empeorar, había una profecía sobre la caída de los Mikaelson que aún estaba en curso, y no podía asegurar que de alguna forma hayan logrado cambiar el rumbo de la profecía.

Entre las cosas malas que habían pasado estaba el hecho de que Kol pareciera no controlar su sed de sangre y todos los ancestros de New Orleans lo quisieran fuera. Si, Davina lo trajo de vuelta, pero había consecuencias terribles.

Otra cosa que sucedió fue el descubrimiento de una especie de investigación secreta que unas empresas misteriosas estaban llevando a cabo. Algo sobre el veneno de diferentes manadas de licántropos, y no entendían para qué rayos querían eso. ¿Un super veneno quizá? Eso era lo que todos pensaban. Y en ese caso, ¿para qué lo querían? Klaus era inmune a eso, y si alguno de sus hermanos bebía esa cosa, él los curaría. Pero entonces empezó la duda, ¿sería Klaus capaz de resistir aquello? ¿Podría curar a sus hermanos? Porque por algo estaban haciendo aquello, nadie perdería tanto tiempo secuestrando lobos de varias manadas por nada. Esa podía ser el arma que los destruyera.

En medio de toda esa preocupación, ella al menos intentó mantener un ambiente tranquilo dentro de la mansión. Cosa casi imposible, en ese lugar matar era un deporte. Pero siempre había que recordar que había una bebé que necesitaba a su padre, y también de una madre. Hayley ya no estaba, pero ella intentaba al menos ser la figura materna para Hope. También tenía que acostumbrarse a esa idea, porque había decidido quedarse con Klaus, y eso incluía que su hija algún día la vería como su madrastra.

Ella no podía tener hijos, pero en Hope había encontrado una nueva oportunidad. Cuando fue humana soñó con ser madre alguna vez, imaginó a sus bellos hijos, imaginó lo lindo que sería verlos crecer. Con el vampirismo todo cambió, iba a vivir mucho tiempo, pero nunca podría formar una familia. Y ahora Klaus le daba no solo amor, sino la oportunidad de ser madre. Amaba esa idea, Caroline adoraba a Hope. La bebé se había acostumbrado a ella, siempre la buscaba y lloraba cuando no la tenía cerca. Ella también quería mucho a la pequeña, su hijastra. Ahora solo tenía que concentrarse en mantener la familia que el destino le había dado.

Caroline salió esa mañana de la mansión, las cosas estaban algo tranquilas ese día y ella tenía que hacer unas compras, no podía quedarse encerrada para siempre. Lo bueno es que ya habían logrado deshacerse de todo el roble blanco que pudo matar a Klaus, aunque aún había algunos enemigos del híbrido por ahí. Lo que tenía claro es que no podía vivir encerrada en esa mansión, tenía que salir de vez en cuando o iba a volverse loca. No es que no le gustara estar con Klaus en casa, pero igual siempre necesitaba algo de aire fresco para variar un poco.

Después de caminar por el barrio, Caroline pasó cerca del Rosseau. Por un instante se quedó ahí parada sin saber bien qué hacer. Sabía que ahí dentro estaba Camille, y que durante las últimas semanas ella fue de ayuda. Sabía también que esa mujer sentía algo por Klaus, que estaba enamorada de él. Y si ella no llegaba a hacerle recordar a ese híbrido del mal que la única rubia de su vida se llama Caroline, el desgraciadito este le ponía el cuerno con la terapeuta. Aunque poner el cuerno era una forma exagerada de decirlo, si se iba a poner en ese plan entonces ella le fue super infiel con Damon. En fin, que ahí dentro estaba Camille. La terapeuta, la amiga. La que amaba a su Klaus en secreto, pero que no hacía nada al respecto. Porque quizá, al igual que Damon, decidió hacerse a un lado cuando se dio cuenta que esa persona ya no les correspondía.

Aún así, después de vacilar un buen rato, Caroline se decidió por entrar a hablar un momento con ella. Aunque le costara aceptarlo, la psicóloga tenía siempre buenas novedades gracias a su contacto con la policía y con Marcel. Quién sabe y hasta se encuentre a Josh por ahí, ese chico si que le caía bien. Al entrar al bar notó que había poca gente, era una mañana tranquila. En la barra estaba Camille, aunque daba la espalda al público. Vio que tenía su celular, estaba intentando hacer una llamada, pero nadie le contestaba. La escuchó maldecir por lo bajo, ahora mientras se acercaba esperó que no fuera nada serio.

—Camille —dijo al acercarse, la chica se giró rápido y la miró con sorpresa.

—Caroline, ¿qué pasó? ¿Qué haces aquí?

—Solo pasé a saludar. ¿Estás bien?

—Ven un momento —le hizo una seña para que la siga, ella asintió y empezó a caminar tras Camille. Llegaron a la parte trasera del Rosseau, un lugar tranquilo y solitario donde podrían hablar con calma.

—¿Qué sucede? —preguntó ella.

—Caroline, he descubierto algo y en serio estoy muy preocupada. Estaba llamando a Klaus y no contestaba.— "Ay si claro, tú llamando a Klaus para variar", se dijo con molesta. Aunque la razón le decía que no tenía nada que temer porque Klaus la amaba, su cavernícola interior ardía de celos cada vez que Camille hablaba de su híbrido.

—¿Y qué es lo que has descubierto?

—Sabes que una de las empresas de Lucien compró el terreno del pantano y estaban cazando licántropos, ¿verdad? —ella asintió—. Bueno, estuve investigando junto con la policía. Resulta que esa empresa está ligada al mismo laboratorio que estuvo recolectando el veneno de todas las manadas de licántropos…

—Oh no… —dijo ella con temor.

—Lucien está detrás de todo —ella entrecerró los ojos, era justo lo que pensó. Maldito sea, Lucien otra vez.

La última vez que lo vio fue en la mañana de aquel día cuando la secuestró Cortés. Él estuvo muy sonriente, metiendo cizaña mientras Klaus y Damon discutían. Luego se supone que ayudó a Klaus a buscarla, pero al final él se las arregló solo. No supo más de él, su penthouse estaba desocupado y nadie lo había visto. Después de escuchar el resultado de la investigación de Camille y la policía le quedaba claro que el desgraciado nunca se fue, que siempre estuvo ahí en las sombras esperando el momento de atacar. ¿Desde cuándo Lucien urdía ese plan? Ahora que lo pensaba, la respuesta era obvia.

Siempre. Ese era su plan en primer lugar, esa investigación con las manadas llevaba bastante tiempo, años quizá. Y Lucien estaba ahí desde hace unos meses, lo que significaba que el plan de encontrar un veneno letal para los originales siempre lo tuvo. ¿La distracción? Aquella profecía de la caída de los Mikaelson. Si hasta se tomó el tiempo de hacerse amigo de ella para tenerla de su lado y atormentar a Klaus secuestrándola si era necesario.

La profecía era clara. Decía que los Mikaelson caerían. Uno por un amigo, uno por un enemigo, otro por la familia. Lucien era amigo, y con esto último se probaba que era enemigo también. ¿Y qué hay de la familia? Considerando que fue el primer vampiro convertido del mundo, quizá podría considerar lo más cercano a la familia. No había más vuelta que darle, Lucien era el monstruo que haría caer a los Mikaelson. Sin querer sintió que temblaba, y ahora entendía por qué Camille se desesperó cuando Klaus no contestó su llamada. Aquello era en verdad urgente.

—¿Qué vamos a hacer? —le preguntó Camille angustiada.

—Creo que tenemos que ir a la mansión —dijo nerviosa—. Al menos ahí es un lugar seguro. Llamaré a Klaus.— Con las manos temblorosas, Caroline sacó su celular y buscó el número de Klaus. Timbró varias veces, cada segundo que pasaba ella lo sentía como una tortura. Al fin contestó, y ella por poco lanza un grito de triunfo.

—¿Qué pasa, amor? —preguntó él apenas contestó.

—Klaus, no hay tiempo, esto es urgente. Camille ha descubierto que Lucien está detrás de todo.

—¿Qué? Espera, ¿de dónde sacas esas cosas?

—No puedo explicarte ahora, solo avisa a los demás. Él es quien fabricó ese veneno, él va a acabar con la familia. Hay que buscarlo.

—¿Estás con Camille?

—Si, ya vamos para allá.

—Apresúrense —dijo serio. Lo imaginaba molesto, uniendo las piezas de aquel maldito rompecabezas en su mente, llegando a la misma conclusión que ella. Convivieron con el enemigo todo ese tiempo. Ahora solo confiaba en que Klaus se hiciera cargo antes que sea demasiado tarde.

—Ah vaya, supongo que se sienten como si hubieran descubierto la pólvora.—Esa voz casi la hizo saltar. A su lado, Camille también retrocedió asustada. Era Lucien.

—Klaus… —dijo ella despacio. Sabía que no podría enfrentarlo, que él era casi tan viejo como los originales, que la haría pedazos si quería. Ahora sí que estaba perdida.

—¿Qué pasa? —preguntó él preocupado.

—Tranquila, lo volverás a ver. En el infierno —le dijo Lucien con una sonrisa siniestra. No solo eso, sus ojos estaban rojos como los de un demonio. Cuando sacó los colmillos se veía más feroz que nadie. Incluso más que Klaus.

La lucha duró muy poco, inmovilizó rápido a Camille y luego siguió ella. Por suerte no la mordió, pero si la derrotó muy fácil y rápido. Estaba perdida.


Klaus estaba seguro que Lucien las tenía a ambas, a Caroline y Camille. Apenas Caroline le contó del descubrimiento temió que algo les pasara en la ruta, pero no tuvo que esperar mucho para eso. Lucien llegó a atacarlas, y se sentía tan seguro de eso que ni le importó que él escuchara todo al otro lado de la línea. ¿Para qué las quería a ambas? ¿Para torturarlo? ¿Para matarlas? No importaba, tenía que encontrarlas como sea. Camille era una amiga importante, y Caroline era su vida entera, su amor. Ella decidió quedarse a su lado a pesar de todo, aún consciente de que sus enemigos le harían daño. A Caroline no le importó porque lo amaba y porque también era parte de su familia.

Hope estaba a salvo en casa, Rebekah la cuidaría. De momento Kol estaba con Davina y ella intentaba controlarlo, la sed de sangre le estaba jugando una mala pasada. Así que él y Elijah tendrían que hacerse cargo, tenían que encontrar a esas dos y además detener a Lucien. Maldita sea, debió acabar con él hace mucho, ¿qué tonto sentimentalismo permitió que lo dejara con vida? Tenía que moverse, un minuto perdido era un minuto más en que Lucien podía estar torturando a Caroline.

Después de tantear posibles lugares en donde buscar a Lucien, él y su hermano estaban de salida, pero entonces sucedió algo que los sorprendió. Kol llegó con Davina muerta entre sus brazos. Lloraba, estaba desesperado. Le había desagarrado el cuello pues no pudo controlar su sed de sangre y bebió de ella hasta matarla. Freya llegó al escuchar tanto alboroto, ahora los hermanos rodeaban a Kol.

—Tráela de vuelta, por favor —le rogó Kol a su hermana—. Puedes hacerlo, así como ella hizo conmigo. Hay una forma, sé el hechizo, puedo decírselo.

—Kol, habrá consecuencias —le dijo Freya.

—No me importa.— Una respuesta obvia. Si le trajeran el cuerpo de Caroline le importaría bastante poco que todos los ancestros de New Orleans quisieran verlo arder, él daría lo que sea por ella. Y por eso mismo tenía que irse en ese momento.

—Encárgate de eso, Kol te dará el hechizo —le dijo Klaus a Freya—. Pero luego tú vienes conmigo —le dijo a Kol—. El miserable de Lucien puede acabar con todos, tiene a Caroline y Camille. Tenemos que detenerlo antes que sea demasiado tarde. Él es el monstruo que nos destruirá a todos.

—No voy a irme de aquí —dijo Kol con firmeza—. No hasta que ella esté de vuelta.

—Entonces asegúrate que Freya no demore —le pidió Elijah—. Hagan lo que tengan que hacer rápido, no queda tiempo.

Ellos asintieron, tenían que encontrar a Lucien de inmediato, y Freya tenía que reunir el poder necesario para derrotarlo. Rebekah se quedaría, prefería mantener a su hermana alejada de todo eso. Le dio la orden de huir con su hija si era necesario. Si ellos no volvían esa noche a la mansión, Rebekah tenía que huir con Hope.


Hubiera preferido no despertar si solo la obligaron a abrir los ojos para ver otra vez a cara de esa maldita básica. Y por horrible que fuera, de alguna forma tenía que agradecerle a Aurora, porque la única razón por la que Lucien las dejó con vida fue para entregarlas a la básica. Como si ellas fueran un juguete que romper.

La última vez que vio a Aurora, la desgraciada acabó encerrada tras una pared de ladrillos. Se suponía que el hechizo de Freya era complicado de deshacer, pero Lucien consiguió a otra bruja hábil que le haga el trabajo. Maldito sea, y ella de idiota que tenía a una super bruja Bennet en Mystic Falls y no se le ocurrió llamarla para igualar el juego. Aunque pensándolo bien, Bonnie la iba a mandar al demonio cuando se entere lo que estaba haciendo en New Orleans.

Quizá le quedaba a lo mucho una hora de vida si Klaus no llegaba a ayudarla. Lo peor de todo no era eso, sino que por primera vez estaba casi segura que ni Klaus podría salvarla.

Cuando despertó, Camille estaba a su lado, tenía los ojos abiertos y una herida en la cabeza que aún sangraba. Caroline ya se había recuperado de sus heridas, pero la tenían atada con cuerdas cubiertas de verbena de las que no podría liberarse con facilidad. Fue en ese momento que entraron Lucien y Aurora. Caroline soltó un bufido, no podía creer que esa desgraciada estuviera ahí.

—Creí que ya te habías disecado —le dijo con desagrado a la básica.

—Ya quisieras —contestó molesta Aurora—. Entonces Lucien, ¿este es el regalo que me das?

—Acá las tienes, querida. ¿Quieres hacer sufrir a Klaus? Son todas tuyas. Apuesto a que sufrirá mucho cuando le envíes sus cuerpos.

—Claro —Aurora sonrió de lado, haría lo posible para enfrentarse a ella, pero eso también iba a estar difícil. Ya antes la había derrotado, era mayor y más fuerte. Aún así estaba decidida a no morir fácilmente—. La terapeuta, y la otra—se burló la pelirroja—. Oh Camille, debiste sentirte terrible cuando ella llegó, ¿verdad? Casi lo tenías, le importabas mucho a Klaus, un poco más y quizá él pudo aceptar que sentía algo por ti. ¿Y qué pasó después? Aparece Caroline y te lo quita todo. Su compañía, su afecto, su amor. ¿Cómo te sentiste al enterarse de que no eras más que una patética copia de Caroline? ¿Qué apenas llegó y Klaus se olvidó de ti para correr tras ella? Qué lamentable eres.—Mierda, que hasta a ella le dolieron esas palabras. Camille bajó la mirada, pero igual notó que tenía los ojos cristalizados por las lágrimas Era extraño eso, por más celos que tuviera por Camille, no quería hacerle daño. Ella era inocente en todo ese asunto.

—Ya cierra la boca —le dijo Caroline molesta—. Si te vas a poner a decir estupideces, este es el momento preciso para recordarte que mientras hablas, Tristán se ahoga otra vez al fondo del mar y su tortura no terminará nunca —esperó darle en un punto sensible con eso, y quizá lo hizo.

—¿Y qué hay de ti, Caroline? ¿Cómo te sentiste cuando llegaste y te diste cuenta que ya te habían cambiado por otra? —siguió burlándose Aurora.

—Lo que sea que vayas a decir, no me interesa. Él está conmigo, tú lo perdiste hace mucho. Nunca te elegiría, ya supéralo —le dijo molesta a la básica esa. Ya la tenía harta con su revanchismo, ella era una ex muy antigua, no tenía ningún derecho ahí.

—Bueno, por un lado tenemos el premio consuelo —siguió hablando Aurora como si no la hubiera escuchado—, y por el otro, tenemos a la desechable. No te creas única, Caroline. ¿Acaso crees que porque te escogió ahora eres irremplazable? Primero casi te cambia por Camille, luego seguí yo. ¿No lo recuerdas? Me encontraste en su cama en tu primer día en New Orleans.

—Cállate —dijo ella molesta. No sabía cómo, pero haría que Aurora se las pague todas.

—Ufff… qué intenso todo esto —dijo de pronto Lucien. Le sorprendía, con lo venenoso que era, que haya logrado quedarse en silencio hasta el momento—. De verdad que ha estado muy fuerte todo, no puedo elegir un bando ganador. En fin, ¿a qué hora las matas? —le preguntó a Aurora como si fuera lo más casual del mundo.

—Ahora mismo…

—Eso es lo que tú crees —Camille habló por primera vez. Lo demás pasó muy rápido.

De entre su ropa, Camille sacó un collar extraño. Una especie de medallón místico. Eso debía de pertenecer a su colección de cosas mágicas, y quizá algo que podría salvarles la vida. Al girarlo, Aurora y Lucien se llevaron las manos a la cabeza e hicieron un gesto de dolor. Camille no perdió el tiempo, mantuvo el medallón en alto y la ayudó a pararse. Ambos vampiros estaban de rodillas en el piso, ellas aprovecharon para salir corriendo de la casa. No estaban a salvo, pero eso siquiera era una esperanza. Podían ser rivales en el amor, pero en ese momento tenían que estar unidas.

Camille la ayudó a quitarle las cuerdas, solo entonces pudo mirar alrededor y notar que estaban en algún lugar apartado de la ciudad. Estuvieron en una especie de cabaña, ahora ahí, en medio de la nada. La psicóloga ganó tiempo para las dos, pero eso no significaba nada. Lucien volvería a la carga y no podrían salvarse.

Segundos después vieron a los dos vampiros acercarse molestos. En cuestión de un segundo ya estaban frente a ellas. Aurora fue la primera en sacar sus colmillos, la miró directo a los ojos, iba por ella. Caroline se preparó para recibir el golpe, pero por suerte eso nunca pasó. Cuando se dio cuenta, Klaus había llegado, detuvo a Aurora y le rompió el cuello. Una menos. Luego se enfrentó el híbrido contra Lucien, le dio varios golpes. Ahí empezó lo sorprendente. Esos golpes parecían no afectar mucho a Lucien. Cuando se recuperó de la sorpresa empujó a Klaus a un lado como si se tratara de un vampiro de un año y no de un original.

Klaus vio sorprendido aquello, pero no perdió el tiempo. Estaba en modo híbrido y se arrojó otra vez sobre Lucien con toda la intención de matarlo. Por un instante los golpes fueron parejos y Caroline guardó la esperanza de que pudiera derrotar al monstruo. No fue así, Lucien era más fuerte y logró dejar a Klaus turbado en el piso, esta vez sí lo lastimó en serio. Todo aquello había pasado en apenas unos segundos, tan rápido que ella no sabía qué hacer. Se sentía como idiota ahí parada sin hacer nada, pero si ni Klaus pudo derrotarlo, ¿qué esperanza tenía ella?

Ella y Camille aún estaban juntas, si de verdad querían sobrevivir a eso tenían que irse ya. Pero apenas dieron un paso y Lucien ya estaba frente a ellas. Las empujó, a ella la cogió del cuello y la levantó del piso. A Camille la derribó y puso un pie sobre su pecho para que no se moviera. Las tenía. Un paso en falso y estaban fritas. Caroline intentaba respirar, pero eso estaba un poco difícil. Lucien apretó un poco más su cuello, todo alrededor se nubló, pero al menos podía escuchar.

—Seré un poco benevolente contigo, Klaus. Que conste que no te lo mereces, pero aún así lo haré —se burló Lucien—. Ya sabes que no puedes conmigo, ni siquiera intentes atacarme.

—Déjalas —dijo. Estaba herido, no tenía oportunidad de vencer a Lucien tal como estaba—. Tu problema es conmigo, yo soy tu enemigo, déjalas.

—¿No te ha quedado claro hasta ahora, Klaus? No me interesa a quien tenga que matar para hacerte sufrir. Tú vas a pagar todo lo que has hecho. Ahora de rodillas.— "¿Qué?", se dijo sorprendida. Estaba a punto de morir, Lucien solo tenía que apretar su cuello con más fuerza y podía arrancarle la cabeza. Aún así se sorprendió con el pedido de Lucien—. ¡Dije de rodillas! ¿O acaso quieres que las mate? —Klaus no dijo nada. Y aún así Caroline lo vio arrodillarse. Eso era lo que Lucien siempre quiso, humillarlo, ser superior a él.

—Ya suéltalas —reclamó Klaus, sintiéndose humillado. Pero aún así seguía de rodillas frente a Lucien, lo que sea para salvarla.

—Te daré a escoger. A una la mataré y a la otra la dejaré con vida para que vea como acabo contigo. Dime, ¿a quién salvas hoy? Tienes cinco segundos.

—Sueltas Lucien, o sino… —amenazó Klaus.

—¿O sino qué? ¿Qué vas a hacer, Klaus? Ya no puedes conmigo. Fuiste el más letal por siglos, pero eso ya se acabó. Yo soy tu peor pesadilla, solo una mordida mía y mi veneno matará a tus hermanos. ¿Quieres arriesgarte a eso?

—Vas a lamentar mucho esto cuando acabe contigo —le dijo con rabia.

—Esto va a acabar, pero para ustedes. Elige, Klaus, ¿quién vive? ¿Caroline o Camille? Empieza la cuenta regresiva.

—No… —Por un instante Caroline logró verlo, estaba desesperado. Mirando a ambas, deseando salvarlas, pero sintiéndose impotente.

—Cinco, cuatro…—entonces Caroline bajó la mirada. Camille estaba en el piso, pero ella logró ver como sacaba con discreción el medallón que usó hace un rato para escapar.

—Tres, dos… —seguía Lucien. Solo un segundo y todo acabaría—. Uno…

—¡No! —gritó Klaus e intentó detenerlo, pero una vez más todo sucedió muy rápido.

Lucien notó lo que Camille tramaba y antes de que pudiera hacer algo, él tomó la decisión por Klaus. A ella la arrojó a un lado, Caroline apenas se levantó para lanzar un grito de horror al ver cómo Lucien cogía a Camille, le quitaba el medallón y le mordía el cuello hasta destrozarlo. Todos se quedaron paralizados un instante. Durante sus últimos segundos de vida, Camille miró a los ojos a Klaus, y él no parpadeó ni una sola vez mientras veía aquella aterradora escena. Camille no tenía sangre de vampiro en su sistema, no había forma que sobreviva a eso. Cuando Lucien la arrojó a un lado ya estaba muerta.

—Esa zorra si que era problemática —dijo Lucien con la boca llena de sangre.

—¡No! —gritó Klaus con la voz llena de rabia y dolor. Ella fue su amiga, la quería, tenían una buena relación. Caroline sintió un nudo en la garganta. Camille la salvó hace un rato, quizá no se llevaban de maravilla, pero jamás quiso verla muerta de esa manera—. ¡Vas a pagar por esto, miserable!

—Eso ya lo veremos —Lucien dio unos pasos hacia él, pasando al lado del cuerpo de Camille. Pero cuando quiso caminar un poco más, a gran velocidad llegó Elijah y golpeó a Lucien. Quizá no era más fuerte que él, pero el factor sorpresa lo detuvo.

—Freya, ahora —dijo Elijah, y en ese instante apareció la bruja.

No tenía idea de qué clase de plan era ese, lo único que quería era que funcionara. Lucien cayó de rodillas mientras hacía un gesto de dolor. Frente a él, Freya usaba su magia para paralizarlo. Una de sus manos tenía una extraña tonalidad azulada, como si todo el poder estuviera concentrado ahí. Aún existía la posibilidad de que eso fallara, que el poder de Lucien sea superior y que ni toda la magia de Freya pueda detenerlo. Caroline fue rápido al lado de Klaus, parecía como si todo alrededor se hubiera detenido, en ese momento todo podía cambiar para siempre. Podían ganar y derrotar al enemigo. O podían fallar y morir. Tomó fuerte la mano de Klaus y la apretó, si ese era el momento final quería estar a su lado.

Los alaridos de dolor de Lucien la ponían nerviosa, peor era no saber si eso estaba funcionando o no. Pero entonces algo sucedió, Freya acabó se hechizo. Estaba cansada, pero los miró a todos y asintió. Lo había logrado.

—Listo, está hecho. Es un vampiro como cualquiera.— Fue sublime ver el rostro de terror de Lucien. Él que hace un rato estuvo a punto de matarlas, que incluso puso a Klaus de rodillas. Ahora él estaba rodeado de sus enemigos y todo se había acabado para él. Elijah lo cogió de los hombros para no dejarlo huir.

—No por favor, no lo hagas —rogó Lucien asustado. Klaus avanzó hacia él, lo miraba con odio. El cuerpo de Camille aún estaba ahí, un recordatorio de que tenía que acabar con ese miserable.

—Ahora ruegas perdón —dijo Klaus con desprecio—. Ese siempre fue tu problema, Lucien. Pasaste cien años siendo yo, pero nunca lo lograste. Planeaste todo esto para ser más fuerte que yo, para hacerme sufrir y humillarme. No lo has logrado. ¿Sabes cuál es tu problema? —Klaus se agachó, había un trozo de vidrio en el piso. Caroline sabía lo que iba a hacer, y aunque normalmente estaba en contra de toda violencia, esta vez estuvo de acuerdo. Contuvo la sonrisa, ese miserable se lo merecía. Lucien lanzó un grito cuando Klaus cortó sus mejillas tal como él hacía con las personas que asesinaba. Algo que a él mismo le hicieron—. Nunca supiste cuál era tu lugar, y te lo diré. Tú no eres nada —Lucien no tuvo oportunidad de contestar, murió cuando Klaus hundió su mano en su pecho y le arrancó el corazón. Caroline soltó un suspiro de alivio, la pesadilla había acabado.

El cuerpo de Lucien cayó a un lado, todos estaban en silencio y al fin estaban a salvo. Notó que Klaus miró de lado al cuerpo de Camille, la amiga que no pudo salvar. Y ella también se sintió mal de pronto, estuvo ahí y no pudo hacer nada por ayudarla. Habían ganado, pero no se sentían bien.

—Vamos a casa —dijo Elijah al fin—. Nos encargaremos de ella, descuida. Y en cuanto a Aurora, ella puede irse al océano a hacerle compañía a su hermano —Klaus asintió. Ahora Caroline no estaba segura que los demás lo tomen bien. Saber de la muerte de Camille no les iba a gustar nada a Marcel y Vincent.


—¿Qué demonios es todo esto? —preguntó molesto Klaus cuando entró y encontró el desastre. Había amanecido ya, pasaron el resto del día resolviendo el tema de Camille y también parte de la noche. Tal como imaginó, los demás no lo tomaron bien. Vincent se enojó mucho, los amenazó, les dijo que los Mikaelson eran una plaga y que tenían que largarse. Les dijo que el entierro de Camille sería esa tarde y que ellos no eran bienvenidos. Para él, y quizá para todos, la culpa era de Klaus.

—Déjame explicarte —dijo Freya llamando a la calma. En la sala habían velas formando un círculo, pero se habían consumido por completo. Y también estaba Kol sosteniendo el cuerpo de Davina.

—¡Tú le hiciste eso! —le reclamó él—. ¿Por qué? ¡Ibas a salvarla! Vi lo que la hacías, ¡la usaste!

—¡Lucien iba a matarnos a todos! ¡Hice lo necesario para salvar a esta familia! —se defendió Freya. Kol intentó atacarla, pero Elijah le cerró el paso y la detuvo.

—¿Esta muerta? —preguntó Caroline. No tenía idea de qué había pasado ahí, pero en ese momento bajaron también Rebakah y Hope, la bebé iba en los brazos de su tía.

—No despierta —dijo Kol con rabia—. ¡Tráela de vuelta!

—Aún está viva, podemos hacer algo —le dijo Rebekah llamando a la calma. Hope empezó a inquietarse y lloró, así que todos acabaron calmándose un poco, nadie quería hacer llorar a la bebé.

Freya les explicó un poco, tuvo que usar a Davina para conseguir el poder necesario que derrotó a Lucien. Cuando la trajo de vuelta la mantuvo en ese círculo donde Davina era un nexo entre los ancestros y el mundo real. Y como los ancestros querían matarla, Freya abrió aquel nexo para poder conseguir la energía de los ancestros y así derrotar a Lucien. Fue arriesgado, Davina pudo morir de verdad y para siempre. Ahora aún estaba viva, pero no despertaba, tenían que reanimarla. O quizá solo era cuestión de esperar.

—Marcel sabe de esto —le dijo Kol molesto a sus hermanos—. Y no le ha gustado nada, la única razón por la que me dejó aquí es para que la cuide y te exija que hagas algo —le dijo amenazante a Freya.

—Lo voy a solucionar, lo juro —prometió Freya. Y ojalá que sí, porque Kol amaba a esa chica y ella no soportaría que más gente muriera para proteger a todos.

—Iré a hablar con Marcel —anunció Klaus.

—Voy contigo —le dijo ella.

—No es necesario.

—Ya te dije que voy contigo —le dijo en ese tono que no daba lugar a réplicas. Marcel debía de estar muy enojado, pero ella sabía Klaus no era culpable de la muerte de Camille y que no tenía idea de lo de Davina, no podían culparlo. También sabía que Klaus quería a Marcel como su hijo, que no le gustaba que haya tensión entre ellos.

—Los acompaño —dijo Elijah, cosa que los sorprendió—. Por alguna razón no me da buena espina el enojo de Marcel —explicó. Klaus no se esforzó mucho en oponerse en que lo acompañen, solo salió de ahí y ambos lo siguieron.

Lo buscaron en su piso en las afueras de la ciudad, pero no había nadie. Lo llamaron varias veces y no dio razones. Le pidieron a Rebekah que lo ubicara, ella lo llamó varias veces y no tuvo respuesta, eso también la preocupaba. Finalmente Freya accedió a hacer un hechizo de ubicación y les dijo dónde podían buscarlo. A Caroline tampoco le daba buena espina eso, estaba muy raro que de pronto Marcel desapareciera.

Llegaron al lugar cuando ya era algo tarde, estaba oscureciendo. Estaban apenas entrando del puente cuando vieron a Marcel acercándose del otro lado. Los miraba molesto, en especial a Klaus y Elijah. Eso no le gustaba para nada.

—Hasta que al fin apareces —le dijo Klaus—. Te estaba buscando, necesito hablar contigo.

—¿De cómo mataste a Camille? —preguntó molesto—. ¿O de cómo dejaron en coma a Davina?

—Yo no maté a Camille —explicó Klaus intentando calmarse—. Fui a rescatarla, Lucien la secuestró a ella y a Caroline. Era muy fuerte, no podía con él. Si no fuera por el hechizo de Freya jamás lo hubiera derrotado, ahora mismo todos estaríamos muertos.

—El hechizo de Freya —dijo con rabia—. Aquel en el que usó a Davina.

—No teníamos idea de eso, cuando pasó estábamos con Lucien. Marcel, de verdad entiendo que estés muy enojado, lo de Camille también me duele. Pero no puedes culparme de todo lo que pasa aquí, no es justo.

—¿No es justo? ¡Yo voy a decirte lo que no es justo! Que ustedes lleven más de mil años impunes, destrozando la vida de todos, poniendo a su maldita familia sobre los demás. Primero ustedes, los otros que mueran. No te importó poner en peligro a Camille, la mujer que dices que amas pudo morir también, usaron a Davina como si fuera un juguete y quién sabe si despertará.

—Freya se está haciendo cargo de eso —le dijo Elijah.

—Vincent ya la vio, dijo que era irreversible, ¡que la han dejado así para siempre! Su cuerpo está vivo pero su alma sufre torturada con los ancestros, ¿todo por ustedes? ¿Para salvar a los malditos originales? —decía dolido, furioso. Marcel parecía a punto de perder el control en cualquier momento.

—Marcel, por favor, las cosas no son como crees… —habló ella para llamar a la calma, pero no funcionó.

—Tú no te metas, Caroline. Tú no tienes idea de lo que estos miserables son capaces de hacer, apenas estás llegando a la vida de los Mikaelson.

—No pretendas agarrarme de estúpida, claro que sé de lo que son capaces. Alguna vez me lastimaron también, pero eso ya pasó. Klaus no quería que Camille muera, no sabía lo de Davina. De verdad Marcel, no puedes culparlo por eso.

—¿Qué sabes tú de lo que siento, Caroline? —le dijo dolido—. ¡Ellos sabían que Davina era como mi hija! Le pedí que no intentara resucitar a Kol, aún les trajo de vuelta a su hermano, ¿y cómo se lo agradecen? ¡Destruyéndola!

—Cálmate —le dijo Klaus—. Entiendo cómo te sientes, pero no puedes…

—¡Claro que puedo culparte! A ti, a Kol, ¡a todos! En nombre de su maldita familia dañan a los demás sin importarles nada, ¡basta ya! Se acabó, los Mikaelson no pueden seguir existiendo, son como una maldita plaga que hay que eliminar…

—¡No! —gritó Caroline de pronto cuando vio avanzar a Elijah hasta Marcel. Klaus también lanzó un grito de sorpresa, pero fue muy tarde cuando quiso actuar. Elijah le arrancó el corazón a Marcel. El vampiro cayó de rodillas mirando a su creador, y al caer su cuerpo fue a parar al río. Lo había matado. Caroline se había llevado las manos a la boca, sentía que estaba temblando, aquello no podía estar pasando.

—¡Qué has hecho! —gritó desesperado Klaus—. ¡Por qué lo has matado! ¡No tenías que hacer eso! —le reclamó a su hermano.

—Niklaus, nos habíamos equivocado. Ahora recuerdo la visión que tuve. Lucien no era la bestia, era Marcel. El monstruo que nos iba a destruir era él. Lo veo claro ahora, mientras hablaba recordé con detalle la visión de la profecía. Amigo, enemigo, familia. Eso era Marcel —explicaba Elijah. Aunque no le tembló la mano para matar a Marcel, ahora se veía afectado—. Lo escuchaste, él iba a acabar con nosotros. Lo siento mucho, era lo que tenía que hacer por nuestra familia.

Klaus soltó un suspiro y se meció los cabellos. Ella se quedó quieta mirando al lugar donde cayó el cuerpo de Marcel. Sentía un nudo en la garganta, después de todo el vampiro tuvo razón. Los Mikaelson son capaces de matar a quien sea por su familia. Ahora solo esperaba que Elijah no se haya equivocado.